Aproximaciones a la religiosidad de la filosofía del estar siendo: el horizonte simbólico americano develado por Rodolfo Kusch

Share Button

Lilia Ana Márquez Ugueto

-Si desea descargar este Artículo en pdf:

CIPOST-10-Aproximaciones-a-la-religiosidad-desde-la-filosofia-del-estar-siendo-Marquez-Ugueto-Lilia-Ana

-Si desea conocer otros Artículos, Audios y Videos de Religión,

entre en la siguiente URL: http://ciscuve.org/?cat=53

 

-Si desea conocer los otros Artículos del Dossier “Diversidad de lo religioso en la actualidad”,

entre en la siguiente URL: http://ciscuve.org/?cat=6641

 

Resumen

El presente artículo deviene de mi investigación para el trabajo de grado denominado: La visión de América a partir de Rodolfo Kusch: la filosofía del estar siendo; inserta en la Cátedra de Pensamiento Latinoamericano, optativa de la Escuela de Filosofía, de la Facultad de Humanidades y Educación (FAHE) de la  Universidad Central de Venezuela (UCV) y dirigida por el profesor Enrique Alí González Ordosgoitti. Kusch plantea rehabilitar la cosmovisión precolombina, y, observar qué queda de esta herencia en la cultura popular actual de nuestra América.

Palabras Clave: Filosofía latinoamericana, Rodolfo Kusch, horizonte simbólico,  camino interior, verdades estables, cosmovisión del antiguo mundo americano.

 

Aproximaciones a la religiosidad de la filosofía del estar siendo:

el horizonte simbólico americano develado por Rodolfo Kusch.

Lilia Ana Márquez Ugueto

 

Los indios del altiplano no caminan solos. Sus dioses los acompañan. Sus dioses y sus diablos, que son hermanos gemelos. Nosotros en la ciudad caminamos solitarios. Las calles no son nuestros hogares, y todo allí se vuelve inseguro, nada nos pertenece. Esas calles, tan reales, y tan poco mágicas, nos dan miedo. [1]

 

Rodolfo Kusch (1922- 1979) fue un filósofo argentino que desde que egresa de la facultad de Filosofía de Buenos Aires, en 1948 se dedica a estudiar a profundidad los asuntos americanos. Entre sus planteamiento geniales se encuentran el de rehabilitar la cosmovisión andina con todos los elementos de ese horizonte simbólico que aun han perdurado en el tiempo, también pertenecientes a nuestra identidad pluriétnica y multicultural, y que aun cuando la tenemos enfrente y somos en esencia lo que ella es, la relación con nuestra pauta cultural sigue siendo desde el ángulo occidental, lleno de cosas y de objetos que no nos permite mirarnos en el propio espejo genético.

 

Así la filosofía del estar siendo emana de esa angustia del filosofo por comprender deontológicamente lo que América es en su cultura, los modos de vivir, de pensar, de ser y de estar. Rodolfo Kusch con más de 60 escritos entre artículos y libros tiene una preocupación que se hace evidente en todas sus letras: americanizar América, esto es comprender el universo de lo pensado y de lo vivido [2] tanto del antiguo mundo americano, como de lo que devino del encuentro entre dos experiencias humanas del mundo en nuestra América.

Cuando entramos en honduras a reflexionar eso que Kusch nos lega como pensador latinoamericanista, necesariamente tenemos que descomponer su filosofía, separar cada elemento que anteriormente hemos unificado bajo el nombre de filosofía del estar siendo, para arribar finalmente al núcleo de sentido que justifica su angustia como pensador entorno a eso que según él y desde su horizonte de pensamiento, no se ha explorado a profundidad, a saber, el ser latinoamericano.

 

El compendio de herramientas intelectuales de las que Kusch se afianza para comprendernos proponen una lógica de la negación, ilustrando algunas de las contradicciones que se dan en suelo americano, particularmente las que tiene que ver con reconocernos como americanos a través de propio ethos cultural; por otro lado el estudio del lo preontológico eso que existe antes del ser, el domicilio existencial que él encuentra en América; y la dialéctica americana que propone la conciliación entre los opuestos que históricamente y desde “el descubrimiento de América” (a los ojos del mundo occidental), entraron en contradicción y que a su vez recrearon una nueva familia humana en Latinoamérica.

 

Específicamente en este tema Kusch crea esas categorías propias de América sobre la base de un existencialismo que defina lo humano americano, de lo que estaba antes de la llegada de España (lo indígena que define con la categoría del estar), lo que bajó de las carabelas representando al occidente que nos colonizó (definido como el ser alguien) y finalmente la repotenciación de un nuevo fruto de América, el humano mestizo (en Kusch el estar siendo). La peculiaridad de este mestizaje es precisamente como se agrupó en este proceso de mixtura la cultura, las creencias, la genética y los espíritus de cada componente de la mezcla, la estructura triétnica que le da peculiaridad a este proceso de mestizaje en América Latina.

Es a partir de develar cada razonamiento de Kusch que nos atrevemos a realizar una aproximación a la religiosidad desde esa filosofía del estar siendo, Kusch para acceder a este espacio semántico propone las dos categorías anteriormente mencionadas (las del estar representando al indígena y la del ser alguien representando a todos aquellos que son o se identifican con la dinámica de occidente) y a partir de ellas develar el universo simbólico de ambas culturas.

