Artículo etiquetado como Barroco Americano

Pedro Luis Flores Entrevista a Enrique Alí González Ordosgoitti y a Moraiba Tibisay Pozo sobre Semana Santa, en “Venezuela en Vivo”, Radio Caracas Radio,1999

F-08177-SS-Palmeros-Chacao-2016-Julieta-Caso-y-Carlos-Witzke

“Programa sobre la Semana Santa en Venezuela con el destacado Periodista Pedro Luis Flores y los entrevistados Profesores Moraiba Tibisay Pozo (de la UPEL) y Enrique Alí González Ordosgoitti (de la UCV). Se habla sobre el Origen de la Semana Santa en Venezuela. Características. Ritos más importantes de las Comunidades Criollas. Algunos Ritos de Comunidades Biculturales-Binacionales Cristiano-Ortodoxas en Caracas. Manifestaciones culturales de Semana Santa más populares en el país. Semana Santa en otros países latinos como Haití. Visiones sobre la Semana Santa y su sentido religioso. Tradiciones Religiosas de la Semana Santa Católica más destacadas en diferentes poblados de Venezuela.” (Moraiba Tibisay Pozo (2017).-Pedro Luis Flores Entrevista a Enrique Alí González Ordosgoitti y a Moraiba Tibisay Pozo sobre Semana Santa, en “Venezuela en Vivo”, Radio Caracas Radio,1999, http://ciscuve.org/?p=16597)

Castañeda y Cociña (2001).-España-América Proy. Europ. X Simp. Hist. Iglesia E. y Am. Acad. Hist. Ecl., 17.5.99

Share Button

Paulino Castañeda y Manuel J. Cociña y Abella, Coordinadores (2001).-La nueva relación España-América en el Proyecto Europeo. X Simposio de Historia de la Iglesia en España y América. Academia de Historia Eclesiástica, Sevilla, 17 de mayo de 1999. España, Córdoba. Publicaciones Obra Social y Cultural Cajasur. Pp.199

(El libro se encuentra en la Biblioteca del ITER).

 

Enrique Alí González Ordosgoitti.

(Sociólogo, Doctor en Ciencias Sociales, Profesor Titular de la UCV, de la Facultad de Teología de la UCAB, del Instituto de Teología para Religiosos-ITER, del CEJ y de la SVAJ, Coordinador del Sistema de Líneas de Investigación (SiLI) sobre Sociología, Cultura, Historia, Etnia, Religión y Territorio en América Latina La Grande y Coordinador General desde 1991 de la ONG Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela-CISCUVE, ciscuve.org/web; ciscuve@gmail.com; @ciscuve, ciscuve-Facebook)

 

(Publicado en: en: Revista de Teología ITER (Instituto de Teología para Religiosos)/UCAB (Venezuela) 15 (34): 151-177, mayo-agosto, 2004)

 

 

          Es grato reseñar un libro dedicado a las Memorias de un evento científico que ha alcanzado su décima edición, pues ya nos indica la presencia de una comunidad que se dedica con seriedad y constancia, a la labor de reflexionar sobre un objeto de estudio de manera permanente y no simplemente ocasional, como ocurre con las modas que cada cierto tiempo tienen fugaz vida en el campo cultural académico.

 

          En este caso se trata del X Simposio de Historia de la Iglesia en España y América, organizado por la Academia de Historia Eclesiástica y realizado en la hermosa ciudad de Sevilla, España, el 17 de mayo de 1999. Al igual que los anteriores Simposios, el décimo estuvo dedicado a un tema central, sumamente importante para quienes vivimos de este lado del Atlántico: La nueva relación España-América en el Proyecto Europeo. Habiéndose efectuado en 1999, la fecha fue ocasión para reflexionar sobre la importancia de varios acontecimientos temporales: los cien años del 98 español, el fin del siglo XX y el futuro.

 

          El libro está organizado en tres partes: una primera parte que consta de dos Ponencias Centrales, a cargo de Castillejo y de Trillo-Figueroa; una segunda parte consistente en una Mesa Redonda y una tercera parte conformada por siete Ponencias.

 

Primera Parte.

          La Primera Parte consta de dos Ponencias Centrales: “Latinoamérica e Hispanidad: dialéctica social”, de Miguel Castillejo Gorraiz (pp.15-41) y “La nueva relación España-América desde el plano político y cultural”, a cargo de Federico Trillo-Figueroa Martínez-Conde (pp.43-53).

 

          Ambas Ponencias constituyen una excelente introducción al conjunto de reflexiones que les seguirán en el desarrollo del Simposio. En la primera, Castillejo divide su intervención en dos acápites: “A. La historia como referente” y “B. Programa Internacional de Administración de Empresas y Economía (PIADE)”. El acápite A está dividido en cuatro puntos. En los dos primeros, presenta una breve síntesis sobre la historia de la relación España-América del siglo XV al XIX (15-22). Luego en el acápite “3. Las relaciones económicas entre España y Latinoamérica”, el autor analiza esas relaciones en el siglo XX, lo que le servirá de marco para posteriormente señalar cuales han sido las modalidades de cooperación entre ambas regiones, asunto que detalla minuciosamente en los subpuntos “3.1. Los Mecanismos de Apoyo y Fomento de las Exportaciones e Inversiones en Latinoamérica” (pp.25-30) y en el “4. La Cooperación Española al desarrollo en Latinoamérica” (pp.30-38). El acápite B (pp.39-41), mucho más corto, lo utiliza para presentar, de manera concisa, los antecedentes, la justificación y los objetivos del Programa.

  (more…)

Share Button

Pensar América Latina desde las dimensiones de la realidad. Ejercicios de un Itinerario.

Share Button

EAGO-08.09.12-6

Enrique Alí González Ordosgoitti

(Sociólogo, Doctor en Ciencias Sociales, Profesor Titular de la UCV, de la Facultad de Teología de la UCAB, del Instituto de Teología para Religiosos-ITER, del CEJ y de la SVAJ, Coordinador del Sistema de Líneas de Investigación (SiLI) sobre Sociología, Cultura, Historia, Etnia, Religión y Territorio en América Latina La Grande y Coordinador General desde 1991 de la ONG Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela-CISCUVE, ciscuve.org/web; ciscuve@gmail.com; @ciscuve, ciscuve-Facebook)

(Publicado en: “Pensar América Latina desde las
dimensiones de la realidad. Ejercicios de un Itinerario”. Apuntes Filosóficos,
Escuela de Filosofía, FAHE, UCV (Venezuela) 31: 115-162).

Resumen.

En este artículo hemos querido presentar un conjunto de reflexiones originadas en la elaboración de la Línea de Investigación de la Cátedra de Pensamiento Latinoamericano que dirigimos en la Escuela de Filosofía de la UCV. Nos hemos detenido en el pensamiento latinoamericano surgido desde diferentes dimensiones de la realidad y que ha intentado dar cuenta del sentido histórico de la región. Estos pensamientos los hemos organizado en tres bloques: 1)la realidad americana crea pensamiento europeo sobre América y sobre el resto del mundo (Escolástica tardía en el siglo XVI; el surgimiento de nuevos seres y de nuevas comunidades entre los siglos XVI-XVIII; el Paraíso y las utopías y la negación de la españolidad para ser republicana, finales del XVIII y XIX). Segundo: el pensamiento europeo
es recibido y confrontado en América Latina para dar cuenta de ella misma (recepción del Liberalismo  y Positivismo en el siglo XIX y del Marxismo en los siglos XIX-XX). Y el tercer bloque trata de: cuando América Latina se ha atrevido a pensarse sin sujeción a cartabones, a pensarse sin más (Modernismo, Criollismo, Realismo Mágico o lo Real
Maravilloso, el Barroco Americano, Criollismo, Indigenismo, Negritud, Teoría de la Dependencia, Teología de la Liberación, las nuevas Repúblicas, el Neocolonialismo, el Populismo y el Socialismo en países atrasados). Y
concluimos proponiendo 30 pasos para seguir en el camino.

Palabras Clave: Escolástica. Indígenas. Criollos. Peninsulares.
Paraíso. Utopía. Repúblicas americanas. Liberalismo. Positivismo. Marxismo.
Modernismo. Criollismo. Realismo Mágico Real Maravilloso. Barroco Americano.
Indigenismo. Negritud. Teoría de la Dependencia. Teología
de la Liberación. Neocolonialismo. Populismo. Socialismo
en países atrasados.

(more…)

Share Button

David Ruiz Chataing (Editor).-Doctrinas e ideas políticas.Caracas, UPEL-IPC, 2008

Share Button

1

UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA EXPERIMENTAL LIBERTADOR

Doctrinas e ideas políticas

Doctrinas e ideas políticas

2

Doctrinas e ideas políticas

3

Palabras Preliminares

En las próximas páginas, los lectores establecerán relación con

una serie de textos que son la culminación de un esfuerzo de varios años de reflexión y de organización. La Cátedra Libre de las Ideas “Mariano Picón Salas” surgió en el año 1997 como resultado de la idea del Profesor Aranguibel de conversar y discutir, con docentes recién ingresados en el Departamento de Geografía e Historia, y estudiantes, de retomar la idea de hacer tertulias sobre temas de interés político, filosófi co, etc. Edificar una suerte de República de las Ideas en la que sin dogmatismos y mucha creatividad pensáramos la política como ámbito de la convivencia colectiva. Entre 1997 y 2001 funcionó dicho espacio académico como un conversatorio informal sobre la política. A partir de una propuesta del Consejo Directivo del Instituto Pedagógico de Caracas, en especial

del Director-Decano Profesor Cristian Sánchez, por los meses de abril mayo de 2002, se nos concedió un derecho de palabra para transformar el conversatorio en Cátedra Libre de Ideas Políticas “Mariano Picón Salas”. En el trayecto de tertulia a Cátedra Libre adscrita a la Subdirección de Extensión, organizamos conferencias relativas a las ideas políticas escolásticas, ilustradas, liberales y conservadoras en Venezuela. Luego

bajo el cognomento de “Procesos e Ideas del siglo XIX venezolano”, reflexionamos sobre los procesos económicos, electorales, e ideológicos

del siglo XIX venezolano. Bajo el título de “Venezuela Siglo XX: Política,

Economía, Sociedad y Cultura” diversos especialistas disertaron sobre los cien años del siglo pasado. Igualmente le dedicamos sesiones a estudiar

el proceso democrático surgido a raíz de la caída de la dictadura delGeneral Marcos Pérez Jiménez. También nos adentramos en el universo

de las más representativas doctrinas de la modernidad: liberalismo,

socialdemocracia, socialcristianismo, anarquismo, comunismo, fascismo y

stalinismo. Estos últimos (fascismo-nazismo y stalinismo) los enfocamos

como parte de los temibles sistemas totalitarios que asolaron al siglo XX.

Doctrinas e ideas políticas

4

Luego de estudiar las principales doctrinas que han nutrido las luchas

políticas universales y venezolanas le dedicamos un año, el 2004, al

“Pensamiento Latinoamericano”: desde la Colonia hasta nuestros días. Así

mismo, se organizaron eventos donde tuvimos la oportunidad de conocer a

grandes personalidades nacionales: “Visiones de Venezuela I” y “Visiones

de Venezuela II” facilitaron el conocimiento de la obra y la acción de Luis

Beltrán Prieto Figueroa, Enrique Bernardo Núñez, Rómulo Betancourt,

Rodolfo Quintero, Alberto Adriani, Miguel Acosta Saignes, Federico Brito

Figueroa, etc. Más recientemente (Primer semestre de 2007), analizamos

los diversos tipos de socialismos (utópico, marxista, cristiano, libertario,

totalitario y socialdemócrata). En el segundo semestre de 2007, por primera

vez, organizamos dos ciclos simultáneamente: “Perspectivas Económicas

y Sociales de Venezuela” y “Valores Fundamentales de la Democracia”.

Gracias al apoyo del actual Director-Decano Profesor Pablo Ojeda, y del

Subdirector de Extensión, Hernán Hernández, hemos mejorado la calidad

de la publicidad de nuestras actividades académicas y ampliado la cobertura

de nuestros eventos.

Pero,¿Cuáles son los objetivos de la Cátedra Libre de las Ideas

“Mariano Picón Salas” ? Aunque al comentar las actividades que ha

realizado pareciera ya estar de

fi nido su fi n, la repetición, que es un gran

instrumento pedagógico, nos permitirá fortalecer el real signi

fi cado de esta

Cátedra Libre.

La Universidad Pedagógica Experimental Libertador- Instituto

Pedagógico de Caracas, si bien tiene como centro de su actividad la

re

fl exión, el estudio y la implementación de las teorías y técnicas más

apropiadas para realizar cabalmente el proceso de enseñanza-aprendizaje,

en su calidad de Universidad, de casa de la sabiduría, de espacio plural del

pensamiento universal, no es ajena a otros ámbitos de la vida humana, tales

como la política. En fin, planteamos la creación de un espacio académico

para pensar la “res pública”, la política universal, latinoamericana y

Doctrinas e ideas políticas

5

venezolana. Además, la institucionalización de la “Cátedra Libre de

Historia Política y de las Ideas Mariano Picón Salas”, honra con su

nombre a uno de los fundadores del Instituto Pedagógico Nacional, gran

intelectual, pensador y escritor del siglo XX venezolano.

También es pertinente traer a colación que Venezuela nace a la

vida independiente como resultado del arduo debate sobre cómo conducir

su vida pública en los años 1810 y 1811. Una pléyade de connacionales

enarbola banderas republicanas, constitucionales y hasta democráticas

que configuraron un proyecto nacional venezolano que con las naturales

modi

fi caciones a que obligan el tiempo y las circunstancias, es el que perdura

en el presente. Esa evolución histórica es prácticamente desconocida por

muchos venezolanos. Nuestra acción divulgativa y concientizadora va

dirigida hacia esos compatriotas en general, y, en especial, a nuestra

juventud estudiantil. El propósito, pues, de la Cátedra Libre de las Ideas

“Mariano Picón Salas” es abrir un territorio espiritual, académico, referido

a la re

fl exión sobre la política entendida como el ámbito en el cual se

establece la convivencia colectiva. Igualmente estudiar su evolución

histórica universal, y su desenvolvimiento entre nosotros. Enseñar a las

nuevas generaciones de venezolanos, en especial a nuestros estudiantes

ipecistas y a la comunidad en general, en torno de la historia de nuestros

valores republicanos, constitucionales y democráticos. También aprender

como ellos los perciben y practican. Establecer vínculos con las instituciones

universitarias y académicas similares para enriquecer el intercambio y

la capacidad de aprendizaje y de enseñanza de estos tópicos en el IPC.

Nuestra Universidad, ya lo hemos dicho, y es ampliamente conocido, es

fundamentalmente una institución pedagógica, pero ello no niega su apertura

a la re

fl exión en otros terrenos como el de las ideas políticas que es el que

nos proponemos incentivar. Estudio cientí

fi co, académico, universitario de

la política. Alta política, política de altura, concebida para incrementar la

conciencia y el bienestar patrio. Esta es una cátedra de civismo para sus

integrantes y para quienes se incorporen a sus actividades divulgativas.

Doctrinas e ideas políticas

6

Entre los proyectos de la Cátedra Libre de las Ideas “Mariano

Picón Salas” están organizar talleres de cómo estudiar las ideas políticas

(Curso de “Análisis del Discurso Político” y de “Metodología para el

estudio de las Ideas Políticas”). Consolidar la Conferencia Anual “Mariano

Picón Salas”, espacio para re

fl exionar sobre diversos aspectos de la obra

del merideño universal. Y continuar con sus ciclos de conferencias así

como con actividades tales como el “Libro del mes”, “Los Autores y sus

Libros”, etc. Editar, paulatinamente, el enorme caudal de charlas que la

han ido nutriendo y con

fi gurando.

La publicación de este libro Ideas y Doctrinas: Conferencias de la

Cátedra Libre de las Ideas “Mariano Picón Salas”, también, es parte de ese

esfuerzo organizativo e institucionalizador que venimos cumpliendo con

la Cátedra Libre de las Ideas “Mariano Picón Salas”. En él se insertan diez

de las conferencias que se han dictado en su seno en los últimos años. El

primer texto, “Pensar América Latina desde las dimensiones de la realidad”,

escrito por el Doctor Enrique Alí González Ordosgoitti, es una síntesis de

los diversos ámbitos desde los cuales ha sido pensada Nuestra América.

El segundo estudio “Apuntes sobre el pensamiento

fi losófi co venezolano:

de la escolástica colonial a la propuesta moderna”, del investigador Rafael

García Torres, nos introduce en una densa indagación sobre el discurrir

filosófico nacional desde tiempos colonial hasta el advenimiento de la

independencia. Descuella entre estos pensadores del país Don Andrés Bello

quien en su Filosofía del Entendimiento realizó un magistral resumen

crítico de los grandes

fi lósofos de los siglos XVII y XVIII, además de un

interesante y poco conocido aporte personal al asunto. La tercera disertación

que esta incluída en el libro es el “Ideario Político de Simón Bolívar” del

Coronel retirado Arturo Castillo Machez, actual Presidente de la Sociedad

Bolivariana de Venezuela, en el cual nos ofrece su serena re

fl exión sobre

las ideas de Simón Bolívar sobre la igualdad, la esclavitud, la República,

etc. El cuarto estudio intitulado “”Luis Gerónimo Alfonzo: pensador

cristiano y liberal-demócrata”, de David Ruiz Chataing, se adentra en el

Doctrinas e ideas políticas

7

contexto económico, social y político-ideológico del siglo XIX venezolano

mediante las pesquisas sobre un escritor y actor político poco conocido.

Más próximos al pensamiento contemporáneo, los escritores Víctor

Sanz, (“Fundamentos, realizaciones y perspectivas del anarquismo”) y

Alexander Torres (“Ácratas y rebeldes”), nos muestran los planteamientos

fundamentales del pensamiento anarquista. Demetrio Boersner expone en

“El Socialismo Democrático”, el cuadro histórico de la socialdemocracia

desde sus orígenes en el siglo XIX, su evolución europea, latinoamericana

y venezolana. La misma ejecutoria se la debemos al Doctor Enrique

Pérez Olivares con el ensayo “El Socialcristianismo” sobre la propuesta

sustentada en la doctrina social de la Iglesia. Los últimos trabajos insertos

en la obra obedecen, uno, a un capítulo de historia conceptual e intelectual

como lo es el que escribe la Doctora Carole Leal sobre “Juras presidenciales

en la Venezuela Democrática” en el cual -con un acento en la perspectiva

antropológica- ha estudiado el signi

ficado simbólico de la Juramentación

presidencial en la Venezuela Contemporánea. El texto del Doctor Domingo

Irwin G., desde el ámbito académico de las relaciones civiles-militares,

aborda “Las logias militares conspirativas y poder político en la Venezuela

de

fi nales del siglo XX e inicios del XXI, un avance de investigación”.

Tópico éste último de gran actualidad, cuyos efectos son de gran impacto

en nuestra contemporaneidad.

Como pueden ver un abanico de re

fl exiones, de propuestas, de

concienzudos estudios, que nos ayudan a comprender la complejidad de

nuestra historia, de las ideas y las luchas que las han nutrido.

Caracas, 30 de julio de 2008.

Doctor David Ruiz Chataing,

Coordinador de la Cátedra Libre de las Ideas Políticas

“Mariano Picón Salas”.

Nota: este libro ha sido arbitrado por lectores especializados.

Doctrinas e ideas políticas

8

Doctrinas e ideas políticas

9

PENSAR AMÉRICA LATINA DESDE LAS

DIMENSIONES DE LA REALIDAD.

por

Enrique Alí González Ordosgoitti.

Cuando el Doctor David Ruiz Chataing nos invitó al ciclo de

conferencias sobre “Pensamiento Latinoamericano”, organizado por el

Instituto Pedagógico de Caracas, a través del Centro de Investigaciones

Históricas “Mario Briceño Iragorry” y la Cátedra Libre de Las Ideas

“Mariano Picón Salas”, propició la ocasión para que intentará realizar una

re

fl exión acerca de mi experiencia como docente-investigador en esta área

del conocimiento, la cual vengo ejerciendo como Jefe de la Cátedra de

Pensamiento Latinoamericano de la Escuela de Filosofía de la UCV, desde

1990 y como Profesor Invitado de la Asignatura Filosofía Latinoamericana,

en el Instituto de Teología para Religiosos-Facultad de Teología de la

UCAB, en los períodos 1992-94 y 1998-2007.

Estas re

fl exiones coincidieron –e impulsaron- el cambio curricular

que estábamos efectuando en la Cátedra, lo que dio origen a la formulación

del Sistema de Líneas de Investigación y Docencia

1 de la misma, de la

cual vamos a extraer dos de las proposiciones docentes que nos permitirán

expresar mejor los límites y alcances de este breve trabajo.

Pensamos que para expresar coherente y sistemáticamente el

Pensamiento Latinoamericano, hay que crear dos asignaturas recurrentes

y paralelas sobre el mismo, las cuales se llamarían Pensamiento

Latinoamericano por Épocas y Pensamiento Latinoamericano según las

Dimensiones de la Realidad. En el primero, mantendríamos una secuencia

cronológica partiendo del siguiente concepto de Época Histórica: “De

manera teórico instrumental hemos de

fi nido por época cargada de sentido

histórico: a aquel espacio-tiempo, que es capaz de ser pensado como

un lugar (en el sentido aristotélico) concreto en el imaginario colectivo,

construido a través de una pregunta, cuya búsqueda de respuesta signó

1.-Este texto está siendo publicado por la Revista Tierra Firme, en su numero 100, 2007.

Doctrinas e ideas políticas

10

la acción social (en el sentido weberiano) de sus contemporáneos, siendo

una característica de dicha respuesta su diversidad, complejidad y no

de

fi nitividad conseguida, lo que se expresará en una constante apertura a

nuevas signi

fi caciones, más allá del espacio-tiempo cuando se confi guró

la problemática que le dio origen”

2. De tal forma que se expresaría en

preguntas cerradas pero con contenidos abiertos y cambiantes según la

bibliografía a utilizar.

Para esta contribución nos interesa más la segunda Asignatura;

“Pensamiento Latinoamericano según las Dimensiones de la Realidad”,

la cual se construye partiendo de diversos procesos, estructuras, modos

de comportarse lo real y desde ahí, re

fl exionar acerca de cómo ha sido

pensada una región llamada América Latina, discutiendo tanto la enorme

bibliografía producida hasta ahora sobre esos temas, como también los

adelantos en investigación que algunos -incluyendo al docente- estén en

condiciones de aportar.

Pero debemos realizar algunas precisiones metodológicas con el

fi

n de fi jar los contornos de nuestro objeto de refl exión, en tal dirección van

las observaciones siguientes:

-cuando analizamos el pensamiento

fi losófi co latinoamericano, no nos

estamos re

fi riendo a todo tipo de pensamiento hecho en América Latina, sino

sólo a aquel pensamiento sobre nuestra región, hecho por latinoamericanos

y latinoamericanistas;

-cuando hablamos de pensamiento latinoamericano (tal como se llama

la Cátedra que dirigimos en la Escuela de Filosofía), este incluye al

pensamiento

fi losófi co y a una gama de diversos otros pensamientos

realizados desde diversas disciplinas del pensamiento cientí

fi co social,

cientí

fi co natural, humanístico y literario, las cuales han intentado explicar

el ser o el estar latinoamericano, bien sea desde la totalidad o desde alguna

arista en particular;

2 .-EAGO, 2006: 1

Doctrinas e ideas políticas

11

-por la razón anterior, en la práctica teórica desarrollada en el seno del

pensamiento latinoamericano, buscamos crear/descubrir un sistema

categorial formado por

fi losofemas y constructos teóricos, que ayuden

a pensar de manera sistemática las ideas que organizan el sentido de la

historia en América Latina;

-sabemos que nuestro objeto de re

fl exión (América Latina) tiene una data

que se remonta al siglo XIX, por lo que al extenderlo en el tiempo hasta

por ejemplo la época precolombina, corremos el riesgo de ser anacrónicos,

no obstante, estamos concientes de tal limitación, lo que sucede es que no

puede explicarse satisfactoriamente el siglo XIX sin los siglos anteriores;

-igual sabemos que la vocación de unidad alrededor de una región que

hoy llamamos América Latina, nunca se ha dado de manera completa, sino

que han existido diversas formas sectoriales de unidad cuya explicación

causal no puede efectuarse al margen de los siglos precolombinos o de

plena pertenencia al Imperio Español (siglos XVI-XVIII);

-cuando nos re

fi ramos a la relación América Latina-Europa durante los

siglos XVI-principios del XIX, esta deberá ser entendida como la relación

de América Española-con la Europa no Española, pues la relación con la

España Peninsular era una relación intranacional, de manera que incluir

a España como parte de Europa en cuanto a nosotros los Españoles-

Americanos, sería anacrónico;

-cuando analizamos la relación América Latina-Europa luego de haberse

completado la secesión de España, el término Europa incluirá de suyo a

España, pero insistiendo en la salvedad del acápite anterior para República

Dominicana, Puerto Rico y Cuba, quienes seguirán manteniendo lazos de

pertenencia a España, décadas posteriores a la creación de las diversas

repúblicas de origen español en la América continental

-y

fi nalmente, la dimensión físico-geográfi ca de América Latina, hoy –al

igual que ayer- sigue en plena discusión

3.

3 .-Nosotros por nuestra cuenta hemos querido contribuir a esa diversidad de tamaños de

América Latina y hemos propuesto el término de América Latina la Grande: de Québec a la

Patagonia. Asunto que hemos tratado en anteriores ocasiones, pero que no la haremos en

esta.

Doctrinas e ideas políticas

12

¿Desde cuáles dimensiones ha sido pensada América Latina?

Realizada esas precisiones metodológicas cabe ahora exponer

desde cuáles dimensiones de la realidad ha sido pensada América Latina

como región y cuáles y por qué, vamos a trabajar. Dada la frondosa

bibliografía existente sobre nuestro objeto de estudio, nos vemos en la

necesidad de acotar las dimensiones desde las cuales vamos a re

fl exionar.

Un primer criterio que hemos escogido, es el de resaltar aquellas áreas de

lo real desde donde haya habido un esfuerzo reconocido como original

a nivel internacional, para pensar la especi

fi cidad latinoamericana. De

entrada es evidente, que desde todas las áreas de lo real no se han hecho

esfuerzos intelectuales de gran potencia para discernir, descubrir y crear

lo latinoamericano (al menos según la información en nuestro poder). Por

lo que vamos a tratar de destacar, como primer eje de análisis, algunas de

esas iniciativas intelectuales, que desde las Macro estructuras Formales

(Economía, Política y Cultura) y desde las Macro estructuras Informales

(Etnias) han producido teoría sobre América Latina. Nuestro segundo eje

será el de intentar ver esas teorías cronológicamente. Y el tercer eje que

utilizaremos será el de diferenciar las teorías llegadas de Europa y las teorías

surgidas de la propia impronta latinoamericana. Estos ejes de análisis nos

van a permitir discurrir sobre el alcance de dichas teorías organizadas en

tres secciones: la del pensamiento europeo originado y convocado por la

realidad americana, la del pensamiento europeo recibido y confrontado en

América Latina y cuando América Latina se ha atrevido a pensarse sin

sujeción a cartabones, a pensarse sin más.

1.-La realidad americana crea pensamiento europeo sobre América y

sobre el resto del mundo

.

Queremos destacar la existencia de un pensamiento europeo

surgido por el apremio de conocer lo que es América. No se trata de sólo

la proyección de un pensamiento europeo sobre América, sino de cómo la

realidad americana obliga a pensar y repensar asuntos que puedan permitir

conocer la originalidad que se tiene enfrente. Lamentablemente, a ese

Doctrinas e ideas políticas

13

pensamiento generado desde América con tanto impacto mundial como

los conceptos de Derechos Humanos y de Utopía, le ha sido ocultado su

evidente origen latinoamericano.

1.1.-La recepción de la Escolástica tardía en el siglo XVI.

El proceso de la renovación de la escolástica europea, especialmente

a través de la Escuela de Salamanca en España, marcó una pauta del

relanzamiento del pensamiento teológico para dar cuenta de una realidad

social en profundo proceso de transformación. Su principal campo para

la experimentación teórica y producción de teología social y de teología

moral, será el hecho de la conquista y colonización española de América

y la polémica que acompañará dicha empresa, especialmente alrededor

de los siguientes tópicos: ¿cuál es la naturaleza de los indígenas? ¿los

indígenas tienen alma? ¿la conquista es justa?

4 ¿la servidumbre es natural?

La búsqueda de respuestas a estas preguntas generadas por la realidad

americana, marcaron las grandes rutas del pensamiento político, jurídico

y teológico sobre lo social en el siglo XVI. De esta discusión saldría la

a

fi rmación teológica de que los Indígenas -así no aparecieran en la Biblia, el

máximo rector de lo que era verdad o no en la época- si eran seres humanos

y por lo tanto sí tenían alma

5 y debían ser tratados como cristianos.6

4 .-Ver Zavala, 1977

5 .-Hay que evitar aquí la liviandad del anacronismo, que piensa que fue una discusión sin

sentido, el de si los indígenas tenían alma o no, o simplemente como una discusión que

demuestra el bajo nivel cultural de los conquistadores españoles. Hay que recordar que para

1492, el criterio de verdad en cuanto origen y desarrollo del hombre en la tierra se basaba

en la Biblia, por lo tanto el que estuviese demostrado que los indígenas genealógicamente

no aparecían en la Biblia, constituyó un grave problema a discutir. Y fue la impresionante

solvencia intelectual de los Dominicos, lo que salvó ese escollo generando una de las

máximas creaciones intelectuales que América Latina ha hecho el mundo: el concepto de

Derecho de Gente, prontamente universalizable a nuestro moderno concepto de Derechos

Humanos Universales (más de doscientos años antes que la Revolución Francesa).

6 .-Para poder comparar esta a

fi rmación conclusiva ya en el siglo XVI por España, veamos

que en la América anglosajona y protestante, la concepción del nativo “piel roja” como gente

racional con alma y que puede ser evangelizado, data apenas del siglo XX. Por eso es que

la cacería de indígenas fue un deporte sangriento durante cuatro siglos en los hoy EEUU,

incluyendo matarlos de hambre matando a gran escala sus búfalos, como lo testimonia su

epígono Búfalo Bill. También esta práctica fue repetida por los gobiernos republicanos de

Argentina desde mediados del siglo XIX, en sus campañas contra los indios y los gauchos

(ver Ribeiro, 1992: 418 ss ).

Doctrinas e ideas políticas

14

Otro elemento, importante, fue la discusión de la escolástica

española acerca de la pobreza, a través de Domingo de Soto y Juan de

Robles en 1545

7. Discusión que simultáneamente abarcaba ambas orillas y

que aún hoy día tiene mucho que aportar.

1.2.-El surgimiento de nuevos seres (Indígenas, Criollos) y de nuevas

comunidades (Pueblos de Indios, Pueblos de Misiones, Pueblos de

Españoles), entre los siglos XVI-XVIII

.

El impacto de América sobre el pensamiento español se va a

convertir en el principal factor de estímulo creativo a lo largo de varios

siglos. El pensamiento jurídico-político y a continuación el teológico y el

fi

losófi co, se verán obligados a inventar y crear para poder dar cuenta de lo

natural y social presente en América. Surgirán nuevos seres humanos sujetos

de derecho como los Indígenas y los Criollos, quienes traerán aparejados

di

fi cultades para precisar su situación en el nuevo marco histórico resultante.

Por ejemplo los indígenas (o más propiamente aborígenes), serán sujetos

de un Derecho especial incrustado en la copiosa legislación conocida como

Leyes de Indias. Pero más difícil será la ubicación de los “Criollos”

8, por

ser un tipo mestizo que incluía elementos de la España Peninsular y de la

España Americana, por lo que aumentará la tipología étnica, la cual se irá

complejizando hasta crear una sociedad de barreras de color, generando

una taxonomía como blancos, negros, pardos, zambos, salto atrás, tente en

el aire, lobo, etc.

7 .-Ver Félix Santolaria Sierra (Edición y estudio introductorio) (2003).-

El gran debate sobre

los pobres en el siglo XVI. Domingo de Soto y Juan de Robles 1545

. Madrid. Ariel

Historia. Pp. 202

8 .-De

fi nido Criollo como: “Del latín creare provienen los verbos castellanos crear y criar. Uno

de los derivados de criar es

crío: niño de crianza. De crío se desprende criollo en la época

colonial, para designar al hijo de españoles nacido en América…Ampliando su signi

fi cado,

el vocablo pasó a designar todas aquellas manifestaciones materiales o espirituales

características de los pueblos hispanoamericanos, opuestas en gran medida a las formas

de cultura y civilización extranjeras: música criolla, comida criolla, baile criollo, tipo criollo,

bebida criolla. Por razones obvias, el signi

fi cado de criollo se asoció muy pronto a la idea y al

sentimiento de la nacionalidad. La independencia fue la rebelión de los criollos”. (Sambrano

Urdaneta y Miliani, 1999: 379)

Doctrinas e ideas políticas

15

Otra circunstancia que requerirá de la creatividad político-jurídicosocio

antropológica, será la diferencia entre la diversidad social (tomando

como base la pertenencia religiosa), presente en la península (cristianos

viejos, cristianos nuevos, judíos y musulmanes) y la encontrada en América.

Debiendo ampliarse haciendo énfasis en la división entre cristianos, su

pertenencia étnica y su adscripción al universo civil o eclesial, creándose

así las siguientes divisiones administrativas: pueblos de españoles, pueblos

de indios y pueblos de misiones

9. Esta nueva variedad social generará una

diversidad de ocupación del espacio, la cual será tratada por una literatura

técnica especializada.

1.3.-América será vista como el encuentro de las tierras originales (el

Paraíso) o el surgimiento de tierras inexistentes (utopías)

.

La tierra americana se convertirá en el elemento central de

renovación de la visión del mundo europeo

10 a través de dos corrientes

principales: una, la de leer a América a través de la Biblia para descubrir así

los contornos reales del Paraíso terrenal

11 desde donde fuimos expulsados

en una lejana Edad Dorada

12. La otra es la de ver a América como el

continente de lo imposible, la pantalla donde re

fl ejar las ideas acerca de lo

que no se ha llegado a dar en Europa, la tierra fuera de todos los con

fi nes

que restringen la libertad del hombre, la u-topía

13. A veces no se enfatiza

lo su

fi ciente que la mayoría de los discursos utópicos que provenientes

de Europa han sacudido a la humanidad (para bien o para mal) desde

1492, tienen su origen en una lectura equivocada de América por parte de

Europa.

9 .-Recordar las Misiones Jesuíticas en Paraguay y los pueblos organizados y dirigidos por

el Obispo Vasco de Quiroga en México.

10 .-Similar quizás a lo que ha signi

fi cado en el siglo XX la capacidad real de viajar a otros

planetas y a la Luna.

11 .-Para saber la visión sobre el Paraíso según Colón ver Las Casas, 1986: 572-584

12 .-Basta recordar los primeros informes de Cristóbal Colón al concluir que el inmenso

caudal de agua dulce de algunos rios, era evidencia de haber llegado al Paraíso (ver Becco,

1993: 3-22).

13 -“(Del griego oú, no topía, lugar: lugar que no existe). Plan, proyecto, doctrina o sistema

optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación.” Diccionario de la

Lengua Española, 2001: 2260

Doctrinas e ideas políticas

16

1.4.-América comienza a renegar de su españolidad para ser republicana

(

fi nales del XVIII y XIX).

Otro de los momentos de gran impacto en la producción de

pensamiento político de América sobre Europa, será cuando comiencen

los procesos de secesión americana de Inglaterra y España, desde

fi nales

del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX. La noción de República

creada en Europa va a ser recibida de manera muy creativa en América,

dando origen a los regímenes republicanos con mayor continuidad en el

tiempo hasta hoy en día (pues hay que recordar que el siglo XIX y XX

signi

fi có para diversos países europeos una especie de contramarcha entre

sistemas republicanos y sistemas monárquicos, hasta el híbrido de sistemas

monárquicos constitucionales como la actual Inglaterra y España). En

América por el contrario, existirá una perfecta continuidad republicana

–a excepción del interregno monárquico de Maximiliano en México- que

mostrará peculiaridades y desarrollos que Europa conseguirá tardíamente.

La creación de literatura constitucional tendrá un gran desarrollo

en América, incluyendo una de sus cumbres como lo fue la idea de la

creación de Colombia por Miranda, proposición que incluía potencialmente

a la mayoría de los países que hoy forman parte de América Latina y que

es conceptuada como el antecedente más acabado de la actual Unión

Europea.

14

2.-El pensamiento europeo es recibido y confrontado en América

Latina para dar cuenta de ella misma.

La premisa teórica que sostiene este apartado, según los resultados

del análisis de la historia de las ideas en América Latina y su relación

con las ideas provenientes de Europa, es que nunca dichas ideas han sido

trasplantadas de manera mecánica a nuestra región, sino que por el contrario,

14 .-Ver Meza, 2007

Doctrinas e ideas políticas

17

ha existido una dinámica y vivaz lectura latinoamericana de las mismas, lo

que ha permitido un triple acto de creación: el primero, al intentar adaptar

ideas pensadas para otras geografías; segundo el de hacer lecturas críticas

de adición y sustracción de partes de las teorías importadas, con el

fi n de

explicar mejor lo distinto latinoamericano y en tercer lugar, nuevas teorías

inspiradas en las recibidas pero que sólo conservan con las europeas de

origen, un cierto aire de familia, a veces tan vago que ha llevado a que las

ideas europeas no se sientan continuadas en esas ideas latinoamericanas que

reclaman lazos genealógicos (tal como puede verse en el republicanismo y

positivismo latinoamericano por ejemplo).

2.1.-La recepción del Liberalismo en el siglo XIX

.

Habiéndose efectuado la guerra de secesión entre la España

Americana y la España Peninsular, la primera convertida en varias naciones

republicanas, emprende el camino para consolidarse como entidad

independiente. Abrazará el ideario económico que la coloque de entrada en

la antípoda de la antigua metrópoli proteccionista, se hará librecambista,

adoptará la ideología del Liberalismo económico

15 y en menor grado el

liberalismo político.

La adopción del liberalismo económico por parte de las nuevas

élites dirigentes republicanas americanas, se hará de manera acrítica,

asumiendo a pie juntillas todos sus postulados de libertad de comercio y

del mercado como instrumento neutro regulador de las transacciones. Esta

adopción favoreció a los sectores dominantes dirigidos por los segmentos

de la burguesía agro exportadora, quienes entregaron el control del

comercio a las nuevas potencias europeas especialmente a Inglaterra. A

estos sectores no les importó que los intercambios fuesen generando una

balanza comercial cada vez más desfavorable a las repúblicas americanas,

desbalance que terminaría generando, en la medida en que avanzaba el

siglo XIX, un proceso de endeudamiento externo como única manera de

15 .-Ver Fundación Boulton, 1976 y Maza Zavala, 1996.

Doctrinas e ideas políticas

18

conseguir capital fresco para emprender algunos proyectos de desarrollo

interno, especialmente en las áreas de comunicación y transporte.

Puede concluirse, que el pensamiento latinoamericano republicano

se relacionó de manera servil y acrítica ante las teorías del Liberalismo

económico, llegadas como supuesto faro para guiar las incipientes

economías de las nuevas repúblicas. Fuimos simples imitadores de una

teoría que sólo bene

fi ciaba a los de siempre, quienes además inauguraron

la creación de dispositivos intelectuales para defender las ideologías

que bene

fi ciaban claramente sólo a grupos reducidos de la población,

al contrario de las ideologías que llamaron a la secesión de España, que

pretendían expresar los intereses nacionales (independientemente de su

falsedad o no).

2.2.-La recepción del Positivismo en el siglo XIX

.

El Positivismo

16 como doctrina social de las ciencias naturales, se

desarrolla en Europa a comienzos del segundo tercio del siglo XIX y es

producto del gran auge y dominio que en el terreno del pensamiento y del

desarrollo económico (fundamentalmente las revoluciones industriales),

vienen jugando las ciencias naturales y la tecnología en el desarrollo del

capitalismo europeo.

El Positivismo se expande por América casi simultáneamente a

como lo hace por Europa. Esta doctrina es abrazada tanto por los hombres

16 .-Se considera como creador del Positivismo al francés Auguste Comte (1798-1857),

quien desarrolla todo un sistema de pensamiento compuesto por “(…) tres factores básicos:

en primer lugar, una

fi losofía de la historia que ha de mostrar por qué la fi losofía positiva es la

que debe imperar en el próximo futuro; en segundo lugar, una fundamentación y clasi

fi cación

de las ciencias asentadas en la

fi losofía positiva; por último, una sociología o doctrina de la

sociedad que, al determinar la estructura esencial de la misma permita pasar a la reforma

práctica y,

fi nalmente, a la reforma religiosa, a la religión de la Humanidad.” (Ferrater Mora,

1994: 609)

Doctrinas e ideas políticas

19

de ciencia como por los hombres de acción política-social que intentarán

repensar la historia y la realidad social latinoamericana

17.

La recepción del Positivismo en América Latina servirá para

mostrar una de las venas más creativas del pensamiento latinoamericano;

la relación con el pensamiento europeo (y del resto del mundo) de una

manera crítica y creativa, lo que demuestra que en el mismo proceso de

adopción y adaptación se encuentra el necesario germen de la creatividad,

de la innovación, de lo nuevo. Latinoamérica se revela aquí en esta relación

con las doctrinas positivistas, como un continente en donde el pensamiento

discurre sin mucho apego a las trabas de los dogmas y que es capaz a partir

de una cálida recepción, comenzar con un proceso de ajustes necesarios

a nuestra realidad que terminará de manera inevitable en la obtención

de un nuevo tipo de conocimiento, en algunos casos tan ostensiblemente

novedoso, que sus fuentes europeas no se sentirán representadas en estos

nuevos pensamientos latinoamericanos excluyéndoles de su ortodoxia.

Esta vitalidad hizo que por ejemplo el positivismo en Brasil

terminará conformando una religión con estructura clerical incluida,

además de lograr incorporar en la propia bandera brasileña el lema de

orden y progreso, tan caro a las doctrinas positivistas, logro que no alcanzó

ningún país europeo. Igual puede decirse de las proposiciones educativas

inspiradas por el positivismo en América Latina, que se conformaron

como interesantes lecturas de nuestra realidad

18, en donde es evidente el

trasfondo doctrinal positivista expresado entre otras ideas, en privilegiar

la importancia del hecho educativo práctico, orientado más a las ciencias

básicas que a los estudios humanísticos y por supuesto, con las loas

adecuadas al sentimiento de progreso visto como el sentido natural de la

evolución humana.

17 .-En América Latina las doctrinas positivistas constituirán el núcleo duro de las teorías

sobre la educación necesaria para las nuevas repúblicas (ver Zea, 1980.b: 11-179). A su vez

estarán en la base para reclamar una mayor atención al desarrollo de las ciencias naturales

y a la construcción de una nueva visión historiográ

fi ca diferente de la historiografía romántica

(Vallenilla Lanz, 1980 y 1991)

18 .-Ver Zea, 1980.a y Zea, 1980.b

Doctrinas e ideas políticas

20

Podríamos a

fi rmar que las doctrinas positivistas venidas en

el siglo XIX y continuadas en el neopositivismo lógico en el siglo XX,

siguen formando parte importante de nuestra manera de ver la realidad

latinoamericana, en algunas ocasiones con gran creatividad en la

adaptación a nuestra región y en otras, con una negación a priori de esa

posibilidad de creación, por apego a dogmas tales como pensar que dichas

teorías (especialmente el neopositivismo lógico actual) son universales por

naturaleza.

2.3.-La recepción del Marxismo en los siglos XIX-XX

.

Otra de las doctrinas (y en menor caso teoría) europeas que será

ampliamente difundida en nuestra región será el marxismo-sin Marx y

luego a Marx propiamente dicho. Comenzará su difusión a

fi nales del siglo

XIX

19 y continuará hasta nuestros días. Quizás pueda ser útil establecer una

periodización tentativa que aluda no sólo a su aparición en el tiempo, sino

también a las diversas maneras como tal in

fl uencia se desparramó por el

todo social. Podríamos entonces hablar de un primer marxismo-sin Marx

20,

muy vinculado a las luchas sindicales (conjuntamente con el anarquismo

español e italiano); seguido por un marxismo propiamente político dirigido

desde la III Internacional Comunista hacia América Latina (décadas 30´-

70´ del siglo XX) y posteriormente por un marxismo académico (de los ´70

en adelante), con el cual hace su aparición a escala masiva la necesidad de

leer la propia obra de Marx.

La principal recepción del marxismo en nuestra región será de

forma acrítica, absolutamente postrada ante las explicaciones de los

19 .-En esta difusión jugará un papel fundamental la migración venida de Europa hacia el

Cono Sur, especialmente italianos y españoles, quienes conjugarán las luchas sindicales y

sociales con una inspiración marxista y anarquista (ver Rodríguez Ozán, 1986)

20 .-De

fi nimos como marxismo sin Marx, a aquella difusión basada en comentaristas y sobre

todo propagandistas de las ideas de Marx, que a través de literaturas secundarias, muchas

de ellas pan

fl etarias y estrictamente propagandísticas, contribuyeron a desarrollar más una

identi

fi cación emocional con los supuestos contenidos progresistas de las teorías de Marx,

antes que propiciar el acceso directo a sus obras, la mayoría de las cuales serán traducidas

al castellano avanzado el siglo XX.

Doctrinas e ideas políticas

21

intérpretes europeos

21 de la obra de Marx. Esta acriticidad alcanzará alturas

exponenciales al ser impuestas como dogmas por la III Internacional

Comunista, que dirigirán la acción de gran parte de la izquierda

latinoamericana. Convertida en el mastín que custodia la pureza del

marxismo, la III Internacional apenas será contestada antes de la temprana

segunda postguerra mundial, cuando voces aisladas como Mariátegui en el

Perú, pondrán el acento en temas como el de los Indígenas, absolutamente

ausente de las re

fl exiones emanadas desde Moscú. Y la voz de Rómulo

Betancourt

22 en Venezuela, quien cuestionará la capacidad del proletariado

para ser la vanguardia de la revolución debido a su exiguo número

23.

Aunque el cuestionamiento más radical vendrá de voces de otro espectro

de la izquierda latinoamericana, encabezada por Haya de La Torre en Perú

y José Vasconcelos en México, quienes contribuirán a una formulación

latinoamericana más propia, que será conocida por algunos como Populismo

(asunto que destacaremos en la próxima sección).

Esta hegemonía en la transmisión del marxismo por parte de la III

Internacional Comunista, sólo comenzará a verse resquebrajada por tres

21 .-El colonialismo eurocentrista de estos epígonos del marxismo llegará a su paroxismo,

cuando vean en América Latina la existencia –por traslado europeo- de estructuras feudales,

que daban bases a la tesis de caracterizar a nuestra región como un sistema económico

en gran parte feudal, por lo que había políticamente que realizar una revolución antifeudal.

Tesis tan descabellada llegaría a su

fi n con el planteamiento de Sergio Bagú: “El régimen

económico luso-hispano del periodo colonial no es feudalismo. Es capitalismo colonial,…el

cual presenta reiteradamente en los distintos continentes ciertas manifestaciones externas

que lo asemejan al feudalismo. Es un régimen que conserva un per

fi l equívoco, sin alterar

por eso su incuestionable índole capitalista. Lejos de vivir el ciclo feudal, América ingresó

con sorprendente celeridad dentro del capitalismo comercial, ya inaugurado en Europa…y

contribuyó a dar a ese ciclo un vigor colosal, haciendo posible la iniciación del capitalismo

industrial años más tarde”.” (López Segrera, 1999: 17)

22 .-Hay que recordar la militancia de Rómulo Betancourt en el Partido Comunista de Costa

Rica: “En contraste con sus tres primeros años de exilio en que mantiene una posición de

izquierda moderada y heterodoxa, al tiempo que critica a los comunistas venezolanos por su

“dependencia ortodoxa” a la Internacional Comunista y a la URSS, durante aquellos años de

exilio costarricense fue de la opinión que el proyecto revolucionario y la toma del poder en

Venezuela debían ser liderados por el Partido Comunista de Venezuela, una organización

política “más organizada” con la que reconocía mantener diferencias, sin embargo más de

carácter táctico que fundamentales.” (Romero, 2005: 38)

23 .-“Para Juan Bautista Fuenmayor, Betancourt también fue el creador de ORVE, siguiendo

la tesis aprista según la cual en Venezuela no podía existir un Partido Comunista a causa del

exiguo número de obreros con que contaba el país.” (Romero, 2005: 46)

Doctrinas e ideas políticas

22

acciones internacionales, una de ellas a escala latinoamericana: el informe

de Kruschov ante el XX Congreso del PCUS en 1956, la disputa entre

Stalin y Mao en la década de los ´60 y los breves años iniciales del triunfo

de Fidel en Cuba. Estas acciones coincidirán en el tiempo con la disolución

de la III Internacional Comunista

24, el surgimiento de nuevas mecas del

movimiento comunista internacional (ya no será sólo Moscú, sino también

Pekín y Yugoeslavia) y la aparición de vigorosos Partidos Comunistas tanto

en Europa (especialmente el Partido Comunista Italiano, hoy convertido

en el Partido de Izquierda Italiano que junto con Romano Prodi dirige el

Gobierno en Italia actualmente), como en Asia (el Partido Comunista de

Vietnam), que reivindicarán la actitud creadora del marxismo, por lo tanto,

el pleno derecho a pensar con cabeza propia las realidades nacionales en

donde se desenvuelve la lucha política.

Esa situación internacional se verá reforzada cuando a raíz de la

invasión de Checoslovaquia por los ejércitos de la URSS, en 1968, se desatará

una ola de críticas a tal acción desde las

fi las de cierta izquierda marxista,

cuyo empuje vigoroso resultará en un alejamiento y desconocimiento del

papel de vanguardia de la URSS. Se propondrá un análisis ya no tanto de

los manuales de marxismo, sino de la propia obra de Marx, coincidiendo

con los esfuerzos editoriales de publicar gran parte de la obra de Marx,

que hasta

fi nales de la década de los sesenta estaba en gran parte inédita en

castellano.

Esta situación de cuestionamiento al marxismo político dirigido

por Moscú o Pekín, alcanzará una de sus mayores cotas creativas con

las proposiciones del venezolano Teodoro Petkoff

25 y el surgimiento del

Movimiento al Socialismo (MAS) en Venezuela, que será seguido, algunos

años después por el M-19, movimiento político guerrillero colombiano, que

a

fi nales de los ´80 se convertirá en un partido político para la lucha legal.

Otra de las consecuencias de esta mayor amplitud y libertad de opciones

24 .-Ver Claudín, 1970.

25 .-Ver Petkoff, 1969, 1972, 1976.a, 1976.b, 1978, 1979, 1980, 1981, 1982

Doctrinas e ideas políticas

23

dentro del marxismo-político, es que la misma comenzará -tímidamente

al principio y luego más desembozadamente- a desarrollar espacios en el

campo cultural académico capaces de explorar otras visiones, tanto dentro

del marxismo como fuera de él, para explicar y fundamentar la necesidad

de cambio social. Dando inicio a la aparición de lo que hemos llamado

marxismo académico, entendido como un análisis cientí

fi co de las teorías de

Marx y del marxismo, de manera de someterlas a la crítica epistemológica.

Este proceso se ha llevado a cabo con serios obstáculos desde la década de

los ´90, debido a la aparición de nuevos sacerdotes del pensamiento que

anatemizan o canonizan a priori a las ideas marxistas, nos referimos a los

movimientos intelectuales neoliberales y marxistas-globalifóbicos. Por eso

seguimos lejos de la conclusión planteada por Wallerstein, quien de

fi ende

la herencia irrenunciable para las ciencias sociales de los legados de sus

tres autores clásicos: Marx, Durkheim y Weber.

26

3.-Cuando América Latina se ha atrevido a pensarse sin sujeción a

cartabones, a pensarse sin más.

En esta sección queremos llamar la atención hacia aquellos

momentos estelares de la producción de pensamiento radicalmente

latinoamericano. Si bien hubo un primer momento en que gran parte del

pensamiento europeo se hacía desde América Latina y un segundo momento

en que el pensamiento europeo va a ser repensado desde Latinoamérica,

aquí nos queremos referir a un tercer momento, que no por casualidad

comienza desde

fi nales del siglo XIX, cuando las nuevas repúblicas

intentan generar voz propia sobre sus propios asuntos y diversos grupos

intelectuales deciden pensar nuestra región sin camisas de fuerza previas

y sin clichés ni cartabones se disponen a ejercer una voluntad radical de

26 .-“(…) lo que ha tratado de argumentarse por Wallerstein al resumir la “cultura sociológica”,

es que esta pudiera sintetizarse en tres axiomas o proposiciones claves: la realidad de los

hechos sociales (Durkheim), el carácter perenne y permanente del con

fl icto social (Marx), y

la existencia de mecanismos de legitimación que regulan y contienen los con

fl ictos (Weber).”

(López Segrera, 1999: 12)

Doctrinas e ideas políticas

24

conocernos desde lo que realmente somos, desde nuestra originalidad, es

decir: pensarnos sin más.

El camino recorrido en estos poco más de cien años, ha sido

frondoso y exuberante. Se ha escogido asentarse en una dimensión de

la realidad latinoamericana y desde ahí re

fl exionar acerca de nuestra

originalidad. Han sido muchas y vigorosas las aportaciones de estos

movimientos intelectuales que como norma, siempre se han desarrollado

simultáneamente a escala regional, incorporando a varios países como

productores de las re

fl exiones y a todos los países latinoamericanos sin

excepción, como consumidores, divulgadores y aplicadores de dichas

orientaciones a nivel de cada nación. Podría a

fi rmarse de entrada que cada

uno de estos momentos de pensarse sin más, ha sido hecho desde una

vocación de sentirse parte de un todo mayor a su propio país de origen, es

decir una vocación latinoamericana. En vista de la necesidad de ser breve,

escogeremos sólo una pequeña muestra proveniente de los siguientes seis

campos intelectuales: la literatura, las artes plásticas, el pensamiento étnico,

la economía, la religión y el pensamiento político.

3.1.-Pensarnos sin más desde la literatura: Modernismo, Criollismo y

Realismo Mágico o lo Real Maravilloso

.

El primer campo intelectual en donde pensamos hubo la voluntad

plenamente consciente de asumir nuestra originalidad, fue en el campo

literario. No es que anteriormente no haya habido intentos de re

fl exión

sobre nuestra especi

fi cidad, pero casi siempre las mismas se realizaron

desde una posición carencial por la no concordancia con lo europeo, visto

esto como una limitación más antes que una demostración de nuestra

especi

fi cidad.

Doctrinas e ideas políticas

25

Queremos resaltar el papel de tres movimientos literarios

latinoamericanos ocurridos desde

fi nales del siglo XIX y continuados dos

de ellos hasta el primer tercio del XX y el tercero, vigente hasta nuestros

días. Me re

fi ero respectivamente al Modernismo, al Criollismo y al

Realismo Mágico. Si utilizamos el criterio de la relación América Latina-

Mundo podríamos reunir los tres movimientos literarios en dos grupos: el

primero, conformado por el Modernismo, que es un intento por revisar el

Mundo para reimplantarlo con entera libertad en Latinoamérica. Mientras el

segundo grupo conformado por el Criollismo y el Realismo Mágico, es un

intento de profundizar en lo que somos como latinoamericanos y demostrar

así nuestra originalidad y nuestro derecho a formar parte de lo universal,

entendiendo que lo universal no es una cualidad a priori de ningún pueblo

en especial, sino que lo universal se construye en la convivencia de todos

los particulares posibles, pues lo universal siempre es un constructo teórico

y no una vivencia histórica.

