Los Modos de Vida y la creación de Paisajes en la cotidianidad de la Caracas contemporánea

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Carmen Dyna Guitián Pedrosa

(Socióloga (UCAB), Doctora en Ciencias Sociales (UCV), Profesora Titular de la Facultad de Arquitectura de la UCV.

-Co-Creadora y Coordinadora de Investigación -desde 1991- de la ONG Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela-CISCUVE.

-Co-Creadora y Coordinadora Adjunta –desde 1998- del Sistema de Líneas de Investigación (SiLI) sobre Sociología, Cultura, Historia, Etnia, Religión y Territorio en América Latina La Grande.

-Co-Creadora -desde 2011- de la Página Web del CISCUVE: www.ciscuve.org

-Si desea conocer otros Artículos, Audios y Videos de Carmen Dyna Guitián Pedrosa, entre en la siguiente URL: http://ciscuve.org/?cat=4204

(Publicado en Anuario ININCO. Investigaciones de la Comunicación (Caracas, Venezuela) Volumen 18-1, junio 2006. Recibido: 19/03/2006. Aceptado: 23/05/2006)

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Resumen

Los modos de vida y la creación de paisajes en la cotidianidad de la Caracas contemporánea En este trabajo establecemos la dialéctica de la relación entre Modo de Vida y Vida Cotidiana y cómo se expresa la misma en la ciudad de Caracas. Pretendemos llamar la atención acerca de la necesidad de entender la pluralidad de la vivencia en una gran urbe, cómo ella es diversa y cómo esa diversidad es vivida diferencialmente, cotidianamente, en los espacios colectivos.

Palabras Clave: Espacios urbanos de la cotidianidad colectiva, Modos de vida, Vida cotidiana, Caracas

Abstract[i]

Résumé[ii]

Resumo[iii]

 

Introducción

La diferencia entre recorrer la ciudad en metro o hacerlo en las pequeñas busetas atestadas de gente que van por las calles y avenidas, no es sólo cuestión de superficie y subterráneo, es un asunto de modo de vida y de apreciación e interpretación del lugar donde se vive la cotidianidad, igual puede decirse del que se desplaza en un auto con chofer y del joven que espera pacientemente un aventón todas las mañanas para llegar a su aula de clase.

Muchos pueden ser los ejemplos de vidas, interconectadas o no, que se mueven en el agitado día de una Caracas ambivalente, sencilla y ampulosa, contaminada y a la vez coronada con un paisaje natural imponente y hermoso (en ocasiones de fuego o intensa lluvia, aterrador), la montaña que llamamos el Ávila; ciudad que esconde una escorrentía natural de agua, otrora paseo de los bucólicos caraqueños de principios del siglo XX, el río que llamamos el Guaire. Un valle olvidado en el imaginario de los habitantes de Caracas, ensimismados en las trayectorias urbanas, marcados por la incertidumbre de la violencia, nostálgicos por los mares que se llevó la montaña en diciembre de 1999. Ávidos de ocio, se avalanchan contra los ‘malls’, los bulevares que trajo el metro y ocupan los pocos parques urbanos de la ciudad, un domingo cualquiera cuando no cuesta mucho, ni en tiempo ni en dinero, llegar a los lugares del tiempo libre caraqueño.

Cuando resulta difícil bajar del cerro lo equivalente a cuarenta pisos de escaleras, tomar un transporte rústico bajo la amenaza de un asalto dominguero y abordar una buseta hasta el parque más cercano o hasta el bulevar atestado de buhoneros, por donde casi no se puede caminar, la alternativa es quedarse en casa, viendo televisión, bajar a media tarde a fisgonear el remate de caballos[iv] o a jugar cocos[v] en la bodega del portugués, mientras las mujeres se sientan en la acera a vigilar a los niños jugando y a ponerse al día en los últimos chismes del barrio[vi]. Nunca falta un lunes la reseña de algún vecino muerto en la calle, en un encuentro entre «malandros» peleando por el control de su territorio, cual Chicago de Elliot Ness.

