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María Inés Páez Capriles[i]

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Índice

Introducción

Origen y definición de los Movimientos Milenaristas y Mesiánicos

Definiciones

Postmilenarismo (Cristo vuelve después del milenio, si vuelve)

Amilenarismo (No sabe si Cristo vuelve o no vuelve)

Premilenarismo (Cristo vuelve antes del milenio)

El origen de la tradición en el Judeo-Cristianismo y Movimientos Mesiánicos no Cristianos

Movimientos y disputas Milenaristas en el seno del Cristianismo

Características fenomenológicas del Milenarismo y del Mesianismo

El carácter fundamentalmente religioso de estos Movimientos

Interpretaciones de Joaquín de Fiore: Joaquinismo

América y Apocalipsis

Movimientos Milenaristas y Mesiánicos en América

Conclusiones

Nota sobre las Revistas y la  Bibliografía Consultada

Bibliografía Milenarismo Consultada

 

Introducción

En el seminario “Religiones y Religiosidades  Indígenas Andinas” impartido por el  Dr. González Ordosgoitti en el Instituto de Teología para Religiosos, (ITER)  uno de los problemas  más interesantes que estudiamos  fue la presencia de movimientos milenaristas y mesianistas como fenómenos recurrentes que, desde el siglo XVI hasta la actualidad, se han presentado en la región andina, bajo distintas  modalidades y tiempos.

Con una gran capacidad de convocatoria social; han asumido desde   formas de celebración de  mitos, con   ritos como el Taky Onqoy (1560-1570) Ossio (2005), Millones (2007);   hasta  sectas religiosas organizadas en comunas integristas[iii]   como  la Asociación Evangélica de la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal, (AEMINPU) , De la torres López (2005).

Si se hace una   revisión se encontrará que este tipo de movimientos se ha dado además de la América andina, en Argentina,  distintas regiones de  Brasil,  Paraguay, Chile, Mesoamérica y el Caribe anglosajón,  hasta donde pude investigar. Y  una de  sus características es que sus manifestaciones han presentado   una  capacidad integral e intensa de convencimiento y movilización  social  de campesinos y de etnias indígenas. Pero también se  han dado movimientos urbanos que nuclean  sectores empobrecidos.

Como  movimientos sociales de carácter fundamentalmente  religioso, el estudio de estas corrientes  del milenarismo, mesianismo o quiliasmo es de una complejidad  avasallante, su estudio implica  inmiscuirse en discusiones  y problemas de tipo teológico, filosófico, histórico, político, económico, étnico, para poder rastrear sus orígenes, motivaciones, fundamentos y contexto político-social.  Por lo cual es indispensable una cuidadosa delimitación del problema a estudiar.

Por lo mismo, el trabajo que se presenta: “Milenarismo y Mesianismo: Entre el  temor y la esperanza”[iv], tiene un carácter introductorio y general. Se hizo una revisión bibliográfica y fundamentalmente hemerográfica[v], la cual sirvió para tener un panorama de las discusiones a  los fines de realizar una conceptualización:

1.-Del significado y el origen religioso de  estos movimientos. Se plantearán con carácter general las principales tradiciones en las cuales los mismos se han inscrito. Y las  tres posiciones que hay en torno al milenarismo.

2.-Características fenomenológicas del milenarismo y del mesianismo

3.-Discusión de  la posición de autores que piensan que el milenarismo y el mesianismo son movimientos políticos más que religiosos. Y dentro de esto distinguirlos de las llamadas Utopías.

4.-A continuación  se entrará a examinar  algunos movimientos del  milenarismo y del mesianismo  en  las religiones abrahamánicas, el judaísmo,  el islamismo y el cristianismo

5.-Se esbozarán interpretaciones de Joaquín de Fiore, que han dado lugar  al “joaquinismo” milenarista.

6.-Basados en los planteamientos del punto anterior  se discutirán  tendencias que plantean que la primera evangelización tuvo objetivos milenaristas y su refutación.

7.-Se expondrá algunos de los movimientos que se han presentado en el transcurrir histórico en México, Brasil, Argentina, entre otros países.

8.-Se harán las conclusiones.

Origen y definición de los Movimientos Milenaristas y Mesiánicos

Definiciones

Zaballa Beascoechea (2001) dice que:

En términos generales, se llama milenarismo a la doctrina que espera un reino temporal de Cristo y de sus santos sobre la tierra antes del fin del mundo. El nombre de milenarismo proviene de la duración de 1000 años atribuida  a ese reino intermedio de carácter intrahistórico, es decir, entre el mundo actual y el eterno. (p. 356)

 

Mientras que en el Antiguo Testamento se entiende  por mesianismo la espera o esperanza del Mesías; y por extensión  toda esperanza de una liberación o de una salvación de una nación o de un pueblo. (p. 358)

 

Es importante notar que esta definición ubica el milenarismo en el cristianismo. “Mientras que el mesianismo  aparece en el judaísmo tardío desde donde pasó al cristianismo primitivo”.

Aun cuando  este tipo de doctrinas  tiene un origen muy antiguo y que cuya extensión en el tiempo y el espacio  ha  tenido manifestaciones en diferentes civilizaciones y culturas[vi] en los hebreos, pasa  a los antiguos cristianos a través  de la tradición y de las interpretaciones que se harán de  profecías  y libros del VT[vii]. Sin embargo, la creencia es mucho más antigua que la Iglesia cristiana, la concepción   de un período de 1.000 años que sigue a la caída de poderes malignos y que está relacionado también con  la resurrección de los muertos, se halla en el zoroastrismo, pero l no nos remontaremos a este origen, sino se partirá de la lectura del  Apocalipsis, en el NT considerado como el  texto base de esta doctrina:

 

  1. Vi también descender del cielo a un Ángel, que tenía las llaves del abismo y una gran cadena en su mano.
  2. Y agarró al dragón, esto es a aquella serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo encadenó por mil años.
  3. Y lo metió en el abismo, y lo encerró.  Y puso sello sobre él, para que no ande más engañando a las gentes, hasta que se cumplan los mil años, después de los cuales ha de ser soltado por un poco de tiempo.
  4. Luego vi unos tronos, y varios personajes que se sentaron en ellos, y se les dio la potestad de juzgar, y vi las ánimas de los que habían sido degollados por la confesión de Jesús y por la palabra de Dios, y a los que no adoraron la bestia, ni a su imagen, ni recibieron su marca en las frentes, ni en las manos, que vivieron y reinaron con Cristo mil años.
  5. Los otros muertos no revivirán hasta cumplirse mil años. Esta es la Resurrección Primera.
  6. Bienaventurado y Santo quien tiene arte en la primera resurrección; sobre los tales la segunda muerte, que es la eterna de los réprobos, no tendrá poderío, antes serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.
  7. Mas al cabo de los mil años, será suelto Satanás de su prisión; y saldrá y engañará a las naciones, que hay sobre los cuatro ángulos del mundo, a Gog y a Magog, y los juntará para dar batalla, cuyo número es como la arena del mar.
  8. Y extendiéronse  sobre la redondez de la tierra, y cercaron los reales,  y cercaron los reales, o acampamento, de los santos y la ciudad amada.
  9. Mas Dios llovió fuego del cielo, que los consumió; y el diablo que los tría engañados, fue precipitado en el estaque de fuego y azufre, donde también la bestia. (Apoc. 20 1-9)

 

Como puede apreciarse en la cita del Apocalipsis se habla del encadenamiento de Satanás por mil años,  de un Reinado de Cristo que  junto a los  Mártires durará  mil años, antes del Juicio Final. Se habla también de  una primera muerte y de una segunda muerte, así como de una primera y segunda Resurrección. Es un texto que fundamenta el escatologismo apocalíptico cristiano[viii]

           

Saranyana (2003)  considera que este texto ha dado lugar a tres  formas respecto al  milenarismo, que son:

Postmilenarismo (Cristo vuelve después del milenio, si vuelve)

Posición muy general hoy día. Se puede decir que comenzó en el siglo de las Luces, y se esconde detrás de la fe en el progreso indefinido de la humanidad. Se afirmaba, entonces, que, durante un milenio, la progresiva maduración de los dones evangélicos debía preparar la segunda venida de Cristo; una felicidad cada más perfecta e irreversible, al cabo del cual tendría lugar la parusía. Actualmente, con la pérdida de la fe cristiana, queda reducido al simple progresismo. Esta es la versión moderna del milenarismo carnal contra el que reaccionaron San Jerónimo y San Agustín. El postmilenarismo interpreta las profecías mesiánicas de manera exclusivamente material”.  (Diccionario Maniqueísmo Trinitario)

Esta tesis según Saranyana (2003) es poco compartida hoy en día, puede verse  que efectivamente entronca con el llamado Mito del Progreso, pero en versión no por vía  la ciencia sino de la religión. Creo que su descrédito viene dado por las guerras y movimientos  de exterminio que hubo en el siglo XX como  el estalinismo, el fascismo, el nacionalsocialismo, que mostraron una cara muy distinta a ese perfeccionamiento cuasi-automático de las cualidades humanas y de las sociedades.

Amilenarismo (No sabe si Cristo vuelve o no vuelve)

Se entiende por amilenarismo la doctrina que sostiene que Satanás fue maniatado en el momento en que Cristo murió en la Cruz, de modo que ya ha sido derrotado, aun cuando conserve por permisión divina un cierto poder sobre los hombres, hasta que sea definitivamente precipitado en los infiernos, en la segunda venida de Cristo. Ese reinado terreno de Cristo coincide con la historia de la Iglesia viadora o Ecclesia in terris. Tal es la opinión de la mayoría de los católicos y, para la salvación particular de cada uno es suficiente. No alcanza el problema de la teología de la historia. San Agustín, a finales del siglo IV, sin la perspectiva histórica que da el haber vivido el mundo moderno y por reaccionar en contra del milenarismo carnal, favoreció la popularidad posterior de esta opinión. Los muertos, pues, resucitarán en la segunda venida de Cristo, comparecerán en el Juicio universal y recibirán entonces su destino eterno (premio o castigo). El amilenarismo interpreta las profecías mesiánicas de manera exclusivamente espiritual”. (Dicccionario Maniqueísmo Trinitario)

En cuanto al  advenimiento de dicho juicio  la Iglesia plantea que a los hombres no les es dado conocer los tiempos de Dios. En palabras de Jesús a los Apóstoles: “No os corresponde a Vosotros el saber los tiempos y momentos que tiene el Padre reservados a su poder soberano;”(Hech. 6-7)

Así mismo se considera históricamente que luego de la instauración de la paz constantiniana, el tiempo del cristianismo es el tiempo de la Iglesia, siendo San Agustín quien “enfría” la escatología cristiana” planteando en su Ciudad De Dios que es vano el intento de definir los años que restan, pues es un saber que no le corresponde a los hombres y cualquier intento es solo  inútil conjetura.  Rusconi (2003)

 

Premilenarismo (Cristo vuelve antes del milenio)

Premilenarismo, si queremos llamarlo así, significa la fe en lo que dice el capítulo 20 del Apocalipsis, (Diccionario Maniqueísmo Trinitario).

El Premilenarismo es lo que conocemos o llamamos “Milenarismo”,  sería la lectura fundamentalista del texto apocalíptico o sus adaptaciones sobre el advenimiento inminente del Fin del mundo y de la llegada del Reino definitivo.  Doctrina en cuyo  espíritu se   basan  los movimientos milenaristas. Plantea una segunda venida de Cristo  a la tierra para reinar mil años, con los santos, los ángeles, los mártires. Se considera   intrahistórico, pues transcurre en la tierra, en el tiempo histórico pero antes del juicio final.

En este  transcurrir de mil años, de este tiempo intrahistórico,  se cumplirá con toda  su fuerza escatológica la Historia Sagrada Cristiana. El Juicio Final, La instauración del Paraíso, del Infierno, la muerte y resurrección,  unos se salvarán eternamente y otros eternamente se condenarán. La supeditación de lo humano al designio divino.