Con el Modernismo

27 América Latina presencia la voluntad

de apropiarse del mundo europeo

28, estadounidense y asíatico29 de

distintas épocas, confrontarlo con lo nuestro criollo e indígena y crear un

nuevo producto, el cual se le devuelve al mundo pero ya con impronta

latinoamericana signada por el progreso. Se renovarán los lenguajes

27 .-“Fue el poeta nicaragüense Rubén Darío quien bautizó el movimiento: en 1890 cali

fi có de

modernistas a un grupo no muy numeroso de intelectuales jóvenes hispanoamericanos que

habían asumido, cada uno por su cuenta, una actitud crítica de rechazo frente a la literatura

que venía produciendo el Romanticismo en lengua castellana. Esta actitud de rechazo se

complementaba con el deseo de modernizar la prosa y el verso, y de incorporarlos al espíritu

de progreso que hacia

fi nes del siglo diecinueve, envolvía todas las manifestaciones de la

inteligencia.” (Sambrano Urdaneta y Miliani, 1999,a: 305)

28 .-“Casi todos ellos dominan varias lenguas y poseen conocimiento minucioso sobre lo

moderno europeo…Visitan los grandes museos y concurren a los teatros y a las salas de

concierto del Viejo Mundo. Les interesan los sociólogos, los

fi lósofos, los historiadores. Junto

a lo contemporáneo les llama la atención las manifestaciones artísticas de otras épocas.

Vuelven los ojos hacia las culturas clásicas de Grecia y Roma, hacia el Renacimiento y el

siglo dieciocho desdeñados por los románticos. Estudian a los creadores excepcionales de

Norte América, Francia, Suecia. Se maravillan ante la mitología escandinava.” (Sambrano

Urdaneta y Miliani, 1999,a: 306)

29 .-“En sus exploraciones intelectuales van más allá de Europa y descubren el Lejano

Oriente. La India y el budismo son una novedad. Las japonerías y las chinerías se ponen de

moda.” (Sambrano Urdaneta y Miliani, 1999,a: 306)

Doctrinas e ideas políticas

26

literarios

30 y se reutilizarán las lenguas privilegiando el contacto y mezcla

entre ellas, antes que la conservación de su “pureza”. Simultáneamente

y como consecuencia del movimiento modernista, se promueve la

necesaria creación de un hombre nuevo con vocación universalista antes

que regionalista o nacionalista. Surge de esta forma una manera de ver

al mundo desde Latinoamérica que aún hoy sigue siendo parte de cierta

manera de nuestro ser: el cosmopolitismo

31. Cosmopolitismo que si lo

analizamos desde el punto de vista de la globalización actual pudiera ser

cali

fi cado de pionero, independientemente de la connotación positiva o

negativa que quiera dársele a tal cali

fi cación. Lo que nos interesa señalar

es la posibilidad de recurrir al acervo que el pensamiento latinoamericano

tiene en el Modernismo, pues parte de sus prácticas y teorías estamos

seguro que ayudarían a enfrentar mejor la discusión sobre los procesos de

globalización desde América Latina.

El segundo movimiento literario al cual queremos hacer mención

es al Criollismo

32, cuya cronología va a coincidir con el Modernismo, desde

fi

nales del XIX33 al primer tercio del siglo XX, lo que propiciara los contactos

y entrecruzamientos de algunos autores que o pudieran ser clasi

fi cados

según la obra que tomemos como referencia en ambos movimientos, o

en uno sólo de ellos pero con innegables in

fl uencias formales, estilísticas

30 .-“Este deseo de remozar el idioma poético, de enriquecerlo con giros y palabras antiguas,

con voces y construcciones imitadas de lenguas extranjeras, produjo una revolución formal

en la prosa y en el verso…El libro que señala el resurgimiento de la versi

fi cación irregular

en la literatura es Prosas Profanas, de Rubén Darío, publicado en Buenos Aires en 1896. El

movimiento, como se ve, principia en América: es re

fl ejo del movimiento a favor del moderno

verso libre, que tiene su centro en Francia y de allí irradia a muchos países.” (Sambrano

Urdaneta y Miliani, 1999,a: 314)

31 .-Ver Salomón, 1986

32 .-“El Criollismo no es sino un estadio del Americanismo literario. Sus raíces más lejanas

están en las cartas y relaciones, en las crónicas e historias de los descubridores y exploradores

europeos.” (Sambrano Urdaneta y Miliani, 1999,a: 380)

33 .-“El uso más antiguo de esta palabra que hemos podido documentar en Venezuela, se

remonta a 1895, cuando Pedro-Emilio Coll cali

fi có como paladín del criollismo a Luis Manuel

Urbaneja Achelpohl, por considerarlo como el mayor expositor entre nosotros de aquella

corriente literaria.” (Sambrano Urdaneta y Miliani, 1999,a: 379)

Doctrinas e ideas políticas

27

o de temas del otro movimiento

34. El Criollismo se convierte en una

proposición literaria que reivindicará de manera reiterada, la necesidad de

que la literatura esté llena de los colores locales, que la literatura de cuenta

–a su manera- de la realidad nacional

35, como una manera de reafi rmar

nuestra independencia

36. A la par de esa predilección temática, en el plano

estrictamente literario surgirá con un deseo de renovación de los modos

expresivos que se pensaban ya inadecuados en las prácticas de la literatura

romántica, predominante para ese momento en nuestra región.

El tercer movimiento literario será el Realismo Mágico

37, surgido

a partir de las re

fl exiones de tres latinoamericanos exiliados en París en

la década de los ´30 del siglo XX. Nos referimos al guatemalteco Miguel

Ángel Asturias

38, el cubano Alejo Carpentier y el venezolano Arturo Uslar

Pietri. El trío de autores innovarán en la forma de presentar la realidad

latinoamericana

39, ya no a la manera bidimensional del movimiento

34 .-“(…) estas dos tendencias antagónicas del alma hispanoamericana no podían

mantenerse como el agua y el aceite. Es indudable la con

fl uencia de temas criollistas con

formas modernistas de estilo, por ejemplo, en novelas como

Ídolos rotos y Peregrina de Díaz

Rodríguez. Indudable también en poemas como los del zuliano Odón Pérez (1871-1926),

el aragüeño Sergio Medina (1882-1933) o el barinés Alfredo Arvelo Larriva (1883-1934).”

(Sambrano Urdaneta y Miliani, 1999,a: 382-383)

35 .-“De criollo se deriva

Criollismo. Con este vocablo se designa a fi nes del siglo diecinueve

una corriente literaria que se basa exclusivamente en temas propios y característicos de

un país o región, relacionados particularmente con los aspectos de la vida popular y los

ambientes rurales, por entenderse que unos y otros representan lo más genuino y auténtico

del alma nacional.” (Sambrano Urdaneta y Miliani: 1999,a: 379)

36 .-“(…) en 1895, Luis Manuel Urbaneja Achelpohl sostenía que la expresión de la realidad

nacional a través de una literatura impregnada de elementos criollos, era un signo de

independencia y soberanía…” (Sambrano Urdaneta y Miliani, 1999,a: 384)

37 .-Acerca del origen del término de Realismo Mágico se a

fi rma lo siguiente: “En 1925,

un crítico alemán, Franz Roh, al estudiar los pintores del movimiento post-expresionista

de su país y de Europa, publicaba un libro titulado

Realismo mágico. Post-expresionismo.

Problemas de la pintura europea más reciente

. Con la misma fecha de aparición del libro en

alemán, era traducido al español por Fernando Vela y editado en Madrid por la Revista de

Occidente.” (Sambrano Urdaneta y Miliani, 1999,b: 278)

38 .-“Asturias conoce y estrecha contactos con escritores que comenzaban a agitar el

ambiente intelectual de París con las ideas del surrealismo: André Bretón, Valéry Larbaud

y junto a ellos, un grupo de latinoamericanos que había llegado a la capital francesa, bajo

presiones de las dictaduras de los años 20. Entre los llamados a

fi gurar como auténticos

renovadores de la prosa narrativa

fi guraban el venezolano Arturo Uslar Pietri y el cubano

Alejo Carpentier.” (Sambrano Urdaneta y Miliani, 1999,b: 280)

Doctrinas e ideas políticas

28

narrativo regional, emparentado con el criollismo, sino asumiendo una

tridimensionalidad

40 de la narración con aparición simultánea de distintas

circunstancias temporales, las cuales no se suceden cronológicamente

sino que existen isocrónicamente

41, permitiendo mostrar el paralelismo de

realidades posibles de analizar simultáneamente desde distintas lógicas,

siendo cali

fi cada esta conjunción como mágica y no mística42 que dará pie

a lo que será denominado como literatura fantástica.

El movimiento luego se extenderá hasta nuestros días a todo el

continente latinoamericano, manteniendo desde sus inicios una voluntad

de conocer y explorar nuestra realidad e interpretarla usando los aportes

del Freud inicial y revalorizando nuestras culturas indígenas como en el

caso de Asturias; las culturas africanas en la escritura de Carpentier y la

reescritura de la historia patria novelada en la obra de Uslar Pietri.

39 .-“Los jóvenes hispanoamericanos se desvelaban por hallar en las recónditas materias

de su Continente, unos fermentos naturales, menos intelectualizados, de lo que estaban

preconizando los surrealistas: es decir, el retorno al mundo primitivo, la posibilidad artística

de los tabúes y del pensamiento totémico, estudiados por Freud desde 1913.” (Sambrano

Urdaneta y Miliani, 1999,b: 280)

40 .-“En la novela del realismo mágico, el personaje adquiría una tercera dimensión recóndita,

expresada a través de estados alucinatorios, o de monólogos interiores. Con diversos

recursos, su interioridad emergía ahora a participar en contrapunteo con la conducta externa.

Al mismo tiempo, esas tres dimensiones no tenían por qué guardar la simetría rotunda de

sus secuencias individuales. Es decir, no tenían por qué aparecer primero la infancia, luego

la adolescencia, en seguida la madurez y luego los estados seniles. Las tres dimensiones se

alternan y entrecruzan, se dislocan o conviven a través de la incorporación del

fl uir psíquico

de los planos subconscientes e inconscientes, al lado del racionalismo psíquico exterior de

la conciencia, dominada por el autor desde fuera de la novela misma.” (Sambrano Urdaneta

y Miliani, 1999,b: 283)

41 .-“A diferencia del regionalismo que se proponía retratar objetivamente la naturaleza y

pintar externamente la

fi sonomía ético-física de los hombres hispanoamericanos, los nuevos

narradores sondean la convivencia de épocas históricas distanciadas en las cronologías

o

fi ciales de la historia, pero isócronas en la realidad cotidiana de América. Esa convivencia

tiene carácter de con

fl uencias históricas insólitas pero no fortuitas, sino fi siológicamente

reales en nuestro acontecer de pueblo.” (Sambrano Urdaneta y Miliani, 1999,b: 281)

42 .-“Con la palabra mágico, quiere exponer un concepto diferente de místico. En el realismo

mágico, “el misterio no desciende al mundo representado, sino que se esconde y palpita

tras él”.” (Sambrano Urdaneta y Miliani, 1999,b: 279). Hoy podríamos catalogar como un

uso inadecuado de ambos términos a la luz de la fenomenología de la religión, pero como el

término Realismo Mágico hizo fortuna, continuamos haciendo alusión a dicho nombre para

este estilo literario.

Doctrinas e ideas políticas

29

3.2.-Pensarnos sin más desde las Artes Plásticas: el Barroco

Americano

.

El movimiento plástico del Barroco Americano

43, a diferencia

de los movimientos literarios, no fue concebido a partir de re

fl exiones

sobre lo pensado europeo o americano, sino que fue producto del mundo

de lo vivido, de la propia práctica plástica de los sujetos americanos o

americanizados que dando rienda suelta a su imaginación, se dieron a la

tarea de capturar a través de lo sensible la exuberante naturaleza-natural y

naturaleza-social de una ecobase en proceso de domesticación incipiente y

sobre todo, en proceso de creación de una nueva sensibilidad para el color,

la forma, los temas y la composición. Para el logro de este

fi n contribuyó el

cambio de perspectiva en el tratamiento plástico que aconteció en la Iglesia

Católica americana desde mediados del siglo XVI hasta mediados del siglo

XVII –guiada por el espíritu de Trento

44– el cual fue reconocer al indígena,

reconocerse mestiza y comprender que el proceso de cristianización tenía

que ser gradual y dialogal

45, tal como aconsejaba la experiencia eclesiástica

desde los procesos de la temprana evangelización de la Europa germana y

británica.

El primer puente que atravesará esa sensibilidad será el de la

comunicación con el más allá paradisíaco o terrible traído por la religión

católica en sus dos Testamentos y en su Teología tridentina, los escenarios

43 .-“(…) se instauró una nueva política de la imagen hecha posible por el éxito de una

estrategia eclesiástica, el desarrollo del medio artístico y el ascenso de una población criolla

y mestiza. Entre 1550 y 1650 fue cuando se desarrollo por etapas la imagen barroca colonial.”

(Gruzinski, 1999: 538)

44 .-“En consonancia con el concilio de Trento, la Iglesia mexicana alentó un cristianismo

más receptivo de las formas tradicionales, que favoreció el culto de la Virgen y el de los

santos y fomentó la difusión de modalidades exitosas de la piedad ibérica. Al antiguo espacio

mesoamericano, saturado de ídolos, debía suceder un nuevo espacio poblado por los santos

y sus imágenes, bajo la dirección de un clero que aprovechaba decididamente milagros y

prodigios para atraer a las masas.” (Gruzinski, 1999: 537)

45 .-“En vez de intensi

fi car las rupturas con el pasado prehispánico, la Iglesia prefi rió enfocar

un doble objetivo: asegurar las condiciones de una transición gradual del pasado autóctono

al presente colonial, y fomentar el intercambio entre las diversas poblaciones de la Nueva

España (españoles, negros, mulatos, mestizos, indios), a las que alentó a abrazar las mismas

creencias y prácticas.” (Gruzinski, 1999: 537)

Doctrinas e ideas políticas

30

para la experiencia plástica serán fundamentalmente las Iglesias, Ermitas,

Capillas y luego la imaginería

46 popular expresada en esculturas y pinturas

de tamaño pequeño, capaces de acompañar al creyente desde los altares

familiares. La ornamentación de las Iglesias se convertirá en el mayor acto

de educación del imaginario plástico de las sociedades latinoamericanos

entre los siglos XVI al XVIII. Ángeles y Vírgenes cada vez más parecidas

al indígena y al mestizo (Guadalupe

47, Coromoto, Copacabana48). La

vegetación y bestiario del Paraíso terrenal nada parecido a la iconografía

del Medio Oriente, sino a los animales americanos y a la

fl ora de anchas

hojas y enredaderas as

fi xiantes de las selvas continentales. Desde Brasil

Alejandinho sigue sorprendiendo al mundo. Aún hoy las Iglesias de Lima,

Ecuador, México, Minas Gerais, Ouro Preto, Ciudad Antigua y tantas otras,

educan la sensibilidad americana y mundial, exponiendo a quien quiera

leerlo, el torrente de originalidad imaginaria de América.

El Barroco Americano no fue una simple copia del Barroco Europeo,

sino que fue la manera como una idea de la armonía, la composición y de lo

que debería ser la relación entre la razón y lo sensible, postulada en Europa,

alcanzó su pleno desarrollo y autonomía en América

49, para ser convertida

de esa manera, en una idea universal

50, posibilitando que hoy en día en la

46 .-“Se insistió en lo que la réplica encerraba del prototipo: la presencia divina, o, lo que es

lo mismo en el presente caso, la presencia mariana: “yo (=María) me encuentro presente en

las imágenes…”.” (Gruzinski, 1999: 547)

47 .-“La imagen guadalupana está vinculada con el Cerro del Tepeyac, cerro tosco, pedregoso

y estéril donde la Virgen ordenó se le erigiera un santuario. La aparición mariana, y luego

la imagen, instauraron y concretaron la apropiación física de un espacio pagano poco antes

consagrado a cultos idólatras. La toma de posesión se efectuó a través del medio concreto

de la imagen, puesto que ésta era, literalmente, una “forma divina”.” (Gruzinski, 1999: 545)

48 .-“El culto de la Virgen de Copacabana fue, por muchos conceptos, el equivalente de la

Virgen de Guadalupe (en los Andes, nota mía). Éste partió de una iniciativa indígena que

los clérigos pronto hicieron suya: “María sustituye al ídolo Copacabana apoderándose de

su nombre, cosa no usual, pues Calancha indica ´que no (se) halla en la cristiandad imagen

de la Virgen que tenga el nombre del ídolo que en aquella parte se adoraba”.” (Gruzinski,

1999: 562)

49 .-“Sacheverell Sitwell, el arquitecto y poeta, que ha dedicado largos viajes y buenos

libros al arte barroco, dice que de sus ocho obras maestras arquitectónicas, cuatro están en

México: el Sagrario Metropolitano, el Convento de los jesuitas en Tepoztlán, Santa Rosa de

Querétaro y la Parroquia de Tasco.” (Henríquez Ureña, 1978: 116)

50 .-“América creó en el siglo XVII su gran estilo barroco de construcción y ornamentación,

que a veces re

fl uyó sobre España, dueña de otro bien distinto, y aún atravesó los Pirineos…”

(Henríquez Ureña, 1978: 116)

Doctrinas e ideas políticas

31

historia de la plástica mundial el Barroco sea concebido, no tan sólo como

un período de la plástica europea sino como un estado del espíritu plástico

universal, cuya expresión puede ser detectada por la mirada entrenada, en

Europa, en América, pero también al menos en Asia.

Y ahí está uno de los principales aportes de la práctica de lo

sensible en nuestra América, que será tardíamente en el siglo XX, cuando

esa práctica vivida se convierta en una práctica pensada y se convierta así

en un aporte a la historia de la plástica mundial.

3.3.-Pensarnos sin más desde el pensamiento étnico: Criollismo,

Indigenismo y Negritud

.

Uno de los terrenos del pensamiento más fértil que ha desarrollado

América Latina es el de lo étnico y la etnicidad de los humanos del

Nuevo Mundo. El descubrimiento para el europeo de un tipo humano

que no estaba registrado en la Biblia, constituyó una angustiosa sacudida

sobre su concepción del mundo. Los habitantes de estos territorios

fueron incorporados al mundo conocido por los europeos a partir de

una denominación de origen cuyo punto de partida era errado. Por creer

que se había llegado a la India se les llamó Indígenas, palabra que con

el tiempo ha venido a homologarse con la palabra aborigen (ab-origen,

desde los orígenes). De esta forma surgía un nuevo tipo humano a los ojos

europeos

51, el cual pronto se vería aumentado con la refl exión acerca de

cual era la particularidad de los españoles nacidos en América, los críos,

los Criollos

52.

En la medida que aumentó la traída de esclavos negros de África

y la mezcla entre los diversos componentes iniciales –ya heterogéneos

51 .-Es adecuado preguntarse como fueron incorporados los europeos a la tipología de

humanidad que manejaban los distintos grupos de aborígenes americanos. Recomendamos

los cuatro volúmenes de “De Palabra y Obra en el Nuevo Mundo”, publicado por Siglo XXI,

en las que participaron varios autores (ver AAVV, 1992.a, 1992.b, 1993 y 1995)

52 .-Ver González Ordosgoitti, 2004

Doctrinas e ideas políticas

32

ellos mismos- los españoles (castellanos, andaluces, extremeños, vascos,

catalanes, navarros, aragoneses), los indígenas (intensísima variedad) y los

negros africanos, la sociedad fue derivando en una organización jerárquica

en base al color, de manera tal que en la cúspide estaba el color blanco

53,

luego diversos tipos de mestizo con blanco, mestizos con indios, mestizos

con negro y

fi nalmente los negros. Esta sociedad de barreras de color se

mantuvo más allá de la secesión de España y la creación de las nuevas

repúblicas, aún hoy en día se encuentran rastros de esta clasi

fi cación en

ciertos ámbitos de lo societal y de la socialidad latinoamericana.

Tal clasi

fi cación de la sociedad de barreras de color buscaría no sólo

un sustento jurídico en la copiosa producción de las leyes de indias, sino

que también daría paso a una re

fl exión y acción política y a partir del siglo

XX, a una re

fl exión en las esferas de las ciencias sociales principalmente

en la Antropología. Surgirá así la acción política de las insurrecciones de

indios

54, de negros55 y de criollos, justifi cadas a partir de un rechazo a

las barreras del color, incluyendo en este último (los criollos), además del

color el lugar de nacimiento: peninsular, las Canarias y América.

En los propios inicios del siglo XX -debido a la impronta de la

Revolución Mexicana- se logrará levantar la bandera de la reivindicación

del elemento indígena de la sociedad mexicana y prontamente, con

la participación de los peruanos Haya de la Torre y Mariátegui, la

reivindicación del indígena alcanzará extensión latinoamericana

56.

En la década de los sesenta, se hará lo propio con el elemento

negro-africano de nuestra constitución étnica a través del Movimiento de

53 .- Primero el peninsular, luego el hijo del peninsular en América y

fi nalmente el de origen

canario o “blanco de orilla”.

54 .-Ver la excelente recopilación de los testimonios escritos de los levantamientos indígenas

hasta el siglo XX, realizado por Lienhard, 1992

55 -Para saber sobre el fenómeno del cimarronaje ver Price, 1981

56 .-Por ejemplo en Venezuela la reivindicación del Indígena estará en el Programa del

Partido Democrático Nacional (PDN) -fundado en octubre de 1936- el antecedente inmediato

de Acción Democrática (Romero, 2005: 50).

Doctrinas e ideas políticas

33

la Negritud desarrollado en El Caribe, distinto en sus inicios al movimiento

de reivindicación de los negros en EEUU y en el Caribe Anglosajón, aunque

con el tiempo, a partir de la década de los ´90 del siglo XX, tenderán a

converger –al menos como antecedente- de los actuales movimientos de

reivindicación de lo negro-africano.

Este movimiento de la Negritud

57 surgido en una época de

descolonización africana, asiática y caribeña, estará marcado por una

reivindicación política de la cultura de los descendientes de esclavos,

de su dignidad cultural y étnica. Se revalorizará y se reintroducirá en el

vocablo el término cimarrón, como sinónimo de esfuerzos de la lucha por

la libertad. Esta reivindicación cultural y política se convertirá también

en estética (Black is beatiful) y se activarán vasos comunicantes entre la

Negritud franco antillana y el Movimiento en Defensa de los Derechos

de la Gente de Color encabezado por Luther King en EEUU y la música

Reggae y la religión Rastafari de Jamaica, que se había convertido en uno

de los factores más dinámicos de la identidad negro-africana-antillanaanglosajona.

La comunicación entre la Negritud franco antillana y el movimiento

reivindicativo negro-africano-anglosajón

fl uyó en ambas direcciones sin

obstáculos, debido a que la condición del negro-africano en ambos tipos

de sociedades era similar, su comportamiento era el de una minoría étnica,

que luchaba contra el sociocentrismo blanco-europeo. Los problemas de

incompatibilidad histórica se manifestarán cuando ambos movimientos

se expandan en actitud colonizadora ideologizadora hacia las Américas

Españolas y Portuguesa (Brasil), pues en ambas Américas el negro -en

algunas de las naciones- no era visto como una minoría sociológica sino

como un elemento central de creación de la nacionalidad, como es el caso

de las antillas hispano parlantes, Venezuela, Colombia y Brasil. Por obviar

esta realidad el movimiento negro-anglosajón (ya que el franco caribeño

perdió espesor), se convirtió en un exportador mesiánico de ideología,

57 .-Ver Depestre, 1977

Doctrinas e ideas políticas

34

intentando presentar la situación del negro latinoamericano como similar

a la situación de sus homólogos en la América Sajona, craso error que

sigue produciendo una falsa conciencia e imposibilidad de comprender la

especi

fi cidad latinoamericana del componente negro-africano.

3.4.-Pensarnos sin más desde la economía: la Teoría de la

Dependencia

.

Con la Teoría

58 de la Dependencia59 podemos afi rmar, que es la

primera vez que alcanzamos el máximo nivel posible de explicación acerca

de nuestra articulación económica con el mundo, expresado de una manera

genético estructural. No es que no hubiesen existido intentos de dar cuenta

de cómo debía ser nuestra articulación económica con el mundo, lo que

sucede es que pensamos que tanto la teoría dominante en el siglo XIX (el

liberalismo), como las tres teorías del siglo XX (estructural-funcionalista,

marxismo estaliniano y pensamiento cepalino), planteaban simplemente

maneras de adecuarnos completamente al funcionamiento de la economía

mundial

60. Aceptando por completo la lógica de explicación de los sectores

dominantes, acerca de cuáles son los mecanismos de funcionamiento de

la economía mundial, presentados como comportamientos naturales y

deseables, acerca de los cuales América Latina sólo debía tratar de aceptar

58 .-El uso del término Teoría movió a polémica en su momento, en este caso lo utilizamos

para señalar todos los aportes hechos a la discusión por ambos grupos: “La visión de la

dependencia en Fernando Enrique Cardoso y Enzo Faletto, denominado “enfoque de la

dependencia” para diferenciarlo de la “teoría de la dependencia” de Marini, Dos Santos,

Bambirra y Gunder Frank”. (López Segrera, 1999: 19)

59 .-Según “Theotonio dos Santos: la dependencia es “una situación en la cual la economía

de un cierto grupo de países está condicionada por el desarrollo y la expansión de otra

economía, a la cual su propia economía está atada; una situación histórica que con

fi gura

la estructura de la economía mundial de tal manera que determinados países resultan

favorecidos en detrimento de otros, y que determina las posibilidades de desarrollo de las

economías internas”.” (López Segrera, 1999: 18)

60 .-“A

fi nes de los años cincuenta el futuro de América Latina era visualizado a través de los

paradigmas estructural-funcionalista, del marxismo tradicional (y luego de la nueva versión

que emergió como resultado de la revolución cubana) y del pensamiento desarrollista de

CEPAL…la falla del funcionalismo fue considerar que se podría reproducir en la periferia

el esquema clásico de desarrollo capitalista del centro –tesis validada por el marxismo

tradicional, que visualizaba a América Latina como una sociedad feudal- y la de CEPAL

pensar que sólo con la sustitución de las importaciones y un Estado y un sector público

fuertes se obtendría el desarrollo…” (López Segrera, 1999: 16)

Doctrinas e ideas políticas

35

y comprender mejor esa lógica para que la adaptación fuese exitosa. Esta

adecuación a la economía mundial partía del supuesto de la inevitabilidad

de la lógica de la misma –explicada desde los países centro con el mayor

europeísmo posible- acerca de la cual, la única actitud racional esperable de

América Latina sería el de la adecuación sumisa a tales planteamientos.

Ante estas cuatro Teorías, discrepa en forma, contenido y talante

la Teoría de la Dependencia, pues en esta se intenta pensar desde nosotros

mismos, cómo ha sido nuestra incorporación forzada al sistema capitalista

mundial y cómo además esta incorporación, no sólo nos ha convertido de

manera inevitable en subdesarrollados, sino -una contribución especial de

esta Teoría- que podía darse de otra forma nuestra vinculación a la economía

mundial, siempre que optáramos voluntariamente por el desarrollo de

nuestra propia personalidad económica como región, que aspirara a una

mejora en nuestra posición en el intercambio, que apuntara al desarrollo

de un aparato económico y político autónomo que nos llevara con nuestros

propios colores hacia el desarrollo.

Esta explicación genética de la incorporación de América Latina

al Mercado mundial, hoy en día –a través de la corriente llamada de

estudios postcoloniales- llega hasta el extremo –un aporte importantísimode

decir, que el propio surgimiento del sistema capitalista mundial sólo

pudo ser posible por el encadenamiento de las economías americanas y

oeste africanas, bajo la égida de la economía europea occidental. Que sólo

así puede hablarse en adelante de sistema capitalista mundial y que es en

la propia génesis del actual capitalismo mundial en donde se explica la

sumisión dependiente de nuestras economías y no como un simple retraso

atribuible a nuestros propios ritmos de desarrollo. Y además, la Teoría de

la Dependencia se atrevía a señalar que otra ruta era posible y deseable

para nuestras economías. La ruta del desarrollo pasaba entonces también

no sólo por aumentar la capacidad de nuestros aparatos productivos, sino

también en eliminar el carácter dependiente. Si bien es cierto que esta

Doctrinas e ideas políticas

36

explicación estructural será considerada -en el desarrollo de la discusióncomo

insu

fi ciente, por descuidar o desconocer por completo los factores

internos económicos y extraeconómicos que intervienen en el proceso de

subdesarrollo latinoamericano, no menos es verdad que gran parte de la

explicación genético estructural expresada en la Teoría de la Dependencia

sigue teniendo validez teórica, económica e histórica. Pudiéramos decir que

la Teoría de la Dependencia mostró algunas de las causas necesarias que

históricamente han condicionado el desarrollo económico latinoamericano,

pero que esas condiciones necesarias no son condición su

fi ciente, ni para

explicarnos lo que somos económicamente, ni mucho menos para de ahí

partir como base para la elaboración de un nuevo modelo de desarrollo

61.

3.5.-Pensarnos sin más desde la Religión: la Teología de la

Liberación

62.

En el terreno de la ciencia teológica, América Latina desde los

momentos iniciales de su conformación en el siglo XVI, ha sido terreno

fértil para la re

fl exión intelectual, bastaría recordar toda la discusión acerca

de la animalidad o humanidad de los indígenas y de la justeza moral o no

de la conquista, discusiones que aportaron mucho para la transformación

de ciertas nociones de la Teología Fundamental, la Teología Bíblica y la

Teología Moral. Por eso podemos a

fi rmar que para la ciencia teológica

cristiana -e incluso podríamos hoy añadir la Teología de las Religioneslas

re

fl exiones surgidas desde Latinoamérica han signifi cado importantes

61 .-“(…) la Escuela de la Dependencia, en su crítica al denominado capitalismo dependiente

latinoamericano, no fue capaz de ofrecer una re

fl exión con resultados viable acerca de

cómo construir un modelo alternativo de sociedad…El defecto esencial de la Teoría de la

Dependencia fue el no haber percibido que ningún sistema puede ser independiente del

sistema-histórico actual, de la economía mundial.” (López Segrera, 1999: 16)

62 .-Siendo tan numerosa la bibliografía sobre la Teología de la Liberación, remitimos al lector

para un acercamiento inmediato y básico léase a Scannone, 1997-1998; si quiere una lectura

del teólogo pionero ver a Gutiérrez, 1991; si quiere profundizar léase los dos dossier de

AAVV, 1988 y Vekemans y Cordero 1988; si quiere conocer parte de la polémica desatada en

América Latina ver Cedial 1988.a, R. Jiménez, 1987, R. Jiménez, 1988 y CEDIAL, 1988.b. Si

se quiere introducir al impacto mundial de la TdlL, ver los números que la Revista Concilium

le dedicó al tema: 92 (febrero 1974), 96 (junio 1974), 192 (marzo 1984) y 219 (septiembre

1988). Toda esta bibliografía puede ser consultada en el Instituto de Teología para Religiosos

(ITER)-Facultad de Teología de la UCAB, Caracas.

Doctrinas e ideas políticas

37

aportes a nivel mundial. Pero luego del período esplendoroso del siglo

XVI y debido al surgimiento de centros académicos teológicos dirigidos

por la escolástica tradicional española, estos impulsos altamente creativos

decayeron y fueron sustituidos por una Teología Normal –en el sentido

de Kuhn

63– que buscaba más la formación de pastores antes que de

teólogos independientes

64, lo que llevó a crear generaciones de teólogos

encargados de traducir las re

fl exiones europeas para su mejor comprensión

y acatamiento en nuestra región, independientemente que las mismas no

pudieran explicar nuestra especi

fi cidad, tal como había sido hecho en el

siglo XVI.

Pasarán varios siglos –del XVI al XX- para que en una Iglesia

cada vez más americana, pudiera retomarse la necesidad de hacer teología

con la cara vuelta a la realidad regional y este es el principal mérito de la

corriente teológica conocida como Teología de la Liberación: el atreverse

a dar cuenta teológicamente de América Latina.

Esta corriente teológica surge en los tempranos años 70

65,

precedida por dos series de eventos, de resonancia mundial uno y de

resonancia americana el otro. Nos referimos a la culminación del Concilio

Ecuménico del Vaticano II y a la Conferencia Episcopal de América Latina

reunida en Medellín en 1968, seguida posteriormente por la Conferencia

Episcopal convocada en Puebla.

La Teología de la Liberación surge como corriente teológica dentro

del pluralismo teológico de la Iglesia Católica, intentando hacer sólo suyo,

el principio de la “opción por los pobres” y añadiéndole como método de

estudio de análisis de la realidad, lo que los principales teólogos como

63 .-Una de las características de esta ciencia normal (teología normal) es que: “Debido

a que se reune con hombres que aprenden las bases de su campo cientí

fi co a partir de

los mismos modelos concretos, su práctica subsiguiente raramente despertará desacuerdos

sobre los fundamentos claramente expresados.” (Kuhn, 1982: 34)

64 .- No del Magisterio por supuesto, sino una independencia entendida como libertad de

investigación, la que en diversos grados se mantenía en Salamanca por ejemplo.

65 .-Ver Gutiérrez, 1991.

Doctrinas e ideas políticas

38

Gutiérrez y los hermanos Boff consideraban que era el marxismo. Visto

desde la Iglesia, lucía como una opción política vinculada a la izquierda

marxista y visto desde el campo político de la sociedad, lucía como una

Iglesia de izquierda enfrentada a una Iglesia de derecha dirigida por las

jerarquías episcopales de todos los países americanos (excepto Brasil).

Esto fue lo fundamental de la puesta en escena inicial de la Teología de la

Liberación.

Quisiéramos analizar este movimiento desde los dos ángulos

principales que lo conformaron: una lectura marxista de la realidad

americana y su receptividad y confrontación en la Iglesia, no sólo con

las jerarquías episcopales, sino sobre todo, la confrontación con las otras

teologías que hacen y hacían vida en la Iglesia.

Sobre el primer punto, el privilegiar el análisis marxista de la

realidad, destaca sobremanera el escaso conocimiento que los teólogos

tenían –y tienen- de las Ciencias Sociales y de cómo a partir de esa

ignorancia, han obtenido patente de corso para producir simples caricaturas

de análisis social, que sólo sirven como factor de enmascaramiento

ideológico de lo que realmente sucede. Es incluso preocupante el constatar,

cómo teólogos que han tenido una formación rigurosa medida en años y

requisitos formales de estudio, han tenido la irresponsable ligereza de

pretender utilizar herramientas de análisis social sin ninguna preparación

previa, amparados en que no lo necesitan debido a la urgencia política de

la acción y me imagino también en la convicción de que por ser miembros

de la vida consagrada la mayoría –la participación de teólogos laicos es

muy posterior- y por lo tanto víctimas y defensores, de lo que se conoce

en la Eclesiología como Clericalismo, no necesitan estudiar previamente

las cosas mundanas, porque ya estas están contenidas en la visión de lo

sagrado (análisis fundamentalista que se ejerce en la práctica aunque se

niegue en la retórica) o simplemente por que piensan que cuentan con una

relación más estrecha con el Espíritu Santo que el común de los mortales

cientí

fi cos sociales.

Doctrinas e ideas políticas

39

Esta adopción acrítica del marxismo –lo cual en términos de

Marx signi

fi ca una contradicción- les impidió ver, que el marxismo es una

corriente del pensamiento cientí

fi co social, que en más de siglo y medio

de existencia cobija en su seno numerosas corrientes, de las cuales las más

atrasadas y superadas lógicas y teóricamente son las llamadas corrientes

estalinistas y maoístas, precisamente las más utilizadas por la izquierda en

Brasil y Perú en las décadas de los ´60 y ´70, los países donde primero prende

la Teología de la Liberación y que aportó el marxismo inicial de Gutiérrez

y de los Boff. Con esta limitación de origen, a la manera de plomo en el ala,

esta Teología de la Liberación, que en algunos momentos en palabras de

Boff, aspiró ser no sólo una teología más dentro del pluralismo teológico

de la Iglesia, sino la Teología por de

fi nición66, tuvo un vuelo corto (medido

en tiempos eclesiales). Porque la Teoría que hizo suya la Teología de la

Liberación fue la Teoría de la Dependencia, cuya capacidad explicativa del

todo social fue decayendo vertiginosamente, hasta que ya a principios de

los 70 –justo cuando la hacen suya los teólogos- había dejado de ser una

teoría de alcance general para transformarse –en el mejor de los casos- en

una teoría de alcance medio y sólo para explicar parte de la génesis de la

vinculación de América Latina al Sistema Capitalista Mundial.

Pero el otro ámbito de la discusión el propiamente intraeclesial que

nos interesa, es el de la confrontación de la Teología de la Liberación con

las otras Teologías que hacen vida en la Iglesia. Las discusiones mejores

se fueron desarrollando acerca de cuál es el alcance de la “opción por los

pobres”. Prontamente fue demostrado teológicamente que la “opción por

los pobres” siempre ha existido en la Iglesia, debido a que fue un mandato

de Jesús, expresado claramente en sus dichos y acciones. Por lo tanto la

Iglesia Universal rea

fi rmaba como doctrina ofi cial la opción por los pobres,

por que tal opción no era patrimonio particular de una Teología sino el

punto de partida de cualquier re

fl exión teológica. Esta discusión teológica

llevó a que el movimiento de la Teología de la Liberación adquiriera una

pluralidad tal, que pudiera albergar en su seno tendencias contrapuestas.

66.-Ver Boff, 1988

Doctrinas e ideas políticas

40

Ya los teólogos iniciadores del movimiento son parte importante de

la historia del mismo, pero muchos de sus postulados pertenecen más

al terreno de la historia de las ideas y de la arqueología del quehacer

teológico latinoamericano de las décadas de los ´70 y 80´, que al terreno de

la búsqueda por dar cuenta de los problemas actuales de América Latina.

En el haber de la Teología de la Liberación hay que anotar, que

fue un intento por parte de los teólogos latinoamericanos, de plantar cara

a las teologías europeas y europeizadas y demostrar que no son su

fi cientes

para explicar nuestra realidad. En segundo lugar, quedó comprobado que

en América Latina existe ya su

fi ciente desarrollo del quehacer teológico

como para intentar comprender efectivamente nuestra realidad. Y en tercer

lugar quedó demostrado, que haciendo Teología desde América Latina

puedes re

fl exionar sobre problemas de alcance universal actual, como el

de la pobreza. Lo que ha permitido que la Teología de la Liberación ya no

sea sólo una proposición para América Latina sino también para África,

Asia y recientemente para Europa y EEUU. Por supuesto ya estamos

hablando de una Teología de la Liberación en su cuarta década, pluralista

en su seno y pluralista porque convive con otras Teologías. Una Teología

de la Liberación que casi sólo guarda con sus fundadores una relación de

génesis histórica, pero cuyas principales formulaciones de análisis social

sólo merece una sonrisa de comprensión amistosa.

3.6.-Pensarnos sin más desde lo político: las nuevas Repúblicas, el

Neocolonialismo, el Populismo y el Socialismo en países atrasados

.

Una de las esferas en donde la impronta americana ha sido

especialmente creativa a nivel mundial es el de la política, nos atreveríamos

a a

fi rmar, que los dos últimos siglos –XIX y XX- han tenido en nuestras

tierras el escenario para la aplicación inicial de teorías políticas inventadas

en Europa, conjuntamente con la necesidad de pensar especi

fi cidades

inéditas producto del primer gran movimiento de descolonización habido

Doctrinas e ideas políticas

41

en el sistema capitalista mundial desde el siglo XVI. En tercer lugar,

observamos el surgimiento de respuestas originales que buscaban de manera

autónoma y decidida presentar soluciones políticas surgidas del pueblo

que realmente somos. Y un cuarto camino de la originalidad política, es

el de cómo podía darse un sistema sociopolítico socialista por elecciones

en un país atrasado

67, contribuyendo así a un segundo desmentido de las

profecías de Marx

68.

I

.-Abundará la literatura sobre esas cuatro realidades americanas, obligando

a crear teoría especí

fi ca para explicar lo ocurrido en nuestras tierras,

iniciándose esas teorías en el marco de un europeísmo enajenado que

intentaba explicar las desviaciones americanas al modelo europeo; derivando

lentamente a la comprensión de que no podía verse como desviación sino

como adecuación a nuestra realidad especí

fi ca y por lo tanto, ver en dicha

adecuación no una desviación, sino una invención legítima. Así sucedió

con la noción de República, re

fl exión que hay que realizar desde la premisa

de que es América (incluyendo la latina y la sajona), el continente que

durante más de dos siglos ha estado signado por regímenes republicanos

ininterrumpidamente (con la lamentable excepción de México), por lo

que se desprende que es el continente que más experiencia republicana

ha desarrollado y por lo tanto, el principal laboratorio para la creación

de teoría política republicana, muy por encima de Europa, que durante

los mismos dos siglos ha asistido intermitentemente en la mayoría de los

países, a regímenes republicanos y regímenes monárquicos, hasta que en la

67 .-El término de “país atrasado” es tomado de la jerga marxista de la época, no pretendemos

que tenga ningún otro alcance explicativo.

68 .-Hay que recordar que Marx preconizó la llegada del socialismo en los países más

desarrollados del sistema capitalista europeo, cuando primero ocurrió lo contrario con la

Rusia Zarista convertida en URSS, luego seguirían China, Europa Oriental, Corea del Norte,

Vietnam, Cuba. Estos ascensos al poder estuvieron precedido de la fuerza militar directa,

con lo que se predijo –no ya Marx, sino desde la III Internacional Comunista- que sólo en

los países desarrollados de Europa podía acceder el socialismo al poder por la vía de las

elecciones, como evidentemente se logró en los países nórdicos a principios del siglo XX

y se intentó sin éxito en Francia e Italia en la inmediata segunda postguerra, lo que si se

lograría de manera general y por razones que no podemos detallar en profundidad en este

trabajo, a

fi nales del siglo en España, Portugal y Alemania. Se concluía que en los países

subdesarrollados, del tercer mundo, era imposible acceder al socialismo por elecciones,

asunto que Allende lograría desmentir.

Doctrinas e ideas políticas

42

actualidad aun persisten gobiernos monárquicos y algunos híbridos como

las monarquías constitucionales de Gran Bretaña y de España.

Tendríamos entonces que pensar en la originalidad de los

regímenes republicanos de América y dentro de esta, separar el régimen

republicano de los EEUU, el régimen republicano de la América Española

y el régimen republicano de Brasil. Para el interés de este trabajo queremos

hacer hincapié en el relacionado con iberoamérica, por ser Venezuela parte

de la misma. En este sentido quisiéramos enfatizar que la implantación

de los regímenes republicanos en la América Española serán diferentes

según el país y la región de la cual hablemos y tendrán que luchar en sus

inicios, contra varios obstáculos; uno epistemológico, que será el de tratar

de imponer un sistema de gobierno producido por la realidad europea a

una realidad, como la americana, con antecedentes históricos en gran parte

diferentes a los vividos por Europa.

Un segundo gran obstáculo epistemológico, será la formación

inicial de muchos de los dirigentes que presidieron la guerra de secesión

de España, quienes se habían formado en una visión absolutista del poder

por lo que intentaron reproducir esa visión autoritaria, recurriendo a

proposiciones directamente monárquicas (como Iturbide) y monárquicas

disfrazadas (como la proposición de Bolívar acerca de la Presidencia

Vitalicia incorporada en la Constitución de Bolivia de 1826).

Un tercer obstáculo político fue la simultaneidad y coincidencia

de las tareas de crear una nueva nación y crearla con un nuevo sistema de

gobierno, lo que di

fi cultó el éxito de ambas tareas69, debido a la presencia

-muchas veces orquestada- de los enemigos externos a los límites

territoriales que cada nación intentaba darse a sí misma, con los enemigos

69 .-Es bueno recordar para comparar, que por ejemplo ya Francia estaba consolidada como

nación histórica, el hexágono, cuando se intentó cambias el régimen monárquico por un

régimen republicano y aún así sabemos las di

fi cultades y retrocesos habidos. Pensemos

entonces las di

fi cultades que signifi caba para la América Española intentar llevar a cabo los

dos procesos a la vez.

Doctrinas e ideas políticas

43

internos de los bandos enfrentados por el poder de decidir la conducción

del nuevo país.

Un cuarto elemento que requerirá de la creatividad teórica

latinoamericana, será el de de

fi nir el perfi l del nuevo ciudadano: responder

la pregunta acerca de quién puede ser considerado ciudadano y quién no.

Pues sabemos que la Declaración de los Derechos del Hombre, en la misma

Francia (y sus colonias), no pasó de ser un acto retórico por lo menos hasta

entrado el siglo XX. Muchas más di

fi cultades existirán en Latinoamérica

para dar la ciudadanía universal, debido a que los bolsones étnicos y la

memoria de una sociedad colonial organizada en barreras de color seguirán

perviviendo en nuestros países –en mayor o menor grado- hasta nuestros

días.

Por tales razones, el experimento republicano en los países

americanos de lengua española ha presentado severas limitaciones para

conciliar, el ideal teórico republicano moderno con la práctica social de

de

fi nición de ciudadano. Así fue durante todo el siglo XIX, dando origen a

regímenes republicanos con tendencia a la creación de férreas oligarquías

excluyentes de las grandes mayorías, por lo que las repúblicas eran

autoritarias por de

fi nición. Tal inconmovilidad de maneras de existir de

las republicas sólo comenzarán a ser sacudidas a partir del primer tercio

del siglo XX o del segundo tercio según los países, con el empuje que

signi

fi cará la aparición de otro sistema de gobierno distinto al republicano,

aunque por supuesto no opositor ni continuador por excelencia, que será

el Régimen Democrático. Sistema que será leído de manera natural como

republicano en nuestra América, pero que tal lectura no puede llevarnos

a pensar que son consustanciales democracia y república, pues la propia

existencia de monarquías constitucionales como Inglaterra y España

desmienten tal asimilación automática, al igual que la existencia de

Repúblicas autoritarias y dictatoriales en América Latina. Será entonces

con la introducción de la Democracia como proposición teórico política,

Doctrinas e ideas políticas

44

cuando podremos hablar de la segunda etapa del sistema republicano en

América, coincidente ya con el siglo XX.

II

.-Un segundo punto para enfatizar la originalidad política de América

Latina, consiste en que la creación de las nuevas repúblicas surgidas a raíz de

la secesión de España y de la liquidación de todas las Provincias españolas

continentales (pues hasta 1898 seguirá controlando Cuba y Puerto Rico),

crea a su vez el primer gran movimiento de descolonización del siglo

XIX. Esta situación provoca un reacomodo de las nuevas naciones dentro

del sistema capitalista mundial, pasando de ser economías subyugadas y

expoliadas en una relación nacional (España) centro-periferia, a economías

igual dominadas y aún más sobreexplotadas, pero en una relación

neocolonial con Inglaterra, Francia y posteriormente Alemania (hasta el

siglo XIX), para

fi nalmente depender neocolonialmente de la economía

estadounidense en el siglo XX. Nótese que a partir de la segunda ola de

expansión imperialista europea que tuvo su máximo punto de formalización

del reparto mundial en el Congreso de Berlín del año 1878

70, África y gran

parte de Asia pasan a ser colonias clásicas que expresan el dominio de un

Estado Nación sobre otro Estado Nación, pero América Latina ya no era

colonia en ese sentido

71. Por lo que será necesario crear el neologismo

de situación neocolonial, nominación que abrirá una espita importante

para la teoría política, acerca de cuales son las características, alcances,

posibilidades y dispositivos para el cambio de relación de dominación

colonial y de dominación neocolonial.

III

.-El tercer elemento destacable por su originalidad que producirá la

realidad política latinoamericana, será el llamado Populismo

72, corriente

70 .-Ver Mommsen, 1973

71 .- Es discutible si en algún momento fue realmente colonia en ese sentido. De ahí la

importancia de la discusión de vieja data en América Latina acerca de si éramos colonia o

provincia, o de si puede hablarse de colonia cuando uno de los elementos –en este caso el

dominado- para el momento de la conquista no era un Estado Nación.

72 .-Pensamos que si el término Populismo no se clari

fi ca sufi cientemente pudiera estar

dando más equívocos que soluciones a la comprensión de la realidad política latinoamericana.

Si vemos el término Populismo a escala mundial y lo emparentamos con el Populismo

ruso y estadounidense del siglo XIX, quizás pueda ayudar la analogía, siempre y cuando

Doctrinas e ideas políticas

45

ideológica política que insurgirá desde el siglo XIX y según algunos

autores todavía conserva su vigencia. En este apartado referiremos con

el término de Populismo, a aquellos movimientos que surgidos alrededor

de la Revolución Mexicana, alcanzarán su mayor cuota de elaboración

teórico-política en la formulación de Haya de la Torre y su Alianza

Popular Revolucionaria Antiimperialista (APRA). Sabemos que el

término Populismo se le ha enrostrado a otros movimientos políticos en

Europa y en América, tanto en el siglo XIX (España

73, Rusia74, EEUU75,

México

76, Argentina77, Uruguay78) como en el siglo XX (la Revolución

percibamos que el concepto matriz de los tres casos que es Pueblo, es de con

fi guración muy

diferente en las tres realidades.

73 .-“En la experiencia histórica iberoamericana, la invasión napoleónica de 1808 y las

luchas por la emancipación dieron lugar a fenómenos políticos que también pueden llamarse

populistas, por basarse en la apelación activa a la movilización popular para conseguir sus

objetivos. En España la invasión se enfrentó a la resistencia de sectores muy heterogéneos,

que incluían tanto a grupos conservadores como a otros de ideas progresistas.” (Di Tella,

1989: 470)

74 .-“Hacia el último tercio del siglo XIX se difundió en medios intelectuales el

populismo ruso,

ideología in

fl uida por el anarquismo y por otras corrientes socialistas, aunque rechazaba

los esquemas organizativos y las perspectivas históricas del marxismo. Promovía la acción

directa, la violencia y la rebelión popular, estimuladas por una minoría intelectual de activistas

que debían “ir al pueblo”, a convivir con él para conocerlo mejor y dirigir la insurrección

cuando se dieran las circunstancias propicias: de ahí su nombre de

narodniki, de narod,

PUEBLO”. (Di Tella, 1989: 470)

75 .-“En los EEUU, en los últimos decenios del s. XIX se formaron movimientos políticos

en diversos estados, basados sobre todo en

farmers (chacareros) y en sectores urbanos

afectados por la manipulación de tarifas del transporte y por la banca. El movimiento se

expresó en partidos nuevos, designados genéricamente como “populistas”…en los EEUU

subsiste una tradición populista, que ocasionalmente resurge, sea en los dos partidos

dominantes o en terceros partidos de vida breve. El populismo tenía actitudes de antagonismo

a los ricos, sobre todo a los que eran vistos como monopolistas y abusivos, sin cuestionar

el capitalismo en sí. Poseía también algunos caracteres tradicionalistas y antimodernistas, y

una revalorización mítica de la vida rural.” (Di Tella, 1989: 470)

76 .-“(…) durante los primeros años de la independencia, se generó, como en España, dentro

del liberalismo, una escisión entre un sector moderado (“escoceses”, por la designación

de las logias masónicas en que se reunían) y otro exaltado o populista (“yorkinos”, por

equivalente motivo) con posiciones anticlericales y federalistas, aunque también englobando

componentes menos ideológicos. Paralelamente, se dieron también fenómenos de apelación

popular en la derecha conservadora, utilizando estructuras clericales como instrumentos de

comunicación con las masas, a las que se sumaba el liderazgo personalista de caudillos

militares.” (Di Tella, 1989: 471)

77 .-“(…) un populismo de origen más rural y conservador, antiliberal, con apoyo clerical, se

desarrolló con el liderazgo de Juan Manuel Rosas…que unía a su arrastre popular el de un

amplio sector de las clases altas, lo que lo hace converger con el modelo cesarismo.” (Di

Tella, 1989: 471)

78 .-“En el Rio de la Plata hubo también caudillismos de tipo populista liberal, como el de

José Artigas en el actual Uruguay…” (Di Tella, 1989: 471)

Doctrinas e ideas políticas

46

Mexicana

79, el Peronismo en Argentina, el Varguismo en Brasil, el

Fidelismo en Cuba

80), pero a ninguno de esos haremos referencia en este

aparte

81. Sin entrar a discutir la validez o no de esas clasifi caciones82, nos

interesa detenernos en aquellas ideas centrales que convertidas luego en

ideología y doctrina política, formarán parte de algunas de las re

fl exiones

más lúcidas acerca del ser histórico político latinoamericano.

Pensamos que el eje teórico central por donde discurre la

formulación teórica del Populismo es el del concepto pueblo movilizado y

su papel en la acción política. Este concepto de Pueblo Movilizado-Política

ha sido parte vital de todo discurso político, rastreable sin di

fi cultad -para

lo que atañe a lo que por comodidad llamamos Occidente- a la Grecia

continental, especialmente al llamado que se le hace al “pueblo griego”

para enfrentarse al invasor persa. De ahí podemos ver con facilidad como

el concepto de Pueblo Movilizado-Política tendrá innegable utilidad para

la acción política en Roma

83, en la España invadida por Napoleón84, en la

Europa dedicada a la construcción de las nuevas nacionalidades en los siglos

79 .-“La Revolución Mexicana iniciada en 1910 y muy radicalizada a partir de 1914, comparte

más los caracteres populistas, aunque la transformación que efectuó en la estructura de

propiedad fue más profunda que la usualmente asociada con ese concepto. Sin embargo,

una vez realizados los cambios más importantes, el liderazgo de los jefes ya transformados

en presidentes, desde Plutarco Elías Calles a Lázaro Cárdenas, fue de tipo populista.” (Di

Tella, 1989: 472)

80 .-“La Revolución Cubana, y el fenómeno político de apoyo a Fidel Castro, tienen también

algunas características a

fi nes a las del populismo, por el rol carismático e indiscutido del

jefe.” (Di Tella, 1989: 472)

81 .-Parte de lo que debe ser discutido, para algunos pensadores se ha transformado

lamentablemente en un a priori: ¿todos esos movimientos que han sido clasi

fi cados como

regímenes populistas, son realmente tales? ¿qué es lo que uni

fi ca a movimientos políticos

tan heterogéneos que permita clasi

fi carlos bajo el sólo término de Populismo?

82 .-Conviene distinguir aquí “(…) entre el populismo como sujeto histórico, y el populismo

como característica que puede ser poseída parcialmente por gran cantidad de fenómenos

políticos. El populismo como sujeto histórico es un movimiento en el cual: a)hay un apoyo de

masas movilizadas pero aún poco organizadas autónomamente, b)existe un LIDERAZGO

fuertemente anclado en sectores externos a las clases obreras o campesina, y c)la vinculación

entre masa y líder es en gran medida carismática.” (Di Tella, 1989: 472-473)

83 .-Por ejemplo cuando se acude a el para homogeneizar las fuerzas romanas en contra

de la invasión de Aníbal cuando las Guerras Púnicas. O cuando se plantea el concepto de

pueblo romano homologable al de ciudadano romano, cuando en la República se intente

universalizar la cualidad de ciudadano romano a cualquiera aún no nacido en Roma.

84 .-Ver Paredes, 2002.

Doctrinas e ideas políticas

47

XIX y XX

85 y sobre todo –para el interés de este trabajo- en las luchas que

sostendrán los pueblos de la España Americana en contra de los pueblos

de la España Peninsular para provocar la secesión y en la continuación

de su uso en todo el período del siglo XIX post secesión, cuando se estén

realizando los procesos de construcción de las nuevas repúblicas.

Pero si en todos los procesos anteriores se ha recurrido al uso

del término Pueblo Movilizado-Política, ¿por qué entonces no todos

esos movimientos son llamados Populismo? ¿por qué sólo se va utilizar

peyorativamente el término de Populismo para adjetivar algunos de los

movimientos políticos latinoamericanos que han expresado –algunos

de ellos- una gran carga de originalidad? Aunque no podemos dar las

respuestas adecuadas a esas preguntas en el marco de este trabajo, nos

conformaremos con plantear algunos elementos sobresalientes de esa

formulación originalísima latinoamericana, cuyos principales escenarios

prácticos y teóricos se llevarán a cabo en México y Perú.

