Categoria: Teoría Epistemología

Síntesis Filosófica: La inteligencia creadora. Anotaciones filosóficas

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El tercer y último capítulo lo planteamos como el que verdaderamente podía darle el carácter a esta Síntesis Filosófica, con este fin lo dividimos en dos partes entresacadas de la misma tesis que estamos trabajando. En la primera destacábamos aquellas asignaturas –y disciplinas filosóficas- que nos permitieron reflexionar sobre filósofos y problemas filosóficos que arrojaran conocimientos sobre “el mundo” y en la segunda, lo mismo pero para el tema de Dios. Esta ilustración sólo lo hicimos con doce de los treinta y dos pequeños ensayos que realizamos en este año. Consideramos que la muestra es significativa –aunque no exhaustiva- de la excelente formación que hemos recibido en el ITER-Filosofía-Universidad Pontificia de Roma (Enrique Alí González Ordosgoitti (27.07.2016).-Síntesis Filosófica: La inteligencia creadora. Anotaciones filosóficas, http://ciscuve.org/?p=15064)

Diez breves reflexiones acerca de lo escrito por Descartes en “Consideraciones que atañen a las ciencias”

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Descartes establece aquí una de las ideas centrales de la ciencia moderna y que aún hoy se niega a ser dejada de lado: la existencia de una única verdad como prueba fehaciente de la universalidad del conocimiento (Enrique Alí González Ordosgoitti (22.06.2016).-Diez breves reflexiones acerca de lo escrito por Descartes en “Consideraciones que atañen a las ciencias”, http://ciscuve.org/?p=14885)

¿Cómo saber algo? Problemas epistemológicos de las Ciencias Sociales

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Este artículo intenta dar cuenta del ambiente de cuestionamiento al que han venido siendo sometidos los principales discursos sociales de alcance general, entre finales del siglo XVIII y finales del XX, el cual abrió un cauce para la emergencia de nuevas posturas epistemológicas que habían quedado rezagadas desde hace bastante tiempo y no como limitadamente se creyó, que dichas nuevas posturas eran sólo resultado –fundamentalmente- de la segunda parte del siglo XX. Los puntos que hemos tratado son: la teoría; el final de las certidumbres; lo general y lo particular como dimensiones de la realidad; la mirada desde arriba debe ser ampliada por la diversidad de las macro estructuras, de las sociedades y de las dimensiones; la mirada desde abajo debe privilegiarse; la realidad social se comporta como un fractal; la práctica investigativa; los objetos de estudio transdisciplinarios; los métodos; las fuentes y la formación del Investigador (Enrique Alí González Ordosgoitti (17.06.2016).-¿Cómo saber algo? Problemas epistemológicos de las Ciencias Sociales, http://ciscuve.org/?p=14817)

El Sujeto y las Ideas en la teoría del conocimiento de Hume

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Queremos realizar unas muy breves reflexiones a partir de una lectura de la Introducción y de la Parte Primera del Libro Primero “Del Entendimiento”, perteneciente al “Tratado de la naturaleza humana, tomo I”, de David Hume (Madrid, Ediciones Orbis, 1984). Estas reflexiones pensamos realizarlas a través de dos hilos conductores: destacar el papel que David Hume le asignará a una ciencia de la naturaleza humana y el segundo hilo, será acerca de la complejidad de las ideas. (Enrique Alí González Ordosgoitti (16.06.2016)).-El Sujeto y las Ideas en la teoría del conocimiento de Hume, http://ciscuve.org/?p=14810)

El Sujeto y las Ideas en la teoría del conocimiento de Hume

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17-EAGO-Conferencia-IPC-11-04-2016

Enrique Alí González Ordosgoitti[i]

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Resumen 

Queremos realizar unas muy breves reflexiones a partir de una lectura de la Introducción y de la Parte Primera del Libro Primero “Del Entendimiento”, perteneciente al “Tratado de la naturaleza humana, tomo I”, de David Hume (Madrid, Ediciones Orbis, 1984). Estas reflexiones pensamos realizarlas a través de dos hilos conductores: destacar el papel que David Hume le asignará a una ciencia de la naturaleza humana y el segundo hilo, será acerca de la complejidad de las ideas.

