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Isabel Rodríguez Barradas[i]

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Desde muy pequeña me llamaron la atención las lecturas del Antiguo Testamento, me gustaban aquellas ilustraciones preciosas que acompañaban los textos adaptados para niños. Todavía conservo aquel libro hermoso que era el de religión de segundo grado.

Esas historias del Antiguo Testamento han tenido para mí el encanto de ser escritos a partir de la oralidad y como una presencia de esa oralidad está la trampa como supervivencia, como resistencia a la marginalidad y como anuencia divina que aprobaba aquellos comportamientos.

En el marco del estudio de la asignatura  Religiosidad Popular y después de haber realizado la lectura del capítulo La religión popular en los primeros libros históricos del Antiguo Testamento, de José Luis Idígoras, s.j, y la coincidencia con mi interés por la figura femenina en el libro sagrado, tenemos como resultado este trabajo.

La mujer ha sido un elemento preterido en la historia patriarcal, sin embargo, cuando se presenta como salvadora ocupa un protagonismo en el que se demuestra que, sin su presencia, la historia sagrada, como tal, sería contada de otra manera y, como afirma Idígoras, sin duda: “Es la concepción popular de la providencia que mueve todos los hilos de la historia para favorecer a sus escogidos” (p. 93).

Aquéllas que sobresalen en la historia sagrada escapan o eluden la marginalidad social a la que se ven constreñidas a través de la trampa, por eso, en los textos sagrados la exclusión tiene nombre propio y es de mujer.

La tradición judeo-cristiana tiene su inventario de tramposos pero, particularmente, de tramposas.  En La Biblia, en el origen de la creación del hombre, encontramos la trampa cuando se le incita, primero a Eva y luego ella le ofrece a Adán para probar el fruto del árbol del bien y el mal, por eso: “La introducción de la muerte viene a través de una jugarreta que se hace sobre la Humanidad.  (¿No fueron Adán y Eva en el mito de bíblico engañados por la serpiente?)” (Mercatante, 1996: 11)[iii] (Traducción nuestra)

En su estudio de Las mujeres de La Biblia, Susan Niditch, citada por McNeely (1996), expresa que “las mujeres israelitas debían ser tramposas para poder seguir el típico patrón de la gente marginal.  Su poder era privado y tras bastidores porque sus derechos eran inestables ‘en una cultura donde las mujeres con poder son vistas con suspicacia, como antinatural y perverso’.  Con frecuencia, las mujeres tramposas se manifiestan sólo a través de sus esposos o de sus hijos, especialmente de los varones.  Esto es cierto en muchas mujeres israelíes”[iv]. (p. 121) (Traducción nuestra)

Las mujeres que desafían el poder del varón lo hacen, o bien en su espacio doméstico, o por designio divino, para defender a su pueblo y honrar el linaje.  El poder femenino está circunscrito a la casa del esposo y a la maternidad, pero muchas desafían ese poder patriarcal para  alcanzar sus objetivos personales o colectivos.

El caso de Rebeca resulta un ejemplo muy interesante porque será ella quien determinará el futuro del clan al favorecer al hijo menor por encima de Esaú, el primogénito, incluso cuando en un momento dado, Jacob vacila porque estaba por quebrantar una institución sagrada y profundamente respetada como lo era la bendición de la primogenitura; su madre se ofrece en su lugar para ser ella el objeto de la maldición, además de ayudarle a evadir la ira justificada de su hermano mayor.