El milenarismo representa según  Zaballa Beaescoechea una interpretación descontextualizada[ix] del Apocalipsis, que  ha llevado a   concepciones no aceptadas  por la Iglesia, que afirma  que solo Dios conoce el tiempo de la llegada del Juicio final. Lo que  no ha significado en modo alguno que planteamientos similares emerjan una y otra vez, alimentando a estos movimientos en diferentes formas, porque el texto de San Juan tiene una enigmática  fuerza simbólica que se ha prestado una y otra vez a  la lectura fundamentalista.

Disquisiciones  no acordes a la doctrina  aceptada por la Iglesia, se han dado incluso en el interior de la misma, cuestionando la autoridad  y exclusividad de la interpretación de las Escrituras. Así por ejemplo el padre jesuita Lacunza, (1731-1801) a quien la Revista Teología y Vida dedicó en el bicentenario de su muerte el número sobre milenarismo y mesianismo, con gran  honestidad escribía en el discurso preliminar de su obra “La Venida del Mesías en Gloria y Majestad” que:

Las ideas de la segunda venida del Mesías que nos dan los intérpretes, cuanto al modo, duración y circunstancias, y que tenemos por tan ciertas y tan seguras, no lo son tanto que no necesitan de examen. Y este examen no parece que pueda hacerse de otro modo, sino comparando dichas ideas con la Escritura misma, de donde  las tomaron o las debieron tomar. (Lacunza, 2010: 5)

 

Esto para sostener la validez de la interpretación propiamente milenarista de la venida del Mesías. Este padre razona  de una manera que aparece como inobjetable, pues cuestiona  que se prohíba la entrada y se cierren las puertas a quienes puedan entrar a leer las escrituras, dándoles a entender que es un error, o un misterio, un sueño, o delirio lo que en las escrituras aparece como claro y expreso. Entendiendo que dicha lectura no es alegórica, sino literal.

En el Apocalipsis  la misma palabra ya es el sinónimo del fin,  se da la unión que se busca en el sentimiento religioso,  de unidad de la realidad inmanente, el mundo que habitamos, con la transcendencia, con la superación de la muerte, a través de la resurrección de los justos o de la eterna condenación de quienes no lo sean.

Además aparte de la lectura del Apocalipsis en distintos libros del VT como el de Daniel, encontramos interpretaciones de sueños  donde se habla del Reino mesiánico, o en las profecías de Isaías, el temor y la destrucción de ciudades enteras y el advenimiento del Mesías, para la condenación de muchos y la salvación de pocos.

Por tanto, no debe  extrañar   la recurrencia en la interpretación textual o de diversas adaptaciones escatológicas tremendistas  del texto bíblico por   fuera de la Iglesia, así como de la   fuerza de  convocatoria y movilización que las mismas han tenido, gracias a un tipo de predicación proselitista, que prende en  las fibras religiosas de los  sectores indígenas y campesinos más empobrecidos  y abandonados  y  les haga  creer en una Esperanza en la tierra y en el Más Allá.

En  dicha lectura  vemos la presencia de las características  que Otto (1991) señala  tiene lo Sagrado, lo Santo, lo Numinoso:  que es algo Tremendo, que provoca una especie de Pavor, cuyo Misterio nos fascina. Suscitando  ese estremecimiento exclusivo del sentimiento religioso.

Son lenguajes simbólicos, que requieren interpretación, que por lo mismo tienen una  fuerza movilizadora  que no entra dentro de los parámetros de los razonamientos lógicos, sino en las creencias profundas, arquetipales del inconsciente colectivo.  Y que por lo mismo su significado no es directo y no pueden interpretarse  literal, sino analógicamente.

Pero por ello mismo son  textos  “delicados”, “peligrosos” en cuanto a las posibilidades de manipulación de  ese Temor y de esa Esperanza en mayúsculas,  por lo que esa  interpretación es vetada por la Iglesia[x]. Y son de tanta recurrencia e intensidad de convocatoria, seguimiento, manifestación y movilización social.

 

El origen de la tradición en el Judeo-Cristianismo y Movimientos Mesiánicos no Cristianos

Las visiones judeocristianas de las doctrinas mesiánicas y milenaristas según Eliade (1985)  conciben  un devenir lineal, en el que se desenvuelve  una Historia  Sagrada. Se parte de   Principio del Cosmos para llegar a un Fin del Mundo, cuyo comienzo será anunciado por la llegada del Mesías que  traerá consigo  por una parte una destrucción y por la otra una instauración del Paraíso.

En Juicio Final se valorizarán y juzgarán los actos humanos. Pero es una única historia, de un tiempo lineal, donde se parte de un punto de salida hasta un punto de llegada, en el que hay un solo Cosmos, que luego del final será restaurado y regenerado gloriosamente. Pudiera decirse  que el objetivo de esta Historia Sagrada es el arribo al advenimiento del  Reino.

En las religiones cósmicas  el comienzo es el que es significativo, porque  en forma permanente, en cada nueva estación, en cada nuevo nacimiento se retorna a ese tiempo primigenio a través de sucesivas epifanías, es lo que llama un eterno retorno[xi] . El cual es resignificado en los Mitos. Un tiempo circular, en el cual el fin del mundo ha ocurrido ya, y se reproducirá nuevamente, estando implícito que hay una degradación permanente del Cosmos que debe ser regenerada periódicamente.

Eliade afirma (p. 68)   que  estas concepciones cósmicas  tienen una cierta similitud con  la eterna  creación, deterioro, destrucción y recreación del Universo  de la teoría india de las edades del mundo, sin embargo en ésta el hombre no solamente no juega ningún papel en la eterna recreación, sino  que persigue la evasión del ciclo cósmico. (p. 68)

Las visiones apocalípticas judeocristianas plantean una destrucción única, así como ha habido un solo Cosmos, su purificación y regeneración  lo restaurará a la gloria primera, pero a diferencia de las creencias  indias y  de las religiones cósmicas, se hará una sola vez. Y  otra diferencia será que se anunciará mediante el arribo de un Mesías.

El Rabino y profesor Feldman  (2003)  hace un  recuento  histórico de los distintos momentos  de la doctrina  mesiánica en el judaísmo, y afirma –contrario a lo que se cree corrientemente- que el concepto de mesías es post-bíblico, que la Biblia Hebrea presenta a lo más una prehistoria del mesianismo. Plantea que las transformaciones de los distintos significados  en que devino el concepto, no provienen de  un judaísmo fosilizado, con sacrificios de animales,  con un Dios  castigador, sino en su posterior evolución de más de 2000 años en que judaísmo vetero-testamentario desaparece para dar paso al judaísmo rabínico. Con lo cual  se establece la ubicación de una tradición que se ha actualizado en forma permanente.

En la religión judía-rabínica el mesianismo tradicional se basa en la espera de un Mesías  descendiente del rey David que liberará a Israel y lo conducirá a Palestina, donde se reconstruirá el reino ideal. De pureza religiosa y justicia  con  su capital Jerusalén.

Pero, hay también un movimiento contemporáneo de distinto planteamiento: Surgido a finales del siglo XIX,  y desarrollado en el XX, denominado el movimiento judío mesiánico[xii] que  plantea la necesidad del II  Concilio de Jerusalén, para la reconciliación entre judíos y gentiles en el Cuerpo de Cristo, con mutuo reconocimiento y aceptación tanto de los creyentes Judíos como de los Gentiles en forma personal y colectiva.

Se  fundamentan  en la aceptación de Jesús como Mesías, al que llaman Yeshúa,  pero en la que reclaman como Judíos, la misma condición que tuvieron en la Iglesia durante la primera generación de Judíos creyentes y en las que su fe no negaba o comprometía su estado como parte del pueblo escogido. Reivindican ser Judíos por Jesús, no tener que pertenecer por esta su creencia en Jesús a Iglesias protestantes o católicas, donde no se recoge su tradición, por lo que desean sus congregaciones, sus cultos propios, la observación de sus costumbres y fiestas.

En la página Keter Le Israel Mketer (2011)  advierte contra el judaísmo mesiánico, diciendo que  crecen gracias al proselitismo de las sectas pentecostales y evangélicas, de las que forman parte, las cuales aprovechan los momentos de dolor o debilidad para  captar, manipulando los sentimientos.

Por  lo anteriormente señalado  se ubicara estas doctrinas milenaristas y mesiánicas  en un origen y concepción religiosa fundamentalmente  judeocristiana, que ha impregnado distintos movimientos y visiones, como se verá en los movimientos de este tipo  que se desarrollarán en América.

Aunque, también se han estudiado  movimientos mesiánicos   en las tradición escatológica musulmanas en general y en al-Andaluz en particular, estudiados por Fierro Bello. Lo cual amplía el horizonte de estas doctrinas al tronco abrahamánico

Fierro Bello,   estudia esta historia en el al-Andalus, que representó  la frontera del mundo islámico en occidente y por ello mismo se vio permanentemente amenazado por  el cristianismo en dichas posiciones, al estar rodeada por mar, sus habitantes encargados de su defensa, asumieron una sensación de precariedad que se iría agudizando en la misma medida en que fue avanzando la reconquista cristiana de los territorios por ellos ocupados.

Entre las creencias escatológias musulmanas se cuenta que la Hora será precedida por una serie de señales o cataclismos, tales como que la luna se partirá en dos, la tierra temblará, el sol se levantará por el oeste, tribus enteras serán engullidas por la tierra…”  otras creencias son recogidas por al-Nubahi (m. 794/1391),   quien refiere seis signos, entre los que están la muerte del profeta, la tregua y la traición, epidemia, conquista de Jerusalén, entre otras. Muchas de estas creencias eran reforzadas por los oponentes al islamismo para debilitar y desmoralizar.

Rucquoi (2003) dice que puede verse también en estos  movimientos el choque y el cruce de dos culturas. Puesto que el reverso  está representado en la  mentalidad   de la España sometida al poder musulmán, sobre todo en los siglos  VIII y IX   y su resistencia, en la que circulaban interpretaciones de las profecías de Daniel que anunciaban el enfrentamiento final con el Islam.

Pero aparte de el al-Andaluz, el islamismo mismo ha albergado creencias próximas al  milenarismo. Pues se ha sostenido que tras la muerte del Profeta y antes de la llegada del fin del mundo,  la comunidad musulmana estará condenada a sufrir una degradación y se perturbará el orden, los justos serán tomados por mentirosos, sobrevendrá la  fornicación, y la embriaguez, la tradición se alterará.  Aparecerá un Anti-Cristo, “pues  según la doctrina ortodoxa musulmana, el Mahdí escatológico y mesiánico es Jesús, hijo de María, que aparecerá al final  de los tiempos para acabar con el Anticristo” Y esto se profetiza para momentos como “cuando acabe tal siglo…” o “antes de la llegada de la hora…” Fierro  Bello.

 

Movimientos y disputas Milenaristas en el seno del Cristianismo

Delumeau (2005) en un análisis que realiza del miedo en las sociedades europeas desde el siglo XIV al XVIII  examina el desarrollo de violencias mesiánicas y milenaristas inspiradas en interpretaciones de este tipo de doctrinas. Describe un ambiente de grupos de flagelantes que desde 1349 atravesaban los países bajos y Alemania en búsqueda  de devolver a la Iglesia su primitiva pobreza y de un milenio militante y sanguinario (p. 233). En contra

Habla de los movimientos inspirados por Juan Huss y de sus planteamientos de rechazo a las indulgencias,  por  sacerdotes pobres y dignos, contra los abusos de la iglesia. Así como de la indignación que su muerte en 1415 por herejía  y la de Jerónimo de Praga causaran y cómo posteriormente devendría en una guerra  hasta 1434.

De los cuatro artículos que oponían a  Roma solamente uno tenía  consecuencias sociales, que era la secularización de los bienes de la Iglesia. Mientras que  los otros exigían la  libertad de predicar, la comunión bajo las dos especies[xiii], y el castigo de los pecados mortales por las autoridades civiles.

