Barrios-Caracas

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Enrique Alí González Ordosgoitti[i]

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Índice

1.-La Metropolización Excesiva (ME)

2.-Una Antropología del Territorio para LEER el Barrio.

2.1.-Discursos desde el Espacio sobre la Identidad.

2.1.1.-Los Discursos Explícitos.

2.1.2.-Los Discursos Implícitos.

2.1.2.1.-”Negación del conflicto interno, sobre todo cuando se trasciende la experiencia cotidiana”.

2.1.2.2.-”Creación de Prototipos que representan a la colectividad, y en consecuencia demarcan las fronteras del propio territorio”.

2.1.2.3.-”No sólo se prototipifican personajes, sino también instituciones sociales.

2.1.2.4.-Dialectos.

2.1.3.-Los Discursos sobre la Identidad son para qué.

3.-El Barrio como Paisaje.

Bibliografía

Notas

 

 

 

El Barrio (Villas Miserias en Argentina o Favelas en Brasil), se ha convertido en uno de los principales lugares de encuentro para el pensamiento sobre la ciudad en América Latina, debido a la gran impronta numérica que representa en nuestras principales ciudades. Pero el Barrio no es un objeto estático detenido en el tiempo del cual pudiera decirse hoy lo mismo que se afirmaba en la década de los cincuenta de este siglo. Como toda creación humana está lleno de historia y a diferencia de lo afirmado en los sesenta no se trata de algo marginal, extraño y fenómeno pasajero en la urbanización de nuestra región, sino por el contrario todos los principales análisis actuales coinciden en calificarlo como algo central, propio y permanente de nuestra geografía urbana.

 

Apremiado por la necesidad de decir algo medianamente original (de lo contrario sería mejor ahorrar la molestia a la sociedad de publicarlo), acerca de una realidad cuya bibliografía es cada vez más abundante, queremos abordar en este artículo tres tópicos: el Barrio dentro del fenómeno actual de la Metropolización Excesiva (ME); el Barrio como objeto de una Antropología del Territorio y el Barrio como Paisaje.

 

1.-La Metropolización Excesiva (ME)

El término de Metropolitanización Excesiva (ME) (la cual creemos que al derivarse del adjetivo metrópolis que califica a la ciudad, su correspondiente verbo sería metropolizar y la acción del mismo sería la Metropolización y no erróneamente Metropolitanizacion), parece ser un término acuñado primeramente en la literatura anglosajona sobre urbanismo, para describir los fenómenos de crecimiento urbano desmedido en las ciudades del tercer mundo, especialmente en América Latina. Esta ME se evidencia en la primacía que tiene la proporción de la población de la ciudad principal en el total de la población nacional (Palacios, 1988: 105). Para nuestro caso:

“El fenómeno de la metropolitanización excesiva de AL es, por lo menos desde una perspectiva descriptiva, ampliamente conocido. Los niveles de población que están alcanzando sus principales áreas metropolitanas, ejemplificados en forma extrema por Ciudad de México y Sao Paulo, no tiene antecedentes mundiales, y no se espera una declinación significativa de estas tendencias en el futuro inmediato… Es un proceso preocupante, con posibles consecuencias negativas, no sólo para los habitantes de estas áreas metropolitanas, sino también para la viabilidad del desarrollo global de los países de la región. La ME es parte de un proceso global de mayor complejidad, donde aparece ligada a fenómenos como la elevada tasa de urbanización de AL, la terciarización espuria (parcial) de sus núcleos urbanos y el estilo de urbanización marginal.” (Palacios, 1988: 105-106).

 

Si bien es verdad que esta ME forma parte de la Globalización, entendida como la fase actual del capitalismo trasnacional, también lo es el que éste fenómeno sólo se da en los países subdesarrollados:

“La tesis de la ME supone que las metrópolis latinoamericanas se comportan  en forma diferente a las áreas metropolitanas de los países desarrollados. En estos se ha detectado en los últimos años un proceso de declinación de las áreas metropolitanas”. (Palacios, 1988: 106).

 

Estas diferencias estarían representadas en las distintas etapas de la urbanización tanto en los países centro como en los países periferia. En los primeros se efectuaron cuatro etapas: la urbanización, la suburbanización, la desurbanización y la reurbanización. Siguiendo a Palacios:

“Existiría una fase inicial, denominada de URBANIZACION, caracterizada por la expansión del área metropolitana, especialmente de su área o “corazón”, donde esta área ejerce una fuerte atracción sobre la periferia que la rodea. Esta fase coincide con el proceso inicial de expansión industrial que tuvo lugar en los núcleos urbanos fundamentales. A la urbanización seguiría una fase de SUBURBANIZACION, caracterizada por la pérdida de población del centro metropolitano y por la expansión del anillo que rodea a este centro. La segunda fase coincidiría con el aumento significativo del ingreso de la población metropolitana, la búsqueda de mejores condiciones residenciales y ambientales para la población de ingresos altos o medios, y una diversificación en la demanda de servicios. En la tercera etapa, la DESURBANIZACION, la metrópolis experimenta una declinación global, perdiendo actividades y población no sólo el centro sino toda el área metropolitana. En esta fase se acentuán las tendencias de la segunda fase, conjuntamente con avances importantes en los sistemas de comunicación y transporte. Posteriormente estaría planteada, como posibilidad, una cuarta fase, la REURBANIZACION, en la cual podría reactivarse el centro metropolitano.” (Palacios, 1988: 106-107).

