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Heidegger: La ciencia de tanto ver al ente, no ve más nada, a pesar de que la nada es diferente al ente

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Enrique Alí González Ordosgoitti[1]

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Resumen

En este breve trabajo sobre Martin Heidegger, revisamos su planteamiento acerca de la relación entre ciencia y ente y entre ente y nada, que el desarrolla en su libro “¿Qué es la Metafísica?

Palabras Clave: Metafísica, Ciencia, Ente, Nada, Martin Heidegger, Filosofía, Existencialismo, Fenomenología

 

Índice

Resumen

Palabras Clave

Introducción

1.-La Ciencia como manera de dar cuenta del ente.

2.-A pesar de que la nada es más que la negación

3.-¿Cómo nos será dada la omnitud del ente para poder así negarlo? El papel del temple de ánimo

 

Introducción

El presente trabajo se realiza para cumplir con los requisitos de la Asignatura Filosofía Contemporánea, de exponer brevemente algunas reflexiones sobre un problema filosófico de alguno de los autores revisados en clase. En este caso vamos a trabajar sobre Heidegger y su planteamiento acerca de la relación entre ciencia y ente y entre ente y nada, que el desarrolla en su libro “¿Qué es la Metafísica?”[3].

 

Martin Heidegger (1889-1976), nació en Alemania y estudió y posteriormente fue Profesor en la Universidad de Friburgo i.B (1928). Fue condiscípulo de Rickert y de Husserl. Aunque al principio pudo lucir vinculado con el nacional socialismo de Hitler, pronto se separó del mismo. Es considerado uno de los filósofos más influyentes del siglo XX, tanto en las corrientes fenomenológicas como existencialistas.

 

Heidegger retoma la discusión sobre el Ser, vieja temática de la filosofía y según él olvidada en el tiempo por los filósofos posteriores a los clásicos griegos, de ahí que invitará a volver a las raíces no sólo socráticas sino presocráticas, en autores como Parménides.

 

 

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1.-La Ciencia como manera de dar cuenta del ente

Comencemos por ubicar históricamente el texto, para lo cual nos ayudaremos del comentarista Jaime Hoyos-Vásquez:

“¿Qué es Metafísica? Es la lección inaugural pública para tomar posesión de la cátedra de filosofía de la Universidad de Friburgo, el 24 de julio de 1929. En aquella ocasión Heidegger sucedía a su maestro Husserl en esa gloriosa cátedra. Gloriosa por los maestros que la han servido en el presente siglo: Heinrich Rickert, Edmundo Husserl, Martin Heidegger…Y después de Heidegger, Max Müller y Werner Marx.” (Hoyos-Vásquez en: Heidegger, 1992: 8)

 

Cuál era el objetivo de esa conferencia:

“La conferencia de Heidegger buscaba presentar la metafísica misma ante el profesorado y el estudiantado de una universidad embelesada por la fascinación del conocimiento científico-técnico, para el cual lo metafísico no pasaba de ser una fantasmagoría y una ensoñación. En un ejercicio netamente fenomenológico, Heidegger hace que en lo científico mismo se des-en-cubra lo metafísico, en este caso la nada-de-ente en que necesariamente está implantado todo existir humano y la misma ciencia, en cuanto vuelta hacia el ente y ¡nada más! ¡Pero tampoco nada menos!”. (Hoyos-Vásquez en: Heidegger, 1992: 7)

 

Heidegger comienza por señalar las características del preguntar metafísico:

“En primer lugar, toda pregunta metafísica abarca íntegro el problematismo de la metafísica. Es siempre el todo de la metafísica. En segundo lugar, ninguna pregunta metafísica puede ser preguntada sin que el interrogador, en cuanto tal, se encuentre dentro de ella, es decir, sin que vaya él mismo envuelto en ella.” (Heidegger, 1992: 16)

 

De estas dos características; de ser cada pregunta siempre el todo de la metafísica y de estar el investigador envuelto en ella, concluye Heidegger en el carácter totalitario de la reflexión metafísica:

“De aquí desprendemos, por de pronto, esta indicación: el preguntar metafísico tiene que ser totalitario y debe plantearse siempre desde la situación esencial en que se halla colocada la existencia interrogante. Nos preguntamos, aquí y ahora, para nosotros.” (Heidegger, 1992: 16)

 

Teniendo la reflexión metafísica el carácter de totalitario, entendido como que involucra a la totalidad de las cosas, Heidegger comienza por ir señalando algunas características de las ciencias, comenzando por la búsqueda de relación con el ente mismo:

“(…) en todas las ciencias, siguiendo su propósito más auténtico, nos las habemos con “el ente mismo”…La referencia al mundo que impera en todas las ciencias, en cuanto tales, las hace buscar el ente mismo, para hacer objeto de escudriñamiento y de fundamentación, en cada caso, el “qué” de las cosas y su modo de ser.” (Heidegger, 1992: 16-17)

 

Esta búsqueda por parte de la ciencia de la relación con el ente mismo, se da sin distingo en todas las ciencias, sean de la Naturaleza o de la Historia:

“Mirado desde las ciencias, ningún dominio goza de preeminencia sobre otro, ni la Naturaleza sobre la Historia, ni ésta sobre aquélla. Ninguna de las maneras de tratar los objetos supera a las demás. El conocimiento matemático no es más riguroso que el histórico-filológico; posee, tan sólo, el carácter de “exactitud”, que no es equivalente al de rigor. Exigir exactitud de la Historia sería contravenir a la idea del rigor específico de las ciencias del espíritu.” (Heidegger, 1992: 16-17)

 

Sintetiza Heidegger la función de la ciencia:

“En las ciencias se lleva a cabo –en idea- un acercamiento a lo esencial de toda cosa.” (Heidegger, 1992: 17)

 

Para ese acercamiento a la cosa, la investigación se convierte en su sierva, convirtiendo a la cosa en la ultimidad del saber posible sobre lo real:

“Pero la ciencia se distingue porque concede a la cosa misma, de manera fundamental, explícita y exclusiva, la primera y última palabra. En esta rendida manera del interrogar, del determinar y del fundamentar se lleva a cabo una sumisión al ente mismo, para que se revele lo que hay en él”. (Heidegger, 1992: 17)

 

Esta posición de sierva de la ciencia ante la cosa-ente, limita la posibilidad de que la ciencia efectivamente conozca la totalidad de la existencia humana:

“Esta servidumbre de la investigación y de la doctrina llega a constituirse en fundamento de la posibilidad de un “propio”, bien que limitado, señorío directivo en la totalidad de la existencia humana.” (Heidegger, 1992: 17)

 

¿Por qué la ciencia establece un limitado señorío sobre la totalidad de la existencia humana? Heidegger intentará responder esta pregunta profundizando en el análisis fenomenológico de la actividad científica:

“La especial referencia al mundo, propia de la ciencia, y la actitud humana que a ella nos lleva, no pueden entenderse bien sino luego de ver y captar qué es lo que ocurre en esa referencia al mundo. El hombre –un ente entre otros- “hace ciencia”. En este hacer acaece nada menos que la irrupción de un ente, llamado hombre, en el todo del ente y, en tal forma, que en esta irrupción y mediante ella, queda al descubierto el ente en su qué es y en su cómo es. Esta descubridora irrupción sirve, a su modo, para que por vez primera el ente se recobre a sí mismo.”

(Heidegger, 1992: 17)

 

De esas tres cosas que se desprenden del análisis fenomenológico, Heidegger concluye en lo limitado de la existencia del hombre en el existir científico:

“Estas tres cosas: referencia al mundo, actitud e irrupción, traen consigo, en su unidad radical, una encendida simplicidad y acuidad del existir del hombre en la existencia científica.” (Heidegger, 1992: 17-18)

 

Esa simplicidad y acuidad se expresa en la entrega servil que hace la ciencia al ente, al determinar que sólo le interesa este:

“Aquello a que se endereza esa referencia al mundo es al ente mismo –y a nada más.

Aquello de que toda actitud recibe su dirección es del ente mismo –y de nada más.