Inseguridad económica y psicológica y esperanzas apocalípticas, marcan la fundación de Tabor que se irá convirtiendo en una ciudad.  Allí los dolores desaparecerán, la gente angustiada y rechazada socialmente se puede refugiar en un imaginario que le permite el sueño apocalíptico

Un siglo después en 1525   bajo el impulso de Müntzer, quien en un principio había seguido a Lutero y luego se convertiría al quialismo revolucionario, se dio su influencia en la revuelta de los campesinos alemanes  en Alsacia, donde corrientes milenaristas interfirieron en los levantamientos. Su predicación de la cercanía del fin del mundo  y de la necesidad de derrotar al Anticristo  para que tuvieran lugar los 1000 años de igualdad y justicia.

Dice Delumeau que la explosión milenarista más violenta fue  en 1534-1535 que triunfó en Münster, los elementos más desplazados tomaron el poder, expulsaron el Obispo e instalaron la Reforma luterana.  Simultáneamente se  desarrollaba en los países bajos una agitación anabaptista[xiv] dirigida por Jean Matthis y Jan Beukels (Juan de Leyde) cuya propaganda también refluyó en esta ciudad episcopal, adonde llegaron  exiliados, criminales, gente que había dilapidado sus bienes y no tenía futuro y fugitivos de toda laya, y en donde el delirio se apoderó de la dirección de la ciudad.

Estos movimientos respondían a una  mentalidad de estos siglos que fue alimentada por discusiones y disputas interminables en la luchas religiosas.

También señala este historiador  que se hacían permanentemente interpretaciones de las Sagradas Escrituras para calcular el tiempo que restaba:

Según el De Antichristo de Malvenda, el abanico de los cálculos muy numeroso, según precisa- sobre este espacio cronológico iba de 6.360 años (estimación excepcional) a 3760 años. Mercator llegaba a 3.982, Jansenio a 3.970, Belarmino a 3.984. (…) Se encerraba la historia de la tierra en una duración corta (…) y no se le aseguraba a la humanidad un número considerable de años por venir” (p. 351)

 

Para Jhon Napier el principal interés de los logaritmos consistía en facilitar estos cálculos y estimar el tiempo de llegada de la Bestia. Así como la disolución de la Iglesia Romana como  “imperio anticristiano”.  Una forma de ver cómo los descubrimientos matemáticos eran puestos al servicio de las creencias religiosas.

El protestantismo al implantarse en Inglaterra y Escocia llevó a América esta atmósfera, utilizando los distintos textos apocalípticos en su propaganda contra la Iglesia romana.

Por lo que  tendía a haber grandes miedos y conmociones ante sucesos  naturales como los eclipses de sol, producto de las predicciones  y de los  discursos y sermones los distintos textos apocalípticos que  llenaban  de pavor a la gente, especialmente por los teólogos y predicadores protestantes hacia  mediados del siglo XVII. Como que habría diluvios de fuego que iban a consumir la tierra.  O catástrofes escatológicas, lo que alcanzaría también a la Iglesia católica,  aunque en general  ésta procuraba aplacar estos terrores, que en muchos casos eran provocados  contra ella.

En pleno siglo XVIII seguía vigente –dice con admiración Delumeau- la preocupación por  el Anticristo. Pero si se examinan los movimientos milenaristas y mesiánicos del siglo XX, así como el discurso de muchas de las nuevas denominaciones y sectas,  puede afirmarse que este desasosiego y angustia se prolonga hasta nuestros días.

Hay numerosas sectas evangélicas y protestantes que utilizan el discurso mesiánico para ganar adeptos entre la población católica e inclusive entre otros sectores religiosos como los  judíos[xv] beneficiándose  de la fuerza de este planteamiento. Sin embargo hay que destacar que  si muchos de los movimientos mesiánicos  y milenaristas americanos toman de las raíces  prehispánicas como es el caso en los Andes o de las raíces negras como en el Caribe rastafari, esta forma de predicación de las sectas es profundamente aculturada.

 

Características fenomenológicas del Milenarismo y del Mesianismo

En el milenarismo y en el mesianismo vemos la presencia de lo que llama Otto (1991) la conjunción de de ideas  despertadas por lo que en fenomenología se llama  coincidencia opositora.  Una armonía de contrastes, en el sentido que se presentan simultáneamente, que concitan desde lo horrible hasta  lo infinitamente admirable.

Las representaciones   atraen  y  suscitan formas encontradas de pensamientos y de sentimientos opuestos, un continuo de polos. Esta sería una primera característica del milenarismo y del mesianismo. El principio y el fin sería en el tiempo la línea de unidad  que completa la historia, pero a través de la destrucción del Mundo y la erección del  Paraíso.

El gran miedo de la finitud  y la  esperanza en la eternidad. Dos representaciones que movilizan lo más recóndito que habita en cada ser humano y que precisamente es propio del ser religioso antropológico del hombre. Porque somos  conscientes de la muerte pero no podemos vivir sin la visión del futuro, la esperanza.

Es la búsqueda de lo que llamé un “yo nómada” (Páez 2009) que siempre busca con  angustia más allá de sí, un horizonte que no conoce porque está más allá de las posibilidades humanas,  pero que en la escatología milenarista y mesiánica está representada de una forma si se quiere esquemática, simple, en el sentido de que  es posible visualizarlo y en tal sentido de calmar esa ansiedad yendo en pos de la misma.

El principio y el fin sería en el tiempo la línea de unidad  que completa la historia, pero a través de la destrucción del Mundo y la erección del  Paraíso. Este sentimiento de completitud también se da en el Espacio.  Se verá con mayor detalle cuando se entre a ver el milenarismo y el mesianismo en América.

El milenarismo, el quiliasmo, el mesianismo se plantean en una concepción del mundo soteriológica  propia de toda religión. Por ello es que concita con gran fuerza  la Esperanza y el cambio radical de las condiciones, la búsqueda de la perfecta justicia, superación de las penalidades terrenales, el cese del dolor y del sufrimiento, propio de todas las religiones.

El Mesías dice Eliade se  identifica con lo que llama un Héroe Cultural o un antepasado mítico, puesto que  su llegada  reactualiza el tiempo originario (p. 77) lo cual también se corresponde con un fenómeno religioso que le ha aportado el sentido religioso a innumerables sociedades y pueblos.

Otras características de estos movimientos es el ser colectivos, inminentes, totales y milagrosos. (Cohn citado por Ossio, 2005)

Así también tienden a creer en una elección, pretenden ser  predilectos como pueblo, como etnia  y señalan un enemigo difuso pero que de  distintas maneras  identifican con el mal.

Finalmente   otra dimensión  que permea  estos movimientos es la que  llama Feldman (2003) una “psicología de umbral”, que es una  sensación de advenimiento de un cambio epocal. Entonces afirma que  se da una activación de  lo onírico, lo imaginario,  y “el ser se preña de  su porvenir en latencia”, ocurriendo esto a nivel colectivo. Proliferan  manifestaciones y signos,  algunas como señales  de baratija,  otras proféticas, pero las mismas  desde lo más burdo a lo más refinado comienzan a poblar las interpretaciones y lectura de los nuevos tiempos. Siendo esta construcción de paso, de transición de una época a otra generadoras de presentimientos y augurios positivos y negativos. Nuevamente de temores y esperanzas.

Otro aspecto que más bien es de carácter social es la identificación que se realiza con estos movimientos gracias al discurso proselitista étnico-racial, que tiene sobre  sectores indígenas y afroamericanos negros desesperanzados de la sociedad, empobrecidos y excluidos en todos los sentidos el poder simbólico de darles un  sentido que los ensalza y les ofrece una posibilidad de superación de las condiciones en que están sumidos.

 

El carácter fundamentalmente religioso de estos Movimientos

¿quieres saber de João Abade? Balbucea su boca sin dientes. Quiero –asiente el Coronel Macedo- ¿Lo viste morir? La viejecita niega y hace chasquear la lengua como si chupara algo. ¿Se escapó entonces? La viejecita vuelve a negar, cercada por los ojos de las prisioneras. –Lo subieron al cielo unos arcángeles –dice, chasqueando la lengua-. Yo los vi. (Vargas Llosa, La Guerra del Fin del Mundo)

 

Las características mencionadas anteriormente propias y  comunes de los movimientos milenaristas aportadas por estudios fenomenológicos, hablan de la  forma religiosa que en lo fundamental tienen los mismos.

Sin embargo, en la investigación de los movimientos  milenaristas y mesiánicos es bastante frecuente encontrar autores ilustrados que minimizan su carácter fundamentalmente religioso. Porque el hacerlo implicaría el reconocimiento tácito que tiene  para la movilización de  los pueblos oprimidos  la fe. Ésta siempre se ha presentado por parte de estos pensadores de vanguardia como la  generadora de la quietud, del inmovilismo que los sume en las costumbres antiguas. Por ello, sería un sismo en sus teorías el decir que es la creencia en la llegada de un Mesías, o la esperanza en un Paraíso, lo que lleva a  millares de hombres, mujeres y niños[xvi]  a levantarse en armas y enfrentar ejércitos completos, como ilustra Vargas Llosa en su Guerra del Fin del Mundo.

Como afirma irónicamente, Ossio (2005) criticando  un pensamiento anclado en “el materialismo histórico”   referido a los historiadores Burga y Flores Galindo,  que  no llaman  a estos movimientos  andinos  “mesiánicos”, sino “utopías andinas”.

Burga (2000) habla de la contraposición de ideas que se dio entre las noblezas indígenas y el pensamiento toledano, por la vocación hegemónica de este último, ya que el descrédito de la antigua civilización inca, permitía la justificación de la conquista y colonización. Representando también una respuesta a las críticas lacasianas, que  atacaban la legitimidad  y la violencia de los conquistadores.

A través de este discurso, Burga sostiene que se fue elaborando el contradiscurso de los indígenas  que sería el que  basaría diversas “utopías” en el  regreso de los Incas.  Así como la reivindicación de su cultura y tradiciones, reconstruyendo los linajes y  reuniendo las creencias en las huacas desperdigadas y fragmentadas por las campañas de extirpación de las idolatrías.

Estas formas de conciencia anti-colonial sirvió de alternativa para la invención de un futuro en que los indios marginados y empobrecidos se representen una sociedad para ellos, es lo que llama las utopías andinas, que constituyen según el autor el ambiente ideológico que dará lugar a los grandes movimientos sociales que se producirán en el siglo XVIII.

Sin embargo, los mismos se alimentan  como el mismo autor lo sostiene y se nutre  de la  reunificación de creencias y de ritos  religiosos pre-colombinos y también cristianos, puesto que asumen  en sus reconstrucciones representaciones sincréticas de  la Virgen, de  los Santos, de  Cristo.

Ciertamente, el autor señala correctamente la presencia de un resentimiento contra los vencedores y una reivindicación del pasado que consideran glorioso, y  en  cuya vuelta  se cree, se apuesta y se aspira. Pero olvida mencionar el aspecto religioso, tanto indígena precolombino, como  influenciado por  el  cristianismo, debido a su inculturación.

Así mismo  es común que se dé en sectores muy  marginados y empobrecidos, así como en situaciones  sociales de gran  desesperanza,  de  inestabilidad e inseguridad económica, política, no visualizar una salida a  las condiciones de pobreza  y que por ello mismo se busca cortar  con todo vestigio pasado y  la búsqueda de  venganza con quienes difusamente se culpen de las desventuras y se personifique como el mal.

Eliade (2003) en tal sentido afirma:  que los movimientos que llama nativistas o milenaristas son casis siempre “anti-blancos y  anti-cristianos, pero que sin embargo,  la mayoría de esos milenarismos aborígenes comportan elementos escatológicos cristianos.  Pone como ejemplo que cuestionan a los misioneros y sacerdotes católicos porque  “no se conducen como verdaderos cristianos y no creen en la inminente venida de Cristo y la resurrección de los muertos” (p. 75-76). Es decir, incorporan claramente parte del sistema religioso del catolicismo.