La sabiduría de Rebeca es la sabiduría de las mujeres que se fundamenta en el tener que escuchar atentamente…y el trabajar tras bastidores para alcanzar  sus objetivos.  Es un poder substituto que logra el éxito para sí misma a través del éxito de los hijos varones, un poder simbólicamente cimentado en preparar y servir la comida.  Envuelve, del mismo modo, la disposición al sacrificio personal…Tal es el poder de la mujer en un mundo de hombres, y no es el tipo de poder al que muchas mujeres modernas aspiran.  Es el poder de aquéllas sin autoridad…que es parte de un mundo centrado en el varón y que no está en su contra en abierta rebelión, pero que de alguna manera subvierte las reglas indirectamente…es el poder de la mofa, del humor y del engaño[v] (Susan Niditch “Genesis”, en The women’s Bible commentary, citada por McNeely: Ibídem: 122) (Traducción nuestra)[vi]

La intromisión de Rebeca va más allá del favoritismo de un hijo sobre el otro:

La transgresión de Rebeca es el interceder de manera decisiva en algo que compete a esferas del poder netamente patriarcales: la elección del heredero de la estirpe. La forma de actuar subvierte el orden establecido socialmente y cambia por completo los designios del padre, sin perder de vista, por supuesto, que lo hace dentro de su espacio de acción, utilizando recursos de la esfera privada por no decir doméstica: escucha al otro lado del espacio del padre, utiliza su autoridad como madre para mandar sobre Jacob, guisa y prepara los ropajes del engaño. Sin embargo, algo que pasa prácticamente desapercibido es la firmeza de Rebeca en estas acciones, en ningún momento duda ni teme al castigo divino, reacción miedosa que Jacob sí expresa (González G. 2009, p. 145-146).

Las trampas se van a repetir constantemente entre muchas mujeres emblemáticas del Antiguo Testamento, trampas a las que apelarán para sobrevivir.

Tamar tendrá que recurrir al engaño para hacer valer sus derechos vulnerados y proteger su mayor poder, y en general, el de todas las mujeres, la maternidad. Tamar, es nuera de Judá porque casó con Er, su primogénito. Cuando su marido muere, su suegro debía casarla –por la ley del levirato- con el siguiente de sus hijos para mantener el linaje del difunto.

En la Biblia aparece una modalidad de matrimonio que hoy puede resultar chocante, pero que era bastante común en el antiguo Oriente y lo sigue siendo hasta el día de hoy en ciertas comunidades orientales: el matrimonio por levirato.  Su nombre proviene de la palabra latina levar, traducción de la hebrea yabam, que significa “cuñado”.

El matrimonio por levirato implica que cuando unos hermanos “viven juntos” (es decir, viven de los mismos bienes familiares), y uno de ellos, casado, muere sin haber tenido hijos, alguno de los otros debe casarse con su viuda para asegurarle descendencia.  El primogénito de esta unión será considerado hijo del difunto (…). (Schwartz, 1997: 60-61)

Onán, su cuñado, casará con ella para cumplir con la ley pero no la va a embarazar, “(…) sabiendo que la descendencia no iba a ser suya, cuando se llegaba a la viuda de su hermano derramaba por tierra para no procurar descendencia a su hermano. Desagradó al Señor lo que hacía y lo hizo morir también” (Génesis, 38: 9-10).

Judá se niega a entregar a su otro hijo pensando que la mujer está maldita, entonces, la devuelve a casa de su padre como una descastada y en condiciones muy desfavorables: no es virgen,  tampoco es esposa pues es por dos veces viuda y, además, le está negando el ser madre.

La esposa estéril (…) vive una situación de presión debido a la posibilidad de repudio y por carecer de la única moneda de cambio que la haga sostenerse en un sistema de poligamia en el que la mujer que da hijos al varón es la que permanece como “matrona”. (…). La sanción de la esterilidad es vivida como motivo de deshonra y presión tanto personal como social. (González G., p. 97, 98)

Sin embargo, Tamar urde una estratagema para hacer valer sus derechos, se va a apostar en los muros de la ciudad haciéndose pasar por una prostituta a sabiendas de que su suegro pasaría por allí y solicitaría sus servicios; una vez cumplido su propósito y mientras esperaba un cabrito como pago, le pide en prenda “el anillo de sello, con la cinta y el bastón” (38:18) pero se va del lugar antes de que regrese Judá.

