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Sartre: Cada hombre se va haciendo cargo de sí mismo y de todos los demás hombres, pues ahora Dios no está a cargo de ellos

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Enrique-Ali-Gonzalez-Ordosgoitti-Medellín-05-2011-1

Enrique Alí González Ordosgoitti[1]

 

Itinerario de este Artículo[2]

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                    El presente trabajo (tercera exposición) se realiza para cumplir con los requisitos de la Asignatura Filosofía Contemporánea, de exponer brevemente algunas reflexiones sobre un problema filosófico de alguno de los autores revisados en clase. En este caso vamos a trabajar sobre algunos planteamientos de Sartre en su conferencia “El existencialismo es un humanismo”[3].

 

Jean-Paul Sartre (1905-1980), nació en París, estudió en la Escuela Normal Superior donde obtiene la agregation de filosofía en 1929 y posteriormente continuó estudios en Berlín y en la Universidad de Friburgo. Ejerció como Profesor de Filosofía (1934-1939) en los Liceos de Le Havre, Laon y Neuilly-sur-Seine en Francia. De 1940 a 1941 estuvo prisionero de los alemanes; al ser liberado, volvió a profesar en el Liceo de Neuilly y luego en el Liceo Condorcet, de París, hasta 1945, cuando fundó Les Temps Modernes y se consagró por entero a la actividad literaria.

 

Sartre será el principal exponente del existencialismo francés y creador de un intento de mixtura entre el existencialismo (definido por Sartre como ideología) y el marxismo (considerado por él como la máxima filosofía de estos tiempos), que estará en la base de obras posteriores como por ejemplo la “Crítica de la Razón Dialéctica”.

 

En sus inicios mantendrá una deuda con los planteamientos de la fenomenología husserliana y heideggeriana, hasta que llega a formular su propia proposición fenomenológica, en la cual las categorías del En-sí y el Para-sí son absolutamente claves.

 

En la Conferencia que hoy vamos a comentar, Sartre responde a numerosas observaciones realizadas por el mundo intelectual francés acerca de sus proposiciones, sólo destacaremos una línea conceptual de las mismas, a la que alude Sartre; insistiendo en que la existencia precede a la esencia.

 

I.-

En los momentos iniciales de su Conferencia “El existencialismo es un humanismo”, Sartre deja en claro su adscripción a una corriente filosófica llamada existencialista y las diversas tendencias presentes en ella:

“Lo que complica las cosas es que hay dos especies de existencialistas: los primeros, que son cristianos, entre los cuales yo colocaría a Jaspers y a Gabriel Marcel, de confesión católica; y por otra parte, los existencialistas ateos, entre los cuales hay que colocar a Heidegger, y también a los existencialistas franceses y a mí mismo.” (Sartre, 1980: 57)

 

En qué se basaba Sartre para agrupar en una sola corriente a autores tan diferentes:

“Lo que tienen en común es simplemente que consideran que la existencia precede a la esencia, o, si se prefiere, que hay que partir de la subjetividad.”

(Sartre, 1980: 57)

 

Esta afirmación de que la existencia precede a la esencia va a significar en Sartre, que es la propia acción histórica del hombre la que va a crear su propia esencia, es decir que ésta no es un a priori sino un a posteriori, lo cual es coherente con la idea de la inexistencia de Dios y su postulado ateísmo[4], coherencia que nota en falta en los ateístas del siglo XVIII, quienes no propiciaron un reacomodo en la relación entre esencia y existencia:

“En el siglo XVIII, en el ateísmo de los filósofos, la noción de Dios es suprimida, pero no pasa lo mismo con la idea de que la esencia precede a la existencia. Esta idea la encontramos un poco en todas partes: la encontramos en Diderot, en Voltaire y aun en Kant. El hombre es poseedor de una naturaleza humana; esta naturaleza humana, que en el concepto humano, se encuentra en todos los hombres, lo que significa que cada hombre es un ejemplo particular de un concepto universal, el hombre; en Kant resulta de esta universalidad que tanto el hombre de los bosques, el hombre de la naturaleza, como el burgués, están sujetos a la misma definición y poseen las mismas cualidades básicas. Así pues, aquí también la esencia del hombre precede a esa existencia histórica que encontramos en la naturaleza.” (Sartre, 1980: 59)

 

Sartre sostendrá que la inexistencia de Dios, posibilita la idea de que exista un ser cuya existencia preceda a la esencia, cuya existencia “cree” la esencia, ese ser es el hombre:

“El existencialismo ateo que yo represento es más coherente. Declara que si Dios no existe, hay por lo menos un ser en el que la existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de poder ser definido por ningún concepto, y que este ser es el hombre o, como dice Heidegger, la realidad humana.” (Sartre, 1980: 59-60)

 

El que la existencia preceda a la esencia es un postulado con numerosas consecuencias, una de ellas es la de que el hombre al principio es nada y sólo en su decurrir en el mundo se convierte en “algo”:

“¿Qué significa aquí que la existencia precede a la esencia? Significa que el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y que después se define. El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada. Sólo será después, y será tal como se haya hecho.” (Sartre, 1980: 60)

