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Cultura, globalización y construcción negativa de las identidades a partir de los aportes de Enrique Alí González Ordosgoitti (Caso Indígena)

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Salvador Cazzato Dávila[i]

Itinerario de este Artículo[ii]

 

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 Nota: Todas las fotos que ilustran este Artículo son de los Indígenas Waraos de Delta Amacuro, Venezuela y fueron tomadas por el Fotógrafo Álvaro García-Castro

Resumen

En el presente artículo pretendo desglosar parte de los aportes específicos que Enrique Alí González Ordosgoitti ha generado a los estudios culturales en Venezuela, ya que la imposición cultural de la lógica occidental globalizadora ha deteriorado el entramado de relaciones entre los pueblos indígenas y la actual sociedad criolla, el examen de los procesos interculturales de ambos sectores opera gracias a los campos culturales utilizados como herramientas de análisis frente al contexto etnocentrista occidental. La reciente hibridación de los sectores sociales interpenetrados por comunidades residenciales y grupos biculturales y binacionales, obliga a considerar el enfoque analítico de este fenómeno ante las repercusiones de una complejidad diversa y globalizante, basada en la convicción del desarrollo como propósito auténtico del futuro. Desde luego, esta realidad acentúa cada vez más el divorcio entre las comunidades, por lo que no deja de ser esencial la negativa construcción identitaria del indígena y otras minorías frente al sujeto occidental. Obra de su interpretación, González Ordosgoitti determina la cohesión histórica que ha privado al momento de re-pensar y reflexionar sobre los tropiezos epistemológicos de los procesos socioculturales acá tratados.

Palabras clave: Identidad, construcción negativa y globalización.

 

Recibido: 04-02-20O1. Aceptado: 18-07-2001

 

Culture, Globalization and Negative Construction of Identities Based ori Contributions from

Enrique Alí González Ordosgoitti (Indigenous Case)

Abstract

In this article 1 hope to de-annotate part of the specific contributions that Enrique González has

generated in reference to cultural studies in Venezuela, since the cultural imposition of occidental globalization logic has deteriorated the latticework of relationships between indigenous peoples and current creole societies. The study of inter-cultural processes in both sectors operates due to the cultural fields used as tools of analysis used to confront the occidental ethnic-centered context. The recent hybridization of the social sectors interpenetrated by residential communities and bi-cultural and bi-national groups, forces us to consider the analytic focus of this phenomenon in the face of repercussions of a diverse and global complexity, based on the conviction of development as the authentic purpose of the future. Certainly, this reality accentuates more and more the divorce among communities, and for this reason it is no less essential native negative identity construction in native tribes and other minorities when confronted with western peoples. As an object of his interpretation, González determines the historical cohesion that has prevailed when reflecting on and rethinking the epistemological obstacles of the socio-cultural processes treated herein.

Key words: Identity, negative construction and globalization.

 

 

 

 

 

A modo de Introducción

En torno a la problemática indígena, se han entretejido una serie de teorías, prácticas, vicios e interpretaciones que intentan explicitar el uso común de vocablos, expresiones y dictámenes lapidarios en cuanto al tratamiento peyorativo del cual son objeto diariamente por la

sociedad en general.

 

Cuando se habla de estas colectividades suelen formarse opiniones a la ligera, en tanto se

trata de involucrar el tema de la igualdad social, los derechos humanos y su nivel de

participación en nuestra sociedad envolvente.

 

Las condiciones de existencia que rodean a cada comunidad indígena no permiten

elaborar una receta única en relación con un verdadero modelo cultural, que persiga impulsar

una interculturalidad cabal entre los sectores involucrados. La vulnerabilidad que siempre se

yuxtapone al tocar el tema de las minorías étnicas, incide, sin variación alguna, en los grupos

denominados ‘originarios’. Mientras que el proceso de expansión de las transnacionales ha

adquirido dimensiones extraordinarias cada día (Mato, 1994: 251) en perjuicio de acuerdos

posibles entre la sociedad general y dichos originarios.

 

La construcción de identidades en América Latina conlleva dejar por sentado aseveraciones uniformes que aluden a la valoración del hombre aborigen (Rivara, 1996:373). Pues, para nadie es un secreto el maltrato histórico, las violaciones diversas, los vejámenes y el despojo constante al que han sido sometidos estos pueblos de una riqueza soslayada por “la civilización”.