La idea de la “utopía” no es entonces una creación emanada de los pueblos, por la cual ellos luchan, es decir no hay movimientos populares que persigan “utopías”, sino pueblos que  buscan reinos divinos y/o  reinstauración de una  sociedad  como el Twantisuyo, que no puede llamarse utópica porque existió, como bien afirma Ossio.  Aun cuando sus características sean construcciones  imaginadas y no  recordadas, pero que concitan  esa ansiedad  de la vuelta al origen.

En tal sentido las tales  “utopías” son más bien “ideologías”, porque se niegan a ver una parte de la realidad  que no convenga  al sistema de pensamiento que se propugna. Como afirma Octavio Paz:

“Las ideologías -prefiero llamarlas así y no utopías-juegan papeles semejantes en el mundo desarrollado y en el llamado subdesarrollado. L hombre es el mismo en un lugar o en otro. El hombre que maneja un Ford y el que monta un burro son el mismo hombre. La diferencia consiste en que el que monta el burro casi siempre es más culto que el del automóvil. El fenómeno nuevo es el bárbaro moderno (….) El que monta en burro no cree en las utopías ni en las ideologías. Cree en el cielo y el infierno- Las utopías es la enfermedad de los intelectuales no del pueblo”. (Paz 2008)

 

Pese a que autores como Millones (2007)  hacen un recuento histórico de la influencia religiosa de estos movimientos, señalando aspectos como:

-espera de un signo divino de transformación del universo en que viven,

-epifanía de un Mesías,

-influencia de las religiones precolombinas y cristianas,

-búsqueda angustiada  del pasado glorioso,

-de la tierra sin injusticias,

-ligada a los mitos de la creación,

-de la interacción de hombres y dioses;

Autoras como Pereira de Quiroz, estudiosa de estos movimientos en Brasil determina que:  “Los movimientos mesiánicos son, pues, religiosos en su forma, pero socioeconómicos y políticos en su finalidad” (p. 104)

No sabemos a qué se refiere la autora con la oposición de forma y de finalidad, pero  veo ilógico tal  planteamiento de la autora,  porque no es  posible un divorcio entre la forma y el  fin. En este sentido Eliade (2003) afirma que:

“Es inútil insistir sobre el carácter político, social y económico de tales movimientos: es evidente. Pero su fuerza, su irradiación, su creatividad no residen únicamente en estos factores socioeconómicos. Se trata de movimientos religiosos. Los afectos a ellos reclaman  y proclaman el fin del Mundo para alcanzar una mejor condición económica y social” (p. 77)

 

No es tampoco una discusión baladí, lo religioso mueve las fibras más profundas, lo mítico tiene una fuerza que rebasa lo  racional.  Ver los movimientos mesiánicos y milenaristas solo como  movimientos  causados en lo económico, en lo político no permite explicar las raíces de esperanzas y de temores y por lo tanto impide una respuesta integral a los problemas  que los mismos se plantean.

 

Interpretaciones de Joaquín de Fiore: Joaquinismo

Y a mi lado brilla el Abad calabrés Joaquín. Dotado de espíritu profético

(Divina Comedia, El Paraíso)

 

Zaballa Beaescochea (2001) dice que  en la actual historiografía  se manejan  dos tipos de milenarismo: el milenarismo  de carácter apocalíptico  y judeocristiano, al cual se ha hecho mención y el milenarismo llamado, pseudo joaquinista.

Es muy importante considerar  también este último porque está vinculado directamente a la historia  americana en la primera evangelización, ya que, se discute que los misioneros franciscanos que vinieron a  Nueva España  tenían un proyecto político religioso de implantar una sociedad teocrática, orientado por una  concepción teológica  joaquinista. Esto es un punto polémico, que en modo alguno  se ha demostrado concluyentemente,  pero cuya trascendencia señala Zaballa Beaescoechea:

“En efecto, si se demuestra que es cierta no descubre únicamente el contenido del pensamiento de un grupo de frailes, sino que implica un cambio en el planteamiento general de toda la acción evangelizadora en la Nueva España. Es decir, se trataría de una revolución historiográfica y supuestamente marcaría un hito ene l avance de la comprensión  histórica de los primeros años de la presencia en Indias y muy especialmente d ela Iglesia en el Nuevo Mundo”. (Ob. Cit: p. 355)

 

Por lo cual se reseñará el pensamiento de Joaquín de Fiore por autores que le han estudiado. Para  referir  la base de lo que se ha llamado  joaquinismo, como   interpretaciones  doctrinales milenaristas que han sido  inspiradoras de diversas órdenes y formas de vida, formando parte de la historia de la Iglesia.  Posteriormente se referirá la confrontación de entre quienes creen en la misión milenarista de los franciscanos y quienes la objetan. Para finalizar con una mención a algunos de los movimientos principales milenaristas y mesiánicos que han tenido lugar en América Latina.

El planteamiento de Joaquín de Fiore  (ca. 1130 1202)  es resumido por Joseph Saranyana (2003)  diciendo que el mismo es  de gran calado teológico, que respondió a una polémica con Pedro Lombardo quien afirmaba que en Dios hay  tres personas y una  misma esencia, que este planteamiento fue interpretado por el fiorense como  que en Dios había cuatro cosas (cuatro res). Porque en el ambiente de hiperrealismo alto medieval, toda esencia  universal era un subsistente incorpóreo puesto en lo sensible, por lo que  era interpretada como subsistente, bien  como un accidente en una esencia subsistente o  siendo  dicha esencia misma un subsistente.

Descartada la posibilidad de que las Persona divinas pudiese ser accidentes o manifestaciones de dicha esencia. En la Santísima Trinidad la lectura de dicha sustancia que hizo el Abad calabrés. Según Saranyana  por defecto de su herramienta filosófica, fue  la de interpretar el intento de introducir una cuaternidad en Dios.

Pensaba que no era así, que cada persona debía tener su esencia y además la esencia misma debía ser subsistente aparte, por lo que no aceptaba la formulación lombardiana.

Saranyana se pregunta ¿qué queda de esta discusión a  800 años después de la muerte de Joaquín de Fiore,  si la misma  fue superada? Y contesta que quedan  en plena actualidad sus cavilaciones sobre el milenio (o los dos milenios) profetizados en el capítulo 20 del Apocalipsis, que tienen que ver con su concepción de la Santísima Trinidad y la correspondencia con las edades del mundo, en una peculiar teología de la historia.

Joaquín de Fiore  hizo una interpretación alegórica de las Sagradas Escrituras, poco antes de 1200, nos dice García-Abásolo (1993) que, contenida en su obra Novi et Veteri Testamenti, consideraba que el Nuevo Testamento era un símbolo de una “etapa” por venir, y que había sido preanunciada por el Viejo Testamento.  Describe estas tres edades.

En ellas divide la historia humana en tres estadios, que se corresponden con las Tres Personas de la Santísima Trinidad, dogma  central del Cristianismo. La edad del padre, del temor y de la prueba, los hombres viven según la carne, y es la que  relaciona con  el Antiguo Testamento.  La Edad del Hijo, con los Evangelios escritos  y los sacramentos, los hombres viven según la carne y el espíritu, según el orden dominante de los clérigos (Iglesia) y finalmente la edad  del espíritu, en la que Dios será adorado de manera  espiritual, contemplativa,  sin sacramentos, sin organización visible y exterior de los fieles. Este último estadio sería anunciado, revelado a todas las naciones del modo como  el Ángel del Apocalipsis.

Particularmente con las características que atribuía a la tercera edad, en la cual en lugar del reinado intrahistórico de Cristo, afirmaría cierto reinado  o triunfo del Espíritu Santo, en que los cristianos habrían de alcanzar el sentido pleno y definitivo de la revelación divina (Zaballa Beaescoechea, 2001: p- 357)

Dicen Zaballa Beaescochea y Saranyana (1990) que el joaquinismo se caracteriza por cinco notas que son: 1) Una interpretación de la historia profana en clave de historia sagrada. 2)  Una interpretación que concordia al VT y al NT. 3) Una división de la historia en estadios que  se relacionan uno a uno con las tres Personas Divinas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, aunque en el último es común al Hijo y al Espíritu Santo  y finalmente, uno de los aspectos más polémicos dentro de la Iglesia es que la economía de la salvación  instaurada  en el último estadio, antes de la llegada del “eschaton”  no tendrá  la necesidad de signos ni de figuras, y por tanto necesidad de la Iglesia misma.

Independientemente de las intenciones o del sentido de la  doctrina, de Joaquín de Fiore,  pensador de una originalidad y vigor extraordinarios, ha sido una de las figuras más  manipuladas en la historia del pensamiento, siendo muy variadas las interpretaciones del corpus joaquinista.

La predicción de  este Santo hacia 1260 de la  Edad del Espíritu,  fue interpretada por  quiliastas revolucionarios y agresivos como  que en el curso de la misma,  la humanidad  sería gobernada por monjes, rindiendo tributo a la pobreza evangélica, a la justicia vindicativa, a la igualdad, al castigo y al premio,  leído como el espíritu de   una nueva edad de oro que sería una especie de inverso a la sociedad en que vivían y motivando movimientos fundamentalistas   que arremetieron contra el orden establecido con violencias inusitadas, siguiendo estas ideas claves, independientemente de las disputas filosóficas y teológicas,  las cuales no estaban capacitados para asumir.

Dice que el Abad fiorense se ha convertido en un paradigma de manipulación historiográfica, en torno de la cual han  florecido expectativas quiialistas de distinto signo.  En un imaginario en torno al cual han proliferado muchas de las aspiraciones de la humanidad a lo largo de los siglos, por lo que nos dice concluyendo:

“Es preciso reconocer con el historicismo, la tremenda fuerza creadora  del espíritu humano, su gran capacidad de releer las doctrinas en contextos diferentes. Pero es preciso resistir a estos reclamos de la modernidad. Por consiguiente, distingamos entre Joaquín y el joaquinismo, y no caigamos en la tentación de manipular a nuestro capricho las figuras más señeras de antaño, aunque la instrumentalización del pasado sea una de las técnicas más retóricas más agradecidas”.

 

Por lo que es un planteamiento religioso en torno al cual se  han entretejido  los temores y las esperanzas  humanas, movilizando y manipulando  con ello,  a los más necesitados, porque ha representado  una fuente de un  discurso canalizador  de las venganzas y de los odios, de las ilusiones y aspiraciones humanas. Así como de innumerables luchas religiosas y políticas.

Joaquín de Fiore tuvo una gran influencia entre los franciscanos,  la misma se dejó sentir sobre diversos movimientos, uno de ellos el de los espirituales,  y  en una medida que no se conoce  suficientemente en la regla de  los observantes, que tuvieron un eco muy grande en América.

Saranyana y Beaescoechea (1990)  diferencian estos movimientos. Los “espirituales” franciscanos constituyeron un partido o más bien diferentes grupos de frailes menores independientes unos de otros, en Italia y el sur de Francia, y también por Cataluña y Valencia. Se formaron, en la segunda mitad del siglo XIII y se mantuvieron hasta  1318,  porque estaban descontentos con la evolución de la Orden franciscana, así como en el seguimiento de las ideas de Joaquín de Fiore,

            Buenaventura, fue elegido en 1257 Ministro general de la orden   de los franciscanos, la misma estaba fragmentada entre distintas tendencias, principalmente en torno a la manera de llevar la pobreza, particularmente por las posiciones radicales de los espirituales  y es su llamado a la observancia de la regla. Prohíbe la interpretación de la vida de San Francisco que hace Joaquín de Fiore[xvii].

