Caracas: un caso de aculturación urbana

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Enrique Alí González Ordosgoitti.

(Sociólogo, Doctor en Ciencias Sociales, Profesor Titular de la UCV, de la Facultad de Teología de la UCAB y del Instituto de Teología para Religiosos-ITER       -Cocreador y Coordinador -desde 1998- del Sistema de Líneas de Investigación (SiLI) sobre Sociología, Cultura, Historia, Etnia, Religión y Territorio en América Latina La Grande.

-Cocreador y Coordinador General -desde 1991- de la ONG Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela-CISCUVE.

-Cocreador y Coordinador -desde 2011- de la Página Web del CISCUVE: www.ciscuve.org

-Para contactarnos: ciscuve@gmail.com; @ciscuve, ciscuve-Facebook, @enagor; enagor2@gmail.com, Skype: enrique.gonzalez35

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(Publicado en:

1)Ganador del IV Certamen Latinoamericano de Ensayo Político de Nueva Sociedad[i]: “Lo Propio y lo Ajeno 500 Años después”, 1988, Jurados: Dr. Francisco Herrera Luque, Dr. Carlos Matus, Dr. Gonzalo Abad, Camilo Taufic y Alberto Koschuetzke, Revista Nueva Sociedad (Venezuela) 99: 128-136, enero-febrero 1989

y 2)Enrique Alí González Ordosgoitti (1992).-Ensayos sobre la Cultura Urbana Caraqueña, Capítulo IV, Caracas, FUNDARTE, Alcaldía de Caracas, Centro de Investigaciones Socioculturales (CISCUVE), Colección Rescate, “Caracas toma Caracas”, Nro. 7, 1992, páginas: 119-137)

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-Etnia Indígena (ciscuve.org/?cat=35))

 

 

Resumen.

Punto de confluencia de diferentes corrientes demográficas y escenario de sucesos históricos y económicos relevantes en América Latina, Caracas refleja en su espacio urbano las contradicciones que le dieron su origen y su dinámica. El desarrollo urbanístico y sus consecuencias en el quehacer vital de los caraqueños han producido un singular fenómeno de aculturación, que se manifiesta en la inadaptación de sus residentes a un modelo exógeno de ciudad, en franca oposición a lo que recomienda la tradición y la geografía. Una lucha por restablecer la memoria caraqueña se plantea así, junto a las demandas de un progreso urbano centrado en los intereses de sus habitantes. El caso de Caracas no es excepcional entre cientos de otras ciudades latinoamericanas, producto de un “encuentro” cultural que se aproxima al quinto centenario.

Palabras Clave: Campo Cultural Académico, Campo Cultural Industrial-Masivo, Campo Cultural Residencial. Cambio Cultural, Aculturación, Conculturación, Etnias, Criolla, Indígena, Bicultural-Binacional, Asiáticoamericanas, Euroamericanas, Nacionalamericanas, Idioma Castellano, Música, Joropo Tuyero. Religión, Cristianismo Católico, Fiestas, Virgen de Fátima, Virgen del Rosario, Urbanismo, Urbanización Compulsiva, Espacio Habitable, Gríngolas Visuales, Incomunicación Comunitaria, Lucha por la Memoria Urbana. América Latina La Grande, Venezuela, Estado Miranda, Las Minas de Baruta, Caracas, Estado Bolívar, Ciudad Guayana, España. Quinto Centenario.

 

Summary.

Confluence of demographic trends and different scenario relevant historical and economic events in Latin America, Caracas in urban space reflects the contradictions that gave origin and dynamics. The urban development and its impact on the vital task of Caracas have produced a singular phenomenon of acculturation, which is manifested in the inadequacy of its residents to a city exogenous model, in direct opposition to what recommends tradition and geography. A fight to restore memory and raises Caracas, with the demands of an urban progress focused on the interests of its habitants. The case is not exceptional Caracas from hundreds of other American cities, the product of a “meeting” cultural approaching the fifth anniversary.