 

De ahí que “Tal afinación nos muestra que no existe una verdadera participación intercultural en las relaciones intersubjetivas entre estos dos sistemas culturales” (Cazzato, 1999:81), acompañada siempre de un proceso de etnocentrismo, aculturación y alienación en cuanto a la comprensión antropológica de los procesos orgánicos de la desigualdad societal.

 

El fenómeno cultural del etnocentrismo no se deslastra con sólo saber que existe una desigualdad social, se afianza en la medida que lo interpretarnos erróneamente mediante una

visión unívoca o un modelo con deficientes connotaciones sincréticas que nos impide captar esa

realidad en su totalidad.

 

Independientemente de las variables complejas que intervienen en la interacción concreta

hombre occidental-sujeto indígena, el proceso de tensión entre una cultura y otra, era de esperarse tanto del punto de vista cultural como de la visión geoeconómica predominante.

 

Aportes de Enrique Ali González Ordosgoitti a la construcción de identidades (nuestro caso indígena)

Para dar sentido y fuerza epistemológica a la comprensión antropológica acotada arriba, resulta imprescindible señalar los aportes proporcionados por la obra del sociólogo Enrique Alí González Ordosgoitti. Este estudioso de la cultura venezolana no se ata a ninguna disciplina en especial, por el contrario, ha tomado herramientas teórica-metodológicas de otras corrientes afines.

 

Su propuesta imbrica el hecho de re/considerar todo lo referido a lo cultural, de manera que González Ordosgoitti define Cultura como “las diferentes maneras como los hombres se representan a sí mismos ya la comunidad, las condiciones objetivas y subjetivas de su existencia en un momento histórico determinado” (1991:128).

 

El autor demarca en su obra Diez Ensayos de Cultura Venezolana, una retrospectiva conceptual del término, donde toma el famoso axioma que reza todo lo que el hombre hace es cultura, para luego añadir que todas las culturas son funcionales (Idem).

 

Puede decirse que las directrices y líneas de acción del autor responden a miradas y enfoques sincréticos a través de sus artículos y libros básicos. Por ende, él cuestiona con fuerza aseveraciones como: “El pueblo no tiene cultura,. . .y la poca que tiene es simple y repetitiva…”

(Ibídem: 115), dado que expresiones de este tipo obedecen a parámetros elitistas o clasistas de los grupos que han ejercido un predominio mal entendido del ‘escenario cultural’.

 

Se piensa que las identidades culturales guardan correspondencia directa con los planes puestos en marcha por el Estado, no siendo del todo cierto, tal como lo desglosa González; para ello sustenta que las distintas condiciones de existencia de cada pueblo pre-determina y propicia

mayores variaciones y complejidades implícitas amén del propósito de conocer nuestra identidad.

 

Es lógico suponer que dichas condiciones afectan, perturban o fortalecen los rasgos constitutivos de una identidad tildada de ‘nacional’, de allí que los significados identitarios son motivo de inquietud para este autor, puesto que el papel de las industrias culturales, de acuerdo a

González en correspondencia con García Canclini (Cfr. 199 1:42) es una piedra angular para abordar esta temática que tanto viene preocupando a los culturólogos contemporáneos.

 

En razón de dichas condiciones de existencia, no puede menos que ocupar un lugar fundamental el carácter de lo cultural en el presente análisis. Debido que “Al asumir la cultura como un hecho social, histórico y por lo tanto comprensible sólo a la luz de sus relaciones con el contexto en el cual se produce,… por lo tanto suponer que todo agregado conceptual al campo de lo cultural tendrá que obtener su validez de la sociedad donde se crea, dicho de otro modo, su explicación deberá tener como eje los referentes históricos de determinada sociedad” (González, 1992:22).

 

Con ello el autor critica la visión unilateral sobre la cual se han articulado un sin fin de discursos que sólo yuxtaponen o aluden signos u objetos parciales de la realidad social, de modo que la agresión simbólico-concreta transnacional, tema de eterno debate para nosotros, no sólo debe ser vista como la imposición de modelos extranjeros que repercuten, transgreden o trastocan los ‘sentidos tradicionales o criollos de la nación’. Sino más bien entendidos como sistemas integrados, producto de todo un engranaje ideológico de las industrias socio-culturales foráneas.