Mientras que los observantes se propagaron fundamentalmente en el noroeste español, provincias de  Salamanca y Santiago de Compostela,  tuvieron  convetillos y eremitorios.  Se desarrollaron  en los siglos IX y XV  fue un movimiento no de reforma sino de observancia, por tanto tenía en sus filas a prelados influyentes como el Cardenal Cisneros. La reforma del Clero regular auspiciada por este Cardenal, bajo los reyes católicos, nos dice  Weckman, permitió que en España renaciera un misticismo apocalíptico de matiz joaquinístico (p. 92)

A pesar de que ambos grupos eran franciscanos y podían tener coincidencias y relaciones, pareciera que no fue así porque los espirituales eran movimientos muy localizados y con muy poca influencia, para la época  del descubrimiento de Indias. Sin embargo Zaballa Beaescoechea y Saranyana consideran que  pudo haber alguna continuidad entre los fratticelos y los observantes, sobre todo por ser franciscanos, por lo cual pudo haber trasvase de idearios.

Estas consideraciones se hacen porque  es en esta  línea que se dice que los primeros franciscanos que vinieron a Nueva España, siendo observantes, tenían la influencia de los movimientos espirituales y del joaquinismo que, obsesionados por el fin del mundo pretendían traer  el reino milenario a América. Cuestión muy discutible, pero planteada por distintos autores americanistas.

No pretendo pronunciarme en torno a ello porque me faltan fundamentos y fuentes, pero es una discusión abierta y solamente pretendo  señalar la misma porque es muy interesante y abre amplias perspectivas. Pienso que es necesaria en el estudio de la proliferación de  movimientos milenaristas y mesianistas americanos en distintas épocas de nuestra historia y que no debe ser  orillada, por el contrario, que abre amplias vetas para la investigación, mostrando nuevamente que solo podemos interpretar el presente a través de  interpretaciones del pasado, para ensanchar las perspectivas de la comprensión. Y que, el estudio de los procesos de evangelización americana es fundamento de la misma.

 

América y Apocalipsis

No es solamente un continente, nuevo y desconocido de los europeos, es además, y nada menos, que el paraíso terrenal (Fray Bartolomé de Las Casas, Vida de Cristóbal Colón)

 

 

Prósperi, (2003) es quien  titula su ponencia como “América y Apocalipsis”, para explicar que en el imaginario europeo América significó el “Nuevo Mundo” y que este nombre había sido  inspirado a los cristianos por los textos proféticos de las Sagradas escrituras en general y particularmente por el Apocalipsis:

“La expresión misma “Nuevo Mundo” nació de una velada  cita del Apocalipsis. El opúsculo con el cual se difundió en latín el relato de Américo Vespucio, que revelaba las dimensiones continentales y no insulares de las tierras occidentales, anunciaba un Mundus Novis; enorme, poblado de innumerables gentes, aquel nuevo mundo era evocado con una cita del Apocalipsis: “y  vi nuevo cielo y nueva tierra”. Otros ecos de la misma fuente enriquecían  esa relación concreta y realista con alusiones sugerentes y misteriosas. Desde ese momento se puede indicar como se ha establecido el vínculo histórico entre el “nuevo” continente y la imagen de los “nuevísimos”  de la profecía cristiana, es decir, las fases finales de la historia”. (p. 2)

 

En este orden de pensamiento Prósperi se refiere entonces a que dicho descubrimiento fue producto de una mentalidad en la cual actuó   la fascinación por la idea de  la  “completación del espacio”, en concordancia con la plenitud de los tiempos. Es decir, que así como   en el fin sobreviene el paraíso perdido, la edad de oro mitológica y se cierra el orden del tiempo,  en el ámbito espacial acaece también una concepción analógica, concibiéndose como necesario para el Advenimiento del reino de Cristo.

Esto generó que en las relaciones entre los habitantes de ambos polos Viejo Mundo y Nuevo Mundo  se diera una sed de conquista espiritual, por parte de los primeros, animada por la conciencia apocalíptica. Así como una noción de la superioridad de la Iglesia que se estaba construyendo en América, en comparación con la del Viejo Mundo plagada de divisiones, con la Reforma,  de críticas y de una situación de atasco, por lo cual -dice Prósperi-  surgieron tendencias milenaristas muy fuertes y duraderas, así como las representaciones que  imaginaban  el mundo americano como la coronación de la historia humana.

Finalmente se refiere también a que este imaginario religioso surgido de la tradición y de la interpretación de los textos cristianos implicó consecuencias  en torno a la forma pacífica o guerrera de la conquista.

Es en este contexto interpretativo donde puede comprenderse  el espíritu  misionero que les animaba. Iluminado   por la expectativa de  predicación del evangelio, de refundación de la iglesia primitiva y de recobramiento de valores como la pobreza. Afirma Prósperi que se creía   que mientras más pronto pudiese completarse la labor evangelizadora, más se abreviaba el tiempo de llegada del Apocalipsis. Los frailes se vieron como Apóstoles colocados ante la exaltante tarea de  convertir a esta nueva  parte de la humanidad, colaborando con  el Proyecto Divino de salvación del mundo.

En esta línea de interpretación que atribuye a  estos franciscanos que llegaron a Nueva España una  visión y misión proféticas están las investigaciones de autores americanistas  franceses como Robert Ricard, Marcel Bataillon, Georges Baudot y en menor medida el español José Antonio Maravall o el norteamericano Jhon Leddy  Phelan,  junto a Milhau quien ha recapitulado sus tesis y que declara que la utopía de los franciscanos de nueva España estaba teñida de joaquinismo milenarista.

Así también lo piensa Weckman quien atribuye a Phelan  la idea de que el mismo Cristóbal Colón  estaba imbuido de dicho ideal joaquinista,  de la Venida de Jesús y la reconstrucción del Monte Sión y Jerusalén en el Nuevo Mundo, en el cual, se instauraría la pureza de la Iglesia Primitiva, la Edad de Espíritu por parte de un dux novus, que representaría la edad final de la perfección.

Los franciscanos de la “regular observancia”, encabezados por Mendieta, que vinieron a Nueva España estaban influenciados por las ideas joaquinistas es la tesis que sostienen estos autores. Sustentan también –algunos de estos americanistas como Phelan-  lo que se ha visto como una concepción inferiorizante  y simplificada de los  indios, que su “inocencia, simplicidad, pobreza de vida y veracidad” estimuló la tarea a la cual se sentían llamados los franciscanos.

Entre estos frailes hay que mencionar a Fray Martín de Valencia, quien era el lazo vivo del sueño milenarista, a Motolinía (maestro de Mendieta y de Fray Francisco de las Navas y éste a su vez de Sahagún), quien tenía un ideal de pobreza como programa de un plan escatológico grandioso, según Weckman dice que sostiene Baudot. A Fray Andrés de Olmos y a Fray Martín de la Coruña (p. 97).

Se dice incluso que, enviados por Fray Francisco de los Ángeles, eran 12,  porque éste era el  número símbolico de los Apóstoles. Pero el campeón de esta utopía milenarista sostiene que era Mendieta (1524-1604) quien según Phelan expone su visión apocalíptica de la monarquía de Los Austria en su libro “Historia Eclesiástica Indiana”, que termina con una oración para que  Dios envíe al Mesías nuevamente para aniquilar la bestia de la avaricia con lo cual se instauraría el reino milenario.

Así también consideraba según interpreta Weckman de Phelan, que solo en el Nuevo Mundo pudieran perfeccionarse las instituciones y teorías del Viejo Mundo.

Baudot se preguntaba si hacia el final de su vida, no habían visto frustrarse sus creencias con el desenvolvimiento de la conquista, con las violencias que trajo aparejadas y con la llegada de la inquisición.

Esta visión atribuida a  los primeros  franciscanos, esta influencia del joaquinismo y estas representaciones claramente correspondientes a esperanzas milenaristas son desmentidas  por  Gómez Canedo, del Instituto de investigaciones Históricas de  la universidad Autónoma de México (UNAM) quien dice que  las obsesiones que se les atribuye a estos misioneros con la proximidad del fin del mundo  y la consiguiente llegada del reino milenario en América, por parte de Phelan, Baudot y en menor medida Maravall no tienen base alguna.

Se declara asiduo lector de las obras de Mendieta y de Motolinía y dice que en las obras de los mismos no se encuentran  esas referencias a un reino milenario, Que dichos frailes eran más realistas que soñadores.  Incluso señala en Phelan, particularmente, graves  problemas con el correcto manejo del idioma español,  por lo que algunas de sus  interpretaciones provienen de una equivocada lectura de dichos textos.

Por ejemplo Phelan  -dice Gómez Canedo- malinterpreta un texto de Mendieta en que dice que “ésta es la Iglesia Primitiva” y Gómez Canedo señala que lo que dijo fue: ésta es la Iglesia Primitiva de los  indios”, por lo que necesitaba de pastores como aquella. Afirma también que la terminología de este autor es ambigua y contrapone concepciones que no tiene por qué  oponer como por ejemplo lo eclesiástico con lo místico.

Tampoco ve el puente entre los espirituales franciscanos, quienes sí aplicaron profecías del Abad, con los franciscanos de la regla observante que vinieron a América.

Aunque él mismo señala en su escrito que le es imposible en un breve ensayo –como el que comento-  hacer el examen mediante el cual desmonte dichos argumentos si hace algunos señalamientos para exponer que el apego al pensamiento “joaquinista” que aluden por parte de estos frailes no demuestra en lo absoluto esto mismo.

Dice que aunque las obras de Baudot  y de Phelan  tienen méritos notables y se apoyan en una erudición copiosa documental y bibliográfica, la misma a veces, no es del todo pertinente y que los autores tienen un afán excesivo por descubrir “sentido críptico y misterioso   en textos que no  parecen tenerlo muy claro, lo que les lleva a hipótesis poco justificadas y quizá, a la ilusión de originalidad.” (p.  1400). Dice por ejemplo que les sorprende que siendo el milenarismo, la escatología, la mística, los espirituales, conceptos netamente de índole netamente religiosos, hayan consultado sólo para estudiarlos a autores laicos y secularistas.

Objeta de Baudot que  apoye su argumento en las citas que refiere hace Motolinía de los profetas del Antiguo Testamento y del Apocalipsis y cuenta las mismas diciendo que: cita cuatro veces a Daniel, ocho a Isaías, una a Ezequiel, cinco  a Jeremías y una a Miqueas, al Apocalipsis  lo cita “solo” cinco veces expresamente y quizás dos de manera oscura, mientras señala  cita a los salmos 17 veces,  trece el libro de los Reyes, once el de San Lucas y así… y ninguna vez a Joaquín de Fiore,  para decir que Baudot necesita muy poco para encontrar  sentido oculto a hechos y frases que parecen tenerlo poco.

Así incluso Gómez Canedo declara que no le ve la relación que éste atribuye  con el número 12 de los Apóstoles y el reino  milenario, por parte de los primeros frailes.

En relación a esta polémica, vuelvo a  repetir que con honestidad no estoy en la capacidad de asumir una posición sobre la razón de los argumentos esgrimidos por Gómez Canedo, o por los que sostienen  la posición milenarista de los primeros frailes. Veo que   hay aspectos señalados  favor de uno y de otros.  Como por ejemplo a favor de Gómez Canedo, el ser un acucioso estudioso de la historia de la Iglesia en la colonia, su argumento de las fallas de conocimiento del idioma español por parte de Phelan,   o de que citen autores seculares y no religiosos para conceptos que lo son. Así como el hecho mismo de que dichas objeciones provengan de un mexicano investigador en las fuentes que me hacen ver la necesidad de tratar con este problema de una manera más cautelosa.

Por otra parte a favor de las tesis milenaristas  está la fuerza   de la idea imaginaria, y de la conexión que las ideas tienen en el tiempo, aun cuando no se encuentre la línea conductora en los textos, las ideas mismas tienen una continuidad, que muchas veces no es tenida en consideración por una forma de investigación apegada al solo hecho, cuando el mismo debe ser objeto de  interpretación contextual.

Gómez Canedo  no ve relación alguna del Número 12 de  los apóstoles, con el planteamiento originario de refundación de la Iglesia Primitiva por parte  de los 12 franciscanos, pero aunque esto no concordara con lo que se había planeado o coincidiera con otros  acontecimientos, el símbolo como imagen es construido y replanteado, por su fuerza y el ajuste con la idea de  reconstrucción de la iglesia primitiva en la que se resignifica.