Palabras Clave: David Hume, Ciencia de la naturaleza humana, Complejidad de las ideas.

Índice.

1.-Hilo conductor uno: hacia una ciencia de la naturaleza humana, implicaciones actuales

2.-Hilo conductor dos. Las percepciones de la mente humana: Impresiones e Ideas

3.-La importancia de la imaginación para la construcción de nuevo conocimiento: las ideas simples. Semejanza, contigüidad y causa y efecto

4.-La importancia de la imaginación para la construcción de nuevo conocimiento: las ideas complejas. Relaciones, modos y sustancias

A modo de conclusión.

 

 

Queremos realizar unas muy breves reflexiones a partir de una lectura de la Introducción y de la Parte Primera del Libro Primero “Del Entendimiento”, perteneciente al “Tratado de la naturaleza humana, tomo I”, de David Hume (Madrid, Ediciones Orbis, 1984). Estas reflexiones pensamos realizarlas a través de dos hilos conductores: destacar el papel que David Hume le asignará a una ciencia de la naturaleza humana y el segundo hilo, será acerca de la complejidad de las ideas.

 

1.-Hilo conductor uno: hacia una ciencia de la naturaleza humana, implicaciones actuales

Como es sabido, en cualquier acto de conocer, la relación epistemológica básica se establece entre un sujeto que conoce y un objeto que va a ser conocido. Esta relación básica no se establece de manera natural sino que va a estar mediada por las distintas aperturas y resistencias, tanto del sujeto para conocer como del objeto para ser conocido, especialmente si ese objeto es también humano, pues se da entonces la doble condición de ser sujeto y objeto de conocimiento, lo cual acarrea numerosos problemas epistemológicos que Hume recoge ya, cuando advierte estas características en la filosofía moral, mucho más compleja –desde este punto de vista- que la filosofía natural.

 

Pero antes de explicitar más las consideraciones de Hume sobre el papel del sujeto en el conocimiento de la filosofía moral, creemos de utilidad el que sigamos la presentación de su discurso en la Introducción. Hume comienza por hacerse eco de las permanentes críticas a los viejos sistemas filosóficos por parte de quienes enarbolan uno nuevo, costumbre arraigada en la historia de la filosofía:

“Principios asumidos confiadamente, consecuencias defectuosamente deducidas de esos principios, falta de coherencia en las partes y de evidencia en el todo: esto es lo que encuentra por doquier en los sistemas de los filósofos más eminentes; esto es, también lo que parece haber arrastrado al descrédito a la filosofía misma” (Hume, 1984:77)

 

Vemos aquí presentes cuatro críticas conclusivas que testimonian las dificultades de los sistemas filosóficos tradicionales para producir conocimiento:

-principios asumidos confiadamente,

-consecuencias defectuosamente deducidas de esos principios,

-falta de coherencia en las partes y

-falta de evidencia en el todo.

 

De estas críticas el hará énfasis en deslindarse de aquellas que disminuyen al mínimo la capacidad de la metafísica para dar cuenta del conocimiento de lo real:

“De aquí surge en mi opinión ese común prejuicio contra los razonamientos metafísicos, del tipo que sean, prejuicio que vemos incluso en quienes se tienen por hombres de estudio y que valoran en su justa medida, en cambio, las demás ramas de la literatura. Estos estudiosos no entienden por razonamiento metafísico el realizado en una disciplina particular de las ciencias, sino toda clase de argumentos que sean de algún modo abstrusos, y que exijan alguna atención para ser entendidos” (Hume, 1984: 78)

 

Insistirá en criticar a los críticos de toda metafísica, pues este camino lleva a la negación de obtención de conocimiento, a partir tanto de un escepticismo radical, como de una falta de entusiasmo por el verdadero esfuerzo intelectual que es necesario realizar para conocer en profundidad las cosas:

“Lo cierto es que sólo el escepticismo más radical, unido a una fuerte dosis de pereza, puede justificar esa aversión hacia la metafísica, pues si la verdad fuera en general alcanzable por la capacidad humana, ciertamente debería ser algo muy profundo y abstruso, de modo que esperar alcanzarla sin esfuerzo cuando los más grandes genios han fracasado, a pesar de supremos esfuerzos, es cosa que hay que considerar realmente como vana y presuntuosa”. (Hume, 1984: 79)