 

En vista de que cada sociedad es única, los referentes históricos de un hecho social se traducen en la contextualidad que el autor considere básica para analizar lo cultural, y por tanto, en atención de esta premisa, González asegura que “Es impensable un modelo de desarrollo

planteado sólo en términos económicos y políticos” (1991:74) como frecuentemente muchos

cientistas sociales han venido elaborando su discurso.

 

De manera que me permito afirmar que la cultura no es reducible a un simple estudio mercadotécnico a fin de colocar un objeto de consumo en alguna área o nación X, pues, la misma implica una serie de relaciones y connotaciones sincréticas, fusionadas gracias a los

referentes empíricos de cada ser humano que la compone para darle vida propia. En este sentido, suelen formarse conceptos que dejan de lado las múltiples diferencias regionales, locales o parroquiales que no pueden ser omitidas; y por ende, responden a una forma unívoca de pensamiento cultural. Es allí donde se hallan muchos de los vicios epistemológicos que aquejan las ciencias humanas contemporáneas.

 

Al respecto Víctor Martín destaca:

“El ritmo histórico de una nación necesita ser precisado en su dinamismo por una consideración que recoja simultáneamente lo común para el conjunto de las regiones del país, o al menos para la mayoría de ellas, y lo propio, que puede ser un movimiento más lento, en armonía o contradicción con el acontecer del centro” (1995:94).

 

Los estudios realizados en Historia Regional arrojan luz sobre la diversidad implícita de las identidades en proceso de construcción, quiero decir con esto, que la venezolaneidad ‘centralista’ mencionada por Briceño Iragorry y otros autores, no pierde vigencia histórica ni se desvirtúa ante los trabajos de esta corriente historiográfica reciente.

 

Por su parte, nótese que el apego de Enrique Alí González Ordosgoitti hacia algunas variables del materialismo histórico dificulta un planteamiento unilineal del mismo, y menos aún intenta

desconocer las variantes regionales y/o locales, razón por la cual el empleo de términos como

“bloque social popular”, “lucha cultural” entre otros, no le brindaban la flexibilidad teórica

suficiente para abordar las áreas denotativas de cultura residencial, cultura popular o cultura

indígena como él mismo apunta.

 

La pluralidad multiétnica registra en Venezuela casos de enorme importancia, puesto que discernir acerca de estas distinciones conlleva atender los llamados Campos Culturales, categoría por demás básica para los análisis empleados por este sociólogo. Dado que “hablar de

otras prácticas culturales es admitir la pluralidad frente a la hegemonía y al imperio industrial”

(Bolognesi, 1999: 76). González Ordosgoitti reafirma el carácter pluricultural de nuestra nación. Oswaldo Capriles citado por Enrique González, define los campos culturales como:

“…ámbitos sociales de circulación cultural, históricamente determinados en su aparición y desarrollo respectivos…, difundidos por tanto en función de sujetos sociales, de hegemonía (1992:23); estos campos también constituyen “superposiciones-yuxtaposiciones de signos, objetos y comportamientos…los campos culturales tienden a acoger preferencialmente determinadas significaciones en un determinado modelo… siendo un modelo cultural que se asienta en un modelo ideológico (Idem).

 

A juicio de Enrique Alí González, la reflexión acerca de las probabilidades epistemológicas de reformular el proyecto nacional a partir de dicha categoría, conduce a repensar y re/codificar la conocida ‘crisis cultural’ mediante los campos culturales como una de las herramientas teórico/analíticas en función de ‘enfocar con propiedad’ las significaciones y relaciones hasta

ahora omitidas.

 

De esta manera, él replantea la reformulación de lo indígena, cuestionando la lógica etnocentrista basada en la absurda idea de cómo los indios fueron arrasados por los españoles, con la cual busca reivindicar ciertas ‘creaciones o bienes culturales’ no reconocidos u olvidados a raíz de la imposición cultural occidental de entonces, entre las que cabe mencionar; la toponimia y el gentilicio vial heredado por algunas ciudades y poblados de Venezuela (Nueva Segovia de Barquisimeto), pues, ciertas vías de comunicación fueron tomadas del conocimiento geográfico que ‘los naturales poseían de las áreas y zonas hace quinientos años’ (Cfr. Vargas y Sanoja, 1993:79).

 

Por otra parte, no cabe duda que la presencia afroamericana y el incremento de los movimientos migratorios a partir de los años ‘40 en Venezuela, incidió en la formación colectiva de comunidades denominadas como Binacionales o Biculturales (González, 1993:38).