El concepto Pueblo es probadamente polisémico

86, las más de las

veces ha sido utilizado en política como un conglomerado de agregados

étnicos y sociales que dejan atrás sus diferencias iniciales para transformarse

en un todo indiferenciado, homogéneo, presto para una acción política

dirigida por élites esclarecidas que saben interpretar los intereses del nuevo

sujeto indiferenciado. Lo que en la práctica histórica ha signi

fi cado que

como los intereses no se “indiferencian”, tal indiferencia debe ser leída

como la sujeción de la mayoría de los intereses, a los intereses de quienes

ejercen la hegemonía del movimiento político. De esa manera puede

verse como los intereses del pueblo que luchó en la guerra de secesión

latinoamericana, se limitaron a los intereses que defendía una fracción de

los sectores dominantes de la época: los blancos criollos.

85 .-Ver Martínez de Sas, 2002.

86 .-Ver AAVV, 1980: 319, 458, 459; Margulis, 1977: 76; AAVV, 1979: 33, 34, 65 y González

Ordosgoitti, 1997: 144

Doctrinas e ideas políticas

48

Intentando ir en contrario a esta lógica del concepto pueblo, en

la Revolución Mexicana del primer tercio del siglo XX va a ir surgiendo

una cara distinta para ilustrar lo que es Pueblo, será la cara del indígena,

sector étnico que prontamente será exaltado como una de las

fi guras

fundamentales para pensar en una nueva América Latina. Se iniciará en

México la reivindicación de lo indígena como componente fundamental

de la nacionalidad, generándose la política o

fi cial del Indigenismo87, que

algunos autores, especialmente el

fi lósofo José Vasconcelos, vinculado al

Ministerio de Educación de México, elevará a la altísima cuota teórica

de señalar la importancia mundial del entrecruzamiento racial sucedido

en América Latina, reivindicando no sólo de entrada lo indígena sino

sumándole exponencialmente el mestizaje alcanzado, hasta llegar a la

proposición conceptual de la Raza Cósmica

88.

Esta iniciativa mexicana de exaltación de la raíz indígena

89,

llevará o

fi cialmente a la creación de Políticas Indigenistas y alimentará la

creación intelectual de Vasconcelos hasta alcanzar una de las cumbres del

pensamiento

fi losófi co latinoamericano con el concepto de Raza Cósmica,

la cual encontrará eco en Perú, en pensadores de la talla de Mariátegui

90

y de Haya de la Torre. Siendo este último quien primero traducirá a

escala continental las consecuencias políticas de la reivindicación de lo

indígena y de la noción de Raza Cósmica, al formular de la manera más

clara posible lo que puede ser considerado como el aporte más importante

–para la primera mitad del siglo XX- de fusión del pensamiento de la

izquierda de raíz latinoamericana

91 y la izquierda europea de estirpe

87 .-Ver Marzal, 1993.

88.-Ver Vasconcelos, 1992, 2002, s/f

89 .-Recordar el papel que el Muralismo Mexicano jugará a este respecto.

90.-Ver Mariátegui, 1979: 20-30

91 .-Es importante hacer una breve aclaración acerca de la historia de los términos políticos

de Izquierda, Centro y Derecha que comienzan a ser utilizados desde

fi nales del siglo XVIII

a raíz de la Revolución Francesa. Nosotros sostenemos que el término Izquierda (al igual

que los otros dos nombrados) va a desarrollarse y a tener historia propia en el siglo XIX

de manera autónoma en tres realidades continentales: la europea, la estadounidense y la

latinoamericana. Estas tres corrientes comenzarán a entrecruzarse y mezclarse en el siglo

XX, pero sin perder nunca sus moldes iniciales, preservado –si bien marginalmente- aún

en el período de mayor hegemonía del pensamiento marxista de la III Internacional, el cual

Doctrinas e ideas políticas

49

marxista: la Alianza Popular Revolucionaria Antiimperialista (APRA). En

la formulación del APRA hay una reivindicación clara acerca de quien es

el sujeto revolucionario

92: el indígena y el mestizo latinoamericano y no un

proletariado numéricamente insigni

fi cante en nuestra región. Igualmente se

a

fi rma claramente en contra de quien es la lucha: contra el Imperialismo93.

Y además, el cómo hay que hacer esa lucha: convocando a la unidad

latinoamericana para el enfrentamiento simultáneo contra el enemigo

Con este

fi n se planteará construir un sólo partido político, con un sólo

nombre: APRA. Con diversas secciones nacionales -al modo como la III

Internacional Comunista- el APRA es concebido como una Internacional

Indoamericana

94.

Por todas estas razones es que pensamos que las formulaciones

iniciales del APRA todavía tienen mucho que dar, para quienes se

interesen no sólo por los momentos estelares de la creación original de

ideas políticas en América Latina, sino también para quienes creen, que

los procesos de transformación de la realidad social latinoamericana deben

ser sacudidos por cambios profundos que reivindiquen los intereses de las

grandes mayorías. Pero además, para quienes piensan que dichos cambios

deben realizarse en el seno de sistemas democráticos y no autoritarios ni

totalitarios.

llegó a abrogarse para sí hasta el término de izquierda y del cambio posible. Y será en este

clima de as

fi xia teórica e ideológica en el que surgirá tímidamente la voz de Mariátegui y las

voces sonoras y desa

fi antes de Vasconcelos y de Haya de la Torre. Es este contexto el que

hace comprensible que cali

fi quemos de hazaña intelectual la formulación de Raza Cósmica

de Vasconcelos y de hazaña intelectual y política la formulación del APRA por Haya de la

Torre.

92.- En evidente confrontación con el pensamiento de la III Internacional, que planteaba que

el sujeto revolucionario era el proletariado.

93.-Aquí si existe plena coincidencia con la proposición de Lenin.

94.-El término Indoamericano acuñado por Vasconcelos y Haya de la Torre y otros

pensadores de la primera corriente del pensamiento indigenista, es muy importante porque

intenta reivindicar ya en la propia denominación la impronta indígena. Más adelante cuando

se promedie la sexta década del siglo XX, este término entrará en colisión y cuando menos

en una relación poco amistosa con el término de América Latina para nuestra región, pero

ese no es nuestro objeto de estudio en este trabajo.

Doctrinas e ideas políticas

50

IV.-El cuarto elemento de la realidad política latinoamericana que

consideramos importante destacar, es el de las distintas maneras como la

proposición política del socialismo de raigambre marxista ha sido puesto

en escena y ha llegado a ejercer el Gobierno en varios países de nuestra

región. Pensamos que podría establecerse una especie de tipología, algunos

de cuyos tipos son más novedosos que otros, vistos desde la historia

mundial de los Gobiernos auto proclamados socialistas.

Tal diversidad podría plantearse de la siguiente manera:

1.-movimientos políticos armados en contra de dictaduras, que conforman

un frente amplio de lucha por la democracia y que luego en el poder se

declaran socialistas y seguidores del socialismo soviético (caso Cuba);

2.-movimientos políticos armados en contra de dictaduras, que conforman

un frente amplio de lucha por la democracia y que luego en el poder se

declaran socialistas y seguidores del socialismo soviético, posteriormente

al ser convocadas las elecciones pierden y entregan el poder, para luego

volver a optar al poder por vía de elecciones y

fi nalmente recuperarlo (caso

Nicaragua);

3.-movimientos políticos no armados en lucha contra la colonización y

por la descolonización, que luego en el poder se declaran socialistas (caso

Granada/Bishop);

4.-movimientos políticos no armados, declaradamente socialistas, que

acceden al poder por vía de las elecciones, son derrocados por un Golpe

de Estado y luego acceden nuevamente al poder por la vía electoral (caso

Chile);

5.-movimientos políticos electorales, en donde coexisten partidos políticos

socialistas y partidos políticos no-socialistas, que alcanzan el poder por la

vía electoral a nombre de Presidentes de ideología socialista pero que no

aspiran crear un sistema socialista (Brasil/Lula y Uruguay/Tabaré Vásquez)

y

6-

fi nalmente, el de movimientos políticos llegados al poder por vía

Doctrinas e ideas políticas

51

electoral proclamándose humanistas y no-socialistas, que luego en el poder

se declaran socialistas aunque conservando la idea de elecciones, pero en

un clima sensiblemente menos democrático que el que le permitió llegar

al poder (caso Venezuela/Chávez, y quizás también Bolivia/Morales y

Ecuador/Correa).

Estas seis grandes expresiones de la manera como los movimientos

de tendencia socialista marxista han llegado al poder en América Latina,

contienen una gran carga de originalidad a la luz de la historia del

movimiento socialista a escala mundial, debido a que el socialismo llega

al poder en un país extraeuropeo subdesarrollado, cuando Marx había

profetizado que esto sólo sería posible en un país europeo desarrollado.

Incluso el caso de Rusia no le resta méritos al caso latinoamericano debido

a que Rusia es un país europeo. Sólo comparte esta originalidad con China,

Vietnam, Camboya y Corea del Norte.

Es igualmente original cuando el poder se ha alcanzado

electoralmente –como en Chile y luego en Nicaragua- tratándose de un país

subdesarrollado, pues sólo países europeos desarrollados habían tenido la

posibilidad de gobiernos socialistas elegidos democráticamente (países

nórdicos, Alemania, España, Portugal, Francia, Italia).

Otro elemento original es haber llegado al poder por la fuerza de

las armas y haber entregado el poder por la fuerza de los votos (Nicaragua/

Ortega), situación que no ha ocurrido ni en la URSS y sus países satélites,

ni en los socialismos asiáticos (si se exceptúa el caso de la India de los

Nehru y del Partido del Congreso, asunto que da para otras discusiones), ni

en Cuba. Aunque quizás pueda mencionarse el antecedente de Kenya en la

África de los ‘70.

Otro elemento original es haber llegado al poder por elecciones

negando su carácter socialista, declarándolo sólo después de haberse

Doctrinas e ideas políticas

52

consolidado en el Gobierno (caso Venezuela/Chávez y posiblemente

Bolivia/Morales y Ecuador/Correa).

Tendríamos así que en el caso de la recepción latinoamericana

de la idea europea de socialismo, cuando esta idea ha triunfado, ha sido

porque se ha actuado apegado a las condiciones concretas de cada país,

dando por resultado una gran variedad de soluciones, colocando de relieve

que América Latina no se limita a imitar

95 las ideas que vienen de Europa

–o de otro lugar del mundo- sino que ha tenido capacidad de leerlas a la luz

de su propia realidad, pensándolas con cabeza propia.

En Conclusión

.

Hemos llegado al

fi nal de este breve trabajo en el cual hemos

querido presentar una pequeña ventana para asomarnos al universo de

las ideas en América Latina. Ilustramos esta visión con veinticinco (25)

ejemplos concretos, extraídos por considerarlos los más importantes según

nuestro limitado juicio, pero en ningún caso por pensar que sean los únicos

posibles:

1.-La realidad americana crea pensamiento europeo sobre América y

sobre el resto del mundo

.

1.-La recepción de la Escolástica tardía en el siglo XVI.

2.-Indígenas.

3.-Criollos.

4.-Pueblos de indios.

5.-Pueblos de Misiones.

6.-Pueblos de españoles.

7.-El Paraíso.

95 .-La mayoría de los movimientos socialistas que fracasaron en Latinoamérica, fue

precisamente por ser imitadores, bien sea de las directrices de la III Internacional o luego por

seguir la teoría guevarista del foco revolucionario, ampliamente demostrado su fracaso en

Bolivia.

Doctrinas e ideas políticas

53

8.-Las utopías.

9.-América comienza a renegar de su españolidad para ser republicana.

2.-El pensamiento europeo es recibido y confrontado en América

Latina para dar cuenta de ella misma.

10.-La recepción del Liberalismo en el siglo XIX.

11.-La recepción del Positivismo en el siglo XIX.

12.-La recepción del Marxismo en los siglos XIX-XX.

3.-Cuando América Latina se ha atrevido a pensarse sin sujeción a

cartabones, a pensarse sin más.

13.-Modernismo.

14.-Criollismo.

15.-Realismo Mágico o lo Real Maravilloso.

16.-El Barroco Americano.

17.-Criollidad.

18.-Indigenismo.

19.-Negritud.

20.-La Teoría de la Dependencia.

21.-La Teología de la Liberación.

22.-Las nuevas Repúblicas.

23.-El Neocolonialismo.

24.-El Populismo del APRA.

25.-El Socialismo en los países atrasados.

Sólo queremos volver a insistir en que nuestra proposición central

es intentar presentar tres momentos metodológicas de cómo el espíritu

latinoamericano se ha atrevido a pensar su realidad: el momento en que

Europa piensa desde América Latina; el momento en que América Latina

piensa en lo que dice Europa y el tercer momento en que Latinoamérica

Doctrinas e ideas políticas

54

decide pensarse a sí misma sin ningún complejo, ni atadura, ni complejo de

inferioridad, cuando América Latina se piensa sin más.

Bibliografía citada

.

AAVV (1979).-

Educación y Cultura Popular Latinoamericana.

Colombia. Editorial Nueva América. Pp. 204.

AAVV (1980).-

El hombre latinoamericano y sus valores. Colombia.

Editorial Nueva América. Pp. 490.

AAVV (1992.a).-

De Palabra y Obra en el Nuevo Mundo. 1. Imágenes

interétnicas

. España. Siglo XXI de España Editores S.A,

Extremadura En-clave 92, Junta de Extremadura y Siglo XXI

Editores, México. Pp. 542

AAVV (1992.b).-

De Palabra y Obra en el Nuevo Mundo. 2. Encuentros

interétnicos

. España. Siglo XXI de España Editores S.A. Pp. 566

AAVV (1993).-

De Palabra y Obra en el Nuevo Mundo. 3. La formación

del Otro

. España. Siglo XXI de España Editores S.A, Junta de

Extremadura. Pp. 580

AAVV (1995).-

De Palabra y Obra en el Nuevo Mundo. 4. Tramas de

la Identidad

. España. Siglo XXI de España Editores S.A, Junta de

Extremadura. Pp. 556

Becco Horacio Jorge (Selección, Prólogo, Notas y Bibliografía) (1993).-

Historia Real y Fantástica del Nuevo Mundo

. Caracas. Biblioteca

Ayacucho, Nro. 176. pp. 430.

Boff, Clodovis (1988).-“15 Tesis sobre la Teología de la Liberación”

en: Vekemans, SJ Roger y Juan Cordero (1988).-

Teología de la

Doctrinas e ideas políticas

55

Liberación (Dossier alrededor de la Libertatis Conscientia)

.

Colombia y Venezuela. CEDIAL-Universidad Católica del Táchira-

Trípode. Pp. 735 (páginas: 476-484)

CEDIAL (1988.a).-

Seminario sobre la Libertatis Nuntius y la Libertatis

Conscientia. La Teología de la Liberación a la luz del Magisterio

.

Colombia y Venezuela. CEDIAL-Trípode. Pp. 526.

CEDIAL (1988.b).-

La Teología de la Liberación, ni tan Católica, ni

tan Latinoamericana

. CEDIAL. Colombia y Venezuela. CEDIALUniversidad

Católica del Táchira. Pp. 222.

Claudín Fernando (1970).-

La crisis del movimiento comunista. Tomo 1.

De la Komintern al Kominform

. España. Ediciones Ruedo Ibérico.

Biblioteca de Cultura Socialista. Prefacio de Jorge Semprún. Pp.

680.

Depestre René (1977).-“Saludo y despedida a la Negritud” en: Manuel

Moreno Fraginals.-

África en América Latina. México. Siglo

Veintiuno Editores. Serie “El mundo en América Latina” (páginas:

337-362)

Di Tella Torcuato (1989).-“Populismo” en: Torcuato Di Tella (Supervisión).-

Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas

. Buenos Aires.

Puntosur Editores. Pp. 659 (páginas: 469-473)

Ferrater Mora José (1994).-

Diccionario de Filosofía (Nueva edición

actualizada por la Cátedra Ferrater Mora bajo la dirección de Joseph-

María Terricabras). Madrid. Ariel Referencia. 4 Tomos.

Fundación Boulton (1976).-

Política y Economía en Venezuela, 1810-

1976

. Caracas. Fundación John Boulton. Pp. 294.

Doctrinas e ideas políticas

56

González Ordosgoitti Enrique Alí (1997).-

Diez Ensayos de Cultura

Venezolana

. Caracas. Fondo Editorial Tropykos, CISCUVE,

Dirección de Desarrollo Regional del CONAC, 2da Edición. pp.

172.

González Ordosgoitti Enrique Alí (2004).-“El componente cultural de la

crisis” Revista de Teología del ITER-Facultad de Teología de la

UCAB (Venezuela) 34: 113-142, mayo-agosto.

González Ordosgoitti, Enrique Alí (2006).-“Programa del Seminario

Problemas Filosó

fi cos Latinoamericanos por Épocas”. Mimeo.

Caracas. UCV, FAHE, Escuela de Filosofía, semestre 2006-II, pp.4

Gutiérrez Gustavo (1991).-

Teología de la Liberación. Perspectivas. Con

una nueva Introducción: Mirar Lejos

. Perú. CEP. Octava edición

(según la 6ª edición revisada y corregida). Pp. 440.

Gruzinski Serge (1999).-“Las Imágenes, los Imaginarios y la

Occidentalización” en: Marcello Carmagnani, Alicia Hernández y

Ruggiero Romano (Coordinadores).-

Para una historia de América.

I. Las Estructuras

. México. FCE, Fideicomiso Historia de las

Américas, Serie Américas. Pp. 570 (páginas: 498-565)

Henríquez Ureña, Pedro (1978).-

La Utopía de América. Caracas.

Biblioteca Ayacucho, Nro. 37. pp. 578

Jiménez Roberto (1987).-

La “Teología Latinoamericana” en Capilla.

Estudio sobre el pronunciamiento de la Santa Sede y los

Teólogos de la Liberación. (Complementación sociológica del

comentario de Joaquín Lepeley “La Santa Sede y la teología

de la liberación”)

. Venezuela y Colombia. CEDIAL-Universidad

Católica del Táchira. Pp. 160.

Doctrinas e ideas políticas

57

Jiménez, Roberto (1988).-

Tensiones y crisis en la Iglesia Latinoamericana.

Desde Puebla hasta la Libertatis Conscientia (1979-1987)

.

Colombia y Venezuela. CEDIAL-Universidad Católica del Táchira.

Pp. 174.

Kuhn, Thomas S. (1982).-

La Estructura de las Revoluciones Científi cas.

España. FCE. Breviarios, nro. 213. pp. 320.

Las Casas Bartolomé de (1986).-

Historia de las Indias, Tomo I. Caracas.

Biblioteca Ayacucho, Nro. 108. pp. 748.

Lepeley Joaquín (1988).-

Teología de la Liberación, Si. Liberacionismo,

No

. Colombia y Venezuela. CEDIAL-Universidad del Táchira. Pp.

205.

Lienhard Martin (Selección, Prólogo, Notas, Glosario y Bibliografía)

(1992).-

Testimonios, Cartas y Manifi estos Indígenas. Caracas.

Biblioteca Ayacucho, Nro. 178. pp. 410

López Segrera, Francisco (1999).-“Prólogo” en: Ruy Mauro Marini y

Theotonio Dos Santos (Coordinadores).-

El Pensamiento Social

Latinoamericano en el siglo XX, Tomo I

. Caracas. UNESCO,

Unidad Regional de Ciencias Sociales y Humanas para América

Latina y el Caribe. Pp. 442 (páginas: 9-32)

Margulis Mario (1977).-“La Cultura Popular” Revista Arte, Sociedad,

Ideología (México) 2: 64-77, agosto-septiembre.

Mariátegui José Carlos (1979).-

7 Ensayos de interpretación de la realidad

Peruana

. Caracas. Biblioteca Ayacucho, Nro. 69. pp. 340.

Martínez de Sas María Teresa (1999).-

La lucha por la diversidad en la

Europa central y oriental

. España. Ariel Practicum. Pp. 188.

Doctrinas e ideas políticas

58

Marzal, Manuel M (1993).-

Historia de la antropología indigenista:

México y Perú

. España. Anthropos Editorial del Hombre,

Universidad Autónoma Metropolitana. Autores, Textos y Temas,

Antropología, Nro. 29. pp. 512.

Maza Zavala, Domingo Felipe (1996).-“Introducción. Capítulo I. La

formación de las economías nacionales hispanoamericanas (1825-

1870)” en:

La Vida Económica en Hispanoamérica. Caracas.

Academia Nacional de la Historia de Venezuela. Asuntos Culturales

de la OEA. Comisión de Historia del IPGH. USB. “Historia General

de América” bajo la dirección de Guillermo Morón, “Período

Nacional” Nro. 25. pp. 344 (páginas: 15-70)

Meza Giovanni (2007).-

Miranda y Bolívar. Dos visiones. Caracas.

Comala. Febrero, pp. 255

Mommsen, Wolfang J. (1973).-

La época del Imperialismo. Europa

1885-1918

. España. Siglo XXI. Historia Universal Siglo XXI, Nro.

28. pp. 360.

Paredes, Javier (Coordinador) (2002).-

Historia contemporánea de

España (siglo XIX)

. España. Ariel Historia. Pp. 408 y anexos.

Petkoff, Teodoro (1969).-

Checoslovaquia: el Socialismo como Problema.

Venezuela. Editorial Fuentes. Pp. 288

Petkoff, Teodoro (1972).-

¿Socialismo para Venezuela?. Venezuela.

Editorial Fuentes. Pp. 168

Petkoff, Teodoro (1976.a).-“Razones para una decisión política”. Venezuela.

Mimeo. Pp. 46

Petkoff, Teodoro (1976.b).-

Proceso a la Izquierda. España. Editorial

Planeta. Pp. 210

Doctrinas e ideas políticas

59

Petkoff, Teodoro (1978).-

La Corrupción Administrativa. El caso de

las Fragatas. El Avión Presidencial. El BND. Cementos Caribe

.

Venezuela. Fracción Parlamentaria del MAS. Pp. 90

Petkoff, Teodoro (1979).-

Corrupción total. Venezuela. Editorial Fuentes.

Colección Denuncia Política. Pp. 102

Petkoff, Teodoro (1981).-“Discurso de apertura pronunciado por Teodoro

Petkoff, Presidente del MAS”. Mimeo. Venezuela. MAS, Simposium

Internacional “Del Socialismo Existente al Nuevo Socialismo”,

Caracas, mayo de 1981. Pp. 28

Petkoff, Teodoro (1982).-

Más democracia. Propuestas para la Reforma

del Estado Venezolano

. Venezuela. CENACEM. Pp. 62

Price, Richard (Compilador) (1981).-

Sociedades Cimarronas. México.

Siglo XXI, Colección América Nuestra, América Colonizada, nro.

33. pp. 334.

Real Academia Española (2001).-

Diccionario de la Lengua Española,

España. Pp. 2368 (2 tomos)

Ribeiro, Darcy (1992).-

Las Américas y la Civilización. Proceso de

formación y causas del desarrollo desigual de los pueblos

americanos

. Caracas. Biblioteca Ayacucho, Nro. 180. pp. 550

Rodríguez Ozán, María Elena (1986).-“El inmigrante europeo: 1839-1930”

en: Leopoldo Zea (Coordinación e Introducción).-

América Latina

en sus Ideas

. México. UNESCO. Siglo Veintiuno Editores. Serie

América Latina en su Cultura. Pp. 500 (páginas: 361-374)

Romero, María Teresa (2005).-

Rómulo Betancourt. Caracas. Biblioteca

Biográ

fi ca Venezolana, nro. 13. pp. 136

Doctrinas e ideas políticas

60

Salomón, Noel (1986).-“Cosmopolitismo e Internacionalismo (desde 1880

hasta 1940)” en: Leopoldo Zea (Coordinación e Introducción).-

América Latina en sus Ideas

. México. Siglo XXI Editores, Serie

“América Latina en su Cultura”. Pp. 500 (páginas: 172-200)

Sambrano Urdaneta, Oscar y Domingo Miliani (1999.a).-

Literatura

Hispanoamericana

, Tomo I. Caracas. Monte Avila Editores,

Latinoamericana, Manuales. Pp. 543.

Sambrano Urdaneta, Oscar y Domingo Miliani (1999.b).-

Literatura

Hispanoamericana

, Tomo II. Caracas. Monte Avila Editores,

Latinoamericana, Manuales. Pp. 520.

Santolaria Sierra, Félix (Edición y estudio introductorio) (2003).-

El gran

debate sobre los pobres en el siglo XVI. Domingo de Soto y Juan

de Robles 1545

. Madrid. Ariel Historia. Pp. 202

Scannone, Juan Carlos, SJ (1997-1998).-“Filosofía/Teología de la

Liberación”. Boletín de la Universidad Blas Cañas (Chile) 9 (1):

57-67.

Vallenilla Lanz, Laureano (1980).-Zea Leopoldo (Compilación, Prólogo y

Cronología).-

Pensamiento Positivista Latinoamericano, Tomo I.

Caracas. Biblioteca Ayacucho, Nro. 71. pp. 594. (páginas: 364-394)

Vallenilla Lanz, Laureano (1991).-

Cesarismo Democrático y otros textos.

Caracas. Biblioteca Ayacucho, Nro. 164. pp. 386.

Vasconcelos, José (s/f).-

Indología. Una interpretación de la Cultura

Ibero-Americana

. París. Agencia Mundial de Librería. Pp. 231.

Vasconcelos, José (1992).-

Obra Selecta. Caracas. Biblioteca Ayacucho,

Nro. 181. pp. 364.

Doctrinas e ideas políticas

61

Vasconcelos, José (2002).-

La Raza Cósmica. México. Colección Austral.

Vigésimo quinta reimpresión. Pp. 207.

Vekemans, SJ Roger y Juan Cordero (1988).-

Teología de la Liberación

(Dossier alrededor de la Libertatis Conscientia)

. Colombia y

Venezuela. CEDIAL-Universidad Católica del Táchira-Trípode. Pp.

735

Zavala, Silvio (1977).-

Filosofía de la Historia Americana. México. FCE.

Serie Historia de las Ideas. Pp. 296

Zea, Leopoldo (Compilación, Prólogo y Cronología) (1980.a).-

Pensamiento Positivista Latinoamericano, Tomo I

. Caracas.

Biblioteca Ayacucho, Nro. 71. pp. 594.

Zea, Leopoldo (Compilación, Prólogo y Cronología) (1980.b).-

Pensamiento Positivista Latinoamericano, Tomo II

. Caracas.

Biblioteca Ayacucho, Nro. 72. pp. 764.

Revistas.

Concilium, España: 92 (febrero 1974), 96 (junio 1974), 192 (marzo 1984)

y 219 (septiembre 1988).

Doctrinas e ideas políticas

62

Doctrinas e ideas políticas

63

APUNTES SOBRE EL PENSAMIENTO FILOSÓFICO

VENEZOLANO: DE LA ESCOLÁSTICA COLONIAL A

LA PROPUESTA MODERNA

Rafael García Torres

Escuela de Filosofía – UCV

Escuela de Filosofía – UCAB

Resumen

Se muestran cuatro momentos-autores cuya obra intelectual es ejemplo

del pensamiento

fi losófi co venezolano. El primer apartado, ubicado en

la etapa misma de la Conquista española del Nuevo Mundo, expone lo

que muy bien puede estimarse como el punto de arranque de lo que luego

fue la Filosofía colonial americana. Los apartados 2 y 3 se centran en la

re

fl exión fi losófi ca que dos frailes, amparados tras la perspectiva scotista,

emprendieran desde Trujillo y Coro coloniales, son ellos: Alfonso Briceño

y Agustín de Quevedo y Villegas, respectivamente. El apartado 4, en una

suerte de “salto de garrocha”, conduce a una de las expresiones

fi losófi cas

más interesantes del siglo XIX

americano. Se trata de la Filosofía del

Entendimiento

de A. Bello. Por la restricción de espacio, solo se presenta

un esbozo de algo mucho más grueso, que amerita un estudio por sí mismo

mucho más detenido, pero olvidado o desconocido; de ahí que el lector

encontrará en las líneas que siguen más sugerencias de investigación, que

exégesis. Hasta ahora, el terreno ha sido mínimamente explorado, este

trabajo espera ser entonces una invitación indagativa.

Palabras clave:

Filosofía colonial venezolana, A. Briceño, A. de Quevedo

y Villegas, Filosofía del Entendimiento, A. Bello.

Doctrinas e ideas políticas

64

APUNTES SOBRE EL PENSAMIENTO FILOSÓFICO

VENEZOLANO: DE LA ESCOLÁSTICA COLONIAL A LA

PROPUESTA MODERNA (

1)

Rafael García Torres

Escuela de Filosofía – UCV

Escuela de Filosofía – UCAB

0. Introducción

Por Filosofía, ha sostenido J. J. E. Gracia ([1992] 1998: 96), cabe

entender al menos tres cuestiones:

(i) “un conjunto de ideas o creencias

sobre algo, y que es posible que una persona corriente sostenga”;

(ii) “una

visión del mundo o de alguna de sus partes, que pretende ser precisa,

consistente y comprehensiva”; y

(iii) “una disciplina del conocimiento”,

signi

fi cándose con ello: (iii.a) “la actividad mediante la cual se produce

una visión del mundo, o de una de sus partes”, que procura poseer las tres

características mencionadas en la acepción

(ii), y (iii.b) “la formulación,

explicación y justi

fi cación de las reglas” con base en las cuales se produce la

aludida visión del mundo (

2). Ciertamente el especialista en la materia puede

alegar que una re

fl exión sobre la Filosofía implica la salida al encuentro de

instancias cuya complejidad escapa a los ojos del lego, por lo cual tendría

sentido hablar de lo que se ha dado en llamar “Filosofía de la Filosofía”.

Ejemplo de una re

fl exión así, que daría cuenta de la complejidad misma que

entraña la Filosofía vista por sí misma, sería el clásico texto de J. Marías,

Introducción a la Filosofía

([1947] 1976). Pero la esquematización de

Gracia, no se devalúa por ello; pues continúa funcionando perfectamente

como referente inicial, o primera aproximación temática para orientar la

comprensión de lo que por Filosofía se quiere decir. A

fi n de cuentas de

1 Parte de este material fue leído en el marco de las conferencias “Pensamiento

Latinoamericano I”, organizado por el centro de Investigaciones Históricas “Mario Briceño

Iragorry” y la cátedra libre de las Ideas “Mariano Picón Salas” del Instituto Pedagógico de

Caracas, mayo de 2004.

2 Una lectura auxiliar, por lo panorámica, de la propuesta de Gracia, puede consultarse en

García Torres (1995 y 2005).

Doctrinas e ideas políticas

65

lo que se trata es de identi

fi car, y por esa vía, de diferenciar, la actividad

fi

losófi ca entre otras actividades igualmente intelectuales del ser humano.

Los rasgos especiales (hasta pudiera decirse, mínimos) se logran ver,

precisamente, con lo señalado por Gracia.

Adicionalmente, la categorización indicada permite salirle al paso

a una di

fi cultad que un tiempo atrás afectó a las mejores inteligencias

latinoamericanas cuando se plantearon el problema de si en la región

había o no Filosofía. Se encuentra fuera de los límites de este trabajo todo

recuento de aquella polémica, hoy agotada a juicio de quien escribe este

trabajo. Sí ayuda, empero, la tipi

fi cación del autor para aseverar que en lo

que toca a lo designado en la actualidad con el término “

Latinoamérica”,

ha habido (y hay su

fi cientes pruebas documentales de ello) Filosofía en las

acepciones

(ii) y (iii) presentadas por Gracia.

El presente trabajo procura mostrar, en apretada síntesis, cuatro

momentos-autores cuya obra intelectual es ejemplo de semejante a

fi rmación.

Así, el primer apartado, ubicado en la etapa misma de la Conquista española

del Nuevo Mundo, expone lo que muy bien puede estimarse como el punto

de arranque de lo que luego fue la Filosofía colonial americana, cuyo

antecedente y marco lo constituye aquello que investigadores como S.

Zavala (1977) han denominado muy signi

fi cativamente con la expresión

“Filosofía Política de la Conquista”. Los apartados 2 y 3 se centran en la

re

fl exión fi losófi ca que dos frailes, amparados tras la perspectiva scotista,

emprendieran desde Trujillo y Coro coloniales, son ellos: Alfonso Briceño

y Agustín de Quevedo y Villegas, respectivamente. Ambos pensadores

muestran la Filosofía acogida y hecha por ellos en el seno de los siglos

XVII y XVIII coloniales de la Provincia de Venezuela. El apartado 4, en

una suerte de “salto de garrocha” (

3), conduce a una de las expresiones

3 El autor de este trabajo debe la expresión al Prof. A. Torres, del Instituto de Investigaciones

Históricas “Mario Briceño Iragorry”, Instituto Pedagógico de Caracas, quien la introdujo en

su comentario a la lectura de parte de este texto en el marco del ciclo de conferencias

“Pensamiento Latinoamericano I”, organizado por el mencionado centro de investigación en

mayo de 2004.

Doctrinas e ideas políticas

66

fi

losófi cas más interesantes del siglo XIX –permítase decirlo con todas

las letras-

americano. Se trata de Filosofía del Entendimiento de Andrés

Bello. Desde luego, que por la restricción de espacio acá solo se presenta

una muestra de algo mucho más grueso, que amerita un estudio por sí

mismo mucho más detallado; pero pareció fuera de lugar dejar a un lado

el pensamiento de quien en su tiempo se preocupó de elaborar un

texto

fi

losófi co

para una audiencia específi camente universitaria, y que hoy

ha sido inexplicablemente olvidado. Por último, en las líneas que siguen

el lector encontrará más sugerencias de investigación, que exégesis. El

terreno –aunque parezca insólito- ha sido mínimamente explorado, este

texto espera ser entonces una invitación a la indagación.

En resumen, este trabajo persigue mostrar, a partir de una muestra de

autores, cómo las ideas

fi losófi cas se conjugan fase a fase en su recorrido

histórico, y la espesura y seriedad de tratamiento que cabe encontrar en lo

que cada autor propone. Ha pasado ya el tiempo en el cual se estimaba que

América Latina “no había pensado”. Seguidamente, algunos ejemplos de

lo contrario.

1. Primera Fase: La Filosofía de la Conquista

Para alcanzar un nivel de comprensión apropiado de la época referida

seguidamente, conviene recurrir al auxilio de la imaginación que, en buena

medida, puede proveer de ciertas representaciones libremente formadas

por cada quien, y con las cuales se podrá pintar un cuadro de la mentalidad

española con

fi gurada para la fecha en la cual Colón avanza con su proyecto

hacia lo que él creía eran las Indias Occidentales, y para la fecha en la cual

la idea de Nuevo Mundo a

fl ora con toda su dimensión en aquella misma

mentalidad (

4). Son dos momentos históricos cercanos en el tiempo, pero

4 Un estudio detallado sobre este surgimiento, desde la idea y nombre de Indias occidentales

hasta el de América, pasando por el de Nuevo Mundo, puede verse en A. Ardao, (1980) y en

J. L. Abellán (1972).

Doctrinas e ideas políticas

67

cualitativamente distantes con respecto al conjunto de creencias teológicas

y asunciones

fi losófi cas que dan formato y contenido a las concepciones

de hombre, naturaleza y mundo, especialmente basadas sobre la idea de un

Dios, Providencial, creador

ex nihilo del Universo.

Imagénese, pues, que corre el año 1492; que se forma parte del

típico estamento letrado/universitario español; y que, siguiendo la creencia

establecida, se acepta que hay un solo Dios, por cuya exclusiva obra ha

sido creado el universo, acto creador, por lo demás, que ha hecho aparecer

de la nada

todo lo que es, de una sola vez y para siempre. De ese acto

creador ha quedado testimonio, este ha sido registrado textualmente por

un escritor

sagrado a través del cual el propio Dios vertió su Logos para

que el hombre (suma expresión de tal creación) reconociera el papel,

sentido y dimensión tanto de sí mismo como de su Autor y del Mundo.

Semejantes creencias conllevan otra no menos importante: la creencia de

que la extensión de la creación divina se identi

fi ca con la extensión del

mundo

conocido en un momento determinado. Ello signifi ca que el mundo

al cual hace referencia tal creación está constituido por el mundo y los

seres para entonces conocidos (= aceptados, admitidos, reconocidos…).

Dios, hombre y mundo se entrelazan, así, en una particular ontología de

base judeo-cristiana aderezada con toda la carga doctrinal producida desde

la teología católica: la creación coincide, por lo tanto, con lo que la mirada

teológica católica alcanza a ver, más allá de ella ni hay hombres, ni hay

mundo, ni desde luego otras

fi guras divinas distintas a la del Dios, Uno y

Trino, a

fi rmado en el Credo.

Imagínese ahora que por el cálculo de Colón se ha dado con las

Indias Occidentales. No es sabido que dicho cálculo está errado. La noticia

es que hay una nueva ruta por occidente hacia las Indias. Sin embargo,

mediante cartas o relatos, primero del mismo navegante y luego de otros

aventureros, paulatinamente se va sabiendo que seres muy extraños

comienzan a dibujarse, de manera extraordinaria, en el mapa ontológico

Doctrinas e ideas políticas

68

conocido: nueva geografía, nueva

fl ora y nueva fauna. Una noticia,

además, permite el acceso de la perplejidad: entre el conjunto sorprendente

de nuevos seres aparecen unos anatómicamente parecidos a los viajeros;

pero a los cuales,

prima facie, no cabe reconocer como otros hombres ni

siquiera mediante el recurso del razonamiento analógico, pues aún así caen

fuera de las categorías ónticas, enseñadas por la ilustrísima Ciencia Sagrada

doctrinalmente fundada en los principios teológicos de cuño escolásticoaristotélicos.

Esos nuevos seres no parecen racionales: aun cuando viven

agrupados, se acercan más a la condición de manada; moralidad tampoco

parecen tener: se encuentran desnudos sin el mayor pudor o recato; y el

lenguaje está ausente, no hablan latín, que es el lenguaje de Dios. Por lo

tanto, seres tan extraños como nuevos, no pueden ser humanos. Algo habrá

entonces qué pensar, pues las ejemplares de la ontología, de la teología,

de la

visión del mundo aceptada en general, se tambalean por el gran

terremoto producido al eclosionar un Nuevo Mundo en toda la expresión de

lo que ello signi

fi ca: se puede dejar de seguir la mente vaporosa de Colón,

al

fi n y al cabo se fue a la tumba creyendo que había dado con las Indias

Occidentales, el problema efectivo quedó planteado: la teología y

fi losofía

cristiana, católica sencillamente se aprestan a entrar en una profunda crisis,

por lo que será necesario re-fundarlas a la luz de los nuevos signos de los

tiempos.

Deteniendo justo aquí el acto imaginativo, al cual se ha invitado, es

fácil entrever el impacto del nuevo acontecimiento, particularmente, desde

luego, en lo que toca al reino español. Por supuesto que la complejidad del

problema en sus inicios y en su ulterior desarrollo, es tan grande que el

anterior boceto imaginativo no logra cubrirlo; pero, siguiendo a J. Rubio

Angulo (1979), todavía puede puntualizarse así:

(…) los principales problemas teóricos que planteó la

conquista y la colonización son los siguientes: primero, el de

determinar la naturaleza de los indios, es decir, replantear toda

la concepción del hombre. Es pues, un problema antropológico.

Doctrinas e ideas políticas

69

En segundo lugar, el de la incorporación de los nuevos

hombres a la cultura occidental cuyo elemento fundamental

era de carácter religioso. Tercero, el conjunto de problemas

jurídicos y políticos que suscitó la colonización, empezando

por la legitimidad de la soberanía española. (p. 89).

Esta tríada de problemas no representan meras lucubraciones

emprendidas por mentes ociosas. La irrupción de la “nueva” realidad

ameritaba la conformación de un nuevo horizonte de comprensión: la

cuestión antropológica y la

fi losófi co-política, ciertamente no eran pequeñas.

Se tiene, por ejemplo, una rápida idea de ello, si se atiende al testimonio

del cronista Francisco López de Gómara, quien en su

Historia General

de las Indias

([1552] 1979) aduce que el hecho más grande después de

la creación del mundo y de la Encarnación y Muerte de Jesucristo, fue

el descubrimiento de estas tierras. Resulta pertinente todavía referir dos

investigaciones contemporáneas que dan cuenta detallada del impacto que

tuvo la ampliación del mundo sobre la necesaria redimensión del horizonte

de comprensión aludido, especialmente porque ambas muestran el desgaste

paulatino que la ciencia escolástica —permítase decirlo así— fue sufriendo

como paradigma interpretativo en la última hora del mundo medieval.

La primera referencia es al texto de J. S. Da Silva Dias,

Infl uencia

de los descubrimientos en la vida cultural del Siglo XVI

(1986) (5).

Ciertamente, la investigación de Da Silva Dias se ocupa preferentemente

de la “in

fl uencia de los descubrimientos en ‘el modelado’ de la mente

nacional” portuguesa, pero no deja de ser indicativo del grave asunto que

más temprano que tarde tuvo que ser encarado como verdadero problema

fi

losófi co. Así, el autor documenta profusamente que una cuestión se

planteaba en los diarios, reportes o informes de navegantes, exploradores

o expedicionarios, y otra muy distinta lo que en “teoría” (

i. e., sin tomar

en cuenta lo dicho por la propia realidad) y según el modo silogísticodeductivo

propio de la escolástica tardía, se comenzó a discutir en los

5 La primera edición data de 1973, en portugués.

Doctrinas e ideas políticas

70

centros académicos, cuando se buscaba

re-conocer el nuevo estado de

cosas. Por ejemplo, uno de los problemas discutidos por los padres jesuitas

del Colegio Coimbrense consistía en determinar si la tierra descubierta era

una isla, o si el mar era un lago; sin embargo, la discusión se realiza dándole

escaso valor a las “revelaciones de la marinería” para ser integradas al curso

dialéctico del razonamiento, que se apoyaba en la “deducción abstracta” y

en el “análisis formal” (Da Silva Dias, 1986: 42). Como se comprenderá,

no cabe hoy desconocer el esfuerzo y la preocupación intelectual de

aquellos padres, pero como señala Da Silva Dias también es “innegable su

marginalidad al contexto de los descubrimientos” (p. 40). El autor referido

centra aún más:

(…) tocamos aquí el punto neurálgico de nuestro análisis. Lo

que marca la distancia irreductible entre los coimbrenses y los

intelectuales ligados a los descubrimientos, o la proximidad,

debida a la in

fl uencia de sus propios dinamismos, es la

actitud ante la autoridad de la ciencia tradicional y el valor

de sus métodos de análisis. Los jesuitas no pusieron en duda

la autoridad de esa ciencia ni la validez del método lógicoformal

en el plano de la

fi losofía natural. (p. 42).

Así, resulta comprensible por qué los seis primeros capítulos —por

decir lo menos— de la

Historia General de las Indias de López de Gómara

([1552] 1979), (que sí estuvo en las nuevas tierras) tengan tan sugestivos

como extraños subtítulos:

I. El mundo es uno, y no muchos, como algunos

fi lósofos

pensaron.

II. Que el mundo es redondo, y no llano.

III. Que no solamente es el mundo habitable, mas que

también habitado.

IV. Que hay antípodas.

V. Dónde, quién y cuáles son antípodas (

sic)

Doctrinas e ideas políticas

71

VI. Que hay paso de nosotros a los antípodas, contra la

común opinión de los

fi lósofos. (p. 377)

La segunda investigación a la cual conviene remitir es el también

erudito texto de M. Duchet,

Antropología e historia en el siglo de las luces

(1984) (

6). Salta, como sugiere su título, al siglo XVIII. Otro paradigma ha

a

fl orado ya como renuncia fi nal a la criteriología escolástica. La fi losofía

política de la conquista americana ha escrito sus páginas desde la polémica

Las Casas-Sepúlveda, o con la intervención de Vitoria y el nuevo Derecho;

con todo, en el Nuevo Mundo un orden colonial ha quedado establecido.

En el caso preciso de las provincias españolas, el fondo intelectual continúa

siendo escolástico. Lo de

fi nitivamente contrastante es el modo como el

“espacio humano” se ha constituido a partir de dos visiones del mundo

contrapuestas de modo dramático:

(…) por una parte, naciones civilizadas, arrastradas por un

movimiento que las aleja cada vez más de su condición

primitiva, por otra parte, pueblos salvajes, sin escritura,

y por consiguiente, sin pasado, arrancados brutalmente

a una duración inmóvil y arrojados al crisol de las razas y

de las civilizaciones. Mundo salvaje y mundo civilizado se

enfrentan y se de

fi nen recíprocamente el uno por el otro, el

uno contra el otro, irreconciliables en el tiempo y la historia.

Para una

fi losofía que pretende ser ciencia de lo universal,

hay en esto algo escandaloso, tanto en el orden de los

hechos como en el orden del conocimiento. La destrucción

de los indios, la esclavitud de los negros, la corrupción de

los tahitianos son tan inaceptables como la existencia de dos

tipos de sociedades irreductibles la una a la otra. Humanismo

y antropología, sobre el doble plano de la ciencia y de la

política se esforzarán en rebasar esta contradicción inicial: en

tanto que administradores-

fi lósofos, concebirán el proyecto

de ‘asimilar’, de ‘incorporar’, de reducir de alguna manera

6 La primera edición en francés data de 1971 y la primera en español de 1975, esto es,

cercana temporalmente a la de Da Silva Dias.

Doctrinas e ideas políticas

72

al estado de civilización a pueblos alógenos; como

fi lósofoshombres

de ciencia, se propondrán fundar una ciencia nueva

que, de todas las variedades de hombres, haga surgir una imagen

de hombre, por doquier diverso y por doquier semejante, que

se diferenciaría de sí mismo por grados casi inapreciables, a

lo largo de un proceso lento, del que se conocerían todas las

causas y todas las etapas. (Duchet, 1984: 25-26).

Entre los dos momentos intelectuales señalados por Da Silva Dias y

por Duchet, y de los cuales se ha valido esta exposición para ajustar el acto

imaginativo inicial, se encuentra que la llamada “

fi losofía política de la

conquista”, debida a pensadores “que nunca pasaron a las Indias” (Zavala,

1977: 20), dio el fundamento político del orden cerrado colonial. Conviene

no dejarse engañar por el carácter trivial que tiene este señalamiento o por su

apariencia de lugar común, al menos entre especialistas. Ha sido S. Zavala

(1977), quien con sus estudios sobre la

fi losofía política de la conquista ha

mostrado que, por ejemplo, las tesis de la servidumbre natural, sostenidas

en su momento inicial por representantes tan conspicuos como Juan de

Ginés de Sepúlveda (1987), pasaron al entramado intelectual y

fi losófi copolítico

colonial matizadas con las modernas teorías del pacto. La noticia

del nuevo énfasis se puede encontrar, por ejemplo, en la doctrina del jesuita

Domingo Muriel, profesor en la Universidad de Córdova (Tucumán),

quien en su

Rudimenta juris naturae et gentium (Venecia, 1791) gira el

argumento de la servidumbre natural en el sentido señalado:

El estado natural del hombre, de que se trata aquí, es el

estado de igualdad puesto que todos los hombres constan

de dos partes esenciales, es decir de cuerpo y alma. Es al

mismo tiempo el estado de libertad que no admite la sumisión

política ni civil, ni la compra del esclavo por el amo, ni las

leyes humanas positivas, salvo que ellas sean declarativas o

determinativas de la ley natural. La razón de todo esto se halla

en la propia igualdad del estado del estado natural tomado

en sí y en cuanto es distinto del social; pues le repugna la

desigualdad del imperante y del súbdito. Ahora bien, obsérvese

Doctrinas e ideas políticas

73

por qué ciertas cosas pasan por ser contrarias a la naturaleza

como la servidumbre y los dominios privados que, por otra

parte, son conformes a la naturaleza. En efecto, se reputan

contrarias porque son extrañas al estado natural de igualdad

tomado en sí, ni concuerdan con su idea y concepto. Pero son

conformes a este mismo estado porque, dada la suposición

que la servidumbre y los dominios hayan sido introducidos

por medio de pactos legítimos, el derecho natural dice que

deben ser observados. (…) El derecho de gentes es el mismo

derecho natural adaptado al estado social de los hombres. (cit.

por Zavala, 1977: 62).

En su examen sobre los indios de América, Muriel alega que tienen

oscurecido el derecho natural y el de gentes, así como la razón misma.

Ahora bien, la teoría de la servidumbre natural, en manos de la escolástica

tardía, hacía “descansar el derecho de dominio sobre la facultad racional

del hombre” (Zavala, 1977: 63). Muriel, no le niega al nativo americano

tal facultad, pero sí señala que la tiene atenuada, “por lo que su derecho

de dominio [de sí] resulta más débil y precario” (Zavala, 1977: 63). Por

lo tanto, ante tal situación se hace irrenunciable que las gentes de otras

naciones con semejante facultad y derecho, pero más fortalecidas, imperen

sobre ellos, eso sí, previo pacto. Esto es Sepúlveda aderezado con la idea

de pacto, o como concluye Zavala (1977): “la teoría no es idéntica, pero

guarda cierto parentesco con ella” (p. 63). Finalmente:

Es oportuno advertir que la servidumbre natural, tan pronto

referida a los indios como a los negros, no sólo contó con

defensores en el ambiente letrado de los siglos XVI a XVIII.

En la práctica de la Colonización se apoyó en un sentimiento

favorable a la separación de castas y al predominio de los

blancos sobre las otras razas. El mestizaje con el indio y con

el negro acaso moderó estos prejuicios; pero sería un error

histórico desconocer la existencia de ellos, así como sus

repercusiones en la vida institucional de Indias. (Zavala,

1977: 65-66).

Doctrinas e ideas políticas

74

En las colonias americanas, la

fi losofía escolástica española imperó,

como plataforma intelectual, durante los siglos XVI al XVIII. No sólo

brindó la base justi

fi cadora del dominio político (lo cual se ha enfatizado

hasta aquí), sino que también propició la re

fl exión fi losófi ca en otros

órdenes. Así, encontramos, por ejemplo, dos autores, uno del siglo XVII y

otro del XVIII, que orientaron su quehacer indagativo hacia la Metafísica

y la Filosofía Moral, son ellos Alfonso Briceño y Agustín de Quevedo y

Villegas. Véase seguidamente, y de modo harto esquemático, los aportes

de cada uno, para tener entonces un cuadro un tanto más general del estado

de la Filosofía en Venezuela Colonial.

2. Alfonso Briceño: El “Primer Teólogo Indiano”

Una sucinta nota biográ

fi ca nos llega por J. D. García Bacca

(1954b):

El año de 1659 llegaba a Caracas, con el cargo de Obispo, Fr.

Alfonso Briceño.

Había nacido en Santiago de Chile, en 1590. En su

peregrinación hacia el Norte, Lima lo vió y admiró de profesor

de Teología. Hacia 1636.

Roma lo nombró Obispo de Nicaragua en 1644. De allá lo

destinaron, con el mismo cargo, a nuestra Ciudad de Santiago

de León. De ella pasó a Trujillo. Murió hacia 1668; según

la

Biblioteca Hispana de Nicolás Antonio, (edic. 1783) aquí

mismo en Caracas. (p. 17)

La obra

fi losófi ca de Briceño está contenida en su Prima pars

celebriorum controversiarum in Primun Sententiarum Iohannis Scoti

doctoris subtilis, Theologorum facile Principis

, publicada en Madrid

(según el uso de la época) hacia 1638. Parte de ella se encuentra traducida

al castellano e integra el primero de los tres tomos de la

Antología del

Doctrinas e ideas políticas

75

pensamiento

fi losófi co venezolano

, seleccionada y traducida por J. D.

García Bacca (1954a) y publicada por el Ministerio de Educación en 1954.

El texto de Briceño es un verdadero monumento de la Teología y de la

Filosofía Escolásticas, asentado sobre una muy interesante base

fi losófi ca

de cuño franciscano, especialmente la rama que entre los siglos XIII y

XIV articulara John Duns Scoto (1266-1308), el

doctor subtilis como se

le llamó. Esto le da un talante propio a la obra de Briceño, pues indica la

perspectiva desde la cual la

fi losofía del autor tomó partido, particularmente

si se recuerda que tal posición había de ser adoptada por el marco dentro del

cual ella se ubica: la antigua disputa entre franciscanos y dominicos, que

en verdad traducía la polémica entre dos vertientes harto precisas de ver el

problema de la relación fe y razón, la agustiniana (con sabor neoplatónico)

y la tomista (de altas dosis aristotélicas). Es la

fi losofía de Briceño una que

fundada sobre el scotismo trató los problemas metafísicos más clásicos y

más difíciles de tal subdisciplina

fi losófi ca: la distinción real de esencia y

existencia, la unidad del ser, el principio de individuación… por mencionar

sólo tres cuya consulta puede realizarse a partir de la antología mencionada

arriba.

Un tema clásico —y por cierto, muy técnico— de la Metafísica

general, es el del Ser y el existir. Briceño trata el asunto en la disputación

metafísica que dedica a la esencia y la existencia creadas (Briceño, 1954:

77 y ss). Teniendo en su horizonte polémico las

fi losofías de S. Tomás de

Aquino y de F. Suárez y sustentado sobre los postulados de J. Duns Scoto,

el autor debate en el mejor de los estilos dialécticos de la escolástica, con

el típico rigor y abstracción resolutivo y compositivo que, en verdad, no

deja respiro a la atención. Y la posición de Briceño no deja ser interesante,

vista —sin exagerada estima— desde la perspectiva de lo que la

fi losofía

moderna ya comenzaba a decir al respecto. Siguiendo la interpretación

de García Bacca (1954c), para Briceño “el existir (…) es un estado de

concreción de dos abstractos iniciales:

el ser y la esencia. El Ser resulta tan

incomponible con las cosas como

la esencia” (p. 29). Ilustrando con el autor

Doctrinas e ideas políticas

76

citado: Juan es ser y es un hombre, pero ni es

el Ser ni es el Hombre. “Con

El ser

no se puede hacer metafísica alguna, al modo que con el dos, el uno,

el

cinco…… no se puede hacer aritmética alguna ni ejecutar operación de

ninguna clase”. De donde se sigue que “por parecido motivo,

la esencia,

—la humanidad, la corporeidad, la sustancialidad, la accidentalidad, la

redondez……— no valen para componer nada; no pueden dar psicología,

antropología, geometría……” (ambas citas textuales son de García Bacca,

1954c: 29). Todo ello signi

fi ca que existir es ser algo concreto: Juan, ese que

pasa a nuestro lado y nos saluda amablemente según el uso respectivo,

ese

Juan es la concreción de la esencia “humanidad”, que es una abstracción, o

constructo como dicen algunos. Para Briceño, “

existir es estar siendo algo

en concreto

” —para terminar diciéndolo de acuerdo a la interpretación de

García Bacca (1954c: 30).

Darle a lo ideal, a lo abstracto tal concreción es voltear los ojos

hacia lo individual: “

éste X”, “ése X”. El Hombre ni es ni está siendo; es

y

está siendo Juan, ese que nos estrecha la mano cuando nos saluda. La

implicación es radical, entonces:

Cuando llega la hora de la verdad, nadie vive por nadie, nadie

piensa por nadie, nadie

es por otro; nadie se individua por

otro, nadie

existe por otro; cada uno existe por sí mismo

(Escoto, Suárez, Briceño); él

es su existencia; cada uno se

individua por sí mismo,

es su individuación. (Escoto, Suárez,

Briceño).

Yo

no soy ya uno cualquiera, un cualquiera de todos los de

un todo, más o menos venerable y necesario: Estado, Iglesia;

sino

yo soy algo único, solitario, inexplicable por ningún

universal, ni siquiera caigo bajo la extensión de un predicado

unívoco. De ahí que toda esta escuela, al negar la objetividad

de los universales, lo haga guiada e

fi cazmente por la intuición

y experiencia inmediata de la singularidad de lo real. Bajo

un

universal (un Todo, kath-holon, Aristóteles) sólo caben

particulares

; y bajo la extensión unívoca de un universal,

Doctrinas e ideas políticas

77

solamente pueden hallarse objetos que sea cada uno-de-tantos,

uno de todos los del Todo, sin originalidades, singularidades,

unicidades. (García Bacca, 1954c: 31, 55).

