Sobre una Ética Mínima, de Adela Cortina

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084-RFCD-2016-Dic-Etica-de-Adela-Cortina

 

   

Enrique Alí González Ordosgoitti[1]

 

Itinerario de este Artículo[2]

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El presente trabajo está planteado para cubrir la primera parte de las exigencias de la asignatura Ética I, la cual consiste en una introducción a la problemática de la ética contemporánea, en manos de una de las principales autoridades de la materia, como lo es la filósofa española Adela Cortina[4]. En el segundo trabajo que haremos posteriormente, ya trataremos una de las proposiciones éticas concretas –en nuestro caso la dialógica expresada a través de Habermas- y la analizaremos a la luz de los problemas concretos de la Multiculturalidad.

 

Comienza la autora por proponernos la existencia de un ámbito específico para el desarrollo del pensamiento ético y que éste se encuentra en el seno de la filosofía, tal será el primer eje de su recurrir teórico y es el que nos interesa dilucidar aquí. Ayuda mucho para la comprensión de la proposición de Cortina, el Prólogo que escribe el destacado filósofo español José Luis Aranguren, quien de entrada nos ubica la intención general de la obra de Cortina:

“Aun cuando el tema del presente libro no es la filosofía en general, sino la ética, es claro que vale también para la teoría ética lo que se afirma, en general, de la filosofía que hoy se hace: sobriedad, rigor y, en el plural sentido de la palabra, “formalidad”, dentro de una “época de “neos” explícitos o implícitos”…época, en fin, de una razón neoilustrada, y no sólo en tanto que pura razón, fría y desvitalizada, sino también en tanto que reduccionista, positiva y, meramente procedimental” (Cortina, 1996: 11-12)

 

La intención de Cortina, como bien lo dice en el subtítulo de su libro, está en proponer una filosofía práctica que sea capaz de dar cuenta del problema moral en las ciudades contemporáneas:

“Una meta inspiraba el trabajo: bosquejar los trazos de una moral posible para la ciudad secular. Porque…tras el retroceso de las imágenes religiosas del mundo como forma sociológicamente legitimadora de la moral, una tarea reclama con urgencia nuestro esfuerzo: construir desde nuestras tradiciones, desde nuestros condicionamientos políticos y económicos, desde nuestra praxis y nuestra reflexión, los rasgos de una moral para la ciudad secular” (Cortina, 1996: 17)

 

Se distancia de las críticas que Nietzsche había realizado sobre las morales del camello, del león y del niño, postulando el predominio de la moral del camaleón:

“Y sería triste que ante tal empresa rechazáramos con Nietzsche la moral del camello (la moral del “yo debo”), renunciáramos temerosos a la moral del león (la moral del “yo quiero”), rehusáramos el juego del niño por misterioso y estético (la moral del “yo soy”), para acabar encarnado la moral del camaleón (la moral del “yo me adapto”)”. (Cortina, 1996: 17)

 

Frente a Nietzsche levantará la proposición de una ética dialógica de raíces kantianas:

“(…) una ética dialógica, que se cuida de hacer justicia al ser autónomo y dialógico del hombre y exige por ello, sin remilgos, un mínimo moral: que sólo se consideren normas justas las que han sido queridas por los afectados, tras un diálogo celebrado en condiciones de simetría. Con ello ingresamos en las filas de las llamadas “éticas kantianas” por deontológicas y universalistas”.

(Cortina, 1996: 17-18)

 

Esta ética dialógica comienza a postularse desde el reconocimiento tanto a la autonomía personal, como a la necesaria relación con el contexto social en clave de solidaridad:

“(…) el respeto por la autonomía personal y la solidaridad con el entramado social desde el que es posible reconocerse a sí mismo como persona. Porque es inhumano, por irracional, habérselas de otro modo con seres autónomos, que sólo por la trama dialógica devienen personas”. (Cortina, 1996: 18)

 

Esta proposición ética de Cortina encauzada dentro de la tradición kantiana, va a polemizar con otras concepciones a partir de las críticas que recibe por su universalismo, por la centralidad de la justicia, por su abstracción, por su supuesto no reconocimiento del prójimo y por su abandono del papel del individuo. Por su universalismo será cuestionada por el comunitarismo aristotélico, el pragmatismo radical y el pensar posmoderno:

“Frente al universalismo de las éticas kantianas, propone el comunitarismo aristotélico retornar al calor de la comunidad, donde los individuos cobran su identidad y aprenden a desempeñar el papel que da sentido a sus vidas y dirección a sus virtudes; mientras que el pragmatismo radical afirma la irrebasabilidad del etnocentrismo –nadie puede escapar a su tradición cómo nadie puede escapar a su sombra- y el pensar posmoderno recuerda la heterogeneidad de los juegos del lenguaje”. (Cortina, 1996: 18)

 

El rechazo a la primacía de la justicia se efectuará o desde la felicidad de utilitaristas y aristotélicos, o desde la moral de esclavos de Nietzsche:

“(…) utilitaristas y aristotélicos vuelven empecinadamente por los fueros de la felicidad, como clave del fenómeno moral, frente a estas éticas kantianas de la justicia, que parecen olvidar el tender felicitante del hombre. Insisten los nietzscheanos en el carácter degenerado de esta moral de esclavos, de esta moral de los iguales que frena el heroísmo de la moral de los señores”. (Cortina, 1996: 18)

 

El cuestionamiento por su carácter abstracto provendrá de los hegelianos:

“Acusan los neohegelianos de abstracta a una ética, a su entender, anclada en la moralidad kantiana, incapaz de encarnarse en las instituciones, como Hegel propugnaba”. (Cortina, 1996: 18-19)

 

La no incorporación del prójimo por su abstracción universalista, será el motivo del rechazo de la ética kantiana por parte de la ética de la benevolencia:

“Y las éticas de la benevolencia se ufanaban de quebrar el presunto universalismo de las éticas de la justicia, recordando que la moral es también cosa de la benevolencia hacia el prójimo –no sólo de la justicia-, de la aplicación al contexto –no sólo cuestión de principios-, de la compasión por el cercano”. (Cortina, 1996: 19)

 

Otra crítica a la ética dialógica le viene dada por el énfasis que tal concepción coloca sobre la ínter subjetividad, la primacía de lo colectivo sobre el sujeto individual:

“Volvía allí Aranguren por los fueros de una moral individual, señora antaño del reino ético, hoy silenciosa sierva de una prepotente moral social. Frente al riesgo de inhumano colectivismo que tal dominio de la ética intersubjetiva entraña, es menester –apuntaba nuestro autor- abrir un espacio a la ética intrasubjetiva, al diálogo en que cada uno de nosotros consistimos”. (Cortina, 1996: 19)

 

A las críticas recibidas por su teoría, Cortina las reabsorbe para generar una crítica demoledora a quienes ven en la ética, sólo una rama del Derecho, una especie de juridicismo abstracto:

“Tal vez nuestra ética, heredera –según creo- del derecho político moderno, más que de la filosofía moral de la Modernidad, conservar ese resabio de juridicismo abstracto, que invita insistentemente a superarla. Renunciar al discurso de la virtud por el de la norma, al de la actitud cotidiana por el del principio, al discurso del telos por el del deón, al del valor por el de la exigencia, es sin duda, reducir en exceso la capacidad de la filosofía en su reflexión sobre lo moral. Yo la creo capaz de dar cuenta también de la virtud y el valor, de la actitud y el telos”. (Cortina, 1996: 19)

 

Luego de analizar las críticas recibidas a su proposición y de establecer fieramente su negativa a que la ética sea considerada una rama del Derecho, la autora presenta su programa para formular una ética mínima basada en la autonomía solidaria del hombre:

“Porque no son los hábitos comunitarios ni la benevolencia o la felicidad piedra segura sobre la que construir el edificio moral, sino ese mínimo de ética que protege la autonomía solidaria del hombre y es, por tanto, base firme para el derecho justo, para la política legítima y para una religión que se somete gustosa a la crítica de la razón”. (Cortina, 1996: 19-20)

 

Cortina rescata el carácter filosófico de la reflexión ética y la incluye en el término de filosofía práctica:

“En él se insertan, por derecho propio, tres preguntas que sólo pueden acallarse haciendo dejación de la humanidad: las preguntas por la felicidad, por la justicia y por la legitimidad del poder…Sin embargo, a la altura de la Edad Moderna, cuando Dios dejó de ser un dato indiscutible para la filosofía teórica; cuando su existencia no era ya objeto de certeza teórica y abandonó, por tanto, la tarea de legitimar socialmente normas morales y jurídicas, la filosofía práctica vio engrosadas sus filas. Desde entonces no son los “científicos” quienes tienen que habérselas con la realidad de Dios, sino los filósofos “prácticos”, preocupados por el valor irrenunciable de los hombres y por la esperanza en esa patria que –contaba Bloch- “a todos nos ha brillado ante los ojos en la infancia, pero donde nadie ha estado todavía”. Para sí o para no; para afirmar, negar o quedar en la perplejidad, la filosofía práctica se abre por su propia naturaleza a la religión. Moral, derecho, política y religión son, pues, dimensiones de este ámbito filosófico que se las ha reflexivamente con la felicidad y la justicia, con la legitimidad y la esperanza.” (Cortina, 1996: 21-22)