A partir de éstas, se han desglosado breves aspectos acerca de ciertas tradiciones, ideas y

costumbres traídas por los inmigrantes a Venezuela, así mismo podemos notar el establecimiento de Asociaciones formadas por catalanes, vascos, portugueses, italianos, etc. Es el apego al recuerdo, a sus festividades y otros elementos de diferente índole, los que juegan un rol fundamental en la composición de la diversidad cultural nacional y regional, y a su vez, nos proporciona mayores posibilidades de comprender la otredad inherente en dichas comunidades Biculturales-Binacionales (Ibídem:45).

 

Luego, González Ordosgoitti enfatiza que “La identidad de América Latina…ha de ser de carácter

Histórico-cultural” (1991:70), ya que las distinciones regionales permiten desentrañar aspectos

subyacentes que deben ser re/contextualizados y re-legitimados desde sus raíces esencialmente

históricas. El hecho de abordar comunidades con estas características, lleva a pensar sobre la

profundidad de los rasgos específicos de las culturas residentes en nuestro país, cuyas formas de compartir junto a nuestras costumbres, imaginarios y normas, han provocado un sentido de

convivencia que consagra la viabilidad académica de los estudios culturales en Venezuela.

En fin, estas pautas y elementos conducen al científico a utilizar términos conceptuales y mecanismos prácticos con sentido propio, con el propósito de entablar una actitud que busca

aproximarse a las múltiples construcciones sociales que cotidiana-mente se reflejan en la

pluralidad cultural venezolana.

 

Para no dejar dudas al respecto, conviene recordar los estrechos vínculos que el autor

percibe entre los campos culturales académicos, industriales masivos y residenciales (1999:30),

que permiten recoger y constatar un continuum analítico acerca de las diversas consideraciones

epistemológicas que González Ordosgoitti ha desarrollado como herramienta teórica en los dos últimos lustros.

 

En cuanto a su discurso académico, en ocasiones, se torna esencialmente “latinoamericano” al precisar modalidades categoriales que persiguen develar el universo simbólico predominante en muchos sectores sociales afines dentro del continente americano, incorporándole formas y afirmaciones poco sopesadas por los historiadores venezolanos.

 

Es interesante destacar que a partir de premisas lapidarias como “El pasado no existe”,

“Bolívar no es el padre de la patria, sino de la República y nuestro héroe cultural”, “no existió

guerra de Independencia: sino de secesión”, “Lo ético y lo étnico: cualidades distintas del ser

social”, entre otras (González, 1999:15), él le atribuye al discurso historiográfico representaciones sociales con vicios interpretativos cargados de valores ajenos que han tergiversado la esencia identitaria del ‘ser venezolano’. De tal manera que su “agenda cultural” propicia cambios sustanciales en ‘las maneras’ de concebir y re-visar las construcciones identitarias histórico-culturales que hoy configuran a Venezuela. Puesto que “Los hombres van creando su propio universo de significados…” (González, 1991:90)*.

 

Esa conjunción de significados se expresa a través de códigos simbólicos que componen, operan y dinamizan las distintas representaciones que tanto la mujer como el hombre se hacen de sí mismo y de los demás. De todo ello proviene la no utilización del término área cultural como fundamento identitario en cuanto al estudio de la venezolaneidad como proceso de construcción.

 

Lo cierto es que, su eje de análisis identitario entraña una pretensión epistemológica que

despliega sentidos propios en cuanto a la fusión de las representaciones y los campos culturales con el objeto de develar pautas, propuestas y presupuestos útiles que recobren la convivencia

intercultural entre ambas culturas: occidentales e indígenas.

 

Frente a estas premisas interculturales, bien puede decirse que “El paradigma científico occidental está derivado de una lógica racional y unilineal fundamentada en una serie de

objetivos logocentristas…” (Cazzato, 1999:85). Idea esta que pre-establece la no convivencia entre ambas visiones del mundo.

 

Es preciso reflexionar acerca de los aportes ancestrales que provienen de la Etnoinvestigación, tal como lo resaltan Filadelfo Morales y Esteban Mosonyi en sus ensayos y textos recientes (Cf. Morales, 1995:79). No tiene por tanto nada de sorprendente que el desarrollo de la etnociencia se constituya en un arma para combatir ese obnubilante logocentrismo del hombre occidental.