 

Una de las acusaciones insistente en toda la obra del maestro es cómo desde la óptica de occidente se han violentado las pautas culturales de lo indígena, como se ha intentado depredar su mundo – natura, como se ha quebrantado su universo simbólico que tradicionalmente se ha afianzado del ángulo existencial, la religiosidad que desea rehabilitar Kusch se ampara en el sentido ontológico, vinculado al ser existente, así la propuesta cultural es la razón profunda de ser de nuestra cultura, que se alimenta del horizonte simbólico y que además posibilita la realización del proyecto existencial.

 

Rehabilitar la cosmovisión del antiguo mundo americano es para Kusch comprender la relación de lo humano con el mundo, y este a su vez implica desnudar lo profundo de ese pensamiento. La pregunta ¿Qué pasa con el indígena cuando piensa? Atiende en principio en que para Kusch carecemos de pensamiento propio, que como occidentales tenemos un cúmulo de cosas que encubren lo esencialmente nuestro, encegueciendo la visión hacia el fondo de América, y es precisamente en ese fondo, que se expresa la inmensidad de todo aquellos que representa la realidad americana desde todos los ángulos existentes, es decir las totalizaciones, las circunstancias del vivir sin más.

 

Una mirada a la filosofía de Kusch a partir de otros pensadores

Esta ya era la intuición de Kusch. El espacio filosófico tiene necesidad no solo de la pluralidad de las diferencias, sino también de su enmarañamiento, de los efectos de movilización o de sobre carga y de inmovilización que aquellas diferencias provocan. (Prólogo de América Profunda a cargo de Norberto Maicas)

 

Graciela Maturo nos dice en su artículo Rodolfo Kusch: la búsqueda de sí-mismo a través del otro, que la filosofía de Kusch:

“[Busca dar con] la expresión simbólica [de nuestra América], [hurgar en] los estratos más ocultos de lo humano… [es una] filosofía que para ser tal ha de arraigarse en un suelo y en una cultura…Kusch postula la actitud espiritual de quién al abrirse a la comprensión del otro desnuda su propia interioridad oculta… todo encuentro con el otro, con otros, arraiga en definitiva en un encuentro con el origen… le interesa a Kusch el otro en cuanto a sujeto en orfandad, sólo sostenido en el marco de una cultura que le provee un aparejo simbólico y ritual…se ve así mismo en su primordial condición humana relación primigenia con la naturaleza, religación con el origen. Sus gestos vitales, su magisterio, rubrican este desnudamiento esencial…una metáfora vegetal recorre la reflexión de Kusch sobre la onticidad americana. Su antropología se centra en el carácter religioso del indígena y el mestizo, insertos en una geocultura que no separa al hombre de su marco cósmico, ni a cada hombre de los otros hombres y de los dioses. Advierte, por contraste, la precariedad de una cultura urbana desvinculada del suelo y de lo sagrado”. [3]

 

Este último aspecto de la religiosidad en Kusch que enuncia Maturo, lo evidenciamos en esta cita textual que extrajimos del autor en su artículo el vivir sin magia:

“(…) en plena puna, un viejito de piel curtida y mirada serena decide ir hacia delante, hacia donde contemplan sus ojos. Empieza a caminar despacio, pisando la tierra. Se encuentra con un arroyo y lo cruza silbando. Un hombre de traje y corbata, impecable, a las nueve de la mañana de un preciosos lunes, decide también ir hacia delante, hacia donde contemplan sus ojos. Camina dos o tres pasos y se da de narices contra la vidriera de un banco extranjero. Mira de reojo, haciéndose el distraído, a cuánto cotiza el dólar. Da media vuelta y vuelve por donde vino. Esas son las diferentes realidades de América: el habitante de la ciudad en un extremo, con su maciza realidad científica, y el habitante de la puna, del altiplano andino, con sus creencias y costumbres, en el otro. Un juego de opuesto”. [4]

 

Continuando con Maturo para ella la filosofía de Kusch se empeñó en mostrar:

“El rostro desnudo de lo humano, el acceso a la subjetividad trascendental… [Citando el exordio de Kusch en América profunda nos dice que éste se propone] sondear en el hombre mismo sus vivencias inconfesadas… [Para Maturo la dialéctica que propone Kusch se eleva más allá cuando trasciende el espacio meramente racial y social y se posa en una idea de] dialéctica interior…Kusch retoma esa integralidad religiosa (que por mi parte remito al catolicismo popular americano con su capacidad de sincretizar y simbolizar sin rechazos culturales, aunque Kusch rehúse poner nombres a esta realidad de cultura)”. [5]

 

Veamos esto que nos explica Maturo en este ejemplo que se encuentra en una lógica de la negación para comprender América de Rodolfo Kusch:

“En Eucaliptos, una totalidad situada a 80 kilómetros al norte de Oruro en Bolivia, asistí a un ritual que servía para sacralizar un camión recién comprado. Se lo colocaba entre dos construcciones. Una se denominaba Gloria, y la otra Anchanchu. Una era fasta, vinculada al dios cristiano y la segunda nefasta, de vieja datas en la cultura aymará. El camión, desde el punto de vista de lo dicho más arriba, era consecuencia de una lógica de la afirmación, porque es cosa, objeto. Pero su instalación entre las dos construcciones sólo es comprensible a partir de una lógica de negación. Gloria y Anchanchu parten de la falsedad original del existir y sumergen al camión en un horizonte simbólico condicionado por la cultura aymará. Simbolizan el requerimiento de una verdad del existir. Esta verdad sobrepasa al camión. Esta representa por su parte una verdad menor y circunstancial. Es más cierta la verdad circunstancial que el camión. El camión es un episodio de la totalidad del ritual. Lo que vale es el ritual porque ampara la posibilidad de operar existencialmente con el camión. Va en esto una especie de sobrerracionalidad americana que se apoya en la afirmación de esa totalidad…” [6]

 

Otro de los autores que deseamos citar en este artículo es Esteban Ierardo, quien nos dice alrededor del trabajo filosófico de Kusch lo siguiente:

“A través de su pensar, se rescata la dignidad filosófica de las cosmovisiones indígenas americanas… su empeño fue revalidar la visión de la realidad de la cultura incaica… el análisis de la visión del mundo andino…el “estar” supone un situarse cerca de un centro donde se encuentra y conservan energías mágicas y divinas que se deben respetar y conjurar…gracias a Kusch podemos recuperar la audacia de un pensar que primero imagina. Imagina un cielo, una selva, una montaña y un surco arado de tierra… [Se trata en suma de] la defensa del filósofo argentino de la magia indígena en contraste con el opaco realismo de la Buenos Aires moderna, o de cualquier ciudad contemporánea”. [7]

 

Ese defender la cosmovisión indígena parte de observar las dos dinámicas de las cuales hablábamos al principio del presente artículo y que se desenvuelven en tierra americana, son muchos los escritos del autor, que ilustran estas profundas contradicciones entre dos pautas culturales, la impuesta y la que en esencia está en América, esto atiende indiscutiblemente a modos diametralmente opuesto de entender, vivir e interpretar la realidad, y los latinoamericanos convivimos con esta condición a diario, con el juego de dos realidades entroncadas:

“(…) ver para creer…la realidad coincide con las cosas que se ven…creer para ver. A veces tengo que ver la realidad para creer en ella, otras veces tengo que creer en la realidad para verla. Por una parte quiero ver milagros para cambiar mi fe y por la otra, quiero cambiar mi fe para ver milagros…la realidad se modifica”. [8]

 

Esta inconsistencia de la realidad la expresa Kusch en eso que él llamó la paradoja del ser, esa necesidad que tenemos de caminar sobre las huellas que la dinámica social occidental depositó en tierras americanas, pero con los ojos llenos de llano, o montaña, o selva, o río, o mar, con esa in-conciencia del paisaje americano en nuestro gentilicio. Insistimos (sobre todo los citadinos) en recrear y validar sólo lo que de Europa heredamos, esencialmente en crear mundos – ciudades que garantizaran no sólo seguridad, sino comodidad a su existencia, “ese mundo bucólico del patio de los objetos” [9]

 

Continuar irguiendo con orgullo el juego occidental, pero con esa cultura primaria americana enraizada en los tuétanos, racionales pero profundamente emocionales, objetivos pero desde la subjetividad mas diáfana, este juego de contrarios es en definitiva una dimensión más de nuestro espíritu latinoamericano.

 

Carlos Martínez Sarasda conoce a Kusch una tarde de 1970 cuando aun era estudiante de antropología, fue invitado a un reducido grupo de estudio de estudiantes de filosofía, y le impresionó de Rodolfo Kusch la pasión y humildad con que transmitía sus experiencias con los quechuas y los aymarás tanto en Perú como en Bolivia, para Martínez Sarasda: “fue un encuentro breve, pero impactante, sabía del mundo profundo de los indígenas, lo respetaba lo valoraba, vivía en él.” [10]

 

El decía que el país antes que nada es una “labor interior” y creo que realizó con creces su propia labor. Vivió como pensó. Eso era típico en él. Su último hogar fue Maimará, un pueblo a 80 Km. de San Salvador de Jujuy. Allí se dio cuenta del milagro de haber saltado las fronteras que uno mismo se crea. En ese lugar se percató también de la posibilidad de ir hacia las otras fronteras, como aquellas de las montañas que tenía frente a su ventana. El sabía que si lograba cruzarlas alguna vez, e ir del otro lado, encontraría, como los héroes de muchos mitos americanos, “toda la vida, esa, que aún no se ha desprendido de los dedos divinos”. [11]

 

El mismo Kusch nos confiesa en el Exordio de América Profunda, lo siguiente:

“Pero no hay labor más eficaz, para dar solidez a esta búsqueda de lo americano, que la del viaje y la investigación en el mismo terreno. Desde un primer momento pensé que no se trataba de hurgarlo todo en el gabinete sino de recoger el material viviente en las andanzas por las tierras de América, y comer junto con su gente, participar de sus fiestas, y sondear su pasado en los yacimientos arqueológicos, y también debía tomar en cuenta ese pensar natural que se recoge en las calles, y en los barrios de la gran ciudad. Sólo así se gana firmeza en la difícil tarea de asegurar un fundamento para pensar lo americano”. [12]

 

