Lo Sagrado y la Experiencia Religiosa: Virgen de la Divina Pastora

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José Roberto Valecillos[i] y María Gloria Díaz[ii]

Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL). Instituto Pedagógico de Caracas (IPC)

Doctorado Cultura y Arte: América Latina y el Caribe

 

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Resumen

Este estudio tiene como propósito analizar los elementos constitutivos como expresión de lo sagrado, de la Procesión de la Divina Pastora que se realiza todos los 14 de Enero de Santa Rosa a Barquisimeto, Estado Lara. La información se recogió mediante la técnica de observación, registro y participación en la Procesión y su espacio circundante. Para la interpretación de esta manifestación religiosa, se utilizó el análisis documental de los textos  “La Experiencia de lo Sagrado”, del autor Régis Boyer; la obra de Mircea Eliade “Mefistófeles y El Andrógino” y la contrastación con la vivencia de los investigadores como participantes de la manifestación en estudio. La Procesión define para Santa Rosa y Barquisimeto rasgos identitarios importantes que la entretejen simbólicamente con la vida social y cultural, la acercan en lo común y la destacan en lo particular por la amplitud religiosa de la devoción a la Divina Pastora.

Palabras Claves: La Experiencia Religiosa.  Lo Sagrado. Procesión de la Divina Pastora.

 

Introducción

El día catorce de Enero de cada año, la imagen de la de la Divina Pastora  como advocación de la Virgen María, es trasladada desde Santa Rosa, poblado donde tiene su residencia habitual, hasta Barquisimeto, donde permanece durante varias semanas. Ese traslado se hace en forma de peregrinación y todos los barquisimetanos la llamamos “La Procesión de la Divina Pastora”, un hecho religioso con una larga historia que se ha convertido en la manifestación cultural más importante de la región centro occidental de Venezuela.

 

Cada catorce de Enero, y a medida que pasan los años aumenta el número de asistentes a la Procesión, es una concentración nunca vista en acontecimientos similares en el territorio nacional, multitudinaria, masiva. Se estima que para el  año 2008, la concurrencia fue de más de dos millones de personas, entre vecinos del estado Lara y los venidos de todas partes de la geografía nacional. Hay referencias de que para ese día, la ciudad es visitada también por extranjeros; devotos, religiosos, comunicadores sociales, investigadores, turistas, de Venezuela y otros países.

 

El profundo contenido de los símbolos y los significados religiosos de esta manifestación católica, propicia en los peregrinos una fuerte devoción, originando un ritual que suspende a la ciudad en una atmósfera distinta, concentrando a miles de personas con el solo propósito de acompañar a la Virgen en este acto sagrado, expresándose con asombro, misterio, respeto y afecto. El culto a la Virgen es universal, pero en su expresión de culto localista, se basa en una serie de acontecimientos que para el día de la Procesión consagran un espacio vital, permitiendo a los asistentes entrar en contacto con lo inmanente y lo trascendente de esta expresión de fe religiosa.

 

Entre  las diversas expresiones y actividades que se despliegan cada vez que la Divina Pastora parte  en Procesión, no quiero dejar pasar por alto  que ésta constituye una oportunidad para el reencuentro de las  familias que durante el resto del año se mantienen distantes por múltiples razones tanto geográficas como de otra índole, así como para visitar la casa de los  amigos  que están en la ruta, beber agua, compartir una merienda, descansar un poco y acompañarse en grupos durante todo el camino o hasta que las fuerzas lo permitan, renovar las estampitas que tenemos en casa, comer frutas, golosinas, conversar con gente amiga,  compañeros de infancia,  maestros de la vieja escuela, amores perdidos, gente que durante mucho tiempo no hemos visto, saludar a personajes famosos como figuras políticas y de la televisión, una gran ocasión para  esos encuentros donde se estrechan lazos de  afecto y amistad.

 

Eliade, citado por Ries, Julien ( 1995 ) define el  “homo religiosus”, como alguien que cree siempre que existe una realidad absoluta, lo sagrado, que trasciende este mundo pero que se manifiesta en él y por ello lo santifica y lo hace real por una experiencia particular, la experiencia religiosa.  Cabe entonces preguntarnos ¿Por qué el traslado de  la imagen de la Divina Pastora de un lugar a otro produce un estado de ánimo tan particular en la ciudad?,  ¿Cómo surgió la fe religiosa de la Divina Pastora en esta región, partiendo desde una pequeña población llamada Santa Rosa hacia la ciudad de Barquisimeto y ahora se difunde por todo el país, con proyección hacia América Latina?

 

Entender esto, pudiera ser una clave para la comprensión del sentir del larense, del venezolano, de su identidad, así como la vinculación de  la religiosidad con los procesos históricos de la región. Una forma de saber quiénes somos los larenses es reflexionando sobre esta manifestación religiosa y cultural, en especial el hecho de la “Procesión” que es a nuestro juicio su expresión más visible y la esencia de su culto.

 

Para responder estas interrogantes se llevo a cabo esta investigación, cuyo propósito es interpretar los elementos constitutivos de la Procesión de la Divina Pastora, como una de las  manifestaciones religiosas más relevante, multitudinaria y trascendente de Venezuela. Estos elementos son  el comportamiento ritual, la historia, la herencia religiosa, la costumbre local en cuanto a la devoción y la conducta asumida por los feligreses en el momento de su realización.