Tamar se vale de la estratagema simulando ser una mujer de la marginalidad pero alcanza su propósito pues resulta embarazada; la nueva se participa a Judá quien la condena y con seguridad sería lapidada, pero ella se adelanta y le envía las prendas del culpable; entonces, él se reconoce como responsable de la preñez de la mujer así como también de su falta por no haber cumplido con la ley.  Tamar no sólo se reivindica sino que también se beneficia, porque salva su vida pero, fundamentalmente, porque su hijo formará parte de la casa de David.  La mujer que estaba en desventaja y que fuera despreciada por todos, resulta vencedora gracias a su ardid.

Otras tantas mujeres se van a valer de tretas para ser así socialmente poderosas, para casarse y tener descendencia o incluso, para liberar a su pueblo: Ruth, Esther, Judith,…Todas van a tener historias relevantes donde el ardid y el engaño serán los vehículos para alcanzar sus objetivos.

En el Libro de Rut se cuenta cómo, escapando de la hambruna que había en Judá, Elimélec y su esposa Noemí, junto a sus hijos, marchó a Moab.  Allí los hijos casaron con mujeres moabitas quienes quedaron viudas antes de tener descendencia.  También Noemí había quedado viuda y decidió regresar a su tierra, por eso pidió a sus nueras que se quedaran en su país pues ella no tenía nada que ofrecerles.  Sin embargo, Rut no se deja persuadir y se mantuvo junto a su suegra proclamando su lealtad:

-No insistas en que te deje y me vuelva.  A donde tú vayas, iré yo; donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo es el mío, tu Dios es mi Dios; donde tú mueras, allí moriré y allí me enterrarán.  Sólo la muerte podrá separarnos, y si no, que el Señor me castigue.

Al ver que se empeñaba en ir con ella, Noemí no insistió más. (Rut, 1:16-17)

Rut debía conseguir el sustento para ambas, su suegra y ella, por eso se va a un campo donde, siguiendo a las segadoras, recogía las espigas que caían o quedaban, ese campo resultó ser de un pariente pudiente de Elimélec, Boaz, quien saludó a la muchacha y le dijo que siguiera recogiendo allí que nadie la molestaría y que además, podría comer de lo que comían y bebían las que allí trabajaban.

Rut se echó, se postró ante él por tierra y le dijo:

-Yo soy una forastera, ¿por qué te he caído en gracia y te has interesado por mí?

Boaz respondió:

-Me han contado todo lo que hiciste por tu suegra después que murió tu marido; que dejaste a tus padres y tu pueblo natal y has venido a vivir con gente desconocida.  El señor te pague esta buena acción.  El Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido te lo pague con creces. (Rut. 2:10-12)

Noemí, quien se percata del parentesco que la une a Boaz, se lo hace saber a Rut y le sugiere que, como se va a aventar la cebada, ella deberá lavarse, perfumarse y ponerse un buen manto y llegarse hasta la era para que cuando Boaz se acueste a dormir, ella después se acueste a sus pies.

A medianoche el hombre sintió un escalofrío, se incorporó y vio una mujer echada a sus pies.  Preguntó:

-¿Quién eres?

Ella dijo:

-Soy Rut, tu servidora.  Extiende tu manto sobre tu servidora, pues a ti te toca responder por mí.

Él le dijo:

-El Señor te bendiga, hija.  Esta segunda obra de caridad es mejor que la primera, porque no te has buscado un pretendiente joven, pobre o rico.  Bien hija, no tengas miedo, que haré por ti lo que me pidas; pues ya saben todos los del pueblo que eres una mujer de cualidades.  Es verdad que a mí me toca responder por ti, pero hay otro pariente más cercano que yo.  Esta noche quédate aquí, y mañana por la mañana, si él quiere cumplir su deber familiar, que lo haga enhorabuena; si él no quiere, lo haré yo, ¡vive Dios!  Acuéstate hasta mañana[vii].

Boaz pudo casar con Rut y tuvo Noemí descendencia a través de ella, porque su primogénito fue Obed, al que crió y quien resultó ser nada menos que el abuelo del futuro rey David.