 

Por el contrario reivindicará el papel de la metafísica por su contribución –entre otras- a la conformación de la Ciencia del Hombre. Esta Ciencia del Hombre es vista como lo más importante que puede contribuir a realizar un filósofo, incluso aseverará que aún disciplinas tan distintas como:

“(…) las matemáticas, la filosofía natural y la religión natural dependen de algún modo de la ciencia del hombre, pues están bajo la comprensión de los hombres y son juzgadas según las capacidades y facultades de éstos” (Hume, 1984: 79)

 

En su argumentación Hume aseverará que si tal diversidad de disciplinas son deudoras de la Ciencia del Hombre, mucho más deudora serán las disciplinas que estén más vinculadas con la naturaleza humana, como lo son la lógica, la moral, la crítica de artes y letras y la política, estableciendo así un primer criterio para la clasificación de las ciencias según su grado de cercanía con la naturaleza humana:

“Por consiguiente, si ciencias como las matemáticas, la filosofía natural y la religión natural dependen de tal modo del conocimiento que del hombre se tenga, ¿qué no podrá esperarse en las demás ciencias, cuya conexión con la naturaleza humana es más íntima y cercana? El único fin de la lógica es explicar los principios y operaciones de nuestra facultad de razonamiento, así como la naturaleza de nuestras ideas; la moral y la crítica artística tratan de nuestros gustos y sentimientos y la política considera a los hombres en cuanto unidos en sociedad y dependiendo unos de otros. Y en estas cuatro ciencias: lógica, moral, crítica de artes y letras, y política, está comprendido casi todo lo que de algún modo nos interesa conocer, o que pueda tender al progreso o refinamiento de la mente humana” (Hume, 1984: 80)

 

Y será a partir de esta consideración sobre la importancia de la ciencia del hombre, cuando reivindicando el papel central de la religión natural, levantará uno de los principales principios de las ciencias modernas especialmente en las ciencias sociales:

“Y es sobre todo en la religión natural donde cabe esperar progresos, ya que esta disciplina no se contenta con instruirnos sobre la naturaleza de las facultades superiores, sino que lleva mucho más lejos sus concepciones: a la disposición de éstas para con nosotros, y a nuestros deberes para con ellas; de manera que no somos tan sólo seres que razonamos, sino también uno de los objetos sobre los que razonamos” (Hume, 1984: 79-80)

 

De la frase “sino también uno de los objetos sobre los que razonamos”, se desprenden al menos dos grandes formulaciones que queremos destacar, una, la explícitamente señalada por Hume, de la necesidad de crear una Ciencia del Hombre, como el verdadero punto de llegada de todo conocimiento humano y la segunda, el que el ser humano a la vez de ser el sujeto que produce conocimiento es a su vez objeto de ese mismo conocimiento, es decir el hombre es sujeto y objeto de conocimiento, y esta afirmación se ha convertido en la piedra miliar de las disciplinas sociales y humanísticas, lamentablemente rechazada por las distintas variantes del positivismo del XIX y el XX, pero recuperada posteriormente y hasta el día de hoy elemento central para el conocimiento de lo social.

 

Y de la importancia radical de la ciencia del hombre, Hume desprenderá el papel del propio hombre y sus cualidades y limitaciones para poder emprender un proceso de conocimiento –asunto con el que coincidimos, como principio epistemológico- y a su vez formulará principios metodológicos –muy discutibles hoy en día- como la importancia de la experiencia y la observación:

“Y como la ciencia del hombre es la única fundamentación sólida de todas las demás, es claro que la única fundamentación sólida que podemos dar a esa misma ciencia deberá estar en la experiencia y en la observación” (Hume, 1984: 81)

 

 

Llegado a este punto Hume recapitula sus ideas de la siguiente manera: si existe una única naturaleza humana, es lógico que también pueda concebirse una ciencia de la naturaleza humana, que debería ser entendida no sólo como la principal de las ciencias, sino como la ciencia clave para entender las demás ciencias. Dicha ciencia debería estar basada a su vez en la experiencia y en la observación, pero este último punto merecerá algunas consideraciones adicionales. Hume privilegiará el papel de la experiencia y de la observación en la gestación de la verdadera ciencia, a partir de un análisis negativo de la posibilidad de conocer la naturaleza humana encarnada en la mente, es decir, la imposibilidad de conocer la mente humana, conlleva la imposibilidad de conocer también los principios últimos de las cosas, pues ambos están más allá de la experiencia:

“Me parece evidente que, al ser la esencia de la mente tan desconocida para nosotros como la de los cuerpos externos, igualmente debe ser imposible que nos formemos noción alguna de sus capacidades y cualidades sino mediante experimentos cuidadosos y exactos, así como por la observación de los efectos particulares que resulten de sus distintas circunstancias y situaciones…es con todo cierto que no podemos ir más allá de la experiencia; toda hipótesis que pretenda descubrir las últimas cualidades originarias de la naturaleza humana deberá rechazarse desde el principio como presuntuosa y quimérica”. (Hume, 1984: 83)

 

Esta ciencia de la naturaleza humana o filosofía moral, partirá de una base común con la filosofía natural, cual será la observación y la experiencia, pero tendrá un hándicap el cual es la incapacidad de hacer uso de la experimentación:

“La filosofía moral tiene, ciertamente, la desventaja peculiar –que no se encuentra en la filosofía natural- de que al hacer sus experimentos no puede realizar éstos con una finalidad previa, con premeditación, ni de manera que se satisficiera a sí misma con respecto a toda dificultad particular que pudiera surgir…En esta ciencia, por consiguiente, debemos espigar nuestros experimentos a partir de una observación cuidadosa de la vida humana, tomándolos tal como aparecen en el curso normal de la vida diaria y según el trato mutuo de los hombres en sociedad, en sus ocupaciones y placeres”. (Hume, 1984: 85)

 

En este párrafo Hume establece algunas de las características metodológicas básicas de las ciencias sociales:

-observación ciudadosa de la vida humana,

-en el curso normal de la vida diaria

-y según el trato mutuo de los hombres en sociedad, en sus ocupaciones y placeres.

 

Comentemos el primero, la “observación cuidadosa de la vida humana”, se destaca aquí el papel de objeto de estudio de la vida humana, por lo tanto el sujeto que investiga es a su vez el objeto investigado, tal como lo comentábamos en párrafos anteriores, lo que significa que esa vida humana es distinta y variable, que no es válido estudiarla de una vez y para siempre, que la existencia de una naturaleza humana no implica ni de lejos la existencia de una única conducta humana, con lo que se le abre la puerta a la historicidad de esta conducta y coloca de relieve lo histórico de la praxis humana.

 

La segunda recomendación; “en el curso normal de la vida diaria”, nos habla de la importancia de lo cotidiano, colocándose en claro antecedente de algunas innovaciones del pensamiento en los siglos XIX y XX, como lo son por ejemplo la crítica a la línea historiográfica que sólo colocaba de relieve la importancia de los grandes héroes para la confección de la historia (una reliquia de tales teorías todavía la sufrimos en Venezuela con el llamado culto a los próceres del siglo XIX) y acudiendo por el contrario a la importancia de la vida cotidiana. O el rescate que hoy viene realizando la corriente filosófica de la ontología de lo cotidiano, que como efecto no deseado, es posible rastrear en la defensa que Hume realiza acerca de la importancia de la “vida diaria”.

 

En la tercera recomendación observamos un intento por incluir todas las actividades de los seres humanos, “en sus ocupaciones y placeres” nos remite a la importancia tanto de lo económico como del ocio, lo cultural y el trabajo creador de bienes materiales y “según el trato mutuo de los hombres”, nos habla de las relaciones sociales como una situación invisible que hay que observar, pues sin analizarla no es posible entender el flujo de lo social. Recomendaciones todas, surgidas desde la creación de una Ciencia de la Naturaleza Humana, que siguen mostrando su vigencia en la actualidad.