 

Para el análisis e interpretación de los elementos constitutivos de esta manifestación religiosa se siguieron las orientaciones producto de las interacciones y reflexiones en las clases del Seminario “Manifestaciones Religiosas en Latinoamérica y el Caribe”, del Doctorado en Cultura y Arte: América Latina y el Caribe de la UPEL-IPC, dirigido por el Dr. Enrique Alí González Ordosgoitti. Los planteamientos teóricos de la obra “Tratado de Antropología de lo Sagrado”. Tomo I. Los Orígenes del Homo religiosus. Compilado por Julien Ries, particularmente los  Capítulos 1 y  2 “La Experiencia de lo Sagrado”, del autor Régis Boyer  y de la obra de Mircea Eliade “Mefistófeles y El Andrógino”.

 

La Procesión Religiosa

Las procesiones como una participación de un colectivo creyente están presentes en la mayoría de las religiones, ya que es una manifestación de fe, de su lenguaje,  creencias y de toda una sabiduría presente en la vida humana. La procesión pretende hacer de la calle un templo, sacralizando un espacio que en esencia es dinámico, movible, espiritualizando a los participantes en el rito, ya sean cofrades, penitentes o público en general.

 

Para la religión católica la realización de la procesión  se adscribe a la piedad popular, tal es el caso de las “romerías de santos” que desde sus inicios contribuyeron a la enseñanza de la simbología propia del cristianismo junto con las representaciones de de la Pasión y Muerte de Jesús, en un marco donde el vehículo visual de la imagen, era más efectivo que la lectura del relato bíblico por las elevadas tasas de analfabetismo.

 

Para Padura, Juan (2004) existen algunos elementos  que componen la procesión, ellos son principalmente, los cofrades, personas pertenecientes a una cofradía penitencial que demuestran públicamente su fe, saliendo en procesión y recorriendo las calles a la vista de todos, es un fiel que se reúne en torno a una advocación. En las cofradías existen diversas clases de miembros, los mayordomos, cargadores, hombres de trono, entre otros.

 

Toda procesión tiene su organización, incluso en algunas ocasiones se requiere de resistencia física del acompañante para poder participar en todo el rito, es necesario entonces de una conducta y  un destino, un comportamiento a través de la experiencia del devoto con lo sagrado.

 

La Mística Mariana en el Catolicismo

Dentro de la fe cristiana católica ocupa un lugar principal la Virgen María, a lo largo de los siglos se ha venido imponiendo en el Cristianismo tanto Oriental como Occidental, un culto popular de veneración hacía la figura de María la Madre de Cristo. La devoción “Mariana” surgió primero en Oriente y sus orígenes se remontan al Siglo IV d.C.  Pouthier, Jean-Luc (2004) manifiesta que durante los primeros siglos de vida de la Iglesia, existieron ávidas controversias en torno a María, madre de Jesús, que enfrentaron a los teólogos. Tal condición le fue reconocida en el Concilio de Éfeso (431), en el que se reafirmó la divinidad de Cristo. Posteriormente  el segundo Concilio de Nicea (787) determinó que si bien la plena adoración estaba reservada tan solo a Dios, María merecía un mayor grado de veneración que otros Santos.

 

En la Iglesia Occidental, la veneración de María apareció mucho más tarde, pero sigue siendo intensa en el Catolicismo Romano. Durante siglos, los teólogos continuaron discutiendo sobre doctrinas tales como la “Inmaculada Concepción”, que afirman que María al igual que Cristo fue concebida sin pecado original y la “Asunción”, sobre el momento que es elevada  física y espiritualmente a los cielos.

 

Uno de los aspectos que han llevado a la devoción a María se basa en el momento de interceder por el pecador ante Dios, creencia que se desprende del hecho de que su Hijo, Jesús, no puede negarse a los deseos de su Madre. Existen innumerables historias sobre su compasión por todos aquellos que invocan su nombre, motivo por el que ha menudo es representada como la madre misericordiosa y benévola de todos los fieles.

 

En los últimos tiempos la devoción por la Virgen María no ha dejado de aumentar hasta el punto de convertirse en el Catolicismo, según algunos autores, en una especie de “cuarta figura” de la Trinidad. Sin embargo teólogos católicos no están de acuerdo con esta posición ya que consideran que el concepto Trinidad es una sola persona y señalan la existencia de documentos de la Iglesia sobre el tema, donde queda claro el puesto de María en la historia de la salvación. María es carnal, la trinidad es divinidad.  La mayoría de los lugares de peregrinación donde se expresa esta devoción están relacionados con apariciones de la Virgen.