De nuevo, la mujer en su marginalidad alcanza lo más preciado, tener hijos.  Por un lado Rut, viuda y forastera, por el otro, Noemí, viuda y sin hijos y ambas desamparadas.  Al percatarse del pariente político que podría significar la protección suya y la de su nuera y además, poder aspirar a una descendencia, alienta a Rut a obtener su protección de un modo honorable, a través del rescate.

(…) el prototipo de “extranjeras” con toda la carga peyorativa lo personifican las   moabitas y las amonitas, descendientes de “los nacidos de la aberración cometida por las hijas de Lot”, que tras embriagar a su padre yacen con él para conseguir descendencia (Gen., 19, 30-38). Mediante este relato se traza el perfil del incesto y de la naturaleza de los pueblos vecinos y enemigos de Israel (…). A través del comportamiento de las hijas de Lot se prefigura la naturaleza de los moabitas y amonitas, que reciben el nombre por los descendientes nacidos del incesto (González G. p. 206-207)[viii].

La historia de Ester nos cuenta cómo una humilde muchacha judía, una huérfana en tierra extraña, criada por su primo Mardoqueo como una hija, llegó a ser reina de Susa.

El rey Asuero estaba en un banquete en palacio y mandó a llamar a su esposa Vasti, para regodearse y mostrar su belleza a todos, pero ella se rehusó:

-La reina Vasti no sólo ha faltado al rey, sino a todos los gobernadores y a todos los súbditos que tiene el rey Asuero en sus provincias. Porque cuando las mujeres se enteren de lo que ha hecho la reina, despreciarán a sus maridos.  Dirán: “El rey Asuero mandó que se presentara la reina Vasti, y ella no fue”. Hoy mismo, las mujeres de los príncipes de Persia y Media que oigan lo de la reina, ¡cómo hablarán a sus maridos!  Acabarán despreciándolos y riñendo.  Si al rey le parece bien, publique un decreto real, que se incluirá en la legislación de Persia y Media con carácter irrevocable, prohibiendo que Vasti se presente al rey Asuero y otorgando el título de reina a otra mejor que ella. Cuando por todo el inmenso Imperio del rey oigan el decreto real, todas las mujeres honrarán a sus maridos, nobles o plebeyos. ( Ester, 1:16-10)[ix]

El rey tuvo entonces que buscar una nueva esposa y realizó una convocatoria, una suerte de certamen de belleza de la que saldría seleccionada la nueva reina; fue entonces cuando Ester, siguiendo las sugerencias de su primo, se presentó junto a otras jóvenes y resultó del agrado del guardián del harem, por eso pasó preparándose durante doce meses: “según el reglamento de las mujeres -es lo que duraba el tratamiento de belleza; seis meses a base de aceite de mirra y seis meses con diversos bálsamos y otras cremas femeninas-;”(Ester, 2:12-13) antes de presentarse ante el rey.

Ester sobresalió de entre las demás y el rey la nombró reina.  Mardoqueo le sugirió que mantuviera oculto su origen y familia.  Más adelante, por la incitación de Amán, el primer ministro, se emitió una orden de exterminar a un pueblo diseminado entre las razas, que tenía leyes diferentes y que no cumplía con los decretos reales; no era otro que el pueblo de Ester.  Ella supo del decreto a través de un mensaje que le enviara al harem su primo con el eunuco real.  Sin embargo, a pesar de ser ella la reina, no podía presentarse ante el rey porque “Los funcionarios reales y la gente de las provincias del Imperio saben que, por decreto real, cualquier hombre o mujer que se presente al rey en el patio interior sin haber sido llamado es reo de muerte; a no ser que el rey, extendiendo su cetro de oro, le perdone la vida”. (Ester, 15: 9-11)

Después de tres días de ayuno y oración, Ester se presenta ante Asuero quien la recibe inclinando hacia ella el cetro como gesto de complacencia y le expresa que él le concedería lo que ella le pidiera.  Ester invita al rey y a su primer ministro a un banquete; allí, a punto de brindar, el rey le reitera que la complacerá en lo que ella quiera.  De nuevo, Ester les invita a otro banquete que les brindará al día siguiente.