 

2.-Hilo conductor dos. Las percepciones de la mente humana: Impresiones e Ideas

Aunque Hume estableció de entrada la imposibilidad de conocer los principios últimos de la mente y de las cosas, no eludió sin embargo el tratar de explicar como funciona la mente y el papel que juega la misma en el proceso de conocimiento a través de las percepciones. Hume comienza a crear un complejo sistema de explicación de cómo la mente conoce, partiendo de las percepciones, las cuales reduce a dos; las impresiones y las ideas:

“Todas las percepciones de la mente humana se reducen a dos clases distintas, que denominaré IMPRESIONES e IDEAS…A las percepciones que entran con mayor fuerza y violencia las podemos denominar impresiones; e incluso bajo este nombre todas nuestras sensaciones, pasiones y emociones tal como hacen su primera aparición en el alma. Por ideas entiendo las imágenes débiles de las impresiones, cuando pensamos y razonamos…” (Hume, 1984: 87)

 

Estas percepciones se dividen en simples y complejas, por lo que puede hablarse de impresiones simples y complejas, e ideas simples y complejas, la diferencia entre percepciones simples y complejas es la siguiente:

“Las percepciones simples (impresiones o ideas) son tales que no admiten distinción ni separación. Las complejas son lo contrario que éstas, y pueden dividirse en partes” (Hume, 1984: 88)

 

La aparente simplicidad del sistema de Hume, comienza a complicarse cuando se empiezan a establecer la relación entre impresiones e ideas. En primer momento, cuando se refiere a las percepciones simples, luce adecuado afirmar que la impresión conduce a la idea:

“La primera circunstancia que salta a mi vista es la gran semejanza entre nuestras impresiones e ideas en todo respecto, con excepción de su grado de fuerza y vivacidad. Las unas parecen ser de algún modo reflejo de las otras, de modo que toda percepción de la mente es doble, y aparece a la vez como impresión e idea…todas nuestras ideas simples, en su primera aparición, se derivan de impresiones simples a las que corresponden y representan exactamente”. (Hume, 1984: 88-89 y 91)

 

Pero en lo atinente a las percepciones complejas tal linealidad deja de existir:

“Ahora advierto que muchas de nuestras ideas complejas no tuvieron nunca impresiones complejas que les correspondieran, así como que muchas de nuestras impresiones complejas no están nunca exactamente copiadas por ideas…Advierto pues que aunque por lo general existe gran semejanza entre nuestras impresiones e ideas complejas, con todo no es universalmente verdadera la regla de que éstas son copias exactas de aquéllas”. (Hume, 1984: 89)

 

Aclarada esa relación entre impresión simple que origina una idea simple e impresión compleja que no está en relación primaria de origen con una idea compleja, Hume continúa abundando sobre las impresiones, dividiéndolas en impresiones de sensación e impresiones de reflexión:

“Las impresiones pueden ser de dos clases: de SENSACIÓN y de REFLEXIÓN. La primera clase surge originariamente en el alma a partir de causas desconocidas. La segunda se deriva en gran medida de nuestras ideas, y esto en el orden siguiente: una impresión se manifiesta en primer lugar en los sentidos, y hace que percibamos calor o frío, placer o dolor de uno u otro tipo…Esta idea de placer o dolor, cuando incide a su vez en el alma, produce las nuevas impresiones de deseo y aversión, esperanza y temor, que pueden llamarse propiamente impresiones de reflexión, puesto que de ella se derivan…De modo que las impresiones de reflexión son previas solamente a sus ideas correspondientes, pero posteriores a las de sensación y derivadas de ellas”. (Hume, 1984: 95)

 

Luego Hume establecerá una importante relación entre las impresiones y las ideas para la creación de la memoria y de la imaginación, asunto que nos interesa sobremanera para poder comprender lo que modernamente se llama la acumulación histórica y la creatividad, entre algunos temas posibles. Las impresiones de sensación y de reflexión que han impactado en la mente, tienden a seguir presente como ideas, en la forma de memoria o en la forma de imaginación:

“Hallamos por experiencia que cuando una impresión ha estado presente a la mente aparece de nuevo en ella como idea. Esto puede hacerlo de dos maneras: o cuando retiene en su reaparición un grado notable de su vivacidad primera, y entonces es de algún modo intermedia entre una impresión y una idea, o cuando pierde por completo esa vivacidad y es enteramente una idea. La facultad por la que repetimos nuestras impresiones del primer modo es llamada MEMORIA; la otra, IMAGINACIÓN. Ya a primera vista es evidente que las ideas de la memoria son mucho más vívidas y fuertes que las de la imaginación, y que la primera facultad colorea sus objetos con mayor precisión que la segunda”. (Hume, 1984: 96)