 

En los países de nuestra región se siguieron tres etapas: la urbanización, la suburbanización dual y la suburbanización marginalizante:

“Una primera etapa de URBANIZACION, coincidente con la industrialización incipiente y las ventajas iniciales, tanto en mercados como en dotación de servicios, que poseían las ciudades primadas. Una segunda fase de SUBURBANIZACION DUAL, donde se pofundiza la industrialización y la especialización en servicios. Se acentúa la expansión metropolitana y su primacía, apareciendo la urbanización marginal al lado de la controlada. Y la tercera etapa de SUBURBANIZACION MARGINALIZANTE, donde continúa sin declinación el crecimiento metropolitano y el estilo de urbanización marginal (áreas de ranchos o favelas) se hace dominante.” (Palacios, 1988: 107).

 

Es en esta fase de SUBURBANIZACION MARGINALIZANTE que debemos ubicar nuestra reflexión acerca de los Barrios. Las etapas señaladas anteriormente tanto para los países centro como para la periferia, dan cuenta de una descripción fenoménica de los cambios urbanos habidos, pero la misma resultaría incompleta sino incluimos a su vez el uso estructural del espacio en el capitalismo. Este uso refleja las distintas maneras como los grupos sociales se relacionan con el capital y la renta de la tierra, dando origen a un uso desigual del espacio de acuerdo a la estructura de las clases, capas y estamentos sociales. El concepto que da cuenta de esa diversidad es el de segregación social:

“Una nueva hipótesis nos llevaría a plantear que en Caracas la diferenciación de los espacios de la socialidad, esencialmente de carácter clasista, está íntimamente vínculada a la segregación espacial que se expresa en las dos modalidades de ocupación del espacio que coexisten en la ciudad latinoamericana. Se trata, por un lado, de la modalidad formal, sujeta a los controles de la autoridad urbana, racionalizada desde el punto de vista de la funcionalidad y de la especialización de usos… Por otro lado, se trata de la modalidad construida por sus propios pobladores, informal, espontánea, heterogénea, residencial por excelencia, desconectada de las redes de control urbano, poco funcional, en términos de la racionalización del espacio, pero que da cabida a la socialidad necesaria para la vida cotidiana -aún cuando no satisface los requisitos básicos de calidad de vida de la población.” (Guitián, 1993: 99)

 

La etapa de la Suburbanización Marginalizante se caracterizaría por el predominio de la ocupación informal de la ciudad producto de la segregación social. Esta Suburbanización se expresaría en tres fenómenos (Guitián, 1993): densificación, periferización y ciudades dormitorios, a los cuales nos atrevemos agregar dos más: la ranchificación de las clases medias y la ranchificación como estética.

 

Sobre la densificación Guitián señala:

“(…) en una sociedad cuya tendencia de crecimiento parece ser la coexistencia de la intensidad del uso de los espacios ya construidos, genera procesos de densificación que se expresan en el deterioro diferenciado de las condiciones de vida de los distintos estratos de la población…” (Guitián, 1993: 97).

 

Esta densificación -según la autora- adquiere su mayor visibilidad en los Barrios, a través del concepto de CONDOMINIO:

“(Este) tipo de agrupación… denominaremos “condominios populares”, definidos en términos de la ocupación de un lote grande de terreno, compartido pero claramente delimitado para cada grupo familiar, servido por ramales de redes de servicio de infraestructura compartidos, subdividido para ser utilizado por un conjunto de familias vínculadas por algunas de las redes sociales mencionadas, fundamentalmente las de parentesco y paisanaje, que se caracteriza por la utilización de espacios de acceso, comunicación, circulación, áreas verdes, patios de desahogo de lavado y otras tareas domésticas en donde se privilegia la comunicación entre unidades de vivienda frente a criterios tales como retiros, visuales hacia el interior de las viviendas -típicos del modelo espacial individualista de la modernidad- …(Este) condominio (obedece) a la estructura genealógica de la familia, en ocasiones hasta de tres y cuatro generaciones, por lo que su ocupación, implantación, transformación, mejoramiento, remodelación y crecimiento, horizontal y vertical, ha obedecido a la trayectoria e itinerarios de la familia extendida…” (Guitián, 1993: 113-114).