 

Es loable discurrir sobre las re/apropiaciones de pautas y categorías, que como fruto de

una cadena reflexiva por parte de González Ordosgoitti, nos indican ‘quiebres’ discursivos y elementos prácticos enmarcados en un corpus de presupuestos teóricos-metodológicos que pretende interpretar las ‘múltiples significaciones’ que posibilitan formas interculturales capaces de solventar las diferencias fundadas entre la sociedad envolvente y los pueblos indígenas.

Deseo apenas asomar que las raíces de dichas diferencias es una labor colectiva y cotidiana, cuyos frutos etnocéntricos se conservan a partir de las relaciones de exclusión inscritas en las denominadas identidades negativas (Montero, 1994: 47).

 

Lo negativo en las construcciones sociales “Ustedes y Nosotros” es una conducta social que discurre y se mueve entre las relaciones de inclusión y exclusión. Al hablar de exclusión, sin duda, nos remitimos al carácter de la globalización como “…una totalidad cerrada que deja una

diversidad de mundos en la intemperie, es una exclusión, una totalidad imperfecta” (Motta,

1999: 55). La planetarización de lo global es una percepción incompleta de lo real, puesto que

pretende enmarcar a los grupos humanos dentro de ámbitos articulados en torno a la idea de

superioridad occidental como un hecho irrefutable.

 

Globalizar es planetarizar, entendida como una percepción mecánica de lo real que no permite la admisión de OTROS conceptos o praxis que desconozcan la lógica occidental, de allí que este razonamiento alude sin reservas a una totalidad cerrada. Ahora bien, las connotaciones temporales y espaciales de la “mayoría occidental” no guardan correspondencia con las características o valores de otras culturas orientales, subsaharianas, etc., ya que nuestra concepción lógica es un autoconcepto social basado en parámetros meramente comparativos (Cfr. Montero cita a Turner, 1994:49).

 

Es preciso re-pensar los presupuestos que se entretejen entre Ustedes y Nosotros, es incluso

vital reanudar la complejidad social (Motta, 1999:58) en cuanto a la alternativa simbiótica de

compartir sentidos sin comparar, paso definitivo que permita cultivar un consenso dialógico más

que una razón lógica impositiva de una mayoría.

 

El “Ustedes” y “Nosotros” configura una constelación de miradas fundada en lo negativo como premisa planetaria que está bajo el peso de la desigualdad social, prueba de ello, lo constituye el envolvente modo de vida en Venezuela, donde Ustedes los indios no encuentran eco en los ‘rasgos positivos del progreso’ definido por la identidad social asumida por y para “nosotros”.

 

De manera que lo específico y funcional de un conuco o un pastoreo para un Ye’kuana no posee sentido alguno dentro de la confección planetaria tecnoglobalizante y la unificación de los mercados: su inserción dentro de ese sistema es prácticamente nulo. Aun cuando cada día se

hace mayor énfasis en el reconocimiento de la diversidad cultural de “nuestros pueblos”.

De allí que para las élites económicas resulto irrisorio y vago mencionarles acerca de derechos territoriales ancestrales o propiedad intelectual de los Kariña, yanomami o los wayüu. Es posible hallar claros sentidos de convivencia en un curripaco que rebatir el privilegio simbólico de gobernar bajo la tutela consciente de la tecnología de punta. La otredad de estas comunidades suele imbricar supuestos poco beneficiosos para los megamercados, que arrojan como resultado, la permanente construcción de identidades negativas acompañadas de esferas globales que recogen un grado de complejidad adversa a cualquier cultura no disponible a la panacea desarrollista.

Vale decir que la otredad como herramienta filosófica no es una lectura comprometida para los

grupos de poder, que el sólo hecho de concebir su cultura dentro de un desarrollismo asimilacionista es estéril, puesto que este sistema pretende afirmar “Tú ya no eres indio porque

estás civilizado” (Mosonyi, 1993:83); como si esta posición maniqueísta es un resultado

irreversible.

 

En este sentido, la etnicidad es una expresión cultural que atenta contra los principios uniformes de una conducta social-mente refrendada por la mayoría de los venezolanos. La otredad étnica como producto de un reconocimiento social deviene del discurso de la modernidad (Cfr. Pico, 1994:43), pero no siempre constituye un recurso simbólico o práctico para transformar las depauperadas condiciones de existencia que muchos pueblos indígenas padecen hoy.