No es posible llevar más lejos esta exposición sin costo alguno para

la extensión de este trabajo, por lo que se deja frente al lector un problema

abierto, esbozado en lo mínimo, para que algunas conclusiones, además,

pueda entrever. Por lo pronto y reseñado, no cabe duda de que se está

delante de un pensador con dureza

fi losófi ca; que, desde aquel Trujillo

de 1638,

fi losofa para su audiencia contemporánea e histórica —cada

quien en su problemática, por supuesto— en el más arduo terreno de la

Metafísica; y que tuvo clara conciencia de su aporte, pues ya en el prólogo

de su obra, que le dedica a Felipe IV, se llama a sí mismo “teólogo primero

que de las Indias surgió”, aun cuando también la humildad franciscana,

siempre constante, le haga decir: “yo de vuestros indianos, ín

fi mo teólogo”.

Interesantes dichos, si de soslayo se aprecia también la opinión de Pedro

de Ortega y Sotomayor, limeño, censor o

fi cial del texto de Briceño, quien

desde el propio Lima en su recomendación de la obra de nuestro autor,

escribió:

¿Qué cosa buena puede venir de las Indias? (…) cuando se

halla en el ocaso del sol, y su luz es la última que da? Que

de las Indias salgan oro, margaritas, toda clase de tesoros,

armadas enteras de ellos, todos lo conceden; mas ¿quién se

atreverá a a

fi rmar que de ellas provengan ingenios, doctores?

(…) Ya es mucho (…) que gentes criadas en tierras tales,

sean admitidas a la especie átoma y a la esencia de hombre

(…). Me felicito que hayamos sido los peruanos los primeros

admitidos a tal especie, sin pretender que vosotros solos, los

españoles, seáis hombres; reivindicasteis nuestro corazón,

naturaleza y condición de la de bestias. (cit. en García Bacca,

1954b: 21).

Doctrinas e ideas políticas

78

3. Agustín de Quevedo y Villegas: El Amor a la Sabiduría

En el siglo XVIII —permítase la licencia:

venezolano— se encuentra

otro fraile, cuyos datos biográ

fi cos son escasísimos, aunque quizá sea de

gran agrado que entre los que se conservan se halle el de su parentesco con

uno de los más grandes poetas del Siglo de Oro Español. No se conocen

las fechas de nacimiento y muerte. Los registros que señalan los períodos

de publicación de las obras a las cuales se hará referencia acá, se ubican

de 1752 a 1756, en la ciudad de Coro. De él han dado noticia P. M. Arcaya

(Discursos leídos en la Academia Venezolana, 28-01-1917, cit en García

Bacca, 1954d: 185) y García Bacca en su

Antología…, ya mencionada.

Se trata de Fr. Agustín de Quevedo y Villegas, también scotista, como

Briceño.

En los textos de A. de Quevedo y Villegas que aparecen en la

Antología…

preparada por García Bacca (1954a) (7), se observa una

re

fl exión que encaja perfectamente en lo que suele denominarse con la

expresión “Filosofía Moral”, esto es, cuando lo moral se convierte en

objeto de examen

fi losófi co y se procura indagar acerca de los fundamentos

de la moralidad, por lo que los problemas en torno al bien, a los

fi nes,

la intencionalidad, el deber, la obligación…, aparecen en el centro de

la discusión. Los temas de Quevedo y Villegas, precisamente tocan

semejantes aspectos: el problema de la identidad de

fi n y bien, el infl ujo

del

fi n último sobre los actos humanos, la raíz de la moralidad, el muy

espinoso asunto de la libertad humana y la acción voluntaria, la bondad y la

maldad moral, la regla de la moralidad… Esta mención ni es exhaustiva ni

implica jerarquía alguna, es meramente enunciativa: que de lograr algo en

su intención, ojalá sea mostrar el territorio inexplorado en el cual se ubica

la obra de Quevedo y Villegas. Peso

fi losófi co específi co parece tener, más

que resultar una “rara especie” que llama la curiosidad del anticuario, o

del historiógrafo de la

fi losofía. Véase una muestra de lo que se pretende

7 Se seguirá enteramente esta selección, que hasta donde conoce el autor de las presentes

líneas, es la única realizada en Venezuela.

Doctrinas e ideas políticas

79

sugerir acá, advirtiéndose de antemano el carácter esquemático de las

líneas siguientes.

Es problema no solo

fi losófi co, sino hasta cotidiano, sobre qué

bases se ha de dar cuenta de los actos cali

fi cados como morales. “Juan

hizo X, pero eso no es bueno”, se dice en el ámbito del lenguaje común.

Aquí el enunciado posee un doble problema: uno, del lado del agente y,

otro, del lado de quien cali

fi ca la acción. A despecho de tal duplicidad,

ambos polos tienen una exigencia común: han de fundar su acción y su

cali

fi cación, respectivamente, sobre una base apreciada como sólida, o

justi

fi cadora de una u otra cuestión. Más explícito: Juan ha de ser capaz de

indicar justi

fi cadamente por qué ejecutó su acción, esto es, ha de estar en

capacidad de señalar cuestiones tales como su

fi n, o sus motivos, o lo que

en el lenguaje ordinario llamamos, sus razones, con base en un principio

general que, según él, orienta su acción; y quien cali

fi ca la acción de Juan

ha de ser igualmente capaz de mostrar sobre qué bases cali

fi ca como lo hace

a la acción de Juan. Ninguno de los dos, agente y evaluador, escapan a ello,

si quieren, por lo demás, ser captados con propiedad. Los

fi lósofos que han

tratado el tema han sugerido que la base exigida se puede encontrar, o en la

facultad racional ( = el entendimiento), o en las pasiones, o en la voluntad,

o en los sentimientos. Nótese que la disyunción exclusiva no se oculta: o

es una, o es otra (principio del tercero excluido); en todo caso, se podrá

admitir la relación instrumental de alguna de esas instancias con aquella

considerada como fundamental (

v. gr., que la razón sea un instrumento

de las pasiones). Sin embargo, ubíquese donde se ubique, la solicitud de

justi

fi cación está siempre presente, al momento de hablar de actuación o

cali

fi cación responsables. Este es un problema absolutamente relevante

que toda Filosofía Moral, con pretensiones de seriedad, ha de plantear.

Agustín de Quevedo y Villegas encaja en semejante formulación

general. Su posición al respecto es diáfana: el fundamento de la moralidad

es el entendimiento; el de la libertad, la voluntad (Cf. García Bacca, 1954d:

Doctrinas e ideas políticas

80

221). “La moralidad de los actos humanos —alega Quevedo y Villegas—

formalmente consiste en la dirigibilidad o dirección por la recta razón,

interviniendo, con todo, la libertad como fundamento del género íntegro

de las costumbres” (Quevedo y Villegas, 1954: 253). En primer lugar,

la razón dirige los actos morales y la rectitud de ella se expresa en que

lo único razonable es hacer el bien. En segundo lugar, hay actos libres

que no son morales, por lo que la moralidad no implica directamente la

libertad (Quevedo y Villegas, 1954: 254); pues la moralidad “es algo que

sobreviene a la naturaleza” (

Idem), esto es, todos somos libres antes de

toda moralidad. Pero, la libertad, en el terreno de los actos propiamente

cali

fi cados como morales, juega un papel fundamental. Un boceto de la

argumentación del autor es el siguiente:

Todo lo moral es bueno o malo o indiferente. Mas si el

acto tiende a un objeto consonante con la recta razón, el

acto será bueno; si es disonante con ella, se llamará malo;

si es indiferente, el acto será indiferente también;

luego el

acto moral se distingue del acto físico. (…) la moralidad

consiste en la libertad, precisamente como fundamento de

todo el orden de las costumbres; tanto porque, puesta la sola

libertad, no se concibe aún formalmente la moralidad, sino

tan sólo fundamentalmente, hasta que sobrevenga la dicha

dirección o dirigibilidad. (…) Para que un acto sea moral,

debe ser imputable;

es así que donde no hay libertad no hay

imputabilidad;

luego la libertad es fundamento de todo el

orden moral. (…) la esencia de la moralidad, cosa que explica

la de

fi nición, demos, y reciba el lector, la defi nición de acto

moral, común entre los nuestros:

Es un acto de la criatura

racional, libre, según razón

. (pp. 254-255).

Es fácil entrever la dimensión de lo sostenido por el autor y la

discusión que cabe entablar con él. No es posible en estas páginas llevar

a cabo tal cuestión. Solo apuntar, nuevamente, la veta indagativa que hay

acá. Ya lo dijeron los mismos coetáneos de Quevedo y Villegas. Entre ellos,

Doctrinas e ideas políticas

81

Manuel de las Casas, censor de la obra, quien desde Madrid el 04 de mayo

de 1752, aprobando el texto, dijo:

¿De dónde nos vienen partos y concepciones tan admirables?

De la India; y en la India se dice todo ello sin que se extrañe

España. Porque preguntado Job: ¿Dónde se halla la Sabiduría

y en qué lugar está la inteligencia?, muchos serán, los que,

aun de mal grado, tendrán que responder: En el cielo nace de

la boca del Altísimo; pero en las Indias se cultiva y fomenta.

Progresa en las Indias, y hasta nosotros llega. Téngase por

feliz a la Arabia; pero más felices son las Indias, no porque de

ellas venga el oro obrizo, no porque se halle en ella oro y plata,

sino porque de allí viene y en ella se encuentra la Sabiduría,

por la cual… Salgan, pues, a la luz pública lo que va a dar

lustre a las Indias y a su autor; en las Indias resplandeció, pues

en ellas fue maestro… Salga, pues este escrito como el Sol,

para iluminar un mundo tras otro, y por

fi n todo el Orbe. (…)

He aquí una Teología más preciosa que todos los tesoros de

las Indias. (cit. en García Bacca, 1954d: 194-195).

4. La larga espera:

Filosofía del Entendimiento de Andrés Bello (8)

Entre enero de 1843 y febrero de 1844, A. Bello produce y publica

en

El Crepúsculo (Santiago de Chile) un conjunto de artículos que bajo

el título general de “Teoría del Entendimiento”, fueron apareciendo de

forma consecutiva desde el primer hasta el décimo número de la referida

publicación periódica (

9). Posteriormente, en 1845 y desde el seno de

un intercambio polémico (

10), El Araucano trae lo que posteriormente

8 Hasta indicación en contrario, lo que sigue es un resumen de un desarrollo del tema in

extenso presentado por García Torres (2002).

9 García Bacca (1981) ha mostrado la manera como tales artículos dieron cuerpo a la futura

Filosofía del Entendimiento, mediante la indicación de las debidas correspondencias entre el

texto publicado y lo que luego conformarían algunos sus apartados

10 Siguiendo a García Bacca (1981: XXVIII): “(…) artículo (…) dedicado casi íntegramente

a criticar ciertas ideas de Lógica, desarrolladas por R. Briceño en su

‘Curso de fi losofía

moderna’

(…)”.

Doctrinas e ideas políticas

82

formará, en buena medida, el segmento titulado “Lógica” en

Filosofía del

Entendimiento

. Dando por válida la apreciación de García Bacca (1981),

esto signi

fi ca que ya para 1848 estaba formada la estructura del texto

—y junto con el comentarista vale decir: de la

fi losofía de Bello. Siete

años luego de la muerte del autor, el Gobierno nacional chileno decreta

la edición de sus obras completas. El tomo inicial estaría dedicado, como

en efecto así fue, al pensamiento

fi losófi co de Bello. La responsabilidad

de su preparación recayó sobre el P. Juan Escobar Palma, quien con los

manuscritos dejados por Bello sobre el asunto más los mencionados

artículos, completó el texto que hoy se conoce. El tomo vio la luz en el

centenario del natalicio de Bello (

11).

Dos datos se tienen, entonces: por un lado, las fechas de confección

y publicación, 1843-48 y 1881; y por el otro, la pretensión del autor con

su texto, intencionalidad que encuentra sentido si se repara que Bello en

la década de 1840 formaba parte del

staff académico de la Universidad de

Chile, en una categoría que le implicaba el ejercicio de la labor

fi losófi ca,

al menos desde el plano docente. Bello conoció competentemente tanto la

tradición peripatético-escolástica como las novedosas formulaciones de la

llamada

fi losofía moderna, en su doble presentación: corriente racionalista

y vertiente empirista. Esto signi

fi ca que su horizonte intelectual, en tanto

autor empeñado en proponer un texto que

efectivamente orientara al

estudiante universitario por los caminos de la

fi losofía, era uno en el cual (a)

se había de romper de manera de

fi nitiva con el peripatetismo escolástico,

11 Ardao (1986) ha señalado que los manuscritos sobre los que trabajó Escobar Palma,

han desaparecido. Por lo que las ediciones en español de Filosofía del Entendimiento que

se tienen hasta la fecha, necesariamente han tenido que reproducir lo hecho por Escobar

Palma para 1881. Son ellas: 1948, Editorial Fondo de Cultura Económica, colección

“Biblioteca Americana”, México, prólogo de J. Gaos (re-editada con motivo de la celebración

de los 70 años de la Editorial, bajo la “Colección Conmemorativa 70 Aniversario”, Nº 40,

en la contrasolapa se lee: “Esta Colección Conmemorativa es una muestra de los libros

ahora clásicos que el Fondo de Cultura Economica ha publicado a lo largo de sus 70 años.

Presentamos setenta títulos escogidos entre los muchos miles que conforman nuestro

catálogo (…)”. Es un reconocimiento, pues, de la relevancia del texto de Bello. 1951:

Ministerio de Educación, Caracas, tercer tomo de las Obras Completas de Bello, prólogo de

J. D. García Bacca. Y a partir de esta última, en 1981, la segunda edición, facsimilar, hecha

por la Fundación La Casa de Bello, Caracas, en el marco del año bicentenario del natalicio

de Bello. Acá se utiliza esta última edición.

Doctrinas e ideas políticas

83

“jerigonza bárbara que se denominaba

fi losofía en las aulas coloniales”

(aprovechando, aunque en otro sentido, la expresión de Amunátegui, 1882:

19), dejar, pues, “el tontillo de la doctrina aristotélico tomista” y vestirse

à la

moderna (Bello, 1960, I: 68); y (b) continuar con el examen de los

radicales problemas que de corte epistemológico planteó la conciencia

moderna, estudiados por Bello, así sea incipientemente, desde el seno de la

misma Universidad de Caracas (

12), y que prosiguió de modo autodidacta

en el período postuniversitario caraqueño hasta su traslado a Londres,

período de

fi nitivo en la dedicación a la fi losofía moderna.

Es en la edición canónica de 1881 donde queda ya expuesto con toda

precisión el programa

fi losófi co de Bello. En primer lugar, la fi losofía en

general tiene dos metas, en principio conexas: la comprensión del aparato

cognitivo humano y “la acertada dirección” de los actos igualmente humanos.

Esto, en segundo lugar, demarcaría el campo interior de la disciplina en dos

grandes territorios: por una parte la

Filosofía del Entendimiento y, por la

otra, la

Filosofía Moral, respectivamente La primera, a su vez, se despliega

en lo que Bello llama (muy acorde con el lenguaje normativo del momento,

aunque hoy,

terminológicamente hablando, suene extraño y ajeno) la

Psicología Mental

o Intelectual y la Lógica (en un sentido próximo a

lo que

prima facie se sigue entendiendo por ello, quizá con un “aire de

familia” más cercano a la hoy denominada “Teoría de la Argumentación”).

La segunda, se resuelve en una doble subdivisión compuesta por lo que el

autor llama

Psicología Moral y Ética. Los sentidos de cada uno de estos

territorios son explicitados por Bello:

La Filosofía, en cuanto tiene por objeto conocer las facultades

y operaciones del entendimiento, se llama

Psicología Mental

o

Intelectual, y en cuanto da reglas para la acertada dirección

de estas facultades y operaciones, se denomina

Lógica. En

cuanto tiene por objeto conocer las facultades y actos de

12 Sobre el asunto revísense en primer lugar lo dicho por Ardao (1986), García Bacca (1981);

y luego lo referido en textos ya clásicos como los de Caracciolo Parra (1934) y R. Caldera

(1992).

Doctrinas e ideas políticas

84

la voluntad se llama

Psicología Moral; y fi nalmente, en

cuanto da reglas para la acertada dirección de nuestros actos

voluntarios, le damos el nombre de

Ética. (Bello, 1981: 6).

Dado que no cabe acá hacer una exposición más extensa del texto

de Bello, conviene aquí tomar una muestra (tal y como se ha hecho con

los anteriores autores) que permita captar la pertinencia de examinar

sustantivamente al

fi lósofo, lo cual además de modo oblicuo pretende

indicar un posible campo de investigación. Diríjase, entonces, la atención

al siguiente problema

fi losófi co encarado por Bello. (13)

Es bien conocido el duro impacto que ha tenido para el conocimiento

en general la crítica de Hume al principio de causalidad. Todavía más grave

lo es, de rodar semejante crítica a los terrenos de la Filosofía de la Ciencia,

en tanto Teoría

Especial del Conocimiento: de aquel tipo de conocimiento

empeñado en alcanzar un nivel

epistémico. Se recordará que para Hume

no hay tal cosa como conexiones necesarias entre dos fenómenos, lo que

hay son meras sucesiones. Además, si se atiende a que el ámbito de los

fenómenos está subsumido en el de las “cuestiones de hecho” (

matters of

fact

), donde cualquiera de sus aserciones puede ser negada sin incurrir en

contradicción; se sigue que, aunque la experiencia hasta la fecha presente

le muestre al observador, que luego del fenómeno

A sucede el fenómeno

B

, esa misma experiencia no le sirve para fundar algún tipo de inferencia

acerca de esos mismos fenómenos y su ocurrencia futura. La regularidad del

mundo fenoménico no es ontológica, es psicológica: estamos habituados a

ver sucesiones de hechos. Así, para Hume, todo conocimiento se funda en la

experiencia, pero la experiencia no sirve para fundar el conocimiento. (

14)

Bello dedica un capítulo completo de su

Filosofía del Entendimiento

al tratamiento de este agudo asunto (Bello, 1981: 124 y ss). “Entre dos

13 Lo que sigue es una presentación resumida del trabajo in extenso presentado por García

Torres (2006).

14 Desde luego, que el planteamiento es más complejo. Pero por razones de espacio es

preciso pintar sólo un boceto del argumento de Hume.

Doctrinas e ideas políticas

85

fenómenos naturales –sostiene el autor- suele haber tal conexión que en

veri

fi cándose (sic) uno de ellos, se verifi ca consecutivamente el otro”

(Bello, 1981: 124). Ya sea que por ello se entienda

producción (p. e.,

cuando en el habla cotidiana se dice que una chispa

produce la explosión

de la pólvora), o que se quiera “atribuir cierta acción a una cosa sobre otra”

(p. e., cuando se indica que el agua

disuelve la sal), “no entendemos –alega

Bello- ni damos a entender otra cosa, sino que el uno de los dos hechos

sigue, constantemente al otro; que así ha sucedido hasta ahora, y que así

sucederá siempre” (p. 125). Es decir, que la causalidad es una relación

concebida por el entendimiento, sobre la base de “la

constante sucesión

de dos fenómenos determinados” (

Idem). Esta conexión formada por el

entendimiento es una “tendencia o instinto” común en el hombre (p. 126),

o en otros términos, hay una “creencia instintiva” en los humanos que traza

regularidades con base en la experiencia de la referida sucesión constante

(p. 133):

El principio de la estabilidad de las conexiones fenomenales,

y el principio de la precedencia necesaria de un fenómeno o

serie de fenómenos a todo nuevo fenómeno, son dos leyes

primordiales de la inteligencia humana. Todo raciocinio

fundado en la experiencia las implica. Llámase el primero

principio empírico

, porque es el que más directamente

autoriza las deducciones experimentales: el otro se llama

principio de causalidad

. (…) los hombres raciocinan con

ellos sin que su conciencia los columbre siquiera. Son dos

principios por los cuales es guiado el hombre sin saberlo. Son

dos movimientos impresos a su inteligencia por el Autor de la

naturaleza. (p. 133).

El error en que habrían incurrido los

fi lósofos, aconteció cuando

éstos llevados por las “expresiones metafóricas” de que se sirve el lenguaje

para signi

fi car la relación de causalidad, se “deslumbraron” por las mismas

y se

fi guraron que detrás de ellas se encubría una “cierta acción misteriosa,

distinta de la mera invariabilidad” de la precedencia de un fenómeno a otro.

Doctrinas e ideas políticas

86

El autor de este trabajo llama a esa salida de Bello: la

solución semántica al

problema de la causalidad, que no voltea las cosas en el ámbito ontológico,

intenta salir de la solución psicológica de Hume, remite a un principio

relacional de corte trascendental, y modula en términos lingüísticos las

ideas que suelen asociarse a la causalidad cuando se habla acerca del

mundo.

No es posible extender más lo anterior. La discusión es más larga

de lo que estas líneas le pueden dedicar. Sin embargo, comparativamente

con el empirismo de Hume, las tesis de Bello juegan otra posición. El

interesado en tales asuntos, propios de la Filosofía de la Ciencia o de la

Teoría General del Conocimiento, sin lugar a dudas, tiene en Bello un autor

con quien podrá dialogar

fi losófi camente.

Valga, una apreciación

fi nal, de sugestivo cierre, apoyada en las

palabras de García Bacca (1981):

Filosofía del Entendimiento” puede servir no sólo para

introducirse en la

fi losofía moderna, y no en otra alguna,

más o menos venerable y vetusta, sino para hacerlo a través

de la

fi losofía inglesa; e inversamente, la Filosofía del

entendimiento

sirve para navegar en la corriente moderna

empirista, sin dejarse arrastrar por ella, salvando ideas,

sentimientos, preferencias muy propias de nuestro tipo vital y

cultural. (p. LXXIX –resaltados en el original).

Por otro lado, también vale de mucho la apreciación que en 1948 ya

asomara J. Gaos en su

Introducción a Filosofía del Entendimiento: “Si

Bello hubiera sido escocés o francés, su nombre

fi guraría en las historias

de la

fi losofía universal” (Gaos, 2006: 87). Sin embargo, más allá de

meras menciones honorí

fi cas, a lo que apuntan los dos autores citados

acá es al carácter relevante de Bello

fi lósofo, por la posibilidad abierta

de replantear desde Filosofía del Entendimiento, temas y problemas de

Doctrinas e ideas políticas

87

orden epistemológico y ontológico, que todavía siguen vivos en la mesa

fi

losófi ca de hoy. El tema de la causalidad, por ejemplo, es uno de ellos.

Queda, pues, avistada otra veta de indagación.

5. Referencias Bibliográ

fi cas

Abellán, J. L. (1972).

La idea de América: Origen y evolución. Madrid:

Istmo.

Amunátegui, M. L. (1882).

Vida de don Andrés Bello. Santiago de Chile:

Pedro G. Ramírez.

Ardao, A. (1980).

Idea y nombre de América Latina. Caracas: Celarg.

Ardao, A. (1986).

Andrés Bello, fi lósofo. Caracas: Academia Nacional de

la Historia.

Bello, A. (1960). Carta a Pedro Gual, 1824. En

Epistolario de la primera

República

. Caracas: Academia Nacional de la Historia.

Bello, A. (1981). Filosofía del entendimiento. En A. Bello,

Obras

Completas

(2da. ed.; t. III). Caracas: La Casa de Bello.

Briceño, A. (1954). Disputación metafísica sobre la esencia y la existencia

creadas. En J. D. García Bacca (Comp.),

Antología del pensamiento

fi

losófi co venezolano

(t. 1). Caracas: Ministerio de Educación

Caldera, R. (1992).

Andrés Bello. Caracas: Monte Ávila.

Da Silva Dias, J. S. (1986).

Infl uencia de los descubrimientos en la vida

cultural del Siglo XVI

. México: FCE.

Doctrinas e ideas políticas

88

Duchet, M. (1984).

Antropología e historia en el siglo de las luces: Bufón,

Voltaire, Rousseau, Helvecio, Diderot

(2da. ed.; F. González

Aramburu, Trad.). México: Siglo XXI.

Gaos, J. (2006). Introducción. En: A. Bello,

Filosofía del Entendimiento

(pp. 7-102). México: F.C.E.

García Bacca, J. D. (Comp.). (1954a).

Antología del pensamiento

fi

losófi co venezolano

(3 tomos). Caracas: Ministerio de Educación.

García Bacca, J. D. (1954b). Prólogo a la Primera Parte: Alfonso Briceño.

En J. D. García Bacca,

Antología del pensamiento fi losófi co

venezolano: Siglos XVII y XVIII

(t. 1, pp. 17-23). Caracas:

Ministerio de Educación.

García Bacca, J. D. (1954c). Introducción

fi losófi ca a las Disputaciones

Metafísicas de Alfonso Briceño. En: J. D. García Bacca,

Antología

del pensamiento

fi losófi co venezolano: Siglos XVII y XVIII

(t. 1,

pp. 25.76). Caracas: Ministerio de Educación.

García Bacca, J. D. (1954d). Introducción general e histórica a los tratados

fi

losófi cos de A. Quevedo Villegas. En: J. D. García Bacca, Antología

del pensamiento

fi losófi co venezolano: Siglos XVII y XVIII

(t. 1,

pp. 181-206). Caracas: Ministerio de Educación

García Bacca (1981). Introducción general a las obras

fi losófi cas de

Andrés Bello. En: A. Bello,

Obras Completas (2da. ed.; t. III; pp.

IX-LXXX). Caracas: La Casa de Bello.

García Torres, R. (1995). Filosofía e historiografía

fi losófi ca. Revista

Venezolana de Filosofía

, 31-32, pp. 203-217.

García Torres, R. (2002). Para una lectura de la

Filosofía del Entendimiento

de Andrés Bello.

Akademos, 4(2), pp. 45-62.

Doctrinas e ideas políticas

89

García Torres, R. (2005). La Filosofía y su historia.

Iter-Humanitas, 3,

pp. 59-80.

García Torres, R. (2006). Andrés Bello: La solución semántica al problema

de la causalidad en Hume. En:

Andrés Bello y la gramática de un

Nuevo Mundo: Memorias V Jornadas de Historia y Religión

(pp.

229-242). Caracas: Ucab – Fundación Honrad Adenauer Stiftung.

Gracia, J. J. E. ([1992] 1998).

La fi losofía y su historia: Cuestiones de

historiografía

fi losófi ca

(J. J. Sánchez Álvarez-Castellanos, Trad.).

México: UNAM.

López de Gómara, F. ([1552] 1979).

Historia General de las Indias –

Vida de Hernán Cortés

. Caracas: Biblioteca Ayacucho.

Marías, J. ([1947] 1976).

Introducción a la fi losofía (12a. ed.). Madrid:

Revista de Occidente.

Parra, C. (1934).

Filosofía universitaria venezolana: 1788-1821. Caracas:

Parra León hermanos.

Quevedo y Villegas, A. (1954). Tratado

fi losófi co: De la moralidad de los

actos humanos. En: J. D. García Bacca,

Antología del pensamiento

fi

losófi co venezolano: Siglos XVII y XVIII

(t. 1, pp. 249-276).

Caracas: Ministerio de Educación.

Rubio Angulo, J. (1979).

Historia de la fi losofía latinoamericana: I.

Bogotá: USTA.

Sepúlveda, J. G. de. (1987).

Tratado sobre las justas causas de la guerra

contra los indios

(2da. reimpr.). México: F.C.E.

Zavala, S. (1977).

La fi losofía política en la Conquista de América (3ra.

ed.). México: FCE.

Doctrinas e ideas políticas

90

Doctrinas e ideas políticas

91

IDEARIO POLITICO DE “SIMON BOLIVAR”

Cnel. (Ej.) Arturo Castillo Máchez.

1

– I –

Uno de los factores que signaron el alma de Bolívar

fue su amor

por la libertad

. La expresó públicamente cuando en el Monte Sacro

pronunció su juramento el 15 de agosto de 1805 ante su maestro Simón

Rodríguez.

“Juro delante de usted. Juro por el Dios de mis padres. Juro por

ellos. Juro por mi Patria y juro por mi honor, que no daré descanso a mi

brazo ni reposo a mi alma, hasta no ver rotas las cadenas que nos oprimen

por voluntad del poder español”.

Este juramento fue fuente de inspiración para lo que posteriormente

Bolívar haría hasta el

fi n de su vida: Conducir hombres para libertar a

los pueblos y darles una Constitución que garantizara su existencia

.

Después de los sucesos del 19 de abril de 1810 empieza a tener

participación activa y directa en los procesos revolucionarios que lo van a

llevar a amalgamar una vasta obra que condensará en su ideario político.

La comisión a Londres en nombre de la Junta Suprema, le permite conocer

a Francisco de Miranda, veterano militar y político, quien expuso su

primigenia tesis de la unión de las colonias hispanoamericanas en una gran

nación con el nombre de Colombeia (Colombia).

Meses más tarde y en los albores de la Declaración de la

Independencia con la

fi rma del Acta respectiva el 5 de julio de 1811,

Bolívar deja constancia de su resolución por la libertad, cuando ante

1

Presidente de la Sociedad Bolivariana de Venezuela.

Doctrinas e ideas políticas

92

algunos representantes dubitativos increpa: “Es que trescientos años de

calma ¿no bastan? Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad

suramericana, vacilar es perdernos”.

Es el Bolívar que inicia su periplo por la vida pública con un solo

sueño: Libertad. Considera que esta no debe estarse negociando en los

cenáculos del Congreso, sino encenderla y ponerla a rodar por los caminos

intrincados de la Venezuela realista.

-II

A

pesar que el mundo postnapoleónico no parecía mostrar mayor

interés por las causas revolucionarias, era con estas causas como se podía

llegar a la Libertad; no habían otras, ya que “nuestra existencia política ha

sido siempre nula y nos hallábamos en tanto más di

fi cultad para alcanzar

la Libertad, cuanto que estábamos colocados en un grado inferior al de la

servidumbre porque no solamente se nos había robado la Libertad, sino

también la tiranía activa y domestica”, expresaba Bolívar en su discurso de

Angostura.

De hecho “todos los pueblos del mundo han pretendido la Libertad,

los unos, por las armas, los otros por las leyes, pasando alternativamente de

la anarquía al despotismo o del despotismo a la anarquía; muy pocos son

los que se han contentado con pretensiones moderadas”

2

Estas pretensiones moderadas las incluía en lo que denominaba

Suprema Libertad social, que era el término medio entre Libertad absoluta

y Poder absoluto. No era Bolívar partidario de estos conceptos absolutos

de libertad y democracia, porque “ellos eran los escollos donde han ido a

estrellarse todas las esperanzas Republicanas”.

2 Simón Bolívar. Discurso de Angostura

Doctrinas e ideas políticas

93

– III –

En cuanto a la Igualdad que es el principio que reconoce a todos

los ciudadanos con capacidad para los mismos derechos, el Libertador lo

restituye a través del proyecto de Constitución que dicta en Angostura,

cuando proscribe “la Monarquía, las distinciones, la nobleza, los fueros y

los privilegios, así como la abolición de la esclavitud”.

Para eso hubo que dictar la ley de las leyes, o sea la Igualdad.

“Venezuela goza de una perfecta igualdad política”, decía Bolívar, pero

“no en lo físico y lo moral. Todos deberían practicar la virtud y no todos lo

hacen. Todos deberían ser valerosos y no lo son. Incluso muchos carecen

de talento”. Para lograr que se corrijan las diferencias es que surgen las

leyes porque colocan el individuo en la sociedad, para que la educación,

la industria, las artes, los servicios, las virtudes le den una igualdad

fi

cticia; y fi cticia, porque al igual que la libertad, tampoco la igualdad es

absoluta. Por eso con la igualdad se ha cubierto de humillación, a la infame

esclavitud. ¿No es acaso la esclavitud la infracción de todas las leyes? ¿No

es acaso la esclavitud la hija de las tinieblas? ¿Hasta dónde ha llegado

la dignidad humana de un hombre poseído por otro hombre?, o sea un

hombre propiedad. ¿No decía Bolívar que la esclavitud, al igual que el

oro son los dos elementos negativos de todo régimen liberal y justo? Si el

oro todo lo corrompe el esclavo está corrompido por sí mismo. Entonces

¿qué hacer? Bien abolir por siempre la esclavitud, arrancarlos de las garras

de la oligarquía y ponerlos a caminar por la geografía nacional para que

vayan conociendo lo que les pertenece: su tierra. Luego darles educación.

Instruirlos en un arte o una ciencia. Darles un o

fi cio a fi n de sacarlos de la

oscuridad donde se hallan, para que no sean hombres incompletos por no

tener estudio alguno.

Doctrinas e ideas políticas

94

– IV –

En cuanto a la Justicia es otro de los principios inmersos dentro

del Ideario Político de Bolívar. El se expresaba de ella como la “reina de

las virtudes republicanas”. Era el principio por medio del cual se le daba

a cada quien lo que le pertenecía. De allí la necesidad de las leyes para

hacerlos iguales y de la educación para sacarlos del oscurantismo oprobioso.

“Leyes propias para el pueblo que se hacen. Leyes relativas a los

fi nes del

país, al clima, a la calidad del terreno, a su situación, a su extensión, al

género de vida de los pueblos. Leyes que se re

fi rieran al grado de Libertad

que la Constitución puede sufrir, a la Religión de sus habitantes, a sus

inclinaciones, a sus riquezas, a su número, a su comercio, a sus costumbres,

a sus modales”. Terminaba sentenciando Bolívar en Angostura: “

He aquí

el Código que debemos consultar; y no el de Washington

”.

Esta anotación el Libertador la expresaba en el Mani

fi esto de

Cartagena, cuando reseñaba las causas por las cuales se perdió la Primera

República. Una de ellas era “la fatal adopción que hizo el sistema tolerante:

sistema probado como débil e ine

fi caz”. Esta forma federal que se adoptó

rompió con los pactos sociales y propició la anarquía en una República

que apenas daba los primeros pasos. ¿No fue acaso la subalterna ciudad de

Coro, que denegándose a reconocer su legitimidad, lo declaró insurgente,

y lo hostilizó como enemigo? Fue la Junta Suprema culpable, “porque en

vez de subyugar aquella indefensa ciudad, que ya estaba rendida con sólo

colocar nuestras fuerzas marítimas delante de su puerto, la dejó forti

fi car y

tomar una actitud tan respetable que logró dominar después la confederación

entera”. Esta fue la Junta que “aplicando una política en principios de

humanidad mal entendidos, que no autorizan a ningún Gobierno para hacer

por la fuerza, libres a los pueblos estúpidos que desconocen el valor de sus

derechos”.

Doctrinas e ideas políticas

95

Estos eran los principios que los candorosos próceres civiles

venezolanos de la Primera República, nos impusieron en la primera

Constitución de 1811. De manera tal “que tuvimos

fi lósofos por jefes,

fi

lantropía por legislación, dialéctica por táctica y sofi stas por soldados”;

bien con semejantes argumentos el Estado lo que hizo fue correr a pasos

agigantados hacia una universal disolución.

Esto fue, amigos, el sistema federal que adoptó la recién fundada

República de Venezuela en 1811. El gobierno “más opuesto a los intereses

de nuestros nacientes estados”. Bien que si son lo más perfectos y los más

capaces de proporcionar la felicidad humana en la sociedad, carecen de

virtudes políticas que caracterizan al verdadero republicano. Era Bolívar

partidario de sentir un gobierno netamente centralista y no federalista.

Sin embargo, en el ambiente pre-independentista se observaba que

el “espíritu de partidos lo decidía todo. Aparecieron elecciones populares

con la carga de intereses, que añadían un obstáculo más a la práctica de

la federación”. “Unos ignorantes hacen sus votaciones maquinalmente y

otros ambiciosos, todo lo convierten en facción; por lo que jamás se vio en

Venezuela una votación libre y acertada.

Nuestra división y no las armas

españolas, nos tornó a la esclavitud”.

En resumen, el primer documento público dictado por el Libertador

es este Mani

fi esto, donde en Cartagena nos detalla cuáles fueron las

causas por las cuales se perdió la naciente República. Cita además de las

nombradas, “la naturaleza de la Constitución que no era la más favorable a

los intereses republicanos sino a los realistas. El espíritu de misantropía que

se apoderó de nuestros gobernantes. El fanatismo exacerbado por el clero

después del terremoto de marzo de 1812, la oposición al establecimiento

de un cuerpo militar que salvase la República y por último las facciones

internas que en realidad fueron el mortal veneno que hicieron descender la

patria al sepulcro”.

Doctrinas e ideas políticas

96

– V –

La Carta de Jamaica es otro de los documentos donde Simón

Bolívar da a conocer parte de su Ideario Político. Esta Carta llamada por

algunos historiadores la “profética”, fue una respuesta que dio al ciudadano

inglés Henry Cullen el 6 de septiembre de 1815 en Kingston, Jamaica.

Al referirse a la heroica Venezuela mani

fi esta “que los

acontecimientos y devastaciones la han reducido a una absoluta indigencia

y a una soledad espantosa; no obstante que era uno de los más bellos países

de cuantos hacían el orgullo de la América”.

Sin embargo se observa que la suerte de Venezuela, al igual que

la de las otras colonias, no parece tener mayores dolientes. “No sólo los

europeos, hasta nuestros hermanos del Norte se han mantenido inmóviles

espectadores de esta contienda”.

Cuando compara la suerte de los reyes españoles y americanos

mani

fi esta que “Carlos IV y Fernando VII fueron dejados libres por

Napoleón, recobraron su libertad y trono habiendo sido tratados con

consideración y dignidad; en cambio el indígena Moctezuma y el Inca

Atahualpa, presos ambos por los españoles, sufrieron los tormentos más

inauditos y los vilipendios más vergonzosos hasta su posterior asesinato.

Por eso no somos indios ni europeos, sino una especie media entre los

legítimos propietarios del país y los usurpadores españoles”.

Esa era la suerte que nos tenía reservada la Corona española,

“estábamos ausentes del universo en cuanto a la ciencia del gobierno y

a la administración del Estado. Jamás éramos virreyes, ni gobernadores,

sino por causas muy extraordinarias; arzobispos y obispos pocas veces;

diplomáticos nunca; militares sólo en calidad de subalternos; nobles, sin

privilegios reales; no éramos, en

fi n, ni magistrados, ni fi nancistas, y casi

ni aun comerciantes”.

Doctrinas e ideas políticas

97

“En cuanto que Venezuela ha sido la república americana que

más se ha adelantado en sus instituciones políticas, también ha sido el

más claro ejemplo de la ine

fi cacia de la forma democrática y federal de

nuestros nacientes estados”. Por ello, “mientras que nuestros compatriotas

no adquieran los talentos y las virtudes políticas que distinguen a nuestros

hermanos del Norte, los sistemas enteramente populares, lejos de sernos

favorables, temo mucho que vengan a ser nuestra ruina”. Todo eso “porque

bajo la dirección de una nación como la española, que sólo ha sobresalido

en

fi ereza, ambición, venganza y codicia”.

Igualmente Bolívar manifestó en dicha Carta, sus puntos de vista

en la forma como debían estar organizados los países una vez que salieran

de la égida española. Respecto a Venezuela y a la Nueva Granada opina:

que “si llegan a convenirse en formar una república central cuya capital sea

Maracaibo, o una nueva ciudad que, con el nombre de Las Casas, en honor

de este Héroe de la

fi lantropía, se funde en los confi nes de ambos países,

en el soberbio puerto de Bahía Honda”.

Respecto a la unión de ambos países en uno solo con el nombre de

Colombia, como un tributo de la justicia y gratitud al creador del nuevo

hemisferio. Sugiere que el sistema de gobierno a formarse imite al inglés

con la salvedad que en lugar de un rey haya un poder ejecutivo electivo

cuando más vitalicio y jamás hereditario. Este sueño de Bolívar en 1815,

lo vuelve a manifestar en el Congreso de Angostura el 15 de febrero de

1819, hasta que

fi nalmente se hace realidad el 17 de diciembre de 1819 en

Angostura con la creación de la República de Colombia. De Buenos Aires

expresó: “Habrá un gobierno central, en que los militares se llevarán la

primacía por consecuencias de sus divisiones intestinas y guerras internas.

Esta constitución degenerará necesariamente en una oligarquía, monocracia

con más o menos restricciones y cuya denominación nadie puede adivinar.

Sería doloroso que tal cosa sucediese, porque aquellos habitantes son

acreedores a la más espléndida gloria”.

Doctrinas e ideas políticas

98

– VI –

De la Democracia decía Bolívar que “en su concepto era el más

susceptible de una absoluta Libertad”. Aunque ya observamos en pasados

momentos los peligros que se tornaban con los deseos absolutos; por eso

Bolívar se preguntaba, ¿cuál es el Gobierno Democrático que ha reunido

a un tiempo poder, prosperidad y permanencia?. Esto no era posible en

democracias sino en Aristocracias o en Monarquías, trayéndonos ejemplo

del Imperio Romano que conquistó la tierra; o de las monarquías francesas

con sus catorce siglos de vigencia o las dinastías chinas con sus milenarios

reinados.

Respecto a la dictadura “este vocablo proviene del latino dictatura,

se re

fi ere a la primera magistratura de un Estado, ejercida de manera

extraordinaria y transitoria”

3. Era una forma de gobierno necesaria para

algunos períodos de di

fi cultad y evitar que dichos gobiernos cayeran en las

anarquías, que eran la más grave consecuencia que pudiese sucederle a país

alguno. Sin embargo, estas dictaduras se volvieron odiosas y detestables

por causas del abuso de aquellos gobernantes que les ha tocado ejercerlas.

Han caído en el poder absoluto, con las consecuencias ya conocidas.

En relación a la monarquía, Bolívar fue un acérrimo opositor de

ella, aunque haya escritores que piensen lo contrario. Admiró la gloria de

Napoleón, hasta que éste se coronó en París y Milán. Todo lo que hizo

en vida fue prácticamente desatar las colonias hispanoamericanas de la

Corona española y si sugirió el estudio de la constitución británica, era por

lo que tenía de republicanismo y no de monarquía.

El vicepresidente Santander en más de una oportunidad le

manifestó a Bolívar estas posibilidades monárquicas y la respuesta fue

siempre la misma: “Ud. me habla con alguna seriedad de monarquía: yo

no he cambiado jamás. Libertador es mi divisa y no me degradaré hasta un

trono”.

3 Bencomo Barrios Héctor. Cátedra Bolivariana, Pág. 88

Doctrinas e ideas políticas

99

Incluso contesta con severidad a Páez cuando éste le mani

fi esta que

los franceses habían llamado a Napoleón de urgencia de Egipto en 1799

para que salvase la patria. Bolívar responde: “Ni Colombia es Francia, ni

yo Napoleón. Un trono espantaría tanto por su altura como por su brillo. La

igualdad sería rota y los colombianos verían perdidos todos sus derechos

por una nueva aristocracia”.

El sistema republicano era el que Bolívar consideraba el más

adecuado para estas nacientes repúblicas. “Un Gobierno Republicano ha

sido, es, y debe ser el de Venezuela; sus bases deben ser la Soberanía del

Pueblo: la división de los Poderes, la Libertad Civil, la proscripción de la

esclavitud, la abolición de la monarquía y los privilegios”.

De allí que insistía en Angostura en manifestar que “el sistema

de Gobierno más perfecto, es aquel que produce mayor suma de felicidad

posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad

política”. El ideal en este caso era el Republicano.

— VII –

Uno de los documentos más controvertidos que Bolívar ha

expuesto ha sido el proyecto de Constitución Boliviana del 25 de mayo

de 1826, donde echó las bases para la organización de la nueva República,

originada por la victoria del Mariscal Sucre en Ayacucho.

De todos los lineamientos que expresó Bolívar en el proyecto

boliviano, el que ha suscitado mas posiciones encontradas es el referente

al carácter vitalicio del Presidente y hereditario del Vicepresidente. “Los

ideólogos de entonces y los falsos apóstoles de la democracia aprovecharon

los principios consti-tucionales sustentados por el Libertador, para atribuirle

ambiciones bastardas: “la Constitución de Bolivia no era más que un código

hecho a las ambiciones para perpetuarse en el poder”

4.

4 Simón Bolívar. Ideario Político. Sexta edición. El Centauro Ediciones. Página 145.

Doctrinas e ideas políticas

100

En cuanto al Presidente era Bolívar partidario que “esta suprema

autoridad debe ser perpetua”. Comparaba la posición de los magistrados

con el sol que,

fi rme en su centro, da vida al universo. De ese sol o de

ese punto

fi jo, es que deben girar los magistrados y los ciudadanos; los

hombres y las cosas.

“Para Bolivia, este punto es el Presidente vitalicio” y se inspiró

Bolívar para ese momento en la República más democrática del mundo que

era Haití.

Y tomaba este ejemplo ya que Haití, después de su independencia

experimentó diferentes formas de gobierno: imperio, reinados, repúblicas,

insurrecciones, etc., y

fi nalmente se les ocurrió a los haitianos nombrar

Presidente vitalicio a Petión con facultades para elegir sucesor y así se

acabaron los males de esta naciente República.

Veamos. Bolivia estaba naciendo, pero la naturaleza de sus

moradores era casi igual a las demás repúblicas que se habían creado. Por

eso Bolívar con la instauración de un Presidente vitalicio, “quería evitar a

Bolivia aquella continua y permanente tragedia, que en lo de adelante sería

la conquista del Poder, y que en los primeros ochenta años de su vida

independiente se iban a suceder más de treinta mandatarios, saltando a la

arena política cada dos años y medio un nuevo personaje que irremediablemente

iría a morir asesinado como Blanco, Belzú, Melgarejo, Morales,

Daza y Córdova. Desde 1825 a 1898 estallaron en Bolivia más de sesenta

revoluciones, hubo seis presidentes asesinados y muchos murieron en el

exilio”.

5

La Constitución Boliviana, al igual que la del Perú sólo duró

dos años en ejecución. La hicieron desaparecer para implantar otra aún

peor, que personi

fi cada en nuevos caudillos buscaban la perpetuidad en el

poder.

5 Simón Bolívar. Ideario Político. Sexta edición. El Centauro Ediciones. Página 146

Doctrinas e ideas políticas

101

La solución bolivariana era una alternativa adecuada al momento

que se vivía. Más realista que las liberales que trataron de imponer y hecha

por la inteligencia del hombre que mejor conoció la personalidad de los

seres y de los pueblos. De Simón Bolívar, que al

fi nal tuvo que aceptar los

hechos como se estaban presentando para exclamar con amargura: “He

arado en el mar”.

Doctrinas e ideas políticas

102

Doctrinas e ideas políticas

103

LUIS GERÓNIMO ALFONZO: CRISTIANO

Y LIBERAL-DEMÓCRATA DEL SIGLO XIX

VENEZOLANO

David Ruiz Chataing

Introducción

Primero que nada, deseamos mencionar que este artículo

forma parte del proyecto “Actores y pensadores políticos del siglo XIX

venezolano”. Este esfuerzo interrogador del pasado consiste en recrear las

ideas de aproximadamente veinte venezolanos, unos más conocidos que

otros-pero en general, poco estudiados- para continuar profundizando en

el conocimiento de nuestro escasamente investigado siglo XIX.

Partiremos de la revisión sistemática y exhaustiva de la producción

intelectual de Luis Jerónimo Alfonzo cuyo rescate para la memoria histórica

nacional lo consideramos un hallazgo investigativo. Enmarcar su obra en el

contexto histórico del siglo XIX venezolano. Nos proponemos estudiar sus

ideas históricas, sus posturas económico-sociales y político-ideológicas.

Simultáneamente se reconstruye su vida con la exposición del contexto

histórico en el cual actúa. La biografía contribuye a explicar al país y la

historia nacional nos permite comprender la actuación pública e ideas de

Luis Gerónimo Alfonzo. Es nuestra aspiración conocerlo en su contexto

pero también en sus textos.

Estudiaremos sus convicciones cientí

fi cas, políticas y religiosas y

la óptica que tiene nuestro personaje de los asuntos internacionales. Su idea

de lo que son y lo que deben ser los partidos políticos. Las ideas morales

Doctrinas e ideas políticas

104

que subyacen a todos sus enfoques. La noción que posée del hombre,

la sociedad y el poder. Su impenitente fe en la razón y en el progreso.

Su adhesión, eclécticamente asumida, a los valores fundamentales del

liberalismo, el cristianismo y la democracia. Lo que opina sobre el Estado

y su rol, su animadversión a las dictaduras a los gobiernos personalistas,

caudillescos y autocráticos. Trataremos de adentrarnos en su indagación

cienti

fi cista en torno a las causas de las guerras civiles y como evitarlas, así

como las recetas para solucionar los problemas del país.

Luis Gerónimo Alfonzo: cristiano y liberal-demócrata del siglo XIX

venezolano

Luis Gerónimo Alfonzo hijo legítimo del Dr. Félix Alfonzo y

Antonia Quevedo. Nació hacia el año 1833. Fue un activista y escritor

político de relativa importancia a partir del año 1858, hasta la última década

del siglo XIX. Bachiller en Filosofía, egresado de la Universidad Central

de Venezuela, en 1856.

1 Avanzó en sus estudios de Jurisprudencia pero

no alcanzó grados académicos en esta actividad. Estudió, entre otros, con

Antonio Guzmán Blanco (1829-1899). Ejerció un periodismo de combate.

Editó en la imprenta de Soriano, por los años 1858 y 1859, el periódico El

Colombiano; escribió, en 1861, en El Diario de Caracas; ¿1863-1864?,

publicó sus artículos en La Crónica (1866) dirigido por Mariano Espinal

(830-1905); igualmente estampó su

fi rma en comentarios aparecidos en el

año 1868 en El Amigo del Pueblo, El Federalista (1863-1870) y La Patria.

También, expuso sus convicciones en La Opinión Nacional (1869-1892).

Se enfrascó en polémicas sobre nuestros asuntos públicos con Ricardo

Becerra (1836-1905), Pedro Obregón Silva (1838-1889), José Laurencio

Silva (1791-1873) y Domingo Antonio Olavarría (1836-1898). Laboró

en el Ministerio de Hacienda durante el septenio guzmancista. Ocupó la

Dirección de Aduanas durante las administraciones de Juan Pablo Rojas Paúl

1 Libro 62, Grados de Bachiller, Licenciado y Maestro en Artes o Filosofía. 1856. A-E. Legajo

49, Expediente 343. Archivo Histórico de la Universidad Central de Venezuela.

Doctrinas e ideas políticas

105

(1888-1890) y Raimundo Andueza Palacio (1890-1892). Políticamente

fervoroso partidario del liberalismo. Su padre, Félix María Alfonso (1800-

1867), es uno de los fundadores del Partido Liberal. Simpatizante de la

actuación política y militar de Ezequiel Zamora. Adversa reiteradamente al

General Juan Crisóstomo Falcón (1820-1870). Partidario de los sucesores

políticos de éste, Wenceslao Urrutia (1795-1869) y Manuel Ezequiel

Bruzual (1832-1868). Próximo de las administraciones de Antonio Guzmán

Blanco, de quien se distancia rápidamente, convirtiéndose en uno de sus

críticos más acérrimos. Alfonzo, defraudado de los sucesivos gobiernos

liberales, de las guerras civiles, de las dictaduras y los caudillos, se retira

de la política activa. Se asume así mismo como consejero de los gobiernos

para que realicen el programa liberal, eviten las guerras y establezcan

prácticas republicanas.

En el ámbito internacional, en el año 1861, el “Comité

Revolucionario Federal de Venezuela”, localizado en Curazao, lo envía

como “Comisionado cerca de los gobiernos de la Nueva Granada” a

solicitar armas y pólvora entre sus pares de más allá de la frontera

occidental. Se presentó en Honda, Nueva Granada, ante el General Tomás

Cipriano Mosquera (1798-1878). En 1883, viaja a Nueva York con el

fi n

de publicar un pan

fl eto antiguzmancista.

Luis Gerónimo Alfonzo fue un luchador social no sólo inmerso

en la vorágine de los asuntos políticos; además se dedicó a escribir, a

re

fl exionar, sobre la historia y la política nacional de su tiempo. En este

sentido, cabe destacar que publicó los siguientes textos: Exposición del

Comité revolucionario federal de Venezuela, establecido en Curazao, a sus

compatriotas. Cartagena: Imprenta Ruiz e Hijo, 1861; La Revolución de

1867 a 1868. Caracas: Imprenta de Espinal e Hijos, 1868; El gobierno y

la resistencia. Caracas: Imprenta de La Concordia, 1870; La mayoría: sus

derechos y sus deberes. Caracas: Imprenta de La Concordia de Evaristo

Fombona, 1870; Breve Análisis del pasado de Venezuela. Caracas:

Doctrinas e ideas políticas

106

Imprenta Nacional, 1872; A Venezuela en el Centenario del Libertador.

Caracas: Imprenta de La Patria, 1892 y Refutación del folleto de Luis Ruiz

(señor D.A. Olavarría). Caracas: Imprenta de Colón, 1894.

El devenir nacional según Luis Gerónimo Alfonzo:

En su obra Breve análisis del pasado de Venezuela (1872) Alfonzo

elabora una síntesis de la historia -predominantemente política y militarde

Venezuela. Divide su estudio en cinco períodos: 1830-1847; 1847-

1858; 1858-1863; 1863-1868 y 1868-1870. Por cierto, que parte de esta

periodización tuvo fortuna en la historiografía venezolana sin quizás darle

al autor inicial de ella su justo crédito.

Luis Gerónimo Alfonzo sostiene que los venezolanos hemos

mancillado la heroica herencia de los libertadores al sumergir al país en

la anarquía y la pobreza. Alfonzo acusa, en especial, a los oligarcas -así

llaman los “liberales” a sus adversarios que están en el gobierno, apoyados

por Páez- de extender su poder más allá de lo que exigía la soberanía

popular y la opinión pública. Trataron de perpetuarse en el poder y esto

engendró la resistencia y el surgimiento de una oposición.

La oligarquía atacaba la libertad de imprenta. En economía,

imponía un liberalismo ortodoxo que mantenía en estado de postración a

los productores agrícolas. Empeñado el círculo de Páez en pagar la deuda

externa, enviaba a Europa enormes remesas de dinero, necesarias para

ayudar a la abatida economía nacional. El Señor Francisco Aranda (1798-

1873), a la sazón Ministro de Hacienda, diseñó un proyecto de ayuda a

los agricultores mediante créditos con bajos intereses y largos plazos para

pagar. El Congreso aprobó la iniciativa pero no entró en funcionamiento

por que el Poder Ejecutivo le negó su apoyo.

Doctrinas e ideas políticas

107

El gobierno de José Antonio Páez (1790-1873) violentó la opinión

pública que era favorable al apoyo de la agricultura; se aferró al poder;

violentó la mayoría y a quienes la defendían, mediante la prensa y la lucha

opositora. Páez trató de utilizar a José Tadeo Monagas (1784-1868) para

perpetuar sus aviesos designios. Este no se dejó manipular para sacri

fi car

al Sr. Antonio Leocadio Guzmán (1801-1884). Desde ese momento los

godos no abandonarían la intención de apartarle del gobierno. Entonces,

sucedió que el Partido Liberal disolvió con manifestaciones de calle

aquella inicua asamblea. De ese Parlamento, ya abandonado por los

recalcitrantes, surgieron importantes iniciativas legislativas. La abolición

de la pena de muerte por delitos políticos, la libertad de imprenta, etc. Páez

se sublevó varias veces. Siempre fue derrotado y,

fi nalmente, en el sitio de

Macapo, fue hecho prisionero.

El Gobierno de Monagas, en vez de mostrar amplitud y

magnanimidad, se prestó a persecuciones y retaliaciones. Luego de humillar

y maltratar a Páez, sometiéndolo a prisión y a duras privaciones, lo envió al

exilio.