Tampoco puede descartarse por falta de  fuentes la influencia de las ideas de los espirituales con los observantes como lo señalan Zaballa Beaescochea y Saranyana  (1990) en la discusión sobre el joaquinismo novohispano en el siglo XVI en la historiografía reciente, por cuanto la fuerza de las ideas prevalece,  y que hay que aproximarse a estas posibles  relaciones    a través de un régimen de trabajo multidisciplinar  donde lo histórico se una a lo teológico, a lo filosófico,  para retomar todo lo bueno que haya de los americanistas, pero  sin tanta benevolencia que funde en ellas  la historia de la evangelización de México.

Lo que sí  es necesario recalcar está en esta línea de pensamiento de García Abásolo:

“La cristiandad que se pretendió edificar en la América española no prescindió del indio, antes al contrario, el indígena fue el elemento fundamental desde la propia concesión de la soberanía de las nuevas tierras a Castilla, al ser establecido como condición expreso de la  Santa Sede a la Corona española de asumir la evangelización de sus habitantes. Pero hubo un interés por el indio esencial, de forma que no solo existió una preocupación por la evangelización, sino  también por la promoción humana del indio”.

 

Sólo así puede entenderse que para el cumplimiento de estos compromisos se  acudiera a las órdenes religiosas  mendicantes franciscanas que llegaron en 1524, dominicas en 1526 y  agustinas  en 1533. Posteriormente llegaría el clero secular. Y dice  que no habría tenido nada de extraño que concibieran un apostolado esperanzado de formar una nueva cristiandad cuando  el universalismo medieval  parecía haberse agotado en esperanzas incumplidas y se había fracturado la unidad de la  Iglesia,  impulsándolo  a través de la fe, del idealismo y de la generosidad a la que dedicaron sus vidas.

Por ello mismo los monjes adquirieron un gran protagonismo, desarrollaron conventos, actividades misionera-culturales, fundaron pueblos y les atendieron. García Abásolo cita a Duran en su Historia de  las Indias para contar en apoyo a su tesis  que en la muerte del padre Olmedo después de haber bautizado a 2.500 indios todo México le lloró y los indios dejaron de comer desde que murió hasta que le enterraron.

Contrariamente a lo que se ha divulgado por una historiografía ideologizada,  no se entiende la labor misionera en la evangelización del Nuevo Mundo y por ello  la contradicción  presente en los movimientos milenaristas americanos que señaló Eliade,   en la que siempre está presente la paradoja de la crítica a la Iglesia y una reivindicación del papel de lo que deberían ser los sacerdotes, así como una prédica cercana a las escrituras cristianas.

Es desde la perspectiva de “una fe profundamente sentida” como se puede entender que los españoles siendo clérigos o  laicos pretendieran la incorporación  del mundo indígena a la Cristiandad, ubicados en la mentalidad de aquel momento y no en el modo anacrónico que tiene de abordarlo la historiografía  ideologizada, o lo que García Abásolo llama “indigenismo de salón” por grupos no bien definidos que declaran es desde su mentalidad anticlerical contemporánea.

Reivindicando a Octavio Paz -dice García Abásolo-  en la equivalencia que realiza de dicha forma de pensamiento con  el renegar en español de los españoles. Son los mismos que reivindican la nacionalidad americana en lo negro y en lo indio, pero no en lo hispano, negando así uno de sus  componentes fundamentales.

Esta reflexión ulterior es fundamental en la reseña que a continuación se hará de los movimientos  milenaristas y mesiánicos latinoamericanos.

 

Movimientos Milenaristas y Mesiánicos en América

Después de pronunciar su discurso, Jacinto Uc se vistió en la Iglesia con la  corona y el manto azul de la imagen de Nuestra Señora de la Concepción y adoptó, como  rey, los nombres del último  jefe del Petén  y del postrer emperador azteca: “Canek Chichan Moctezuma”. La Virgen María fue declarada esposa del nuevo rey maya.

(Moreno Yánez, Motines, revueltas y Rebeliones en Hispanoamérica)

 

 

Ossio (2005)  Habla de los movimientos mesiánicos que tuvieron lugar en el Perú en distintos momentos y con diferentes expresiones y variantes, nombrando los siguientes:

Taky Onqoy (1560-1570)

Juan Santos Atahualpa (Rebelión)  (¿1742-1756?)

Túpac Amaru (1789-1791)

Astuparia (levantamiento) (1885)

Versiones del mito de Inkarri

 

Con respecto al primero el Taky Onqoy es  estudiado por Millones (2007) quien lo relaciona el nombre del mismo con  moro onqoy (muro onqoy) una epidemia  calificada  como  la “viruela” por los europeos  y que azotó a los nativos, la cual según explica fue asociada como parte del rechazo o de la asimilación del adoctrinamiento cristiano. Cronológicamente la conecta con  el movimiento mesiánico del Taky Onqoy y el carácter mestizo de ambas.  Es en 1565 cuando se descubre dicho rito, en el cual se opone los dioses o huacas andinos  que habían sido extirpados como idolatrías con los rituales de curación.

El mismo consistía en una forma de éxtasis de un poseso o místico que hablaba en nombre de la divinidad, los afectados por la “enfermedad” de la presencia  hispana, eran incorporados a sus filas para participar  de un proceso de curación. El Taky Onqoy no es solo un baile, Taky significa cantar y Tusuy Bailar.

Así se creía que las huacas habían resucitado y de ella se habían hechos dos partes una en  Pachacamac  y otras con la de Tiricaca, y que andaban por el aire orientando la batalla a Dios. Como nueva religión debía  inaugurar un nuevo tiempo y no podía limitarse a repetir los dioses del pasado, pues la situación había cambiado, por lo que con los restos de lo existente, lo viejo con lo nuevo había que construir lo nuevo.

El Taky Onqoy no pasó de su expresión en rituales a diferencia de otros movimientos que sí se expresaron en levantamientos armados.

Los movimientos más mesiánicos son los que  Ossio  describe  como el de Guama Pomán  de Ayala, que, a diferencia del Taky Onqoy supone  cierta familiaridad con el sistema político colonial.  Definido como fenómeno religioso la posición mesiánica de Poma Ayala  es el planteamiento de retorno al “Tahuantinsuyo”,. Mediante la ruptura del tiempo actual y la transformación hacia un orden cósmico, dice que fue influido por Joaquín de Fiore en la concepción del tiempo sagrado como medidor del histórico (p. 217) y que describe como edades del mundo. Vale señalar como  fuerza y continuidad de las ideas en el tiempo que en los movimientos políticos actuales de Perú y de Bolivia  hay  tendencias que proponen proselitistamente este regreso al tiempo del Inca, en tendencias indigenistas que proponen esta carga mesiánica de regreso al pasado “dorado”, mostrando su vigencia simbólica en el imaginario de los pueblos y de los sectores relegados. Laserna (2007) lo analiza en Bolivia:

“La corriente indigenista se mueve sobre todo en los espacios simbólicos y ocupa un lugar importante en el discurso del presidente y en la imagen internacional que proyecta el gobierno. No es casual que David Choquehuanca se haya hecho cargo de la cancillería y que Evo Morales, que nunca formó parte de los movimientos de reivindicación indígena, al punto que recibió reproches por ello cuando concentraba su acción en la reivindicación sindical del cultivo de coca, se haya prestado a una posesión simbólica en Tiwanaku, cuidadosamente montada para consumo de los medios internacionales de comunicación”.

Por ello razón tiene  Ossio cuando sostiene  que el mesianismo de Guama Poma  tiende un puente entre las categorías mentales del mesianismo temprano y del actual.

La rebelión de Juan Santos Atahualpa en 1742, representó la asunción del papel de Mesías por parte de un líder, frente a un desorden reinante por corrupción y mal gobierno, proclama la abolición del dominio español y  la instauración del antiguo reino del Inca que  fue decapitado por Pizarro. Pero aquí puede verse cómo  en esta rebelión entran los elementos sincréticos, puesto que se declara enviado de Cristo y poseído por el Espíritu Santo. Puede verse también la influencia joaquinista en ciertos aspectos del planteamiento, según dice Ossio, no es  ni siquiera del joaquinismo sino directamente del Abad fiorense.

Otro movimiento mesiánico lo podemos ver en José Gabriel Condorcanqui, Tupac Amaru II, quien también asume la figura del Inca como catalizador,  quien promueve en 1781 una insurrección, basada en creencias que hablaban de transformaciones cósmicas y al relegamiento y opresión de los indígenas, apoyado por los curacas de su región mayormente, logró extender su mensaje a otras provincias como  Huanta,  Ayacucho, Huarochirí, Lima  e incluso  dice Ossio que hasta  en algunas zonas del Ecuador.

Núñez del Prado  (2005) también se refiere  a el mito del Inkarri y Qollari,  consistente en  un mito de fundación de la civilización inka, que forma parte de la tradición oral de un grupo de indígenas aislados, pero que señala la posibilidad de una memoria cercana a los 900 años, este mito pasa a la primera plana del movimiento nacional en la ocasión del golpe de  Estado en 1968, de Velasco Alvarado, que según el autor reconoce derechos y propiedades de comunidades indígenas y declara el quechua como india y convierte a José Gabriel Tupac Amaru en símbolo de la revolución peruana,  elevando aspectos contenidos en el mito como  el control ecológico vertical, carrera espiritual andina tradicional, la reciprocidad y el intercambio. Lo cual apoya el atractivo de este discurso por cuanto prende en las  tradiciones y   aspiraciones de vastos sectores de la población que han sido históricamente relegados.

Un movimiento religioso político milenarista que fundó una comunidad en la selva amazónica  y que se extendió  en distintas regiones fue el de la Asociación Evangélica de la de la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal,  el cual es reseñado por Torres López (2005) quien hace la biografía del líder y fundador espiritual del movimiento religioso Ezequiel Ataucusi (1918-2000) en el cual se pueden apreciar aspectos como su origen étnico en un medio campesino muy humilde. Así como también aspectos de una personalidad carismática, inadaptada, con visiones y ensoñaciones permanentes que traducía como revelaciones.

Su prédica funda un movimiento vigoroso por crecimiento numérico y extensión en la zona selvática amazónica limítrofe con piedemonte andino,  nororiental, frontera entre Ecuador y Perú. Su discurso encaja con  relictos nostálgicos, resentimientos y esperanzas  en los poblados abandonados de la zona, que ven en él la posibilidad de conectarse con un mundo espiritual, pero también material diferente. También se aprecia el carácter integral del movimiento que  instaura en la comunidad una “nueva”  forma de vida que atendió no solamente aspectos sociales y económicos como el tomar terrenos de la selva y comenzar a fundar pueblos agrícolas con una vida socio-religiosa en los mismos, sino calendario de fiestas, la participación política en distintas municipalidades. Prácticamente implica una concepción total, que, como propio de una secta religiosa implica omniabarcar todos los aspectos de  la vida de sus fieles, con esto puede prender esa esperanza mesiánica y milenarista, que es uno de sus aspectos fundamentales.

Sus rituales dice Ossio son copiados del Antiguo Testamento. Incluso sus promesas y mitos, así han construido “el Arca de Ezequiel”  Rospigliosi (1995)  Dice también que son de tradición eminentemente rural, campesina quechua, que no cuenta con una tradición fuerte de violencia. Por el contrario, lo que yo he encontrado en este movimiento es una gran dosis de apertura, a pesar de ser un movimiento fundamentalista, mesiánico.

En la región andina, en territorio peruano, se han dado otros movimientos mesiánicos Vinhas de Queiroz y Nimuendaju observaron trazas de movimientos mesiánicos entre los indios Ticuna, desde principios de siglo XX hasta 1961, manifiestos cuando un joven ticuna  a comienzos del siglo XX comenzó a contar de visiones  y a profetizar atrayendo  indígenas de Perú y de Brasil.