Entretanto, el primer ministro Amán le había preparado la horca a Mardoqueo, ya que por la mala intención que le tenía quería vengarse de todos los judíos del reino, pero Mardoqueo revela la maniobra de la que el rey sería víctima y lo salva de ser asesinado por dos eunucos a quienes ha escuchado urdiendo un plan siguiendo instrucciones del primer ministro, de esa manera pone al descubierto el atentado.

Al día siguiente, mientras se lleva a cabo el banquete y cuando por tercera vez el rey le dice a Ester que la complacerá en lo que ella pida, es cuando responde a sus requiebros: “-Majestad, si quieres hacerme un favor, si te agrada, concédeme la vida -es mi petición- y la vida de mi pueblo -es mi deseo-.  Porque mi pueblo y yo hemos sido vendidos para el exterminio, la matanza y la destrucción”. (Ester, 7:3-4).  Entonces se revela como quien es y ella también habrá de someterse al castigo al que se quiere someter a su pueblo.

Asuero inmediatamente suspende la orden, Amán cae en desgracia y es colgado de la horca que le tenía preparada a Mardoqueo, quien  reemplazará al depuesto primer ministro en un gesto de agradecimiento del rey por haberle salvado la vida.

El pueblo judío todavía conmemora -con la celebración del  Purim, el cambio de suertes- el acto heroico de Ester al salvarlos de aquel seguro exterminio.  Ella mantuvo oculto su origen pero se presentó, a riesgo de su vida, ante su real esposo para exponer quién era.

La reina Vasti al rehusarse al requerimiento real de presentarse al banquete, logra el desprecio del rey; Ester, al contrario, se presenta valientemente ante él corriendo un gravísimo riesgo, así, cuando revela su verdadero origen se salva, salvando de igual manera a su pueblo, lo que le vale, al mismo tiempo, una recompensa a quien era como su padre.

Si Ester logra sus objetivos manteniendo una actitud moderada, discreta, y prudente arriesgándose ante el orden real establecido, Judit en cambio los alcanza poniéndose en evidencia.  Ambas son salvadoras de su pueblo pues su gesto de sobrevivencia más que individual, es colectivo, las beneficia y su beneficio personal es, igualmente, el general.

Nabucodonosor había enviado a su general Holofernes para que sometiese a los pueblos que no habían hecho caso a las exigencias de sus embajadas, por eso sitió y cerró el acceso a las fuentes de agua de la ciudad de Betulia, cuyos concejales estaban a punto de entregarla. Sin embargo, Judit, una viuda muy inteligente, respetada y piadosa, les convoca e increpa en un discurso vehemente en el que les cuestiona quién les había facultado para decidir en nombre de Dios y de su pueblo.  Entonces les dice que ella hará algo que será comentado, incluso,  por las generaciones por venir.

Judit se postra en oración y se quita su sayal de viuda, se lava y perfuma, se viste, calza, peina y enjoya como lo hacía en los tiempos en los que su marido estaba vivo.  Tomó unas talegas con pan y frutas secas, un odre de vino y una aceitera y junto a su sierva pidió que le abrieran las puertas de la ciudad para irse hasta el campamento asirio.  Allí solicitó ver a Holofernes a quien daría información sobre cómo y en qué momento tomar la ciudad, lo que le fue concedido pues todos estaban rendidos por su belleza.

El general asirio la recibió, además le ofreció protección pues venía para hacerle un servicio a su rey y la invitó a comer en su tienda.  Judit no aceptó sus alimentos para no caer en pecado, comió del avío que había llevado consigo.  Le asignaron, junto a su sierva, una tienda en el campo y pidió permiso para poder salir a orar.  Así pasaron tres días en los que Judit se purificaba, oraba y comía de los alimentos que había llevado consigo.