Keywords: Academic Cultural Field, Field-Mass Cultural Industrial, Residential Cultural Field. Cultural Change, Acculturation, Conculturación. Ethnic, Creole, Indian, Bicultural-Binational, Asian American, Euro American, Nacionalamericanas. Castilian Language. Music, Joropo Tuyero. Religion, Catholic Christianity. Feasts, Our Lady of Fátima  Our Lady of the Rosary. Urban Planning, Urbanization Compulsive, Living Space, Gríngolas Visual, Community Confinement, Urbana struggle for memory. Latin America La Grande, Venezuela, Miranda State, Mines of Baruta, Caracas, Bolívar State, Ciudad Guayana, Spain. Quinto Centenario.

 

Résumé.

Confluence de tendances démographiques et les différents scénarios pertinents événements historiques et économiques en Amérique latine, Caracas dans l’espace urbain reflète les contradictions qui ont donné origine et la dynamique. Le développement urbain et son impact sur la tâche essentielle de Caracas ont produit un singulier phénomène d’acculturation, qui se manifeste par l’insuffisance de ses habitants à un modèle de ville exogène, en opposition directe avec ce que recommande la tradition et de la géographie. Un combat pour rétablir la mémoire et soulève Caracas, avec les exigences d’un progrès urbain axé sur les intérêts de ses habitants. Le cas n’est pas exceptionnel Caracas à partir de centaines d’autres villes américaines, le produit d’une «réunion» culturelle approche du cinquième anniversaire.

Mots-clés: Academic domaine culturel, le feld-Messe Culturelle Industriel, Résidentiel domaine culturel. Changement culturel, l’acculturation, Conculturación, ethnique, Créole, Indienne, Biculturelle-Binacional, Américains d’origine asiatique, Euro-américain, Nacionalamericanas, Castillan Langue. Musique, Joropo Tuyero. Religion, Catholique, Christianisme, les Fêtes, Notre-Dame de Fátima, Notre-Dame du Rosaire, de l’Urbanisme, de l’Urbanisme compulsif, Espace vital, Enfermement Gríngolas Communauté visuel, Urbana lutte pour la mémoire. Amérique Latine La Grande, le Venezuela, l’Etat de Miranda, Mines de Baruta, Caracas, l’État de Bolívar, Ciudad Guayana, Espagne. Quinto Centenario.

 

Resumo.

Confluência de tendências demográficas e diferentes cenários relevantes eventos históricos e econômicos na América Latina, Caracas no espaço urbano reflete as contradições que deram origem e dinâmica. O desenvolvimento urbano e seu impacto sobre a tarefa vital de Caracas têm produzido um fenômeno singular de aculturação, que se manifesta na inadequação de seus moradores para um modelo de cidade exógena, em oposição direta ao que recomenda a tradição e geografia. A luta para restaurar a memória e aumenta a Caracas, com as exigências de um progresso urbano focado nos interesses dos seus habitantes. O caso não é excepcional Caracas de centenas de outras cidades americanas, o produto de um “encontro” cultural aproxima o quinto aniversário.

Palavras-chave: Campo Cultural Acadêmico, Campo Missa-Cultural Industrial, Campo Cultural Residencial. Mudança cultural, aculturação, Conculturación. Étnico, Crioulo, Índio, Bicultural-Binacional, Asiático-americano, Euro América, Nacionalamericanas. Castelhano. Música, Joropo Tuyero. Religião, Cristianismo Católico, Festas, Nossa Senhora de Fátima, Nossa Senhora do Rosário. De Planejamento Urbano, Urbanização Compulsivo, Espaço de estar, Gríngolas Confinamento Comunidade Visual, Urbana luta pela memória. América Latina La Grande, Venezuela, Estado Miranda, Minas de Baruta, Caracas, Estado Bolívar, Ciudad Guayana, na Espanha. Quinto Centenário.