 

La periferización se expresa a través de la ocupación segregada de las zonas conexas a través de distintas modalidades: los sectores populares apoyados por el Estado (Caucaguita), o los sectores medios apoyados en la iniciativa privada (Tazón). Las ciudades dormitorios incorporan en esa calidad a pueblos aledaños (sectores medios en Los Teques y San Antonio, sectores populares en Guarenas y Guatire) y a subregiones enteras como los Valles del Tuy (sectores medios y populares).

 

La ranchificación de las clases medias se refiere al reciente proceso de densificación -similar al Condominio en los Barrios- que viene ocurriendo en zonas como La California Sur, San Bernardino, Santa Mónica y Bello Monte, en las cuales casas de vocación unifamiliar han sido transformadas en multifamiliares, bien sea para dar cabida a parejas jovenes de la propia familia o para ser alquiladas como una manera de aumentar el ingreso familiar y hacer frente al alto costo de la vida que ha esfumado las pensiones de los dueños originales. Esta densificación se realiza siguiendo el patrón de la construcción informal, debido a no disponer del capital suficiente para una construcción formal.

 

Con el término de la Ranchificación como estética desamos referirnos al fenómeno producto de la marginalización social, económica y cultural de la sociedad, que ha venido alejando las posibilidades de que la mayoría de los ciudadanos accedan a los conceptos de decoración de interiores de la modernidad, que implica entre otras cosas un uso racional del espacio para maximizar su utilidad. Decoración estereotipada, escaso o nulo acceso a la plástica de autor y sólo a los subproductos industrializados o de artesanía precaria; ausencia casi total de los espacios dedicados al libro; aglomeración de objetos en los espacios comunes privilegiando al televisor y en segundo lugar al equipo de sonido como ejes de la comunicación y dueños de la palabra y el ruido, poco aprovechamiento vertical de las paredes como lugares de almacenamiento y exposición.

 

Resumiendo, la Metropolización Excesiva, presenta tres etapas:

-la urbanización,

-la suburbanización dual

-y la suburbanización marginalizante.

 

La Suburbanización Marginalizante se expresa a través de cinco fenómenos:                     -densificación,

-periferización,

-ciudades dormitorios,

-la ranchificación de las clases medias

-y la ranchificación como estética.

 

En esos cinco fenómenos urbanos participan tanto los sectores populares como las clases medias. En todos está presente -en diversa medida- la contrucción informal de la vivienda, de su interior y del urbanismo. Para nuestra reflexión vamos a privilegiar el Barrio, pero sin dejar de lado que algo de Barrio está ya presente en todo lo urbano nacional, bien sea como realidad vivida o como realidad temida, como horizonte o como caudaloso mar que rodea embravecido las escasas islas del espacio formal de la ciudad.

 

2.-Una Antropología del Territorio para LEER el Barrio

Si coloreáramos una fotografía aérea de Caracas, asignándole el color azul a los barrios y a todas las construcciones informales y el color marrón a las construcciones formales, la sensación de observar al Océano Pacífico con sus diminutos collares de islas saltará al instante. Desde el punto de vista cuantitativo, lo marginal es lo formal no lo contrario, como se creyó durante tanto tiempo, remachado por una bibliografía que en el fondo, además de optimista era ilusa.

 

El investigar los Barrios ya no puede verse como un gesto romántico de sociólogos y cristianos de base (en los setenta), que asumían así su penitencia profesional. Tal imagen les calza mejor hoy a cierto tipo de arquitectos empeñados en consagrarse a la construcción sólo en el lado formal de la ciudad, creyéndose miembros de la última vanguardia del deconstructivismo, cuando en realidad semejan nobles anticuarios persiguiendo la ilusión de algún día encontrar los mas hermosos viejos doblones españoles. Quienes vivimos en las islas, sólo nos resta hacer oceanografía urbana.

 

Una de las primeras actitudes que debemos evitar es el definir a los Barrios sòlo por sus carencias. Es algo elemental en toda ciencia que se respete, definir los términos y conceptos por lo que son y no por lo que no son, por lo que tienen y no por lo que carecen. Si bien en un estadio primario ayuda el saber que cosa no es nuestro objeto de estudio, a partir de nuestra adolescencia como investigadores es necesario saber qué es nuestro objeto, qué tiene, cuáles son sus contornos. Además intentamos dejar de lado esa propensión evolucionista de analizar todo como si después habrá de ser igual a lo que nosotros somos (de inferior a superior), o analizarnos a nosotros para saber cuando llegaremos a ser como los otros (también de inferior a superior). Por eso queremos reflexionar sobre el Barrio desde una perspectiva más universal, antropológica.

 

En el Barrio se realiza un uso universal del espacio y por lo tanto este es primeramente conflictivo:

“(…) el espacio, a causa de su distribución en derechos y deberes, es una fuente constante de conflicto social; más que unir a las personas, las separa…Y ello está en consonancia con la naturaleza cotidiana de su uso. Poseido normalmente por algún tipo de unidad social de manera exclusiva, los demás son, en alguna de sus formas, excluidos de su utilización.” (García, 1992: 401).