El cuarto día, Holofernes ofreció un banquete para su personal de servicio y le indicó a su mayordomo: “-Vete a ver si convences a esa hebrea que tienes a tu cargo para que venga a comer y beber con nosotros.  Porque sería una vergüenza no aprovechar la ocasión para acostarme con esa mujer.  Si no me la gano se va a reír de mí”. (Judit, 12: 11-12). (Subrayado nuestro).

Judit acepta gustosa la invitación, se vistió y enjoyó para presentarse ante el general asirio:

Al verla Holofernes se turbó, y le agitó la pasión con un deseo violento de unirse a ella (desde la primera vez que la vio esperaba la ocasión para seducirla), y le dijo:

-Anda, bebe; alégrate con nosotros.

Judit respondió:

-Claro que beberé señor.  Hoy es el día más grande de toda mi vida.

Y comió y bebió ante Holofernes, tomando de lo que le había preparado su doncella.

Holofernes, entusiasmado con ella, bebió muchísimo vino, como no lo había bebido en toda su vida. (Judit ,12: 16-20)[x]

Pensando que el asirio consumaría sus intenciones, sus hombres lo habían dejado solo, fue entonces cuando Judit, aprovechando su estado de ebriedad y empleando las propias armas del general que colgaban en la tienda, lo decapitó y se llevó la cabeza en la talega que había usado para llevar sus alimentos, luego, junto a su criada, salió a orar y así llegaron hasta las puertas de Betulia:

-Esta es la cabeza de Holofernes, generalísimo del ejército asirio.  Este es el dosel bajo el que dormía su borrachera.  ¡El Señor lo hirió por mano de una mujer!  Vive el Señor, que me protegió en mi camino; os juro que mi rostro sedujo a Holofernes para su ruina, pero no me hizo pecar.  Mi honor está sin mancha. (Judit, 13: 15-16) (El subrayado es nuestro).

Debemos subrayar el énfasis que se hace en su condición de mujer, porque siendo socialmente inferior y con esa desventaja implícita, sería ella, precisamente, quien derrota al enemigo sin faltar a su virtud, lo que la hace doblemente victoriosa.

Sin embargo, y siendo su hazaña más que trascendente, no se detiene allí su intervención, también les indica a los israelíes la estrategia bélica que han de seguir para vencer definitivamente a los asirios.  Es tan notable su labor que es incluida, como cualquier otro guerrero, en el reparto del botín y así le asignaron, como correspondería a un líder, la tienda de Holofernes. Una vez concluida la contienda y realizado el reparto, a Judit se la honró con bailes e himnos de alabanza.

Es importante destacar cómo en una sociedad patriarcal como la judía, hayan tenido un papel destacado las excluidas, mujeres que en su condición de viudas, sin hijos, huérfanas o extranjeras hubiesen podido sobresalir para su propio bien o para el de su pueblo.  Resulta incluso contradictorio que en una sociedad donde el texto sagrado repudia a la mujer desde el origen -porque a partir de la creación la hacen responsable de los males del mundo-, puedan haber tenido ellas un papel tan destacado y lo son porque al través suyo se construye una historia sin cuya intervención no se habría podido dar.

La historia de Moisés está signada por la presencia de las mujeres que salen en su auxilio desde el momento mismo de su nacimiento, su madre lo esconde por tres meses -desafiando la orden real de matar a los recién nacidos judíos- y lo deposita en una cesta en aguas del Nilo, la corriente lo lleva hasta donde se bañaba la hija del faraón quien lo rescata y bautiza con el nombre con el que se le conoce y cuyo significado es sacado del agua. La hermana del niño que le había seguido, ofrece una nodriza para el bebé que no es otra que su propia madre, de modo que es rescatado por la misma gente que le había mandado a desaparecer que además paga para ser protegido y criado por su verdadera familia y por la de adopción.