 

La Devoción a la Divina Pastora

En Venezuela, la advocación de la Virgen María como la Divina Pastora es una devoción que reúne mas de dos millones de peregrinos en el día de su Procesión,  se encuentra  en el templo de Santa Rosa en la localidad de este mismo nombre en el estado Lara. Este templo terminó de construirse en el año  de 1674,  en él vive la imagen de la Virgen aproximadamente desde el año de 1736, a donde llega por equivocación y donde la tradición dice que ocurrió un hecho calificado como el primer milagro de esta Virgen: “el cajón, en cuyo interior reposaba la imagen de la Divina Pastora, adquirió un peso inusitado y no pudo ser levantado por los indígenas Gayones que tenían el encargo de hacer el traslado y devolverla a la iglesia Concepción de Barquisimeto a donde estaba destinada”. Suárez Mª Matilde y Bethencourt Carmen (1996.Pág. 44).

 

Posteriormente se convirtió en la Patrona de los barquisimetanos pues  en el año de 1856, el sacerdote Macario Yépez convocó una rogativa en el sitio de la Cruz Salvadora en Tierritas Blancas, a la entrada de Barquisimeto por la epidemia del cólera que azotaba a toda la región y no cedía. El 14 de Enero de ese año se trajo en procesión por primera vez la imagen de la Divina Pastora a Barquisimeto.

 

Suárez y  Bethencourt (Ob.cit.) relatan que hubo prédicas, oraciones y súplicas donde el Padre Yépez    ofreció  su vida a  cambio de que la  epidemia del cólera cesara. Dicen que a partir de ese día la epidemia disminuyó hasta terminarse.

 

Desde entonces quedó establecida la tradición de traer anualmente la imagen a la ciudad de Barquisimeto, originándose así un acto piadoso especial de veneración a la Virgen que se mantiene ininterrumpidamente durante 152 años, que ha crecido con el tiempo enormemente en el número de asistentes y en la fe mariana, originándose toda una manifestación ritual para celebrar en comunidad, fuera del templo, un culto sagrado con características propias, donde se mezclan las manifestaciones de la fe católica con tradiciones y costumbres locales.

 

La Procesión de la Divina Pastora Como Manifestación de Fe

Sale del pueblo de Santa Rosa y por la cuesta se enrumba hacía la Av. Lara de Barquisimeto, su ritmo es rápido y ligero. La gente la acompaña, “La camina” o la “carga”, si se tiene el deseo de hacerlo y además la suerte de ser escogido por el director de la procesión al cambiar “La pega”, con este término se designa a la cuadrilla que va llevando en hombros a la Virgen en su trono. El 14 de Enero los hombres tienen esa tarea, la Virgen la lleva el pueblo como una masa ondulante, los promeseros se meten bajo el mesón y soportan el peso sobre sus cabezas. Plegarias, músicas y cohetes son su entorno.

 

Una de las promesas es seguir a la Virgen por todo el recorrido de unos ocho kilómetros desde Santa Rosa hasta la Catedral de Barquisimeto. Cuando la imagen pasa se van cerrando las calles desbordadas de gente. La actitud de esa multitud que se mueve mientras unos van y otros vienen es de recogimiento, no hay desorden, se siente la piedad, la creencia profunda, arraigada, hay un murmullo de expectativa que se rompe cuando la Virgen aparece  por los aplausos y gritos de ¡Viva la Divina Pastora!

 

En diversos puntos del recorrido hay tarimas con grupos musicales, folklóricos, populares y modernos que están todo el tiempo tocando, cantando y alegrando la atmósfera. También durante todo el recorrido la gente que la acompaña entonan cánticos religiosos en especial el Himno a la Divina Pastora.

 

La primera parada de la Virgen es ante la Cruz Salvadora en la Plaza Macario Yépez. Allí va llegando la procesión como a las dos de la tarde. Es recibida por las personalidades que en gradas provisionales han estado aguardando por varias horas. Se pronuncian discursos y se le canta porque la Virgen tiene su música. La Orquesta Mavare le toca balses y bambucos. A veces la bailan,  “La Pega” la mece suavemente de un lado a otro, arrullándola, entre aplausos cerrados. De allí la Procesión sigue por la Av. Morán hasta llegar a la Av. Venezuela, la más ancha de la ciudad, con seis canales de circulación central, dos de circulación lateral y amplias aceras que sin embargo no son suficientes para contener la multitud.

 

La Virgen se aproxima a la Catedral de Barquisimeto. Los fuegos artificiales y los cohetes son la señal de su arribo. Una vez instalada en la plaza frente a la catedral se realiza una misa concelebrada por varios sacerdotes, la homilía la pronuncia un representante de la Iglesia de alta jerarquía, asistidos por los seminaristas. La repartición de la comunión es muy prolongada ya que comulgan miles de feligreses.

 

Para el año 2008, la Orquesta Sinfónica Juvenil del Estado Lara, la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar y la Orquesta Sinfónica de Lara, a la llegada de la Virgen a la catedral frente a ésta,  dieron un concierto de música clásica bajo la conducción del joven director larense, con fama internacional Gustavo Dudamel, presentando música de Häendel, Vivaldi y  Beethoven.

 

Ya de noche, una vez concluida la misa, la Alcaldía y unas familias de Barquisimeto, tenían la costumbre de obsequiar a la ciudad una exhibición de fuegos artificiales, para este año ese acto fue eliminado debido a un accidente ocurrido en el año 2007, afortunadamente en aquel accidente solo hubo daños materiales pero se suspendió esta tradición que todos los barquisimetanos esperábamos como señal del comienzo de la peregrinación de la Virgen por todas las parroquias de la ciudad.