La clase que se cree media pero que es pobre, la clase pobre que se sabe pobre, la clase media que es media, los nuevos ricos y los ricos de alcurnia –los grandes cacaos, los mantuanos, los dueños del valle como se les llama en Caracas– todos buscan escaparse de la rutina semanal del tráfico y del trabajo, del transporte escolar a las seis y media de la mañana, de las comidas fuera de casa; unos son mirones (los flaneurs franceses) de mall y de bulevar, otros descansan bajo un árbol tropical exótico en el Parque del Este, muchos más andan por el barrio echando pinta[vii], juegan apuestas ilegales, se reúnen en el sitio de los hombres en el barrio –el remate de caballos, popularmente conocido como «el hipódromo»– o en el sitio de las mujeres, en la calle, frente a la casa para garantizar el dominio de la información que preserva el poder femenino doméstico sobre las actividades y los planes de los miembros del grupo familiar, aunque muchas veces se hagan la vista gorda frente a lo que descubren que están haciendo los hombres de la casa.

La clase media maiamera lleva sus hijos al Mac Donalds y luego al ‘divercity ‘del ‘mall’ de moda. La clase media de los inmigrantes europeos va a sus clubs «étnicos», la Casa Italia, la Hermandad Gallega, el club de los portugueses ricos, el de los pobres. Las clases más «pudientes» van a su club exclusivo, exclusivo de su barrio residencial, exclusivo de su deporte, golf, tenis, tiro al blanco, etc. Muy pocos van a los museos, menos al teatro o a las funciones de música clásica, esas son actividades elitescas para el imaginario urbano del habitante de la Caracas contemporánea. Descripción de rutinas de tiempo libre, se rompe la rutina de la semana con la del fin de semana, cotidianidad que se produce y se reproduce en el tiempo ordinario de la sociedad y en sus espacios urbanos, unos públicos, otros no tanto.

Para repensar los espacios urbanos y para debatir la noción de espacio público

Cómo entender, entonces, a partir de la diversidad de sujetos sociales, de situaciones, de condiciones espaciales y ambientales qué es lo urbano en Caracas, qué es espacio público, quién lo usa y cómo. ¿Es posible inventar una vocación urbana para Caracas al estilo Bilbao o Barcelona? O ¿se trata la utopía urbana de la homogeneidad del modo de vida, una misma vida para todos, un mismo espacio público que compartir y disfrutar?

Por el contrario, la fragmentación social (que ha convertido a unos sujetos sociales en ciudadanos plenos y a otros en ciudadanos de segunda) se expresa claramente en los espacios públicos urbanos, no se trata tan sólo de una segregación espacial producto de la diferenciación por clase social, se trata de una sociedad cuyo sistema clasificatorio trasciende la categoría de clase social para instalarse en la condición ciudadana, en la condición étnica y en la condición residencial como cernidores sociales de todos los sujetos sociales y, por ende, de los espacios en los que se desenvuelven y sólo a partir de allí será posible interpretar la condición del espacio público como espacio de cotidianidad.

Si a ello le añadimos la antropológica condición de la relación entre la casa y la calle (A casa & a rua del brasileño Roberto Damatta) nos encontramos que no es tan público el espacio urbano colectivo y no es tan privado el espacio urbano compartido, que hay una gama de posibilidades de relaciones espaciales que escapan del convencional tratamiento de lo público y lo privado, no sólo por la definición de la propiedad privada del espacio colectivo (el caso de los malls, por ejemplo) sino por la propia condición que el imaginario otorga al espacio vivido, es la significación colectiva de un espacio que para unos es de arraigo e identificación, para otros puede ser simplemente espectáculo, contemplación o paso.