Posteriormente entre 1930 y 1935 otro indígena llamado Aureliano  habló de sus visiones   le fue construida una casa separada, con el aumento de su reputación fue arrestado. También un fenómeno similar es referido entre 1938 y  1939.

Por ello, cuando se corre la voz de los milagros de un Padre santo que hace milagros  viajaba río abajo desde el Perú cercano al río Solimoes  y a la frontera brasileña. La población tucuna se alerta, y muchos indios abandonan sus cosas para recibirle con gran excitación a su llegada a Rondinha en Perú y a Marco en Atalaia Norte. Este Padre  llamado el hermano José funda la Hermandad de Santa Cruz y anuncia  castigos, siendo que algunas catástrofes acaecidas son  atribuidas  a estas profecías.

Este hermano antes de morir nombra un sucesor cuyo nombre es Vater Neves, que construiría la Villa Espiritual de la Hermandad de Santa Cruz, proyecto del fundador del movimiento.

La región mesoamericana, por sus culturas prehispánicas y la historia de su conquista y proceso evangelizador ha sido el escenario de una fuerte desenvolvimiento de distintos movimientos mesiánicos, muchos de los cuales tiene incluso hoy su expresión, como en el movimiento zapatista, presente en algunas comunidades de Chiapas, aun cuando es más bien de signo político, hunde sus raíces en una región en la que se  han dado  intensos movimientos de este tipo.

Sus antecedentes  han tenido diversas expresiones, Cerrutti y Domínguez (1987) han investigado algunos de estos  movimientos, así  en una ponencia para la Primera Reunión Latinoamericana sobre Estado,  exponen la rebelión tzeltal de 1712 en Cancuc, Chiapas.

Cuentan como esta comunidad de Cancuc, que formaba parte de la Capitanía General de Guatemala  fue el centro de  una rebelión indígena de tipo mesiánico-milenarista, que fue una respuesta a la dominación española y a las condiciones de empobrecimiento a la  que estaban sometidos.

María Candelaria  joven  indígena  contó la aparición de la Virgen María que le pedía la construcción de una ermita y que su intención era la ayuda a los indios. Fue erigida al margen de las autoridades eclesiásticas y ante la orden de demolerla y el desacato que incluso implicó la amenaza de muerte al sacerdote de Cancuc fue creciendo el movimiento, surgió otro líder, San Pedro Chenalhó Sebastían Gómez, tenía poder para investir sacerdotes ene l nuevo culto. Junto a María Candelaria  nombraron mediante un ritual las nuevas autoridades y formaron un ejército llamado “soldados de la Virgen” formado por más de tres mil hombres con armas como hondas, flechas e hierros de labranza. Este movimiento con el tiempo sería aniquilado.

Estos investigadores Domínguez y Cerrutti (1989) estudian otro movimiento mesiánico que se da en esta región entre  los años 1867-1870. Expuesto en el Congreso de Etnohistoria en Buenos Aires. Esta vez a través de una mujer de nombre Agustina Gómez Checheb, quien encuentra unas piedrecitas de color verde y las entrega a un fiscal llamado Pedro Díaz Cuscat , quien las guarda en una caja para posteriormente decirle a la gente del lugar que está en el paraje de Tzajalemel del pueblo de San Juan Chamula dice a la gente que las piedras querían salir, pues brincaban golpeando la caja. Por lo que fabrican unos muñecos con las piedrecillas.  Agustina es considerada la madre de los nuevos dioses (los muñecos)  por haberles dado “a luz.”

El culto se extiende a una amplia zona de Chiapas. Los indígenas son acusados de idolatría y son prohibidos los rituales y reuniones, pero los dirigentes  que habían sido presos se escudan en la libertad religiosa y a través de distintos medios el culto permanece, surgen nuevos líderes, como Fernández de Galindo con un discurso de una sociedad igualitaria, que rechaza la circulación de la moneda oficial y propone  mercado de intercambio igualitario de valores de uso.

La Madre Agustina es considerada como reencarnación de la mitológica María Candelaria y puede apreciarse la continuidad a través de distintas formas de resurgimiento de estos movimientos.

Se dan una serie de escaramuzas como la prisión de Cuscat, y de Agustina. Así como el secuestro de uno de los ídolos, lo cual provoca  la violencia. Se había dado   una preparación militar de los indígenas para rescatar de la cárcel a los detenidos, lográndolo mediante la movilización de más de 7.000 indígenas armados que fueron hacia los límites de la ciudad.  Al final pierden la guerra.

Un país que ha tenido una gran cantidad de movimientos mesiánicos es Brasil, Pereira de Queiroz (1969) ha estudiado estos movimientos y reseña  cronológicamente algunos de ellos.  Así nos dice:

Desde 1872  Cicero, párroco de la aldea de Juazeiro en el sur de la Provincia de Ceará, en el noroeste brasileño y el pleno Sertão tras un intenso trabajo de predicación, acompañado de trabajo  social adquirió un grado de prestigio y de  credibilidad que se  proyectó a nivel político y se desenvolvió en un contexto de crecimiento económico y poblacional, alimentado por una corriente migratoria que  iba en su búsqueda. Esto le dio una aureola incluso a nivel central como de “indispensable” para el mantenimiento de la paz social en la región.

Esto se prolonga  en las primeras décadas del siglo XX, y se  va dando un nivel de discurso de tipo mesiánico que alarma a la Iglesia, pues se coloca él mismo como el guardián que protegerá a sus fieles contra el Anti-Cristo,  siendo “la tercera persona de la Santísima Trinidad”, por lo que el Obispo le denuncia y se le prohíbe al padre Cicero dar misa y administrar los sacramentos. El padre, sin embargo no  es desterrado por el miedo a un levantamiento popular y el mismo se somete, dedicándose a consolidar su poder político,.

Todo este proceso es  contado por Pereira Queiroz, quien  concluye con que este caso de movimiento mesiánico, protagonizado por Cicero,  cuya muerte en 1934 no destruyo la fe en sus adeptos, es  un ejemplo de un mesianismo que perduró porque el líder negoció, con las autoridades de la iglesia, al  someterse y no enfrentarse a las mismas, con los políticos del gobierno central y pudo por lo tanto mantenerse en forma  carismática sin recurrir a enfrentamientos violentos.

Otro movimiento  mesiánico brasileño, mencionado por  Pereira Quiroz que se  mantuvo fue el de Pedro Batista Da Silva que ejerció el mando en Santa Bárbatra, estado de Bahía de 1947 hasta su muerte en 1969 y que fue conocido como el gran Padrino de los sartanejos.

Pero hay movimientos como el de Antônio Vicente Mendez Maciel, conocido como Antônio Conselheiro, (1830-1847) cuya fuerza ha inspirado  libros como el de  Euclides da Cunha  y “Guerra del fin del mundo” que narra Vargas Llosa. Por un mensaje mesiánico y milenarista  que iluminó el imaginario colectivo popular,  arrastrando a masas populares y campesinas en una  extensa región y llevando las consecuencias al extremo de una guerra civil, de un  enfrentamiento contra el ejército brasileño, ya que no fue posible su sometimiento a través de otros medios  represivos. En lo que se conoce como la “guerra de Canudos”  pueblo fundado por el líder. Atrajo millares de sertaneros que estuvieron dispuestos  a afrontar  la muerte en defensa de  Conselheiro y de las ideas y la comunidad que habían fundado.

Pereira Queiroz  refiere una secta mesiánica que en su origen se diferenció de las anteriores que eran de carácter rural , mientras que ésta nació en la ciudad de Río de Janeiro hacia 1949, dirigida por quien fuera un  ex piloto  brasileño de Lufthansa que se hizo llamar Yokaanam  y predicó una nueva religión que llamó  Fraternidad Ecléctica Universal Brasileña, se extendería hacia otras ciudades brasileñas. El líder se atribuye poderes curativos y dones sobrenaturales.  Fundaron una aldea  en una propiedad agrícola de Liziana próxima a Brasilia, en la cual producen  cosechas que venden a esta ciudad y  permiten visitas turísticas  a ciertas instalaciones en el exterior de la ciudad ecléptica.

En el Caribe  anglosajón surgió  como movimiento mesiánico en las barriadas marginales de Kingston el raftarismo, “expresión de la desesperanza frustración de los sectores populares jamaiquinos, se extiende no solamente al Caribe anglosajón sino también a sectores de Estados Unidos y a países latinoamericanos como expresión de rebeldía juvenil y reivindicación de las raíces etno históricas africanas.

Serbin (1986)  explica  que se inspira en las ideas religiosas del líder negro  Marcus Garvey, que propugnaba el retorno al África de los descendientes  de los esclavos. Así como también  como otra de las fuentes refiere la coronación  en Etiopía  en 1930 de  Haile Selassie, el “León de Judá”, quien viene a simbolizar la redención  y la “tierra prometida”  mediante la posibilidad del poder y la realeza de la raza negra.

Las lecturas y profecías del VT de los libros de Daniel, del Deuteronomio, del levítico  han servido de inspiración a la prédica.

Numerosos grupos rastafari con distintas denominaciones fueron organizados, algunos de ellos con prédicas violentas que abogaron  por la superioridad de la raza negra  y opuestas a los blancos, y dispuestas a la venganza sobre éstos.

Entre las décadas de los 30 y los 50 s e conforma una comunidad “Pinnacle” cercana a la capital d Jamaica, que es allanada repetidas veces y destruida en 1954.

Continúa Serbin  haciendo un diagnóstico de estos movimientos  para concluir que  Bob Marley y el auge y extensión del reggae son un fenómeno cultural  que implican esta revitalización de una identidad ética y racial de base popular y que como tal representa también un proceso que “encubre”  una reafirmación ideológica de las bases africanas negras de la cultura.

Estos movimientos dice Pereira Queiroz no han tenido un mensaje subversivo no condenan siquiera a los ricos sino a los malos… aunque entendemos que la autora quiere señalar que no condenan el orden socio-económico establecido, su idea del “orden” se limita a una visión determinista de lo económico, propia del horizonte intelectual de los años 60 influenciado por el marxismo. Y no contempla la importancia que la “subversión” de  otros “órdenes”  como el religioso y el del “imaginario” tienen, que es lo que la lleva a considerar  la conclusión que hemos criticado de que estos movimientos son en su forma  religiosos y en su finalidad  económicos y políticos.

En la zona del Chaco austral, Argentina  Domínguez (2009) aborda  el movimiento mesiánico de los toba-guaycurú que se diera en la reducción de Napalpi, hacia 1924 y en la que  a través de los  sueños, visiones, danzas, técnicas como la glosolalia, voces guturales y mensajes de dos chamanes “oikjagajk” José Machado y Dionisio Gómez y de los dirigentes mocovíes Miguel Durán y Pedro Maidana  se prende la esperanza mesiánica  en el  grupo indígena. La investigadora hace una cronología del desarrollo de este movimiento. Que fue enfrentado por la política  de territorialización del estado, que implicaba la “pacificación” forzada de los indígenas y su sometimiento.

A raíz de una serie de asesinatos de líderes carismáticos se da una profunda rebelión y una atroz represalia que culmina con la matanza de más de 200 indígenas, así como la mutilación  de los cadáveres por parte de las fuerzas policiales.

También se encontró una referencia a estos  movimientos en los Mapuches en el tomo II de la compilación de Juan Botasso sobre las religiones amerindias por parte de  Rolf Foerster. (1992), este autor estudioso de la religión mapuche  describe en  su mitología la búsqueda de una tierra sin mal, que caracteriza distinta a la de los mitos guaraníes en las aspiraciones.

Coteja las características que toma de Pereira de Quieroz que caracterizan a un movimiento mesiánico milenarista, para decir que aunque algunas se dan como  el descontento de la colectividad y la creencia en un paraíso. Es más problemática la esperanza en la venida de un Salvador.

Sin embargo, la presencia de “sectas mesiánicas” como los pentecostales han cruzado estas fronteras encontrando receptividad traducida en numerosos fieles y en culto.

