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Enrique Alí González Ordosgoitti

Cariaquito en la boca[i]

(22.09.2023)

https://ciscuve.org/?p=38575

(Si desea leer, oir o ver otros Poemas: https://ciscuve.org/?cat=5782)

 

 

Mis tatarabuelos

Mis bisabuelos

Mis abuelos y mi Madre

habían estado muchas veces alrededor de esta Mesa,

situada en el medio del patio

donde pegaba el fresco

de la mañana de Cariaquito.

 

Era tradición familiar y yo por primera vez estaba frente a ella, observando el paisaje del condumio. Veía puntos negros, rojos, amarillos, blancos y tazas distribuidas de manera equilibrada a la altura de cada silla. Y nos sentamos.

 

Recuerdo que era una arepa grande, blanca y quemada en su concha por la leña. La abrí completamente en dos hasta escuchar el susurro ahumado del maíz.

Volteé hacia el punto negro abultado y acotado, desconocido para mí y lo corté y probé el milagro de la sangre animal donada para la vida humana y supe de la morcilla.

Ya en confianza me fijé en el punto rojo, un rojo brillante que me recordaba a la parte inferior de una llama, la que arde y quema sin volverse amarilla. Y lo probé de manera ingenua, para que esos sabores se aprovecharan de quemar el cielo de mi boca e iniciaran –hasta el día de hoy- un romance de agradecimiento, hacia el cochino vuelto espíritu amortajado en ají dulce. Ahí supe que el Chorizo se inventó en Carúpano.

 

Y recuerdo haber quedado absorto hasta escuchar el grito de la arepa: ¡reúnenos!. Y procedí a mezclar lo negro y lo rojo y lo blanco y lo mordí y supe que los colores siempre saben y que ese saber lo hacemos nuestro cuando comemos. Y mi boca aprendía que lo negro, suave y condimentado, convertía a la sangre en ofrenda y que el rojo brillante y ardido de ají, era el noble gesto del cerdo traído de España y que el maíz era el recipiente para masticar varias civilizaciones a la vez.

Ya con los ojos nublados mi Abuela me señaló hacia el punto amarillo. Era algo largo, delgado y pequeño que había sudado sus amarillos cuyas gotas habían casi copado el plato. Era dulce, pero con un dulzor adulto, que me hizo comprender que las diversas azucares independientes, son dulces adolescentes. Este era un dulce adulto, que había que comer poco, pues su amarillo era grueso. Descubrí el titiaro.

 

Y al final tome la taza que contenía café negro.

El café negro siempre viene con lluvia.

Es una canoa cabalgando las aguas

con remos fuertes y diestros,

que siempre nos coloca a salvo

alrededor de la mesa.

 

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[i].-Publicado en el Papel Literario de El Nacional, 19.11.2023, con Motivo del 80 Aniversario de El Nacional, p.3

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