El uso colectivo restringido del espacio público (el caso de las calles clausuradas por razones de seguridad –muy comunes en las ciudades latinoamericanas–), ¿son esos espacios públicos o privados? El uso colectivo de los condominios horizontales de los barrios populares, es colectivo pero está restringido a un grupo de vecinos y en ocasiones puede abrirse como vía de paso para algunos usuarios ¿público o privado?; el uso colectivo del espacio cuando se instala el remate de caballos en la casa de habitación del rematador ¿público o privado?; El uso de los bulevares para instalar pequeños puestos de venta ambulante de trabajadores informales ¿público o privado? La ruta de los santos (nichos colocados estratégicamente en las vías principales del barrio para evitar acciones violentas de delincuentes en un intento por sacralizar el espacio y crear espacios de seguridad en la comunidad) o la apropiación de plazas por grupos de ancianos o de homosexuales, hasta de narcotraficantes ¿implica una privatización del espacio público?

¿Es el espacio público incluyente por definición y cualquier tipo de exclusión atenta contra su esencia primera? ¿Es la exclusión compatible con lo público? ¿Es la distinción compatible con lo público? ¿Cuál es el verdadero espacio público? ¿El espacio político, aquel que reconoce la condición ciudadana independientemente del sistema clasificatorio de la sociedad, aquel que otorga condición ciudadana? La gran plaza de concurrencia de los mítines políticos, las plazas de Caracas, las calles de Barcelona ocupadas por las marchas contra ETA.

¿El espacio de intercambio, aquel en el que se desenvuelve el mercado y al que tienen acceso todos, unos para mirar, otros para vender y comprar, unos para consumir, otros para desear haber consumido?

¿El espacio para transitar, aquel por el que pasamos para ir a trabajar, de compras, a clases, de viaje, la calle, la carretera?

Parece que el menos público de los espacios es el del tiempo libre, el del ocio, porque ese sí es un espacio de exclusión, del tiempo libre en los tiempos ordinarios de la sociedad, otro asunto es el espacio público de los tiempos extraordinarios donde y cuando la colectividad produce y reproduce significaciones compartidas, en el más importante de los escenarios de construcción de representaciones sociales.

Finalmente, ¿es el espacio público autónomo en su producción y en su uso? ¿Cómo se relaciona con otras dimensiones de la sociedad, de lo urbano, del paisaje, del modo de vida en la ciudad?   Lo que otorga sustancia a las formas de uso del espacio es lo vivido y lo pensado por los actores sociales quienes edifican la realidad urbana del día a día, envueltos en la dinámica de la sociedad globalizada y localizada, glocalizada tal como le ha denominado Thompson Grahame.

Esta proposición consiste en buscar en los cimientos de la sociedad y sus actores, los modos de vida y los modos que asume el mundo construido para interpretar y pensar los usos públicos del espacio urbano y, a partir de allí, reconocer el impacto de la historia, la construcción de utopías y los ideales en las maneras como los actores piensan, construyen y viven la ciudad.

 

Para proponer la noción de Espacios de Cotidianidad Colectiva

«La vida cotidiana es el conjunto de actividades que caracterizan las reproducciones particulares de la posibilidad global y permanente de la reproducción social» (Heller, 1982:9).

Toda vida cotidiana se desenvuelve en un lugar que le otorga coherencia, posibilidad de intercambio y presencia y, sobre todo, condiciones para delimitar una identidad a quienes se apropian del lugar para producir su vida social de tal manera que les permite reconocer quienes ‘somos nosotros’ y quienes son ‘los otros’.

Igualmente la vida cotidiana discurre en un tiempo que puede ser ordinario en la medida en que reproduce las prácticas sociales recurrentes que garantizan la reproducción de la vida social, tanto para sí mismos como colectividad, como para otras colectividades sociales que coexisten con aquella, entre las que ocurre un reconocimiento mutuo de sus identidades. Estos procesos son aplicables a las distintas escalas territoriales así como a los distintos factores de diferenciación de los miembros de la sociedad (castas, clases, sectores, grupos, comunidades, etnias, etc.). La vida cotidiana transcurre en un lugar, bien sea en una comunidad físicamente determinada o bien en un territorio del imaginario colectivo de la comunidad (caso de comunidades antropológicas religiosas, étnicas binacionales o criollas bi-regionales del país).