 

Es fácil observar ese principio en las constantes muertes producidas por los enfrentamientos entre bandas por el control de su territorio para la comercialización de la droga, por ejemplo. Pero a su vez el espacio produce consenso:

“Sin embargo, y paradójicamente, el espacio es una fuerza de cohesión social. Todos los individuos cuentan con un sistema múltiple de adscripciones territoriales que les vinculan a otras personas: una casa, un pueblo, una ciudad, una región, un país, etc. Con todas ellas y en distintos contextos sociales se produce algún tipo de identificación, y, en este caso, las diferencias señaladas anteriormente tienden a desaparecer: el espacio aparece como unidad, como aglutinante de diversidad, como referente de un colectivo.” (García, 1992: 401).

 

El espacio en los barrios es fruto tanto de conflictos como de consensos que permanentemente se están celebrando entre sus usuarios. En esas tensiones entran en juego tres elementos que son dable destacar: lo propio, lo extraño y la frontera. Los consensos se realizan entre grupos que se reconocen portadores de elementos comunes como para sentirse formando parte de una misma idea de uso, propiedad o posesión del espacio. Los conflictos son con los definidos como extraños, ajenos al derecho de usufructo de ese espacio y que sin embargo lo hacen a sabiendas o no de su extranjeridad (no son de esta escalera, de este callejón o en grados extremos de este Barrio). Pero la ignorancia de la ley (y de los derechos consuetudinarios de los demás), no implica su incumplimiento. Derechos invisibles para la formalidad pero no para la cotidianidad, que se expresa en la necesidad de que el visitante salude (buenos días, con permiso), al intentar pasar cerca de un grupo que conversa en una escalera, ya que estos actores esperan que así lo haga, de lo contrario será visto como un gesto mediante el cual el intruso no reconoce a los tradicionales propietarios de ese espacio. El Barrio está lleno de fronteras invisibles, las que separan un fenómeno topográfico de otro (los de arriba y los de abajo); un encapsulamiento de otro (un callejón de una escalera); los privilegiados que viven a la vera de la vía automotor de quienes no tienen acceso directo a ella; los de construcción moderna y estable (léase concreto), de los de construcción tradicional o de materiales livianos (cartón y zinc), ¡ay de quienes las trasgredan sin el respectivo pasaporte!.

 

Pero esas fronteras sufren presiones para evitar su rigidización:

“Además de los conflictos reseñados anteriormente, cualquier antropólogo tendrá también en su diario de campo múltiples referencias a los rituales o conductas sociales cuya finalidad es la ruptura de las fronteras espaciales: hospitalidad, reciprocidad, sistemas de ayuda, etc., son comportamientos de esta naturaleza.” (García, 1992: 401).

 

Dichas presiones no son realizadas por cualquiera, sino por alguien muy especial, que previamente ha recibido el título de VECINO:

“Pero todo esto tiene lugar normalmente entre vecinos. Lo que significa que la idea de pertenencia común debe contabilizarse entre las causas, y no entre las consecuencias, de estas conductas, tanto más cuanto que la comprensión del concepto de VECINO es más amplia que la que marca la interacción efectiva de los miembros de una comunidad”. (García, 1992: 401-402).

 

2.1.-Discursos desde el Espacio sobre la Identidad

El Barrio como espacio genera identidad, sentido de pertenencia. ¿Pero cómo se elabora esa identidad, cuáles son sus mecanismos, cuáles son sus constantes? Comencemos por evidenciar la relación entre identidad, cultura y discurso:

“La cultura está tejida sobre las diferencias internas, y son precisamente estas diferencias las que, para hacerse viables en un espacio común, generan la ideología de la pertenencia a una colectividad y a un territorio. Una de las vías más importantes en la articulación de esa homogeneidad territorial es el discurso de los nativos.” (García, 1992: 402).

 

De acuerdo a García, los discursos pueden ser implícitos y explícitos:

“El discurso sobre el espacio con el que se identifica un grupo social suele ser de dos tipos: explícito, cuando se tematiza la pertenencia común, y la unidad espacial en la que se concreta esa pertinencia; e implícito, en el que, sin hacer referencias directas a lo común o compartido, se emiten mensajes que sólo son comprensibles suponiendo esa pertenencia común.” (García, 1992: 403).

 

Estos dos tipos de discurso deberían de servirnos de prevención metodológica para construir un marco crítico, en el momento de analizar la autoimagen que tienen los habitantes de los barrios de sí mismos. Algunos investigadores tentados por un populismo de izquierda, realizan entrevistas a miembros de los barrios y asumen sus respuestas como la verdad posible, sin confrontarla con su contexto y su papel también de actores sociales.