Sansón nace predestinado, a su madre se le aparece un ángel y le anuncia que sus días estériles han terminado, tendrá un hijo consagrado a Dios desde antes de nacer porque salvará a Israel de los filisteos pero, al igual que su madre, deberá abstenerse de tomar vino ni licor, comer nada impuro y además, nunca podrá la navaja tocar su cabeza.

Por disposición divina, Sansón se enfrentaría a los filisteos para poder derrotarlos, de allí el episodio con Dalila[xi] a quien confiesa, luego de varios intentos, el secreto de su fuerza, esa delación que es su fracaso, lo llevará en un último acto heroico, a triunfar pues va a destruir a sus enemigos: “Los que mató Sansón al morir fueron más que los que mató en vida” (Jueces, 16, 30).  Nunca se debió dejar convencer por Dalila ni acercarse a ella, es indigna por ser foránea, y la tradición no se lo perdonó, está bajo sospecha porque:

(…) son mujeres desviadas, extranjeras, venidas de naciones que, como ellas, se abandonan a la promiscuidad religiosa y/o sexual. Así las mujeres de Sansón, vinculadas al culto de Astarté inclinan su corazón al mal. Al igual que la primera mujer de Sansón y Dalila, ambas extranjeras y proclives a traicionar a Sansón en beneficio de su pueblo. (González, p. 206).

Las mujeres del libro sagrado tenían que ser mujeres que encarnaran la integridad de su pueblo, y si bien se valen del artilugio y la trampa, de los encantos propios de su sexo, como las heroínas Judit y Ester, pues deben apelar a los poderes de la seducción, son también mujeres piadosas que ayunan y se preparan espiritualmente para el desafío que van a enfrentar, son hermosas físicamente porque espiritualmente lo son todavía más.  Mujeres que apelan a sus gracias pero manteniendo una actitud de honra, virtud y decoro, valientes y comprometidas aún a riesgo perder la vida en la aventura que están por emprender para defenderse, o bien del incumplimiento de la ley, como en el caso de Tamar y el levirato; de la defensa de la familia y la descendencia, como es el caso de Rut -a la que debemos sumar la circunstancia de ser una extranjera que abrazó la fe de su esposo y se mantuvo fiel a ella, honrando, además, a su suegra desamparada que la liberaba de ese compromiso-; o en la defensa de su pueblo como colectivo, como en el caso de Ester y Judit.

Son mujeres que como tales, están al margen de los derechos que sí tienen los varones pero que ellas, por medio de la astucia y de la trampa, pero respetando la sumisión que deben al varón, logran superar, sobresalen y se destacan para defender los valores del pueblo que representan por encima de su condición de excluidas.

Febrero 9, 2010

 

Bibliografía

GONZÁLEZ GONZÁLEZ, Emma. 2009. Imitando a Rebeca. Modelos de feminidad para cristianas en el Antiguo Testamento (siglos II al IV). Oviedo: KRK Ediciones

IDÍGORAS, José Luis, s.j.1991. “La religión popular en los primeros libros históricos del Antiguo Testamento”, en La religión fenómeno popular. Perú, Ediciones Paulinas, p. 89-105

MCNEELY DELDON, Anne.1996. Mercury Rising. Women, evil and the trickster gods. Woodstock: Spring Publications

MERCATANTE, Anthony S. 1996. Good and Evil in Myth and Legend. New York: Barnes & Noble Books

NUEVA BIBLIA ESPAÑOLA, 1976. Edición Latinoamericana. Madrid: Ediciones Cristiandad

SCHWARTZ, Marco.1997. Los amores en la Biblia. Madrid: Ediciones Temas de hoy. Historia

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[i].-Isabel Rodríguez Barradas

Profesora Titular de la Universidad Simón Bolívar  (USB), Doctora en Cultura, egresada del Doctorado de Cultura de América Latina y el Caribe, Instituto Pedagógico de Caracas (IPC), Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL)