 

Al finalizar los actos los devotos se retiran a sus hogares. En la catedral la procesión termina, pero los días subsiguientes y durante casi tres meses, de acuerdo a un calendario establecido la Virgen visita las diferentes parroquias de la ciudad, en pequeñas procesiones que la van llevando de una iglesia a otra.

 

El regreso de la imagen a su iglesia en Santa Rosa tiene lugar el sábado que antecede al Domingo de Ramos, sale del templo de Nuestra Señora de la Consolación  de la urbanización  Santa Elena de Barquisimeto, última parada. En la tarde baja por la calle que conduce a la plaza del pueblo, donde es recibida por conjuntos musicales y cohetes. En enero de 2008 se cumplieron 152 visitas y cada una de ellas reafirma la perdurable tradición religiosa más importante que tienen los larenses.

 

Análisis de la Manifestación Religiosa: “Procesión de la Divina Pastora”

Boyer, Régis (1995) expresa que el término sagrado da cuenta de la manifestación de una realidad distinta a las realidades ambientales de la vida. Lo sagrado no desciende de las categorías conceptuales abstractas inmanentes y trascendentes, en las que eventualmente se les puede situar para devenir su valor supremo,   sino que según el Cristianismo todo se reduce a un encuentro personal, una experiencia vivida aunque sea puramente interior y cualquiera sea la cultura considerada, no hay sacralización sino a través de la experiencia en última instancia personal. En el comienzo de toda religión está la experiencia de lo sagrado, colectiva e individual y una envuelve a la otra.

 

 El devoto que asiste a la Procesión de la Divina Pastora lo hace desde un convencimiento, desde una manera de vivir la experiencia de lo sagrado de forma personal, pero al mismo tiempo entra en comunión con un colectivo de personas que tienen experiencias semejantes que pueden comunicárselas a los demás y que los demás han decidido admitir y aceptar.

 

El autor citado dice que esta experiencia de lo sagrado, ocurre desde nuestras carencias e imperfecciones y que somos conscientes de poseer como seres humanos, pero una vez que vivimos esta experiencia, su llamada ejerce un poder de fascinación en nuestra inteligencia, imaginación y sensibilidad, convirtiéndose en un ideal de plenitud, de autenticidad y de eternidad al que no renunciamos.

 

Al observar los comportamientos, ritos, mitos, ceremonias, que están presentes en la manifestación religiosa en estudio, se debe buscar su sentido como testimonio de permanencia en el tiempo, firmeza, tradición, hermandad, respeto y convicción, que tienen los feligreses al identificarse con una experiencia de lo sagrado que los puede llevar al  reconocimiento de un Principio Superior Creador y que solo pueden percibir a través de la experiencia humana de participar de la Procesión como manifestación religiosa, así como de las creencias y la fe que se vinculan con ella.

 

La manifestación de la Procesión de la Divina Pastora se puede considerar como una manifestación histórica porque posee un tiempo histórico incorporado-actualizado, entendido como el producto de la acción social de una determinada comunidad en un lapso prolongado. Esta manifestación ocurre ininterrumpidamente desde hace 152 años hasta nuestros días, conservando su esencia, tradición, forma de representación  de la fe cristiana, guardada en la memoria colectiva de su pueblo.

 

Esta manifestación religiosa, se origina mucho antes del hecho de la Procesión cuando la devoción a esta Virgen es traída desde Sevilla España en 1736  al pueblo de Santa Rosa y con el transcurso del tiempo  fue   asumida por sus habitantes hasta nuestros días.

 

Boyer (Ob.cit.) afirma que la religión “religa” al ser humano con lo sagrado, con lo que está apartado pero existe a través de mediaciones a las que la persona le da sentido.  La Virgen en su advocación a la Divina Pastora es Sagrada e Invisible, pero se evidencia en su imagen venerada que es trasladada en Procesión, mediando entre el alma del peregrino y el Ser trascendente Dios por el contacto vivido, en una expresión de la sacralidad por parte de la persona cuyas manifestaciones y Hierofanías, el ser humano busca e interpreta.

 

Eliade Mircea citado por Ries (1995), dice al respecto  que lo sagrado siempre se manifiesta a un poder totalmente distinto al orden natural, la percepción simbólica del misterio y la trascendencia es el primer elemento de la estructura de la Hierofanía. El segundo es el objeto y el ser por medio del cual lo Divino y lo Sagrado se manifiestan, pues la manifestación de lo sagrado no se da en estado puro sino a través de mitos, objetos, símbolos, esto es, a través de algo distinto a sí mismo.

 

Lo sagrado necesita de algo real que forme parte de lo visible y de lo profano por lo que el tercer elemento es el objeto o ser natural revestido de una dimensión nueva “La Sacralidad”. Gracias a la mediación de lo visible, lo divino se puede manifestar, sin cambiar la naturaleza del mediador, pero dándole una nueva dimensión y  separándolo del mundo profano. En la historia de la humanidad, en la cima de la jerarquía hierofánica se sitúa la encarnación de Dios en Jesucristo, para el cristiano una experiencia única.