 

2.1.1.-Los Discursos Explícitos

Los discursos explícitos sobre identidad obedecen a presiones sociales que obligan a la comunidad a tomar posición frente al otro, al extraño, es una reacción ante lo exógeno. Puede ser Político, por ejemplo en la definición de las fronteras entre los Barrios ya  que:

“(…) una comunidad no está nunca totalmente cerrada, y… en el contacto con los grupos próximos, sobre todo cuando afloran intereses contrapuestos, suelen producirse discursos explícitos sobre la pertenencia común. Se suele tratar entonces de discursos intencionados por parte de algunos nativos, con el propósito de obtener de sus vecinos determinadas conductas. A veces podemos calificar a estos discursos sobre la pertenencia común de POLITICOS.” (García, 1992: 403).

 

Pero también pueden ser discursos explícitos míticos:

“(…) cuando se pretende justificar la pertenencia común recurriendo a acontecimientos originarios, en un tiempo remoto. La historia entonces se convierte en mito, y lo de menos es la justificación rigurosa de los hechos que se narran.” (García, 1992: 403).

 

Aquí estamos en un caso distinto al político porque se trata de resaltar lo común y no lo diferente. Este discurso está en la base de la creación de identidades de grandes conjuntos de Barrios como: Los Barrios de la Carretera Vieja de La Guaira, o de la Carretera de Santa Lucía; o de Parroquias: los Barrios de Petare; o de zonas inter-parroquiales de la ciudad: los Barrios del Oeste, o del Suroeste de Caracas. A partir de un discurso mítico acerca de un pasado común y glorioso se tejen discursos para reforzar la identidad en la lucha contra una entidad superior a cada uno de estos Barrios aislados.

 

2.1.2.-Los Discursos Implícitos

En la definición de discurso implícito sigamos a García:

“Entiendo por discurso implícito aquel que tiene estas dos características: a) es un discurso compartido que supera el ámbito de la simple contingencia del diálogo entre individuos aislados; b) expresa las convenciones y valores sobre los que se organiza la vida común, y es eficaz a nivel compartamental, logrando que se produzcan conductas colectivas que rompen el aislamiento de los segmentos menores de la vida social”. (García, 1992: 404).

 

Estos discursos implícitos adquieren cuatro formas fundamentales: negación del conflicto interno; prototipicación de personajes, prototipificación de instituciones y dialectos.

 

2.1.2.1.-”Negación del conflicto interno, sobre todo cuando se trasciende la experiencia cotidiana”

“No quiere esto decir que los vecinos no hablen de sus desaveniencias, sino que cuando emiten discursos que se refieren no a segmentos sociales, sino a su unidad grupal plena, tienden a eliminarlos”. (García, 1992: 405).

 

2.1.2.2.-“Creación de Prototipos que representan a la colectividad, y en consecuencia demarcan las fronteras del propio territorio”

En los Barrios se han creado estereotipos sociales de personajes: el malandro, el rematador de caballo, el líder vecinal, el líder político, el traficante de drogas, etc. ¿Por qué los hacen?. ¿Para qué sirven?:

“No sólo los acontecimientos históricos, sino también algunos personajes del pasado quedan estereotipados en la memoria de la gente y aparecen de forma homogénea en el diálogo nativo…En toda comunidad, por pequeña que sea, en medio del olvido general al que suele estar condenado el pasado y sus personajes, se mantiene vivo el recuerdo de determinados personajes relevantes. Representan a todos los individuos que viven dentro de un espacio social. Su recuerdo y la aprobación de sus gestos prototipifican la supuesta homogeneidad de quienes comparten un territorio… En ellos aprueban conductas que tienen que ver con la interacción social, o se valoran de determinada manera realidades inevitablemente compartidas, pero siempre juegan el papel de delimitar la pertenencia común, en un proceso de representación metonímico-metafórica. Primero se concentran en un personaje de la comunidad las características del conjunto, bien directamente o por negación, lo que equivale a una elaboración metonímica, y después se le utiliza para significar la pertenencia a un espacio común, lo que se reduce a un artilugio metafórico”. (García, 1992: 406-407).

 

Esta prototipificación de personajes nos lleva a reflexionar acerca de cuánta verdad hay en esos prototipos. El investigador puede caer en la tentación de identificar exageradamente a los prototipos con la verdad de las cosas. Consideramos un grave error teórico y metodológico la comisión del mismo y pensamos que tal situación viene sucediendo en el exagerado protagonismo asignado a las Bandas de Malandros en la dinámica de los Barrios, tal como lo plantean Sanchez y Pedrazzini. Es necesario entender que el Malandro es un prototipo y por lo tanto una ideologización voluntaria de la comunidad para encarnar en un personaje la violencia desintegradora.

 

Hacen mal estos investigadores en no profundizar en el contexto en donde se desenvuelve el malandro con el objeto de devolverle su tamaño natural, su relativa incidencia en la vida de la comunidad, sobre todo si sabemos que el malandro por gajes del oficio, está destinado a una muerte temprana y que a la destrucción de una Banda no sigue la aparición de una inmediata, sino que -lo dice nuestra experiencia de campo- sigue un proceso de reflujo (y de paz), por -entre otras cosas- una simple razón técnica: los malandros son especialistas en cuanto al dominio de la violencia, de armas de fuego, de conocimiento del crimen y esto no se logra en un corto tiempo, no pueden intentar atajos pues en ello les va la vida. Sólo después de un tiempo medible en varios años, es cuando surge una Banda nueva en el lugar donde anteriormente habían aniquilado a otra.