[ii].-Itinerario de este Artículo

1.-Fue presentado como Trabajo Final del Seminario de Religiosidad Popular, en el Doctorado de Cultura de América Latina y el Caribe, del Instituto Universitario Pedagógico de Caracas (IPC), de la Universidad Pedagógica Libertador (UPEL), dictado por el Dr. Enrique Alí González Ordosgoitti, en el semestre 2009-2

2.-Se publica como Entrada, en la Página Web del Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela (CISCUVE): www.ciscuve.org, el 11.11.2020, con el siguiente Enlace:

[iii].-The introduction of death often comes about by some trick played upon mankind. (Were not Adam and Eve in the Bible myth tricked by a snake?).

El mismo autor afirma: “¿Cuál es la razón dada para ese tonto acto de Adán y Eva que los despojó de la vida en el Edén? (…) El hombre se puso a sí mismo en el rol de Dios –y cómo no lo es sino sólo una simple criatura mortal, sufre por su derecho a desafiar y rechazar a Dios”. p. 5.

What is the reason given for the foolish act of Adam and Eve which deprive them of life in the garden? (…) Man placed himself in the role of God –and since he is not God, but merely a mortal creature, he suffers for his right to defy and reject God

[iv].-In her study of Biblical women, Susan Niditch proposes that the Israelite women had to be tricksters as they were forced to follow the typical pattern of marginal people. Their power was private, and behind-the-scenes, for their rights were unstable “in a culture in which powerful women are regarded with suspicion, as unnatural and evil”. Often woman tricksters manifest only through their husbands or children, especially their sons.  This is true of most Israelite women

[v].-Es interesante observar al respecto la actitud de las mujeres marginadas, por completo, bajo el régimen talibán en Afganistán.  A las niñas se les impedía acceder a la educación, entonces, muchas madres instalaron escuelas clandestinas en sus hogares, logrando engañar la vigilancia que se había establecido, aun a riesgo de sus propias vidas

[vi].-Rebekah’s wisdom is a wisdom of women that involves listening closely…and working behind the scenes to accomplish goals.  It is a vicarious power that achieves success for oneself through success of male children, a power symbolically grounded in the preparation and serving of food. It involves as well a willingness to sacrifice oneself…Such is women’s power in a man’s world, and it is not the sort of empowerment to which most modern women aspire. It is the power of those not in authority…one who is part of a male-centered world and is not in open rebellion against it, but who nevertheless subverts its rules indirectly…a power of mockery, humor and deception

[vii].-Ibid,  3: 10-13. “El levirato se entrelazaba en ocasiones con una institución denominada rescate, como lo muestra el caso de Rut  y el rico Boaz

[viii].-Así, las dos hijas de Lot concibieron por obra de su padre. La mayor dio a luz un hijo, y lo llamó Paterno (Moab), diciendo: “De mi padre”. (Es el antepasado de los actuales moabitas). La pequeña también dio a luz un hijo, y lo llamó Poblano (ben’ammí), diciendo: “Hijo de mi pueblo”. (Es el antepasado de los actuales amonitas). Génesis 19, 36-38

[ix].-El decreto real más que castigar a la reina se extendía a todas las mujeres, quienes terminan pagando el desaire real y más que el desaire, se castigaba la transgresión de un orden establecido, la obediencia irrestricta al varón, en este caso, el marido

[x].-Cuando Judit afirma que es el día más grande de su vida, seguramente Holofernes se sintió halagado sin saber verdaderamente el significado implícito en la frase, pues era el día de la  hazaña que llevaría a cabo , el de la liberación

[xi].-La tradición ha ido vistiendo a Dalila de antítesis de Sansón, haciendo de ella el primer ejemplo de femme fatale, que en las artes pictóricas y en el cine ha sido reproducida hasta la saciedad (…) es Dalila la que es escogida por Sansón, y tampoco actúa de manera oculta, ella le formula la pregunta por tres veces de manera educada y directa, no le sonsaca con artimañas la respuesta (González G. p. 224-225) cf Jueces, 16, 4-18)

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