Jacob y San Pedro, dos tramposos de la historia sagrada

Share Button

 

Isabel Rodríguez Barradas[i]

Universidad Simón Bolívar (USB)

 -Si desea descargar este Artículo en pdf:

CIPOST-5-Jacob-y-San-Pedro-dos-Tramposos-de-la-Historia-Sagrada-Rodriguez-Barradas-Isabel

-Si desea conocer otros Artículos, Audios y Videos de Religión, entre en la siguiente URL: 

http://ciscuve.org/?cat=53

 

-Si desea conocer los otros Artículos del Dossier “Diversidad de lo religioso en la actualidad”, entre en la siguiente URL: http://ciscuve.org/?cat=6641

Este trabajo es el resultado de una investigación realizada para el curso Manifestaciones religiosas en América Latina y el Caribe del doctorado en Cultura en América Latina y el Caribe del Instituto Pedagógico de Caracas, dictado por el Dr. Enrique Alí González Ordosgoitti y, a su vez, forma parte de uno de los aspectos estudiados para mi tesis doctoral que trata sobre la figura del tramposo, del trickster.

Resumen

El tramposo –trickster- es un personaje presente en mitos, leyendas, en historias populares y cotidianas pero también, está reflejado en la tradición judeo-cristiana a través de dos personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento: Jacob y San Pedro.  A través de sus historias podremos apreciar las características de esa figura mítica y cómo  a través de ellos se establece la fundación del pueblo hebreo y de la cristiandad.

Palabras clave: Tramposo, Trickster, Pícaro, sobrevivencia, divinidad, Religión Judía, Religión Cristiana, Patriarcas Hebreos, Jacob, Jesucristo, San Pedro

Introducción

Siempre ha sido para mí una curiosidad el que haya quienes pueden evadir sanciones y salirse con la suya.  La picardía, la trampa, el ardid y toda la coletilla de sinónimos que podemos añadir, representan una manera de sobrevivir.  Lo que comenzó por ser una manera de ver el entorno criollo y nacional, se fue expandiendo para revelar a una figura presente en mitos, leyendas, tradiciones, cuentos populares e incluso, en los libros sagrados.

El tramposo pasó de ser un personaje más cerca del vecindario a un protagonista de historias en las que es héroe cultural, fundador de pueblos y vehículo entre los dioses y los humanos, puede tener un origen divino pero tiene que ver más con la condición humana que con la de los dioses, es la trampa su recurso fundamental, hacer que el otro caiga en ella, su objetivo, para así lograr quebrantar el orden establecido y haciéndolo, cimentarlo aún más.

Hemos tomado el término tramposo de trickster, palabra que en inglés nos define al que engaña, hace trampa, miente, “un trickster es un personaje ladino, humano o animal, capaz de transformarse, (…); aparece en los mitos de todos los continentes y frecuentemente se camufla en una de las divinidades o semidivinidades de las grandes religiones (…)”(Eliade, 1992: 131-132).

 

Según Robert D. Pelton (1980: 6-7), un estudioso del tramposo en el África occidental; quien primero empleó el término trickster[1] fue, aparentemente, Daniel Brinton para  referirse, en su Mitos del Nuevo Mundo, a la confusa figura de la mitología y el folklore de los indios norteamericanos que era, al mismo tiempo, un cruel timador, un bribón, pero también un creador y héroe cultural.

 

Ya para finales del siglo XIX el vocablo se había establecido.  De allí en adelante, antropólogos, etnólogos y estudiosos de los fenómenos culturales adoptaron el término al que aquí nos referimos como tramposo.  Según el mismo autor: “Las figuras del tramposo aparecen en todas partes del mundo en las sociedades cazadoras y pescadoras, pastorales y agrícolas en cada etapa de su desarrollo religioso.  Es más, el tramposo se muestra a sí mismo en un confuso traje de máscaras míticas” (p. 5).*

 

Muchos son los estudiosos que han hecho referencia a la paradójica figura mítica del tramposo. Por ejemplo, Jung nos habla de él en Acerca de la psicología de la figura del tramposo (1972:200) en términos arquetípicos:

 

En los cuentos picarescos, en los carnavales y fiestas, en ritos sagrados y mágicos, en las exaltaciones y temores religiosos del hombre, este fantasma del tramposo ronda la mitología de todas las épocas…Es obviamente un “psicologema”, una estructura psíquica arquetipal de extrema antigüedad.  En sus más claras manifestaciones, es copia fiel de una consciencia humana absolutamente indiferenciada, correspondiente a una psiquis que ha dejado el nivel animal.

 

Joseph Campbell en An open life (1989) expresa que:

 

Y el tramposo tiene una cualidad muy especial: siempre irrumpe, justo como lo hace el inconsciente, para darle un traspié a una situación racional.  Es al mismo tiempo un bufón y alguien que está más allá del sistema.  Y el héroe tramposo representa todas esas posibilidades de la vida de las que tu mente todavía no ha decidido que quiere ocuparse.  La mente estructura una forma de vida, y el bufón o el tramposo representan todo un novedoso rango de posibilidades.  No respeta los valores que has establecido para ti mismo, y los quebranta (p. 39).

 

 

El tramposo logra lo que en nuestro fuero interno todos quisiéramos, poder salir airosos de las situaciones más difíciles del modo que él lo logra, riéndose de los demás, subvirtiendo el orden, burlando la jerarquía y salirnos con la nuestra.

 

El Antiguo Testamento. La historia de Jacob

 

La universalidad del tramposo no es ajena a la historia sagrada.  En el Antiguo Testamento nos encontramos con un personaje que retó las más arraigadas tradiciones hebreas: engaña al padre en su lecho de moribundo tomando el lugar y aparentando ser su hermano mayor y recibe por él la bendición de la primogenitura.  Gracias a esta treta será Jacob, y no Esaú, quien trace la descendencia genealógica, el linaje en el libro sagrado.

 

La historia de Jacob comienza con la infertilidad de su madre, Rebeca.

 

 

Resulta particularmente interesante que en Israel es la esposa, no el marido, la que es estéril; la mujer se asocia con la fertilidad o con su carencia.  La anunciación del nacimiento de sus hijos se transforma en el evento bíblico más importante de comunicación entre Dios y la mujer, y de hecho, son algunas de las pocas escenas en las que Dios se dirige directamente a las mujeres.  La mujer es la que pare al hijo, su poder está centrado en el hogar y en la familia, ese es su poder sexual.  El futuro de los  grandes hombres es transferido y confirmado a través de ella en el mismo proceso del nacimiento y en las comunicaciones divinas recibidas por ella antes, durante o poco después del embarazo. (Niditch.2000 p. 96).

 

Isaac ruega a Dios porque su mujer pueda engendrar y Rebeca concibe gemelos, pero ya desde el vientre se manifiestan las diferencias entre sus hijos.  Llegado el momento del parto, nace primero Esaú y tras él, asiéndolo por el talón, Jacob, cuyo nombre significa justamente “sostenido por el talón”, pero también curiosa y fatalmente,  “el que sustituye”[2].