Aquello en lo cual irrumpe la investigación para dilucidarlo es en el ente mismo –y en nada más.” (Heidegger, 1992: 18)

 

Y al insistir en el ente, deja fuera de su intención la nada:

“Lo que hay que inquirir es tan sólo el ente y, por lo demás –nada; el ente sólo y –nada más; únicamente el ente y, fuera de él –nada. ¿Qué pasa con esta nada?”. (Heidegger, 1992: 18)

 

Este dejar de atender la nada, es intrínseca a la investigación científica:

“Si la ciencia tiene razón, una cosa hay, entonces, de cierta: la ciencia no quiere saber nada de la nada. Y esta es, en último término, la concepción rigurosamente científica de la nada. Sabemos de ella en la medida precisa en que de la nada, nada queremos saber.” (Heidegger, 1992: 19)

 

Pero el que no se atienda a la nada, no significa que se resuelva el problema del conocimiento, pues la nada sigue estando ahí, por lo que Heidegger pregunta: “¿Qué pasa con la nada?”. Respuesta que por no ser buscada por la investigación científica, se convierte en la principal imposibilidad de que la ciencia conozca la ultimidad de lo real, pues para Heidegger: la ciencia de tanto ver al ente, no ve más nada.

 

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2.-A pesar de que la nada es más que la negación

La pregunta formulada por Heidegger “¿Qué pasa con la nada?”, es una pregunta metafísica y por ende en ella se juega la totalidad del conocimiento posible y la totalidad de lo humano. De ahí que le interese responderla, comenzando por que la pregunta es: qué pasa con la nada y no: qué es la nada:

“(…) intentemos preguntar por la nada: ¿Qué es la nada? Ya la primera acometida nos muestra algo insólito. De antemano, suponemos en este interrogante a la nada como algo que “es” de este u otro modo, es decir, como un ente. Pero, precisamente, si de algo se distingue es de todo ente. El preguntar por la nada –qué y cómo sea la nada- trueca lo preguntado en su contrario. La pregunta se despoja a sí misma de su propio objeto.” (Heidegger, 1992: 20)

 

La nada no es, ya que todo lo que es, es un ente y la nada es la negación del ente:

“(…) la nada es la negación de la omnitud del ente, es sencillamente, el no ente. Con ello subsumimos la nada bajo la determinación superior del no, y, por tanto, de lo negado.” (Heidegger, 1992: 20)

 

Siendo la nada la negación del ente, ¿puede definirse entonces la nada como el no-ente? ¿es la nada simplemente una especie de la negación?:

“¿Representa el no, la negatividad y, con ello, la negación, la determinación superior, bajo la cual cae la nada, como una especie de lo negado? ¿Hay nada solamente porque hay no, esto es, porque hay negación? ¿O no ocurre, acaso, lo contrario, que hay no y negación solamente porque hay nada?”.

(Heidegger, 1992: 21)

 

La respuesta que Heidegger da a estas preguntas, abre un conjunto de interrogantes que permiten situar a la nada en la senda de las posibilidades de conocer, más allá del actual modo del conocimiento científico:

“Nosotros afirmamos: la nada es más originaria que el no y que la negación.” (Heidegger, 1992: 22)

 

Con la afirmación de que la nada es más originaria que el no y la negación, resulta que estas dependen de la nada y no al contrario. Bajo estas condiciones, Heidegger insiste en la pregunta “¿Qué pasa con la nada?” y para responderla acude a un análisis fenomenológico acerca de las condiciones del preguntar:

“(…) tendremos que satisfacer, por lo menos, la exigencia fundamental de toda posible pregunta. Si vamos a interrogar, como sea, a la nada, es preciso que, previamente, la nada se nos dé. Es menester que podamos encontrarla.

(Heidegger, 1992: 22)

 

Como sólo se busca lo que se sabe que se va a encontrar, es necesario saber donde está la nada, para poder preguntarnos sobre ella:

“¿Dónde buscar la nada? ¿Cómo encontrarla? Para poder encontrar algo, ¿no es preciso saber que está ahí? Efectivamente. Casi siempre ocurre que el hombre no puede buscar algo si no sabe, por anticipado, que está ahí lo que busca. Pero en nuestro caso lo buscado es la nada. ¿Habrá en último término un buscar sin esa anticipación, un buscar al que es inherente un puro encontrar?”.