 

En la Procesión de la Divina Pastora durante la misa de salida y la misa de llegada, en la Eucaristía símbolo nuclear de la Liturgia, se da la transustanciación del pan y vino en Cuerpo y Sangre de Cristo, lo que puede considerarse como un elemento hierofánico. En toda Hierofanía el símbolo permite el paso de lo invisible a lo visible, de lo humano a lo divino, este símbolo está dotado de una energía en virtud de su posición de vínculo del hombre con lo sagrado y tiene como condición que el símbolo como realidad de una manifestación sagrada, sea una creación divina sin la intervención de la mano o conocimiento del hombre.

 

Por esta razón “la imagen de la Virgen” no pudiera ser considerada una Hierofanía, en todo caso la imagen de la Divina Pastora, corresponde a una aparición desde el momento en que se le presentó visible, como una pastora con sus ovejitas, al Fraile Capuchino Isidoro  en Sevilla España, en el año de 1703,  y entonces el sacerdote encargó una pintura a imagen y semejanza de lo que vio en sueños.

 

No obstante, la imagen de la Virgen para los feligreses de Barquisimeto y Santa Rosa es  un objeto sagrado. Esto se pudo constatar en los testimonio de los  entrevistados para esta investigación. Cuando se le preguntó a una vecina de Santa Rosa, por qué mucha gente llora cuando ve a la imagen de la Virgen pasar en Procesión respondió: “Que se la lleven es una de las  razones, porque está abandonando nuestro pueblo. Influyen también mucho los cantos y los homenajes que le brindan a nuestra Patrona. Eso te llena y te toca el corazón y no puedes contener el llanto de tristeza, alegría, son emociones encontradas. Quienes lloran de alegría es porque vienen, la veneran, se la llevan y la van a visitar en las diferentes iglesias de Barquisimeto. En cambio Santa Rosa queda con un aire de mucha tristeza . A mí me toca vivirlo los 14 de enero cuando bajo al pueblo, es una pesadez, un silencio… es un vacío muy grande el que Ella deja cuando se la llevan en hombros para Barquisimeto”.

 

El milagro del Padre Macario Yépez con el cese de la epidemia del cólera y otros hechos han permitido la construcción de una historia propia de la “Divina Pastora de Santa Rosa”, muy diferente de las advocaciones de la Divina Pastora en otras partes del mundo. Al mismo tiempo se han incorporado elementos culturales propios de esta zona como expresiones musicales, maneras de pagar las promesas, de vestir a la imagen de la Virgen y de acudir a la procesión. Al colocarnos medallas, escapularios, crucifijos, que recuerdan el uso de amuletos, se pone de manifiesto la fuerza de las tradiciones en los usos, costumbres, actitudes y comportamientos, relacionados con lo sagrado aunque no seamos concientes de ello.

 

Esto se evidencia desde el momento de la llegada de la Virgen a Santa Rosa cuando se comienza a tejer la historia de que no quería ser traslada a Barquisimeto, a su destino original, por lo cual su imagen se tornó muy pesada, tanto que un numeroso grupo de indígenas Gayones no podían alzarla, hecho que se interpretó como una señal divina de la voluntad de la Virgen de ser madre protectora de esta población y en especial de los Gayones, de quienes la leyenda cuenta que cambiaron su forma de ser de rebeldes a pacíficos y laboriosos, una vez evangelizados, y que asumen la veneración a esta Virgen como parte de las creencias de su pueblo. La tradición popular manifiesta que este es el primer milagro que se le atribuye a la Divina Pastora en estas tierras.

 

La imagen de la Virgen como Madre Protectora pudiera representarse también en nuestro inconsciente colectivo, como un símbolo protoevangélico de la madre naturaleza, de la fertilidad y la vida. Eliade citado por Julies Ries ( Ob.cit. ) insiste en el origen religioso de las culturas. Lo sagrado, la cultura y el humanismo están íntimamente relacionados y añade que la experiencia religiosa del ser humano está estrechamente ligada a su experiencia cultural. En el caso de la devoción a la Divina Pastora puede también interpretarse como una representación ancestral de la creencia prehispánica en la diosa madre tierra que propicia la fertilidad de los campos.

 

La esencia de la celebración religiosa de la Divina Pastora, permanece dentro de la creencia cristiana católica, pero a la vez por ser una manifestación cultural que data de más de 150 años, conserva un sentido tradicional en el rito como expresión cultural, aunque las transformaciones que ocurren en la sociedad y los cambios en el contexto espacial modifican su dinámica. Kottak, Conrad (2003) considera que aunque la cultura cambia constantemente, ciertas creencias fundamentales, valores, cosmovisiones, se mantienen y son transmitidos de padres a hijos de generación en generación.

 

Boyer (Ob.cit.) afirma que la experiencia de lo sagrado es siempre del orden del amor, del celebrar, venerar y evocar necesidades vitales, el amor sagrado es celebración. La Procesión de la Divina Pastora es una manifestación de vida, de alegría y de esperanza de un mundo mejor, más justo y en armonía. El milagro más conocido que se le atribuye a la Divina Pastora y que le da origen a la Procesión y su continuidad en el tiempo es un milagro colectivo de la sanación de su pueblo enfermo. Hoy día, los devotos además de sus peticiones particulares, piden por su ciudad, por su país y  por la paz mundial.