 

Estas dos facultades de la mente; la memoria y la imaginación serán ampliamente descritas por Hume, señalando como una de sus principales diferencias el apego de la Memoria a recordar las ideas en el orden y posición en que aparecieron, al contrario de la Imaginación que las reproduce no obedeciendo al orden original sino a la analogía entre las ideas:

“(…) la imaginación no se (ve) obligada a guardar el mismo orden y forma de las impresiones originales, mientras que la memoria está de algún modo determinada en este respecto, sin capacidad alguna de variación. Es evidente que la memoria preserva la forma original en que se presentaron sus objetos y que, siempre que nos apartamos de ella al recordar algo, es debido a algún fallo o imperfección de dicha facultad (mientras que por el contrario, la imaginación tiene) la libertad… para trastocar y alterar el orden de sus ideas” (Hume, 1984: 97)

 

3.-La importancia de la imaginación para la construcción de nuevo conocimiento: las ideas simples. Semejanza, contigüidad y causa y efecto

En el sistema de conocimiento de Hume la memoria cumple la función de tratar de reproducir lo más fielmente posible lo ocurrido en el mundo de lo real, mientras que la imaginación es la facultad que utiliza la mente primordialmente para crear nuevo conocimiento, debido a que la imaginación no sigue el orden lineal de lo sucedido. Pero esto no quiere decir que no exista ningún orden y que este sea enteramente azaroso, por el contrario las asociaciones en la imaginación se producen obedeciendo a una “fuerza suave” que se manifiesta a través de tres tipos de conexiones: semejanza, contigüidad en tiempo o lugar y causa y efecto:

“Este principio unificador de las ideas no debe ser considerado como una conexión inseparable, pues esto ha sido ya excluido de la imaginación; tampoco podemos concluir que sin ésta no podría unir la mente dos ideas, porque nada hay más libre que esa facultad; tenemos que mirarlo más bien como una fuerza suave, que normalmente prevalece y es causa, entre otras cosas, de que convengan tanto los lenguajes entre sí; la naturaleza ha indicado de algún modo a todo el mundo las ideas simples que son más aptas para unirse en una idea compleja. Las cualidades de las que surge tal asociación y por las que es llevada la mente de este modo de una idea a otra, son tres: SEMEJANZA, CONTIGÜIDAD en tiempo o lugar, y CAUSA y EFECTO”.

(Hume, 1984: 98-99)

 

Hume nos describe primero las ideas de semejanza y de contigüidad en tiempo o lugar:

“Es claro que en el curso de nuestro pensamiento y en la sucesión continua de nuestras ideas pasa nuestra imaginación fácilmente de una idea a otra semejante, y que esta cualidad es por sí sola un vínculo suficiente de asociación para la fantasía. Es igualmente evidente que como los sentidos, al cambiar de objeto, están obligados a hacerlo de un modo regular, tomando a los objetos tal como se hallan contiguos unos con otros, la imaginación debe adquirir, gracias a una larga costumbre, el mismo método de pensamiento, recorriendo las distintas partes del espacio y el tiempo al concebir sus objetos”. (Hume, 1984: 99)

 

Luego abunda sobre las relaciones de causa y efecto:

“La relación de causalidad es la más extensa de las tres relaciones antes citada. Puede juzgarse que dos objetos están situados en esta relación, lo mismo cuando uno es causa de alguna de las acciones o movimientos del otro, que cuando el primero es causa de la existencia del último”. (Hume, 1984: 100)

 

Insistirá en llamar la atención sobre la relación de causa-efecto más profunda, que es la de ser causa total de la existencia del otro, la cual vincula con las relaciones de deber e interés entre los hombres, semejante a la idea que tiene la filosofía política actual sobre el concepto de obligación política:

“(…) cabe observar que éste es el origen de todas las relaciones de interés y deber por las que se influyen mutuamente los hombres en sociedad y están sometidos a los vínculos de la función de gobierno y la subordinación…Cuando una persona posee algún poder no se requiere para convertirlo en acción sino la fuerza de su voluntad, lo que se considera siempre como algo posible, y en muchos casos como probable, especialmente en el caso de la autoridad, en donde la obediencia del súbdito constituye un placer y una ventaja para el superior”. (Hume, 1984: 100-101)