 

Otra consecuencia es la inexistencia de una naturaleza humana:

“Así pues, no hay naturaleza humana, porque no hay Dios para concebirla. El hombre es el único que no sólo es tal como el se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Este es el primer principio del existencialismo.” (Sartre, 1980: 60)

 

La inexistencia de una naturaleza humana obliga a que el hombre sea pensado, no como el desarrollo de un pasado –lo que traía implícito en su naturaleza- sino como lo que desarrollará en el futuro, lo que contiene el hombre no es un por-lo ido, sino un por-venir, un proyecto:

“Porque queremos decir que el hombre empieza por existir, es decir, que empieza por ser algo que se lanza hacia un porvenir, y que es consciente de proyectarse hacia el porvenir. El hombre es ante todo un proyecto que se vive subjetivamente, en lugar de ser un musgo, una podredumbre o una coliflor; nada existe previamente a este proyecto; nada hay en el cielo inteligible, y el hombre será ante todo lo que habrá proyectado ser. No lo que querrá ser. Porque lo que entendemos ordinariamente por querer es una decisión consciente, que para la mayoría de nosotros es posterior a lo que el hombre ha hecho de sí mismo.”

(Sartre, 1980: 60-61)

 

Siendo el hombre un proyecto que él mismo debe encargarse de ejecutar, entonces resulta que sólo el hombre es responsable de sí mismo:

“Pero si verdaderamente la existencia precede a la esencia, el hombre es responsable de lo que es. Así el primer paso del existencialismo es poner a todo hombre en posesión de lo que es, y asentar sobre él la responsabilidad total de su existencia.” (Sartre, 1980: 61)

 

Pero esa responsabilidad no es individual, no es sólo que cada hombre es responsable por sí mismo, sino que cada hombre es responsable por la especie:

“Y cuando decimos que el hombre es responsable de sí mismo, no queremos decir que el hombre es responsable de su estricta individualidad, sino que es responsable de todos los hombres… Cuando decimos que el hombre se elige, entendemos que cada uno de nosotros se elige, pero también queremos decir con esto que al elegirse elige a todos los hombres. En efecto, no hay ninguno de nuestros actos que al crear al hombre que queremos ser, no cree al mismo tiempo una imagen del hombre tal como consideramos que debe ser. Elegir ser esto o aquello, es afirmar al mismo tiempo el valor de lo que elegimos, porque nunca podemos elegir mal; lo que elegimos es siempre el bien, y nada puede ser bueno para nosotros sin serlo para todos. Si, por otra parte, la existencia precede a la esencia y nosotros quisiéramos existir al mismo tiempo que modelamos nuestra imagen, esta imagen es valedera para todos y para nuestra época entera. Así, nuestra responsabilidad es mucho mayor de lo que podríamos suponer, porque compromete a la humanidad entera.”

(Sartre, 1980: 61-62)

 

De esta manera Sartre desarrolla su tesis acerca de que la existencia precede a la esencia, no existe naturaleza humana sino condición humana y en esa condición: cada hombre se va haciendo cargo de sí mismo y de todos los demás hombres, pues ahora Dios no está a cargo de ellos.

 

 

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[1] .-Enrique Alí González Ordosgoitti.

Doctor en Ciencias Sociales, Sociólogo, Folklorólogo, Filósofo, Teólogo, Locutor, Profesor Titular de la UCV, de la Facultad de Teología de la UCAB (2000-2016) y del Instituto de Teología para Religiosos-ITER (1991-2016).

-Co-Creador y Coordinador General -desde 1991- de la ONG Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela-CISCUVE.

-Co-Creador y Coordinador -desde 1998- del Sistema de Líneas de Investigación Universitaria (SiLIU) sobre Sociología, Cultura, Historia, Etnia, Religión y Territorio en América Latina La Grande.

-Co-Creador y Coordinador -desde 2011- de la Página Web de CISCUVE: www.ciscuve.org

-Para contactarnos: ciscuve@gmail.com@ciscuveciscuve-Facebook; @enagor;  enagor2@gmail.com; Skype: enrique.gonzalez35

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[2] .-Itinerario de este Artículo

1.-Trabajo presentado en la Asignatura: Filosofía Contemporánea, dictada por el Profesor: Rafael García (qepd), en el Cuarto semestre  del Baccaleurato Filosófico, dictado en la Sección de Filosofía, de la Escuela de Teología, de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y del Instituto de Teología para Religiosos (ITER), en el semestre abril-julio 2003.

 

2.-Publicado en www.ciscuve.org, el 18 de junio de 2016: http://ciscuve.org/?p=http://ciscuve.org/?p=14841

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[3] .-Jean-Paul Sartre (1980).-El existencialismo es un humanismo. Introducción de José María Ortega Ortiz. Barcelona, España. Ediciones Orbis, SA. pp. 128

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[4] .-Pues cuando se dice lo contrario, que la esencia precede a la existencia, estamos aceptando la idea de una naturaleza humana previa a la propia existencia, no creada por los hombres, por lo que sería atribuible a una creación de Dios.

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