 

Entre los gemelos nace la rivalidad, no sólo por las diferencias que van a manifestarse entre ellos, sino en particular por la primogenitura que permite la continuación del linaje y la heredad del padre.  Esaú se dedica a la caza, al pastoreo y al trabajo de campo, mientras Jacob se queda en el campamento adquiriendo otros conocimientos. Un día en el que aquél regresaba hambriento y cansado pide a su hermano que le dé de las lentejas que estaba preparando.  Jacob accede pero sólo con una condición, la venta de su primogenitura:

 

Esaú dijo:

-Estoy que me muero, ¿qué me importan los derechos de primogénito?

Jacob le dijo:

-Júramelo primero.

Y él se lo juró, y vendió a Jacob los derechos del primogénito.  Entonces Jacob dio a Esaú pan y guiso de lentejas; él comió y bebió, y se puso en camino.  Así malvendió Esaú sus derechos de primogénito. (Génesis, 25: 32-34)

 

De esa manera se realiza un trueque entre lo inmediato que era apaciguar el

hambre, por lo mediato que significaba, en algún momento y quizá muy a largo plazo, los derechos de la primogenitura.

 

Se pueden apreciar los contrastes que se dan entre los hermanos, el uno previsor y artero, el otro, simple y hasta tonto.  Esaú no le da el valor requerido a su condición de hermano mayor por eso este evento quizá no fue para él de importancia, pero Jacob lo conservará preparándose para el futuro cuando, con la ayuda de su madre, reclamará al ciego y moribundo progenitor su bendición quien lo hará sin saber que también él es engañado.

 

Un día, el muy anciano Isaac le pide a Esaú que vaya de cacería y con la pieza que consiga la prepare para él comer y después bendecirlo.  Rebeca que ha escuchado, llama a Jacob y prepara un guiso con dos cabritos del corral para que se presente ante su padre, pero, a diferencia de su hermano, es lampiño, entonces su madre le pone unas pieles cubriendo sus brazos y le hace vestir con la mejor túnica de su hermano.  Así, el engaño se consuma por partida doble pues sin la ayuda materna no habría sido posible; por un lado, se engaña tanto al padre anciano y ciego como al hermano que pierde el mayorazgo.

 

Cuando Esaú se presenta ante Isaac con la comida y solicita su bendición, se percatan, padre e hijo, de lo sucedido pero ya el patriarca no puede recoger sus palabras. La rivalidad fraterna se exacerba -como ocurrirá en muchas de las historias del Antiguo Testamento-, Esaú guarda un profundo rencor a Jacob y se promete que lo matará llegado el luto por su padre.

 

Jacob ha logrado su propósito pero para evadir la ira de Esaú se dirige, por sugerencia de sus padres, a casa del hermano de Rebeca, Labán.  En la huida, pasa la noche en un sitio donde tiene un sueño que le revela la trascendencia de su destino pues en él, Dios le señala que será el padre de  un pueblo numeroso (Génesis 28: 13-15).  Jacob reconoce el lugar como un espacio sagrado pues ve en él “la morada de Dios y la puerta del cielo”.  Sin embargo, a pesar de lo significante del evento:

 

Jacob hizo una promesa:

Si  Dios está conmigo y me guarda en el viaje que estoy haciendo, si me da pan para comer y vestidos para cubrirme, si vuelvo sano y salvo a casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios y esta piedra que he levantado como estela será una morada de Dios, y de todo lo que me des te daré el diezmo.[3]

 

 

Jacob podrá haber tenido un encuentro sagrado y revelador, pero es quien pone las condiciones, siempre a su favor.

 

Una vez llegado a casa de Labán, conoce a una de sus hijas, Raquel, y la pide en matrimonio, por ello se ofrece para servir por siete años a su pariente pero, la noche de la boda, aprovechando la oscuridad, los efectos de la celebración y el rostro velado de la novia, es sustituida por la hija mayor, Lía.

 

El problema de Labán  es que su hija mayor no es atractiva ni deseable.  Ella es extraña, una persona marginal por quien su padre debe ser responsable hasta que pueda casarla y regularizar su posición.  Las solteronas son anómalas en Israel junto a viudas y solteras que no son vírgenes.  El paralelo con otras formas de marginalidad es claro.  Labán como tramposo toma las cosas por su propia mano.  Jugando el rol de Rebeca, hace que su hija tome el lugar de la que es deseada por el otro, quien desconoce que así regularizará su condición de marginal. (…)   Aquél que ha engañado a un primogénito sacándolo de sus derechos de nacimiento, será engañado por una primogénita y su padre.  La ironía en la excusa de Labán a Jacob –“No es costumbre en este lugar dar la más joven antes que la mayor”- ha sido debidamente señalada porque poner al más joven en lugar del mayor, contrario a la costumbre, es precisamente lo que Jacob y Rebeca hacen en el caso de Esaú. (Niditch, 2000:107)[4]

 

 

Así pues, a la astucia de Jacob le sale la de Labán, quien gana otros siete años de servidumbre para casar, ahora sí, a Raquel.   La hija mayor sustituye a la menor, lo contrario que ha hecho Rebeca con Jacob y su hermano.

 

Después de veinte años de servir en tierras de su tío, Jacob solicita permiso para volver a la de sus padres y como recompensa pide sólo los animales del rebaño que sean oscuros o manchados.

 

-No me des nada, sólo haz lo siguiente; yo volveré a pastorear y guardar el rebaño; pasa hoy por todo el rebaño y aparta todas las ovejas oscuras y todos los cabritos manchados: ése será mi salario.  Y así, mañana, cuando llegue el momento de pagarme, mi honradez quedará en claro; si encuentras en mi rebaño algún cabrito no manchado o alguna cordera no oscura, es que los he robado. (…)

Pero el mismo día apartó todos los cabritos rayados o manchados y todas las cabras manchadas o con manchas blancas y todas las ovejas oscuras y se las confió a sus hijos. (…)

Jacob tomó varas frescas de chopo, almendro y plátano, peló en ellas tiras blancas, descubriendo lo blanco de las varas, y colocó las varas peladas en los abrevaderos frente al ganado, donde las ovejas solían beber agua, para que los machos las cubrieran cuando venían a beber.  En efecto, las cubrían frente a las varas y las cabras parían crías rayadas o manchadas.

Jacob apartó las ovejas y las apareó con machos oscuros o rayados, y mantuvo separado su rebaño sin mezclarlo con el de Labán.  Cuando los animales más fuertes cubrían, colocaba las varas frente al ganado en el abrevadero, para que cubrieran frente a las varas.  Cuando los animales eran flojos, no lo hacían.  Y así se fue quedando Labán con los flojos y Jacob con los fuertes.  De este modo se enriqueció muchísimo; tenía muchos rebaños, siervos y siervas, camellos y burros. (Génesis 30:32-43).

 

De nuevo, surge el pícaro en Jacob, ha planificado cuidadosamente, una selección para quedarse con los mejores animales, así engaña al pariente, que es su tío y su suegro y saca el mejor partido posible a lo que ha sido su estancia allí.