 

Es posible encontrar muchas interpretaciones modernas, pero que remiten a una exclusión de facto, siendo el mismo discurso que depara para estas etnicidades una identidad negativa fundada en los mismos principios etnocentristas, cuya pluralidad cultural está sujeta a los intereses cerrados de una globalidad ancha para “Nosotros”, pero sumamente estrecha para

“Ellos”.

 

Conclusiones

En virtud de lo planteado, resulta importante apreciar que “En Venezuela todos somos

minorías” (1991:128), de manera que la factibilidad societal de compartir en strictu sensu

implica asumir esta premisa intercultural.

 

De acuerdo a nuestro tiempo, González Ordosgoitti indica que las dimensiones alcanzadas por los adelantos científicos y tecnológicos en todas las áreas de las ciencias sociales, tan sólo

comprende un tecnoglobalismo inobjetable, incapaz de interesarse en categorías analíticas que

posibiliten un modelo de convivencia social que abarque la cotidianidad de todos. A partir de allí, el autor a través de los campos culturales sostiene distintas tesis que buscan desmontar y deslastrar los vicios epistemológicos trazados por los historiadores venezolanos hasta el presente, es una necesidad insoslayable re-construir y re-semantizar el complejo entramado de relaciones instituido entre la cultura impositiva occidental y los pueblos indígenas.

 

Pues, tan sólo el hecho de reconocer la presencia de otras condiciones culturales significa dar un paso adelante en relación con la convivencia armónica de ambos sectores, así como el estudio de los etnoconocimientos que sirvan de soporte para futuras investigaciones sociales.

 

Las diversas representaciones que el hombre venezolano hace de sí mismo reposa en los

referentes contextuales históricos, pues si bien éstos han reforzado un carácter identitario ‘nacional’, no es menos cierto que han permitido rescatar aportes regionales y locales de acuerdo al espacio abordado.

 

Dichos campos culturales también apuntan a los distintos rasgos de pertenencia que no

siempre se corresponden con las políticas o tendencias de la capital o región central. He allí el

interés de González Ordosgoitti por develar perfiles ligados a comunidades biculturales-binacionales, cuyos aportes contribuyan a desentrañar el mundo de variables y significados plurales que forman parte de las identidades adoptadas por todos los venezolanos.

Como es obvio, resulta una contradicción para el “hombre moderno’ acatar formas alternativas de convivencia social que no implique una distancia identitaria entre ellos y nosotros.

 

Mientras el progreso y las ‘metas productivas’ sigan interpretándose como una panacea desarrollista a seguir, se dinamizan y legitiman las pautas teórico-prácticas que le dan consistencia a un sistema tecnoglobal centrado en una mirada etnocentrista. La imposición cultural de la lógica occidental no es un discurso académico superficial, o son simples violaciones de los derechos humanos como se pretende establecer, toda vez que ella es un fenómeno cultural con expresiones concretas que reafirman las múltiples construcciones sociales destinadas a fortalecer lo negativo encontrado en otras culturas, omitiendo los códigos y prácticas alternativas de las mismas.

 

Bibliografía

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Vargas, Iraida y Sanoja, Mario (1993). Historia, Identidad y Poder. Fondo Editorial Tropykos. Caracas, Venezuela.

 

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[i].-Salvador Cazzato Dávila

Licenciado en Ciencias Sociales, Licenciado en Filosofía, Magister en Investigación Histórica y Doctor en Ciencias Políticas. Profesor Asociado del Instituto de Filosofía del Derecho “Dr. J. M. Delgado Ocando” de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad del Zulia. Investigador del Centro de Estudios Históricos de la Facultad de Humanidades y Educación de La Universidad del Zulia (LUZ)

[ii] .-Itinerario de este Artículo

1.-Este Artículo fue Recibido el 04.02.2001 y aprobado el 18.07.2001 para su publicación en la Revista Omnia, Vol. 6, Facultad de Humanidades y Educación de La Universidad del Zulia (LUZ), 2001 y fue publicado con el siguiente nombre: “Cultura, globalización y construcción negativa de las identidades a partir de los aportes de Enrique Mí González (Caso Indígena)”. Hacemos la observación del error presente en el título en relación a mi nombre: Enrique Alí González Ordosgoitti

 

2.-Hoy 23.12.2017, lo publicamos en la Página Web del Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela (CISCUVE): www.ciscuve.org, con la siguiente URL: http://ciscuve.org/?p=

 

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