(Heidegger, 1992: 22)

 

Heidegger responderá que la nada está en la negación de la omnitud del ente, por lo que negando el ente encontraremos la nada:

“La nada es la negación pura y simple de la omnitud del ente. Esta caracterización de la nada, ¿no es, al fin y al cabo, una indicación de la dirección en que únicamente podremos tropezar con ella? Es preciso que, previamente, la omnitud del ente nos sea dada para que como tal sucumba sencillamente a la negación, en la cual la nada misma habrá de hacerse patente.” (Heidegger, 1992: 23)

 

3.-¿Cómo nos será dada la omnitud del ente para poder así negarlo? El papel del temple de ánimo

Sabemos que si se nos da la omnitud del ente y luego lo negamos se hará patente la nada, pero ¿cómo captar el todo del ente? Heidegger puntualiza:

“En última instancia, hay una diferencia esencial entre captar el todo del ente en sí y encontrarse en medio del ente en total. Aquello es radicalmente imposible. Esto acontece constantemente en nuestra existencia.” (Heidegger, 1992: 24)

 

Heidegger postulará que la omnitud del ente se revela en los temples de ánimo del aburrimiento, la alegría y la angustia, y en este último, además de la omnitud del ente se da su negación y se hace patente la nada. Nos define las cualidades de los temples de la siguiente manera:

“Semejante temple de ánimo, en el cual uno “se encuentra” de tal o cual manera, nos permite encontrarnos en medio del ente en total y atemperados por él. Este encontrarse, propio del temple, no sólo hace patente, en cada caso a su manera, el ente en total, sino que este descubrimiento, lejos de ser un simple episodio, es el acontecimiento radical de nuestro existir.” (Heidegger, 1992: 24)

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Veamos el ejemplo del temple de ánimo del aburrimiento:

“Pero, por muy disgregado que nos parezca el cotidiano, abarca, siempre, aunque sea como en sombra, el ente en total. Aun cuando no estemos en verdad ocupados en las cosas y con nosotros mismos –y precisamente entonces-, nos sobrecoge este “todo”, por ejemplo, en el verdadero aburrimiento. Este no es el que sobreviene cuando sólo nos aburre este libro o aquel espectáculo, esta ocupación o aquel ocio. Brota cuando “se está aburrido”. El aburrimiento profundo va rodando por las simas de la existencia como una silenciosa niebla y nivela a todas las cosas, a los hombres, y a uno mismo en una extraña in-diferencia. Este aburrimiento nos revela el ente en total.” (Heidegger, 1992: 24)

 

Y del temple de ánimo de la alegría:

“Otra posibilidad de semejante patencia se ofrece en la alegría por la presencia de la existencia –no sólo de la persona- de un ser querido.” (Heidegger, 1992: 24)

 

Si bien el temple de ánimo nos muestra al ente en total, la negación de este no puede conducirnos a la nada:

“Sin embargo, cuando estos temples de ánimo nos conducen de esa suerte frente al ente en total, ocúltannos, precisamente, la nada que buscamos. Y menos se nos ocurrirá pensar que la negación del ente en total, que se nos hace patente en el temple, nos pueda colocar frente a la nada.” (Heidegger, 1992: 25)

 

Salvo una excepción, la angustia:

“Porque esto sólo podría ocurrir, con pareja radicalidad, en un temple de ánimo que por su más auténtico sentido descubridor nos patentizará la nada. ¿Hay en la existencia del hombre un temple de ánimo tal que le coloque inmediatamente ante la nada misma? Se trata de un acontecimiento posible y, si bien raramente, real, por algunos momentos, en ese temple de ánimo radical que es la angustia.”