Antonio Tinoco en su libro Latinoamérica profunda nos devela el significado de lo profundo, como eso que no percibimos fácilmente a primera vista, sino que, muy por el contrario para llegar a comprender esta dimensión de la realidad, debemos penetrar con la intuición como instrumento, hablando de América Profunda y este esfuerzo ciclópeo de Rodolfo Kusch, nos dice lo siguiente:

“El libro de Kusch que hemos señalado [América Profunda] es una obra que a primera vista se presenta como extraña; el filósofo argentino se maravilla ante la sabiduría milenaria de los pueblos indígenas que habitan el altiplano argentino–boliviano. Pocas veces un filósofo ha descendido desde el pedestal de la sabiduría occidental para dialogar con el otro, el no filósofo, el marginal, indio. Generalmente el filósofo dialoga con otro filósofo, pues existe la creencia que allí es donde se puede enriquecer la filosofía, el diálogo con el otro, con el no filósofo, son cosa más bien de antropólogos, sobre todo si de indios se trata; sin embargo Kusch recurre a un método no tan ortodoxo en filosofía, pero si en antropología, como es de sumergirse en la cultura del otro y extraer de allí su mensaje, su sabiduría”. [13]

 

De los últimos autores que citaremos entorno a la idea de despejar la religiosidad en Kusch nos encontramos con Nerbas Bordas de Rojas Paz, que en su libro “Filosofía a la Intemperie. Kusch: ontología desde América”, específicamente en su epígrafe Pueblo y Pensador desde el horizonte simbólico, donde dice que es uno de los tres rasgos capitales que ella considera son el especio de significación de la filosofía kuscheana, y en este reconocimiento del horizonte simbólico está la singularidad de su reflexión, así la pertinencia y lo originario son fundamento sine qua non del pensamiento de Kusch con respecto a América; Nerbas Bordas de Rojas Paz destaca en la obra de Kusch lo siguiente:

“(…) entramos ahora en el elemento que vigoriza la totalidad de su discurso y se transforma en fuente de comunicación: el horizonte simbólico vivido como matriz cultural. Entendemos la producción simbólica como la manifestación vital de lo inexpresable conceptualmente. Lo vemos como el momento de revelación y sustracción al mismo tiempo, asumiendo la voz del conjunto; resulta ser su expresión encarnada. Su carácter polisémico le da el margen de significación inagotable que permite el movimiento interno con la flexibilidad de lo inconmensurable y la firmeza de lo siempre presente. Por eso nos parece un nivel en que los pueblos se forjan y constituyen, tiene el vigor de una fortaleza inexpugnable. Ela no admite imposiciones, ni violencia en el ser; mantiene la vigencia de un diálogo fundante con lo sagrado, a nivel de un pueblo. Es desde esa capacidad productora de símbolos donde, a nuestro juicio, se desarrolla una identidad grupal; allí queda constituido el recinto de protección común, donde el cuerpo social vive y atesora lo producido desde su libertad, hace funcionar su eticidad y consigue un domicilio que posibilita el habitar coherente. Kusch lo elige para desde él pode captar lo más propio de América”. [14]

 

La conexión que realizamos los pueblo con nuestra verdad es a partir del lenguaje simbólico, desde lo más profundo de nuestras raíces se eleva ese horizonte, en este mundo se integran referencias, relaciones, expresiones, conceptos, creencias, en fin el compendio que nos identifica con un “nosotros” común y que además cumple la función primaria humana de entrelazar naturaleza, hombre y divinidad, extendiéndose inclusive a una dimensión cósmica, es el espacio real de la significancia, espacio donde se resemantiza la relación con el mundo a través de lo sagrado, hilvanando lo humano y lo divino, y en América es el espacio que según Kusch es capaz de redimirnos.

 

¿Por qué ve Kusch en esa América profunda un espacio redentor de nuestra identidad?

“Todo grupo humano estructura su pensar en torno al símbolos… el sentido profundo de la cultura está en que esta puebla de signos y símbolos el mundo…funciona como un elemento inspirador de energía vital y ética… el pensamiento por su parte, se mueve dentro de un lenguaje y éste implica un horizonte simbólico. El horizonte simbólico se alimenta a su vez de una tradición, funciona dentro de un presente y facilita el proyecto hacia un futuro. Hace entonces a lo cósmico y en tanto que integra un cosmos, o sea un mundo, pero un mundo conocido y por eso habitable. Este fenómeno constituye la cultura en el sentido de que es cultivado por el sujeto… la cultura encuadra el horizonte simbólico y éste es el fundamento del existir mismo”. [15]

 

Definimos a la América profunda desde la letras de Tinoco como ese espacio indeterminado de la cultura donde la intuición sirve de herramienta auxiliar para aproximarnos a una comprensión de la propia identidad, eso es lo que rescata Kusch de las garras del olvido que impuso la historia oficial, eso es lo residual, lo descartado, lo negado que él como pensador se propuso rehabilitar.