 

Recoge a su familia y las riquezas obtenidas y parte a su destino sin saber que Raquel, molesta por el trato que, tanto ella como su hermana han recibido de su padre al saber que dejarían su casa, y por increparles que parecían más que hijas, extranjeras, ha robado los amuletos sagrados.  Cuando Labán intercepta la caravana, Raquel los esconde bajo la silla del camello y se sienta encima, así, cuando le piden que se ponga de pie para buscarlos, ella se excusa por estar menstruando, apela ingeniosamente al poder tabú de su femineidad para afrentar la autoridad de su padre: “La mujer cuando tenga su menstruación, quedará manchada durante siete días.  El que la toque quedará impuro hasta la tarde.  El sitio donde se acueste o donde se siente, mientras está manchada, quedará impuro.” Levítico (15, 18-19).

 

El tramposo y el sabio héroe/heroína tienen mucho en común: el cauteloso poder de la mujer basado en su hogar; el énfasis en la habilidad de la manipulación tras bastidores a aquéllos que están en una condición más alta para asegurar beneficios personales.  Y, sin embargo, las historias de tramposos tienen una clara tendencia en contra de lo establecido. Los tramposos juegan con el orden establecido y cuando son descubiertos, escapan, eluden la autoridad y trampean de nuevo. (Niditch, 2000:141)

 

Podríamos afirmar que es Jacob la figura bíblica más representativa del tramposo, contando con la anuencia -pícara también- del mismísimo Yahvé, porque no sin ella se realizan las cosas “(…) y las simpatías de Dios están con el sabio, o quizá deberíamos decir con el sagaz” (Ibid:101).  Incluso llega a la confrontación directa, cara a cara, con Él y “aunque Jacob duda de Yahve; como tramposo debe reconocer a Dios por ser tan complejo e impredecible como él.  El Dios de la historia refleja al héroe.” (Ibid :101).

 

Niditch acota que “El folklore se entrelaza con la teología una vez que Dios juega el rol de ayudante, con la seguridad de que Su selección traza el tradicional y hasta predecible patrón de triunfo de quien menos probable es de tener éxito” (p. 78).

 

Un hombre peleó con él hasta la aurora, y viendo que no lo vencía, le tocó la articulación del muslo y se la dejó tiesa mientras peleaba con él.

Dijo:

-Suéltame que llega la aurora.

Respondió:

-No te soltaré hasta que me bendigas.

Y le preguntó:

-¿Cómo te llamas?

Contestó:

-Jacob.

Le replicó:

-Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con dioses y con hombres y has vencido. (…)

-He visto a Dios cara a cara y he quedado vivo.[5]

 

 

En esa frase se condensa la actitud vital del personaje bíblico y, en general,  del tramposo, la sobrevivencia, sin importar la jerarquía o el orden familiar, social o religioso que se esté desafiando.  Jacob ha subvertido el orden ante su hermano y su padre, ante su tío y suegro y finalmente, en el enfrentamiento cara a cara con lo divino.

 

La historia de Jacob está sellada por sus argucias, sin ellas no habría alcanzado ser el patriarca favorecido por Dios para dar origen a ese pueblo numeroso que le había prometido y, gracias a la subversión a la autoridad en sus diferentes manifestaciones, se establece como el eje fundacional del pueblo judío*. Ya en el Génesis se ha manifestado cuál sería su destino estando aún en el vientre de su madre:

Pero las criaturas se agitaban en su vientre, y ella dijo:

-¿Y para esto he concebido yo?

Y fue a consultar al Señor, el cual le respondió:

-Dos naciones hay en tu vientre, dos pueblos se separan en tus entrañas.  Un pueblo vencerá al otro, el mayor servirá al menor (25: 22-23).

 

El Nuevo Testamento. El apóstol San Pedro

 

De la antigua historia sagrada pasamos a la del cristianismo.  Así como podemos decir que Jacob es la personificación del tramposo en el Antiguo Testamento, asimismo podemos afirmar que la religiosidad popular es la que ha reconocido en la figura del apóstol San Pedro al tramposo de la cristiandad.  Lo que no hace la religiosidad formal, la popular la subsana.

 

San Pedro no aparece en los textos del Nuevo Testamento como un tramposo o, en todo caso como un bribón, sin embargo, dadas sus características, es un personaje contradictorio y también ambiguo porque si bien él representa la piedra angular de la fe –nótese como los cambios de situación establecen, también, un cambio nominal que subraya la condición particular de los personajes que implicarán cambios sustantivos: Jacob recibe el nombre de Israel porque será el fundador de un pueblo, Simón cambia a Pedro por ser la piedra sobre la que se cimentará la nueva institución, la iglesia-, pero es él, además, el discípulo más esclarecido y comprometido respecto a la misión de Jesús, sin embargo, es también el que duda, el más humano y sensato en ese sentido, el que en ocasiones se presenta acomodaticio e incluso, impertinente, como en la escena de la transfiguración de Nuestro Señor:

 

Allí se transfiguró delante de ellos: su rostro brillaba como el sol y sus vestidos se volvieron esplendentes como la luz.  De pronto se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Entonces intervino Pedro y le dijo a Jesús:

-Señor, viene muy bien que estemos aquí nosotros; si quieres, hago aquí tres chozas, un para ti, otra para Moisés y otra para Elías. (Mateo 17: 2-4).

 

En lo particular, aunque inoportuna, resulta muy graciosa la intervención de Pedro, rompe con la solemnidad del momento lo que también nos revela su humanidad pues, más allá de la trascendencia del evento, lo lleva al nivel de lo cotidiano, profano y hasta pragmático.

 

Pedro es el único discípulo que reconoce en Jesús al Mesías, y así como lo defiende blandiendo una espada y cortándole la oreja a uno de los soldados romanos en el huerto de Getsemaní, poco después va a negarlo, como se lo predijera su Señor, tres veces.   De modo que podemos apreciar en el Pedro de las Escrituras las contradicciones típicamente humanas en oposición a la divinidad de su maestro, oposición que llevará al extremo cuando, a la hora de su propia crucifixión en Roma, solicita que el suplicio le sea aplicado, pero a la inversa.

 

(…) el Nuevo Testamento presenta una imagen compleja de Pedro, como una persona muy impulsiva, impetuosa, tosca, espontánea, elemental y exuberante.  Es sumamente quijotesco y siempre resulta golpeado por sus súbitos cambios de actitud y comportamiento. Pedro exhibe las ambigüedades y polaridades típicas de los tramposos.  Es más, es un mensajero que frecuentemente procura imitar a Jesús. (Hynes & Steele, sj,1993:164).

 

 

Pedro es ambivalente porque se mueve entre una profunda fe y su propio escepticismo.  La religiosidad popular ha rescatado esa imagen del apóstol para subvertir el orden y el rigor conferido por la ortodoxia eclesiástica y darnos un santo más terrenal así como también un pícaro que se burla del mismísimo Jesús, por eso, la narrativa popular ha creado cuentos y chistes que develan a ese otro personaje: el burlón, el pícaro, el tramposo que surge en las situaciones más solemnes del culto y la tradición.  Así, por ejemplo, en la Última Cena, parodia y desacraliza lo que le pregunta Jesús: “Pedro, ¿tú me amas?” “-Mmm… ¡No qué va! ¡Aquí el marico es Juan”.  La irreverencia dice tanto del personaje como de la cultura que lo elabora y manifiesta.