La vida cotidiana es también escenario de los tiempos extraordinarios, bien sea que se trate de fiestas, velatorios, protestas sociales, recorridos y mítines políticos, mercados populares o encuentros colectivos ante un desastre natural o social, una inundación, una situación de rehenes, un golpe de estado, el común denominador es que la gente siempre busca reforzar sus condiciones de identidad como sujetos sociales. En situaciones de conflicto o de consenso reitera, transforma o produce nuevas maneras de representarse su realidad mediante procesos de realización cultural que resultan en diversas manifestaciones de su ser social.

Las representaciones sociales compartidas por la totalidad de la sociedad se insertan en lo que esa sociedad ha definido como sustancial para establecer su identidad, pero no se trata de un proceso global que se va particularizando sino más bien de un engranaje constante entre representaciones locales y representaciones globales.

Uno no podría imaginarse un ciudadano totalmente global, sin referencia alguna a una condición local por restringida que esta sea (…)   Cuando Agnes Heller (1977) intenta penetrar este problema encuentra lo que considera dos polos opuestos; un italiano que nunca se había planteado una identificación más allá de su barrio romano y una pasajera de avión que definía su hogar como el lugar que compartía con su gato. Si bien el italiano tenía una arraigada identidad particular y local referida a un espacio habitable urbano muy bien acotado, la viajera decía que donde quiera que estuviese su gato, estaría su hogar; en un primer momento ello nos parecería como la máxima expresión de la ciudadanía universal por cuanto el personaje no identifica condición particular alguna y, sin embargo, no puede evadir el centro desde el cual parte, su hogar, y la manera cómo lo representa, mediante una relación afectiva que permanece en su sitio esperando su regreso. Lamentablemente Heller no continúa el relato (por lo que corremos el riesgo de fabularlo) porque su intención es adentrarse en lo que considera la esencia de las relaciones entre el hombre y su mundo en la sociedad contemporánea, tan impregnada de relaciones ‘cibernéticas’.

Lo que la autora no puede evadir es hacer referencia a «su mundo» porque es allí donde se producen las representaciones, ahorrándonos un gran esfuerzo para demostrar lo que actualmente significa la relación entre lo local y lo global así como la inevitable producción de representaciones.

La cotidianidad colectiva, en su proceso constante de producción de significaciones para la sociedad, construye y deconstruye espacios en diversidad de condiciones, en los que la colectividad que los produce es simultáneamente heterogénea y homogénea, una y múltiple, única y diversa, definida y amorfa, unicultural y multicultural, permanente y transitoria, tal es la condición contemporánea del vivir y pensar lo urbano.

Lo que para algunos es ocio para otros es trabajo; lo sagrado para unos es lo profano para otros; lo que resulta permanente para unos sujetos sociales, para otros es eventual, en fin, lo que para unos es lugar para otros es no lugar.

¿Cómo entender, entonces, a partir de la diversidad de sujetos sociales, de situaciones, de condiciones espaciales y ambientales qué es lo urbano en Caracas?, ¿cómo se vive? ¿Cómo se piensa? ¿Qué son espacios de cotidianidad colectiva, quién los usa y cómo?   Se trata, entonces, de un asunto de modo de vida y de apreciación e interpretación del lugar donde se vive. Modo de vida en el que la condición residencial, la condición étnica y la condición ciudadana del sujeto social intervienen en la construcción y deconstrucción de los espacios de cotidianidad colectiva.

 

Los Modos de Vida

La mirada antropológica rescata no sólo el modo de vivir el lugar sino también el modo de valorarlo: el sujeto social construye una significación del lugar que le otorga identidad y le permite arraigarse en él. Identidad y arraigo cuya carencia da pie a Augé (1993) para definir su noción de no lugar, aquél que aun cuando es contenedor de estructuras físicas no produce un modo de vivir identitario entre sus usuarios quienes se convierten en transeúntes, se trata, para Augé, de instalaciones tales como aeropuertos, estaciones de transporte urbano, edificios de servicios urbanos de uso esporádico, también puede ser una alejada oficina de correos, un restaurante en una carretera nunca transitada, una esquina donde se produce un encuentro de extraños, serán no lugares siempre y cuando esos circunstanciales eventos no tengan especial importancia en la experiencia vivida del actor social sino que, por el contrario, resulten totalmente insignificantes.