 

Prosigue el autor explicando que el ser humano es de acción, pensamiento y sentimiento, no le basta con concebir e imaginar, debe vivir la experiencia que le comprometa con el acto sagrado. Al asistir a la procesión el devoto hace el sacrificio de la larga caminata bajo el sol, en algunos casos caminando desde otros pueblos cercanos, unos descalzos, otros cargando una cruz de madera, otros ayunando o consumiendo solo líquido, como una forma de pagar promesas y darle fuerza a la solicitud del favor que espera le sea concedido o que ya ha alcanzado. Recordemos que en el Cristianismo la demostración del más grande amor divino es a través del sacrificio de Jesús que muere en la Cruz para nuestra salvación.

 

Los devotos como una forma de demostrar un gran amor a la Virgen hacen sacrificios como prueba de su sentimiento, que es vivido como esencia de lo sagrado de forma personal y  participando con otros  en el culto como parte de la solidaridad del grupo, en una conexión con la comunidad de creyentes que se expresa mediante el rito de la Procesión.

 

El significado de la Procesión es aprehendido e interiorizado por todos los feligreses al acudir disciplinadamente a ésta,   la actitud que asumen durante el acto litúrgico y al prepararse para la ocasión, los cánticos que entonan, la demostración de la fe religiosa en torno a los rezos, oraciones, así como el despliegue para ofrecer o pagar  “promesas”, torna a la ciudad liviana,  mística, festiva y ansiosa. Todo con la única respuesta de la fe cristiana, fe que al decir de Rivero, Manuel (2005) produce un estado emocional de inmensa gratificación, alegría individual y colectiva que nos hace encontrarnos con un estado espiritual, que hemos denominado el “espíritu del lugar” en la medida que es colectiva, pero esa espiritualidad colectiva nos induce a comprender el fenómeno como una verdad, a través de lo sutil, lo bello, y eso es un estado de contemplación.

 

Boyer (Ob.cit.) interpreta que el gesto de participación en una manifestación sagrada es un gesto cultural, pues todo proceso cultural verdadero solo se entiende si manifiesta parcialmente al menos el recuerdo de una primera experiencia de descubrimiento de lo sagrado y si esforzándose en recrear algunas de sus premisas tienden a reencontrar el todo. El autor agrega que es difícil distinguir entre religión, magia y arte.

 

En la procesión de la Divina Pastora el protagonismo básico no es de la Iglesia ni de otras instituciones, sino de la gente, del pueblo, de los larenses, que participan en una experiencia sublime de catarsis en el aquí y el ahora y se reencuentran cada año en una comunión de gozo para hacer el camino, constatando el aprecio por los demás, compartiendo la tolerancia y el respeto mutuo en una manifestación de vida y alegría.

 

Los fenómenos populares espontáneos y relativamente independientes de las normas y las liturgias católicas que se presentan en la Procesión y que trascienden lo local y lo nacional, se componen de una población muy disímil de propios y foráneos que durante esta manifestación tiene un acercamiento temporal con énfasis comunitario. La mayoría de las personas que asisten a la Procesión, van caminando delante o detrás de la imagen de la Virgen en su recorrido, apretujados, acalorados, pero con un espíritu de goce y disfrute de una honda vivencia profundamente humana y religiosa, aunque también hay otros participantes que por su posición social, autoridades gubernamentales locales y nacionales, así como autoridades eclesiásticas de alto rango, se colocan en tarimas y palcos con sillas y toldos que les protegen del sol, distantes del pueblo que camina en la Procesión.

 

En otro orden de ideas, podemos considerar que toda investigación sobre un tema de religión implica el estudio del simbolismo religioso. Siguiendo a Boyer (Ob.cit.)  en su interpretación del simbolismo de la vida, plantea que más allá de lo razonable, los seres humanos experimentan alguna vez en su vida un sentimiento de veneración hacía lo sagrado vivido al contemplar el esplendor de elementos como el sol, lo celeste, lo aéreo, que son en todas partes símbolos de una invocación ideal, elementos incitadores de la virtud de superación que siempre y en todo lugar aparecen como modelo de nuestras aspiraciones: Ángeles, serafines, querubines, y otras criaturas celestes, que en realidad son representaciones de ese impulso hacía lo inaccesible, proyección de un deseo irresistible que no se puede concebir sin la presencia de otra realidad distinta e inexplicable y que no se puede expresar mediante las palabras.

 

Al respecto Eliade, Mircea (1969) cita investigaciones de filósofos, epistemólogos y lingüistas, que han demostrado el carácter simbólico no solamente del lenguaje, sino de todas las actividades del espíritu humano, desde el rito y el mito hasta el arte y la ciencia. Puesto que el hombre posee una facultad creadora de símbolos, todo cuanto él produce es simbólico. Añade el autor que habrá que reflexionar por qué determinadas culturas han conservado ciertas significaciones primarias de sus símbolos, mientras que otras las han olvidado, rechazado, modificado o enriquecido. Al ser el hombre un homo Symbolicus y al implicar todas sus actividades el simbolismo, todos los hechos religiosos tienen necesariamente un carácter simbólico, por lo que todo acto religioso y todo objeto cultural se refieren a una realidad metaempírica.