2

Alfonzo inicia su vida pública a

fi nales de la hegemonía de los

Monagas. Es muy sentido su relato que abarca de los años cincuenta

hasta ya avanzada la guerra federal. De los tiempos monaguistas critica la

corrupción. Durante los Monagas, además, se violentaron las instituciones

designando a sus favoritos e imponiendo resoluciones. El Partido Liberal

–según Alfonzo- por temor a un alzamiento oligarca no irrumpió el mismo

contra un gobierno a todas luces antirrepublicano. Empero, comenta que

se fomentaron las obras públicas y prosperó la economía. Señala que los

oligarcas y liberales, en una “fusión”, derrocaron a José Tadeo Monagas y

ofrecieron “Unión y olvido de lo pasado”, pero fue falso su lema. Designaron

en los cargos públicos no a quienes fueran más populares o preparados por

su desempeño, sino a quienes sirvieran ciegamente a las torpes miras de

los godos. Iniciaron una feroz persecución de los opositores, de todos los

2 Luis Gerónimo Alfonzo. Breve Análisis del Pasado de Venezuela, pp. 1-17.

Doctrinas e ideas políticas

108

liberales. Estos intentaron una oposición legal, pero se vieron obligados

a acudir a las armas. Para colmo, la Convención (reunida en Valencia en

1858) no se pronunció a favor del federalismo, que predominaba en la

simpatía de la opinión pública. Igualmente esa asamblea se puso de lado

de las represiones originadas en las acciones gubernamentales.

Alfonzo exalta el genio militar de Zamora y su triunfo de Santa

Inés. Sugiere envidia y malquerencia de Falcón respecto del General del

Pueblo Soberano.

El General Julián Castro (1805-1875) cuando se percató que la

política de represiones conducía a la guerra civil, trató de recti

fi car. Esto

generó el odio y la violencia de los oligarcas contra él jefe de la “Revolución

de Marzo” por lo cual lo derrocaron. Si Castro hubiese permitido la

defensa legal a los opositores, si hubiese mantenido como acción pública

el lema inicial de la revolución, la guerra se habría evitado. Castro tuvo

gestos sinceros de recti

fi cación. Nombró a ministros liberales, permitió

el regreso de muchos exiliados y liberó a los presos políticos aherrojados

en La Rotunda. Designó comisiones de paz que se esparcieron por toda

la República tratando de alejar las teas de la guerra de la patria. Pero el

jefe del Poder Ejecutivo no adelantó estas acciones de manera coherente

sino zigzagueante y contradictoriamente. Castro mantuvo en sus cargos

políticos y militares a muchos oligarcas. Temió a los liberales y al pueblo

y con

fi ó en los oligarcas, luego, éstos lo traicionaron. Entonces a quienes

se les ofreció repatriación, esperaron cautelosamente lejos del país. Los

excarcelados se sumaron al contingente liberal.

Entre tanto, Zamora continuaba su campaña y se alzaron en su

apoyo la provincia de Aragua, los cantones del Tuy, Barlovento y La Guaira.

Estas noticias alarmaron a Castro y éste convocó una reunión en su casa el

31 de julio de 1858. La reunión fracasó. Asistieron escasos miembros del

gobierno y algunos liberales. El 2 de agosto de 1858 acontece la célebre

Doctrinas e ideas políticas

109

“Sanpablera”: golpistas godos, putchistas pro-liberales se enfrentan en la

Plaza de San Pablo y contribuyen con el desasosiego y la inestabilidad

que atizará las candelas de la guerra civil. Se suceden en el poder, luego

de Julián Castro, Don Pedro Gual (1783-1862), como Designado, y el

Vicepresidente Manuel Felipe Tovar (1803-1866).Por renuncia de éste el

20 de mayo de 1861 retoma el poder Gual. Finalmente, asume la dirección

militar de la guerra y la dictadura, el General José Antonio Paéz. Alfonzo

acusa a todos estos gobiernos de centralistas y represivos.

Luis Gerónimo Alfonzo, a quien pertenece el extenso relato

anterior que intentamos sintetizar, fechado en Cartagena, el 19 de abril de

1861, critica duramente la conducta militar de Falcón en estos momentos.

Las circunstancias completamente favorables para la revolución no fueron

aprovechadas por este pusilánime e inexperto General. Alfonzo niega las

atrocidades que se atribuyen a las fuerzas federalistas. Expone una versión

edulcorada de la actuación de los liberales amarillos los años 1840 y

1861.

3 A partir de la fi rma del Convenio de Coche, el 24 de abril de 1863,

la continuación de la guerra incidió en que en el poder se entronizaran

nuevos jefes que realmente no establecieron el sistema federal por el que

se había luchado. Las entidades que conformaron el país, para obtener

recursos, introdujeron innumerables “peajes” internos que encarecieron,

por ejemplo, la carne. Los monopolios y el acaparamiento estaban a la

orden del día. Por supuesto, escasos de recursos los estados desatendieron

la salud, la educación y las labores de policía. Un gran error del gobierno de

Falcón fue apoyarse mas en los prestigios personales surgidos de la guerra

que en las leyes. En no aplicar una política general de desarme. Falcón

faltaba a sus deberes como magistrado al ausentarse frecuentemente de la

capital, dejando hondos vacíos de poder y de gobierno.

En Caracas, en julio de 1868, Alfonzo cuestiona la inepta

administración de Falcón y simpatiza “críticamente” con la de Bruzual-

3 Luis Gerónimo Alfonzo. Exposición del comité revolucionario federal de Venezuela,

establecido en Curazao, a sus Compatriotas, pp. 3-43.

Doctrinas e ideas políticas

110

Urrutia.

4 Esta es desplazada del poder por una fusión liberal-conservadora

con José Tadeo Monagas a la cabeza. Finalmente, relata el ascenso al

poder de Antonio Guzmán Blanco. Se muestra aquí como un fervoroso

guzmancista.

5

Sin embargo, su entusiasmo con el Ilustre Americano le duraría

poco. En su voluminosa obra A Venezuela en el Centenario del Libertador

(1892) acusa a Guzmán Blanco de asesino de Matías Salazar (1828-1872).

Considera a Francisco Linares Alcántara (1825-1878) tan déspota como

a Guzmán Blanco. Ya para el

fi nal del quinquenio invoca el derecho de

insurrección contra el “Ilustre Americano”. En plena era de reacción

antiguzmancista cuestiona a Juan Pablo Rojas Paúl (1826-1905) por no

distanciarse abierta y rápidamente de las prácticas viciosas y abusivas

del Autócrata Civilizador. Le crítica a Rojas Paúl comportarse de manera

tan personalista como lo hizo Guzmán Blanco: impuso al país su sucesor

(Raimundo Andueza Palacio) y manejó discrecional y corruptamente el

tesoro público.

La ambición de Andueza Palacio volvió a sumir al país en la guerra.

El gobernante pretendiendo extender su mandato, evitó que se reuniera

el Congreso Nacional, que era adverso a sus pretensiones continuístas.

Así, de duramente, Luis Gerónimo Alfonzo retrata el tiempo de Andueza

Palacio:

“El doctor Andueza había veri

fi cado pésima administración,

desordenada, puerca y de rapiña. Explotándola, se enriqueció

extraordinariamente, y con el mayor descaro lo daba a conocer, haciendo

y comprando costosísimas casas, de las mejores de esta ciudad, Antímano

y Macuto,

fi ncas rurales y remitiendo repetidas veces a Europa para

emplearlas allá, fuertes cantidades de dinero. Enriqueció igualmente a

muchos de los suyos, como debida participación en onerosos contratos que

4 Luis Gerónimo Alfonzo. La Revolución de 1867 a 1868, pp. 1-31.

5 Luis Gerónimo Alfonzo. Breve análisis del pasado de Venezuela, pp. 200-219.

Doctrinas e ideas políticas

111

celebró.”

6 Para colmo cercenó la libertad de expresión y de pensamiento.

Por último provocó la guerra al insistir en su usurpación del poder. No deja

de criticar a Joaquín Crespo (1841-1898) quien rechazó las negociaciones

para evitar la guerra civil.

Historia y Cienti

fi cismo:

Luis Gerónimo Alfonzo es un historiador acorde con los

paradigmas de su tiempo. Profesional del Derecho, luchador político, se

expresa con los códigos cienti

fi cistas y racionalistas imperantes en las

ciencias sociales venezolanas y latinoamericanas de

fi nales del siglo XIX.

Alfonzo a

fi rma que la sociedad debe regirse por la ciencia: …: “creemos

que los acontecimientos tienen, como la razón, su lógica, rígida, in

fl exible;

que unos son derivados de otros, ninguno propiamente aislado. Creemos

también que la razón puede leer en la naturaleza esa lógica, como lée en

sí misma la suya; creemos que esa lógica de la vida social es la sanción

de la naturaleza ejercida sobre la comunidad, así como la ejerce también

sobre el hombre aisladamente.”

7 La ciencia aconseja, que si es una amplia

certeza la diversidad de opiniones de los hombres, para que reine la paz, la

armonía y la libertad, es necesaria la tolerancia. En septiembre de 1861 en

cartas publicadas en El Diario de Caracas, sostiene que: “Cuando todo en

el universo obedece a leyes ciegas, leyes que no pueden ser contrariadas,

ni lo son jamás, ejemplo en el hombre mismo, las que rigen sus funciones

orgánicas; solo se encuentran que puedan ser violadas las leyes de las

acciones humanas, cuyo catálogo es la conciencia, a despecho de la cual

muchas veces obramos.”

8 Valores fundamentales de la sociedad son la

libertad y la igualdad y quienes la dirijan no deben ignorarlo. Otra ley social

imprescindible es la solidaridad, la caridad. Los gobiernos deben respetar

las garantías individuales si no se quieren ver envueltos en complicados

6 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuela en el Centenario del Libertador, pp. 618-619.

7 Luis Gerónimo Alfonzo. Breve Análisis del pasado de Venezuela, pp. 38-39.

8 Luis Gerónimo Alfonzo. Breve Análisis del Pasado de Venezuela, p. 105.

Doctrinas e ideas políticas

112

con

fl ictos. La persuasión y no la violencia debe conducir de lo falso a la

verdad.

9

Con respecto a las Ciencias Humanas, discurre así en célebre

polémica sobre historia nacional, sostenida en 1894, contra Domingo

Antonio Olavarría: “…las verdades de la alta

fi losofía no son menos

exactas, por cierto, que las de las matemáticas, exactas por excelencia,

entre las que más lo sean, de las ciencias sujetas a la observación y la

experiencia. Si no obedeciese a leyes

fi jas la razón, y no fuera esta la misma

exactamente, en todos los hombres, ¿Cabría por ventura la Historia? Cada

cual la habría deducido a discreción, dejándola, por supuesto, en completa

oscuridad”

10 Es decir la Historia es igual, tan precisa, como la Geología

o la Biología. Empero Alfonzo no actúa con el rigor que le exigen su

programa historiográ

fi co: no cita fuentes revisadas de manera sistemática.

Sus escritos son relatos autobiográ

fi cos. Crónica de los acontecimientos

político-militares más importantes -en muchos de los cuales participó o

fue testigo presencial- desde 1858 hasta la década de los noventa del siglo

XIX. Textos plagados de extensas digresiones, referencias incompletas a

obras y autores y autocitas. Maratónica descripción de la aventura nacional

de construir una República constitucional en medio de guerras civiles,

caudillos y una extrema pobreza.

11

Sin embargo, le asigna a la historia la función de

magíster vitae.

El epígrafe que sirve de pórtico al folleto de Luis Gerónimo Alfonzo La

Revolución de 1867 a 1868 escrito por Franc J. Orell, alude a la necesidad

de aprender de las experiencias, de los acontecimientos pasados. No usar

lo acontecido para promover odios y discordias sino, precisamente, como

9 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuela en el Centenario del Libertador, pp. 44, 112, 539-

540.

10 Luis Gerónimo Alfonzo. Refutación del folleto de Luis Ruiz (señor D.A. Olavarría), p.

105.

11 Ver para el contexto histórico-ideológico, cientí

fi co y político : David Ruiz Chataing.

“Uno contra todos: una polémica histórica y política suscitada por el periodista venezolano

Domingo Antonio Olavarría entre los años 1893 y 1895. (Un acercamiento desde el punto de

vista histórico-historiográ

fi co)” en: Investigaciones de Historia Política, pp. 57-83.

Doctrinas e ideas políticas

113

lecciones para no caer en estas lamentables situaciones.

12 De la historia

debemos asimilar las experiencias para conducir la sociedad hacia la paz,

la civilización y el progreso.

John Locke y Jesús de Nazareth se dan la mano:

Luis Gerónimo Alfonzo en correspondencia con una peculiaridad

del liberalismo venezolano del siglo XIX, recordemos a Juan Germán

Roscio (1763-1821), prescinde de un discurso anticlerical o ateo. Por

el contrario, argumenta a favor de la ideología liberal desde su postura

cristiana: “El hombre es libre por naturaleza. Tiranizarlo, degradarlo, es

contrariar la voluntad de Dios que lo hizo libre, es violar su santa ley, ley

que a más de constar a la razón por sus propias investigaciones, para que

no se pudiera dudar nunca de ella, quiso Dios que fuera proclamada en alta

voz, en la época mas luctuosa de las naciones, cuando los hombres eran

arrojados a las

fi eras para gozarse en el combate sus señores. El opresor

y el oprimido son hermanos, todos libres, dijo aquella voz; y se dilató por

toda la tierra. Quien la pronunció fue juzgado criminal, condenado a morir

y murió. Pero la doctrina encontró partidarios; y se extendió a todas partes,

haciéndose por

fi n universal; y el que murió por ella fue y es visto como

Dios. El Calvario y la Cruz señalan ese hecho magno que ha causado esa

evolución, cuyo espíritu encierra el evangelio y anima al siglo XIX.”

13

En agosto de 1870 escribe su folleto La mayoría: sus derechos

y deberes. Encabezan el trabajo dos epígrafes. El primero, tomado de

Recuerdos de una víctima

14 alude a que todos los seres humanos estamos

hechos con sustancia divina. Eso obliga al respeto de la dignidad y libertad

de todos y cada uno. Y es y será un déspota el que no reconozca esa

12 Luis Gerónimo Alfonzo. La Revolución de 1867 a 1868, p. 1.

13 Luis Gerónimo Alfonzo. Exposición del Comité Revolucionario Federal de Venezuela,

establecido en Curazao a sus compatriotas, pp. 57-58.

14 Presumimos que es el escrito testimonial del Comodoro y dibujante argentino Antonio

Somellera Recuerdos de una víctima de la mazorca, 1839-1840. Esta obra es una descarnada

denuncia de las torturas de la policía política del dictador Juan Manuel de Rosas.

Doctrinas e ideas políticas

114

subjetividad en sus semejantes. El segundo texto, del historiador italiano

César Cantú (1804-1895) Historia Universal (1850?), se re

fi ere a que

todo poder deriva de Dios y tiene que ser aceptado por quienes tienen que

acatarlo; pero esa autoridad, tiene que estar acorde con los gobernados.

15

Es decir la soberanía radica en el pueblo. Llama a la santa religión de

Cristo “escuela de democracia, escuela de la mejor organización social”.

16

La religión, el santo evangelio son el sustento de la república y la

democracia y del orden legal. La moral es el fundamento de la política.

Muestra hasta un

fi lón utópico: el Derecho, las leyes, las instituciones,

desaparecerán cuando acatemos

fi elmente los preceptos de Jesús. La

caridad aproximará a los pueblos, a las naciones, y la humanidad será

una sola familia. El amor cristiano y la civilización han hecho posible el

surgimiento de los arbitrajes, de los Congresos internacionales que resuelven

pací

fi camente los confl ictos entre los Estados. La ciencia y el evangelio han

abolido la superstición, la esclavitud, el derecho de conquista, el cadalso

y las aplicaciones mecánicas presiden el adelanto material del mundo.

La Providencia respalda las luchas de la civilización moderna contra la

desigualdad. El Estado –sustentado en la idea de caridad- debe evitar la

acumulación de riqueza en una sola clase, proteger al desamparado. Los

sucesores de Pedro, la ciencia y la

fi losofía auguran una tierra prometida

en la que los obreros no estarán recargados de impuestos, se abaratarán

los productos de primera necesidad y se harán grandes esfuerzos para

educar al pueblo y se realizarán elecciones libres. Nada de servidumbre, de

favoritismo para los ricos ni de maltrato contra el desvalido: eso indica la

sublime doctrina de Cristo.

17 A pesar de lo anterior no comparte la idea de la

organización de los trabajadores, pues, distorsionaría la libre competencia.

El Partido Liberal venezolano debe basar su acción en los valores, en los

principios expuestos líneas arriba: “…el partido liberal obedece a la santa

doctrina que predicó en la tierra el mismo Dios hecho hombre. El que

15 Luis Gerónimo Alfonso. La mayoría: sus derechos y deberes , p. 1.

16 Luis Gerónimo Alfonso. Breve Análisis del pasado de Venezuela., p. 121.

17 Luis Jerónimo Alfonso. A Venezuela en el Centenario del Libertador, pp. 35-36, 58, 118,

132,147, 199, 253-254 294.

Doctrinas e ideas políticas

115

diga liberal, dice

fi el observador de los preceptos, bien entendidos, de la

moral y de la religión de Jesús: dice respetuoso para con todo derecho

ajeno, tolerante para con todas las

fl aquezas del prójimo y caritativo para

con su semejante que necesite protección.”…

18 Vencerse a sí mismo,

controlar los apetitos; las pasiones, principalmente el odio, perdonar para

ser perdonado, son mandamientos de la Providencia esenciales para la

convivencia social.

19

Concepción del hombre, la sociedad y el poder:

Luis Gerónimo Alfonzo cuando hace proposiciones para organizar

al país, en plena guerra federal, señala que los hombres suelen ser

ambiciosos. Pero la mecánica constitucional, las instituciones, la dinámica

gubernamental, se encargan de anular recíprocamente esos intereses y los

pone al servicio de la patria.

20 Respecto al poder, en los tiempos de

transición del gobierno de Falcón a los de Urrutia y Bruzual, señala: “…

el mando lejos de despejar la inteligencia y enternecer el corazón, la

venda y lo endurece, …”

21 En otra parte sostendrá…”La propensión a

adquirir el poder público, retenerlo y abusar de él, sí que es común , y

debe temerse como natural…”

22 El hombre por naturaleza vela primero

por sí mismo. En el ejercicio del poder, la tendencia predominante en los

hombres es a perpetuarse en él y a abusar. Hallamos, en estas re

fl exiones

de Alfonzo, reminiscencias de expresiones del pensador político inglés

Thomas Hobbes (1588-1679), a quien no cita, por cierto. Este último, en

las primeras páginas de su célebre tratado El Leviatán (1651) menciona que

para construir su obra, donde de

fi ende la necesidad de constituir un poder

absoluto para refrenar la ambición y la agresividad humana, investigó

todos los libros antiguos y modernos sobre la política pero, también, leyó

18 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuela en el Centenario del Libertador, p. 330.

19 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuela en el Centenario del Libertador , p. 437.

20 Luis Gerónimo Alfonzo. Exposición Del Comité Revolucionario Federal de Venezuela,

establecido en Curazao, a sus compatriotas, pp. 64-65.

21 Luis Gerónimo Alfonzo. Breve análisis del pasado de Venezuela, p. 162.

22 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuela en el Centenario del Libertador, p. 457

Doctrinas e ideas políticas

116

en el corazón de los hombres… La experiencia histórica y la ciencia lo

corroboran: la sociedad basada en esta realidad, debe, en cierto modo,

organizar ese egoísmo para que no dañe. Aprovechar ese ímpetu del hombre

por mejorar, para que adelanten los seres humanos tanto individual como

colectivamente.

Pero recordemos que Luis Gerónimo Alfonzo, al igual que muchos

otros escritores políticos nacionales, es sincrético. Señala que en el hombre

hay, también, sentido de la solidaridad: “ ¿A quién no hiere la desigualdad

y choca la injusticia? Así como ¿A quién no interesa la desgracia y empeña

la benevolencia? Sentimientos tan pronunciados marcan el camino que el

hombre a de seguir, para llegar al bien que tanto desea, y que lo agita tanto,

como que anda sin cesar tras él: señalan, mejor dicho, el bien mismo, esos

sentimientos. En efecto, tolerancia, justicia y caridad son condiciones de la

asociación, sin las cuales no pueden progresar ni conservarse; mientras que

a favor de ellas se consolida y desarrolla. Inspiró aquellos sentimientos

a los hombres la Providencia, siempre consecuente, siempre sabia, para

que fuera más fácil de realizarse el desenvolvimiento del individuo y de la

sociedad…”

23 De manera, pues, que, egoísmo y solidaridad, así como una

suerte de ejércitos de demonios y ángeles, se disputan la conciencia y las

prácticas sociales de los hombres.

La razón sobre la pasión para alcanzar el mejor orden social:

Luis Gerónimo Alfonzo es un optimista impenitente. El hombre

vencerá sus apetitos, sus ambiciones desmedidas con la luz de la razón:

…“Yo amo la luz, y pido sin cesar y con humildad reverente a Él que es

focus de ella, que no me la niegue jamás, y sobre todo en estos momentos

críticos[de la Revolución Azul] en que las pasiones políticas, las más

fuertes de todas, las más difíciles de contener, atropellando por todo, todo

23 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuela en el Centenario del Libertador, p. 331.

Doctrinas e ideas políticas

117

lo envuelven en densa oscuridad.”

24 Con la luz de la razón el hombre y

las sociedades tienden hacia el bien. Este en los tiempos modernos esta

asociado con la idea liberal. El establecimiento de lo que más recientemente

los teóricos del tema llaman un Estado Liberal de Derecho.

La garantía de los derechos es la función esencial del Estado.

Se ha comprobado que si un mismo órgano o grupo de personas se

encargan de hacer las leyes, supervisar su cumplimiento y ejecutarlas se

deslizan irremediablemente hacia el abuso y gobiernos despóticos. Para

que el amparo de las garantías individuales se cumpla a cabalidad se ha

establecido la división de los poderes. Estos no deben chocar sino colaborar

en el propósito común de establecer el bien social. Pero deben mantener

su autonomía: “¡Qué mengua para un Congreso que pase al Ejecutivo la

facultad de legislar!…”

25 Se debe mantener la supervisión, la vigilancia, la

armonía y la independencia de los diferentes entes de la Administración

Pública. Darle al que gobierna su

fi ciente poder para que haga el bien, pero

no tanto para que haga el mal y tiranice a la sociedad.

El Estado [Alfonzo dice el gobierno] debe ser el primer garante

de los derechos al cumplir la ley y respetar las instituciones. Gobiernos

constitucionales sometidos a la autoridad de la ley: “Nosotros queremos

la constitución y las leyes, condúzcannos a donde nos condujeren, con

su estricta observancia: siempre serán menores sus daños que los de la

arbitrariedad, y luego hay la certeza de ponerles pronto término con sólo

corregir aquellas convenientemente; pero ¿quién corrige la mala voluntad

de gobernantes erigidos en señores?”

26 Esta óptica del asunto que tratamos,

es de añeja tradición en la cultura jurídica occidental. Aristóteles (384ad-

322 ad) en su Política es de la convicción que es mejor estar sujeto a

la ley que a la voluntad de un hombre cualquiera. Marco Tulio Cicerón

24 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuela en el Centenario del Libertador , pp. 290-291. Este

año también 4murió su padre y un hijo.

25 Luis Gerónimo Alfonzo. Exposición del Comité Revolucionario Federal de Venezuela,

establecido en Curazao, a sus compatriotas, pp. 67-68.

26 Luis Gerónimo Alfonso. Breve Análisis del pasado de Venezuela, p. 166.

Doctrinas e ideas políticas

118

(106ad-43ad) expone que la única servidumbre de un hombre libre es la

de la ley. San Agustín (354-430) en su Ciudad de Dios (413-427) a

fi rma

que un gobierno sin ley es como una banda de forajidos. Y así se pudiera

continuar hasta el presente con referencias de los clásicos de la política a

la necesidad de apegarse a la ley para organizar la convivencia colectiva.

Alfonzo insiste en su fervor legalista: “Las leyes, pues, sí, únicamente las

leyes que emanen del pueblo, previa ilustrada discusión, pueden evitar así

los extravíos de él mismo, como los abusos del que lo mande; más, si

deben sustituirse a todo poder personal, sea de la generalidad o de uno solo,

también deben, si no ¿cómo lo sustituirán? Tener estricto cumplimiento

y estar en perfecta armonía con el sentimiento público…”

27 Todas estas

re

fl exiones no son elucubraciones de escritorio. Conforman señalamientos

que responden a un pensamiento urgente. Las emite en medio de duras

circunstancias: guerras civiles, golpes de Estado, amenazas dictatoriales,

ambiciones continuistas y reeleccionistas, etc. Predominantes en nuestro

accidentado siglo XIX.

La sociedad y el pacto político deben garantizar los derechos:

El objetivo del hombre es alcanzar la felicidad. Esta se puede

de

fi nir como el desarrollo armónico del cuerpo y del espíritu. La sociedad

debe coadyuvar a que el individuo pueda desplegar todas las capacidades

que el Creador puso en él. El hombre mediante la educación y el trabajo

realiza esas posibilidades en él contenidas. El colectivo debe garantizarle su

libertad, su igualdad, su seguridad y su propiedad.

28 Nada, absolutamente

nada, justi

fi ca la violación de las garantías individuales: razón de ser de

la existencia de la sociedad y del Estado.

29 Estos textos de Alfonzo nos

remiten a la doctrina liberal clásica sobre el asunto. Aunque son autores

que Alfonzo no menciona en forma explícita, es palpable la presencia

27 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuela en el Centenario del Libertador, p. 482.

28 Luis Gerónimo Alfonzo. Exposición del Comité Revolucionario Federal de Venezuela,

establecido en Curazao, a sus compatriotas, pp. 64-67; El gobierno y la resistencia, pp.6-7.

29 Luis Gerónimo Alfonzo. La mayoría: sus derechos y deberes. , p. 8.

Doctrinas e ideas políticas

119

de sus doctrinas. Principalmente Baruch Spinoza (1632-1677) Tratado

político y Tratado teológico-político (1670); Thomas Hobbes El Leviatán

y John Locke (1632-1704) Segundo Tratado del Gobierno Civil. (1764).

Seguramente abrevó estos enfoques

fi losófi co-políticos en divulgadores

de origen español, hispanoamericano o nacionales mas bien que en los

pensadores políticos en los cuales se originaron estos planteamientos.

Fundamental para la observancia de estos preceptos es la más

amplia libertad de pensamiento y de expresión (garantía individual ella

misma y fundamental). Con estas la libertad de prensa. Esta última tiene

la función de mejorar la administración pública; contribuir con el amplio

debate para trazar los derroteros que debe tomar el país. No debe el

gobierno desenvolverse según sus exclusivos criterios. Su deber es facilitar

la expresión y divulgación de las más disímiles opiniones. Al

fi nal, lo que se

haga será expresión, o por lo menos tomó en cuenta, muchas experiencias

y pareceres. Y con más apoyo para aplicarlas.

30 Así discurre el epígrafe

de Charles Louis de Secondat, Señor de la Brede, Baron de Montesquieu

(1689-1755) inserto en el folleto El gobierno y la resistencia, de Alfonzo.

El texto del autor de El Espíritu de las Leyes (1748) alude a la necesidad,

según la cual, todas las personas deben participar en los asuntos que le

conciernen, así algunos: “discurran mal”. Para que triunfe la justicia, la

verdad y el bien.

31 El que gobierna tiene que aprender a oir, a conocer las

más diversas opiniones sobre los asuntos públicos: “…nadie como el que

manda en la república necesita de consejos, pues manda en cosa ajena, y

vienen de ahí la libertad de imprenta, que pone constantemente en habla a

la sociedad con su gobierno”.

32

La prensa tiene, sin embargo, sus responsabilidades y deberes. No

debe incentivar el odio, ni la difamación: “…debe ser siempre la prensa

respetuosa y tolerante: llamada a convencer, tiene que conservarse en el

30 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuela en el Centenario del Libertador, pp. 34-35, 250, 289,

565.

31 Luis Gerónimo Alfonzo. El Gobierno y la Resistencia, p. 3.

32 Luis Gerónimo Alfonzo. Breve Análisis del pasado de Venezuela, p. 143.

Doctrinas e ideas políticas

120

terreno de la razón”.

33 Comenta Alfonzo como la palabra apasionada y

difamadora de Juan Vicente González (1810-1866), entre la de muchas

otras personalidades, produjo, en cierto modo, la guerra de cinco años.

Reglas de oro de la Democracia:

La República liberal, la democracia, usadas como sinónimos por

Luis Gerónimo Alfonzo la considera éste la más bella forma de gobierno.

Realización del ideal de los

fi lósofos antiguos y sancionada por la Religión.

Discútanse los asuntos públicos, que se haga lo que exija la mayoría y

se establezca la tolerancia. He allí la República. Esta obedece más que

a un concepto a una actitud, según la cual, cada ciudadano se duele de

la injusticia cometida contra cualquiera. La República no es sino:”…una

gran compañía de asistencia mutua, o la divina caridad extendida también

a la política, como que había de ser su imperio absoluto sobre todas las

relaciones sociales”.

34 Ensayemos las prácticas republicanas. Dejemos

gobernar a quien tomó el poder. Si lo hace mal no le hagamos la guerra.

Una rama o segmento sano del partido liberal lo sucederá legalmente. Esta

es la consecuencia, el efecto práctico de sus prédicas para los tiempos en

que Guzmán Blanco se hace del poder con su “Revolución de Abril”.

Ni el individuo ni la sociedad son infalibles. Por eso el clima

espiritual de la República es la tolerancia. La mayoría debe respetar

las opiniones de la minoría. Y esta debe acatar la decisión del colectivo

y seguir difundiendo sus puntos de vista. Ni la soberanía nacional ni la

mayoría son absolutas. Las garantías individuales están por encima de

ellas. No se le debe imponer al pueblo nada. Ni siquiera lo que se considere

llevado a cabo por su bien. El gobierno no a de ahogar la iniciativa de los

asociados, sino permitirle que esta se mani

fi este libremente. El gobierno

33 Luis Gerónimo Alfonzo. Breve Análisis del pasado de Venezuela , p. 135.

34 Luis Jerónimo Alfonso. El gobierno y la resistencia, p. 13.

Doctrinas e ideas políticas

121

debe someterse a la ley, al mandato de la mayoría y garantizar la paz.

35 En

los pueblos libres, el más leve ataque a los derechos ciudadanos se tropieza

con una ciudadanía vigilante.

36

La libertad del sufragio, la libre expresión de la voluntad de los

ciudadanos, es otro de los derechos, de las garantías inviolables para los

ciudadanos. En plena guerra federal, se dirige, en carta del 22 de diciembre

de 1861, al General José Antonio Páez. Le dice Alfonzo al caudillo

llanero que la única manera de establecer la paz es: “…llamar a todos

los venezolanos a expresar libremente su voluntad para someteros a ella.

O en otros términos, restituir al pueblo su soberanía para que se de un

gobierno provisorio y se constituya como a bien tenga, guardándoos por

supuesto de intervenir absolutamente en sus actos, ni dejando que en ellos

intervengan los vuestros por otros medios que los que sean permitidos a

todo ciudadano: en dos palabras, deponiendo el mando, y mientras llegan

a recibirlos los elegidos del pueblo, limitándoos puramente a mantener las

garantías inviolables”.

37 Siempre es repudiable la coacción del poder en

las elecciones tal como lo presenció Alfonzo en las elecciones de 1868:

“En Santa Rosalía, de esta capital, [Caracas]: “..allí estaban unos cuantos

hombres, viles instrumentos, que a la menor disputa sobre si alguno debía

votar o no, corrían a tomar sus garrotes para imponer con ellos silencio

a los que consideraban injustas las decisiones de la junta, fuera de que

otros muchos hacían lo mismo con sus revólveres que llevaban al cinto,

y todo eso ¿podrá darse mayor descaro? Todo en presencia de la misma

junta”

38 Aboga por el voto universal, directo y secreto, pues, amparados en

el principio de igualdad no se debe excluir a ningún ciudadano del derecho

y del deber de participar en los asuntos públicos, así como el de consignar

su voto para expresar, en concreto, su opinión. El grado de ilustración no

debe ser criterio para apartar de lo público a la gente humilde. El pueblo es

trabajador, honesto, tiene sentido común, en este sentido virtuoso, y no se

35 Luis Jerónimo Alfonso. La mayoría: sus derechos y deberes. , pp. 4-5, 8-9.

36 Luis Jerónimo Alfonso. A Venezuela en el Centenario del Libertador, pp. 160-161.

37 Luis Jerónimo Alfonso. Breve Análisis del pasado de Venezuela, p. 54.

38 Luis Jerónimo Alfonso. Breve Análisis del Pasado de Venezuela, p. 116.

Doctrinas e ideas políticas

122

le debe coartar su libertad. En el seno de la oligarquía hay muchos hombres

estudiados que han hecho grande daño a Venezuela.

39

Otro de los fundamentos de la República liberal y democrática

es el sistema federal. La mejor evidencia de las bondades de organizar

Estados compuestos es que Estados Unidos lo asumió como sistema y esa

es una de las claves de su gran libertad y bienestar. La descentralización

permite la mejor administración de los intereses locales y provinciales,

así como es un aliado contra los intentos centralistas y tiránicos. Un

contrapoder que obstaculiza las ambiciones despóticas. Bien delimitadas

las atribuciones del los gobiernos estadales y el general,

40 será más

e

fi ciente la administración del país lo cual redundará en su progreso y en

su prosperidad. El Gobierno nacional no debe intervenir en los asuntos

de competencia regional y local que incumbe es a los ciudadanos de esas

instancias político-administrativas. En caso de violencia entre entidades

regionales, debe coadyuvar al restablecimiento de la paz con sus buenos

o

fi cios y una prudente neutralidad.41

A todas estas exposiciones doctrinarias subyace una animadversión

mani

fi esta en contra de la dictadura. Alfonso recuerda que “La condición

del poder es traspasar sus límites”

42 De allí que se oponga a que el

caudillo triunfador en contra de la tiranía de José Tadeo Monagas sea el

que sea, luego de establecida una nueva Constitución, ocupe la Suprema

Magistratura. Le repugnan los gobiernos personalistas y las asonadas que

lo alimentan. Se requiere paz, regularidad institucional y el cumplimiento

de la alternabilidad republicana. La dictadura se aferra al centralismo y

gobierna entonces en contra de la opinión de la mayoría federal. En la

dictadura de Paéz, se cometieron viles asesinatos; y crímenes peores

39 Luis Jerónimo Alfonso. A Venezuela en el Centenario del Libertador, pp. 246-250 y 566.

40 Luis Jerónimo Alfonso. Exposición del Comité Revolucionario Federal de Venezuela,

establecido en Curazao, a sus compatriotas, pp. 56,68-69,71.

41 Luis Gerónimo Alfonzo. Breve Análisis del Pasado de Venezuela, pp. 61-62, 67-68, 107,

133-134, 138, 162, 173.

42 Luis Gerónimo Alfonzo. Exposición del Comité Revolucionario Federal de Venezuela,

establecido en Curazao, a sus compatriotas, p. 163.

Doctrinas e ideas políticas

123

que los de los gobiernos anteriores. Este régimen agravó la situación del

país en vez de mejorarla. Sus denuncias serán más duras – y mucho más

extensas- contra Antonio Guzmán Blanco. El gobierno dictatorial –contra

el que escribe extensos alegatos apelando a la historia de Grecia, Roma y

Francia- no es más que el desenfreno de los apetitos y las pasiones. Las

garantías individuales quedan a la discreción del que manda. De allí surge

la guerra. Los pueblos apelan al sagrado derecho de insurrección contra los

tiranos que les cierran las vías legales para expresarse. Pero esta apelación

de Alfonso a la violencia para apartar a los déspotas del poder –en especial

contra Guzmán Blanco-no desdice de su convicción fundamental: el

gobierno debe regirse por las leyes y las instituciones. Los pueblos deben

expresarse cívicamente. Las autoridades deben evitar las arbitrariedades.

Así reinará el sosiego. Los ciudadanos deben cuidarse mucho de acudir a

este recurso extremo, la dictadura, para superar situaciones excepcionales

de peligro de la patria.

43

La guerra, la causa de todos los males:

Aunque hemos ido reconstruyendo el pensamiento de Alfonzo

tomando en consideración otros tópicos, el tema más recurrente en sus

escritos (Principalmente en Breve Análisis del Pasado de Venezuela) es el

de los orígenes de nuestras guerras, sus consecuencias y cómo evitarlas. Al

respecto dirá del alzamiento del General Miguel Antonio Rojas (c1830-

1902) en el Centro del país en los años 1867 y 1868:

“Grandes han sido los desastres que ha causado esa revolución: …inmensos

valores en ganados de cría y de ceba han desaparecido instantáneamente en

el teatro de la guerra, consumidos por unos y otros combatientes, dejando a

los que eran sus dueños, en la pobreza o adeudados, que es todavía peor…

43 Luis Gerónimo Alfonzo. Breve análisis del pasado de Venezuela, pp. 53-57 ; Luis Jerónimo

Alfonso. A Venezuela en el Centenario del Libertador, pp. 254-255, 375-400,409-411, 479-

480, 507-508, 542, 588.

Doctrinas e ideas políticas

124

Los campos de labor, abandonados; expuestas a perderse sus cosechas; y

lo que aun es mas grave, perdida toda esa suma de trabajo que la masa

del ejército debió emplear en hacer oportunamente sus labranzas, para

suministrar al consumo los artículos de primera necesidad. ”

44 Y todo

estos sin mencionar las pérdidas en vidas humanas, el descrédito, el

hambre, la pobreza y la falta de educación que han acarreado las sucesivas

con

fl agraciones. La guerra se ha vuelto un hábito tan arraigado que todas

nuestras diferencias públicas se solventan violentamente. Tanto el gobierno

como la oposición apelan a la violencia en sus actuaciones. Alfonzo,

por el contrario, de

fi ende los métodos conciliatorios, civilizados, para

solventar las diferencias. Igualmente las guerras corrompen las costumbres

republicanas, de ellas surgen los hombres fuertes que oprimen a todos; por

ellas se recluta a la peonadas que son carne de cañón en las batallas, en

ella se consumen las rentas nacionales, se causa estragos a la industria y al

comercio y se merma una población ya escasa.

Pero, ¿Cuáles son las causas de nuestras guerras civiles? Alfonzo

a lo largo de sus escritos, las va enumerando. La primera que menciona

es el menoscabo de la soberanía popular. La fuerza armada, los que

asumen el poder por la fuerza no pueden constituir República y gobierno

legítimo. La intervención del gobierno en los asuntos que competen a las

provincias también ha generado malestar en la sociedad venezolana.

45 La

violación de las garantías ciudadanas tales como el derecho al secreto

de la correspondencia, el sufragio libre, la libertad y la igualdad han

generado no pocos con

fl ictos. Las escándalosas e impunes corruptelas

en el ejercicio de la Administración Pública, así como el personalismo y

el autocratismo también originan turbulencias. El pueblo comete el error

de

fi arse demasiado en sus conductores “y se duerme”,46 luego tiene que

apelar a la violencia para quitarse de encima a sus nuevos dominadores.

Las “reacciones” de los políticos contra sus sostenedores ha sido también

44 Luis Gerónimo Alfonzo. La Revolución de 1867 a 1868, pp. 3-4.

45 Luis Gerónimo Alfonzo. Breve Análisis del Pasado de Venezuela, pp. 1, 10, 12, 75-83,

85, 88, 105, 140-142, 163.

46 Luis Gerónimo Alfonzo. Breve Análisis del Pasado de Venezuela, p. 86.

Doctrinas e ideas políticas

125

el origen de frecuentes alteraciones del orden público en el país durante el

siglo XIX. La pretensión de minorías oligárquicas de gobernar en contra de

las mayoría y de lo que prevalece en la conciencia pública. El espíritu de

facción, las pasiones, también in

fl uyeron en la acuñación de la violencia

como práctica política cotidiana (en especial después de la salida del poder

de Falcón). Las malas políticas de los gobiernos. Y,

fi nalmente, la falta de

virtud y patriotismo.

47

Ante la guerra Luis Jerónimo Alfonso se declara un paci

fi sta. Con

Rubén Darío diría “Guerra: sólo a la guerra”. Niega e

fi cacia a los medios

de destrucción para hacer el bien. Sostiene que: “…la paz es la condición

indispensable para la marcha de la sociedad, y tanto que sin ella no puede

progresar ni siquiera conservarse; y así es que la primera obligación del

gobierno consiste en mantenerla inalterable y desde luego hacer todo

lo que para ello sea preciso. El Gobierno establecido para conducir la

sociedad a sus nobles y elevados

fi nes, ¿Cómo podría lograrlo cuando no

alcanzase a establecer ni aun la primera condición de la existencia de

ella?”

48 Acusa a los gobiernos posteriores a la revolución de marzo como

desastrosos y causantes del desasosiego público.

A Alfonzo lo caracteriza una “…instintiva repugnancia a la

violencia,…”

49 en este sentido repudió, inicialmente, la “Revolución de

Marzo” en contra de Monagas en cabezada por el General Julián Castro,

Gobernador de Carabobo. En política nada de imposiciones y sí disuadir,

convencer y orden legal. Gobiernos regulares que garantizarán el orden y

el progreso “positivo”.

50

47 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuelas en el Centenario del Libertador, pp. 92, 95, 99,

102,110-111,126-127,155-156, 254, 328.333, 414, 609-610.

48 Luis Gerónimo Alfonzo. Breve análisis del Pasado de Venezuela, p. 47. También

47 y 70.

49 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuela en el Centenario del Libertador, p. 6.

50 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuela en el Centenario del Libertador, pp. 128-129, 347,

559,

Doctrinas e ideas políticas

126

En estos análisis prevalecen las consideraciones políticas, morales,

psicológicas y culturales. Sin embargo, es necesario mencionar que la

ausencia de instituciones, en especial de un ejército profesional, también

explicaría el predominio de los caudillos con sus grupúsculos armados y de

las anarquía consiguiente.

Remedios para Venezuela:

Luis Gerónimo Alfonzo desea lo mejor para su país. Aspira a que

los venezolanos alcancen la civilización y el progreso. De estas metas dirá:

“La civilización no es, no, para alguno que otro pueblo, sino para todos por

igual, ni más ni menos que la caridad, la inteligencia, la tolerancia, la justicia,

los mares, la tierra, el vapor, la electricidad…Como hecho múltiple, que

exige el concurso de innumerables circunstancias, ella, en una sola región

no podría desenvolverse, pues tanto necesita de la imaginación ardiente de

la zona tórrida, como de fría razón de la templada, y de la industria inglesa,

por ejemplo, como de nuestra agricultura(…). Los pueblos no permanecen

estacionarios, o no habría esa civilización, tan disputada, que no es sino

el resultado de la agregación sucesiva del progreso moral y material de la

humanidad, en el curso de los siglos”.

51 Esta suerte de tierra prometida

laica no es para ningún pueblo en especial, sino para todos en general. Los

hombres, si contienen con la razón sus pasiones y sus ambiciones, tienden

hacia el bien de manera inde

fi nida.

Consecuente con estas convicciones, considera que para auspiciar

el bienestar material de Venezuela el Estado debe proteger la agricultura.

Así como en Europa los entes públicos amparan a los pobres en contra de

las desigualdades. Pero sin aceptar el socialismo que violenta las garantías

individuales. Cita a Jean-Baptiste Say (1767-1832) para defender el

préstamos con intereses y refuta –en polémica de 1869- la concepción de

51 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuela en el Centenario del Libertador, pp. 131-132.

También p. 151.

Doctrinas e ideas políticas

127

José Laurencio Silva según la cual el capital dinerario es usura. Sin embargo,

Alfonso considera que el gobierno debe tomar las medidas para que la

tendencia del crédito sea a la baja de las tasas de interés. El Gobierno debe

fomentar la paz, el orden legal, la regularidad. Con Francisco Aranda, en

su Memoria como Ministro de Interior y Justicia -expuesta en 1857- ante el

Congreso Nacional, respalda el estímulo a la inmigración, los ferrocarriles,

el telégrafo, las industrias, etc.

52 Con motivo de la convocatoria a una

asamblea constituyente luego del triunfo liberal-federalista en la guerra

federal, Alfonzo escribe su programa para dicha reunión: exclusión de los

oligarcas que habían desgobernado al país–como lo reclamaba la mayoría–

del ejercicio del poder; organizar al país bajo la forma federal. Años después,

optimista con el ascenso al gobierno de un civil, el Doctor Raimundo

Andueza Palacio – a pesar del origen de su poder que considera espuriole

propone planes que incluyen el sistema parlamentario, la creación de

instituciones de créditos con bajas tasas de interés para la agricultura y

la industria nacional (rechaza el liberalismo económico que bene

fi cia

exclusivamente a las potencias industriales), compra de la deuda externa y

del compromiso del 7% con las empresas ferrocarrileras; construcción de

carreteras y caminos, reformas hacendísticas para mejorar la recaudación

de los impuestos, así como la eliminación de excesivas trabas al comercio

y la producción. El Presidente, sin embargo, al consolidarse en el ejercicio

de su mandato, desestimó los proyectos de Alfonzo.

53 Llegó a plantear,

en el momento de hacer duras críticas contra el gobierno de Juan Pablo

Rojas Paúl y del mismo Andueza Palacio, la candidatura presidencial de

Domingo Antonio Olavaria, un político independiente y muy crítico de la

hegemonía liberal amarilla.

Uno de los mecanismos institucionales de la República democrática,

fundamental para hacer avanzar a Venezuela, eran los partidos políticos.

Por supuesto para Alfonso no son exclusivamente maquinarias para asaltar

52 Luis Gerónimo Alfonzo. Breve Análisis del Pasado de Venezuela, pp. 123-126; 200-205.

53 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuela en el Centenario del Libertador, pp. 230-234; 611-

612 y 615.

Doctrinas e ideas políticas

128

el poder, ni expresión de los intereses de una clase en la sociedad. Para

Luis Gerónimo Alfonzo un partido político es una entidad conformada por

ciudadanos que profesan un programa que aspiran dirigir los destinos del

país con el

fi n de aplicar su óptica de la sociedad, del Estado y la economía.

Alfonzo en base a la experiencia histórica y política venezolana, repudia

las conocidas como fusiones (alianzas circunstanciales de liberales y

conservadores) de triste recordación para él.

54 Durante la Revolución de

marzo de 1858, en tiempos de la salida del poder de Falcón a

fi nales de

los sesenta, el acercamiento liberal-conservador en vez de resolver los

con

fl ictos los magnifi có. El partido liberal, sin incurrir en sectarismos, debe

gobernar sólo. La época de los oligarcas y “azules” ya pasó. Llegó el tiempo

del partido liberal. Si éste actúa correctamente, es decir, con tolerancia,

respeto de las minorías y de las garantías. Que no se divida en el ejercicio

del poder y evite repeler la violencia con la violencia.

55 El Partido Liberal

debe coadyuvar a la conciliación y la protección de los diversos interese

sociales, no imponer los suyos.

56 El papel de los partidos en momentos

de crisis nacional es hacer lo que conviene a todos, evitar con

fl ictos (la

guerra) y avenirse, recurrir a la habilidad, a la razón, para solucionar

las diferencias. Los liberales debe ser coherentes con su programa: este

radica fundamentalmente en respetar y practicar los derechos naturales,

las garantías ciudadanas.

57 Luego de señalar como se expanden las ideas

liberales y democráticas por Francia, Alemania, Austria y regiones de

Europa Oriental y expresar los odios que concitan la dominación por la

fuerza, comenta: “…nada de privilegios ni distinciones odiosas, aunque

no pasen de palabras: nada por la imposición, funesto régimen, que si la

fuerza impera más o menos un tiempo, jamás satisface a la inteligencia

ni al corazón; en cambio sí, la igualdad de todos y por consiguiente la

elección universal y directa; nuevo orden, pues, basado en la fraternidad,

la tolerancia, la expansión”.

58 El realizador de estas aspiraciones debe ser

54 Luis Gerónimo Alfonzo. La Revolución de 1867 a 1868, pp.29-30.

55 Luis Gerónimo Alfonzo. La mayoría: sus derechos y deberes., p. 15.

56 Luis Gerónimo Alfonzo. El gobierno y la resistencia, p. 8.

57 Luis Gerónimo Alfonzo. Breve Análisis del pasado de Venezuela, pp.28 y 208.

58 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuela en el Centenario del Libertador, p 128.

Doctrinas e ideas políticas

129

un partido moderado dirigido por gente humilde, sencilla, trabajadora

y abnegada. Sugiere como orientador de ese esfuerzo y Presidente de la

República al ingeniero, educador y

fi lántropo Agustín Aveledo (1837-

1926).

59

Alfonzo propone luchar contra prácticas bárbaras y tiránicas

tales como: “…las que permiten a los mandatarios arrogarse facultad de

dispensar dádivas, a costa de a nación, para crearse prosélitos, camarillas

de esbirros aduladores, …”

60 dispuestos a violar, por servir a su amo, todas

las garantías. Igualmente se transgreden las leyes si se aprueban ordenanzas

que refrenden la situación, casi de siervos de la gleba, de los peones a los

que se les agobia con requisitos para poder trasladarse de una hacienda

a otra.

61 Alfonzo entiende que la falta de “brazos” pareciera imponer la

medida, pero se deben respetar los derechos de los ciudadanos. Por razón

similar se opone a la temida recluta. Sólo con la erradicación de estas

prácticas incivilizadas se podrá consolidar la ciudadanía y la República.

Antiimperialismo y Unión colombiana:

Parte del recetario liberal para curar a los enfermos pueblos

hispanoamericanos, es el de la necesidad de desarrollar un profundo

sentido del patriotismo. Como los griegos, los romanos, un sentido

de pertenencia a la patria que haga a los ciudadanos de nuestros países

llegar a los mayores sacri

fi cios por la nación a la que se pertenecen.62 Esta

patria podía entenderse como cada uno de los países hispanoamericanos

independizados, luego de las luchas emancipadoras, o una patria grande, la

Colombia de Bolívar u otra mayor, conformada por todos los pueblos hoy

llamados latinoamericanos. La que Francisco de Miranda(1750-1816) llamó

“Colombeia”, Simón Bolívar(1783-1830) “Colombia” y José Martí(1873-

59 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuela en el Centenario del Libertador, pp.625-626.

60 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuela en el Centenario del Libertador, pp. 253-254.

61 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuela en el Centenario del Libertador, p. 7.

62 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuela en el Centenario del Libertador, pp. 144-145.

Doctrinas e ideas políticas

130

1895) “Nuestra América”. Los intereses de los pueblos hispanoamericanos

les exigen esa unión. Nos haría respetables ante el mundo; los recursos de

cada porción de esta grande nación nos harían formidables. Acabaríamos

con la guerra y advendría una extraordinaria prosperidad material. Se

frenaría la ambición de los poderosos del mundo que crecen a costa de

los débiles. Luis Gerónimo Alfonzo rechaza la conquista, el imperio de

la fuerza en las relaciones internacionales y con más razón entre pueblos

hermanos. Insiste en la unión colombiana: “Países que tienen un mismo

origen, unas mismas instituciones, que corren unos mismos riesgos y sufren

unos mismos desprecios, acusaciones y violencias, no debieran permanecer

aislados, indiferentes los unos a la suerte de los otros. ¡Cuán triste cuadro

ofrecen! ¿Por qué, combinando sus intereses, no procuran su seguridad en

la unión? Pero, así habrá de ser, tarde o temprano, que nunca al

fi n deja de

ejercer su imperio la razón, y la razón prescribe revivir Colombia”.

63

Cabe destacar, ya que estamos en la parte

fi nal de la indagación

sobre el pensamiento de Luis Gerónimo Alfonzo, los ecos del pensamiento

antiimperialista que en encontramos en su obra. Las últimas décadas del

siglo XIX, América Latina se resiente de una amenazante irrupción de

diversas potencias extranjeras en sus costas, con formidables escuadras

en supuesta defensa de sus ciudadanos, intereses, etc. Toda una

fl amante

élite de pensadores advirtieron de los peligros del colonialismo y del

imperialismo. El cubano José Martí, el argentino Manuel Ugarte (1875-

1951), el uruguayo José Enrique Rodó (1871-1917), los venezolanos César

Zumeta (1860-1955) y Ru

fi no Blanco Bombona (1874-1944), entre muchos

otros, señalaron los peligros de la expansión imperialista. En especial,

de Estados Unidos y algunas potencias europeas tales como Inglaterra y

Alemania.

63 Luis Gerónimo Alfonzo. A Venezuela en el Centenario del Libertador, pp. 175-176. También

pp. 94,129, 151-154, 191.

Doctrinas e ideas políticas

131

Conclusiones

Luis Gerónimo Alfonzo no fue exclusivamente un hombre de

acción. Fue un escritor político que nos legó una obra escrita que recién

estamos redescubriendo.

El enfoque de la historia venezolana que produce Luis Gerónimo

Alfonzo lo aproxima al liberalismo guzmancista (Antonio Leocadio

Guzmán) y a Ezequiel Zamora. Su enfoque es liberal, cristiano, democrático,

federalista e igualitario. Critica acerbamente a la hegemonía paecista y

conservadora. También tiene palabras muy dura para con los Monagas,

Julián Castro, Juan Crisóstomo Falcón, Guzmán Blanco, Raimundo

Anduela Palacio, etc. El error de todos es no haber practicado un auténtico

republicanismo.

Alfonzo combate las corruptelas, los asesinatos políticos, las

persecuciones cometidas por los gobernantes arriba mencionados. Tiene

palabras de elogios para unos pocos: Simón Bolívar, Ezequiel Zamora,

Domingo Antonio Olavaria y Agustín Aveledo.

La concepción de la historia que subyace en el relato de Luis

Gerónimo Alfonzo pertecene al más rancio cienti

fi cismo. Equipara la

historia con las ciencias exactas aunque él no está a la altura de su propio

programa historiográ

fi co. Se lamenta, sin embargo, de que la conducta de

los hombres no se corresponde con la conciencia que se tiene de cómo

debe comportarse. De la Historia, la Filosofía, la Política, de las Ciencias

Humanas surge la certeza de la diversidad de las opiniones y las conductas

de los hombres. Ello obliga a la tolerancia, el respeto de la mayoría a

la minoría y de ésta última a la primera. Empero, bien sabemos que no

predominan estas práticas, por lo menos en la Venezuela en la que el vivió,

se desvivió y murió. La disciplina fundada por Herodoto es para Alfonzo

una cantera de experiencias que debe ser guía para la conducta de las

sociedades y de los hombres individualmente.

Doctrinas e ideas políticas

132

La política alfonziana tiene un fundamento moral y religioso. El

hombre no puede ser tiranizado ni explotado porque es una persona, esta

hecho de la misma materia divina. No cabe la existencia de opresores y

oprimidos: todos los hombres son hermanos. Tanto en el plano nacional

como internacional tiene que imperar el Derecho, la razón, el progreso,

la solución pací

fi ca de los confl ictos, la paz sustentada en la justicia y la

libertad.

Para Luis Gerónimo Alfonzo en el alma del hombre se encuentra

tanto el principio egoísta como el de solidaridad: Con su interés por

mejorar y velar por sí mismo progresa y engendra prosperidad; el sentido

de la justicia lo hacer ser caritativo y apoyar toda iniciativa que atienda al

desvalido. Tener la certeza que si los demás están mal no podemos todos y

cada uno de los seres humanos ser felices y estar bien.

Alfonzo es un gran y risueño optimista. La razón se sobrepone

a la pasión, la virtud a los apetitos. Alfonzo considera que la función

fundamental del Estado es la garantía de los derechos. Para que el Estado

desempeñe bien sus funciones se debe mantener la división de poderes,

la subordinación de los individuos y la sociedad a las instituciones y las

leyes.

Para mantener la convivencia social deben respetarse la libertad de

expresión y de pensamiento, hay que incentivar la más amplia deliberación

de todos en los asuntos públicos. Hay que cuidar en extremo lo que se dice

y se escribe. La palabra puede engendrar la paz o estimular las luchas

fratricidas. Debe mantenerse la libertad en el sufragio, consolidar el voto

universal, directo y secreto.Igual deben lucharse para que se cumpla la

alternabilidad republicana. Alfonzo es antipersonalista y antidictatorial

cabalmente. Llega hasta a reconocer que los pueblos, en situaciones

extremas, deben apelar al derecho de insurrección.