 

2.1.2.3.-”No sólo se prototipifican personajes, sino también instituciones sociales

Esta acción de crear prototipos de personajes también se extiende a las instituciones:

“(…) cuando el nativo habla de sus instituciones, generaliza determinadas formas de las mismas, obteniendo así un discurso colectivo que, entre otras cosas, es básico en la construcción de la homogeneidad intracultural”. (García, 1992: 408).

 

Siguiendo con el tema de la violencia aquí podríamos engranar con la imagen que se tiene de la Policía en los barrios, no de colaboradores del orden ciudadano, sino de monopolizadores de la violencia oficial que descargan en contra de los moradores, tan igual como lo hacen los malandros. Esa visión estereotipada del papel de la institución policial, reafirma la disposición de rechazo hacia la misma. Razón tienen los ideólogos de las nuevas Policías Municipales de la Caracas metropolitana, de plantearse la ruptura con este estereotipo para poder obtener mayores cuotas de logros en su lucha contra el crimen. ¿Cuánta verdad hay en esos estereotipos?. Sólo investigaciones microlocales en profundidad podrán ir dando respuestas concretas a esta interrogante. Pero lo absurdo es que los profesionales formadores de opinión pública (masiva o académica), sólo debatan con estereotipos.

 

2.1.2.4.-Dialectos

En toda comunidad existe la necesidad de nombrar las cosas, la realidad debe apropiarse a través del nombre, cada escala comunitaria creará los suyos: lengua, dialecto, ideolecto. Los Barrios crean sus dialectos para sólo ser reconocidos entre ellos, al igual que los matemáticos, los arquitectos y los sociólogos:

“Los sistemas de denominaciones funcionan como matrices múltiples que sirven para integrar a las personas y a las cosas en el discurso colectivo. Esta posibilidad, que ineludiblemente se va a realizar, de integración en el habla, forma parte de la dinámica de la identificación de un colectivo, en un espacio común”. (García, 1992: 409).

 

2.1.3.-Los Discursos sobre la Identidad son para qué

Sobre el espacio se efectúan discursos que buscan colocar de relieve el sentido de pertenencia común, la identidad del colectivo, la homegeneización simbólica. ¿Para qué?:

“El proceso de homogeneización no es un simple juego mental que se manifiesta en el discurso, sino que se enraiza en unas condiciones de vida que precisan no sólo del discurso, sino de condiciones colectivas de comportamiento…” (García, 1992: 410).

 

Es decir los discursos sobre la identidad persiguen la finalidad de guiar la acción cotidiana.

 

3.-El Barrio como Paisaje

La identidad del Barrio se expresa primariamente en el Paisaje. Queremos llamar la atención acerca de esta otra manera de ver los Barrios. Utilizar los enfoques de la Antropología del Territorio y de la Antropología del Paisaje. ¿Pero qué entender por Paisaje o por los distintos tipos del mismo?:

“La definición del diccionario de la lengua nos habla de una “porción del terreno considerada en su aspecto artístico”. Se trata por tanto de una concreta realidad espacial. Prioritariamente nos evoca la idea de naturaleza. Por supuesto, suele ser una naturaleza humanizada por la elaboración de su materia, realizada por el hombre. Incluso el término PAISAJE cada vez se aplicará más al ambiente urbano, Se refiere por supuesto, a perspectivas en que la ciudad aparece dotada de un encanto que nos permite vincularla con el encanto de la naturaleza.” (Fernández, 1992: 391).

 

En esta aproximación existe una calificación que nos obligara a realizar una revisión de nuestra manera de percibir el Barrio, nos referimos al encanto del Barrio que nos puede permitir relacionarlo con el encanto de la naturaleza. Acostumbrados a pensar los Barrios desde lo que carecen y no desde lo que tienen, este encanto no pareciera existir, es más muchos podrán creerlo imposible, excesos de romanticismo. Pero no, “toda porción de terreno puede ser considerada en su aspecto artístico”, es decir, percibida desde lo sensible y no solamente desde la razón. Se tratará del punto de vista del cual parta el observador, invitamos a usar el estético:

“El término PAISAJE efectivamente dice referencia al arte, muy especialmente a la pintura, pero también por supuesto, el paisaje juega un papel decisivo en la literatura. El paisaje es entendido así como contemplación estética, como mirada capaz de descubrir la belleza. De esta forma la idea de paisaje queda vinculada estrechamente al mundo de los valores. Manifiestamente al de los valores estéticos, aunque en la historia de la paisajística se relacione en multitud de formas con valores religiosos y no pocas veces se hagan presentes, a través de ambos, los valores morales.” (Fernández, 1992: 392).