 

De esta manera, desde la historia local de la Región Centro Occidental, el saber popular explica que “para el año de 1855, la terrible enfermedad del cólera azotaba sin piedad a toda Venezuela y una de las ciudades más afectadas era Barquisimeto, en donde día tras día fallecían muchas personas a consecuencia de la misma. Fue así como un sacerdote heroico llamado Macario Yépez, quien era el Vicario de la ciudad de Barquisimeto, hizo traer la imagen en procesión desde Santa Rosa hasta la iglesia La Concepción, un catorce de Enero de 1856. Ese día el padre Macario Yépez ofició la misa en honor a la Divina Pastora, y al terminarla en un acto lleno de fe y amor, ofreció su vida, clamando al cielo entre sollozos, a la Madre de Dios y a Cristo Redentor, para que por la intercesión de la Santísima Virgen bajo la advocación de Divina Pastora, cesara la epidemia del cólera en Barquisimeto y en el país ofreciendo con su vida un sacrificio ejemplar, a cambio de la salvación de su pueblo”.

 

Eliade (Ob.cit.) afirma que una entidad que se convierte en objeto de culto, no es venerado como tal entidad, sino como una hierofanía, como manifestación de lo sagrado. Todo acto religioso desde el instante mismo que es religioso, está cargado de una significación que es, en última instancia, “simbólica” puesto que se refiere a valores o a figuras sobrenaturales.

 

La devoción popular a la Divina Pastora a pesar del tiempo transcurrido, es un símbolo muy  importante que forma parte intrínseca de la identidad del barquisimetano y el santarroseño, quienes en su léxico y sus acciones manifiestan una tradición de fe y de respeto profundamente arraigada y que resalta en un lugar de primacía en el conjunto del resto de las representaciones católicas que pueda haber en estas comunidades, la cual ha perdurado en razón de que desde niños han aprendido a venerarla como su Patrona, su Madre Protectora, a invocarla en los momentos de necesidad, de peligro, a pedir su protección.

 

Eliade (Ob.cit.) plantea, que el mundo “habla” mediante símbolos, “se revela”, no se trata de un lenguaje utilitario y objetivo. El símbolo no es un calco de la realidad objetiva, revela algo más profundo y fundamental. Esta revelación la interpreta el autor de la siguiente manera: Los símbolos son capaces de revelar una modalidad de lo real o una estructura del mundo no evidente en el plano de la experiencia inmediata. Tales símbolos develan el lado milagroso e inexplicable de la vida y a la vez la dimensión sacramental de la existencia humana, descifrada a la luz de los símbolos religiosos. Añade el autor que los símbolos son siempre religiosos puesto que se refieren, bien algún aspecto de lo real, o a una estructura del mundo.

 

Una característica esencial del simbolismo religioso es su multivalencia, su capacidad de expresar simultáneamente varias significaciones cuya solidaridad no es evidente en el plano de la experiencia inmediata. Esta capacidad del simbolismo para develar multitud de significados tiene como consecuencia que el símbolo religioso permite al hombre descubrir cierta unidad del mundo como en un “sistema” y al mismo tiempo conocer su propio destino como parte integrante de ese sistema. Para el autor, la función más importante del simbolismo religioso es su capacidad de expresar situaciones paradójicas o ciertas estructuras de la realidad última que es imposible expresar de otro modo.

 

Por último el valor existencial del simbolismo religioso radica en el hecho de que un símbolo se refiere siempre a una realidad o a una situación que compromete a la existencia humana. Esta dimensión existencial es la que distingue y separa los símbolos de los conceptos. Los símbolos se mantienen todavía en contacto con la fuente profunda, expresan la vivencia espiritual, por ello tiene una especie de “aura luminosa”. Son manifestaciones de la vida que expresan las modalidades del espíritu y en consecuencia comprometen directamente la existencia humana aportándole una significación. El ser humano no se siente aislado en el cosmos sino que está abierto a un mundo que gracias al símbolo se convierte en familiar. Sale de una situación particular y accede a una comprensión de lo universal.

 

El hecho cultural de la procesión de la Divina Pastora a partir de su primera Procesión desde Santa Rosa a Barquisimeto para orar por el cese de la epidemia del cólera en el año de 1856 y el  milagro al Padre Macario Yépez,  mantiene y conserva su significación simbólica, interpretada como una forma de pensamiento que permite a los individuos a lo largo de su vida expresar su subjetividad y reforzar sus creencias, pero detrás del símbolo existe una representación visual, en este caso la imagen tangible de la Virgen, que lleva  a la persona hacer suya una idea compartida por un grupo o una colectividad, el símbolo de la Madre Total, Protectora y Perdonadora, mantiene una continuidad entre el pasado y el presente como una vía para que perduren las tradiciones y la cultura popular.