(Heidegger, 1992: 25)

 

Pero entendiendo que la angustia es radicalmente diferente del miedo, pues este es determinado:

“Angustia es radicalmente distinto de miedo. Tenemos miedo siempre de tal o cual ente determinado que nos amenaza en un determinado respecto. El miedo de algo es siempre miedo a algo determinado. Como el miedo se caracteriza por esta determinación del de y del a, resulta que el temeroso y medroso queda sujeto a la circunstancia que le amedrenta. Al esforzarse por escapar de ello –de ese algo determinado- pierde la seguridad para todo lo demás, es decir, “pierde la cabeza”.” (Heidegger, 1992: 25)

 

Mientras la angustia es indeterminada:

“La angustia no permite que sobrevenga semejante confusión. Lejos de ello, hállase penetrada por una especial tranquilidad. Es verdad que la angustia es siempre angustia de…pero no de tal o cual cosa. La angustia de…es siempre angustia por…, pero no por esto o lo otro. Sin embargo, esta indeterminación de aquello de que y por que nos angustiamos no es una mera ausencia de determinación, sino la imposibilidad esencial de ser determinado.” (Heidegger, 1992: 26)

 

Esta indeterminación se evidencia en el uso del “uno”:

“Esto se ve patente en una conocida expresión. Solemos decir que en la angustia “uno está desazonado”. ¿Qué quiere decir este “uno”?” (Heidegger, 1992: 26)

 

Usamos el “uno”, cuando ya no somos ni “yo” ni “tu”:

“Estamos “suspensos” en angustia. Más claro, la angustia nos deja suspensos porque hace que se nos escape el ente en total. Por esto sucede que nosotros mismos –estos hombres que somos-, estando en medio del ente, nos escapemos de nosotros mismos. Por esto, en realidad, no somos “yo” ni “tu” los desazonados, sino “uno”. Sólo resta el puro existir en la conmoción de ese estar suspensión en que no hay nada dónde agarrarse.” (Heidegger, 1992: 26)

 

Pensar en uno como “uno”, demuestra que la angustia nos lleva a la nada:

“Que la angustia descubre la nada confírmalo el hombre mismo inmediatamente después que ha pasado. En la luminosa visión que emana del recuerdo vivo nos vemos forzados a declarar: aquello de y aquello por…lo que nos hemos angustiado era, realmente, nada. En efecto, la nada misma, en cuanto tal, estaba allí.” (Heidegger, 1992: 27)

 

Y luego que la angustia nos ha llevado a la nada, Heidegger nos dice que estamos en condiciones de respondernos la pregunta: “¿Qué pasa con la nada?”

[1] .-Enrique Alí González Ordosgoitti.

Doctor en Ciencias Sociales, Sociólogo, Folklorólogo, Filósofo, Teólogo, Locutor, Profesor Titular de la UCV, de la Facultad de Teología de la UCAB (2000-2016) y del Instituto de Teología para Religiosos-ITER (1991-2016).

-Co-Creador y Coordinador General -desde 1991- de la ONG Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela-CISCUVE.

-Co-Creador y Coordinador -desde 1998- del Sistema de Líneas de Investigación Universitaria (SiLIU) sobre Sociología, Cultura, Historia, Etnia, Religión y Territorio en América Latina La Grande.

-Co-Creador y Coordinador -desde 2011- de la Página Web de CISCUVE: www.ciscuve.org

-Para contactarnos: ciscuve@gmail.com@ciscuveciscuve-Facebook; @enagor;  enagor2@gmail.com; Skype: enrique.gonzalez35

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[2] .-Itinerario de este Artículo

1.-Trabajo presentado en la Asignatura: Filosofía Contemporánea, dictada por el Profesor: Rafael García (qepd), en el Cuarto semestre  del Baccaleurato Filosófico, dictado en la Sección de Filosofía, de la Escuela de Teología, de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y del Instituto de Teología para Religiosos (ITER), en el semestre abril-julio 2003.

 

2.-Publicado en www.ciscuve.org, el 17 de junio de 2016: http://ciscuve.org/?p=http://ciscuve.org/?p=14824 

 

[3] .-Martin Heidegger (1992).-¿Qué es la Metafísica? Colombia. Editorial El Búho. Traducción Xavier Zubiri. Presentación, Análisis y Comentarios Jaime Hoyos-Vásquez, SJ. pp.77

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