 

Mi bisabuela contaba una historia en la que el rigor del santo se suaviza, pues es un episodio travieso y hasta infantil.  Van Jesús y Pedro por un camino y Pedro iba recogiendo frutas que ponía en una bolsa.  Más tarde, las empieza a comer y Jesús le pregunta que qué come, a lo que el discípulo responde que cagajón de burro.  Entonces, cuando Pedro mete de nuevo la mano se consigue, efectivamente, con estiércol.  El que quería engañar resulta víctima de su propio engaño.  Su palabra se hace cierta.  El chiste parodia la burla que se quería cometer pero también resulta moralizante para quien es contado, el valor de la verdad por encima de la mentira.

 

Esta visión de San Pedro como tramposo y burlón nos viene de la herencia hispana y mediterránea.[7]  En el folklore de los estados del suroeste de los EEUU, donde es importante la influencia hispana, así como en México, la figura de San Pedro se traduce en historias igualmente transgresoras:

 

Una vez iban caminando San Pedro y Jesucristo y Jesucristo envió a San Pedro a una casa cercana a buscar un pollo asado.  De regreso, San Pedro se comió una pierna del pollo.

Cuando Jesucristo vio lo que San Pedro había traído le preguntó:

-¿Por qué este pollo sólo tiene una pata?

-Nunca tuvo otra pata, respondió Pedro. Todos los pollos de esta región tienen sólo una pata, Señor.

Los dos siguieron y llegaron a un enorme árbol bajo el cual dormían muchos pollos.  Todos tenían una pata levantada y escondida entre las plumas, y no se les veía.

Pedro los señaló  y dijo:

-¡Ves, Señor! Todos los pollos tienen sólo una pata.

Jesucristo tomó una piedrita y se la lanzó a un pollo que se despertó y se paró con ambas patas.

-¡Oh! dijo San Pedro. ¡Un milagro!  Entonces él agarró una piedra grande y la lanzó para despertar al resto de los pollos. Viste, dijo, yo también puedo hacer milagros.[8]

 

En este ejemplo apreciamos la relación entre ambos, Pedro acompaña a Jesús como su servidor pero al mismo tiempo hace mofa de él, de su divina autoridad, pues le miente descaradamente y, no contento con eso, se burla de sus cualidades que, a sabiendas, pretende emular de modo caricaturesco, es como afirma Hynes  “la usurpación a través de la imitación”.   De nuevo, lo popular hace de los opuestos un elemento para explotar la veta picaresca del santo: el juego de las inversiones donde lo divino es burlado y transgredido.  Pedro termina siendo una parodia de lo sagrado.

 

Hay una gran cantidad de chistes de San Pedro y Jesús en los que aparecen en franca oposición o en apoyo mutuo, como par inseparable.  Por ejemplo, están Jesús y Pedro juntos y San Pedro se lleva a Jesús para un prostíbulo, allí cada uno se va con una prostituta, pero en pleno jaleo grita la mujer: “¡Jesús, que tiras como dios!”  Entonces San Pedro le grita: “¡Jesús, vámonos, que te descubrieron!”.  La risa se promueve por la situación en la que se pierde la jerarquía sagrada, se reduce a un episodio prosaicamente humano, apartado completamente de la visión ortodoxa y vertical de la Iglesia, pero, reconociéndose accidentalmente, el carácter divino del protagonista quien, gracias a una blasfemia muy bien montada, resulta expuesto.

 

Son también muy populares y numerosísimos, aquellos chistes en los que San Pedro -reforzando lo que los evangelios dicen de él como portador de las llaves del Reino de Dios-, es quien recibe a quienes llegan a las puertas del cielo, chistes que se prestan, en muchos casos, para la critica social, política, religiosa o simplemente, para la irreverencia y la parodia, pero que además reflejan un igualitarismo, la equivalencia entre lo terrenal y lo celestial, incluso, para revelar situaciones que, hoy día, resultan familiares como el siguiente: llega al cielo un individuo y le toca la puerta a San Pedro y cuando éste le va a abrir no está.  De nuevo le tocan la puerta y de nuevo, no hay nadie.  Y así hasta que sale San Pedro furioso:

-¿Qué mamadera de gallo es ésta?

-Perdone, San Pedro, pero es que me están tratando de resucitar.[9]

Hay una enorme variedad de chistes sobre el santo, chistes que se mantienen en la actualidad pero que vienen, como hemos podido apreciar, de una vieja tradición.  En ellos encontramos las vicisitudes que se viven del otro lado, de esa frontera infranqueable para los vivos que hace mofa de la muerte, lo que refleja una suerte de cotidianización del más allá, presentándolo así de una manera desenfadada.  Lo ctónico desprovisto del ropaje del misterio y lo sombrío.

 

Hay una nivelación de los mundos desacralizando el más allá  y presentándolo una la igualación entre el mundo de los vivos y el de los muertos, y el santo, como otros tramposos míticos, es la conexión entrambos, es el vehículo que permite, de una manera festiva, el tránsito entre la vida y la muerte.  Hay en todo esto una visión cultural que permite ver la muerte como un evento que está allí, como cualquiera otro de la existencia y a San Pedro como el custodio que permitirá el acceso, el tránsito a ese otro espacio que, en los chistes, se desacraliza y pasa a ser como una extensión de este lado, las liminares se esfuman y hacen de un evento que consideramos ha de ser solemne, trascendente, uno que resulta, más bien, divertido.

 

Llama la atención como la tradición popular, teniendo un personaje como Judas Iscariote, quien fuera el que, efectivamente, delató al Mesías, no funja como tramposo sino, al contrario, como objeto de la trampa, probablemente porque el tramposo gana nuestra simpatía, tiene una razón y función como héroe y la traición del que Judas fue protagonista deja poco espacio para lo jocoso.  Sin embargo, tampoco deja de ser objeto de la burla, pero en otro sentido, porque refuerza el aspecto del burlador burlado, como expresión del castigo anticipado y merecido, pero también, el hecho de que más allá de haberse cumplido en el tiempo y en la historia, perpetúa al personaje en su condición de traidor.   La narrativa popular se cobra en estos chistes la artera venta de Iscariote:

 

Jesucristo va caminando por el desierto con sus doce apóstoles y en un momento dado les dice: -¡Tomad una piedra y marchad con ella a cuestas!  Todos toman una piedra bien grande, salvo Judas que toma una más bien pequeña. Al poco tiempo, le dicen: -Maestro, ¡tenemos sed!  Entonces Jesucristo exclama: -¡Qué las piedras se conviertan en agua!  Todos beben hasta hartarse, menos Judas, a quien apenas le alcanza para un sorbito.  Jesucristo les vuelve a decir: -¡Tomad otra piedra para volver a caminar! Todos toman su piedra, pero Judas, esta vez, agarra un enorme peñasco. Trescientos kilómetros después, ven a un campesino que no obtiene nada de su cultivo por falta de abono; entonces Jesucristo exclama: -¡Qué las piedras se conviertan en abono!  Judas, prácticamente tapado de mierda extiende sus brazos y clama al cielo: -¡Coño! ¡Es o no  para traicionarlo!