Por otro lado, la transformación del paisaje en el siglo XX ha dado al traste con la vieja concepción de la contraposición entre campo y ciudad, para resemantizar la relación entre la sociedad y la naturaleza y propiciar el consecuente desarrollo de las nuevas mentalidades y la axiológica social que han otorgado significado a estos procesos sociales y han orientado definitivamente la sociedad occidental hacia un nuevo modo de vida urbano, industrial, enmarcado en un Estado-Nación, lo que hoy conocemos como el modo de vida moderno, con las especificidades propias de las distintas sociedades.

 

El Sujeto Social de la Modernidad

El proyecto de la modernidad occidental definió su sujeto social, el ciudadano, no sólo desde la perspectiva del que actúa en el ámbito del poder y de la toma de decisiones del aparato político del Estado nación sino de aquel que integra el aparato productivo moderno, urbano e industrial para producir la riqueza de esa nación, sujeto que contaba con un conjunto de disposiciones y hábitos culturales así como las mentalidades correspondientes (disposición a crear y acumular un capital cultural moderno, racionalidad, legitimación de la autoridad, titulaciones, valoración del trabajo frente al ocio, propensión al ahorro –más tarde al consumo–, valoración del individuo frente a la masa, secularización de la vida pública, etc.) para este ciudadano se crearon, entonces, los espacios públicos donde podía expresar sus opiniones políticas, recrearse o simplemente transitar en su diario quehacer, de tal manera que el proyecto de modernidad también se hizo acompañar por una concepción del individuo, de la colectividad, de lo público y de lo privado y es, a mi modo de ver, un modelo de mundo de vida-mundo construido aún imperante y poco confrontado.

Lo que ha movido las bases del modelo ha sido la diversidad de los sujetos urbanos, incluso de los ciudadanos. En las sociedades europeas, cuna indiscutible del modelo, el concepto de ciudadano único y uniforme se ha deformado, aun cuando se pueda pensar que se ha extendido del Estado-Nación al continente con la Comunidad Europea, pero el impacto de las migraciones con sus implicaciones étnicas y religiosas, es decir, culturales, ha socavado el propio concepto cuando esas poblaciones se asientan en ese territorio sin posibilidades de convertirse en ciudadanos plenos (bien porque no cumplen con los requisitos para ser ciudadanos o bien porque la sociedad no está en condiciones de integrarlos).

¿Qué implicaciones tendrá para Europa esta redefinición de la condición ciudadana? ¿Cómo va afectar los espacios urbanos, con especial referencia a los espacios colectivos? ¿Qué consecuencias espaciales va a tener la migración musulmana en Holanda y sus exigencias y necesidades de espacios para el culto, cuando esas poblaciones no deslindan su condición religiosa de su condición ciudadana, es decir, sacralizan su vida cotidiana? ¿Qué está pasando con la creación de comunidades urbanas que concentran poblaciones de un mismo origen? ¿Cómo está afectando ello la configuración de los espacios urbanos?

En América Latina la situación es que desde su formación como Estado Nación, estos países ya excluían parte de sus miembros, negándoles la oportunidad de ser ciudadanos plenos, no sólo porque en sus inicios mantenían la esclavitud sino porque sus propias condiciones estructurales como sociedad nunca pudieron ser plataforma de creación de ciudadanía moderna, no existía el aparato político ni el económico y, por supuesto, no se desarrollaron los hábitos culturales necesarios para acompañar la implantación del modelo. Todo ello se ha expresado históricamente en nuestros espacios urbanos, sobre todo en los espacios de exclusión, los barrios de pobladores.

 

Conclusiones

La proposición de los espacios de cotidianidad colectiva como noción para comprender la plurivalencia y diversidad de los paisajes de la urbe contemporánea recoge e interpreta la relación entre mundo de vida y mundo construido, al rescatar la diferenciación y la heterogeneidad como elementos pivotantes del modo de vida urbano contemporáneo, incluso en Europa cuna del modelo homogeneizador y uniforme de la modernidad.

