Categoria: Luciani Rafael

Hombres de Espíritu. Elementos de una espiritualidad cristiana asuntiva.

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Prof. Dr. Rafael Luciani[1]

 

 «Tu autem eras intimior intimo meo

 

et superior summo meo»

 

Confesiones, l. 3, 6, 11.

 

 

          Una de las nociones más complejas al hablar de la experiencia creyente, es la de espiritualidad, debido a su aparente carácter inmaterial y sobrenatural con el que se suele usar y abusar de su significado propio. Más aún si nos preguntamos por aquello específico que la informa y enmarca dentro de un carácter propiamente cristiano. De allí que sea importante que ahondemos primero en lo que hace posible y sustentable lo que llamamos espiritualidad, para luego poder pronunciarnos acerca de su forma específica y sobre algunos rasgos fundamentales que componen su talante y praxis cristianas.

 

Dificultades de un pathos espiritual arreligioso ambiental

Entre las interrogantes que han inquietado al ingenio espiritual del sujeto humano a lo largo de todos los tiempos podemos recordar cuestiones tales como la presencia y el modo de acción de Dios en la historia, así como la búsqueda de formas por medio de las cuales sea posible un encuentro real con Él. Dichas interrogantes son casi siempre dramáticas porque se realizan sobre el clamor de muchos sujetos que gritan, cansados, ante la necesidad existencial de encontrar horizonte y posibilidad de un futuro más humano en medio de algunos acontecimientos vividos que entraman y afectan a sus historias, tanto en un sentido personal como colectivo.

 

El actual estado de la experiencia humana, y religiosa en general, parece haber olvidado la condición de Misterio que le es propia a la realidad y afecta el modo cómo Dios se hace presente y actúa en la historia. Se ha venido adoptando un pathos espiritual arreligioso —carente de cualquier religación real— y, por lo tanto, contradictorio en sí mismo, al ser capaz de combinar un talante esotérico intimista con otro entusiasta fenoménico. De este modo, son muchos los que viven en la firme convicción de que hay manifestaciones directas y privadas de una presencia y voluntad sobrenatural que, a la vez, se llega a identificar con el Dios revelado o, en sentido más amplio, con algún tipo de fuerza o energía espiritual superior al sujeto creado, capaz de intermediar un mensaje o revelación de Dios mismo. Hemos llegado, incluso, a construir y a creer en determinadas representaciones e imágenes de Dios que lo entienden como una entidad capaz de intervenir, de cualquier modo y sin límites, en la realidad creada, pudiendo llegar a perturbar muchas historias personales y colectivas de vida, en una forma directa y voluntaria.

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 «Tu autem eras intimior intimo meo

 

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          Una de las nociones más complejas al hablar de la experiencia creyente, es la de espiritualidad, debido a su aparente carácter inmaterial y sobrenatural con el que se suele usar y abusar de su significado propio. Más aún si nos preguntamos por aquello específico que la informa y enmarca dentro de un carácter propiamente cristiano. De allí que sea importante que ahondemos primero en lo que hace posible y sustentable lo que llamamos espiritualidad, para luego poder pronunciarnos acerca de su forma específica y sobre algunos rasgos fundamentales que componen su talante y praxis cristianas.

 

Dificultades de un pathos espiritual arreligioso ambiental

Entre las interrogantes que han inquietado al ingenio espiritual del sujeto humano a lo largo de todos los tiempos podemos recordar cuestiones tales como la presencia y el modo de acción de Dios en la historia, así como la búsqueda de formas por medio de las cuales sea posible un encuentro real con Él. Dichas interrogantes son casi siempre dramáticas porque se realizan sobre el clamor de muchos sujetos que gritan, cansados, ante la necesidad existencial de encontrar horizonte y posibilidad de un futuro más humano en medio de algunos acontecimientos vividos que entraman y afectan a sus historias, tanto en un sentido personal como colectivo.

 

El actual estado de la experiencia humana, y religiosa en general, parece haber olvidado la condición de Misterio que le es propia a la realidad y afecta el modo cómo Dios se hace presente y actúa en la historia. Se ha venido adoptando un pathos espiritual arreligioso —carente de cualquier religación real— y, por lo tanto, contradictorio en sí mismo, al ser capaz de combinar un talante esotérico intimista con otro entusiasta fenoménico. De este modo, son muchos los que viven en la firme convicción de que hay manifestaciones directas y privadas de una presencia y voluntad sobrenatural que, a la vez, se llega a identificar con el Dios revelado o, en sentido más amplio, con algún tipo de fuerza o energía espiritual superior al sujeto creado, capaz de intermediar un mensaje o revelación de Dios mismo. Hemos llegado, incluso, a construir y a creer en determinadas representaciones e imágenes de Dios que lo entienden como una entidad capaz de intervenir, de cualquier modo y sin límites, en la realidad creada, pudiendo llegar a perturbar muchas historias personales y colectivas de vida, en una forma directa y voluntaria.

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