 

Los símbolos pueden considerarse elementos que promueven la solidaridad y la pertenencia social, estos también constituyen expresiones de la identidad local. En el caso a la devoción de la Divina Pastora su representación tanto en el plano cognoscitivo como en el afectivo, ha sido interiorizada por los pobladores creyentes de estas tierras. Esta apropiación del símbolo que la Virgen representa, propicia en el grupo social mencionado una identificación colectiva en torno al mismo.

 

Reflexiones Finales

De la revisión teórica se puede interpretar que el Homo Religiosus en tanto creador y utilizador del conjunto simbólico de lo sagrado y como portador de creencias religiosas que rigen su vida y su conducta, constituye lo que podríamos llamar una dimensión o esfera de la vida de lo humano que hace alusión a lenguajes especiales, sistemas de creencias, costumbres,  instituciones, conductas, actitudes, sentimientos, ritos, tradiciones,  creaciones, arte. Todos estos elementos hacen que el ser humano pueda tener su experiencias religiosa que lo relacione con el mundo del espíritu y lo ayuden a encontrar un significado en un universo que frecuentemente se le presenta hostil y donde a través de la religión la persona aspira a su salvación por medio del cumplimiento de una serie de preceptos que le indican lo que está bien y lo que está mal.

 

Esta investigación nos permite afirmar que como todo ritual es esencialmente emocional, la Procesión de la Divina Pastora se puede considerar un rito que se caracteriza por la libertad y espontaneidad en la forma de participar en él, de tal manera que permite a la emoción fluir por donde quiera. Sin embargo el ritual es también una actividad social, por lo tanto requiere organización y jerarquía para la celebración, tal y como se lleva a cabo durante la planificación y la realización de esta manifestación religiosa y cultural.

 

Para el día de la procesión el comportamiento de los barquisimetanos cambia construyéndose una atmósfera de unión, de solidaridad, paz y hermandad entre los feligreses, esto revela lo sagrado del acto pues esta manifestación existe para todos los habitantes de la región quienes la viven de diversas maneras según su experiencia personal, unos la consideran parte de su vida, como un acto sacramental, una comunión personal e íntima con la Pastora de las almas, otros asisten por la simbología cristiana pero también por la fiesta, el encuentro, otros acuden más bien como turistas para presenciar este hecho cultural particular como un desfile vistoso, disfrutar de las actividades musicales.

 

También están aquellos que critican la Procesión por diversas razones, como pertenecer a otra religión, otros cultos, o simplemente por autodefinirse “no creyente”, pero sin embargo no pueden sustraerse a su omnipresencia que llena todos los espacios de la ciudad. Otro grupo, el de los políticos, asisten para dejarse ver y hacer alarde público de su fe cristiana como una forma de proselitismo. Todo esto demuestra la fuerza del sentir religioso del pueblo larense.

 

El tema religioso de la Procesión define para Santa Rosa y Barquisimeto rasgos identitarios importantes que la entretejen simbólicamente con la vida social y cultural, la acercan en lo común y la destacan en lo particular, pues la amplitud y variedad religiosa de la devoción de la Divina Pastora no se reduce a la realización de la Procesión nada más, ya que sus aportes a la caracterización de la región le merece un lugar relevante y sugiere que se estimulen otras investigaciones.

 

Referencias Bibliográficas

Boyer, Régis (1995). “La Experiencia de lo Sagrado” en Tratado de Antropología de lo Sagrado. Tomo I. Editorial Trotta. Madrid.

 

Eliade Mircea (1969) “Mefistófeles El Andrógino”. Madrid. Ediciones. Guadarrama.

 

Kottak, Conrad (2003) “Espejo Para la Humanidad”. España. Introducción a la Antropología. McGraw-Hill..

 

Padura, Juan (2004). “Semana Santa de Zaragoza”. http: // Usuarios. Lycos. es / semana santa en la red.

 

Pouthier, Jean-Luc (2004). “Religiones en el Mundo”. Ediciones Larousse. México. Ries, Julián (1995). “El Hombre y Lo Sagrado. Tratado de Antropología Religiosa” en Tratado de Antropología de lo Sagrado Tomo I. Editorial Trotta. Madrid.

 

Rivero, Manuel (2005). “La Gerencia de Riesgo en el Escenario de la Visita de la Divina Pastora a Barquisimeto Como Espacio Cultural-Religioso Vinculado con el Espíritu del Lugar”. Barquisimeto. Tesis no Publicada. Universidad Simón Rodríguez.

 

Suárez, Mª Matilde y Bethencourt, Carmen (1996). “151 Visita de La Divina Pastora. Patrona de Barquisimeto”. Caracas.  Fundación Bigott.

 

[i] .-Profesor de Cultura Popular y Folklore de la Universidad Simón Rodríguez, Núcleo Barquisimeto. Dr en Cultura Latinoamericana egresado del Doctorado en Cultura Latinoamericana del Instituto Pedagógico de Caracas (IPC) de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL).

 

[ii] .-Docente Investigadora de la Universidad Simón Rodríguez (UNESR).

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2 Responses to Lo Sagrado y la Experiencia Religiosa: Virgen de la Divina Pastora

  1. Que satisfacción sentí al leer el artículo.
    Los felicito por el buen trabajo realizado.

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