 

 

Punto de confluencia de diferentes corrientes demográficas y escenario de sucesos históricos y económicos relevantes en América Latina, Caracas refleja en su espacio urbano las contradicciones que le dieron su origen y su dinámica. El desarrollo urbanístico y sus consecuencias en el quehacer vital de los caraqueños han producido un singular fenómeno de aculturación, que se manifiesta en la inadaptación de sus residentes a un modelo exógeno de ciudad, en franca oposición a lo que recomienda la tradición y la geografía. Una lucha por restablecer la memoria caraqueña se plantea así, junto a las demandas de un progreso urbano centrado en los intereses de sus habitantes. El caso de Caracas no es excepcional entre cientos de otras ciudades latinoamericanas, producto de un “encuentro” cultural que se aproxima al quinto centenario.

 

Para cualquier latinoamericano, hablar de 1992 como el aniversario 500 de la llegada de Cristóforo Colombo a estas tierras, le produce un impacto emocional polivalente, que dificulta darle una connotación simple a tal suceso. Acaloradas demonizaciones o beatificaciones del acontecimiento se han sucedido y se siguen sucediendo: leyenda negra versus leyenda dorada. Extremos de una polémica que promete no agotarse en las próximas décadas y que revela de bulto una gran obviedad: nos apasionamos, porque discutimos sobre lo nuestro, aunque no sepamos muy bien a qué llamamos “lo nuestro”.

 

Se polemiza sobre la condición ética de España, por su rol de conquista, de imperio en expansión y los cauces que abrió en la sociedad conquistada para que circularan los desagües de las heridas. Al nombre de España y su papel en América, se desatan juicios implacables (negros y dorados), teñidos en gran parte de anacronismo, pues no es igual enjuiciar a la España metrópoli (siglos XV hasta el XIX), que a la España relacionada con las naciones independientes americanas (siglos XIX y XX).

 

Por supuesto, parte de la culpa de que en los juicios no se diferencien mucho estas dos circunstancias históricas (naciones colonizadas y repúblicas independientes), recae sobre la propia España. Es un hecho cierto que las relaciones de España con sus colonias fueron débiles, conflictivas a veces e indiferentes las más (exceptuando algunos países, como Cuba).

 

¿Por qué España reforzó una orientación europea antes que iberoamericana a partir del siglo XIX y aun del siglo XX? ¿Por qué América Latina fortificó lazos económicos, políticos y culturales con Inglaterra, Francia y luego con EEUU antes que con España? En las respuestas a esas interrogantes se encuentran pistas clave, clave, que podrían conducir a explicar por qué, al invocar el papel de España en estos quinientos años de historia, el tono emocional de las respuestas acorrala los intentos de ser objetivos. Caso muy contrario al de EEUU y su relación con Inglaterra, en donde el suceso del “Mayflower” se ha elevado a la categoría de mito de fundación.

 

No vamos a intentar despejar todas las dudas citadas anteriormente; ni el brevísimo espacio destinado a este ensayo, ni nuestra limitada formación e información lo permitirían. Pretendemos sólo que esta reflexión cumpla el papel de introducción a esa noción confusa, agobiante e inexorable, que produce el acercarnos al medio milenio de nuestra memoria pensada, hablada y escrita en castellano. Aniversario cuya primera virtud es que nos permite haber dejado de ser “Nuevo Mundo” y haber pasado a ser “una parte del mundo”, al igual que las demás naciones. Por eso hablaré como latinoamericano del mundo, sobre el presente y el futuro de las culturas residenciales del área metropolitana de Caracas.

Quinientos años de urbanismo.

Así como el idioma castellano y la cultura católica constituyen demostraciones cotidianas de la impronta de lo ibérico sobre nuestras vidas, igual calidad exhibe el urbanismo de nuestras principales ciudades. Para muchas naciones de América Latina, la idea de ciudad desembarcó con los marineros venidos del extremo oriental del Atlántico, tal es el caso de Venezuela. Los primeros núcleos urbanos habidos en la mayor parte de nuestro territorio (la excepción pudiera estar en las sociedades timoto y cuicas, vinculadas a los muiscas de Colombia), fueron iniciativas de los conquistadores españoles. En la construcción de estas ciudades se hizo uso de la herencia romana e islámica, que el Imperio Español llevaba en sus tuétanos. Porque al sujeto colonizador no lo identificamos sólo con esa visión idílica propia de la historiografía católica e integrista, que lo describe como un español puro, católico, heredero de los romanos y de los visigodos, sino también como individuos que resumían las vicisitudes históricas de una nación que había convivido casi ocho siglos bajo el dominio económico, político y cultural del Islam Occidental (árabes y bereberes fundamentalmente)[ii]. Y esos sujetos fundaron ciudades que trasplantaban signos y contenidos europeos, africanos y asiáticos.