 

En este otro relato la situación se hace, no sólo muy contemporánea por lo  que se expone, sino que el estado limítrofe entre el más allá y el más acá se desdibuja haciéndolo un solo espacio:

 

Estaba Jesús en el cielo, reunido con todos sus discípulos.  Estaban analizando la problemática de la droga en el mundo y cómo destruía a muchas personas y familias. Como ellos nunca habían probado ninguna, Jesús decidió mandar a todos sus discípulos a varias partes del mundo para que trajeran muestras de distintas drogas y las analizaran. Jesús pasó cinco días esperando que llegaran de regreso los discípulos, hasta que tocaron la puerta: -¿Quién es?, preguntó Jesús, -Soy Juan.  Jesús abre y le dice: -¿Qué trajiste Juan? -Cocaína de Colombia, Maestro.  -Muy bien, pasa y déjala por ahí.  Al rato…Toc, Toc, Toc.   ¿Quién es? -Soy Pedro. Jesús abre la puerta y le pregunta: -¿Qué trajiste Pedro?

-Marihuana de Jamaica Maestro. -Muy bien, pasa y déjala por ahí.

Toc, Toc, Toc -¿Quién es? -Soy Mateo.  Jesús abre la puerta y le dice:

-¿Qué trajiste Mateo? -Crack de Nueva York, Maestro. -Muy bien, pasa y déjala por ahí… Y así sucesivamente iban llegando los discípulos y trajeron heroína, anfetaminas, LSD, hachis y otras sustancias.  Sólo faltaba un discípulo y en eso sonó la puerta: Toc, Toc Toc.

-¿Quién es?

-Soy yo, Judas.

Jesús abre la puerta y le dice: -¿Qué trajiste Judas? -¡A la DEA! ¡Todos contra la pared! Y ése, el  de barba, ¡ése es el jefe!

 

 

San Pedro nos refiere a lo sagrado y a lo profano nivelados en su persona, como piedra angular y burlador de la fe.  La chispa popular ha parodiado quizá hasta la herejía, la escena poderosísima de Jesús caminando sobre las aguas:

 

Va Jesús con sus discípulos atravesando un lago y dice Pedro: ¡Maestro que me hundo!

Jesús le contesta: Tranquilo Pedro, ten fe.

Al instante vuelve a decir Pedro: ¡Maestro, Maestro que me hundo!

Y Jesús le dice: Tranquilo, Pedro, cree en Dios nuestro Padre.

Pedro ya desesperado: ¡Maestro, coño, que me hundo!

Y Jesús le responde: ¡Pero bueno, Pedro! ¡Pues ve por las piedras como vamos todos!”[10]

 

En ese universo de contradicciones que se expresan en las manifestaciones populares del santo, no podemos olvidar la fiesta de San Pedro en las comunidades de Guarenas y Guatire, en el estado Miranda.

 

Ramón Noria relató lo que oyó a su abuelo Pedro Lovera y a Antonio Nuñez, que trabajaron en la Hacienda San Pedro, donde, según nació la tradición.  Contaban que cada 29 de junio los amos oían misas en la capilla y había bailes en la casa grande, con músicos de Caracas.  Los negros se quedaban afuera.  Usaban las levitas negras que robaban a los amos y los remedaban al bailar.  Así se formó la parranda; una forma de protestar contra los atropellos de los hacendados.  Cuando el santo hizo el milagro a María Ignacia, el amo permitió a los negros que sacaran al santo en procesión.  Cuando la mujer enfermó, su marido José Eusebio se vistió como la negra y se integró a la parranda. (Últimas Noticias 24/6/07: 39)

 

 

Allí, los 29 de junio de cada año, se celebra a San Pedro con una danza zapateada –que interpretan los coticeros, quienes sobre las alpargatas o los zapatos, se anudan un trozo de cuero, las cotizas- en la que los participantes se disfrazan como si fuesen los blancos criollos de la colonia, esto es, con levita y pumpá, pero untándose betún para parecer más negros. El bailarín principal es un hombre disfrazado de mujer como si fuera María Ignacia, la madre de Rosa Ignacia, la niña por la que ofreció como promesa al santo, si la sanaba del mal que estaba padeciendo, bailarle en su día por el resto de su vida.  Hasta que en una ocasión, estando ella enferma, fue su marido quien lo hizo en su lugar.  Por eso, hasta el día de hoy, la promesa se mantiene y a Rosa Ignacia la baila un hombre en ropas de mujer esclava que además, está embarazada.  Entonces, la inversión opera entre los bailarines que recuerdan a los esclavos pero trajeados de hacendados, en el reforzamiento del color de la piel con el betún y en la figura principal del baile, un hombre disfrazado ampulosamente de mujer embarazada, muy maquillado y con gruesas crinejas, que lleva cargada una muñeca como si fuera una niña.

 

En esta fiesta popular apreciamos las diferentes inversiones que se dan: inversión social, inversión étnica, inversión sexual, precisamente el día del santo al que estamos haciendo referencia, al santo de las contradicciones, el santo ambivalente, al extremo que, siendo una celebración católica, del fundador de la Iglesia, del santoral impuesto por los blancos peninsulares o criollos; se transforma en una fiesta liberadora para los esclavos. El santo  nivelado con los negros en una igualación social con ellos.  Incluso, la letra de la canción que acompaña la danza es jocosa y hay un trato familiar que se expresa con el diminutivo del nombre.

 

 

Si San Pedro se muriera,

todo el mundo lo llorara.

Por lo menos las mujeres,

los cabellos se arrancaran.

 

Coro:

Con la cotiza dale pisón.

Échale polvo sin compasión

 

El San Pedro de mi tierra

es un santo milagroso

juega chapa con los negros

y descubre a los tramposos

 

San Pedro como era calvo

lo picaban los mosquitos,

y su madre le decía:

“Ponte el gorro, Peruchito”.

 

 

Lo que nos parece más interesante de la expresión y visión popular de San Pedro es que lo ha bajado de los altares, en abierta oposición a la ortodoxia eclesiástica, en un constante proceso de trasgresión creadora y creativa, que nos dice cómo el tramposo mítico se mantiene actualizado en nuestra cultura para reírnos, de igual forma, de nosotros mismos. El santo baila con los negros embetunados de la fiesta, una vez que ha concluido la ceremonia religiosa matutina, la misa en honor del santo patrono.  Comienza la danza en el atrio de la iglesia en la que los danzantes cargan a los niños que las madres les extienden y que ofrecen como pago de promesa o como protección.  De allí parten, siempre bailando, por las distintas calles. La parranda se prolonga paseando al santo y bailándole hasta la noche.

 

Pedro es el apóstol que está presente en el Nuevo Testamento al lado del Maestro y como su discípulo más esclarecido.  En palabras del propio Jesús, era quien había sabido reconocer su misión:

 

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

-Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.

Jesús le respondió:

-¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás! Porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre del cielo. Ahora te digo yo: Tú eres piedra, y sobre esta roca voy a edificar la Iglesia mía, y el poder de la muerte no la derrotará.  Te daré las llaves del reino de Dios; así lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates den la tierra quedará desatado en el cielo (Mateo 16: 16-19)

 

Es a partir de ese momento fundacional de la Iglesia que tomará el nombre por ser la piedra en la que se cimentó.  Entonces, si es el apóstol más prudente con respecto a la trascendencia de la misión de Cristo ¿por qué lo popular le ha dado los ropajes de la contradicción o la paradoja?  Por ser también el que deja ver su condición humana, con sus cualidades pero también sus defectos, entre ellos la profética negación cuando por tres veces reniega conocer a su Señor hasta que el canto del gallo le recuerda el anuncio al que pocas horas antes respondía que jamás ocurriría, una acción no sólo cobarde sino, peor aún, de desconocimiento.