Subyace en esta proposición, la noción sociológica que otorga al sujeto social la condición de constructor de realidades no sólo materiales sino también sociales, políticas, económicas, culturales, lúdicas, residenciales, a partir de lo cual es evidente la relación entre diferenciación de sujetos y diversidad de espacios colectivos reales e imaginarios que albergan la socialidad de los grupos, sectores, clases, etnias y hasta castas y tribus presentes en la condición urbana de hoy en día; en la medida en que los procesos migratorios sur-norte y este-oeste se intensifiquen; entonces, muchas de las instalaciones urbanas tendrán que contener las condiciones necesarias para que estos mundos de vida existan y coexistan. En Caracas el espacio religioso de Santa Rosa donde se encuentra una mezquita, una iglesia católica, rito maronita, una iglesia católica, rito romano, y no muy lejos una sinagoga, son espacios de religiosidad que constituyen una importante variante de espacios de cotidianidad colectiva.

Interesantes proposiciones de investigación acerca de lo público y una revisión de su vigencia como concepto sintetizador de formas de vida contemporáneas, se están desarrollando desde la antropología urbana (Delgado en España, Julian Arturo en Colombia, Augé en Francia, Low, Holston, Rutheiser, Mcdonogh y Cooper en EEUU); de una manera más indirecta desde la economía, las investigaciones acerca de la economía informal y su espacio por excelencia, las calles de la ciudad; desde la sociología, los estudios de Castells y Borja sobre la ciudad actual; Miguel Ángel Aguilar y Alicia Lindon, en México, nos ofrecen una perspectiva importante acerca de la noción de sujetos urbanos contemporáneos y la configuración de lugar o espacio cotidiano; Eva Signorelli, en Italia, devela la perspectiva del antropólogo urbano para interpretar la ciudad contemporánea; igualmente los estudios de la violencia urbana y sus implicaciones en el uso de los espacios públicos urbanos, muchas son las perspectivas de estudio de los modos de vida y la creación de paisajes en la ciudad contemporánea, sobre todo la urbe latinoamericana.

De eso se trata, de imaginar y pensar nuevas maneras de vivir y construir el mundo de vida.

 

Bibliografía

ARTURO, Julián 1997 «El espacio vivido, territorio y apropiación en el espacio público de Bogotá». En VIII Congreso de Antropología en Colombia. Universidad Nacional de Colombia. Departamento de Antropología. Globalización, Multiculturalidad y Medio Ambiente. Santafé de Bogotá 5, 6 y 7 de Diciembre de 1997. (http://www.colciencias.gov.co/seiaal/ congreso/indice.htm)

AUGÉ, Marc 1993 Los «no lugares» espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad. Barcelona: Gedisa.

COOPER, Mathew 1999 «Spatial Discourses and Social Boundaries: Re-imagining the Toronto Waterfront». En Setha Low (ed.) Theorizing the City. New Brunswick, New Jersey and London, Rutgers University Press.

DA MATA, Roberto 1991 A Casa & a Rua. Río de Janeiro: Editorial Guanabara Koogan S.A. (cuarta edición).

DELGADO, Manuel 1999 El Animal Público. España: Anagrama.

FERNÁNDEZ, Roberto 1996 «Modos de hacer ciudad: proyecto y plan». En revistas Ciudades, 3. Instituto de Urbanística de la Universidad de Valladolid, España.

FERNÁNDEZ DE ROTA, José A. 1992 «Antropología simbólica del paisaje». en González Alcantud y González de Molina (Eds.) La tierra. Mitos, ritos y realidades. Barcelona. Anthropos.

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GUITIÁN, Carmen Dyna 1999 «¿Reconstituir el sujeto social de la fragmentada sociedad venezolana?». En González Ordosgoitti Enrique Alí (Comp.) Filosofar sobre la Constituyente. Caracas: Tropykos, CDCH, FAHE, pp. 59-89. (http://ciscuve.org/?p=1186)

HELLER, Agnes 1997 Una teoría de la modernidad. Caracas. Tropykos.