 

El paisaje barrial tiene diversidad de lecturas: estética (plástica, literaria), moral, religiosa, las cuales pueden ser posibles debido a la coherencia interna de ese espacio humanizado, debido a que el haber sido construido de manera informal lo único que connota es que no obedeció a una cierta lógica de la racionalidad urbana de la modernidad, pero sin embargo están presentes otras racionalidades:

“Paisaje habla de orden, de lógica interna de la composición, de armonía. Todo ello supone una selección de rasgos a los que atender, unos centros de atención especial, unos límites que permitan el enmarque. Hace falta llegar a encontrar la perspectiva y saber presentarla en todo su relieve. Realmente en algunas manifestaciones artísticas hace falta incluso saber jugar con un pluriperspectivismo”. (Fernández, 1992: 392).

 

En el camino del pluriperspectivismo señalamos, en primer lugar que el ordenamiento lógico de los diversos paisajes deberá buscarse en el discurso “de quienes hacen y viven intensa e internamente la organización de aquel espacio” (Fernández, 1992: 392) y no en el del observador ajeno:

“El paisaje está cargado de significado. Pero el paisaje que busca el antropólogo se aleja de los primeros significados que él desde fuera descubre, para ser capaz de organizar un nuevo paisaje hecho a partir del sentido que las gentes que viven en él le comunican”. (Fernández, 1992: 396).

 

En segundo lugar que el paisaje es una lección de historia viva, el cual en el caso de los actuales barrios de Caracas expresa un collage de los siguientes elementos:

“Las políticas sociales del liberalismo, las ayudas a la pobreza en términos de subsidios directos, los créditos para la micro-empresa, los créditos para construcción, ampliación y remodelación de viviendas así como los intentos del capital privado formal por penetrar el mercado inmobiliario de los barrios y la definitiva penetración de capitales provenientes de actividades económicas informales urbanas vinculadas a producción, servicios y comercio; los juegos legalizados, la lotería y las carreras de caballo denominadas el 5 y 6 y la permanencia de juegos tradicionales de apuesta (peleas de gallo, echar coco, etc.) así como las actividades ilegales de apuestas, juegos al azar, los remates de caballo y el narcotráfico mueven un capital financiero en los barrios de Caracas que, indudablemente, se visualiza en su denso paisaje urbano y demuestra esta dinámica cómo se combinan viejas y nuevas formas de generar recursos financieros para la producción del espacio habitable, formales o informales, legales o ilegales”. (Guitián, 1995: 52).

 

En tercer lugar el paisaje permite diferentes maneras de ser mirado, no sólo lo estético sino también lo moral y lo religioso amplian la tipología. Sobre el primero tenemos que:

“Las normas morales se concretan e imprimen en el paisaje. Muchas veces, el observador conoce ya buena parte de su sentido por su obvia semejanza con otros tipos de caminos o cierres…Otras veces, en cambio…no encuentra ningún signo visual llamativo. Es tan sólo la explicación de las normas la que le permite ver en el paisaje la concreción de una norma invisible”. (Fernández, 1992: 396-397).

 

Son los casos actuales de cerramiento con rejas de pequeños callejones, que para el observador externo son maneras de impedir el uso de una vía pública por parte de los vecinos inmediatos, asumiendo actitudes de propietarios que en lógica urbana dominante no le corresponden. Pero existe el derecho de hecho, sobre todo cuando se argumenta la necesidad de la seguridad física, evitando que el callejón siga siendo una vía de escape para los protagonistas del delito.

 

O la proliferación de las platabandas, que ya no cumplen sólo la función de consolidar la vivienda sino que se han convertido en plazas privadas y en atalayas de vigilancia de los movimientos de los extraños (cada vez entendidos más como enemigos), lo cual significa que quienes carecen de ella están en minusvalía económica, simbólica, inseguros y por lo tanto deben propiciar alianzas con la platabanda inmediata. Cuando el gran costo de la misma ha surgido de las arcas de lo ilegal, valoriza aún más esta vía para el ascenso social. En otro orden de ideas las platabandas como plazas unifamiliares o condominiales, podrían ayudar a la reflexión acerca del uso del tiempo libre y de los espacios abiertos privados en los barrios.

 

Tenemos el otro paisaje, el religioso, a quien Fernández llama Místico:

“Hay sectores de la sociedad que destacan, en sus creencias y expresiones rituales, el valor y eficacia de lugares simbólicamente privilegiados en sus convicciones. Así, se irá a dar vueltas en torno a un MARCO divisorio de parroquias o en torno a la iglesia, o se colocarán pucheros de leche al pie de los CRUCEIROS; habrá para ellos tal vez una guía mística de CAMINOS DE MALA NOTA, referidos a los caminos por los que solían pasar para ser enterrados los muertos y en los que no era rara la aparición nocturna; fuentes y puentes cobran nuevas utilidades milagrosas; se esquivará el pasar por tal cementerio o tal monte: surge, con ello, un nuevo mapa extraordinariamente complejo, que convierte en portentoso y maravilloso lo secundario y trivial. Este mapa místico, creído por no pocos, es visto por otros con mayor o menor escepticismo, o es incluso desconocido para no pocos de sus habitantes. Los paisajes de los viejos y los jóvenes, de creyentes, incrédulos, dudosos e ignorantes son paisajes distintos, pero de una u otra forma el paisaje puede hablar del mal moral o físico, de la muerte y la perennidad, de la esperanza de remedio, de la bondad de la naturaleza, del ansia por descubrir el futuro y de muy diferentes empeños por dotar de sentido existencial el humano vivir.” (Fernández, 1992: 398-399).