Doctrinas e ideas políticas

133

Hay que evitar a toda costa las guerras. Por eso las estudia en sus

causas, en sus orígenes como para conjurarlas. Apuesta a favor de la paz,

la tolerancia, la razón , el progreso para Venezuela. Con respecto a América

Latina, aboga por su fortaleza mediante la unión.

Bibliografía

Abreu, Víctor. La tradición liberal. Individuo soberano y desigualdad.

Caracas: Ediciones FACES-UCV, 2000, 269 p.

Acosta, Vladimir. Reformas liberales y acumulación originaria en América

Latina: Colombia y Venezuela en el siglo XIX. Caracas: Universidad

Central de Venezuela, 1989, 662 p.

Alcibíades, Mirla. La heroica aventura de contruir una república (Familianación

en el ochocientos venezolano:1830-1865). Caracas:

Monte Avila Editores Latinoamericana; Centro de Estudios

Latinoamericanos Rómulo Gallegos, 2004, 406 p. [En especial los

primeros capítulos].

Alfonzo, Luis Gerónimo. A Venezuela en el Centenario del Libertador.

Caracas: Imprenta de La Patria, , 1892, 626 p.

_____________________. Breve Análisis del pasado de Venezuela.

Caracas: Imprenta Nacional, 1872, 223 p.

______________________. Exposición del comité revolucionario federal

de Venezuela, establecido en Curazao a sus compatriotas. Cartagena:

Imprenta Ruiz e Hijo, 1868, 72 p.

______________________. El gobierno y la resistencia. Caracas: Imprenta

de La Concordia, 1870, 14 p.

Doctrinas e ideas políticas

134

______________________. La mayoría: sus derechos y sus deberes.

Caracas: Im prenta de La Concordia, de Evaristo Bombona, 1870,

15 p.

______________________. Refutación del folleto de Luis Ruiz (señor

D.A. Olavarría). Caracas: Imprenta de Colón, 1894, 131 p.

______________________. La Revolución de 1867 a 1868. Caracas:

Imprenta de Espinal e Hijos, 1868, 32 p.

Arratia, Alejandro. Etica y democracia en Fermín Toro. Caracas: Monte

Avila Editores Latinoamericana, 1993.

Banko, Catalina. Poder político y con

fl ictos sociales en la República

oligárquica (1830-1848). Caracas: Fondo Editorial Lola de

Fuenmayor, 1986, 207 p.

Barrios Ferrer, Gonzalo. “Caudillismo, orden constitucional y régimen

político” Mundo Nuevo. Caracas, Universidad Simón Bolívar, 1992,

Nros. 56-57.

Barroeta Lara, Julio. La explosión liberal, 1840-1863. Caracas: U.C.V.,

1993, 146 p. (Tesis de Grado).

Belrose, Maurice. La época del modernismo en Venezuela (Colección

Estudios) Caracas: Monte Avila Editores Latinoamericana, 1999.

Bigot, Luis Antonio. Ciencia, Educación y Positivismo. Caracas: Academia

Nacional de la Historia, 1995.

Bosch García, Carlos. “Las Ideologías europeas” en: Leopoldo Zea

(Coordinación e Introducción) América Latina en sus ideas. México:

UNESCO/Siglo Veintiuno Editores, Serie: América Latina en su

Cultura, 1986, pp. 239-269.

Doctrinas e ideas políticas

135

Bracho, Jorge. El positivismo y la enseñanza de la Historia en Venezuela.

Caracas: Fondo Editorial Tropykos, 1995, 142 p.

Bramsted, Ernest Kohn y Melhuish, K.J. El liberalismo en Occidente:

Historia en documentos. Madrid-España: Editorial Unión, 1982, 6

vols.

Burdeau, Georges. El Liberalismo político. Buenos Aires: EUDEBA, c

1983.

Capelletti, Angel. Positivismo y evolucionismo en Venezuela. Caracas:

Monte Avila Editores Latinoamericana, 1992.

Carrera Damas, Germán.”Consideraciones sobre los límites históricos del

liberalismo en Venezuela.” Caracas: sobretiro de la revista Paideia,

1959.

_____________________. Formulación de

fi nitiva del proyecto nacional:

1870-1900. Caracas: Cuadernos Lagoven, 1988.

_____________________. Temas de Historia social y de las ideas. Caracas.

Ediciones de la Bibloteca de la Universidad Central de Venezuela,

1969.

Cartay, Rafael. Fàbrica de Ciudadanos. (La construcción de la sensibilidad

urbana: Caracas, 1870-1980). Caracas: Fundación Bigott, 2004.

_____________________l. Historia Económica de Venezuela 1830-1900.

Valencia: Vadell Hermanos, 1986.

Castillo Blonquist, Rafael. José Tadeo Monagas: auge y consolidación de

un caudillo. Caracas: Monte Avila Editores, 1984.

Castro, José Antonio. Narrativa modernista y concepción del mundo.

Maracaibo: Universidad del Zulia, Facultad de Humanidades y

Educación. Centro de Estudios Literario, 19??.

Doctrinas e ideas políticas

136

Combellas, Ricardo. “El Estado Liberal de Derecho: desde sus orígenes a

su declinación” en Estado de Derecho (crisis y renovación). Caracas:

Editorial Jurídica Venezolana, 1990, 168 p.

Conservadores y liberales: los grandes temas políticos. Caracas. Ediciones

de la Presidencia de la República, 1961.

Dávila, Dora. “Tomás Lander en las ideas de una nueva nación (o el tránsito

de colonia a República) ” Anuario. Caracas, Instituto de Estudios

Hispanoamericanos de la Universidad Central de venezuela, 2da.

Etapa, Nro. 4, 1992, pp. 37-66.

Díaz Sánchez, Ramón. Guzmán, elipse de una ambición de poder. Caracas:

Mediterráneo, 1975, 662 p.

Farías de Urbaneja, Haydée. La autoridad de la Sociedad Económica

de Amigos del País en la política gubernamental de 1830-1840.

Caracas: Universidad Central de Venezuela, Consejo de Desarrollo

Cientí

fi co y Humanístico, 1991.

_______________________. “La ideología liberal en la Sociedad

Económica de Amigos del País” Politeia. Caracas: U.C.V., 1977,

nro. 6, pp. 373-402.

Fernández Heres, Rafael. La Educación venezolana bajo el signo del

positivismo.Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1994, 579

p.

Fernández Retamar, Roberto. “Modernismo. Noventaiocho. Subdesarrollo”

Ensayo de otro mundo Santiago de Chile: Ed. Universitaria, 1979.

Gil Fortoul, José. Historia Constitucional de Venezuela. México: Cumbre,

1978.

Doctrinas e ideas políticas

137

Gómez-Martínez, José Luis. (1987) “Pensamiento hispanoamericano del

siglo XIX.” En: Iñigo Madrigal, Luis (Coordinador) Historia de

la literatura hispanoamericana. Del neoclasicismo al modernismo.

Madrid: Cátedra, T.II, 399-415.

González, Juan Vicente. Oligarcas y liberales: artículos de “El Diario de la

Tarde”. (Compilación de Rafael Angel Insausti), Caracas: Ediciones

de la Presidencia de la República, 1962.

González Guinan, Francisco. Historia Contemporánea de Venezuela .

Caracas: Ediciones Fotal, 1968, 15 v.

Gray, John. Liberalismo. Madrid: Alianza, 1994, 158 p.

Guerrero, Luis Beltrán. Introducción al positivismo venezolano. Caracas:

Ministerio de Educación, 1956, 31 p.

Gutiérrez Girardot, Rafael. Modernismo. Barcelona, España: Montesinos,

c. 1983, 197 p.

Hernàndez, Adriana. Jurisprudencia, liberalismo y diplomacia. La vida

pùblica de Julián Viso (1822-1900). Caracas: Instituto de Altos

Estudios “Pedro Gual”, Ministerio de Relaciones Exteriores, 1999,

278 p.

Hernández, Jose

fi na y Gastón Carvallo. Temas de la Venezuela

agroexportadora. Caracas: Editorial Tropikos, 1984.

Henríquez Ureña, Max. Breve historia del modernismo. México: Fondo de

Cultura Económica, 1978.

Izard, Miguel. “De libertadores a gestores: algunas notas sobre el

conservadurismo venezolano” en Tierra Firme, Caracas, eneromarzo

de 1985, nro. 9.

Doctrinas e ideas políticas

138

____________________.“Sin fe, sin ley y sin caudillo. Cambio cultural,

liberalismo e insurgencias populares” en Revista de Historia (Número

dedicado al liberalismo latinoamericano del siglo XIX), Monterrey,

México: Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma

de Nuevo León, Año II, Enero-Junio de 1987, Nro. 3, pp. 113-131.

Jardin, André. Historia del liberalismo político. De la crisis del absolutismo

a la Constitución de 1875. México: Fondo de Cultura Económica,

1989.

Jouvenel, B. De. Los orígenes del Estado Moderno. Historia de las ideas

políticas en el siglo XIX. Madrid: Magisterio Español, 1977.

Kohn de Beker, Marisa. Tendencias positivistas en Venezuela. Caracas:

Universidad Central de Venezuela, 1970, 380 p.

Kuhnl, Reinhard. “El Liberalismo” en Introducción a la ciencia política.

(Compilación de Wolfgang Abendroth y Kurt Lenk). Barcelona,

España: Editorial Anagrama, 1971, pp. 59-90.

Laski, Harold Joseph. El liberalismo europeo . México: Fondo de Cultura

Económica, 1979, 248 p.

López de Nuño, Alicia. Ideas sociales del positivismo en Venezuela.

Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1969, 173 p.

Lord H., Cecil. Conservatismo. Barcelona, España: Editorial Labor, 1929,

177 p.

Luna, José Ramón. El Positivismo en la Historia del pensamiento

venezolano. Caracas: Editorial Arte, 1971, 112 p.

Machado de Acedo, Clemy. La incidencia del positivismo en las ideas

políticas de Rómulo Gallegos. Caracas: Editorial Equinoccio, 1982,

172 p.

Doctrinas e ideas políticas

139

Magallanes, Manuel Vicente. Los partidos políticos en la evolución

histórica venezolana. Caracas. Editorial Mediterráneo, 1973.

_______________________- Historia Política de Venezuela. Caracas:

Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela,

1990, 642 p.

Manent, Pierre. Historia del pensamiento liberal. Buenos Aires: Emece

Editores, 1990, 264 p.

Marichal, Juan. Cuatro fases de la Historia intelectual latinoamericana

(1810-1970). Madrid: Ediciones Cátedra, 1978, 102 p.

Medina Meléndez, Diana Jose

fi na. El proyecto de modernidad en Rufi no

Blanco Fombona 1996 (Tesis de grado).

Miliani, Domingo. Tríptico venezolano (Narrativa, Pensamiento, Crítica).

Caracas. Fundación de Promoción Cultural, 1985, 297 p.

Miranda Bastidas, Haydée y David Ruiz Chataing. Ideas de la Federación

en Venezuela: 1811-1900. Caracas: Monte Avila Editores, 1995, 2

vols.

______________________________. Cipriano Castro en la caricatura

venezolana. (Historia para todos; nro. 26) Caracas: Historiadores

Sociedad Civil, 1997, 16 p.

______________________________ . Hojas Sueltas Venezolanas del

siglo XIX. Caracas: Comisión de Estudios de Postgrado, Facultad

de Humanidades y Educación , Universidad Central de Venezuela,

2001, 233 p.

______________________________. “El Mundo y Venezuela en la época

de Cipriano Castro” en: Primeras Jornadas de Investigación Histórica.

Doctrinas e ideas políticas

140

Caracas: Rectorado de la Universidad Central de Venezuela, 1991,

pp. 351-376.

Montaldo, Graciela y Nelson Osorio Tejeda. “Modernismo

(Hispanoamérica)” en Diccionario Enciclopédico de las Letras

de América Latina. Caracas: Monte Avila Editores: Biblioteca

Ayacucho, 1995, (F-N), v. 2, pp. 3184-3193.

Negro Pavón, Dalmacio El Liberalismo en España (antología) Madrid:

Unión Editorial, 1988, 355 p.

___________________-El liberalismo inglés: sentido común. Caracas:

Universidad Central de Venezuela, 1980.

____________________. La tradición liberal y el Estado. Madrid, España:

Unión Editorial, 1995.

-Nisbet, Robert. Conservadurismo. Madrid: Alianza, 1995.

Otero, Sergio Castro. El liberalismo económico: evolución y crisis en

Venezuela. Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1987, 143

h. (Tesis de Grado, FACES).

Páez, José Antonio. Autobiografía. Caracas: Academia Nacional de la

Historia, 1972, 2 v.

Palmade, Guy. La época de la burguesía. México: Historia Universal Siglo

XXI, nro. 27, 1988.

Pensamiento Conservador, 1815-1898. Caracas: Biblioteca Ayacucho,

1978, 501 p.

Pensamiento Positivista Latinoamericano. (Compilación, prólogo y

cronología de Leopoldo Zea) Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1980,

2 v.

Doctrinas e ideas políticas

141

Pérez Vila, Manuel. “El gobierno deliberativo: hacendados, comerciantes

y artesanos frente a la crisis” en Política y Economía en Venezuela.

Caracas. Fundación John Boulton, 1976.

________________.“Independencia y Caudillismo. El Siglo XIX

venezolano” en Conocer Venezuela. Caracas: Salvat Editores,

1986, tomos 3 y 4.

_________________. “Liberalismo” en Diccionario de Historia de

Venezuela. Caracas: Fundación Polar, 1997, tomo 2, pp. 949-952.

_________________. “Oligarquía Conservadora” en Diccionario de

Historia de Venezuela. Caracas: Fundación Polar, tomo 3, p. 398.

_________________. “Oligarquía Liberal” en Diccionario de Historia de

Venezuela. Caracas: Fundación Polar, 1997, tomo 3, p. 398.

Perus, Francoise. Literatura y sociedad en América Latina: el modernismo.

México: Siglo XXI Editores, 1976, 139 p.

Pino Iturrieta, Elías. “Conservatismo” en Diccionario de Historia de

Venezuela. Caracas: Fundación Polar, 1997, tomo 1, pp. 999-1001.

__________________. “Godos” en Diccionario de Historia de Venezuela.

Caracas: Fundación Polar, 1997, tomo 2, p. 506.

__________________.Las ideas de los primeros venezolanos. Caracas:

Monte Avila Editores, 1994.

__________________. País archipiélago: Venezuela 1830-1858. Caracas:

Fundación Bigott, 2002.

__________________. Pensamiento Conservador del siglo XIX. Caracas:

Monte Avila Editores, 1991, 579 p.

Doctrinas e ideas políticas

142

Pino Iturrieta, Elías. Positivismo y Gomecismo. Caracas: U.C.V., 1980,

153 p.

Plaza, Helena. La tragedia de una amarga convicción. Caracas: Universidad

Central de Venezuela, Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas,

1998.

Plaza, Elena (2001) Versiones de la tiranía en Venezuela. El último

régimen del General José Antonio Páez (1861-1863) Caracas:

Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Central

de Venezuela.

Quintero, Inés. (comp.) Antonio Guzmán Blanco y su época. Caracas:

Monte Avila Editores, 1994.

Quintero, Inés. Pensamiento Liberal del Siglo XIX Caracas: Monte Avila

Editores, 1992, 329 p.

____________. El último Marqués. Caracas: Fundación Bigott, 2005.

Rama, Angel. Las máscaras democráticas del modernismo. Montevideo:

Fundación Internacional Angel Rama, 1985.

Rawls, John. El Liberalismo Político. Barcelona, España: Grijalbo-

Mondadori, 1996, 440 p.

Raynero, Lucía. La noción de libertad en los políticos venezolanos del

siglo xix, 1830-1848. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello,

2001, 283 p.

Rivas, Elide J. “Idea y praxis en la concepción política de Antonio Guzmán

Blanco” Politeia. Caracas: U.C.V., 1997, nro. 20, pp. 231-254.

Doctrinas e ideas políticas

143

Rodríguez, Adolfo. La llamada del fuego. Vida, pasión y mito de Ezequiel

Zamora. . Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la

Historia, 2005,

Romero, José Luis. Latinoamérica: las ciudades y las ideas. México: Siglo

XXI Editores, 1984, pp. 173-318.

________________. “El Pensamiento Conservador en el siglo XIX” en

Situaciones e ideologías en Latinoamérica. (Nuestra América;

Nro. 2) (Ensayos compilados por Luis Alberto Romero). México:

Universidad Nacional Autónoma de México, 1981, pp. 115-162.

Rositer, Clinton L. La teoría política del conservadurismo norteamericano.

Buenos Aires-Argentina: Grupo Editor Latinoamericano, 1986, 281

p.

Ruggiero, Guido de Historia del Liberalismo Europeo. Madrid : Pegaso,

1944.

Ruiz Chataing, David. “A propósito de la Historia Política y de las Ideas”

(Recensión) en Tierra Firme: revista de Historia y Ciencias Sociales.

Caracas, julio-septiembre de 1998, Año 16, vol XVI, nro. 63, pp.

625-627.

_________________. La controversia centralismo-federalismo en la

prensa venezolana del siglo XIX: 1864-1899. Caracas: Universidad

Pedagógica Experimental Libertador, 2001, 222 p.

_______________________. Ignacio Andrade (Biblioteca Biográ

fi ca

Venezolana; Número 22) Caracas, Banco del Caribe, 2005, 124 p.

_______________________ . Investigaciones de Historia Política.

(Biblioteca del Educador Venezolano, Ensayo) Caracas: Fondo

Editorial del IPASME, 1999, 191 p.

Doctrinas e ideas políticas

144

___________________.“La revista

El Cojo Ilustrado y el antiimperialismo”

en: Segundas Jornadas de Investigación Caracas: Rectorado de la

Universidad Central de Venezuela, 1992, pp. 603-611.

__________________. Y Haydée Miranda. Hojas Sueltas Venezolanas

del Siglo XIX . Caracas: Comisión de Estudios de Postgrado de la

Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de

Venezuela, 2001

__________________. Y Haydée Miranda Bastidas. La Independencia

de Hispanoamérica. Declaraciones y Actas. (Colección Clavaes de

América; Número 28). Caracas: Biblioteca Ayacucho, 2005, 91 p.

___________________. “Federación y centralismo en la evolución

histórica de la República de Venezuela” en Suplemento Cultural de

Ultimas Noticias. Caracas, 11 de junio de 2000, Nro. 1668, pp.6-7.

____________________. “El fenómeno político caudillismo en los

escritos de Simón Rodríguez” en “Suplemento Cultural” de Ultimas

Noticias, Caracas, 22 de octubre de 1990, pp. 8-9.

____________________. “Liberalismo venezolano del siglo XIX. Textos

políticos: 1832-1899” en Suplemento Cultural de Ultimas Noticias,

Caracas, 12 de marzo del 2000, Nro. 1655, pp. 6-8.

_________________. “Partido Conservador y Liberal en el Siglo XIX

venezolano I” en Suplemento Cultural de Ultimas Noticias, Caracas,

10 de septiembre de 2000, pp. 10-11.

_________________. “Partido Conservador y Liberal en el Siglo XIX

venezolano II” en Suplemento Cultural de Ultimas Noticias.

Caracas, 17 de septiembre de 2000, p. 3.

Doctrinas e ideas políticas

145

_________________. “Prólogo” de Laureano Villanueva Vida del

Valiente Ciudadano General Ezequiel Zamora. Caracas: Monte

Avila Editores, 1991, 2 vols.

________________. “La revolución francesa en el pensamiento de Cecilio

Acosta” en Tierra Firme: revista de Historia y Ciencias Sociales,

Caracas, Año 7, Vol. 7, Nro. 28, pp. 444-450.

______________________. y Haydée Miranda Bastidas. Ideas de la

Federación en Venezuela 1811-1900. Caracas: Monte Avila Editores,

1995, 2 vols.

__________________. “Las ideas políticas de la época de Cipriano Castro

a través de algunos impresos. Pensamiento político en torno a los

problemas nacionales I” en: Boletín de la Academia Nacional de

la Historia. Caracas, abril-mayo-junio de 1995, Tomo LXXVIII,

número 310, pp. 117-134.

___________________. “Las ideas políticas de la época de Cipriano

Castro a través de algunos impresos. Pensamiento político en torno a

los problemas internacionales” en Boletín de la Academia Nacional

de la Historia. Caracas, julio-agosto-septiembre de 1995, Tomo

LXXVIII, número 311, pp. 147-154.

____________________. “Modernidad y unidad del pensamiento

hispanoamericano:1870-1930” en Suplemento Cultural de Ultimas

Noticias, Caracas, 4 de octubre de 1998, p. 3.

____________________. “Pensamiento liberal y conservador del siglo

XIX venezolano” en: Suplemento Cultural de Ultimas Noticias,

Caracas, 1 de octubre de 1995, p. 40.

____________________. “Uno contra todos: una polémica suscitada por

el periodista venezolano Domingo Antonio Olavarría entre los años

Doctrinas e ideas políticas

146

1893 y 1895. (Un acercamiento desde el punto de vista históricohistoriográ

fi

co)” en: Boletín de la Academia Nacional de la Historia,

Caracas, abril-mayo-junio de 1998, Tomo LXXXI, número 322, pp.

97-121.

___________________. “La Venezuela de

fi nales del siglo XIX, según el

testimonio de algunos viajeros (Parte uno)” en: Suplemento Cultural

de Ultimas Noticias Caracas, 8 de noviembre de 1998, pp. 10-11.

___________________. “La Venezuela de

fi nales del siglo XIX en las

páginas de

El Cojo Ilustrado Tiempo y Espácio, Caracas, juliodiciembre

de 2001, Volumen XVIII, número 36, pp. 91-115.

Sosa Abascal, Arturo. Ensayos sobre el pensamiento político positivista.

Caracas: Centauro, 1985, 260 p.

Suárez Figueroa, Naudy. “Espíritu cristiano y política en Venezuela: el

lugar histórico de Copei” en: Revista 45 Aniversario (de Copei),

Caracas, enero 1991.

Yépez Colmenares, Germán. Crisis y constitución de la República: 1810-

1870. (Cuadernos de Postgrado; Nro. 7) Caracas: Universidad

Central de Venezuela, 1993, 107 p.

Urbaneja, Diego Bautista. La idea política de Venezuela (1830-1870).

Caracas: Cuadernos Lagoven, 1988, 119 p.

______________________. “Introducción histórica al sistema político

venezolano” en: Politeia, Caracas: Universidad Central de Venezuela,

1978, número 7, pp. 11-59.

Uslar Pietri, Arturo. Godos, insurgentes y visionarios. Caracas: Planeta

Venezolana, 1988.

Doctrinas e ideas políticas

147

Vachet, André. La Ideología liberal Madrid-Caracas: Editorial Fundamentos,

1972, 2 v.

Varios. “Liberalismo y Revolución en América” en: América Siglo XVIIIXIX.

Simposio celebrado en el Colegio Mayor Zurbarán. Madrid:

Turner, 1990, pp. 39-64.

Varios. Pensamiento Político venezolano del siglo XIX. Caracas: Congreso

de la República, 1983, 15 vols.

Varios. Política y Economía en Venezuela. Caracas: Fundación John

Boulton, 1992.

Varios. Venezuela Independiente: evolución política, social, 1810-1960.

Caracas: Grijalbo, 1993, 436 p.

Vega, Marta de la. Evolucionismo vs. Positivismo. (Colección Estudio;

Serie Ideas) Caracas: Monte Avila Editores Latinoamericana, 1998,

263 p.

Vela, Arqueles. El modernismo, su

fi losofía, su estética, su técnica. México:

Editorial Porrúa, 1972, 273 p.

Velásquez, Ramón J. La caída del liberalismo amarillo: tiempo y drama de

Antonio Paredes. Caracas: Editorial Planeta, 1993.

Vélez Rodríguez, Ricardo. Liberalismo y Conservatismo en América

Latina: la in

fl uencia del Liberalismo anglosajón en el pensamiento

político lusobrasileño de los siglos XVIII y XIX.. Bogotá, Colombia:

Ediciones de la Universidad Simón Bolívar, 1978, 210 p.

Viereck, Peter. Conservadurismo desde John Adams hasta Churchill.

Buenos Aires: Editorial Agora, 1959, 206 p.

Doctrinas e ideas políticas

148

Williams, Raymond. La política del modernismo: contra los nuevos

conformistas. Buenos Aires: Manantial, 1997.

Yépez Colmenares, Germán. “Proceso de modernización del Estado.

Gobierno y Sociedad en Venezuela a

fi nes del siglo XIX: 1870-1899”

en Anuario (Instituto de Estudios Hispanoamericanos), Caracas,

2da. Etapa, 1993, Nro. 5, pp. 123-136.

Zea, Leopoldo. Dos etapas del pensamiento en Hispanoamérica. Del

romanticismo al positivismo. México: El Colegio de México, 1949,

396 p.

Doctrinas e ideas políticas

149

FUNDAMENTOS, REALIZACIONES Y

PERSPECTIVAS DEL ANARQUISMO

Víctor Sanz

La más generalizada concepción del término anarquía es la que la

considera como sinónimo de máximo desorden. Y cualquier diccionario

nos dirá que es el rechazo de toda autoridad. Según tales premisas, sólo un

perturbado podría preconizar semejante régimen. Sin embargo, no dejará de

extrañar que el eminente geógrafo, Elisée Reclus, que no era precisamente

un perturbado, se atreviera a a

fi rmar que la anarquía “es la máxima

expresión del orden.” Lo que obliga a entrar en algunas precisiones.

Tarea difícil, por ser lugar común que justamente los gobiernos

son los únicos capaces de asegurarlo. Pero resulta que el gran

fi lósofo

prusiano Herder, que vivió en el s. XVIII y murió en los inicios del XIX,

escribió, al iniciarse la revolución francesa, que “la degeneración social de

la humanidad deriva de los vicios y depravación de los gobiernos.” Y que

nadie puede abrogarse el derecho de

imponer a otro un orden determinado

ni aceptar que se lo impongan, pues la necesidad de contar con un dueño,

desaparece cuando se hace realmente hombre. Y, más cerca de nosotros

en tiempo y espacio, el argentino Borges con

fi rmó: “la idea de mandar y

de ser obedecido corresponde más a la mente de un niño que a la de un

hombre.” Aunque no siempre fuera consecuente con tal a

fi rmación.

Precisamente la ideología anarquista resulta la culminación de las

dos grandes corrientes del pensamiento que trataron de concretarse en

esa revolución: liberalismo y socialismo. Del lado del primero,. como la

negación a someterse a cualquier imposición autoritaria, fuere religiosa,

política u otra, defendiendo el desarrollo sin trabas de la personalidad de

cada cual. ¿Sin límites? Claro que no, porque los derechos del otro son tan

respetables como los propios y no cabe lesionarlos.

Doctrinas e ideas políticas

150

En plena revolución, el más directo precursor del anarquismo, el

inglés Godwin sostuvo que la capacidad de progresar inde

fi nidamente

sólo se había visto trabada por las instituciones coactivas, incluyendo a los

gobiernos, por lo que juzgaba necesario sustituirlas por una sociedad de

hombres libres sin otro freno que la censura social de los demás. Libertad

que, como percibiera el griego Pericles y con

fi rmara Voltaire, aumenta

la riqueza de todos por la suma de iniciativas. Godwin lo ejempli

fi

enumerando cantidad de contribuciones hechas al progreso sin presión ni

supervisión coactiva a lo largo de la historia. Cualquiera puede aportar

ejemplos más cercanos en empresas cientí

fi cas, deportivas, artísticas, de

exploración u otras.

Coincide así el anarquismo con el liberalismo en que no sólo se

debe procurar la libertad del conjunto, sino también la de cada uno de sus

integrantes. Lo que cabe ilustrar entrando en el otro aspecto de la cuestión,

con la ambigüedad engañosa de las estadísticas, que verían, por ejemplo,

una sociedad feliz presentando un nivel promedio de bienestar, sin cuidarse

de los que no lo alcanzan.

Pues pronto se vio que la desigualdad social disminuye esa misma

libertad de los que se ven

obligados a vender esa fuerza de trabajo a los que

más tienen y hacen de paso las leyes. Lincoln puso un grá

fi co ejemplo al

respecto: el pastor que aparta al lobo del cuello de la oveja y se ve acusado

de atentado contra la libertad. Destacando la diferencia entre que cada uno

pueda hacer lo que le guste con el producto de su trabajo y que algunos

hagan lo que les plazca con otros y con lo que produzcan. No se le escapó

esto a Godwin, por lo que agregó la eliminación de la distribución desigual

de la riqueza, por considerar injusto que alguien disfrutara de lo super

fl uo,

mientras otro no tuviera “adecuadamente provistas sus necesidades.”

Abundando en esas ideas, el anarquismo coincide con el socialismo

en la puesta en común de los medios de producción, con objeto de que el

Doctrinas e ideas políticas

151

trabajo sirva para lograr la riqueza de la gran mayoría de los que lo efectúan

y no de una minoría viviendo a costa de ellos. Requiriendo de cada uno

el esfuerzo apropiado a su capacidad y retribuyéndole en función de sus

reales necesidades. Y, a cuantos vean injusticia en esa fórmula, ya había

respondido en el s. XVI el

fi lósofo valenciano Luis Vives, adelantándose

a Proudhon, a

fi rmando que la propiedad se había originado por violencia,

astucia o situación ventajosa, luego santi

fi cada por la herencia, cuando, en

realidad, nada es de uno, puesto que los bienes de todos son resultado del

esfuerzo de las generaciones anteriores y de los contemporáneos, sobre el

cual nadie tiene derecho a pretender propiedad personal ni a disfrutar de él

en exclusividad.

Pero discrepa en la ruta que se debe transitar. Los marxistas tomaron

como modelo a Maquiavelo, porque da la técnica para dominar a una

sociedad, soñando con un Estado que opusiera el señorío de toda Italia a

España y Francia, los grandes de la época. Pero no tardó en entonar nota

discordante Guicciardini, viendo en la sumisión de todas las ciudades

italianas a un agobiante poder central, el

fi n de su riqueza y espléndida

civilización, que justamente resultaba de su independencia y libre

emulación.

Consiguientemente, mientras unos preconizaron la dictadura del

proletariado para extirpar las clases sociales y sus con

fl ictos, y la desaparición

del Estado una vez logrado el objetivo, los anarquistas pretenden que los

medios de producción sean puestos, no en poder del Estado, sino de toda la

sociedad. Por entender que la opresión política va de par con la económica.

Proudhon y Bakunin habían vaticinado que, por muy revolucionaria que

se proclame una dictadura, creará, por el solo hecho de serlo, una nueva

clase de privilegiados y aventureros en su entorno, y desembocará en el

ahogo de toda discrepancia y en mayor explotación y corrupción. Bakunin

concretamente dijo: “Libertad sin socialismo es privilegio, injusticia; y

socialismo sin libertad, esclavitud y barbarie.”

Doctrinas e ideas políticas

152

El proceso seguido por la Unión Soviética y sus satélites ha venido

a comprobarlo. Revelando, a la larga, la superioridad de las democracias

capitalistas avanzadas sobre un régimen destinado a triunfar sobre ellas.

Porque cuanto más se fortalece y centraliza un Estado , más conservador se

hace y mayor represión se verá obligado a ejercer. Perdiendo inevitablemente

de vista su objetivo

fi nal (la felicidad general), por el mucho más fácil de

conseguir: la de los que están arriba y la de los que les apoyan. Ya había

advertido Bakunin: “La libertad sólo puede ser creada por la libertad.” Y

antes había precisado Kant a cuantos pensaran que los pueblos necesitan

ser guiados por no estar preparados para usar de la libertad, que hay que

“ser libre para aprender a usar de sus propias fuerzas. La primera tentativa

será, por supuesto, imperfecta; pero la experiencia mostrará el camino.”

Así aprendimos todos a caminar y nadie aprende a nadar si no se echa al

agua.

Los ideólogos marxistas, sin embargo, se creyeron únicos capaces de

interpretar la realidad con su método infaliblemente cientí

fi co. Y despreciaron

al anarquismo como vacuo idealismo pequeñoburgués (como si ellos no

lo fueran), aliado objetivo de la reacción. Ayudados, debe aceptarse, por

libertarios incapaces de adaptarse a realidades nuevas que los fundadores

no podían prever. Pero resultó que el Estado en que muchos vieron su

máxima expresión, no tardó en ofrecer, acrecentadas, las dos lacras que

Lenin denunciara en el Estado burgués: burocracia y ejército permanente.

Y que, lejos de ir desapareciendo, se fortalecía más y más, sustentado en

una policía que dejaba chiquita en acción y procedimientos a la justamente

vilipendiada policía zarista. Mientras los privilegios sólo cambiaban de

bene

fi ciarios, la diferencia de clases no se extinguía, y se transitaba la

misma senda que se decía combatir. Le había ocurrido al propio Lenin,

quien, luego de a

fi rmar que no podía haber colectivismo y planifi cación

sin autogestión obrera, ya asentado sólidamente en el poder en 1921,

cali

fi có la autogestión de desviación anarquista pequeñoburguesa. Hasta

el desplome

fi nal, que no pudieron evitar los tímidos pujos de rectifi cación

Doctrinas e ideas políticas

153

y ni siquiera fue aprovechado para intentar la vía de dicha autogestión, en

vez de protagonizar una vergonzante vuelta al capitalismo.

El desplome había sido pronosticado más de un siglo antes por

Proudhon: concentrar en el Estado toda la propiedad era utópico (justo

la acusación que Marx le enrostrara) porque los con

fl ictos exigen una

constante búsqueda de equilibrio, del que surgen otros desequilibrios, y

la tendencia absorbente de todo poder, sólo puede ser detenida por una

organización que conserve más poderes de los que ceda. Pudiéndose

agregar que también obstruye la vía de las soluciones, porque no se puede

establecer una regla inmutable y abstracta desde un centro, por ilustrado

que sea, prescindiendo de la multiplicidad de las situaciones concretas

que no pueden ser medidas con el mismo rasero. Y que, fortaleciendo la

costumbre de esperar que la solución venga de arriba, cierra los canales de

la creatividad.

Así han resultado los comunistas (a quienes tanto gustaba endilgar la

acusación) los reales objetivos aliados de la reacción. Porque su derrumbe

ha arrastrado en su descrédito, como predije a más de uno, las concepciones

que propugnaban la justicia social, permitiendo proclamar el

fi n de las

ideologías. Aunque también sean responsables de ello los que se dejaron

chantajear por el so

fi sma de que el tan cacareado anticomunismo era

sinónimo de reacción. Y, aunque no se hayan arriado del todo las banderas,

porque mientras subsistan las injusticias sociales no podrá sucumbir el

deseo de acabar con ellas.

El anarquismo, por su parte, sigue pretendiendo la libertad

política, junto con la económica de cada cual en concierto con los demás.

Simplemente eso en el fondo. O sea, que no es, como se ha dicho con

frecuencia, la utopía de un orden social perfecto ni una solución para todos

los problemas de la vida. Porque,

fi el a la experiencia científi ca, como

señalara Rudolf Rocker, no cree en ninguna verdad absoluta ni en metas

Doctrinas e ideas políticas

154

de

fi nitivas del desarrollo humano, sino en la ilimitada perfectibilidad de

sus realizaciones. Puesto que señalar metas concretas es reducir el campo a

la siempre limitada mente de quienes se encuentran al frente de la sociedad,

que pueden no dar la talla ni en su concepción ni en su aplicación.

Cuando lo que ocurre a menudo es que se vaya en busca de un

autoproclamado salvador, como escribí hace más de catorce años, “con

pertinacia que no mellan los reiterados fracasos. Y, cuando se pierde la fe

en ellos, se proyecta la esperanza en un militar, cuando, por su formación,

se sentirá inclinado a preferir (sobran los ejemplos) el recurso expeditivo y

super

fi cial de la disciplina, ahogando fi nalmente en sangre las discrepancias,

porque resulta más cómodo que el esfuerzo propio.” Abundando en ello

seis años antes, en trabajo seleccionado en el certamen de

Nueva sociedad,

a

fi rmé que aplicar la democracia en un Estado era: “mucho más complicado

que la dirección de un cuartel” y requería cualidades muy distintas. Y

quien crea que la política es lo mismo que la estrategia, no hace más que

demostrar su ignorancia al respecto. Ya le dijo Bolívar a Madariaga en carta

del 26 de noviembre de 1816: “El sistema militar es el de la fuerza, y la

fuerza no es el gobierno.” Y antes, el 2 de enero de 1814, había dicho en el

convento de San Francisco: “Un soldado feliz no adquiere ningún derecho

para mandar a su patria.” Lo rati

fi có en el Congreso de Angostura, con una

mayor experiencia: “Muchos reveses hemos sufrido por estar reunidos el

poder militar y el civil.” Y, frente a las ansias de estos supuestos salvadores

de mantenerse en el poder, mareados por sus e

fl uvios, añadió: “Nada es tan

peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo Ciudadano el

Poder. El Pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo;

de donde se origina la usurpación y la tiranía.”

En suma, el mayor peligro para el anarquismo es dejarse embaucar,

como ha ocurrido, por autócratas o megalómanos, por atractivas que

sean sus propuestas, pues, tras sus discutibles éxitos iniciales, acabarán

defraudando todas las esperanzas. O no apartarse de las dádivas otorgadas

Doctrinas e ideas políticas

155

con ostentosas rúbricas personales (que son doblemente denigrantes y

van a engrosar a menudo los bolsillos de los que las administran), sino

persiguiendo soluciones efectivas de acuerdo con los interesados, y que

toda persona merece por el solo hecho de haber nacido.

Claro es que todo esto no aparecerá a muchos más que sueños

idealistas incapaces de vencer el egoismo y la agresividad de la especie

humana, que, como se sostiene que demuestra la historia, no puede ser

vencida ni por la educación ni por cualquier otro medio. Ya dice el refrán

que del dicho al hecho va un gran trecho. Pero esto no es así.

En primer lugar, porque cabe refutar esa a

fi rmación seudohistórica

con un solo ejemplo al que podrían agregarse otros. El de los suecos

actuales, uno de los pueblos más pací

fi cos de la tierra, y el de sus

antepasados vikingos, terror de los primeros siglos medievales.

Sociólogos e historiadores llegan a la misma conclusión en torno a las

distintas sociedades. Más aún: experiencias efectuadas en relación con

el comportamiento de determinados animales, demuestran que éste es

más el producto de in

fl uencias y necesidades del medio ambiente que

de su herencia. Y conocido es también el papel importante que juega la

alimentación en los primeros años de la vida.

Y, en seguida, porque hace tiempo que hubo quienes no se contentaron

con elucubraciones. En 1909 se inició en Israel la instalación de los

“kibbutz”, colectividades creadas por socialistas que, al no poder recurrir

a un Estado que las dirigiera, debieron organizarse independientemente

según principios anarquistas. La experiencia tardó en ser conocida y

mucha gente la desconoce aún. Aunque tuve la oportunidad de difundirla

entre los exiliados españoles en Francia.

Más cerca de nosotros tuvo lugar en España otra experiencia más

vasta y notoria, aunque el temor, la cautela o los intereses partidistas

Doctrinas e ideas políticas

156

trataron de ocultarla. Cautela y temor porque se planteaba una cuestión

de oportunidad. Ya que en seguida se supo que la insurrección militar era

apoyada por los regímenes de Hitler y Mussolini, y era claro que los otros

gobiernos no iban a ver con buenos ojos algo que amenazara sus intereses.

No era prudente y hasta podía parecer descabellado. Pero se hizo. Si

eso enfrió ánimos que hubieran podido ayudar a la República, no fue lo

decisivo, puesto que la inexistencia de un hecho semejante no impidió las

inmolaciones de Austria, Checoslovaquia y Albania. Mucho más pesó la

esperanza de los gobiernos democráticos de escapar a la guerra mediante

medrosas concesiones. En cambio, según generalizado reconocimiento,

reforzó la voluntad de resistencia al ofrecer un objetivo concreto.

El paso se dio sin que mediara consigna de dirigente alguno, por

la multitudinaria acción de militantes actuando según su conciencia,

conocimientos y experiencia de la vida, aunque versiones interesadas la

atribuyeran a la acción del Ministro de Agricultura, quien lo que hizo, en

realidad, obedeciendo órdenes de Moscú, fue frenar lo que sin él se había

emprendido y contra él se prosiguió.

Por eso, y porque, más de una vez, debieron coexistir o amalgamarse

con otras colectividades de distinta orientación, diversas fueron sus

características. Las propiamente libertarias se inspiraron en ideas de apoyo

mutuo y libre iniciativa. La autoridad residía en la asamblea general, que

podía deponer en todo momento total o parcialmente la comisión por ella

electa. Pronto se manifestaron las mejoras, algunas espectaculares, tanto

en el campo como en la industria: perfeccionamiento de la explotación,

laboratorios, escuelas, bibliotecas, enfermerías, farmacias, etc. La

producción aumentó, sobre todo, donde eran más fuertes, registrándose

los logros más importantes en las industrias de guerra catalanas, que fue

necesario crear mediante adaptación de las más a

fi nes. Aunque las fuera

debilitando el desarrollo adverso de la guerra. Los servicios fueron también

rápidamente restablecidos sobre las mismas bases.

Doctrinas e ideas políticas

157

Claro que no todo fue de color de rosa. Ni podía serlo en medio de

las di

fi cilísimas circunstancias que se vivían, las difi cultades mismas de

la transformación y la hostilidad de sectores adversos y de un gobierno

celoso de sus prerrogativas. Sin olvidar las fallas internas. Pues ¿cómo

exigir perfección a un movimiento tan disperso y autónomo, cuando la

misma divinidad, con toda la sabiduría y omnipotencia que sus creyentes

le atribuyen, debió contentarse con crear un mundo tan lleno de catástrofes

como el que habitamos y un género humano tan imperfecto como el que

lo puebla? Los que actuaron, debieron hacerlo con todo un pasado a

cuestas y sus limitadas capacidades. No debe olvidarse que gran parte del

pueblo había sido mantenida al margen de la instrucción general, según

mentalidad expresada por un político del s. XIX cuando le presentaron un

proyecto de escuelas para obreros: no se necesitaba gente que pensara, sino

bueyes que trabajaran. El paso brusco a la emancipación y la abundancia,

la improvisación, el egoismo ancestral, la incompetencia y las diferencias

tácticas ejercieron su in

fl uencia negativa.

Defectos que sólo podían corregirse a medida que fueran

apareciendo, fueron condenados en el seno mismo de la organización y se

fueron corrigiendo sin imposición. No obstante, ese talón de Aquiles fue

aprovechado para justi

fi car el asalto a colectividades agrícolas de Aragón

y Valencia y la intervención de las industrias de guerra de Cataluña. Pero la

medida se desprestigió por sus resultados. Y la falsedad de las acusaciones

fue con

fi rmada, años después, por el político Tarradellas, quien afi rmó

que los propietarios catalanes habían encontrado sus talleres industriales

más

fl orecientes que cuando los abandonaron. Aunque el reconocimiento

más importante vino del campo enemigo: en informe presentado a una

junta de accionistas de Barcelona, se confesó que, contra las noticias

que se tenían, se habían encontrado los talleres intactos y la maquinaria

prácticamente completa. Investigadores extranjeros emitieron también

juicios favorables.

Doctrinas e ideas políticas

158

Claro que todo eso no vino de golpe, sino tras una tesonera acción

doctrinaria, muchos esfuerzos y diversas actuaciones pre

fi gurando la

sociedad que se pretendía establecer. Y, para que todo adquiriera tal

envergadura, fue necesario que se presentara una coyuntura histórica

favorable, que proporcionó la misma insurrección militar que pretendía

aniquilar esa actividad. Quedando el hecho de que tantos trabajadores

vivieran la apasionante aventura de sentirse dueños de sus destinos y

artí

fi ces de una sociedad más justa, legando una esperanza tangible que

sólo había existido en la mente de teóricos avanzados o experiencias casi

desconocidas.

Pues el ejemplo habría de fructi

fi car en el seno mismo del mundo

comunista. Su conocimiento por los internacionales yugoslavos que allí

estuvieron, les llevó a diferenciarse del modelo soviético. Lo comprobé al

paso por Montevideo del viceministro de Relaciones Exteriores, antiguo

brigadista, para asistir a la reunión en que se abrieron a Franco las puertas de

la UNESCO, con su voto en contra; pero el favorable de la Unión Soviética.

Estuvo presente en París en mayo del 68. Y, al restaurarse la democracia

en España, el partido socialista incluyó por primera vez la autogestión

en su programa, aunque se olvidó de ello cuando alcanzó el poder. Vaya

como perla

fi nal, el más reciente lamento del cineasta comunista Javier

Bardem: “Hoy en España, si dices que eres anarquista, te respetan; si eres

comun9ista, te corren a garrotazos.” Claro balance de la actuación dispar.

Esa gran experiencia se da la mano con otras efectuadas en Estados

Unidos, Alemania y Francia con objeto de aumentar la productividad, por

lo que no pueden tildarse de sospechosas. Mostraron que, más que las

condiciones de trabajo u otras, lo que dinamiza a los trabajadores es que se

cuente con ellos, que se reconozca su capacidad de autodeterminación. Y la

idea se va abriendo paso en las empresas más avanzadas. Al punto de que, para

los expertos en medicina laboral, el llamado “estrés insoportable” afecta en

Doctrinas e ideas políticas

159

mayor medida a cuantos se exige un esfuerzo sin darles oportunidad alguna

de control. Y entienden que, a causa de ello, se producen las mayores bajas

laborales en las personas que no están motivadas.

Cuando el sacerdote francés Lebret expuso los resultados de sus

experiencias en favor de una economía humana, se encontró con que se le

observaba que casi todo eso estaba en Kropotkin. Los grupos ecologistas

se inclinaron al cabo a centrar su actividad en torno a la descentralización

del poder, la producción basada en normas auténticamente democráticas y

el control de la tecnología por los trabajadores.

En este continente, principalmente en Argentina, se han llevado

a cabo exitosas experiencias en ese sentido. Y aquí mismo surgió, en

distintos lugares, un movimiento autogestionario y cooperativista, con eco

en la prensa escrita y televisiva, que, aunque, en más de un caso, parece

haber zozobrado ante las di

fi cultades más o menos deliberadas que se

debieron afrontar, no deja de mostrar la vía para ensayos más exitosos en

circunstancias más favorables.

Sin embargo, el espaldarazo de

fi nitivo lo están dando los avances

tecnológicos, como señalé hace varios años. Los ordenadores convierten

a cada uno en creador de ideas transmisibles y comprobables que abonan

la cooperación de individuos o pequeños grupos y el trabajo a domicilio.

Tienden a borrar las distancias y a solucionar el problema del éxodo rural

o a países más desarrollados y universaliza el saber. Los avances de las

telecomunicaciones liquidan o quiebran el monopolio de la información

por parte de los grandes capitales y el aislamiento de países enteros por

gobiernos totalitarios. Los avances cientí

fi cos marcan el triunfo de la

diversidad y el dinamismo sobre la uniformidad y el equilibrio permanente.

Estudios relativamente recientes han demostrado que las necesidades

básicas del hombre son libertad e igualdad. Un informe del Banco Mundial

del año 2000 lo corroboró: las sociedades igualitarias crecen con mayor

Doctrinas e ideas políticas

160

rapidez y, para superar las desigualdades sociales, fortalecer las sociedades

democráticas y asegurar un crecimiento económico estable, debe darse

a los pobres la oportunidad de ser protagonistas. Y se ha convenido en

ello en foros internacionales de distinto origen. Así, ideas rechazadas no

hace muchas décadas, son admitidas, al menos teóricamente, en círculos

de opinión, esferas gubernamentales y organismos internacionales que

las adversaban. Y nadie discute ya la necesidad de luchar decididamente

contra la pobreza.

Lo que no quiere ciertamente decir que nos encontremos en el

umbral del Edén. Nada hay seguro en el progreso, pues los descubrimientos

pueden ser empleados, lo han sido y lo están siendo, en forma negativa. Se

oponen y están fuertemente operando muchas tendencias e intereses que

pueden malograr las esperanzas positivas. Hasta puede decirse que tenemos

el enemigo dentro por atávicas reminiscencias. Por lo que se precisarán

muchos y prolongados esfuerzos en el sentido deseable. Pero cuanto más

se divulguen la información y el saber y se extienda el discernimiento,

menores y más transitorios serán esos obstáculos, y la voluntad consciente

de la mayoría tendrá un creciente papel que jugar.

Recapitulando lo dicho, vemos que el ideal anarquista cobra

nueva vigencia por la aceptación, al menos parcial, de algunos de sus

principios: abolición del gigantismo, creciente destierro de la coacción a

favor del convencimiento y del consenso, equiparación de oportunidades

y situaciones, triunfo del principio de ayuda mutua sobre el de lucha por

la vida, descentralización y autogestión sobre el centralismo autoritario,

etc. Postulados a los que se acerca el gran biólogo J. Huxley (que no

debe confundirse con su hermano Aldous), al sostener que el progreso está

relacionado con hacer posible: “el máximo despliegue de las capacidades

innatas” y que la fuerza principal de la evolución humana está en la

comunidad.

Doctrinas e ideas políticas

161

A la vista de lo cual, recordando lo que Tocqueville recomendara

en relación con la democracia naciente, lo más lógico resulta adoptar

las medidas convenientes para que esa tendencia general triunfe con los

menores traumas posibles. Y que la última regla de vida viene a ser dar

libre curso a nuestros impulsos altruistas que, de acuerdo con la condición

social del ser humano, son tan naturales como los agresivos y egoístas,

frenando los que a ellos se opongan. Cual preconizara Kropotkin.

Lo que se produce paradójicamente cuando las organizaciones

anarquistas han periclitado visiblemente en el mundo. Hecho que me lleva a

creer poder a

fi rmar que ello ha sido debido, en parte, a que sus ideas básicas

son hoy más fuertes que nunca, al margen de rigideces organizativas, y,

por ello, parecen un poquito más cerca de su realización, a causa de su

valor intrínseco.

Todo esto siempre que el cambio climático, tan dramáticamente

puesto de mani

fi esto en los últimos tiempos, no frustre esa evolución,

permitiendo al género humano que los intereses generales primen sobre

las apetencias de los particulares en bene

fi cio de la especie.

Doctrinas e ideas políticas

162

Doctrinas e ideas políticas

163

CUANDO EL HOMBRE SE REBELA

(Notas históricas sobre la doctrina anarquista)

Alexánder Torres Iriarte

Introducción

Sin intención de justi

fi carnos desde antemano, es pertinente decir

que no soy especialista en doctrinas políticas

1. Digamos más bien, que

incursiono en esta laberíntica problemática con los ojos de un turista que

se encuentra con ignotos paisajes. Un lector angustiado que péndula entre

el asombro y la nostalgia, para ser más sincero. Tal vez un curioso más,

que cree en la redención humana, única salida, a mi modesto entender, de

volver al estado edénico primero. Hago esta aclaratoria porque el tema que

nos convoca, el anarquismo, está alimentado de gran espíritu quimérico.

1 Entendemos esta categoría como nos la explica el clásico trabajo de Montenegro: “Las

doctrinas políticas propiamente dichas contienen tres elementos integrantes esenciales:

1) análisis crítico del pasado y del presente; 2) programa para un futuro ideal; 3) método

de acción mediante el cual se efectuará la transición del presente hacia el futuro ideal. La

interpretación y crítica del pasado se puede hacer de muchas maneras; tantas como formas

ha adoptado la

fi losofía de la historia (…) El programa para el futuro es un catálogo de

remedios para los males del pasado y del presente. Es producto de la mezcla de descontento

con lo que se tiene y la esperanza de los que se quisiera tener; amalgama de amargura y de

ilusión. Por eso, en el momento oportuno, a los forjadores de nuevos programas políticos se

le imputó invariablemente ‘envidia’ y ‘despecho’ (…) El método o plan de acción contempla

en principio y en detalle, en forma simple o mixta, uno o varios de los múltiples tipos de

evolucionismo o revolucionismo. Aun ciertos casos en lo que se adopta por principio el

método evolutivo ‘gradualista’, llega a aceptarse la posibilidad de la revolución como recurso

de última instancia, cuando todas las puertas del sistema democrático han quedado cerradas

por una dictadura”. Montenegro, Walter. Introducción a las doctrinas politico-económicas.

Fondo de Cultura Económica. Breviarios 122. Colombia, 1994. p. 244. De este mismo

libro véase las consideraciones del autor sobre el anarquismo. Para profundizar sobre este

tema consúltese: Arvo, Henri. El anarquismo en el siglo XX. Madrid. Taurus, 1979. Mercier

Vega, Luis. Anarquismo, ayer y hoy. Caracas. Monte Avila Editores, 1970. Walter, Nicolas.

Anarquismo hoy. Buenos Aires. Editorial Proyección, 1971. Woodck, George. El anarquismo:

historia de las ideas y movimientos libertarios. Barcelona, España: Caracas: Editorial Ariel,

1970.

Doctrinas e ideas políticas

164

Hablar de anarquismo, digámoslo de una vez, nos remite de

manera directa o indirecta con una palabra que ha ido a tener en el barril

sin fondo de la inconsciencia humana, o que para desgracia mayor, en los

fl

oripondiosos discursos de los que emborrachan al pueblo con el licor

barato de la demagogia: utopía. Utopía entendida como el sueño de una

realidad más humana y justa. Porque los anarquistas, fueron – y si todavía

lo son, es cuestión de discutirlo- soñadores de un mundo más igualitario

y libre. Digo pues, que los anarquistas son los legítimos herederos de un

pensamiento que en la cultura occidental está consustanciado con el ideal

de la

libertad, máxima premisa que ha animado, más allá de los factores

económicos como todos conocemos, los grandes procesos históricos. Desde

Platón pasando por Tomás Moro

2, la utopía es el anhelo de todo hombre

que se piense como tal, inclusive las doctrinas y las prácticas políticas más

conservadoras y reaccionarias, tienen en sus entrañas, una dosis- aunque

sea mínima- del elixir del “estado inicial”

3. Las páginas que siguen tienen

más que todo un objetivo didáctico-pedagógico sobre el carácter histórico

del anarquismo, de allí su carácter introductorio.

2 Sobre este aspecto Romero nos dice: “Moro propone entonces la promulgación de pocas

pero e

fi caces leyes que organicen la sociedad para la supervivencia común, eliminando la

necesidad de legalizar la explotación: ‘¿Qué diremos- escribe- de esos ricos que cada se

quedan con algo del salario del pobre, defraudándolo, no sólo mediante la estafa practicada

en privado, sino hasta basándose en leyes estatales?’. El poder y las diferencias sociales

ya no son vistas por Moro como fenómenos ‘naturales’, sino como realidades aptas para

ser cambiadas por un esfuerzo técnico-racional. En ello reside la ‘modernidad’ de la obra de

Moro, en su insistencia en que una organización de lo necesario para la vida, técnicamente

apropiada, se antepone a la ‘vida buena’. Como Maquiavelo, desde otro ángulo, Moro instaura

un propósito técnico como eje conductor de la acción política”. Romero, Aníbal. Aproximación

a la Política. Ediciones de la Comandancia General del Ejército. Caracas, 1990. p. 107

3 Utilizamos esta expresión con una connotación mítico-religiosa. Debemos recordar que en

el Génesis bíblico está plasmado la ruptura del pacto inicial entre el hombre y la mujer con

Dios. Por Eva- víctima a su vez de la serpiente símbolo del mal – haber seducido a Adán a

comer del árbol del bien y el mal, fueron expulsados por el altísimo del Paraíso. Muchos

serían los castigos sufridos por el hombre, pero, al

fi nal regresará con la venía del Padre a

su estado primario. Este es el verdadero hijo pródigo que vivirá por siempre en un hermoso

estado de perfección al

fi nal de los tiempos. Por otro lado, asociamos este principio con el

Prometeo de la mitología griega que le robó el fuego a los dioses, y por ello todo el peso de

la divinidad se hizo sentir. En todo caso, el ángel expulsado desea regresar a la “tierra de

leche y miel”. Este es en gran parte el fundamento de toda utopía.