HOLSTON, James 1999 «The Modernist City and the Death of the Street». En Setha Low (ed.) Theorizing the City. New Brunswick, New Jersey and London, Rutgers University Press, 245-276.

LINDON, Alicia 2001 La modernidad y la subjetividad social: una aproximación a la vida metropolitana en Aguilar y Bassols (Coord.) La dimensión múltiple de las ciudades. México. Universidad Autónoma Metropolitana, Iztalapa, pp. 23-60.

LOW, Setha 1999 «Spatializing Culture: the Social Production and Social Construction of Public Space in Costa Rica». en Setha Low (ed.) Theorizing the City. New Brunswick, New Jersey and London, Rutgers University Press.

MCDONOGH, Gary 1999 «Discourses of the City: Policy and Response in Post-Transitional Barcelona». En Setha Low (ed.) Theorizing the City. New Brunswick, New Jersey and London, Rutgers University Press.

RUTHEISER, Charles 1999 «Making Place in the Nonplace Urban Realm: Notes on the revitalization of Atlanta». En Setha Low (ed.) Theorizing the City. New Brunswick, New Jersey and London, Rutgers University Press.

SIGNORELLI, Eva 1999 Antropología Urbana. México, España. Universidad Autónoma Metropolitana, Iztalapa, México: Anthropos Editorial.

THOMPSON, Grahame 1999 «Introducción: situar la globalización». Revista Internacional de Ciencias Sociales (UNESCO).

 

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[i].- Abstract

Life styles and the creation of landscapes into the day-to-day contemporary Caracas In this essay we set the dialectic between Life Style and Daily Life and how it is expressed on Caracas city. We intend to call the attention about the necessity of understanding the plurality of living on a major city, how diverse it is and how such diversity is lived differently, daily on collective spaces.

Key Words: Urban spaces of collective daily, Life styles, Daily Life, Caracas.

[ii] .- Résumé

La vie appelle et la création de paysages dans le Caracas contemporain quotidien. Dans cet essai nous avons mis la dialectique entre Style de la vie et vie Journalière et comme il est exprimé sur ville de Caracas. Nous projetons d’appeler l’attention au sujet de la nécessité de comprendre la pluralité d’habiter sur une ville majeure, comment divers c’est et comment la telle diversité est vécue différemment, journalier sur les espaces collectifs.

Clés de Mots: Espaces urbains de quotidien collectif, styles de la vie, vie Journalière, Caracas.

[iii].- Resumo

Os modos de vida e a criação paisagens na cotidianidade da Caracas contemporânea. Neste trabalho estabelecemos a dialética da relação entre o Modo de Vida e Vida Cotidiana e como ela se manifesta na cidade de Caracas. Tentamos chamar a atenção sobre a necessidade de entender a pluralidade da vivência numa grande urbe, como ela é diversa e como essa diversidade é vivida diferencialmente, cotidianamente, nos espaços coletivos.

Descritores: Espaços urbanos da cotidianidade coletiva, Modos de vida, Vida cotidiana, Caracas

[iv].-El remate de caballos es un juego ilegal de apuestas basado en el juego legal que se lleva a cabo en el hipódromo de la ciudad de Caracas, especialmente los sábados y los domingos. Estos remates pueden llegar a mover hasta seis millones de bolívares (aproximadamente $80 mil dólares) semanales y están vinculados a los grupos delictivos del barrio quienes se ocupan de la custodia del juego y de mantener sobornada a la policía local; generalmente también el narcotráfico está presente pues es el proveedor de capital para las apuestas.

[v].-Tradicional juego popular venezolano en el que cada jugador choca una fruta de coco contra la del contendor y gana el que primero logre romper el coco del otro.

[vi].-En Venezuela el término barrio es equivalente a zonas populares ocupadas y construidas por sus pobladores, tales como las villas miseria, las favelas, etc.   [vii].-Echar pinta, expresión popular para expresar alardear de la vestimenta.

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