 

La inversión que se da en esta figura puede partir incluso de su propio martirio, la crucifixión opuesta a la de Jesús; de ser custodio del reino y, por tanto, tener un carácter ctónico para el tránsito de las almas, pero, al mismo tiempo, de la necesidad en la religiosidad popular de burlar la seriedad de la ortodoxia eclesiástica para acercarnos a la imagen sagrada del primero de los apóstoles.

 

 

Conclusiones

 

La tradición judeo-cristiana nos presenta dos tramposos de importantísima significación y que se pueden enmarcar en lo que son las características de esta figura mítica.

 

Tanto Jacob como Pedro fueron hitos fundacionales, uno del pueblo hebreo que por él lleva su nombre; el otro, de la Iglesia y la tradición cristiana.

 

En ambos se proyecta la importancia del significado de su misión al operarse un cambio de nombre que implica, asimismo, un cambio de situación existencial signada por el poder que ese nuevo nombre acarreaba, el pueblo de Israel y la piedra angular de la Iglesia.

 

En ambos personajes se aprecia la contrapartida que también se opera en otros tramposos, la dualidad que confirma las oposiciones.  Si con Jacob tenemos como contrapartida a Esaú, a la divinidad de Jesús se contrapone la humanidad tosca de Pedro, esas mismas oposiciones las encontramos en otros mitos y tradiciones como por ejemplo, entre Prometeo y Epimeteo; Pedro el malo y Juan Bobo, Tío Tigre y Tío Conejo.  De ese modo se refuerza el carácter que se quiere subrayar en el tramposo.

 

Sin embargo, uno de los aspectos interesantes que nos ilustran estas historias es que si bien el tramposo reta a la jerarquía, a la divinidad, al orden establecido, esto no podría lograrlo sin tener la anuencia de quien está por encima de ellos, los dioses también saben de trampas y también se burlan, no sólo del tramposo sino del hombre, así ocurre cuando Eos, la Aurora, enamorada del mortal Titono, le ruega a Zeus, el padre de los dioses, que le confiera la inmortalidad para que estuviera junto a ella por siempre, él la complace y se la confiere pero, se olvidó pedir también para su amado la juventud; de modo que él madura, envejece, se hace decrépito con el paso del tiempo, hasta que la deidad, en un acto de compasión, lo convierte en cigarra.

 

Un mensaje electrónico que circula por la red ilustra esta situación para el día de hoy y nos recuerda que debemos tener mucho cuidado cuando solicitamos favores al Supremo:

 

Un ateo estaba paseando por un bosque admirando todo lo que aquel “accidente” de la evolución había creado. ¡Qué árboles majestuosos! ¡Qué poderosos ríos! ¡Qué bellos animales! Iba diciendo a medida que caminaba a lo largo del río pero, mientras, escuchó un ruido detrás.  Se volteó y vio un corpulento oso pardo que se le acercaba.

Arrancó a correr lo más rápido posible pero vio, con horror, que el animal estaba muy cerca. Aumentó la velocidad de su carrera y tuvo tanto miedo que, sin querer, comenzó a llorar. Entonces, tropezó y cayó. Intentó levantarse pero ya el oso estaba sobre él.  En ese preciso momento, el ateo clamó: ¡Oh, Dios mío!

En ese instante todo quedó detenido y se oyó una voz en el cielo:

-Tú negaste mi existencia durante todos estos años.  Enseñaste a otros que yo no existía y redujiste la creación a un accidente cósmico ¿Esperas que te ayude ahora a salir de este apuro? ¿Debo esperar que tengas fe en mí?

El ateo miró al cielo desde donde venía la voz:

-Sería hipócrita de mi parte pedir que me pasaras a tratar como un cristiano pero, tal vez, puedas volver al oso cristiano.

-Muy bien, dijo la voz.

El tiempo prosiguió su curso y todo volvió a tener movimiento.

El oso hizo una pausa, recogió sus patas e inclinó la cabeza, entonces dijo:

-Señor, bendice estos alimentos que ahora vamos a recibir. Amén.

 

 

El tramposo gana nuestras simpatías, porque nos identificamos con él, con la forma como sortea las vicisitudes cotidianas o las metafísicas, no es ni bueno ni malo, no puede categorizarse desde lo ético pues se vale de su capacidad,  inteligencia y astucia para engañar. Todos quisiéramos ser como ellos ya que procuran un beneficio invirtiendo una situación que no les era propicia porque:

 

Los tramposos hacen cosas que a nosotros nos encantaría hacer –y usualmente se salen con la suya con ellas.  Es por eso que nos gusta ver trabajando al tramposo, incluso en la vida real –mientras no seamos nosotros las víctimas de su trampa (Sherman, 1996: 9).

 

 

Anexo

 

  1. 1 The English “trickster” apparently derives from the French triche, but the Oxford English Dictionary notes that the connotations of trick, trickster, are much broader in English. (Note also the cognate treacher, which we now use primarily in the adjective treacherous.)

 

  1. 1 Trickster figures appear in all parts of the world in hunting and fishing, pastoral, and agricultural societies at every stage of religious development. Furthermore, the trickster shows himself in a baffling array of mythical masks

 

  1. 2 In picaresque tales, in carnivals and revels, in sacred and magical rites, in man’s religious fears and exaltations, this phantom of the trickster haunts the mythology of all ages…He is obviously a “psychologem” , an archetypal psychic structure of extreme antiquity.  In his clearest manifestations he is a faithful copy of an undifferentiated human consciousness, corresponding to a psyque that has already left the animal level.

 

  1. 3 And there’s a very special property in the trickster: he always breaks in, just as the unconscious does, to trip up the rational situation. He’s both a fool and someone who’s beyond the system. And the trickster hero represents all those possibilities of life that your mind hasn’t decided it wants to deal with. The mind structures a lifestyle, and the fool or trickster represents another whole range of possibilities.  He doesn’t the values that you’ve set up for yourself, and smashes it.

 

  1. 4 It is particularly interesting that in Israel, the wife, not the husband, is always the barren one; the woman is associated with fertility or lack of fertility. The annunciation centering on the birth of her children becomes the major biblical occasion for communication between God and women, in fact, some of the few scenes in which God directly addresses women.  Woman is the child bearer, her power a home-oriented, family-centered, sexual power.  The future of the great men is conveyed and confirmed through her in the very process of birth and in divine communications received by her before, during, or soon after pregnancy.

 

  1. 8 Laban’s problem is that the elder daughter is unattractive and undesirable. She is an outsider, a marginal person for whom her father must take responsibility until he can marry her off and regularize her position. Old maids are anomalies in Israel along with widows and unmarried non virgins.  The parallel with other sorts of marginality is clear.  Laban as trickster takes the situation into his own hands.  Playing the Rebecca role, he disguises the child as the one desired by the other party, who is unknowingly about to regularize the marginal one’s status. (…).  He who cheated an elder out of his birthright is to be cheated by an elder and her father.  Ironies in Laban`s excuse to Jacob –“It is not the done thing in our area to give the younger in marriage before the elder”- have been duly noted, for placing the younger over the elder contrary to custom is precisely what Jacob and Rebecca do in the case of Esau.