 

Recientemente en los Barrios del Area Metropolitana de Caracas, este paisaje religioso se viene llenando de hitos en forma de pequeñas grutas y altares al pie de escaleras, a la entrada de callejones, en aquellos sitios en donde han muerto víctimas de la violencia intra-bandas, inter-bandas y/o bandas-policías, como una manera tanto de exorcizar la violencia dañina a la comunidad como también de tramutarla en energía positiva que permita la reconstrucción simbólica del paraje y por lo tanto también del resto de la comunidad. Observamos (Barrios de Petare, Catuche, El Guarataro, Minas de Baruta), que estos nuevos puntos de adoración a la divinidad están casi en su totalidad dedicados a distintas advocaciones de la Virgen María. Los lugares de culto se colocan bajo la protección de la Madre de Cristo, pero también bajo el símbolo de la Mamá y quizás también de la Madre naturaleza. Esa divinización es una conquista de la comunidad de más espacios para la concordia, para el encuentro vecinal, para la expurgación de conductas delictuales, lugares con inmunidad diplomática en contra de la violencia. Recuperan sitios para la vida luego de haber sido de la muerte.  Altares convertidos en lugar de destino de pequeñas peregrinaciones y procesiones internas, de fiestas religiosas y cívicas. ¿Cuál será el paisaje religioso de los barrios caraqueños en la actualidad?. Idea atractiva para futuras investigaciones.

 

Si resulta atractivo observar el paisaje desde distintas disciplinas del conocer (estética, moral y religión), igualmente lo es si tomamos en cuenta los sujetos sociales que lo realizan:

de acuerdo al grupo etairo (niños, jóvenes, adultos, viejos);

al sexo (hombres/mujeres);

a su relación con la divinidad (religiosidad formal/religiosidad informal, creyentes/no-creyentes) –y/o con las normas (actividades legales/actividades ilegales).

 

Miradas todas que servirán para ampliar la pluriperspectiva necesaria que nos permita conocer la amplitud de esa ciudad informal humanamente construida, ayudando a la superación de nuestros obstáculos epistemológicos para acceder al placer de conocer al Barrio como Paisaje.

 

Bibliografía

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[i].-Enrique Alí González Ordosgoitti 

-Doctor en Ciencias Sociales, Sociólogo, Folklorólogo, Filósofo, Teólogo, Locutor, Profesor Titular de la UCV, de la Facultad de Teología de la UCAB (2000-2016) y del Instituto de Teología para Religiosos-ITER (1991-2016). Miembro del Comité Directivo del Centro de Estudios de América (CEA), Vicerrectorado Académico de la Universidad Central de Venezuela (UCV)

-Co-Creador y Coordinador General -desde 1991- de la ONG Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela-CISCUVE.

-Co-Creador y Coordinador -desde 1998- del Sistema de Líneas de Investigación Universitaria (SiLIU) sobre Sociología, Cultura, Historia, Etnia, Religión y Territorio en América Latina La Grande.

-Co-Creador y Coordinador -desde 2011- de la Página Web de CISCUVE: www.ciscuve.org

-Para contactarnos: ciscuve@gmail.com@ciscuveciscuve-Facebook; @enagor;  enagor2@gmail.com; Skype: enrique.gonzalez35,

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-Si desea conocer otros Artículos, Audios, Álbumes de Fotos Etnográficas y Videos de Enrique Alí González Ordosgoitti, entre en la siguiente URL: https://ciscuve.org/?cat=4203  

 

[ii].-Itinerario de este Artículo

1.-Publicado en: “El Barrio como Paisaje”, Nuevo Mundo, Revista de Orientación Pastoral, (Venezuela) 174-175: 19-38, 1996

2.-Publicado en: Enrique Alí González Ordosgoitti (1998).-“14.-El Barrio como Paisaje” en: Mosaico Cultural Venezolano. Ensayos. Caracas, Fondo Editorial Tropykos, Asociación CISCUVE (Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela), Colección Dimensión Cultural Nro.3, CONAC, Dirección de Desarrollo Regional, pp. 263 (Páginas: 201-220))

3.-Publicado como Entrada en la Página Web del Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela (CISCUVE): www.ciscuve.org, el 29.12.2011, con el siguiente Enlace: https://ciscuve.org/?p=65

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