 

La definición de un universo simbólico propio de nuestra América incluye todo lo negado, incluye también a occidente, agrupar lo que naturalmente se mestizo y contenerlo en nuestro ethos cultural, como forma genuina del espíritu de nuestros pueblos, es hacer de la filosofía no una simple contemplación, sino otorgarle el justo lugar de praxis libertaria que es capar de comprender la totalidad de la realidad americana, este esfuerzo tiene un carácter redentor de nuestra condición cultural, y a este punto queríamos llegar, justo antes de observar cómo para Kusch ha devenido en el tiempo el horizonte simbólico del antiguo mundo americano y como se convirtió en expresión de resistencia cultural.

 

Y esto tiene especial connotación cuando comprendemos la relevancia que Kusch otorga a América como espacio donde se gesta la cultura, resumiendo en palabras de Kusch nos encontramos con lo siguiente:

“Cultura supone entonces un suelo en el que obligadamente se habita. Y habitar un lugar significa que no se puede ser indiferente ante lo que aquí ocurre…el problema cultura propiamente dicho consistirá en conciliar los dos aspectos [estar y ser respectivamente], encontrar el símbolo que reúna los opuestos… esta tercera dimensión le confiere al fenómeno cultural su exacto sentido. La cultura no vale porque la crean los individuos, o porque haya obras, sino porque la absorbe la comunidad, en tanto ésta ve en aquélla una especial significación…el sentido profundo de la cultura están en que esta puebla de signos y símbolos el mundo. Y que este doblamiento es para lograr un domicilio en el mundo a los efectos de no estar demasiado desnudo y desvalido en él…”[16]

 

La cultura para Kusch es espacio, tiempo, dinámicas, conductas, creencias, tradiciones, sentimientos, pensamientos todo lo que podemos definir como elementos de las totalizaciones de América, su filosofía se concentró precisamente en develar eso que culturalmente tiene demasiada presencia viva para ser invisibilizado, esto es una expresión de fe y religiosidad en cuanto a la significancia que tiene para él, el mundo viejo y contemporáneo americano, esto es lo simple de su reflexión, y es complejo, cuando hablamos de lo profundo de un horizonte simbólico recreado por sus propias pautas culturales, eso que él llamó solidez existencial, donde se afianzan la cultura desnudando a su ser posible.

 

Para Kusch los rituales de la América pluriétnica y multicultural son ese estar siendo que podemos observar aun en las expresiones religiosas, y como la religiosidad es una de las expresiones más vivas del espíritu de una cultura, también se hizo necesario develar eso que Kusch entiende por cultura, en, desde, y de nuestra América, “donde se configura la posibilidad de ser con sus propias pautas culturales y su propia voluntad cultural que la condiciona” [17]

 

Toda la obra de Kusch se encuentra edificada sobre la necesidad de enarbolar una analítica geocultural de lo humano en América, evidenciar los rasgos estructurales de esa conciencia que emana de su condición mestiza, pero no un mestizaje entendido como concepto que diluye todos lo componentes de la mezcla, sino más bien como todo lo contrario, reagrupar y evidenciar cada uno de los componentes, incluso hermanada con esa percepción temporal propia también de América, donde el tiempo se puede traducir como el madurar de las cosas, donde se establece un ritmo orgánico emparentado con el paisaje.

 

Esto es parte de esa sobrerracionalidad americana de la cuál nos habla y que nos remite a entender que cada cultura crea sus propios mecanismos para comprender, vivir, convivir y existir en él y con él mundo, esto entra en otra campo que observábamos más arriba, y que es a mi entender una pieza fundamental de la filosofía kuscheana, el aspecto emocional como otro componente de la religiosidad, ese abrir la puerta nuevas determinaciones.

 

Kusch a lo largo de toda su obra, nos está diciendo que de alguna manera independientemente de querer vivir sin magia, y asumir esta actitud displicente ante lo mágico del mundo americano, culturalmente también somos magia, esto es un aspecto de esa religiosidad americana que escondemos, pero que está allí y que en cualquier momento nos hospeda en esa América profunda que aun nosotros hemos descartado. Se trata de entroncar realidades, la de occidente que es netamente objetiva, y la del estar que despierta nuestras más profundas subjetividades.

 

Pero asumir el vivir en magia para muchos es incómodo, muchos citadinos no están dispuestos a quedar atrapados en una verdad desconocida que pertenece en apariencia a un mundo inhóspito, quizá esto se deba a la cruenta ofensiva occidental, de lo que se trata es de reconocer ese magma viviente de nuestras antiguas verdades y que se sigue reproduciendo en el tiempo en nuestras expresiones religiosas sincréticas, aun en la intimidad, cuando estamos a solas pidiendo a un dios muy familiar para nosotros que interfiera en alguna situación a le que no le hayamos respuestas.

 

Para Kusch existe un afán de huir de nuestra intimidad atendiendo a cosas externas que no remedian en absoluto nuestros miedos originales a vivir, asumir tal condición es retomar la conciencia del estar aquí viviendo, domiciliado en América con todo y sus condiciones naturales u objetivas, se trata de alguna manera de desnudar nuestra subjetividades y esta es una experiencia religiosa en la medida en que nos encontramos con nosotros mismos, vivimos inmersos en un mundo orgánico y viviente, que se produce más allá de nuestra creaciones aparentemente seguras.

 

¿En qué consiste la sabiduría de América?