 

  1. 10 The trickster and the wisdom hero/heroine have much in common: the stealthy, home-based power of the women; the emphasis on clever, behind-the-scenes manipulation of those of higher status to secure for oneself benefits. And yet the trickster tales have a clear antiestablishment bent. Tricksters toy with the establishment and when uncovered escape, elude authority and trick again.

 

  1. 15 (…) the New Testament presents a complex image of Peter as a highly impulsive, impetuous, unrefined, spontaneous, elemental, and exuberant person. He is exceedingly quixotic and is forever buffeted by rapid reversals in attitude and behavior. Peter exhibits the central ambiguities and polarities so typical of tricksters.  Further, he is a messenger who frequently attempts to imitate Jesus.

 

  1. 16 There are parallel examples of Saint Peter’s elaborated role as trickster en earlier medieval European folklore. Italo Calvino’s Italian Folktales (1980 [1956]) contains a good selection (…). Calvino comments that “Popular tradition makes of Peter a lazy man, glutton, and liar, whose elementary logic is always contrary to the faith preached by the Lord, whose miracles and acts of mercy never fail to put Peter to shame.  Peter is this sort of common man’s gospel, is the human opposite of the divine, and his relationship with Jesus is somewhat like Sancho Panza’s with the hidalgo.”

 

  1. 16-17 One time San Pedro and Jesucristo were walking along, and Jesucristo sent San Pedro up to a nearby house to get a cooked chicken. On the way back Pedro ate one leg of the chicken.

When Jesucristo saw what San Pedro had brought back he asked,

“Why has this chicken but one leg?”

“It never had another leg” answered Pedro.  “All of the chickens around this part of the country have but one leg, Sir”.

The two proceeded and came to a big tree under which were sleeping many chickens.  All of the chickens had one leg tucked up out of sight under their feathers.

Pedro pointed to them and said, “You see! All of the chickens have but one leg apiece.”

Jesucristo took a small rock and threw it at one of the chickens.  It woke up and stood on both feet.

“Oh,” said San Pedro, “A miracle!”  He then took up a large rock and threw it to awaken the rest of the chickens.  “You see,” he said, “I can perform miracles, too.”

 

  1. 17 usurpation-through-imitation

 

  1. 30 The tricksters does things that we’d love to do ourselves –and usually gets away with them. And that’s why we like to see the trickster at work, even in real life –so long we aren’t the victim of the trick.

Bibliografía

ELIADE, Mircea y Ioan P. Couliano (1992). Diccionario de las religiones. Barcelona. Ediciones Paidos.

HYNES, William & STEELE, Thomas J. sj. (1993). “Saint Peter: Apostle transfigured into trickster”: Mythical Trickster Figures, contours, contexts and criticisms. Tuscaloosa & London. The University of Alabama Press.

JUNG, Carl Gustav (1972). “On the psychology of the trickster figure”, The trickster. A study in American Indian Mythology.  New York. Schocken Books.

NIDITCH, Susan (2000). A Prelude to Biblical Folklore, underdogs and tricksters. .Chicago.  University of Illinois Press Urbana and Chicago.

NUEVA BIBLIA ESPAÑOLA, Edición Latinoamericana. (1976). Madrid. Ediciones Cristiandad.

PELTON, Robert D. (1980). The Trickster in West Africa. A study of mythic irony and sacred delight.  Berkeley. University of California Press.

SHERMAN, Josepha (1996). Trickster Tales. Forty Fol. Stories from around the World. Little Rock. August House Publishers.

 

 

 

[1] Trickster en inglés, deriva aparentemente del  francés triche, pero el Oxford English Dictionary apunta que las connotaciones de trick, trickster, son mucho más amplias en inglés. (Nótese también que está emparentado morfológicamente con treacher (traidor), que ahora se emplea primordialmente en el adjetivo treacherous (traicionero). Nota de Doty (1993:221).

* Todas las traducciones son nuestras.  Las citas en su idioma original se encuentran en el Anexo.

[2] www.behindthename.com

[3] Génesis 28: 20.22 .  El subrayado es nuestro.  Véase cómo condiciona ante el Supremo lo que pueda ser su futuro, si resulta como él desea, entonces lo honrará.

[4]  Por este evento bíblico es tradición que ante el altar, al momento del casamiento, la novia devele su rostro frente al novio.

[5] Génesis 32: 26-29 y 31.  El nombre Israel significa en hebreo “uno que ha luchado con Dios”.

* A pesar de las bendiciones que recibe Jacob, y de sus continuas argucias, vale la pena mencionar aquí que en su madurez deja a un lado la simulación que se requiere para ser tramposo.  Jacob como patriarca de su clan familiar tomará otra actitud y serán sus hijos quienes las asuman -aunque no con las características ni el ingenio de aquél- y con suma crueldad.  Por ejemplo, el episodio de Siquén, lugar en el que el patriarca se ha asentado después de haber dejado la casa de Labán.  Allí, el príncipe Siquén, se enamora de Dina, su hija, y la viola.  Para resarcir la falta ofrece casarse con la muchacha: “Háganme este favor, que les daré lo que me pidan; pongan un precio alto por la novia, y les daré lo que me pidan, con tal de que me la den en matrimonio”.

Los hijos de Jacob respondieron a Siquén y a su padre, Jamor, con falsedad, porque Dina, su hermana había sido infamada:

-“No podemos hacer lo que dicen, dando a nuestra hermana a un hombre no circuncidado, pues es una deshonra para nosotros”.

Los varones de Siquén aceptan circuncidarse para ser todos ellos uno solo junto a ese pacífico pueblo, pensando que el ganado y las posesiones también serían de ellos.  Pero, al tercer día cuando estaban convaleciendo: “Simeón y Leví, agarraron el puñal, entraron en la ciudad confiada, mataron a todos los varones y pasaron  a espada a Jamor y a su hijo Siquén; sacaron a Dina de la casa de Siquén y salieron.  Los otros hijos de Jacob entraron y encontraron la matanza y saquearon la ciudad que había infamado a su hermana: ovejas, vacas, burros, todo lo que había en la ciudad y en el campo se lo llevaron, todas las riquezas, los niños y las mujeres como cautivos y cuanto había en las casas. Génesis 34: 1-31. (el subrayado es nuestro).   La represalia se sobredimensiona con la matanza de todos los varones y con el cautiverio al que se somete lo que quedaba de la población, pero, también podemos apreciar el interés económico que había tras el arreglo.