Doctrinas e ideas políticas

165

I. De

fi nición de anarquismo

Antes de dar una conceptualización a rajatabla del término

anarquismo, consideramos prudente realizar una cita, más bien declaración

de principio, que nos ilustra efectivamente mencionada doctrina política:

“Ser gobernado es ser vigilado, inspeccionado, espiado,

dirigido, legislado, reglamentado, encasillado, adoctrinado,

sermoneado,

fi scalizado, estimado, apreciado, censurado,

mandado por seres que no tienen título, ni ciencia, ni

virtud. Ser gobernado signi

fi ca, en cada operación, en cada

transacción, ser anotado, registrado, censado, tarifado,

timbrado, tallado, cotizado, patentado, licenciado, autorizado,

apostillado, amonestado, contenido, reformado, enmendado,

corregido. Es bajo pretexto de utilidad pública y en nombre

del interés general, ser expuesto a contribución, ejercido,

desollado, explotado, monopolizado, depredado, misti

fi cado,

robado; luego, a la menor resistencia, a la primera palabra

de queja, reprimido, multado, vilipendiado, vejado, acosado,

maltratado, aporreado, desarmado, agarrotado, encarcelado,

fusilado, ametrallado, juzgado, condenado, deportado,

sacri

fi cado, vendido, traicionado y para colmo, burlado,

ridiculizado, ultrajado, deshonrado. ¡He aquí el gobierno, he

aquí su moralidad, he aquí su justicia! ”

4

Si nos percatamos rápidamente sabremos que el anarquismo es la

doctrina política que propugna la eliminación del Estado. Su derivación

viene de la palabra anarquía, que etimológicamente quiere decir sin

gobierno, que es lo mismo que decir

Acracia. Entonces:

“Anarquismo es la doctrina política que postula la abolición

de toda autoridad organizada. El anarquismo estima que

cualquier forma de gobierno- sea una democracia o una tiraníaes

rechazable. De

fi ende la libre asociación de individuos, sin

4 Proudhon, P.J. “Idea de la revolución en el siglo XIX”. Tomado de Savater, Fernando.

Política para Amador. Edit. Ariel S.A. 11ª edición. Colombia, 1998. p. 53-54

Doctrinas e ideas políticas

166

que existan fuerzas armadas, tribunales, cárceles ni ley escrita.

Los métodos anarquistas varían desde los que abogan por una

transición pací

fi ca hacia el estado de anarquía, hasta los que

persiguen este propósito por vía revolucionaria”

5

Visto así, el anarquismo plantea el añejo problema del hombre

frente a la autoridad

6. Es decir, la existencia de la autoridad como requisito

indispensable para la vida social, o la misma como aberración del hombre

contra el hombre. Y de esta última premisa se valen los anarquistas: el

gobierno es la concreción del poder pernicioso que niega toda posibilidad

de armonía social. Para los anarquistas la autoridad organizada es la

antítesis de la auténtica libertad individual.

Los anarquistas conciben la civilización como un conjunto de

obstrucciones que impiden al hombre natural la realización de sí mismo.

Esto se traduce, en la defensa de los llamados “valores naturales”, es decir,

la creencia sostenida de que en las condiciones de la vida “fundamental”

radica, lo bueno del hombre. De aquí se deriva, entre otras cosas, los pocos

esfuerzos que hace el anarquismo de construir una economía racional,

suponiendo, que el hombre vivirá en armonía después la proscripción

5 Alférez, Antonio. Diccionario de la Política. I. Terminología. Biblioteca Cultural. Editorial

Prensa Española. Edit. Magisterio Español. España, 1975. p 10-11. Aquí se pude entrever

que existen modalidades del anarquismo. Generalmente se habla de un tipo individualista

y otro, revolucionario o comunista. El primero es caracterizado como defensor de la libertad

individual, mientras que el segundo, aboga por el cooperativismo y las federaciones

regionales. El anarcosindicalismo es otro modo como se presenta esta doctrina política en el

movimiento obrero organizado. Es bien sabido que hasta el movimiento hippie y el terrorismo

extremo tuvo de pábulo los ácratas radicales.

6 Digamos que esta es una de las aporías del pensamiento sociopolítico occidental por

excelencia: la “naturaleza humana”. ¿Será el hombre bueno naturalmente, pero la sociedad

lo hace malo? Es como preguntar por la antinomia del huevo y la gallina. En todo caso,

las respuesta-madres, ha sido dos: 1º) El hombre es una criatura movida por la envidia, la

ambición, el temor y el afán de poder (Hobbes). Siendo así, el Estado es un mal necesario

para poner orden donde reina el caos y la destrucción. 2º) El hombre es un ser bueno

por naturaleza y la arti

fi cial organización social, con su carga de odio y discriminación, le

arrebata al “buen salvaje” su bondad natural (Rousseau). De tal manera que el Estado es el

garante de la negación humana, por ser el instrumento de dominación de unos pocos hacia la

mayoría. Ayer como en nuestro devenir contemporáneo hobessianos y roussonianos siguen

defendiendo sus principios, matizados, por supuesto, por grandes experiencias históricas.

Los anarquistas se suscriben- por lo menos inicialmente- a los planteamientos del ginebrino

radical.

Doctrinas e ideas políticas

167

del Estado. Como se puede inferir, los anarquistas se oponen por claros

principios ético-morales a la estrati

fi cación de los individuos en clases y

grupos. Al ser abolidas las discriminantes clases sociales, ergo, a

fl orará el

hombre natural. Si seguimos con esta breve caracterización, tendríamos

que las doctrinas políticas del anarquismo son totalistas: están alimentadas

de explicaciones globalizantes del hombre y la sociedad. El hombre natural

es tendente a la asociación voluntaria basada en la ayuda mutua. En todo

caso, el hombre es esencialmente natural, mientras que la sociedad es un

“accidente”

7.

En síntesis, el anarquismo es la hiperbolización del ideal absoluto

de libertad: nadie debe dirigir, en virtud, quien dice Gobierno o Estado,

dice tiranía e injusticia.

II. Acratas, iconoclastas y rebeldes

Existen posturas encontradas sobre el origen del anarquismo. Más

si es bien sabido que, desde que el hombre vive en sociedad (el animal

político aristotélico), ha estado muchas veces inconforme con su entorno

social y con su especí

fi ca forma de regirse. ¿Quién en su sano juicio no ha

impugnado la existencia de un gobierno particular o del Estado en general?

Nuestros abuelos no fueron la excepción de la regla. El antecedente

más remoto de descontento de un hombre sobre la autoridad estatal la

podemos encontrar en el

fi lósofo griego Zenón de Zitio (324-267 a/c)8.

Este pensador estoico llegó a decir que el hombre era incompatible con la

presencia de gobierno. Dios y la naturaleza dotaban al hombre para vivir

7 En esta parte nos hemos limitados glosar algunas de las ideas introductorias del magní

fi co

trabajo de Irving Louis Horowitz. Véase Los Anarquistas. 1. La teoría. (Selección y prólogo

de Irving Louis Horowitz). Libro de Bolsillo. Alianza Editorial. Madrid, 1990. 9-75 pp.

8 Divide a la

fi losofía en ética, física y lógica. Sus principales tesis morales basan la ética en

el control de la razón. La virtud y el deber dominan las pasiones. El mal se asemeja al vicio

y la irracionalidad. El único

fi n del hombre es la virtud. Su sentencia más célebre es la de

soporta y abstente.

Doctrinas e ideas políticas

168

armónicamente alejado de gendarme alguno. Sin embargo, el anarquismo

como doctrina política nace en el siglo XVIII.

William Godwin (1756-1836) fue uno de los primeros

sistematizadores del pensamiento anarquista, sin llamarlo de este modo.

Sostuvo que el hombre -ya mayor de edad- posee la capacidad de

transformar por sí mismo su organización social. La moral y la inteligencia

son cualidades orientadas a la armonía comunitaria alejada de cualquier

coacción autoritaria. El hombre- aseveraba con gran optimismo- es un ser

sociable y cooperativo capaz de existir para el bene

fi cio colectivo. De tal

manera que el poder in

fl uye, por su propia naturaleza, negativamente sobre

las relaciones sociales. El Estado, en sus consideraciones, es una fuerza

fraudulenta que resta al hombre su esencia libertaria. En lugar de gobierno,

la organización social debe expresarse en pequeñas comunidades. En tal

sentido, la propiedad privada debe ser eliminada. No podemos perder

de vista, que este

fi lósofo enciclopedista está contextualizado en el siglo

XVIII, teniendo una acentuada doctrina paci

fi sta y racionalista. Godwin fue

un gran defensor de la educación como vehículo para alcanzar la sociedad

anarquista. Creía fervientemente en el hombre como ser social altruista y

constructivo.

Joseph Pierre Proudhon (1809-1895), es el pensador francés

más representativo del pensamiento anarquista, hombre de origen

verdaderamente humilde. Publicó en París

¿Qué la Propiedad?, libro que

produjo una gran sensación, debido a la tesis de que la propiedad es un

robo y un imposible:

“Si tuviera que contestar a la siguiente pregunta:

¿Qué es la

esclavitud?

, y respondiese en pocas palabras: es el asesinato,

mi pensamiento se comprendería desde el principio. No

necesitaría, ciertamente, grandes razonamientos para

demostrar que la facultad de quitar al hombre el pensamiento,

la voluntad la personalidad, es un derecho de vida y muerte,

Doctrinas e ideas políticas

169

y que hacer esclavo a un hombre es asesinarlo. ¿Por qué

razón, sin embargo, no puedo contestar a la pregunta

qué es

la propiedad

, diciendo concretamente: es el robo, sin tener

la certeza de no ser comprendido, aun cuando esta segunda

proposición no sea más que una simple transformación de

la primera?(…) Un autor enseñaba que la propiedad es un

derecho civil, originado por la ocupación y sancionado por

la ley; otro sostiene que es un derecho natural, cuya fuente

es el trabajo; y estas doctrinas tan antitéticas son aceptadas

y aplaudidas con entusiasmo. Yo creo que ni el trabajo, ni la

ocupación, ni la ley, pueden engendrar la propiedad, que ésta

es un efecto sin causa ”

9

Miguel de Bakunin (1814-1876), es un intelectual ruso estimado

padre de la nueva doctrina anarquista. Nace en Prjamuchino y muere en

Berna. De la disputa de Bakunin y Marx, en el marco del V Congreso de la

1º Internacional en 1872, se considera el nacimiento del anarquismo como

fuerza política

10. Funda la federación Jurasiana que difunde el anarquismo

en Europa. Este pensador de origen aristocrático, estudió

fi losofía en las

universidades de Moscú y Berlín. Fue partidario de las ideas colectivistas,

duro crítico del sufragio como instrumento contrarrevolucionario, además

de abogar por federaciones libres en lugar de Estado. A pesar de ser un

escritor muy disperso dejó una obra bastante productiva. Se destacan entre

sus libros

Dios y el Estado, Cartas a un Francés, El Estado y la Anarquía, y

Catecismo del Revolucionario

, donde deja sentado con tono incendiario el

9 De “¿Qué es la Propiedad?”. Versión castellana de Rafael García Ormaechea. Madrid,

1903. Citado por Horowitz. Ob Cit. p. 103-104

10 Este es un fenómeno interesante para comprender tanto las coincidencias doctrinales,

como las divergencias entre el Anarquismo y el Marxismo. Los marxistas y los anarquistas

estaban de acuerdo con la existencia de la lucha de clases y la negación de la propiedad

privada. Los marxistas supusieron que el Estado per se, no era ontológicamente malo.

Era una institución nefasta en la medida que tuviera bajo la hegemonía de la burguesía,

pero, que después de la Revolución, sería instrumento de las luchas político-económicas,

convirtiéndose en una dictadura liderizado por la mayoría explotada. En todo caso, el Estado,

debe ser asumido por los trabajadores mediante la “Dictadura del Proletariado”. Por su

parte, Bakunin, como sus seguidores, parten del supuesto que el Estado – así esté en manos

del proletariado- es de naturaleza funesta. Para los marxistas el Capitalismo es el modo de

producción que engendra el Estado, por su parte, para los anarquistas es a la inversa, de tal

manera que el Estado debe ser destruido sin consideración alguna.

Doctrinas e ideas políticas

170

credo de su profesión de fe. Dice anhelar no sólo la propiedad colectiva de

la tierra, sino, la “liquidación social universal”. Exigió la “destrucción de

todos los Estados, lo que supone una reorganización completa”. Digamos

que aquí está el escollo insalvable entre anarquistas y socialistas. Para el

anarquista, el origen del problema es la sociedad en sí misma, mientras

que los socialistas se quedan en el problema de las clases. Bakunin, estuvo

a favor de una revolución como cambio drástico de vida, mientras que el

socialista- así lo veía este intelectual- solo se conforman por cambiar la

sociedad, dejando intacta la civilización heredada, madre de todo con

fl icto.

Por esto fustiga fuertemente a los socialistas:

Por

fl or del proletariado entiendo, sobre todo, esa gran masa,

esos millones de ignorantes, desheredados, miserables y

analfabetos que los señores Engels y Marx pretenden sujetar

al régimen paternal de un

gobierno muy fuerte, por emplear

una expresión utilizada por Engels en una carta a nuestro

amigo Ca

fi ero. Sin duda, esto será en bien de su propia

salvación, como, por supuesto, todos los gobiernos, como

es bien sabido, se han establecido en interés exclusivo de las

propias masas. Por

fl or de proletariado entiendo precisamente

esta eterna ‘carne de cañón’ para los gobiernos, es la gran

canalla de pueblo

que los señores Marx y Engels designan de

ordinario con la expresión, a la vez pintoresca y despectiva,

de

lumpeproletariat, la ‘chusma’, la canalla que, estando casi

totalmente incontaminada por toda la civilización burguesa,

lleva en su corazón, en sus aspiraciones, en todas las

necesidades y las miserias de su situación colectivista, todos

los gérmenes del socialismo del futuro, y que es la única con

su

fi ciente poder hoy en día para iniciar la Revolución social y

conducirla hasta el triunfo ”

11.

11 Michel Bakunin. “Marxism, freedom and the State”. Traducido y editado por K. J. Kena

fi ck.

Londres: Freedom Press, 1950. P 48. En Horowitz. Ob Cit. p. 41

Doctrinas e ideas políticas

171

Bakunin, como apóstol de la revolución libertaria, no deja de estar

a favor de la violencia organizada como vía necesaria para defenestrar el

monopolio de la autoridad

12.

Pedro Kropotkin (1842-1921) fue el príncipe ruso que le dio

con

fi guración orgánica más completa al anarquismo. Supo combinar

elementos del análisis anarquista, con aspectos cardinales de la revolución

comunista. Presenció la experiencia Rusa de 1917, además de plantear

aspectos económicos relacionados con el cooperativismo, respuesta

revolucionaria contra el afán de lucro y la libre competencia, muy propio

del Capitalismo. Como académico estuvo inicialmente vinculado a las

disciplinas geológicas, hasta arribar al estudio propiamente de lo social.

Conceptualizó al Estado como una institución ine

fi caz e incompatible

con la ayuda mutua, manera como debe vivir el hombre en la comuna.

Su pensamiento es profusamente libertario y federativo. Entre sus obras

principales podemos mencionar:

La Conquista del Pan, Campos, fábricas

y talleres

, La ayuda mutua, y Ética, esta última obra inconclusa. No dejó

de defender la posibilidad real de un cambio estructural en el hombre y la

sociedad:

“En nuestros tiempos, la anarquía brotó de la misma crítica

y protesta revolucionaria que dio origen al socialismo en

general. Más una cierta parte de los socialistas, después de

haber aceptado la negación del capitalismo y de la sociedad

fundada en la sujeción del trabajo al capital, se detuvieron

de su desenvolvimiento social. No osaron declararse

abiertamente en contra de lo que constituye la fuerza real

del capitalismo: el Estado y sus principales auxiliares, la

centralización de la autoridad, la ley, hecha siempre por una

minoría en su provecho exclusivo, y un sistema de justicia

cuyo objeto principal es proteger la autoridad y el capitalismo.

12 La sola

fi gura del Miguel de Bakunin y su signifi cación para la consolidación del movimiento

anarquista internacional requiere atención especial. Para profundizar sobre tan connotado

pensador ruso, véase: La Anarquía según Bakunin. Edición a cargo de Sam Dolgoff. Apuntes

biográ

fi cos de James Guillaume. TUSQUETS Editor. Barcelona, 1976.

Doctrinas e ideas políticas

172

El anarquismo, por el contrario, no se detiene ante la crítica

de esas instituciones, sino que dirige sus armas sacrílegas,

no sólo contra el capitalismo, sino contra estos pilares del

capitalismo: la Ley, la Autoridad y el Estado ”

13

En tal sentido, la revolución social tiene que ser organizada,

“anunciada por pequeños actos de rebelión y diversos movimientos

insurreccionales”. En Europa y América, decía con tono triunfalista

Kropotkin : “la multitud de pequeños alzamientos que estallan por doquier,

cuyo carácter de gravedad va en crecendo, al paso que su extensión e

intensidad aumentan gradualmente”.

Errico Malatesta (1853-1932), es un intelectual italiano activista

por más de seis décadas del movimiento anarquista europeo. Sus ideas

se forjaron al calor de las luchas populares, siendo predominantemente

socialista, y por último anarquista. Su presencia se hizo sentir en la Primera

Internacional de 1869. Estando muy cerca de Bakunin estuvo ganado para

la acción directa, la ocupación de tierras y las llamadas huelgas generales.

No dejó de predicar su doctrina revolucionaria:

“Aun con el sufragio universal, el gobierno ha continuado

siendo el gendarme de la burguesía. Si el gobierno adoptase

una actitud hostil, si la democracia pudiera ser otra cosa que

un medio de engañar al pueblo, la burguesía amenazada

en sus intereses, se aprestaría a la rebelión sirviéndose de

toda la fuerza y de toda la in

fl uencia que la posesión de la

riqueza le proporciona para reducir al gobierno a la función

de simple gendarme puesto a su servicio. En todo lugar y

tiempo, sea cualquiera el nombre ostentado por el gobierno,

sea cualesquiera su origen y su organización, su función

esencial es siempre la de oprimir y explotar las masas, la de

defender a los opresores y a los acaparadores. Sus órganos

principales, característicos, indispensables, son el gendarme

13 De “La Ciencia Moderna y el Anarquismo”, de Pedro Kroptkine. Prólogo y traducción del

inglés por Ricardo Mella, Valencia: F. Sampere y Cía; editores. En Horowitz. Ob. Cit. p. 177

Doctrinas e ideas políticas

173

y el recaudador de contribuciones, el soldado y el carcelero,

a quienes se une indefectiblemente el tratante en mentiras,

curas o maestros, pagados y protegidos por el gobierno para

envilecer las inteligencias y hacerlas dóciles al yugo ”

14.

Así Malatesta, como una pléyade de representantes de este

pensamiento radical, mantuvieron la

fi rme convicción de que la única vía

para lograr la tan deseada emancipación y por ende, el progreso- como

verdadera cristalización de la libertad humana-, era mediante la instauración

de la anarquía.

III. Sobre la experiencia española

Podemos decir sin temor a equivocarnos que el anarquismo fue

una fuerza revolucionaria que modi

fi có sustancialmente el carácter del

español. Durante setenta años, comenzando a mediados del decimonono,

el anarquismo tuvo su caldo de cultivo en la España de su momento. Los

especialistas buscan la razón de este fenómeno en la crisis institucional,

económica y hasta el fanatismo religioso muy exclusivo del mundo

hispano.

Dejemos que sea Joll quien nos los analice:

“No es fácil explicar por qué el anarquismo tuvo en España

mayor resonancia que en ningún otro pueblo. Era un país

atrasado de gobierno endeble; existía un abismo absoluto

entre pobres y ricos, y singularmente una población agrícola

que en muchas comarcas estaba irremediablemente condenada

a morir de hambre, existía también la presión constante del

odio a los terratenientes y al clero, factores que se daban

asimismo en otros países de Europa (en Sicilia, por ejemplo).

14 De “La Anarquía”, de Errico Malatesta. Versión castellana del Doctor Glay. Imprenta de

Felipe Marqués, 1904. En Horowitz. Ob. Cit. p. 95

Doctrinas e ideas políticas

174

Es posible, como algunos autores han sostenido, que su éxito

momentáneo se debiese a que el temperamento español

cuadra perfectamente con el extremismo de las doctrinas

anarquistas, y a la circunstancia de que una población que

durante siglos ha vivido sumida en el fanatismo religioso

tenía que responder fácilmente a un fanatismo de muy distinta

naturaleza. También es posible que el individualismo, el amor

propio y el respeto a sí mismo, cualidades consideradas como

muy propias del español, le predispusiera a la aceptación que

una doctrina que, de una manera quizás todavía más acusada

que la de la religión protestante, imputa a cada individuo la

responsabilidad de las propias acciones”

15.

Más allá de saber la génesis de esta fuerza revolucionaria española,

y las diferentes respuestas, España siempre será la nación donde la práctica

anarquista tuvo su primer ensayo real. Como fue en su momento Rusia con

el modelo marxista-leninista, guardando, por supuesto, las distancias. La

España de siglo XIX encontró entre los precursores de las ideas libertarias

a personalidades como Fanelli (1868-1870) y al líder del Partido Federal,

además de presidente de la nación por unos meses, Pi y Margall. En todo

caso, el anarquismo en España estuvo muy relacionado con el federalismo

y el separatismo, constantes históricas presentes en el devenir de este

pueblo. Después de 1870 los anarquistas fueron perseguidos severamente

en España. Las condiciones sociales concretas para el

fl orecimiento del

anarquismo estaban dadas en una España de jornaleros y campesinos

sin tierras. Castilla, Aragón y Andalucía eran escenarios permanentes de

revueltas campesinas:

“Así, pues, en la época a que nos referimos la actividad

anarquista consistía tanto en el apoyo a cualquier huelga o

revuelta surgida espontáneamente de los estamentos inferiores

de la sociedad como en la aprobación de los actos de terrorismos

individuales y lo que entrañaban una venganza, como el

15 Joll, James. Los Anarquistas. Edic. Grijalbo S.A. Colección Norte. Barcelona-España.

(Traducida por Rafael Andreu Aznar). p. 210-211

Doctrinas e ideas políticas

175

atentado contra el general Martínez Campos o el asesinato de

Cánovas del Castillo. Lo que distingue estas acciones es la

insólita represión que dieron origen. En septiembre de 1896

se votó una ley contra los anarquistas, reforzada por la más

virulenta de las reacciones o

fi ciales. El curso de los diez años

siguientes, y a pesar del coro de protestas de todos los liberales

de Europa, los anarquistas tuvieron que sufrir, muchas veces

injustamente, una serie de condenas y de ejecuciones que

acaso no han superado los regímenes totalitarios del siglo

XX”

16.

Compleja y movida es la historia de los anarquistas en España.

Una realidad signada por sueños, huelgas, motines y atentados. En esta

rápida pincelada, no podemos dejar de mencionar al líder por excelencia

del anarquismo en el siglo XX: Francisco Ferrer y Guardia, vilmente

asesinado en 1909. Su muerte al grito de “¡Viva la escuela moderna!”

es uno de los hechos más sonados de la comúnmente llamada “Semana

trágica”. Digamos que hasta aquí llegó la primera etapa de la historia

de anarquismo español. Ya vendrían nuevos acontecimientos que

consolidarían el movimiento como antesala a la toma del poder. Para

1910 se crea la Confederación Nacional de los Trabajadores (CNT), en un

ambiente signado por luchas populares y las discusiones ideológicas

17. Las

repercusiones de la Revolución Rusa se dejan sentir en Europa y España

inyectándole nuevos bríos a la resistencia:

“En 1917-1918, a medida que llegaban a España noticias

16 Joll. Ob. Cit. p. 218-219

17 “En octubre de 1910 una conferencia de grupos anarquistas dio origen a una organización

sindical, la CNT o Confederación Nacional de Trabajadores. Por supuesto, esta organización

estaba concebida de manera descentralizada, sin contar con funcionarios remunerados.

Perseguía la emancipación espiritual de los trabajadores. En los sindicatos de inspiración

marxista es esencial la unidad en la lucha política y se tiende a una dirección fuerte y autoritaria.

El objetivo es la conquista del poder estatal, no su destrucción. Los anarcosindicalistas de

la CNT buscaban espontaneidad, no disciplina; su

fi nalidad era la destrucción de la opresión

estatal, la atomización del poder, no su posesión. A la violencia de los opresores de la

humanidad se respondería con la violencia anarquista hasta que la huelga general permitiese

el advenimiento del milenio”.

Parker, R.A. “España de 1919 a 1945”. En El Siglo XX. Europa 1918-1945. Historia Universal

siglo XXI. Siglo XXI Editores. Volumen 34. España. 1978. p. 217

Doctrinas e ideas políticas

176

de la lejana Revolución Rusa, se abrió una nueva campaña

de adoctrinamiento parecida a la de 1903. Una vez más se

pusieron en circulación los folletos anarquistas y otra vez los

que no sabían leer se apretujaron en torno a los que sabían

para escuchar las doctrinas de Kropotkin o de los teóricos

anarquistas franceses. Era tal el entusiasmo que producían

los acontecimientos de Rusia, que uno de los cabecillas

anarquistas, Salvador Cordón, cambió su apellido por el de

Kordoniev. Y volvió a revivir el viejo sueño de que todos los

braceros serían propietarios de un pedazo de tierra, de que

un sistema adecuado de regadío llevaría la fecundidad a los

campos yermos y pedregosos y de que las fértiles llanuras

dejarían ser propiedad exclusiva de los ricos. En relación a los

años precedentes, la CNT había aumentado su in

fl ujo sobre

el campesinado andaluz, hasta el punto que los sindicatos

agrícolas locales estaban en condiciones de organizar huelgas

efectivas y de reivindicar peticiones a corto plazo, a la vez

que continuaban soñando con un próximo paraíso”

18.

Los años que vendrán luego serán el preludio de la guerra civil

española. Nacerá otra organización que tendrá un rol protagónico en la

agitación popular y a la movilización social, La Federación Anarquista

Ibérica (FAI) en 1927

19.

La España que estamos describiendo estuvo bajo el mando de

una monarquía en un ambiente de excesivos con

fl ictos. La crisis toma un

sendero tan difícil, que el 14 de abril de 1931, Alfonso XIII, sin abdicar,

abandona el país. Ante este vacío de poder, será instaurado un gobierno de

tipo republicano, siendo el primer magistrado el liberal derechista Niceto

Alcalá Zamora. En los comicios que se llevaron a cabo para elegir los

legítimos representantes de las “Cortes”, los partidos de izquierda, los

18 ll. Ob. Cit. p. 226

19 “En 1927 fue creada la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Este grupo estaba formada por

anarquistas puros y actuaba como un grupo interno para impedir que la CNT evolucionarse

hacia una organización de tipo moscovita decidida a implantar una férrea dictadura del

proletariado. Cataluña, y especialmente Barcelona, era la zona de mayor in

fl uencia de la

CNT”. Parker, R.A. Ob. Cit. p. 217

Doctrinas e ideas políticas

177

republicanos, obtuvieron una exorbitante ventaja sobre sus opositores,

alcanzando el 80% de los representantes. Como acto seguido, en el mismo

año de 1931, se sancionó una constitución democrática y “de trabajadores

de toda clase”

20

La pugnacidad entre las agrupaciones e intereses tanto de

republicanos, como monárquicos, se hicieron sentir en todo el lustro. En

1936 las fuerzas republicanas de izquierda salieron airosas en las elecciones

parlamentarias. El gobierno representado por los bloques de la derecha, fue

insu

fi ciente para parar las embestidas- huelgas y motines- liderizadas por las

fuerzas contrarias. El gobierno fue incapaz- como muro de contención- de

detener las manifestaciones de izquierda. Para enrarecer más la atmósfera

proclive a la guerra fratricida, el 13 de julio de 1936 fue asesinado el jefe

de la oposición derechista el parlamentario, José Calvo Sotelo, este hecho

originó el levantamiento del General Francisco Franco, quien desde la

base aérea de Tetuán, África, logró dominar las más importantes ciudades

españolas ubicadas en el Suroeste del país. Las falanges de la derecha se

enfrentaban por el poder a la resistencia obrero-campesina. Aquí tanto los

anarquistas como los socialistas desempeñaron acciones que marcarían los

libros de historia de la España contemporánea. El 1º de octubre de 1936,

una Junta Militar reunida en Burgos nombró a Franco jefe del gobierno, del

Estado y generalísimo de los ejércitos. Después de tres años de un con

fl icto

verdaderamente cruento, las fuerzas comandas por el General Francisco

Franco lograron el triunfo de

fi nitivo el 1º de abril de 193921.

20 Esta carta magna tuvo signi

fi cativos adelantos en garantías populares. Comprendía

entre otros aspectos: El sufragio universal para ambos sexos, poder legislativo unicameral,

referendo popular, el carácter laico de las instituciones, la separación de la Iglesia del Estado,

disolución de la Compañía de Jesús, establecimiento del matrimonio civil y el divorcio,

reducción del ejército en dos terceras partes, etc.

21 Sin lugar a dudas la guerra civil española fue un laboratorio bélico que antecedió la

Segunda Guerra Mundial. La intervención alemana a favor de las fuerzas franquistas fue

excesivamente signi

fi cativa. Hitler puso a disposición del dictador español aviones, tanques,

pilotos y personal técnico cali

fi cado, ya que el triunfo de Franco ocasionaría problemas a

Francia. Los pilotos alemanes pasaban su prueba de fuego. Por su parte, Mussolini, prestó

60.000 hombres a favor de las acciones franquistas. Mientras tanto, Stalin hizo lo propio, en

apoyo – con hombres y material bélico- a los partidarios republicanos. Para profundizar en

este punto, véase Souyri, Pierre. “1936-1939: La guerra de España”. En La Historia II. De

1871 a 1971: Los hechos. Versión española por Javier Arzálluz. España. 1976. 359-395 pp.

Doctrinas e ideas políticas

178

Joll, sobre la actuación de los anarquistas en la guerra civil

española, con un tono elegíaco, nos dice:

“Era éste un ideal que los anarquistas se vieron obligados a

renunciar en 1938. El fracaso de la revolución anarquista, la

impotencia de los ministros anarquistas y la amenaza de una

dura represión a consecuencia de los sucesos de Barcelona,

ponían claramente de relieve que los anarquistas estaban muy

lejos de haber dado cima a sus sueños. Cada vez en mayor

medida la CNT avanzaba por la senda de un claro sindicalismo

que participaba en el curso de la guerra en conjunción con el

gobierno y la UGT {Unión General de Trabajadores}. Cuando

un dirigente socialista dio la bienvenida a un acuerdo entre la

CNT y la UGT con las palabras ‘Bakunin y Marx se dan un

abrazo en este documento suscrito por la CNT’, fueron los

principios bakuninistas los que tuvieron que ser sacri

fi cados.

En la primavera de 1938, cuando la victoria de Franco parecía

ya próxima, otro representante anarquista entró a formar parte

del gobierno. El hecho podía considerarse ilustrativo de la

merma in

fl uencia sufrida por la CNT, viéndose reducida a

la aceptación de un solo miembro anarquista en el gobierno,

en lugar de los cuatro que tuvo anteriormente. Ni siquiera

puede decirse que este representante, Segundo Blanco,

in

fl uyera mucho en el curso de la guerra (…) Ciertamente,

la tradición anarquista en España no ha muerto del todo,

pero resulta sobremanera difícil precisar la importancia que

podría revestir en un momento dado o la forma en que se

manifestaría la acción de sus militantes. También es posible

que los anarquistas ya nunca recobren el terreno perdido ante

los comunistas en el curso de la guerra civil”

22.

IV. ¿Anarquismo en Venezuela?

El anarquismo nunca prendió en Venezuela. Ni periódicos, ni mucho

menos grupos anarquistas penetraron en el seno de las organizaciones

22 Joll. Ob. Cit. P 256-258

Doctrinas e ideas políticas

179

obreras o campesinas. Sin embargo, desde el comienzo mismo de la

guerra de la independencia, voces autorizadas se dejaron sentir a favor

de las libertades individuales. Tal es el caso de Coto Paúl, quien desde la

tribuna que representaba la Junta Patriota de 1810, decía que la anarquía

es la libertad. Estos eran los coletazos de la revolución francesa que

repercutieron en estas latitudes. Desde los días de Fermín Toro, las ideas

de Proudhon eran sobradamente discutidas en Venezuela. Rafael María

Baralt, conoció personalmente a Proudhon, y lo citó muchas veces en su

obra. No debemos perder de vista las ideas federalistas y socialistas que se

debatieron en Venezuela por la elite pensante de la época. Zamora, en sus

consignas y acciones, tuvo cierta in

fl uencia anarquista:

“La amistad de Ezequiel Zamora con José María García,

que divulgaba dentro y fuera de las aulas universitarias

los principios de ‘la

fi losofía de la igualdad’, explica la

admiración juvenil del futuro ‘jefe del pueblo soberano’ por

Babeuf, ‘cuyas aspiraciones aspira emular’. Más tarde, en

1849, conversaba con José Brandford y Luciano Requena

sobre la revolución francesa de 1848, sobre la ‘república

social’ y sobre Augusto Blanqui, el socialista revolucionario

que, pese a su centralismo, tanto se parecía a Bakunin. ‘A

partir de 1851, amplía el cuadro de su cultura política y se

aproxima a las concepciones socialistas utópicas debido a

las relaciones que establece con los insurrectos de junio de

1848, refugiados en Venezuela’. A través de Brandfort y del

licenciado Francisco J. Iriarte, le llegaron asimismo las ideas

de Proudhon, cuya teoría de la propiedad discutía: ‘Zamora

considera que en los Llanos

la tierra no es de nadie; es de

todos en uso y costumbres

, y además, antes de la llegada de

los españoles, los abuelos de los godos de hoy, la tierra era

común, como lo es el agua, el aire y el sol. Cierto, alguien

robó una cosa que no era suya, sino de todos, responde José

Brandford, y de esta manera tendría razón Proudhon cuando

considera que la propiedad es un robo’ ”

23

23 Capelletti, A. El Anarquismo en América Latina. (Selección y notas Carlos Rama y Angel

Cappelletti. Prólogo y cronología Angel Cappelletti). Biblioteca Ayacucho 155. Caracas,

1990. p. CL.

Doctrinas e ideas políticas

180

Antes de la Guerra Federal, en 1852, apareció en Caracas, un libro

titulado

Análisis del socialismo y exposición clara, metódica e imparcial

de los principales socialistas antiguos y modernos y con especialidad los

de Saint-Simon, Fourier, Owen, F. Leroux y Proudhon

. La obra que tenía

un propósito didáctico, terminó siendo una apología a la necesidad de

la causa socialista. Inmediatamente la respuesta no se hizo esperar, esta

vez, la contestación vendría del lado conservador que veía en este libro la

negatividad de la moral y las buenas costumbres. Ramón Ramírez, con esta

intención publica

El cristianismo y la libertad. Ensayo sobre la civilización

americana.

No sería la última vez que los anarquistas estén en la mirada

interesada de los intelectuales venezolanos:

“Después de la Guerra Federal las ideas de Bakunin y Kropotkin

llegaron a Caracas en los libros franceses y españoles que leían

los intelectuales y, muy excepcionalmente, los trabajadores.

Miguel Eduardo Pardo, poeta y novelista caraqueño, que

según un crítico actual, perteneció al ‘club de los odiantes,

es decir, el de aquellos inconformes con la sociedad en suerte

vivir o huir’, en su novela

Todo un pueblo, que se desarrolla

en Caracas (Villabrava), a

fi nes del siglo XIX, incluye una

discusión entre jóvenes intelectuales donde uno de ellos a

fi rma

‘que Jesús no fue sólo un demagogo, sino el primer apóstol

del anarquismo’, que Ravachol, Vaillant y Pallás eran santos

que llevaban a Cristo dentro del pecho, que el primero de ellos

‘no fue un asesino vulgar que profanaba los cadáveres como

dicen’, sino ‘un ser extraordinario, acaso más grande que

Jesús’. Alusiones literarias de este tipo no son muy raras en la

literatura venezolana de la época y demuestran por lo menos

un cierto interés por las doctrinas anarquistas entre la gente

culta. En un recodo de su zigzagueante trayectoria ideológica

Ru

fi no Blanco Fombona se topó con el anarquismo español,

aunque resulta difícil creer que haya llegado a identi

fi carse

Doctrinas e ideas políticas

181

plenamente con él. Carlos Brand, por su parte colabora en

Estudios

, en Tiempos nuevos y otros órganos de la prensa

libertaria española ”

24

Todavía falta analizar con mayor detenimiento la in

fl uencia que

sufrió la élite intelectual caraqueña de algunos prófugos de la Comuna de

París. Estos proudhonianos dieron el primer paso para la creación de un

movimiento anarquista en nuestra geografía. Para 1893 se fundó la Sección

Venezolana de la Internacional, contando mayormente con franceses y

suizos. Ya comenzaba en Venezuela- con más carácter clandestino que otra

cosa- las asociaciones de la incipiente clase obrera. Para 1914, se registra

la primera huelga de artesanos y obreros manufactureros. Arrancaban

las luchas y movimientos antigomecistas

25. En la “generación del 28”

consiguieron las nuevas corrientes ideológicas su cauce natural. Los

argumentos marxistas de Pío Tamayo se escuchaban en un país que buscaba

desesperadamente salida a la realidad dictatorial. Después de la muerte de

24 Capelletti, A. El Anarquismo en América Latina… p. CLI

25 Carvajal, -tomando argumentos de Leonardo Rodríguez, Rodolfo Quintero, Miles Useche

y Ramón González Escorihuela- hace un balance de la in

fl uencia española en la Venezuela

de comienzos del siglo XX, que nos ilustra muy bien lo hasta ahora a

fi rmado: “Antes, en

1920, dos anarquistas españoles, Ezequiel Marín y Rafael Oyarzábal, intentaron constituir,

con la base de las corporaciones obreras de los ferrocarriles, de los tranvías y las portuarias,

la Confederación del Trabajo de Venezuela, según revela otra fuente. Y después, para 1932,

en una declaración policial de Eugenio González, transcrita en el Libro Rojo, curiosa obra

editada por el gobierno de López Contreras en 1937 para justi

fi car la represión anticomunista

que desató, se destaca que el tesorero del naciente PCV era ‘…Ulianoff, que es un individuo

español que no recuerdo es Alvarez o Alvarado’. Abundaron, pues, los líderes sindicales de

España. Es la tesis de Rodolfo Quintero, quien añade que eran de la corriente anarquista y

que ella caracterizó a buena parte de nuestro movimiento obrero hasta 1936. Señala como,

por ejemplo, para la construcción del Hotel Las Delicias, en Maracay- bunker de Juan Vicente

Gómez- se trajeron constructores catalanes, casi todos anarcosindicalistas y corroborándolo,

muy recientemente, se ha recordado que se trajo una inmigración selectiva de especialistas

de la industria textil, también de Cataluña, para operar fábrica de Talleres Maracay. De la

cual era J.V. Gómez propietario. Para esos obreros, algunos de los cuales vinieron con sus

familias, se construyó el barrio Catalán en Maracay. Y así nos topamos con anarquismo

catalán venido a estas tierras, tema que valdría explorar en mayor profundidad, porque

resulta curioso constatar cómo en los andes venezolanos, región católica y conservadora, en

fecha pronta como el 23 de octubre de 1909, se encuentra publicada, en el diario ‘Horizonte’,

cobertura noticiosa de los insurrecciones anarquistas de Cataluña y hasta un extracto

del programa anarquista de Barcelona” p.66. Carvajal, Leonardo. “Relaciones culturales

entre Venezuela y España 1900-1935”. En Extramuros. Nº 7. Revista de la Facultad de

Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela. Caracas, junio de 1993.

47-83 pp.

Doctrinas e ideas políticas

182

Juan Vicente Gómez, viene un momento de tímidas libertades acompañadas

de una sociedad que paulatinamente comenzaba su modernización:

“En 1936 se organizaron o reorganizaron varios gremios y

surgieron la asociación Nacional de Empleados (ANDE) y

las Ligas Campesinas. Sin embargo, la débil conciencia de

clase y la escasa presencia de militantes que representaran un

sindicalismo revolucionario mediatizó, desde aquel momento,

la acción obrera, subordinando sus órganos especí

fi cos a los

partidos políticos recién creados (PRP, ORVE, etc.), hasta el

punto de verse confundidos, muchas veces, con los mismos

partidos. Esta subordinación originaria y esencial de los

sindicatos a los partidos, con

fi rmada durante la década del 40

y una vez caída la dictadura perezjimenista en 1958, constituye

el ‘handicap’ característico del movimiento obrero venezolano

y explica por qué, ni siquiera después de 1935, hubo aquí

sociedades de resistencia de ideología anarcosindicalista o

sindicalista revolucionaria ”

26

Así desde el primer momento el anarquismo en Venezuela es

presa fácil de la “partidización”. Esto explica porqué los militantes y

simpatizantes del anarquismo pertenecientes a los primeros sindicatos,

inconformes con la tesis de la “Dictadura del Proletariado” asumida por el

Partido Comunista de Venezuela (PCV), se hayan suscrito en los cuadros

del Acción Democrática (A.D), partido matizado por la socialdemocracia.

En años más cercanos a nuestra realidad contemporánea, se nota la llegada

de emigrantes del Cono Sur, con algunos ideólogos y militantes libertarios

que propagaron ideas de esta naturaleza en Venezuela, básicamente en los

sectores medios intelectualizados como en los claustros universitarios.

26 Anarquismo en América Latina. Ob Cit. P. CLIV

Doctrinas e ideas políticas

183

Colofón

El anarquismo como doctrina política que exalta la libertad y

condena la existencia del Estado, es muy interesante. Sin embargo, una

de las críticas de peso que se les podría hacer a los defensores de estos

principios, parte de un razonamiento más complejo que lo que a simple

vista se quiere ver, es el relacionado con la naturaleza humana. Suponer

que la bondad es inherente al hombre es una premisa tan dogmática, como

la de suponer lo contrario. Dicho de otro modo, ¿Es posible la sociedad

perfecta? La existencia del Estado no necesariamente tiene que ser la

negación del libre albedrío, sino un instrumento de racionalización social.

¿Qué decir de una nación sin el Estado Moderno en un mundo globalizado?

Esto debe ser examinado por los anarquistas contemporáneos con el visor

antropológico de quien desea una realidad más humana. De otra manera,

se caería en una actitud protestataria pero inútil. Nadie podría negar la

revolución paci

fi sta liderada por Gandhi, ni las profecías del retorno a la

naturaleza de Tolstoi, por sólo nombrar dos casos de personalidades de clara

inspiración anarquista, pero por otro lado, qué decir de los grupos terroristas

fundamentalistas que en nombre de la libertad matan mujeres y niños. ¿Se

pueden implementar la violencia para acabar con la misma? Lo innegable

es que la experiencia histórica no ha sido favorable al anarquismo. Todavía

se requieren estudios cientí

fi cos sobre la signifi cación histórica de esta

fórmula política en España y en Venezuela. Quiero cerrar estas líneas con

un juicio de Joll que abre una ventana al optimismo de quienes apostaron

y apuestan su vida por este ideal:

“No obstante, y aunque los anarquistas no hayan logrado

salir airosos en el empeño de consumar su propia revolución,

y aceptando que se hallen hoy más lejos que nunca de

conseguirlo, es indudable que con su actitud han puesto en

entredicho los valores de la sociedad existente, haciendo que

reconsideráramos nuestras concepciones políticas y sociales.

Ellos han señalado con insistencia los peligros que entraña

Doctrinas e ideas políticas

184

recorrer una falsa senda revolucionaria, y sus admoniciones

sobre el riesgo de dictadura que suponía el marxismo con

la sustitución de una tiranía por otra de nuevo cuño; sus

advertencias proferidas en el curso de los últimos cien años

han resultado tener, por desgracia, demasiado fundamento”.

27

Los anarquistas nos recuerdan que el hombre está obligado a soñar

con un mundo mejor donde se cumplan los principios de la igualdad y la

libertad, fuerzas sociales que también son el motor de la historia.

27 Joll. Ob Cit. P. 262-263

Doctrinas e ideas políticas

185

EL SOCIALISMO DEMOCRATICO: LA

SOCIALDEMOCRACIA EN VENEZUELA

Y EN EL MUNDO

Demetrio Boersner

Introducción

El propósito de este breve trabajo es el de aclarar la naturaleza

y las bases ideológicas y programáticas de los movimientos políticos

denominados “socialistas democráticos” o “socialdemócratas” en el

mundo, en América Latina y en Venezuela. El momento es propicio, en

vista de la voluntad manifestada por el actual presidente de la República, de

llevar el país hacia un “socialismo del siglo XXI”, y su discutido empeño

en realizar ese proyecto a través de un partido socialista único. Para que

el debate venezolano sobre el socialismo se amplíe y dé cabida no sólo a

fórmulas cercanas al pensamiento o

fi cial, sino abarque también las ideas y

experiencias socialistas democráticas del viejo mundo, de Latinoamérica

y de nuestro propio país, hemos creído oportuno sistematizar y resumir en

unas pocas páginas la información esencial sobre el tema.

Nuestra exposición se desarrollará según el esquema siguiente:

1) Orígenes y evolución del socialismo democrático o

socialdemocracia, en el mundo, en Latinoamérica y en Venezuela.

2) Fundamentos universales del pensamiento socialdemócrata o

socialista democrático: a) pluralismo

fi losófi co, b) lucha social, c)

libertad política, d) equidad económica y e) solidaridad social.

3) El socialismo democrático frente a otras doctrinas políticas: a)

fascismo, b) conservadurismo democrático, c) socialcristianismo

o democracia cristiana, d) liberalismo, e) comunismo.

4) Bases para una futura democracia social venezolana.

Doctrinas e ideas políticas

186

I. ORIGENES Y EVOLUCIÓN DEL SOCIALISMO DEMOCRÁTICO

O SOCIALDEMOCRACIA

A. El socialismo democrático en el mundo

Desde la Antigüedad hasta nuestros días, diversos y sucesivos

sistemas de opresión y desigualdad han generado movimientos e ideas

rebeldes, orientadas hacia la búsqueda de mayor libertad y justicia. Estos

dos valores no siempre van mano en mano: algunos impulsos progresistas

enfatizan la libertad del individuo por encima de la aspiración igualitaria

o justiciera, mientras otros colocan esta última en el primer plano por

considerar que, sin un marco de equidad colectiva, la libertad queda

desnaturalizada y convertida en privilegio de unos pocos.

Aquellos pensadores y luchadores que consideran la conquista

de la equidad social y económica como condición insoslayable para

la liberación humana han recibido, desde la Revolución Francesa en

adelante, el cali

fi cativo de “socialistas”. En su aceptación más amplia,

el término “socialismo” puede abarcar diversos matices, moderados o

radicales, paternalistas o revolucionarios, autoritarios o democráticos. La

tradición “socialista” proveniente de Platón fue de intención aristocrática

o conservadora, encaminada a cerrar el camino a las ascendentes clases

mercantiles y a los principios democráticos En cambio, la corriente profética

y mesiánica judeocristiana –Amós, Isaías, Jesucristo, Santiago y los padres

de la Iglesia- tuvo un contenido “socialista” democrático y popular, de

condena a los ricos egoístas y apoyo a los pobres, sirviendo de estímulo

a movimientos rebeldes y de lucha social, emancipadores de esclavos y

siervos, e inspirados en última instancia por el mandamiento supremo del

amor. Por su impacto efectivo en las luchas sociales del medioevo y de los

primeros siglos de la edad moderna, la tradición ética religiosa constituye

una de las fuentes históricas fundamentales del socialismo democrático, y

hasta hoy en día inspira y guía la acción de algunos de sus más valiosos

promotores y dirigentes.

Doctrinas e ideas políticas

187

Una segunda fuente fundamental de inspiración socialista

democrática se inició dentro del marco de las revoluciones burguesas

de Holanda, Inglaterra, Norteamérica y Francia entre los siglos XVI y

XVIII. Aunque el impacto esencial de esos procesos fue liberal, en sus alas

radicales y populares se asomaron tendencias igualitarias y socializantes.

Asimismo, en los movimientos democráticos liberales existen, hasta hoy

en día, corrientes políticas que se inclinan hacia la socialdemocracia, ya

que la máxima libertad y autorrealización de cada persona requiere una

base de equidad y seguridad social.

Finalmente la Revolución Industrial, que durante el siglo XIX

se irradió desde Inglaterra al resto del mundo, creó las bases históricas

para un movimiento socialista internacional basado en una clase obrera

disciplinada por el trabajo fabril y organizada en sindicatos y partidos. De

manera general, los trabajadores y los pensadores socialistas estuvieron

de acuerdo en luchar para que la consigna de la Revolución Francesa,

“libertad, igualdad y fraternidad” comenzase a tener signi

fi cación real,

no sólo para los privilegiados sino para las mayorías populares víctimas

de pobreza y explotación. Pero cundieron hondas divergencias acerca

de la manera en que se debía organizar y llevar adelante esa gran lucha.

La Primera Internacional o “Asociación Internacional de Trabajadores”,

fundada en 1964, quedó desgarrada entre los partidarios del socialismo

político (conquista del Estado por las mayorías populares para transformar

la sociedad desde el poder) y los del anarquismo (acción directa y

descentralizada de los trabajadores de cada unidad de producción para

arrebatarla a los capitalistas y luego crear una federación mundial de

asociaciones de trabajo social).

La Segunda Internacional, fundada en 1889, estuvo bajo in

fl uencia

predominante de los seguidores del pensamiento de Carlos Marx, interpretado

de maneras diversas. Marx y Engels siempre insistieron en que la Historia

se mueve por etapas determinadas por la evolución de las condiciones

Doctrinas e ideas políticas

188

objetivas que enmarcan la vida de los seres humanos. El progreso humano

hacia una libertad cada vez mayor depende de la correcta percepción e

interpretación de las realidades subyacentes y de las posibilidades que

ofrecen. Por ello condenaban al voluntarismo o dogmatismo: la pretensión

de ciertos líderes, de imponer al mundo alguna fórmula fantasiosa o

subjetiva, a espaldas del análisis de la realidad. Igualmente Marx y Engels

creyeron

fi rmemente en la democracia como única base aceptable para la

organización y acción de los socialistas y trabajadores. En forma tenaz e

implacable, Marx combatió a todos los dirigentes socialistas que, con afán

caudillista o autoritario, querían imponer a la masa trabajadora la dictadura

de una “vanguardia” o elite revolucionaria, y alegaban que la debida

“conciencia” no surge desde abajo sino debe ser inyectada desde arriba.

Entre los socialistas autoritarios y vanguardistas que Marx rechazaba

o criticaba

fi guraban los llamados “socialistas de cátedra” alemanes

y también luchadores revolucionarios tales como el francés Augusto

Blanqui, admirable por sus virtudes personales de valentía y abnegación,

pero equivocado en su desprecio de la democracia y su poca con

fi anza en

la base obrera y popular.

La primera guerra mundial dividió tajantemente a los socialistas

democráticos de los autoritarios. En Rusia, Lenin y el Partido Comunista

(bolchevique) empujaron la revolución democrática y popular de 1917 hacia

una “dictadura del proletariado” ejercida por una vanguardia minoritaria a

la manera de Blanqui. Aunque Lenin a

fi rmaba ser marxista, alegaba que su

concepto del rol de la vanguardia no era uno de superioridad absoluta sino

de “interacción” entre la vanguardia y el pueblo, y prometía para el futuro

un nuevo tipo de democracia “obrero-campesina”, los dos marxistas Karl

Kautsky y Rosa Luxemburgo (divergentes en otros aspectos) coincidieron

en censurar su política de imposición de un partido único y de represión

contra todo disidente. Kautsky a

fi rmó que, según la tradición marxista

auténtica, la democracia constituye un valor permanente que debe ser

preservado y perfeccionado por encima de todo cambio de estructuras, y

Doctrinas e ideas políticas

189

Rosa Luxemburgo lanzó contra Lenin y los bolcheviques su célebre frase:

“La libertad es siempre la libertad del que piensa de manera distinta”. Por

otra parte, Kautsky (uno de los padres ideológicos de la socialdemocracia

del siglo XX) predijo acertadamente que la concentración despótica del

poder en manos de los bolcheviques conduciría a la transformación del

presunto “socialismo” soviético en un

capitalismo de Estado autoritario

regido por una

nueva clase dominante y explotadora: una burocracia dueña

del Estado y de los medios de producción estatizados. Esa evolución

ocurrió efectivamente y se hizo total e irreversible a partir de 1928, cuando

José Stalin asumió la dictadura unipersonal. La dictadura del comunismo

estalinista y post-estalinista no fue “del proletariado” sino del dictador y

la nueva clase

sobre el proletariado y la sociedad entera. (Señalamos este

hecho histórico sin negar que muchos comunistas sinceros y valerosos

siguieron creyendo erróneamente en el carácter “socialista” y redentor

de su sistema e incluso sacri

fi caron sus vidas por él. Los respetamos y

honramos sin compartir sus errores).

Después de la Segunda Guerra Mundial, en la cual socialistas

democráticos y socialistas dictatoriales (comunistas) pelearon unidos –junto

con liberales, socialcristianos y conservadores- contra el eje fascista, se

impuso en el primer plano la pugna entre el capitalismo liberal del Occidente

y el capitalismo de Estado (comunismo) de la URSS y su esfera de in

fl uencia.

Al mismo tiempo ganó fuerza la controversia entre el Norte industrializado

y el Sur (subdesarrollado y ex colonial) cuyos países recién independizados

formaron una suerte de “tercera fuerza” entre el Este y el Oeste, denominada

“Movimiento de los países no alineados” (MNA o Noal). En 1950, los

partidos y movimientos socialdemócratas o socialistas democráticos de

Europa y algunas otras regiones reconstituyeron la Internacional Socialista

(heredera y continuadora de la Segunda Internacional), como organización

que agrupa a aquellas corrientes obreras y socialistas que rechazan

tanto la injusticia social del capitalismo privado sin regulaciones, como

la dictadura política y policial del capitalismo de Estado “comunista”.

Doctrinas e ideas políticas

190

Frente a ambas formas de opresión, el socialismo democrático ofrece una

tercera alternativa, auténticamente acorde con los intereses de las mayorías

populares, que combina la libertad democrática con la equidad económica

y social. En diversos países o provincias de Europa, América del Norte,

Asia, Oceanía y el Cercano Oriente, la socialdemocracia desempeña o

desempeñó el poder y efectuó fundamentales reformas estructurales. Sin

eliminar la economía de mercado creada por el capitalismo, la sometió a

regulaciones públicas y sociales que garantizan una más justa distribución

del ingreso y una participación efectiva de los trabajadores manuales e

intelectuales en la gestión de la sociedad. Al mismo tiempo amplió y

profundizó los ámbitos de las libertades democráticas, del respeto a los

derechos humanos y de la solidaridad social e internacional. Desde 1968

en adelante, el conjunto mundial de la socialdemocracia se amplió por la

adhesión de nuevos movimientos socialistas democráticos nacidos como

corrientes críticas y disidentes en el seno de partidos comunistas, de los

cuales luego se desprendieron. Asimismo se expandió y diversi

fi có por el

ingreso de movimientos de liberación nacional de Asia, África y América

Latina, que abrazan el socialismo democrático como su objetivo a mediano

o largo plazo.

B. El socialismo democrático en América Latina y el Caribe

En nuestra región, el socialismo democrático o socialdemocracia

tiene dos orígenes distintos. En países de fuerte inmigración europea,

como Chile, Argentina y Uruguay, desde

fi nes del siglo XIX fue

importado el modelo socialdemócrata del viejo mundo, plasmado

en partidos “socialistas” de base obrera, y otros “radicales” (socialliberales

vinculados a la clase media democrática). En cambio, en los

países tropicales y semitropicales menos europeizados, una corriente

socialdemócrata autóctona surgió de los movimientos autocali

fi cados de

“democráticos, populares y nacional-revolucionarios, antiimperialistas y

Doctrinas e ideas políticas

191

antifeudales”, basados en una “alianza orgánica de clases oprimidas (capas

medias, campesinado y clase trabajadora)”. Estas corrientes se inspiraron

parcialmente en el ejemplo de la Revolución Mexicana iniciada en 1910, y

encontraron su primera expresión ideológica en el pensamiento de Víctor

Raúl Haya de la Torre, fundador del APRA peruano (1924), quien planteó

como metas programáticas: a) la democracia política pluralista, b) la

liberación de hegemonías neocoloniales, c) un desarrollo independiente

con justicia social sobre la base de economías mixtas (mercado-Estado), d)

la integración “indoamericana” y la solidaridad democrática internacional.