“Vida es detenerse en una colina y ya mirar la próxima, para saltar a ella, sin ver los riesgos que corremos”. [18]

 

En el epígrafe el ciclo del pan Kusch nos dice que más temprano que tarde caemos en la trampa de nuestra intimidad, eso significa retomar el antiguo mundo biológico y prehistórico, donde se tiende el puente con la especie, es reconocernos como el pueblo anónimo que incluso se identifica con las propias pautas culturales, se trata de ver que el mero estar hasta en la ciudad sigue vigente en nuestras vida, ya sea bajo el nombre de pueblo o ciudadanos, seguimos buscando amparo para salvaguardarnos de la ira divina aun en las murallas de las grandes urbes latinoamericana:

“Es el anonimato que impone el número de la ciudad y que nos hace también andar a nosotros, los de la clase media, como parias por sus calles, sintiendo ese lento y monótono correr de la sangre por las venas, dispuestos a sacrificarlo todo con tal de tener nuestro pan diario, nuestro amor y nuestra paz”.  [19]

 

“Estas son nuestras verdades estables que se encuentran inmersas en esa filosofía del vivir puro, son las circunstancia que la maestra vida nos impone diariamente, sea en la ciudad, en el campo, en la montaña, es estar simplemente en el mundo en que vivimos, más allá de las apariencias y pretensiones por querer escapar a nuestras propias realidades, en cualquier rincón nos topamos con la vida misma, es una vez más reafirmar nuestra condición como especie.

Y, así, en la plaza, sumergidos en el mero estar, vamos sospechando que toda esa ciudad brota de un simple amor de machos y hembras, que se han juntado para hacer una tanta casa y tanta calle pero que no vale la pena tanta mentira para confesar esa pequeña verdad de nuestro pequeño y humilde ciclo del pan que no nos animamos a vivir. Y ahí está el barrio con sus colores y recuerdos y el aire preñado de duendecitos, que recogíamos en la niñez y la escuela y el primer amor. Y ahí están de nuevo los grandes temas de la vida, el Dios, las tinieblas y el diablo con quien nos codeamos con picardía, para burlar a los mercaderes que no piensan en todo esto sino en el ser, como un simple ser alguien. Y es todo como la ira de dios que nos sobreviene y nos hace vivir la necesidad del amparo. Y tenemos miedo de que nos despidan, sólo porque nos puede frustrar el pequeño ciclo del pan, el amor y la paz. Y nada más que así somos, en la misma manera como existe el temor al trueno, al relámpago y al rayo indígena, aunque aquí todo esto lo llamamos de otro modo y no sea más que policía, política, peronismo, accidente o asalto”. [20]

 

Se trata de reconectarse con el mundo interior, pasar de la realidad construida a la realidad existente, de entender lo pensado y lo vivido, de recuperar los olvidos adultos fecundos de memoria pueril, vivimos empapados de recuerdos, creencias, dudas, sueños, miedos, experiencias, seguimos haciendo camino al andar con el miedo primario a la vida, le tememos al simple hecho de sentirnos seres vivientes, de ser vulnerables y finitos, le tenemos inclusive a todo lo que pueda ser espontáneo en nuestra vida, continuamos reproduciendo como dice Kusch “el esmero mestizo por la apariencia”[21]

 

Pero estamos aquí, morando en esa vivienda primaria del estar en América tratando de convencernos que hemos digerido todas las cosas que se dan el mundo exterior. “el mundo exterior, y su culto, nos permite distraernos de nuestra intimidad” [22] y esto al final en el fondo, nada resuelve, “todo esto apuntala nuestra impermeabilidad y nuestro turismo espiritual” [23]

Así iniciamos el culto a lo exterior a costa de lo interior.

 

Es el culto del automóvil del nuevo rico o de la copiosa bibliografía de nuestros pensadores universitarios, o del vago progresismo de nuestro buen industrial. Es el afán de quedarnos en el simple automóvil, la bibliografía o el progresismo y ver siempre delante una realidad lejana y objetiva. ¿Pero cómo hacer para revalidar el margen de la subjetividad que necesitamos para reconectarnos y tratar de despojarnos de esta concreta y práctica objetividad en la que nos hallamos embarcados y que nos da este tinte endemoniados de un pueblo exclusivamente mercader?

 

Para responder a estas interrogantes decidimos sacar los aspectos más importantes que él mismo plantea en América Profunda y también nos tomamos la libertad de resaltar de sus letras, lo que consideramos más esencial.

“[Conseguir] la verdad de nuestra condición verdadera de estar aquí en América, [Sería volcar nuestro] sentimiento americano en los moldes técnicos y objetivos que manejamos hoy en día… mas que sentimiento [Volcaríamos] una filosofía de la vida nacida en el quehacer diario del pueblo, como la que vive el indio que sorprendemos en las callejuelas del Cuzco o la del campesino de nuestra pampa, o, más aún, la del paria que habita al amparo de nuestra gran ciudad olvidado de todos y con su miedo atroz de perder su suelo o de que lo lleven preso injustamente […] sólo así volveríamos a tomar esa antigua savia de la que nos han querido separar”. [24]

 

Otro de los conceptos que debemos develar en la obra América profunda es la definición del mero estar para el fruto:

“La realidad no es, entonces, desmontable, sus detalles no se conjugan de acuerdo con el criterio de causa y efecto sino con el de la gestación orgánica. Una idea, un sueldo, una casa, un libro, una plataforma política, todo se engendra, madura y muere, igual que la manzana… eso mismo pasaba con Aristóteles. Él también pensaba que la realidad era un poco orgánica cuando distinguía el ser en potencia del ser en acto. Esto es lo mismo que si dijera que lo que es semilla llegará a ser fruto. La filosofía griega recién salía de un pensar organicista. Empédocles, Anaxímedes y muchos más estaban en eso. Aristóteles todavía veía un animal – mundo en el cual las cosas pasaban de potencia a acto… el pueblo sabe que San Martín, Bolívar o Perón no eran más que semillas, sembradas en un momento dado y que luego debieron sufrir todo el proceso hasta el momento de su extinción. Ellos no hacían más que conciliar opuestos: es la misión del fruto… por eso mismo no hay valores absolutos sino valores relativos que dependen del organismo animal dentro del cual se juegan. La comunidad responde por una justicia vital que restituye la vitalidad y no sólo los derechos de cada hombre. Ésta es la elección de las comunidades agrarias bolivianas y peruanas y también de las comunidades que se ciernen en las villas miserias de nuestra gran ciudad. Y no exageramos si decimos que también se da por debajo de la piel del más democrático de los mestizos. América no enajena la responsabilidad sino que la sume en un ámbito más importante: el orgánico, el comunitario. La comunidad nos torna mucho más responsables…” [25]

 

También tenemos su apreciación del extermino donde entran en juego el azar y las indeterminaciones de la vida, En cuanto al ayuno dirá:

“El mundo es hostil. En él puede darse la ira divina o la simple tormenta, el maíz o la maleza, la riqueza o la miseria, y se puede vivir feliz o se puede perder la libertad injustificadamente. Todo es inseguro y no ofrece ningún asidero. Se impone, entonces, humanamente, una solución, una respuesta para evitar la inseguridad y hostilidad del mundo… de ahí, entonces, el uso del silencio. Pero no se trata del silencio de no decir palabras sino del silencio que hay aun cuando se habla: el silencio que consiste en no decir cosas esenciales, se trata de un silencio que impide la entrega al prójimo… ya de por sí el silencio expresa algo, especialmente en la ciudad, donde la menor variante  exige una explicación. Y la explicación evidente del silencio es que el silencio ha emprendido, real o ficticiamente, un cambio interior para encontrar una solución… [En suma], el ayuno es abstención del mundo, a fin de que cada uno busque su fuerza dentro de sí mismo… el ayuno es una manera de vivir la oposición a la que se reduce el mundo. Es saber que no hay otra alternativa que la sucesión irremediable de vida y muerte, de orden y caos, y que, por lo tanto, lo único cierto es el ayuno, en el cual se siente la dimensión exacta de la intimidad, el dominio mágico del mundo, como hiciera Tunupa [el mundo] cuando estuvo en los Andes de Carabaya y encontró la cruz cósmica en la meditación. Quizá en los resortes íntimos de la psicología del mestizo se juegue ese dominio mágico… ¡Bienvenida sea! La magia, siempre, en la resultante prerreligiosidad del ayuno, y ella concilia con el diablo porque es la manera de abarcar al mundo, la única forma de salud mental”.  [26]

 

“Esto resumen la importancia del ayuno como camino interior como vestigio de una postura mística ancestral que queda en el germen biológico y que nos conecta a nuestra propia espiritualidad, es un silencio esencial y peculiarmente meditabundo.

De lo que exponemos sobre su explicación que da en el epígrafe filo entre vida y la muerte,  lo entendemos como esa conciencia de lo finito es la sapiencia que se da en América en cuanto a la oposición entre la vida y la muerte, es el sentir americano que encierra en su sabiduría lo más elemental del germen biológico, el americano tiene conciencia de que lo negativo es parte sustancial del equilibrio de la vida, es en definitiva lo que nos lega el pasado indígena en cuanto a creencias, se trata de llevar a cuestas, quizá inconcientemente la entelequia del equilibrio cósmico.

Muerte no es más que la suspensión de la vida y esta debe ser restituida… pero sabemos que la muerte predomina sobre la vida. Es el predominio del exterminio sobre la construcción y, por lo tanto, el de la no –vida sobre la vida. Todo lo que hagamos es endeble y tiene la debilidad que le confiere al ámbito de muerte que lo rodea, como si fuera inminente la posibilidad de exterminio”.  [27]

 

“De lo que se trata al final de todo es dar cuenta que se hace necesaria la conciliación de los opuestos para continuar con la difícil tarea de vivir, ese conciliar es dejarnos atrapar por nuestras propias verdades estables, es decir no excluir lo que hay de negativo en la vida, sino conjurar así como en la tradición indígena el caos con el equilibrio, es darle paso al sentir natural de todo pensar humano, estableciendo este equilibrio es que hacemos nuestra propia marcha o itinerario del dios en el vacío.

La vida es un equilibrio entre orden y caos, entre lo que es y lo que no es, porque no se puede impedir que el opuesto exista…es un tránsito de tensión y distensión constante, como si fuéramos todos como una planta, que repite inconscientemente ese ritmo”. [28]

 

Kusch nos dice que a diario vamos al trabajo con nuestro horizonte simbólico a cuestas, con todo lo que históricamente nos ha formado como sujeto, con miedo a vivir, con el proyecto de ser, con las circunstancias adversas o favorables, entre vida y muerte, con dolores propios y ajenos, con la necesidad eterno de amparo, con el anhelo de vivir en paz.