 

4.-La importancia de la imaginación para la construcción de nuevo conocimiento: las ideas complejas. Relaciones, modos y sustancias

Continuando con el desarrollo de su sistema sobre las ideas, Hume nos hablará sobre las ideas complejas, producto de un mayor grado de asociación, las cuales clasifica en relaciones, modos y sustancias:

“Entre los efectos de esta unión o asociación de ideas, no existe ninguno tan notable como las ideas complejas, que son normalmente el objeto de nuestros pensamientos y razonamientos, y que surgen por lo general de un principio de unión entre nuestras ideas simples. Estas ideas complejas pueden dividirse en relaciones, modos y sustancias”.

(Hume, 1984: 101)

 

Las ideas complejas de relación Hume las define de la siguiente manera:

“La palabra RELACIÓN se utiliza normalmente en dos sentidos bastante diferentes: nombra por una parte la cualidad por la que se unen dos ideas en la imaginación, llevando naturalmente la una a la otra…, y por otra la circunstancia particular en que, incluso en la unión arbitraria de dos ideas en la fantasía, podemos pensar que es conveniente compararlas”. (Hume, 1084: 102)

 

Habrán siete grupos generales de ideas de relación:

1.-relación de semejanza,

1.-relación de identidad,

1.-relación de espacio y tiempo,

1.-relación de cantidad o número,

1.-relación de grados de una misma cualidad,

1.-relación de contrariedad y

1.-relación de causa y efecto.

 

En cuanto a las ideas de modo y sustancia, Hume comienza por negarles entidad real pues ninguna puede ser obtenida por los sentidos o por la experiencia, pero les asigna importancia como idea compleja, no sólo por un uso ya autorizado por la tradición, sino por que dichas ideas pueden ser definidas como colecciones de ideas simples que si existen en la realidad:

“La idea de sustancia, como la de modo, no es sino una colección de ideas simples unidas por la imaginación y que poseen un nombre particular asignado a ellas, mediante el cual somos capaces de recordar –a nosotros o a otros- esa colección”. (Hume, 1984: 105)

 

A modo de conclusión.

Este trabajo, pensado para la Cátedra de Filosofía Moderna, pretendía colocar de relieve los principales elementos del sistema creado por Hume para proponer la Ciencia de la Naturaleza Humana, una especie de Filosofía Moral que diera cuenta de lo fundamental de la naturaleza humana. A la par que propuso un conjunto de consideraciones epistemológicas y metodológicas, igualmente desarrolló un complejo sistema a partir de las dos formas de percepción de la mente: la impresión y las ideas; de la importancia y diferencia de la memoria y la imaginación para el conocimiento y de los tres tipos de ideas: simples, complejas y generales. Esperamos haber logrado el objetivo planteado.

 

 

[i] .-Enrique Alí González Ordosgoitti.

Doctor en Ciencias Sociales, Sociólogo, Folklorólogo, Filósofo, Teólogo, Locutor, Profesor Titular de la UCV, de la Facultad de Teología de la UCAB y del Instituto de Teología para Religiosos-ITER.

-Co-Creador y Coordinador General -desde 1991- de la ONG Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela-CISCUVE.

-Co-Creador y Coordinador -desde 1998- del Sistema de Líneas de Investigación Universitaria (SiLIU) sobre Sociología, Cultura, Historia, Etnia, Religión y Territorio en América Latina La Grande.

-Co-Creador y Coordinador -desde 2011- de la Página Web de CISCUVE: www.ciscuve.org

-Para contactarnos: ciscuve@gmail.com@ciscuveciscuve-Facebook; @enagor;  enagor2@gmail.com; Skype: enrique.gonzalez35

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[ii] .-Itinerario de este Artículo

1.-Trabajo presentado en la Asignatura “Filosofía Moderna”, dictada por el Profesor Rafael García (qepd), en el Baccaleurato Filosófico de la Universidad Pontificia de Roma (UPS), cursado en el Instituto de Teología para Religiosos (ITER), Sección de Filosofía, Escuela de Teología, Facultad de Teología, Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), febrero de 2002.

2.-Publicado en www.ciscuve.org, el 16 de junio de 2016: http://ciscuve.org/?p=

 

 

 

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