 

Rescate que se inscribe en la tradición muy española de Ortega y Gasset, de la moral pensada:

“La “moral pensada” –la ética o filosofía moral-, infinitamente respetuosa con la “moral vivida”, intenta reflexionar hasta donde le lleve la constitutiva moralidad del hombre; de un hombre que es, por naturaleza, político, y está abierto –para sí, para no o para la duda- por la misma naturaleza a la trascendencia. Ninguna pregunta sobre la vida buena, sobre lo correcto o sobre lo legítimo puede serle ajena a la filosofía práctica, porque está entrañada en la estructura moral del hombre.” (Cortina, 1996: 22)

 

Esta moral pensada recupera la centralidad antropológica del ethos:

“Una filosofía práctica, por tanto, orientada hacia el ethos y la felicidad, no tanto hacia el deber y las normas.” (Cortina, 1996: 22)

 

A continuación la autora comenzará el desarrollo argumental de su proposición ética, que la llevará a sustentar su Ética Mínima. Partirá desde la necesaria diferenciación entre moral (moral vivida) y ética (moral pensada); la crítica al escepticismo y relativismo moral; al emotivismo; al relativismo; al  utopismo; al pragmatismo, hasta llegar a la ética dialógica. Luego continuará con una crítica a las teorías éticas dominantes: el utilitarismo, el marxismo-leninismo, las éticas del diálogo, marxismo humanista y la ética de liberación. Y finalmente esbozará su proposición formal para una ética entendida como disciplina filosófica.

 

Pensamos que aquí está el meollo de los basamentos de su proposición de una ética mínima.

 

[1].-Enrique Alí González Ordosgoitti.

-Doctor en Ciencias Sociales, Sociólogo, Folklorólogo, Filósofo, Teólogo, Locutor, Profesor Titular de la UCV, de la Facultad de Teología de la UCAB (2000-2016) y del Instituto de Teología para Religiosos-ITER (1991-2016).

-Co-Creador y Coordinador General -desde 1991- de la ONG Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela-CISCUVE.

-Co-Creador y Coordinador -desde 1998- del Sistema de Líneas de Investigación Universitaria (SiLIU) sobre Sociología, Cultura, Historia, Etnia, Religión y Territorio en América Latina La Grande.

-Co-Creador y Coordinador -desde 2011- de la Página Web de CISCUVE: www.ciscuve.org

-Para contactarnos: ciscuve@gmail.com@ciscuveciscuve-Facebook; @enagor;  enagor2@gmail.com; Skype: enrique.gonzalez35

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[2].-Itinerario de este Artículo:

1.-Trabajo presentado en la Asignatura “Ética I”, del Tercer Semestre del Baccaleurato Filosófico de la Universidad Pontificia de Roma (UPS), cursado en el Instituto de Teología para Religiosos (ITER), Sección de Filosofía, Escuela de Teología, Facultad de Teología, Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), 2003, para el Profesor Manuel Gándara

2.-Publicado en la Página Web del Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela (CISCUVE), el 28.11.2015: http://ciscuve.org/?p=8005

3.-Publicado en la Revista Familia Cristiana Digital, Año 30, Nro. 93, Diciembre 2016. www.familiacristiana.org.ve,

 

[3] .-Si quiere ver otros Artículos de Filosofía publicados en la Revista Familia Cristiana Digital, en nuestra Columna Mensual “Desde Abajo”:

048.-Pensar la Metafísica desde el “Espacio Imaginal” y el “Espacio Interior”. Breves ejercicios. Revista Familia Cristiana Digital, Año 30, Nro. 57, Diciembre 2013, www.familiacristiana.org.ve, http://ciscuve.org/?p=4321

 

[4] .-Utilizaremos: Adela Cortina (1996).-Ética Mínima. Introducción a la Filosofía Práctica. Madrid. Tecnos, quinta edición. Pp.295.

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