 

La comprensión de la vida misma, o el vivir puro, es esa religiosidad simple que tiene una realidad primaria y que se afecta por las circunstancias del vivir,  embargada por lo emocional y el mundo adverso que esencialmente rescata Kusch del antiguo mundo americano y del actual que vio en lo popular, es esa genuina forma de estar viviendo la vida, y siendo auténticos seres humanos mucho más allá de los sucedáneos, esa actitud meditabunda ante el vivir es precisamente lo que Kusch observa en esa sabiduría americana, los modos como nos confrontamos con nuestras propias existencias, la conexión e identificación esencial con ese germen biológico.

 

“América supone la pesada tarea de ser humano y haber hecho un límite con el caos y con las cosas, para buscar un camino interior que nos conduzca a la verdad primera de la vieja sangre…quizá sea nuestro destino volver a ser aquí hombres sin sucedáneos, porque ese es el destino de América: la comunidad y la reintegración de la especie”.[29]

 

 

Referencias Bibliográficas

-BORDAS DE ROJAS PAZ, Nerva (1997).-Filosofía a la Intemperie. Kusch: Ontología desde América. Prólogo de Norberto César Maicas. En Ensayos Argentinos, Editorial Biblos, Buenos Aires, Argentina.

 

-IERARDO, Esteban (2005).-“Rodolfo Kusch y el Vivir sin Magia”. martinedilisio@revistaaxolotl.com.ar

 

-KUSCH, Rodolfo (1999).-América profunda. Editorial Biblos, segunda edición. Buenos Aires, Argentina.

 

-KUSCH, Rodolfo (1975).-“Dos Reflexiones sobre cultura” en González Álvarez, Luis J. (compilador) [1982].-Filosofía de la Cultura Latinoamericana. Editorial El Búho. 1996, Bogotá, Colombia.

 

-KUSCH, Rodolfo (2000).-Obras Completas. Editorial Fundación Ross, Buenos Aires, Argentina.

 

-KUSCH, Rodolfo (1973).-“Una lógica de la negación para comprender América”. La Revista de Hoy en el Trabajo Social número 27, Buenos Aires, Argentina.

 

-MARTÍNEZ SARASOLA, Carlos (2008).-“La América Profunda de Rodolfo Kusch”. www.ccydel.unam.mx/pensamientoycultura/biblioteca_virtual.htm.

 

-MATURO, Graciela (2007).-“Rodolfo Kusch: La búsqueda de sí–mismo a través del encuentro con el Otro”. Enl@ce: Revista Venezolana de Información Tecnológica y Conocimiento, año 4, número 3. Caracas, Venezuela

 

-TINOCO Antonio (1996).-Latinoamérica profunda. Aproximación a una Filosofía de la Cultura. Maracaibo, LUZ, Facultad de Humanidades y Educación, Escuela de Filosofía.

 

[1] (Kusch, 2000, 16)

[2] Expresión del profesor Enrique Alí González Ordosgoitti, enunciada en varios seminarios de la cátedra Pensamiento latinoamericano.

[3] (Maturo, 2007: 12, 13, 14, 15).

[4] (Kusch, 2000, 16)

[5] (Maturo, 2007: 17)

[6] (Kusch, 1973: 4, 5)

[7] (Ierardo: 2000, 2, 3, 4)

[8] (Kusch, 2000, 15).

[9] (Kusch: 1999:139).

[10] (Martínez Sarasda, 2004: 1)

[11] (Martínez Sarasda, 2004: 1)

[12] (Kusch, 1999:20)

[13] (Tinoco, 1996: 59,60)

[14] (Nerbas Bordas de Rojas Paz, 1997, 33, 34)

[15] (Kusch, 2000: 140, 111, 19, 117)

 

[16] (Kusch, 1975:119)

[17] (Kusch, 1973, 5)

[18] (Kusch, 2000:10)

[19] (Kusch, 1999: 155, 156)

[20] (Kusch, 1999: 156)

[21] (Kusch, 1999: 157)

[22] (Kusch, 1999:158)

[23] (Kusch, 1999: 159)

[24] (Kusch, 1999: 160, 161)

[25] (Kusch, 1999: 163, 164)

[26] (Kusch, 1999: 168, 169)

[27] (Kusch, 1999: 172)

[28] (Kusch, 1999: 179)

[29] (Kusch 1999: 182)

Share Button

2 Responses to Aproximaciones a la religiosidad de la filosofía del estar siendo: el horizonte simbólico americano develado por Rodolfo Kusch

  1. Dilson miguel rapkiewicz

    É muito gratificante ler um artigo deste calibre e perceber que a polinização do pensamento Kusciano se espalha pela América profunda que nos constitui. Continue! aqui e acola nos somamos a todos que gestam um outro olhar sobre e para a vida.
    abraço
    Dilson

    • Obrigado por sua comentario. ADMIRAMOS la obra de Rodolfo Kusch. Yo dicté varios Seminarios sobre él en la Escuela de Filosofía de la UCV

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

4 × 5 =