 

Conclusiones

Los movimientos mesiánicos son fundamentalmente religiosos, aunque presentan aspectos políticos y sociales. En éstos sectores sojuzgados y oprimidos, buscan la esperanza en un Mesías que les es  asociado  simbólicamente y étnicamente para rebelarse y buscar la liberación.

Tienen características de lo Sagrado, porque suscitan una fascinación, que genera temores y esperanzas.

Su origen aunque se remonta al zoroastrismo es fundamentalmente judeo-cristiano y en América se ha expresado en relación ambivalente con el catolicismo por ser la religión mayoritaria. Tomando elementos de la fe  y planteando críticas demoledoras a  la Iglesia y a su jerarquía.

El discurso milenarista –mesiánico, por sus características religiosas escatológicas  es proclive a la manipulación de los más hondos sentimientos de etnias, razas y de sectores populares que ven en él la única esperanza de cambio y que por lo tanto moviliza las reservas de estas  fuerzas.

Entre otras razones es por ello que la Iglesia católica se ha opuesto a este tipo de movimiento, que busca  una conversión fanatizada.

Muchas veces se ha empleado contra la Iglesia católica establecida por parte de sectas evangélicas, pentecostales o de líderes espirituales, que utilizan los recursos existentes por la primera evangelización para lanzar su predicación.

Los movimientos milenaristas y mesiánicos han proliferado en distintas épocas en diversas partes de América Latina, presentando un sinfín de formas y de modalidades, pero en las que el elemento común además de lo religioso es la reivindicación del pueblo oprimido y su elevación simbólica a un sitial de privilegio en la promesa de un reino sin mal.

La polémica existente sobre el joaquinismo y la influencia en el proceso evangelizador americano aporta  elementos fundamentales para comprender el desarrollo de estos movimientos.

 

Nota sobre las Revistas y la  Bibliografía Consultada

Estuvo basada fundamentalmente en artículos y ensayos presentados en revistas académicas, algunas de las cuales son sumamente prestigiosas,

La  Revista Teología y Vida dedicó  en el año 2003, con ocasión  del bicentenario de la muerte del jesuita chileno Manuel Lacunza, quien fue el autor de un libro “La Venida del Mesías en  Gloria y Majestad”, que defendía con gran honestidad la interpretación milenarista y mesiánica del Apocalipsis, un número dedicado a la publicación de las principales conferencias y ponencias presentadas en el Seminario Internacional sobre  milenarismo y  mesianismo organizado por la Facultad de Teología y Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política de la Pontificia Universidad  Católica de Chile. La misma contó con la presencia de expertos en América y Europa. Por lo cual las discusiones sobre estos  temas recogen los problemas que en lo fundamental se debaten en la actualidad.

“Teología y Vida”,  es la revista  de teología de La  Pontificia Universidad  Católica de Chile,  cuyo primer número fue  editado en 1960  y que  “es la única revista latinoamericana que se encuentra en el índice que elabora Thomson Scientific:

“Entre los requisitos para ingresar al ranking ISI, figuran la alta calidad científica de los artículos fruto de trabajos de investigación; reconocimiento de la comunidad científica internacional; antigüedad y publicación ininterrumpida; y que los artículos sean relevantes en la materia de la cual tratan”[xviii].

El Anuario de la Historia de la Iglesia, que ha publicado diversos artículos sobre el milenarismo, el mesianismo y la escatología, particularmente se consultaron algunos de los trabajos de  Josep Ignaci Saranyana, Director del anuario y autor de un trabajo publicado en varios números sobre la Escatología en España, de Ana  de Zaballa Baescoechea, quien discute los aspectos conceptuales y lo que llaman “el estado de la cuestión”[xix].

Se toma un artículo de la revista Nueva Sociedad sobre el movimiento rastafari.

La recopilación de estudios sobre estos problemas que realiza Marzal (2005)  en el N° 4 de  la enciclopedia Iberoamericana sobre religiones y que fueron bibliografía obligatoria del seminario sobre religiosidades andinas, particularmente los trabajos sobre el tema de  Ossio, Núñez Prado, De la Torre López.

A nivel de libros y de autores se revisó Eliade en Mito y Realidad y en el Mito del eterno Retorno y también el libro clásico de “Lo Santo” de Rudolf Otto. Los trabajos de recopilación de Religiones Amerindias que realiza Botasso (1992).

También se  revisaron los trabajos sobre estos movimientos  en las colecciones  de la Historia de la América Andina,  cuyo segundo Tomo es dirigido por un historiador  que no llama a estos movimientos mesianismos, sino “utopías”,  que Manuel Burga (2000). El mismo tiene en dicho volumen un trabajo dedicado a este tema. Y en la Historia  General de América Latina, Tomo IV, encontramos una referencia a un movimiento milenarista en Mesoamérica en el ensayo del historiador Moreno Yánez, sobre los motines, las revueltas y las rebeliones en Hispanoamérica.

A nivel literario tuve que leer   La guerra del Fin del Mundo de Vargas Llosa y Terra Nostra de Carlos Fuentes para  comprender el clima del milenarismo en la visión literaria de estos autores. Faltó el clásico de Euclides da Cunha, Os Sertóes, publicado por La Biblioteca Ayacucho.

Y se estudiaron trabajos clásicos sobre el tema de autores como Gómez Cacedo y Millones.

Sin embargo hay libros y autores fundamentales en las discusiones sobre el milenarismo como Cohn y otros que no fueron estudiados, sino solamente se  tomó nota de los mismos para irlos adquiriendo y consultarlos.

 

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[i].- María Inés de la Santa Cruz Páez Capriles

Economista, Universidad Central de Venezuela, (UCV). Egresada en Arte Puro; Escuela Cristóbal Rojas. Estudios de ampliación y estudios de Maestría en Filosofía, Universidad Simón Bolívar, (USB). Especialista en Finanzas, Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez, (UNESR). Magister Diseño Educativo, Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez, (UNESR). Doctora en Ciencias Sociales, Universidad Central de Venezuela, (UCV); Estudios de Ampliación en diversos seminarios de Fenomenología, Antropología, Historia de las religiones y religiosidades populares, en el Instituto de Teología para Religiosos,  (ITER). Estudios de Maestría en Historia de América Latina Contemporánea, Universidad Central de Venezuela (UCV). Profesora Asociada Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR).

inesdelasantacruz@gmail.com

Twitter: @colordeltiempo

-Si desea conocer otros Artículos, Audios, Álbumes de Fotos Etnográficas y Videos de María Inés Páez Capriles, entre en la siguiente URL: https://ciscuve.org/?cat=4208

 

[ii].-Itinerario de este Artículo

1.-Fue presentado como Trabajo Final del Seminario “Religiones y religiosidades  Indígenas Andinas”, de la Maestría y/o Licenciatura Eclesiástica en Teología Pastoral, Organizada por la Dirección de Postgrado, de la Facultad de Teología-ITER (Instituto de Teología para Religiosos), UCAB (Universidad Católica Andrés Bello). El Seminario fue dictado por el Prof. Dr. Enrique Alí González Ordosgoitti, en el lapso 2011-I. Este Trabajo fue entregado el 11.07.2020

2.-Es publicado como Entrada, en la Página Web del Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela (CISCUVE), el 09.11.2020, con el siguiente Enlace: https://ciscuve.org/?p=35982

[iii].-El integrismo consiste en identificar una fe religiosa o política  con la forma cultural o institucional que pudo revestir en una época anterior de su historia. Creer, pues, que se posee una verdad absoluta e imponerla.  Lo cual en una época en que las dos únicas opciones son la mutua destrucción o el diálogo convierten este tipo de movimiento en uno de los mayores peligros para el porvenir. Garaudy (1992) p.  13

[iv].-Este título se tomó de un subtítulo del trabajo de R. Feldman  (2003) en su ensayo de describir  las relaciones ambivalentes que se dan en este tipo de movimientos religiosos

[v].-Se presenta al final una breve descripción de las fuentes hemerográficas  revisadas

[vi].-“Ha habido etnólogos que han descubierto casos de profetismo, culto  mesiánico y milenarismo en el seno de  sociedades tribales de África, Asia u Oceanía, por ejemplo, el cargo de los pueblos nativos de Nueva Guinea (…) Otros han creído que el mesianismo era un fenómeno  propio de civilizaciones antiguas –rebeliones de etnias o de clases sojuzgadas o hambrientas-, o bien modernamente de las sociedades tradicionales pre-industriales, al modo de los comunitarismos de América del Norte en los siglos XVIII al XIX (…) aparece también en las sociedades contemporáneas (Gómez García, 1989)

[vii].-Pierantoni (2003)  afirma que los textos bíblicos son reinterpretaciones de temas bíblicos anteriores. Según este autor el Apocalipsis es una  exégesis de la edad de oro profetizada en Isaías 65, 17-25 (p.  1) Pero también se encuentra en Ezequiel  37, 12-14. Así mismo de las profecías veterotestamentarias  encadenan  hacia delante y refiere  la valoración  del tema del milenio que hace Ireneo mediante la cual  inserta toda la creación, en la redención  representada por la encarnación del Verbo. Citando en dicho sentido las  siguientes profecías: Is 6,11; Dan 7,27;   12,13; Jeremías 38, 10; Is 31, 9-32; 54, 11-14; 65, 18-22 y Rom 8-21)

[viii].- Rusconi (2003)

[ix].- Zaballa Beascoechea, 2001: 356

[x].-La Iglesia no acepta la enseñanza  del Milenarismo ni tan  siquiera en la forma mitigada en la que se dice que Jesucristo ha de  venir en forma visible a esta tierra a reinar, ya sea con o sin resurrección de muchos justos. Véase el Acta Apostólicae Sedis del 28 de julio de 1944. Vol. XXXVI. (Nota al pie de página de la  Sagrada Biblia (1958)

[xi].- Se alude al famoso título del libro de  Eliade, 1995

[xii].- Juster y Hocken,  2003

[xiii].-El utraquismo, significa que el hombre, para ser salvado, debe recibir, la Sagrada Comunión cuándo y dónde desee, bajo las especies de pan y vino (sub utraque specie).  Esto, según el líder de los husitas, es precepto divino.  Porque, “Si no comiereis  la carne del Hijo del hombre, y no bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros” (Juan, vi, 54).  Recibir sólo la Sagrada Hostia no es “beber” sino “comer” la Sangre de Cristo.  Según el husita, el hecho de que se trata de un precepto Divino es aún más evidente con base a la tradición, ya que, hasta los siglos XI o XII, se ofrecían el Cáliz y la Hostia a los fieles cuando comulgaban. Enciclopedia Católica (1999)

[xiv].-Nombre dado a las denominaciones protestantes que formaban la “extrema izquierda” del movimiento reformador en sus primeros días. La palabra significa “re-bautizadores”, pues como los bautistas  de hoy practicaban el bautizo de adultos negando validez al recibido en la infancia (Royston Pike: 2001:  p. 22)

[xv].-Ver supra, sobre los judíos mesiánicos, Mketer (2011)

[xvi].-En la Guerra del Fin del Mundo de Vargas Llosa, (1981)  autor  narra  de una manera literaria, el hecho de que en el movimiento milenarista del sertao de Brasil, a finales de siglo XIX los niños jugaron un rol fundamental , recogiendo información, espiando a las fuerzas oficiales, esparciendo bolsas de hormigas que  infestaban las heridas y las gangrenaban

[xvii].-Duchet-Sucheaux  Gastón, Duchet-Sucheaux  Monique (2006)  Les Ordres religieux. Flammarion

[xviii].-Revista Teología y Vida de la Universidad Católica de Chile es incluida en el índice ISI. UNiversia, Noticias de Chile. Disponible: http://noticias.universia.cl/vida-universitaria/noticia/2008/08/27/304864/revista-teologia-vida-universidad-catolica-chile-es-incluida-indice-isi.html. Consultar también el índice en la página: http://science.thomsonreuters.com/isi

[xix].- Zaballa Beascoechea Ana de,  Saranyana Josep-Ignaci: 1990: p. 173

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