Otros movimientos impulsores de esta socialdemocracia vernácula fueron

el PDN y Acción Democrática en Venezuela, el Partido Revolucionario

Dominicano, el Partido Febrerista de Paraguay, Liberación Nacional de

Costa Rica, el Movimiento Nacionalista Revolucionario de Bolivia, y

organizaciones similares en numerosos otros países de Latinoamérica y el

Caribe.

A partir de la crisis económica mundial de 1930, y sobre todo

desde la conclusión de la Segunda Guerra Mundial en 1945, el tradicional

predominio de regímenes oligárquicos y autoritarios, que aplicaban

políticas económicas liberales, fue sustituido en parte por el auge de

gobiernos nacionalistas y “populistas” o preocupados por los problemas

sociales. Algunos de estos “populismos” tienen carácter autoritario y

son reaccionarios en su esencia social e histórica, en tanto que otros son

democráticos y pertenecen a la corriente socialdemócrata arriba descrita.

Sin embargo, incluso los populismos autoritarios latinoamericanos

generalmente contienen algunos componentes progresistas que, luego de

la caída de los respectivos autócratas, pueden ser rescatados y asimilados

por la socialdemocracia. Tal fue el caso del varguismo brasileño, del

peronismo argentino, y de los ensayos de Velasco Alvarado y de Torrijos

en Perú y Panamá respectivamente.

Doctrinas e ideas políticas

192

La Segunda Guerra Mundial estimuló cambios sociales, políticos

y culturales progresistas y democráticos en América Latina. Sin embargo,

a partir de 1948, la Guerra Fría indujo un refortalecimiento de los

autoritarismos de derecha, oligárquicos y ahora abrigados bajo la pretensión

de una “defensa del Occidente”, y aliados con los intereses económicos

y estratégicos de Estados Unidos. La rivalidad que había existido desde

los años treinta entre movimientos latinoamericanos socialdemócratas y

comunistas se convirtió en enemistad a veces violenta, sobre todo a partir

del triunfo y viraje prosoviético dela Revolución Cubana entre 1959

y 1961. Sólo después de 1968, cuando se inició la distensión entre el

Este y el Oeste, acompañada de una creciente polarización Norte-Sur, en

ciertos casos socialdemócratas y comunistas llegaron actuar como aliados

tácticos.

C. El socialismo democrático en Venezuela

En Venezuela, los movimientos democráticos y revolucionarios

nacieron en la resistencia contra la dictadura de Juan Vicente Gómez

y re

fl ejaron la inquietud de un país en transición del orden agrario

terrateniente a un nuevo orden petrolero y capitalista-rentista. De 1936 en

adelante se abrió la transición hacia la democracia y en ese marco surgió

la histórica rivalidad entre un movimiento nacional-revolucionario de

tendencia socialdemócrata y otro de signo comunista. El primero logró

preeminencia en el plano sindical y popular, en tanto que el segundo ganó

in

fl uencia resaltante en el seno de la intelectualidad. La experiencia

del “trienio adeco” de 1945-48 marcó un importante avance objetivo en

términos de incorporación del pueblo a la actividad política. La resistencia

a la dictadura militar de los años 1948-58 constituyó otra experiencia

valiosa para la formación política y moral de los demócratas venezolanos

y particularmente para la izquierda, tanto democrática como comunista.

Doctrinas e ideas políticas

193

Posteriormente, los cuarenta años de régimen democrático

representativo, pluralista y de “conciliación de élites” (1958-98) constituyó

el marco político para un proceso de modernización en todas las esferas de

la vida política, económica, social y cultural. Se desarrolló un sistema

económico mixto entre industrias básicas estatales y fomento público del

desarrollo, y un sector privado diversi

fi cado y próspero sobre todo en el

sector de los servicios. En su conjunto el capitalismo venezolano tuvo

un carácter excesivamente “rentista” (dependencia de la monoexportación

petrolera y de los ingresos derivados de ella). Enormes progresos se

lograron en materia de educación, cultura, salud, infraestrucrturas y

urbanismo. Se desarrolló una cultura política de convivencia tolerante y

pluralista. La socialdemocracia venezolana representada por el partido

Acción Democrática jugó un papel esencial en la conducción política de

este proceso, junto con el partido socialcristiano Copei y organizaciones

políticas de tendencia liberal, pero al mismo tiempo se mantuvo siempre

(aún en tiempos de subversión armada) alguna puerta abierta para

aportes intelectuales o ideológicos de la extrema izquierda comunista o

procomunista. El socialismo democrático o movimiento socialdemócrata

venezolano estuvo representado durante este lapso por AD, que junto con

el disidente y oposicionista Movimiento Electoral del Pueblo (MEP) fue

invitada a formar parte de la Internacional Socialista (IS). Por otra parte,

el fracaso de la rebelión armada contra los gobiernos socialdemócratas de

Rómulo Betancourt y Raúl Leoni ocasionó profundas crisis en la extrema

izquierda venezolana. Estas, además de la intervención armada del bloque

soviético en Checoslovaquia en 1968 y otras evidencias del carácter

dogmático y opresivo del llamado “socialismo real”, fueron motivos para

la formación, a partir de 1969, de un nuevo partido socialista democrático:

el Movimiento al Socialismo (MAS), fundado por disidentes del PCV.

Pese a los avances logrados sobre todo en las primeras dos

décadas de la época democrática, se mantuvo una marcada inequidad en

la distribución del ingreso, y la insu

fi ciente diversifi cación productiva

Doctrinas e ideas políticas

194

contribuyó a agravar, a partir de 1980, el contraste entre ricos y pobres.

Un deterioro o agotamiento de los liderazgos democráticos, un aumento

de la corrupción y una injusti

fi cada indiferencia de las élites ante el

crecimiento de la pobreza, junto con la in

fl uencia negativa de factores

externos, dio origen al ascenso de un populismo militar autoritario que,

por su retórica y algunas de sus propuestas iniciales, pareció dar respuesta

al descontento popular, replanteando a su manera ciertos principios de

apariencia socialdemócrata. De allí surgió el régimen chavista que, luego

de ocho años en el poder, ha llegado a revelar claramente su carácter

autocrático y sus a

fi nidades ideológicas con las tradiciones del fascismo y

del estalinismo. Las corrientes izquierdistas venezolanas de tipo elitesco y

dictatorial tienden a alinearse con el régimen “bolivariano”, en tanto que los

socialistas democráticos o socialdemócratas de las diversas procedencias

arriba señaladas se le oponen y trabajan en la creación de un polo bien

de

fi nido y coherente para la defensa de la democracia y su profundización

social.

II. FUNDAMENTOS UNIVERSALES DEL PENSAMIENTO

SOCIALDEMÓCRATA O SOCIALISTA DEMOCRATICO

A. Pluralismo

fi losófi co

El socialismo autoritario plasmado en el movimiento comunista establece

como marco

fi losófi co único y obligatorio el llamado materialismo

dialéctico e histórico basado en una formulación muy dogmática del

pensamiento de Marx tal como lo interpretó Lenin. La realidad natural y

social se concibe como expresión de incesantes transformaciones evolutivas

de la materia (sustancia universal única e in

fi nita). Las transformaciones

se realizan mediante choques de fuerzas contrapuestas y la superación de

estas contradicciones en transitorias síntesis, que a su vez son “negadas”

por nuevas tendencias contrarias. Tal visión del cosmos no excluye la

Doctrinas e ideas políticas

195

esperanza ni la solidaridad humana, pero sí niega la existencia de un Dios.

Los marxistas-leninistas dogmáticos a

fi rman ser ateos (aunque se ha

señalado que, por su fe en una ley dialéctica universal y omnipresente, en

realidad son más bien deberían ser cali

fi cados de panteístas).

Muchos socialistas democráticos aceptan fundamentales

elementos del pensamiento de Marx y de Engels –la importancia de los

hechos materiales y económicos en el acontecer histórico, los con

fl ictos

sociales como impulsores de la dinámica política, la evolución histórica

por etapas ineludibles, la crítica del capitalismo, el apoyo fundamental a

las luchas de liberación nacional y social, y la solidaridad universal de

los oprimidos y los progresistas- pero se niegan a aceptar cada palabra

de los “maestros” como dogma intocable. En conformidad con el propio

Marx, quien, enfrentado a los dogmáticos, dijo “pues entonces, yo no soy

marxista”, los socialistas democráticos entienden que toda gran doctrina

tiene las limitaciones de su tiempo histórico y periódicamente necesita ser

revisada

y criticada con ánimo constructivo. El método de Marx conserva

su vigencia, pero sus conclusiones sobre temas especí

fi cos pueden ser

cuestionables. En particular, muchos socialdemócratas aceptan partes de la

fi

losofía general de Marx, pero no lo acompañan en su ateísmo, sino creen

en Dios y practican una religión.

Otros socialdemócratas no se consideran marxistas sino que basan

sus convicciones en los grandes ideales humanistas que nos provienen de

la Ilustración y de las revoluciones liberales de los siglos XVII y XVIII.

La libertad, la igualdad y la fraternidad llevadas del plano meramente

político y jurídico al plano social son conceptos su

fi cientemente amplios

para abarcar todos los valores del socialismo democrático.

Por último, un número estimable de socialdemócratas actúa por

motivaciones ético-religiosas. Las enseñanzas del Evangelio y de los

grandes profetas del Antiguo Testamento, y la fe en una divinidad redentora

Doctrinas e ideas políticas

196

y liberadora, los impulsan a luchar por una nueva sociedad basada en

el trabajo solidario y no en el afán de lucro. Los partidos socialistas

democráticos se abstienen de cualquier dogmatismo ideológico y acogen

en un plano de completa igualdad a compañeros vinculados a cualquiera de

las tendencias

fi losófi cas mencionadas.

B. Lucha social

A diferencia de quienes miran los problemas sociales desde una

perspectiva conservadora o paternalista, los socialistas democráticos están

convencidos de que “la liberación de los oprimidos debe ser obra de ellos

mismos”. En todas las épocas de la Historia, existieron con

fl ictos entre los

grandes intereses de sectores dominantes y otros dominados, y tras períodos

de pugna a veces largos y complejos, con episodios violentos y otros de

cambio gradual y pací

fi co, “los de abajo” lograron sacudirse el yugo de

“los de arriba”, aunque luego surgiesen nuevas formas de hegemonía y

de sumisión. La emancipación de un sector subyugado nunca surgió de

una concesión enteramente voluntaria del grupo hegemónico, sino en

última instancia la presión desde abajo era el factor decisivo para lograr la

transformación de las relaciones de poder.

Por ello los socialdemócratas representan

ante todo los anhelos e

intereses históricos de los estratos sociales desfavorecidos e inconformes:

los trabajadores manuales de la ciudad y del campo, los grupos excluidos

de la economía formal, los trabajadores intelectuales y las capas medias

de condición modesta. Pero entre sus militantes se cuentan igualmente

personas nacidas en las altas esferas de la sociedad que, por convicción

generosa y sentido de solidaridad, luchan por la creación de estructuras

más equitativas y humanas. El movimiento socialista democrático acoge

a hombres y mujeres de todos los orígenes clasistas y, en última instancia,

su acción se encamina a borrar las actuales diferencias sociales.

Doctrinas e ideas políticas

197

En lo inmediato, sin embargo, su lucha va dirigida de abajo

hacia arriba, a través de la acción sindical y política reivindicativa y la

movilización de todos los oprimidos o marginados para la conquista de sus

derechos políticos, económicos y sociales y la erradicación de hegemonías

y privilegios incompatibles con una auténtica democracia social.

C. Libertad política

La libertad política es la gran precondición para todos los derechos

humanos individuales y colectivos. El movimiento socialista democrático

nació como continuación histórica de la revolución democrática liberal

que constituyó un primer paso hacia la futura democracia social, más

plena e inclusiva. Los socialistas democráticos o socialdemócratas exigen

para todos los pueblos del mundo –independientemente de su cultura

tradicional- la abolición de formas de gobierno autoritarias o autocráticas

y el establecimiento de la democracia política representativa y pluralista.

Tal régimen comporta la plena vigencia del Estado de Derecho: soberanía

popular, respeto y garantía de los derechos humanos y las libertades

ciudadanas, pluralismo político y de las ideas, elecciones libres, separación

de poderes y descentralización de la autoridad.

D. Equidad económica

El socialismo democrático exige que la producción y distribución

de bienes y servicios esté al servicio del hombre, y no el hombre al servicio

de intereses económicos y del afán de lucro. Tal propósito se procura

lograr por intermedio de una estructura mixta: la economía de mercado

sometida a regulaciones de interés público y social. Los sectores público y

privado de la economía deben quedar delimitados claramente para trabajar

de común acuerdo en el marco de una política de desarrollo humano

Doctrinas e ideas políticas

198

integral. Las “alturas dominantes” de la economía estarán controladas por

el sector público democrático, en tanto que los demás niveles económicos

quedarán en manos privadas. Como base esencial para el progreso de la

sociedad, se adoptarán –por consenso democrático- políticas de desarrollo

cientí

fi co, tecnológico e industrial que generen puestos de trabajo y un

ascendente nivel de bienestar.

En una democracia social, se avanza hacia un sistema equitativo

de distribución del ingreso. Los conceptos de “equidad” y de “justicia

distributiva” no deben ser confundidos con el de “igualdad”. Marx y otros

clásicos del socialismo dijeron claramente que un régimen de igualdad para

todos, sin tomar en cuenta sus diferentes grados de dedicación y de talento,

sería profundamente injusto. Su consigna era la de “a cada quien según su

trabajo”. La socialdemocracia aspira a que nadie quede en la pobreza y el

desamparo, y que tampoco existan colosales fortunas adquiridas sin trabajo

o esfuerzo creador. Pero en el amplio espacio comprendido entre esos dos

extremos, necesariamente existirán diferencias de ingreso personal, basadas

en la calidad del rendimiento, el talento y el ingenio de los individuos.

Además continuará existiendo el ingreso por concepto de inversiones de

capital. Lo esencial es que se elimine la miseria económica en un extremo

y la opulencia desmedida en el otro. En el espacio intermedio, de economía

mixta con sentido social, se avanzará gradualmente, por vías acordadas

democráticamente y no despóticas, hacia la disminución de las asimetrías

de ingreso personal. Las socialdemocracias avanzadas de Europa, sobre

todo en los países nórdicos, nos indican los caminos a seguir.

E. Solidaridad social

En su afán de elevar la dignidad humana y la calidad de vida de los

ciudadanos, la socialdemocracia pondrá en marcha programa universales

de educación, capacitación, cultura, salud pública y seguridad social,

Doctrinas e ideas políticas

199

y ajustará en ese sentido su política de tributación directa y progresiva.

Consciente de que el mejoramiento de la condición humana no sólo requiere

bienestar material sino también, y por encima de todo, la superación

espiritual de cada persona en un ambiente de armonía social, se alentará

(sin compulsión ni dogmatismo) la creciente

participación e integración

de todos y cada uno en decisiones e iniciativas de bene

fi cio comunitario,

regional, nacional y universal.

La solidaridad pregonada por el socialismo democrático debe hacerse

extensiva al plano internacional. Los socialdemócratas comprenden que la

humanidad toda es interdependiente y que ningún pueblo puede alcanzar o

conservar su soberanía, su libertad democrática y su vía de progreso social

sin la solidaridad de otros pueblos. La solidaridad de los oprimidos del

mundo entero es condición indispensable para la liberación de todos. “Por

quién doblen las campanas, doblan por ti”. Frente a las “internacionales”

del capital y de la espada, debe fortalecerse la “internacional” de los

pueblos laboriosos y amantes de la paz.

III. EL SOCIALISMO DEMOCRATICO ANTE OTRAS DOCTRINAS

POLÍTICAS

Las principales doctrinas políticas existentes en el mundo actual

son el fascismo, el conservadurismo democrático, el social-cristianismo,

el liberalismo, el comunismo y el socialismo democrático. En forma muy

breve, se resume la actitud de este último ante las demás corrientes.

A. El fascismo

El fascismo es una corriente política totalitaria de extrema derecha,

surgida como negación contrarrevolucionaria violenta del socialismo en

Doctrinas e ideas políticas

200

todas sus formas y versiones, y de la democracia en general. Mientras la

democracia y el socialismo postulan y de

fi enden los principios teóricos de

la libertad, la igualdad y la fraternidad humana, el fascismo abiertamente

pregona la desigualdad y la dominación de los fuertes sobre los débiles.

Exalta el poder absoluto de un caudillo dictatorial y la dominación de

razas o naciones “superiores” sobre las “inferiores”, y glori

fi ca la guerra

y la violencia. Desprecia y suprime la libertad y alaba la obediencia y

la disciplina. Impone el verticalismo autoritario más extremo, tanto

en el campo político como en el social (creación de “corporaciones” o

“sindicatos verticales” que por la fuerza reúnen a patronos y trabajadores

en una misma asociación).

Al mismo tiempo, el fascismo es populista. Aunque de

fi ende la

propiedad capitalista y disfruta del apoyo de grandes consorcios económicos

oligárquicos, basa su fuerza electoral principalmente en las capas medias y

populares de mentalidad atrasada que buscan la solución de sus problemas

en la dictadura de un líder “providencial” y temen el “desorden” dinámico

y retador de la vida democrática. Líderes fascistas como Mussolini en

Italia y Hitler en Alemania supieron aglutinar y fanatizar a esos sectores

populares y medios carentes de conciencia democrática, persuadiéndolos

de que el “caudillo” los conduciría a la gloria y les otorgaría graciosamente

algún tipo de “justicia social”. Al mismo tiempo utilizaban la prédica del

odio contra presuntos “enemigos del pueblo” para uni

fi car emocionalmente

a sus seguidores.

Ante el fascismo, los socialistas democráticos adoptan una posición

de rechazo total. El fascismo es el peor enemigo, absoluto e irreconciliable,

de todo tipo de democracia y sobre todo de la democracia social. Ante

una amenaza fascista, se justi

fi ca y se hace necesaria la alianza defensiva

general de todas las demás corrientes políticas.

Doctrinas e ideas políticas

201

B. El conservadurismo democrático

Existen movimientos políticos que aceptan y valoran el Estado de

Derecho y la libertad política pero en el plano económico y social dan

prioridad a los principios del “orden”, la “tradición” y la “propiedad”, y

de

fi enden a ultranza al sistema capitalista. En general son partidarios de

las ideas económicas liberales o neoliberales que rechazan todo dirigismo

o regulación del proceso económico por el Estado democrático, y también

combaten al movimiento sindical de los trabajadores, alegando que el

“libre juego de las fuerzas del mercado” constituye la mejor fórmula para

el bienestar de la sociedad.

Como defensores del capitalismo a ultranza, los conservadores

o neoliberales son adversarios de los socialdemócratas. Discrepamos a

fondo de sus ideas y denunciamos el hecho de que con su defensa de la

“libertad” económica sirven a los intereses de consorcios monopólicos u

oligopólicos privados que, en aras de la maximización de sus bene

fi cios,

buscan la manera de subyugar y explotar brutalmente el trabajo humano.

Sin embargo, coincidimos con estos conservadores en la a

fi rmación

de la democracia política, y podemos ser sus aliados en amplios frentes de

defensa de la libertad contra amenazas totalitarias o dictatoriales.

C. El social-cristianismo

El movimiento político socialcristiano, inspirado en la ética

religiosa, nació con sentido apaciguador frente al reto de la lucha social

de los trabajadores y oprimidos, abogando por la “paz social” basada en

la armonización de los intereses del capital y el trabajo. La mayoría de

los partidos socialcristianos adoptan posiciones conservadoras, pero se

diferencian de los neoliberales en el sentido de abogar por una moderada

Doctrinas e ideas políticas

202

intervención del Estado en las relaciones laborales y en el suministro de

servicios sociales tendientes a reducir la pobreza y las desigualdades.

Inicialmente paternalista y a ratos autoritario, el social-cristianismo

del siglo XX evolucionó luego hacia la doctrina de la

democracia

cristiana

, plenamente respetuosa de la soberanía popular y la libertad e

igualdad democráticas. Particularmente en América Latina, algunos

socialcristianos se desprendieron de los movimientos tradicionales y

abrazaron ideas audaces, de tipo socialista. Sin embargo, los partidos

demócrata-cristianos mayoritarios se mantienen hasta hoy en una postura

política de centroderecha.

Los socialdemócratas generalmente compiten y polemizan con

los socialcristianos institucionales y se les enfrentan en el debate político.

Pero los respetan por la seriedad de sus convicciones y siempre coinciden

con ellos en la defensa de la libertad política. En ocasiones se han

formado hasta coaliciones de las dos fuerzas para el logro de objetivos

“centristas” de interés común. Por otra parte, los grupos cristianos de ala

izquierda, separados del social-cristianismo o

fi cial, tienden a coincidir con

el socialismo democrático y a unirse a él

D. El liberalismo

Los movimientos liberales, surgidos de las luchas revolucionarias

contra el absolutismo y el feudalismo en los siglos XVII – XIX, valoran por

encima de todo la libertad del individuo para autodeterminarse y desarrollar

sus máximas potencialidades personales. Con el paso del tiempo, el

liberalismo se ha dividido en dos tendencias, una de derecha y la otra de

izquierda. El liberalismo de derecha se concentra casi exclusivamente en la

libertad

económica, es decir, pregona la más irrestricta libertad de empresa

o capitalismo “salvaje”, y se ha convertido en corriente conservadora

Doctrinas e ideas políticas

203

que, en ciertos casos como el de Chile en la época de Pinochet, incluso

puede tornarse autoritaria y semifascista. Coloca la libertad del autoenriquecimiento

por encima de los derechos humanos.

En cambio, el liberalismo de ala izquierda, o liberalismo social, se

mantiene

fi el al espíritu de sus fundadores y precursores históricos. Estima

que la libertad debe ser del ser humano más que del dinero. Es algo más

moderado que la socialdemocracia en lo concerniente al rol del Estado en

la vida económica, pero acepta la idea de que el poder público democrático

debe actuar con energía y e

fi ciencia en el plano social. Comprende que la

libertad del individuo sólo puede realizarse sobre cierta base de seguridad

social y de igualdad de oportunidades. Este liberalismo social o “socialliberalismo”

se aproxima a la socialdemocracia, es su aliado natural, y a

veces se une y fusiona con ella.

E. El comunismo

Ya se explicó, en una sección anterior de este trabajo, la diferencia

fundamental que existe entre el socialismo democrático y el régimen

comunista. El primero se basa en la libertad y en la soberanía del pueblo

trabajador, en tanto que el segundo se caracteriza por la hegemonía de

una “vanguardia” burocrática con poderes dictatoriales. Esa “nueva

clase” asume el control absoluto del Estado y de los medios de producción

estatizados en su totalidad. En lugar del poder de los trabajadores, se

implanta el poder de una minoría privilegiada

sobre los trabajadores, y

en lugar del socialismo se desarrolla un capitalismo de Estado autoritario.

Pese a ello, muchos comunistas creen

fi rmemente en el carácter redentor

y humanista de su causa y luchan por ella con abnegación y heroísmo.

Los socialdemócratas conscientes denunciarán los vicios fundamentales

del sistema comunista sin negar las virtudes personales de tales comunistas

sinceros, a quienes se debe tratar de atraer hacia el campo del socialismo

democrático.

Doctrinas e ideas políticas

204

Contra el fascismo, las dictaduras oligárquicas, el colonialismo y otras

formas de opresión grave, a veces los socialdemócratas y los comunistas se

alían y forman frentes unidos. Pero estas alianzas suelen ser transitorias, y

permanece la diferencia insalvable entre la vía democrática y la dictatorial y

la incompatibilidad esencial de los dos movimientos. Los socialdemócratas

siempre deben explicar con claridad esas diferencias y convencer a los

pueblos de que la vía comunista conduce a una nueva servidumbre, en

tanto que el socialismo democrático constituye la vía de la auténtica

liberación humana. Pero a diferencia de las fuerzas conservadoras, los

socialdemócratas no criticarán al comunismo desde la derecha (acusándolo

de ser demasiado “revolucionario”), sino desde posiciones progresistas,

denunciando su falta de verdadera esencia liberadora y su desviación

histórica hacia la tiranía de tipo estalinista. En otras palabras, se analizará

el poder comunista como sustitución de una forma de opresión por otra,

posiblemente peor.

IV. BASES PARA UNA FUTURA DEMOCRACIA SOCIAL

VENEZOLANA

A. La situación actual del país

Bajo su actual gobierno, Venezuela ha abandonado el camino

de la democracia representativa y pluralista y ha adoptado un molde

autocrático, de extrema concentración de todos los poderes en manos del

presidente Hugo Chávez. Este alcanzó el poder en 1998 por vía electoral

legítima, luego de haber previamente intentado arrebatarlo mediante un

golpe de Estado militar. La razón de su ascenso hay que buscarla en el

deterioro del sistema democrático anterior. En sus primeros veinte años

(1958-1978), la democracia representativa venezolana alcanzó enormes

éxitos en materia de modernización, humanización, soberanía, y progreso

económico, social y cultural. Los segundos veinte años fueron más

Doctrinas e ideas políticas

205

difíciles: un desmejoramiento económico que afectó a toda la América

Latina se combinó con el agotamiento del liderazgo político y un creciente

desprestigio del sistema de gobierno por “conciliación de elites”.

El “chavismo” tiene orígenes ideológicos de extrema derecha y de

extrema izquierda. En la formación política de Hugo Chávez in

fl uyeron

partidarios del fascismo y neonazismo por un lado, y por el otro, integrantes

del ala más extremista del comunismo venezolano. Ambos extremos,

además de un cúmulo de intereses oportunistas y ciertos número de

izquierdistas democráticos de buena fe, se ligaron en un conjunto populista

y militarista. Aunque el presidente Chávez y sus allegados de con

fi anza

están alabando cada vez más al comunismo cubano, viéndolo como modelo

para ser imitado, el régimen objetivamente no pasa de ser el más reciente

ejemplo del “populismo militar latinoamericano” anteriormente tipi

fi cado

por el peronismo y otras autocracias similares. Mientras en lo político, el

mandatario ataca verbalmente al “imperio” estadounidense, en el plano

económico hunde a Venezuela en una dependencia sin precedentes de la

demanda petrolera y la oferta tecnológica de Norteamérica y otras potencias

extranjeras, ya que con su prédica de odio de clases ha desalentado la

inversión y des-industrializado al país. Hasta ahora, sus reformas sociales

son meras medidas asistenciales y la pobreza no disminuye. El “socialismo

del siglo XXI” apunta hacia un modelo autoritario y no democrático o

pluralista, y curiosamente recibe el apoyo verbal de una nueva oligarquía o

burguesía burocrática. Recientes medidas gubernamentales violatorias de

la libertad de expresión y otros derechos humanos y cívicos han provocado

amplias protestas, no sólo de la oposición democrática ya constituida,

sino de un número cada vez mayor de personas honestas y democráticas

que hasta ayer creyeron en Chávez y le dieron su apoyo, pero hoy están

recapacitando.

Doctrinas e ideas políticas

206

B. Una futura democracia social

Como alternativa al actual régimen autocrático, los socialdemócratas

o socialistas democráticos proponen un gobierno democrático,

representativo y pluralista, que una a los venezolanos en un ambiente de

libertad y de garantías a los derechos humanos y cívicos. La alternabilidad

democrática, la separación de poderes, la descentralización; las libertades

y garantías de expresión, asociación, propiedad, seguridad personal, etc.;

la seguridad jurídica, y el retorno a la institucionalidad militar, son algunos

de los aspectos de una libertad política que, a su vez, será la precondición

para el avance hacia una auténtica democracia social.

En el terreno económico, se lanzará un gran programa de

industrialización y diversi

fi cación, impulsado conjuntamente por el Estado

y el sector privado con clara delimitación de sus respectivos ámbitos. El

programa apuntará hacia la masiva creación de puestos de trabajo. La

capacitación de los trabajadores, junto con la expansión de la educación

técnica a todos sus niveles, recibirá preferente atención. Se alentará al

sindicalismo democrático, la contratación colectiva y la concertación

tripartita.

La educación, la salud, la seguridad social, la cultura y la

comunicación recibirán la mayor atención, y de manera general se procurará

avanzar hacia la elevación de la calidad de vida, de la participación y de

la solidaridad, mencionadas en los párrafos relativos a los fundamentos

universales del pensamiento socialdemócrata.

Sugerencias bibliográ

fi cas

Acción Democrática: Doctrina y programa, AD, Caracas, 1962

Doctrinas e ideas políticas

207

Anderson, Perry; Bobbio, Norberto, y Cerroni, Humberto: Socialismo,

liberalismo, socialismo liberal, Nueva Sociedad, Caracas, 1993

Berlin, Isaiah: Karl Marx, su vida y su entorno, Alianza, Madrid, 2000

Betancourt, Rómulo, Venezuela, política y petróleo, FCE, México, 1956;

Monte Avila, Caracas, 2000

Boersner, Demetrio: The Bolsheviks and the national and colonial question,

1917-1928, Droz, Ginebra, 1957

Boersner, Demetrio: Socialismo y nacionalismo, IEP, UCV, Caracas,

1967

Boersner, Demetrio: ¿Qué es el socialismo democrático? Socialdemocracia

para Venezuela, Nueva Sociedad, Caracas, 1988

Bravo Gala, Pedro: Socialismo premarxista, IEP, UCV, Caracas, 1961

Catalá, José Agustín (compilador): Documentos para la historia de Acción

Democrática, 1936-1941, vol. I, Centauro, Caracas, 1981

Claudín, Fernando: Eurocomunismo y socialismo, Siglo XXI, Madrid,

1977

Cole, G.D.H.: Historia del pensamiento socialista, FCE,, México, 1957, 2

vols.

Deutscher, Isaac: La revolución inconclusa; 50 años de historia soviética,

1917-1967, Era, México, 1967

Di Tella, Torcuato S.: Historia de los partidos políticos en América Latina,

siglo XX, FCE, Buenos Aires, 1999

Doctrinas e ideas políticas

208

Godio, Julio: El movimiento obrero venezolano, 1850-1980, Ed. Ateneo,

Caracas, 1980, 3 vols.

Günsche, Karl Ludwig, y Lantermann, Klaus: Historia de la Internacional

Socialista, Nueva Sociedad y Nueva Imagen, México, 1979

Haya de la Torre, Víctor Raúl: El antiimperialismo y el APRA, Ercilla,

Santiago, 1936

Internacional Socialista: Información; declaraciones de Frankfurt y Oslo;

partidos miembros, Buró Coordinador de la IS en América Latina,

Montevideo, 1965

Miliband, Ralph: Socialismo para una época de escépticos, Siglo XXI,

México, 1997

LO (Confederación General de Trabajadores de Suecia): Dirección S;

la concepción del socialismo en Suecia, por Leif Andersson, LO,

Estocolmo, 1968

Movimiento Electoral del Pueblo (MEP): Liberación nacional y democracia

socialista (tesis política del MEP), MEP, Caracas, 1976

Petkoff, Teodoro: Cheoeslovaquia, el socialismo como problema, Fuentes,

Caracas, 1969

Petkoff, Teodoro: Dos izquierdas, Alfadil, Caracas, 2005

Sosa Abascal, Arturo, y Lengrand, Eloi:: Del garibaldismo estudiantil a la

izquierda criolla; los orígenes marxistas del proyecto de AD (1928-

1935), Centauro, Caracas, 1981

Sternberg, Fritz: Marx en nuestros días; notas marginales, Fundación

Friedrich Ebert, Bad Godesberg, 1969

Doctrinas e ideas políticas

209

EL SOCIALCRISTIANISMO

Enrique Pérez Olivares

Introducción:

El término tiene distintas signi

fi caciones por lo cual debo precisar

cual de ellas he asumido para esta conversación.

1.- Puede referirse a un pensamiento que parte de la visión de

confesiones cristianas especí

fi cas posteriores al proceso histórico que se

suele denominar la Reforma Protestante y que como sabemos, dio origen

a la división del catolicismo y al origen de las mencionadas confesiones.

Dada la pluralidad de las confesiones y la circunstancia de que en sus

orígenes estuvo ligada el proceso de formación y consolidación en Europa

de varios Estados nacionales, así como la carencia de una autoridad en cada

Iglesia con potestad de de

fi nir asuntos relativos a la ética y a las verdades

comunes de fe de cada una de ellas, encontramos matices diferenciales en

dichos pensamientos.

2.- En el ámbito de la Iglesia Católica Apostólica y Romana, hoy

o

fi cialmente se le denomina Doctrina Social de la Iglesia formalmente (ver

el Catecismo de la Iglesia Católica 11.X.92 N° 11 2419 y 55), que constituye

parte de la enseñanza de la Iglesia y contiene un “cuerpo de doctrina que

se articula a medida que la Iglesia interpreta los acontecimientos a lo largo

de la historia, a la ley del conjunto de la palabra revelada por Cristo Jesús

y con la asistencia del Espíritu Santo (ver. Solicitudo rei Sociales, Carta

Encíclica de Juan Pablo II de 1987). Esa enseñanza se dirige a todos los

católicos y pretende alcanzar a todos los hombres de buena voluntad para

quienes resultará “tanto más aceptable (para ellos) cuanto más inspire la

conducta de los

fi eles” (Catec. cit N° 2422).

Doctrinas e ideas políticas

210

Ella se desarrolló en el siglo XIX y continua su proceso dinámico

de formulación al compás de los retos y preguntas que plantea el

cambio de las sociedades a lo largo de la historia. Propone principios de

re

fl exión, extrae criterios de juicio, da orientación para la acción. Respeta

profundamente la “autonomía de lo temporal” y por tanto no propone

ni respalda proposiciones políticas ni regímenes políticos concretos.

Es principalmente ética personal y social. Hay pues unidad de doctrina

y pluralidad de soluciones. Los “principios de re

fl exión” son elementos

conceptuales y éticos fundamentales, a respetar en toda convivencia

humana; los “criterios de juicio” son orientaciones generales para discernir

y valorar la realidad social; las orientaciones para la acción” son líneas

directrices para la actuación de los cristianos ( y de los hombres de buena

voluntad) en la vida social.

El Papa Juan Pablo II ha expresado que la Doctrina Social de

la Iglesia pertenece al ámbito de la teología moral ( ver Solicitudo rei

sociales cit N° 41 ; Centesimus annus, sobre la doctrina social de la Iglesia.

Encíclica de 1V 91, N° 55).

A la Iglesia compete una misión en el orden temporal “el cual

comprende, entre otros elementos, la vida humana, la familia, el trabajo,

la cultura, las comunicaciones sociales, las instituciones de la comunidad

política, las relaciones internacionales, el progreso cientí

fi co y técnico,

los con

fl ictos humanos, la guerra y la paz…. son realidades que, en su

aspecto moral y religioso de hecho son objeto de las enseñanzas sociales

de la Iglesia” (Domenec Melé. Cristianos en la Sociedad. Introducción a la

Doctrina Social de la Iglesia. Ediciones Vértices. Caracas, 2000 p.18)

3.- En el terreno de las asociaciones cívicas y políticas encontramos

algunas de ellas, incluso partidos políticos que toman para su denominación

misma los términos “social cristiano”: es el caso en Venezuela del Partido

Social Cristiano Copei, o en Baviera, Alemania, la Unión Social Cristiana.

Doctrinas e ideas políticas

211

Otras veces subrayan su orientación doctrinaria ( o “ideológica”, como

solemos decir en Venezuela y en otros países iberoamericanos) como

inspirada en la Doctrina social cristiana, aun cuando en verdad es muy

frecuente entre ellos orientarse por el pensamiento humanista cristiano y

mas concretamente en la corriente

fi losófi ca “personalista” (de inspiración

cristiana). Ya desde mediados del siglo XX, en Europa y también en nuestro

continente se usó, con la misma signi

fi cación la denominación Democracia

Cristiana (Italia, Alemania – con la excepción de Baviera, Chile, Argentina,

Uruguay y otros). Mas adelante ha surgido otra denominación que no

incorpora ninguna referencia explícita al cristianismo, aun cuando si se

señala el social cristianismo o el pensamiento humanista cristiano como su

inspiración u orientación básica; me re

fi ero a los conocidos como Partidos

Populares: es el caso de España y aun de uno de los partidos europeos más

fuertes.

En el desarrollo de esta charla me voy a referir principalmente a

cuatro temas fundamentales del pensamiento social cristiano más cercano a

la Doctrina Social de la Iglesia Católica, que son cruciales para identi

fi carlo

adecuadamente y en lugar de abarcar toda la temática que es comprendida

por esa Doctrina, voy a orientarme más en la perspectiva política que es la

pertinente para esta cátedra.

En todo caso el primero de esos temas se re

fi ere al ser humano y

trataré sólo a los efectos de esclarecer los otros tres; Estos otros tres son: la

Sociedad políticamente organizada, el Estado y el Bien Común.

Doctrinas e ideas políticas

212

EL SOCIAL CRISTIANISMO

INTRODUCCIÓN

EL SER HUMANO (para comprender la política)

Ante todo debemos reconocer que la política es un quehacer humano

cuyo ámbito surge de la sociabilidad de la persona y en este sentido puede

a

fi rmarse que es actividad connatural al hombre. Como tal, su última raíz

está en nuestra dimensión trascendente. Si bien tiene lugar en la historia

así como en la cultura y por tanto corresponde al orden de lo temporal, en

sus

fi nes y consecuencias últimas ( meta políticas) lo excede. Ello deriva

de que el ser humano no se agota en lo temporal, pues su

fi n y bien último

consiste en su encuentro amoroso y para siempre con el Creador.

Esa actividad tiene una especi

fi cidad que debemos precisar para

sobrepasar los reduccionismos que son tan frecuentes en las re

fl exiones y

acciones que se cali

fi can como políticas.

A mi juicio una formulación particularmente bien lograda la

encontramos sintéticamente expresada en un reciente discurso del Sumo

Pontí

fi ce, pronunciado el 17 de Mayo próximo pasado, al recibir de la

romana Universidad de La Sapienza el doctorado “honoris causa” en

derecho, otorgado con motivo de la conmemoración del séptimo centenario

de esa casa de estudios. Juan Pablo II precisó que la vida política era:

destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común”

(citando parte de un texto de la Exhortación Apostólica Cristi

fi delis Laici N°

42, que luego leeré completo, que había sido recogido por la Congregación

por la Doctrina de la Fe en una Nota Doctrinal, a la que luego me referiré,

fechada el 24 de noviembre de 2002).

Doctrinas e ideas políticas

213

Puede ya adelantarse que esa actividad es inseparable de la moral

y también que ella es objeto de una re

fl exión y análisis sistemático, tanto

en el plano de la

fi losofía (la Filosofía Política) como en el de varias de

las ciencias humanas: la politología. ( de la cual es objeto especí

fi co), la

historia de la política, la sociología política, etc.

Puede también a

fi rmarse que entre los quehaceres humanos la

política es un “arte”, y sin pretender agotar de pasada un tema arduo, esto

signi

fi ca que es un “actuar” y no un “producir” o fabricar.

Debemos tener en cuenta que en castellano el vocablo hacer tiene

muchas y diversas signi

fi caciones: a veces se usa en lugar de actuar y otras

en lugar de fabricar; esto no nos debe llevar a confusiones.

Cuando se a

fi rma que la política es un actuar humano se da por

sentado que está

regulado, regido por la moral y que su ejercicio postula

la adquisición y práctica de una serie de virtudes. En estos momentos se

ha generalizado una falsa noción de la moral que en realidad la destruye,

principalmente por a

fi rmar una concepción de relativismo cultural y

sostener un “pluralismo ético que determina la decadencia y disolución de

la razón y los principios de la moral natural” (Nota Doctrinal referida N°

2). La a

fi rmación de la existencia de esta ley moral natural no comporta que

se desconozca “la legítima pluralidad de opiniones temporales” (ídem N° 3

y Constitución Conciliar Gaudium et Spes N° 75). Es preciso a

fi rmar que

esa legitimidad – típica de la democracia – se hace posible en la medida

en que se funda sobre una recta concepción de la

persona” (Nota cit N°

3). Ello comporta tener presente una a

fi rmación del Papa actual: “Verdad y

libertad van juntas o juntas perecen miserablemente” (carta Encíclica Fides

et Ratio N° 90 cit por Nota Doctrinal cit. N° 7).

En tanto quehacer humano, en la política constatamos las

dimensiones fundamentales de la existencia humana: la

trascendente:

Doctrinas e ideas políticas

214

basamento último de la dignidad de la persona humana y en consecuencia

fuente de los derechos humanos fundamentales. La

social que, como he

señalado es el ámbito en el cual surge como manifestación connatural

al ser humano, tanto la multiplicidad de vínculos asociativos que existen

entre las personas, como la variedad multiforme de sociedades con sus

fi nes

propios que forman parte de una sociedad de sociedades la cual requiere la

autoridad y el poder plasmado en un conjunto de instituciones (el Estado,

en términos modernos), para lograr el bien ordenador de la convivencia:

la justicia,

fi n del ordenamiento jurídico concretado en instituciones y

normas jurídicas, y la solidaridad, esto es, el asumir como tarea común la

responsabilidad de aportar lo necesario para el logro de la humanización

mas plena posible de cada persona y de cada pueblo.( el Bien Común).

La

histórica, pues el tránsito vital de la persona humana se

despliega en el tiempo y espacio, del cual cada ser humano es sujeto, es

decir coautor de su propia vida que se cruza con la vida de las otras personas

y sociedades, de forma tal que recibe un legado o patrimonio generado por

las generaciones anteriores, legado que le condiciona y que es modi

fi cado

por sus acciones libres, para ser entregado a las generaciones futuras.

La

cultural, en la cual se constatan las expresiones y concepciones

que las personas humanas originan en su esfuerzo por alcanzar mayor

plenitud y humanizar su entorno, en un intercambio en el que se expresa

una tensión que existe en el hombre: Por una parte su menesterosidad:

es carente de muchos bienes a los cuales no puede acceder individual y

aisladamente; por la otra su sobreabundancia: es capaz de dar, y de darse

a si mismo a los demás, así como de aceptar la dación que los demás hacen

de si mismos acogiéndolos en su plena dignidad

Es necesario para la comprensión de la política recordar que la

criatura humana en su condición terrenal esta afectada de un desorden en

su naturaleza que da origen al drama misterioso del mal: la persona puede,

Doctrinas e ideas políticas

215

con el ejercicio desordenado de su libertad, privar del bien a su conducta,

dañarse a si mismo, a los otros seres humanos y al resto de la creación. Este

desorden en las potencias de la persona humana ( inteligencia, voluntad,

afectividad) las oscurece, debilita y subvierte, dando origen a una constante

ambivalencia de los procesos humanos y aún convirtiendo al hombre en

esclavo del mal.

Esta herida, que algún

fi lósofo ha denominado “fi sura ontológica”

o “

fi sura óntica” no destruye la libertad de la persona ni le impide el acceso

a la verdad, el bien, la belleza, la justicia y demás bienes, pero unida a

la limitación propia del ser creado, exige un empeño muy arduo para

disminuir la perturbación que caracteriza el quehacer humano temporal.

Por ello el ejercicio de la política demanda una verdadera ascesis: además

de un empeño por conocer la verdad requiere la práctica continua de actos

buenos a

fi n de alcanzar las virtudes, en especial las llamadas “cardinales”:

prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

El ser humano ha tenido conciencia de esta perturbación pero

al mismo tiempo, al acceder por la razón al conocimiento de Dios, ha

intuido que en El está la solución a su “capacidad de mal”. El pensamiento

cristiano, iluminado por la fe, conoce, confía, espera y lucha para que todos

los hombres accedan a la verdadera liberación, lograda por Nuestro Señor

Jesucristo con su Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección.

En la vida social se constata la existencia de una ambivalencia

derivada de esta “

fi sura óntica”: bien y mal están presentes a lo largo de la

historia y en las distintas culturas, y el

fi lósofo Jaques Maritain se refi ere a

ella recordando la parábola evangélica del trigo y la cizaña.

Como expresé al inicio, dos muy recientes expresiones del Papa

actual y de la Congregación para la Doctrina de la Fe, retoman la noción

de política que ya estaba formulada con un poco mas de extensión en la

Doctrinas e ideas políticas

216

Exhortación Apostólica Christi

fi delis Laici publicada con fecha 30-12-

88 (N° 42) en estos términos es “la multiforme y variada acción humana

(económica, social, legislativa, administrativa y cultural) destinada a

promover orgánica e institucionalmente el bien común”.

Tal noción requiere, a los efectos de mi presentación, algunas

explicitaciones: en primer lugar se trata de actividades destinadas en

promover, de modo

orgánico e institucional un fi n. Ello conlleva la

necesidad de percibir que la política tiene como supuesto una realidad

social es tructurada con un mínimo grado de institucionalización en lo que

el lenguaje más comúnmente utilizado se ha denominado la “Sociedad

Civil”, la “república”, la “comunidad civil” o, en otras ocasiones, el “Estado”.

Hay una cierta equivocidad en estas denominaciones que me obligan

a las siguientes consideraciones:

LA SOCIEDAD CIVIL (POLÍTICA)

La noción de sociedad civil hace referencia en los textos ponti

fi cios

a lo que más técnicamente se puede deno minar Sociedad o Cuerpo

Político, es decir, a una sociedad más compleja que la familia en su sentido

extenso, de base territorial, que se propone alcanzar el Bien Común, (CV

II Constitución Gaudimun et Spes N° 74), dotándose de una organización

e instrumentos institucionales especializados para lograr tal objetivo. (el

Estado).

En ella son necesarios la autoridad y el poder, no solo para la

conservación de la unidad y el orden de la sociedad sino fundamentalmente,

para la promoción y búsqueda del bien común. (León XIII, Rerum Novarum

N° 26 aL 31; Pío XI Cuadragésimo Anno N° 110; Juan XXIII Mater et

Magistra N° 20).

Doctrinas e ideas políticas

217

Esta sociedad, desde la perspectiva de su organización jurídico

político, es denominada también Estado, (cf. Juan XXIII Pacem in Terris,

N° 67 y siguientes), el cual se com para con “un cuerpo cuyos miembros

son los seres humanos” (ídem N° 89) y que en cuanto “comunidad política,

“país” o “nación”, en razón de la igualdad de naturaleza entre los hombres,

goza de una “dignidad natural” que impide la acep tación de diferencias

(discriminaciones) entre las diversas comunidades políticas (ídem). Ellas

son titulares de derechos y deberes mutuos (ídem N° 80), no pueden

alcanzar su perfeccionamiento si vi ven aisladas (ídem N 131), deben

regular sus relaciones conforme a las normas de la verdad, la justicia,

la activa solidaridad y la libertad (ídem N° 80). Esta pluralidad no va en

desmedro de la única comunidad en el mundo que la fa milia humana va

sintiendo y construyendo (Gaudium et Spes N° 33).

No siempre sin embargo, el término Estado es utilizado en este sentido

amplio. En muchas oportunidades se re

fi ere a una parte de esa Sociedad

Política, que es institucionalmente titular o depositaria de la autoridad y el

poder público, cuyo ejercicio consiste en conducir y orientar a la Sociedad

Política al logro del Bien Común y cuya actuación se caracteriza por dos

principios: el de subsidiaridad y el de solidaridad. A este sentido especi

fi co

nos referimos más adelante.

La Sociedad Política es una comuni dad de personas y una sociedad de

sociedades; es decir, el hombre despliega su sociabilidad en múltiples forma

de vida asociadas, desde “la familia o sociedad doméstica, bien pequeña es

cierto, pero verdadera sociedad y más antigua que cualquier otra” (Rerum

Novarum N° 9) y a quien debe asegu rarse” su papel de

lugar primario

de “humanización”

de la persona y de la sociedad (Cristefi deles Laici

N° 40); pues es la primera estructura fundamental a favor de la

ecología

humana

(Juan Pablo II, Centesimus Annus, N° 39); hasta las asociaciones

de obreros, patronos, vecinos (Rerum Novarum N 34; Cuadragésimo

Anno N° 83 a 87) y muchos otros organismos, cuerpos y asociaciones

Doctrinas e ideas políticas

218

privados, llamadas en conjunto “Sociedades o cuerpos intermedios” que

son expresión del proceso denominado por Juan XXIII “socialización”

(Mater et Magistra N° 59), son también los medios por excelencia para

la participación democrática y que, según el Pontí

fi ce señala, es necesario

que

“sean autónomos y tiendan a sus fi nes específi cos, con relaciones de

leal colaboración mutua y de subordinación a las exigencias del bien

común. Es igualmente necesario que dichos organismos tengan la forma

externa y la sustancia in terna de auténticas comunidades, lo cual solo

podrá lograrse cuando sus respectivos miembros sean considerados en

ellos como personas y llamados a participar activamente en las tareas

comunes” (Ídem N° 65).

La existencia de “una rica gama de cuerpos intermedios con

fi

nalidades económicas, sociales, culturales” es un ca mino, junto a la

asociación del “trabajo a la propiedad del capital”, para asegurar “la

subjetividad de la sociedad” (Juan Pablo II Laborem exercens N° 14).

En la sociedad se realiza la convivencia civil que “solo puede

juzgarse ordenada, fructífera y congruente con la dignidad humana, si se

funda en la verdad” y ello ocurre cuando cada cual reconoce “los derechos

que le son propios y los deberes que tiene para con los demás”. Esto es –

“cuando los ciudadanos, bajo la guía de la justicia, respeten los derechos

ajenos y cumplan sus propias obligaciones, cuando estén movidos por el

amor de tal manera, que sientan como suyas las necesidades del prójimo

y hagan a los demás parti cipes de sus bienes y procuren que en todo el

mundo haya un intercambio universal de los valores más excelentes del

espíritu humano” (Pacem in Terris N° 35).

La sociedad humana, en opinión del Papa Juan XXIII, debe ser

considerada “ante todo, como una realidad de orden principalmente

espiritual (ídem N° 36) debe dirigirse al de sarrollo de los valores

fundamentales: verdad, justicia, respeto integral a la libertad, amor mutuo”

Doctrinas e ideas políticas

219

y debe ajustarse “a una igualdad cada día más humana” (ídem 37). Por ello,

Dios” es la fuente más profunda, de la cual puede extraer su vida verdadera

una convivencia humana rectamente constitui da, provechosa y adecuada a

la dignidad del hombre” (ídem N° 38).

EL ESTADO

La signi

fi cación restringida del término Estado al que antes hicimos

alusión, hace referencia a un conjunto de ins tituciones jurídico-políticas

que no se confunden ni equiva len a la Sociedad Política. Es más bien,

como sostiene el

fi lo sofo Jacques Maritaín, “una parte especializada en

los inte reses del todo”, por lo que institucionalmente está revesti da de la

autoridad (Pío XII Radio Mensaje de Navidad de 1944).

El carácter

instrumental del Estado queda claro al constatar que “el

individuo, la familia y la sociedad son anteriores a él y el Estado mismo

existe para tutelar los derechos de aquél y de estos y no para sofocarlos”

(Centesimus Annus N° 11).

Toda sociedad “bien ordenada y fecunda requiere gober nantes,

investidos de legítima autoridad, que de

fi endan las instituciones y

consagren, en la medida su

fi ciente, su acti vidad y sus desvelos al provecho

común del país” (Pacem in Terris N° 46).

León XIII a

fi rma en la Rerum Novamum que, con independencia

de “las vicisitudes en las distintas formas de gobierno” siempre existirá la

diferencia entre gobernantes y gobernados. Es necesario en absoluto que

haya quienes se dediquen a las funciones de gobierno, quienes legislen, quienes

juzguen y

fi nalmente, quienes con su dictamen y autori dad administren

los asuntos civiles y militares” (N° 25). Cien años más tarde, Juan Pablo

II al destacar este aporte de su antecesor añade, reiterando la doctrina

Doctrinas e ideas políticas

220

establecida en Pacem in Terris (N° 67 y siguientes): “es preferible que un

poder esté equilibrado por otros poderes y otras esferas de competencia,

que lo mantengan en su justo límite. Es este el principio del “Estado de

Derecho” en el cual es soberana la Ley y no la voluntad arbitraria de los

hombres” (Centesimus Annus N° 44).

La autoridad no es sustancialmente “una fuerza físi ca”, ella

“consiste en la facultad de mandar según la recta razón. Por ello se sigue

evidentemente que su fuerza obli gatoria procede del orden moral, que tiene

a Dios como pri mer principio y último

fi n” (Pacem in Terris N° 47).

La determinación del régimen político y la selección de los

gobernantes se dejan “a la libre designación de los ciudadanos”, en

consecuencia pueden ser diferentes la “es tructura fundamental y el

equilibrio de los poderes públicos según el genio de cada pueblo y la

marcha de su historia” (Gaudium et Spes N° 74).

Ahora bien, el Concilio Vaticano II, recogiendo crite rios ya

avanzados por Pío XII en el radiomensaje de Navidad de 1942 y Juan

XXIII en Pacem in Terris, reconoce confor me con la naturaleza humana

“que se constituyan estructuras político-jurídicas que ofrezcan a

todos los ciudadanos, sin discriminación alguna y con perfección

creciente, posibili dades efectivas de tomar parte libre y activamente

en la

fi jación de los fundamentos jurídicos de la comunidad políti ca,

en el gobierno de la cosa publica, en la determinación de los campos de

acción y de los límites de las diferentes instituciones y en la elección de

los gobernantes”

(Gaudium et Spes N° 75).

En perfecta consistencia con tal declaración, Juan Pa blo II expresa

con la fuerza que lo caracteriza: “La Iglesia aprecia el sistema de la

democracia en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos

en las op ciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de

Doctrinas e ideas políticas

221

elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos

oportunamente de manera pací

fi ca. Por eso mismo no puede favorecer la

formación de grupos dirigentes restringidos que, por intereses particulares

o por motivos ideológicos, usurpan el poder del Estado”. (Centesimus

Annue N° 46).

No calla aquí el Papa. Continua en una precisión de enorme

importancia: “Una autentica democracia es posible so lamente en un Estado

de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana.

Requiere que se den las condiciones necesarias para la promoción de las

personas concretas, mediante la educación y la formación en los ver daderos

ideales, así como la “subjetividad” de la sociedad mediante la creación de

estructuras de participación y de corresponsabilidad” (ídem).

Las referidas estructuras de participación son asociaciones

voluntarias que pueden tener como

fi n específi co crear opinión sobre

las políticas públicas, formularlas para proponerlas, formar ciudadanos

activos, participar en la lucha por el poder (partidos políticos), representar

intereses sectoriales de grupos sociales especí

fi cos, defender y promover

los derechos humanos, etc.

El Pontí

fi ce extrae profundas enseñanzas de los acon tecimientos

de 1989. Por una parte “ofrecen un ejemplo de éxito de la voluntad de

negociación y del espíritu evangélico contra un adversario decidido

a no dejarse condicionar por principios morales” y por la otra “son una

amonestación para cuantos, en nombre del realismo político, quieren eliminar

del ruedo de la política el derecho y la moral” (Centesimus Annus

N° 25).

Esto es, lo que la Iglesia aprecia de la democracia, no es una pura

forma de gobierno, es un sistema de vida.

Doctrinas e ideas políticas

222

La recta concepción de la persona humana comporta re conocer en

el hombre tanto su tendencia hacia el bien como su capacidad de hacer el

mal. De allí que el orden social no debe oponer el interés individual al de la

sociedad sino coordinarlos y no hay un secreto para la organización social

perfecta. La condición cristiana exige la lucha contra las tentaciones y las

fuerzas del mal. Hay una tarea de anima ción evangélica de las realidades

humanas, imprescindible para corregir las desviaciones de la sociedad y

para corroborar el ánimo de luchar por el bien, tarea que corresponde a los

cristianos, de manera especial los seglares, junto con todos los hombres de

buena voluntad (Centesimus Annus N° 25).

Ho