Si bien podemos admirarnos por la estratagema, resulta humillante para Jacob el que sus hijos no hubiesen respetado la palabra dada.  Sin embargo, él se deja llevar por lo que ellos han hecho a pesar del enorme disgusto que le han causado. Asimismo, podemos referirnos al episodio de la rivalidad fraterna que enfrentan todos los hijos de Jacob con Lía ante el favorito de su padre, el hijo de Raquel, José, confrontación igualmente dada por la condición de la primogenitura y de quién sería la responsabilidad de seguir el linaje. Las cualidades particulares con las que contaba el muchacho, era muy inteligente y sus sueños estaban llenos de significados ocultos, se ganó la animadversión de sus hermanos.  Entonces, de regreso de una de sus salidas a pastorear, se presentan ante el padre con la túnica de José desgarrada y teñida en sangre, anunciando que el muchacho había muerto devorado por una fiera cuando en realidad lo habían vendido como esclavo.  Él, por las cualidades especiales que había demostrado se reivindicará ante ellos con su propia historia. Génesis 34: 1-31 y 37:23-36

 

 

[7] Hay ejemplos paralelos del elaborado rol de San Pedro como tramposo en el antiguo folklore medieval europeo.  Los Cuentos Folklóricos Italianos de Italo Calvino, (1980[1956]) muestran una buena selección. Calvino comenta que “la tradición popular hace de Pedro un hombre perezoso, glotón y embustero, cuya lógica elemental es siempre contraria a la fe predicada por el Señor, cuyos milagros y actos de misericordia nunca fallan al avergonzar a Pedro.  Pedro, en esta especie de evangelio del hombre común, es el opuesto humano a lo divino, y su relación con Jesús es de alguna manera como la de Sancho Panza con el hidalgo”.  Citado por William J. Hynes (1993:41).

[8] Ruth Warner Giddings, Yaqui myths and legends, p. 46. Citada por Hynes y Steele, p. 166

[9] Hay un buen número de chistes que, con sus variables y variantes, enriquecen la visión del santo y de quienes le acompañan.  Él es el pícaro burlón que nos espera después de esta vida.  Haremos referencia aquí sólo a cuatro del amplísimo muestrario popular porque resultaría una antología si quisiéramos registrar una compilación de ellos.

 

Se muere Marilyn Monroe. San Pedro la recibe y le dice que por ser ella un símbolo sexual debe pasar una última prueba para poder realmente acceder al Paraíso, para ello deberá cruzar un puentecito que está sobre un precipicio pero, eso sí, la condición es la de no tener malos pensamientos mientras lo hace porque si no, se caerá y perderá su oportunidad.

Se inicia la prueba y comienza Marilyn a atravesar el puentecito…detrás de ella va San Pedro viendo su tongoneo, observándola, pero al poco rato… ¡Se cae San Pedro!

Tres mujeres mueren y llegan a las puertas del cielo donde las recibe San Pedro. San Pedro se dirige a la primera de ellas: -A ver hija, ¿ningún pecado en tu vida? -No, San Pedrito. ¿Nunca le fuiste infiel a tu marido? -No, nunca. -¿Ni con el pensamiento? -Nunca, ni con el pensamiento. -Bueno, entonces toma las llaves del cielo. Gracias, San Pedrito, gracias.
San Pedro se dirige ahora a la segunda mujer. -Y tu, hija mía, ¿le fuiste infiel alguna vez a tu marido? -No, nunca. -¿Ni con el pensamiento? -Bueno, sí, una vez. -Entonces toma, la llave del purgatorio. -La que sigue.  Entra la tercera mujer. Un cuerpazo, toda maquillada, jeans súper ajustados y un escote revelador. -Ehhh… Este… ehhh… mmm, ejm. Dime, hija mía, ¿y tú? -Mira San Pedrito, la verdad es que yo  sí  me metí con todos los que pude: con el panadero, el lechero, el jardinero, el policía de la esquina, el sobrino de mi esposo, el cuñado, su jefe, tres de sus amigos…
San Pedro la interrumpe: -Ya hija, suficiente, toma la llave de mi cuarto.

San Pedro tuvo que ausentarse de las puertas del cielo y mientras, dejó a un encargado con las siguientes instrucciones:

-El procedimiento es muy sencillo.  Aquí te dejo la Biblia y un montón de billetes de cien dólares.  El que agarre la Biblia va al Paraíso, el que escoja los billetes va para el Infierno.

De regreso le pregunta cómo estuvo la suplencia.

-Bueno, todo estuvo bien pero hubo un caso curioso.

-¿Por qué?

– Es que llegó un tipo que agarró la Biblia y se puso a leerla y empezó a marcar con los billetes los pasajes que le parecían más interesantes…

-¿Y qué hiciste?

-¡Yo lo dejé pasar!

-¡Coño!  ¡Se nos coló otro del Opus Dei!

 

Había una vez, en un pueblo, dos hombres que se llamaban Joaquín.  Uno era sacerdote y el otro taxista. Quiere el destino que los dos mueran el mismo día. Entonces, llegan al cielo, donde les espera San Pedro.
-¿Tu nombre? – pregunta San Pedro al primero.
-Joaquín Barrantes.
-¿El sacerdote?
– No, no; el taxista.
San Pedro consulta su planilla y dice:
-Bueno, te has ganado el Paraíso. Te corresponden estas túnicas de seda con hilos de oro y esta vara de
oro con incrustaciones de rubíes. Puedes pasar.
-Gracias, gracias. – dice el taxista.
Pasan dos personas más, y luego le toca el turno al otro Joaquín, quien había presenciado la entrada de su paisano.
-¿Tu nombre?
-Joaquín.
-¿El sacerdote?
-Sí.
-Muy bien, hijo mío. Te has ganado el Paraíso. Te corresponde esta bata de poliéster y esta vara de plástico.
El sacerdote dice:
-Perdón, no es por presumir, pero… debe haber un error. ¡Yo soy Joaquín Barrantes, el sacerdote!
-Sí, hijo mío, te has ganado el Paraíso, te corresponde la bata de…
-¡No, no puede ser! Yo conozco al otro señor, era un taxista, vivía en mi pueblo, ¡era un desastre como taxista! Se subía a las aceras, chocaba todos los días, una vez se estrelló contra una casa, conducía muy mal, tiraba los postes de alumbrado, se llevaba todo por delante. Yo me pasé cincuenta años de mi vida predicando todos los domingos en la parroquia. ¿Cómo puede ser que a él le toque una túnica con hilos de oro y vara de platino y a mí esto? ¡Debe haber un error!
-No, no es ningún error- dice San Pedro. Lo que pasa es que aquí al cielo ha llegado la globalización con sus nuevos enfoques administrativos. Nosotros ya no hacemos las evaluaciones como antes.
-¿Cómo? No entiendo…
-Claro, ahora nos manejamos por objetivos y resultados. Mira, te voy a explicar tu caso y lo entenderás enseguida: durante los últimos cincuenta años, cada vez que tú predicabas, la gente se dormía; pero cada vez que el taxista conducía, la gente rezaba y se acordaba de Dios. Entonces, ¿quién vendía más nuestros servicios? Nos interesan los resultados,  hijo mío: ¡Re-sul-ta-dos!

[10] Cf. Mateo 14: 24-33.

[i] .-Profesor Titular del departamento de Lengua y Literatura de la Universidad Simón Bolívar, licenciada en Letras Españolas, magíster en Literatura Hispanoamericana del Pedagógico de Caracas, Doctora egresada del doctorado en Cultura de América Latina y el Caribe en el mismo instituto Pedagógico de Caracas (IPC), de la Universidad Pedagógica Experimental de Venezuela (UPEL). Tiene varios artículos publicados en torno a la figura del tramposo y en el área de tradición oral.

Correos electrónicos: isabelrodriguezb1975@gmail.comisabelro@usb.ve.

Share Button

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

catorce − uno =