 

A esa estructuración básica del espacio urbano, realizada durante la empresa colonizadora ibérica, se le añadirían nuevos desarrollos, enquistes, distorsiones, demoliciones y hasta la creación de ciudades completamente nuevas (como Ciudad Guayana), durante la etapa republicana.

 

El fenómeno urbano traído por los españoles a América Latina (exceptuando la facturación endógena de los Imperios Teocráticos de Regadío tales como el Maya 1300 d.C. y el de los Incas y Aztecas, hasta el s. XV d.C.), conocerá de nuevas dimensiones al adentrarse el siglo XX, hasta convertirse en el fenómeno más abarcante -y distorsionante- de la ordenación espacial latinoamericana. Somos una región urbana -aunque en proporciones diferentes según el país del que hablemos- y lo seguiremos siendo más allá de 1992. Y es sobre lo urbano que voy a detenerme a reflexionar; acerca del impacto cultural de los procesos de urbanización intensivos acaecidos en contra de la ciudad de Caracas; su metropolización y las nuevas realidades culturales, que sufren y crean los ciudadanos.

 

Las culturas urbanas en Caracas.

Queremos discutir acerca de las consecuencias culturales de la urbanización compulsiva de Caracas en este siglo, ocurrida desde los años 50 hasta hoy y cuyos efectos han cumplido el papel de una aculturación planificada, llevada a cabo en contra de los ciudadanos, por parte de los poderes públicos y privados. Aculturación planificada entendida como la imposición sistemática de los elementos culturales del grupo social dominante al grupo social dominado; en nuestro caso, la implantación de modelos urbanísticos exógenos, no adaptados -y en franca oposición- a los usos históricos del espacio urbano caraqueño y a las características de su espacio habitable[iii].

 

Las secuelas de esa urbanización aculturadora se van a sentir en la totalidad cultural de la ciudad. Totalidad en la que vamos a distinguir teóricamente la posibilidad de agrupar (como guía cognoscitiva), esa multiplicidad, en un número menor de agregados que, a imagen de los subconjuntos matemáticos, nos permitirán aprehender la realidad en partes definidas, pero no definitivas. A  esos agregados los designaremos con el nombre de Campos Culturales y reconoceremos la existencia de tres de ellos en el ámbito de la cultura urbana: el Académico, el Industrial Masivo y el Residencial.

 

El campo cultural Académico está conformado por todas las diversas maneras del saber formal, público y privado, cuyas principales variantes son la academia, la universidad y la educación oficial, siendo esta última la expresión de mayor alcance para la transmisión y circulación de mensajes. El campo cultural Industrial-Masivo se compone de aquellas realizaciones culturales que tienen como características de producción de mensajes y bienes, el utilizar escalas industriales y que, por lo tanto, su circulación y consumo siempre se efectúa globalmente en toda la sociedad, por ejemplo la TV, el cine, la prensa, la radio, etc. Por último, llamaremos campo cultural Residencial a aquellas realizaciones culturales cuya producción, circulación y consumo de mensajes, artefactos y comportamientos se sucede en el marco determinante de un espacio habitable, significando el espacio habitable como: “el lugar para la vida del hombre y de los grupos humanos, un lugar concebido en términos existenciales”[iv].

 

Este campo cultural residencial se realiza diversamente, a través, de tres dimensiones de la realidad que lo caracterizan e influyen: el espacio construido por el hombre, las comunidades habitantes de ese espacio desde el punto de vista de su etnos, o esencia cultural de las mismas, y el tiempo incorporado en los hechos culturales. Es este campo cultural Residencial que fijaremos nuestra atención, por ser el menos conocido de la cultura urbana. Existen números trabajos sobre lo cultural industrial-masivo y lo académico (universidades, educación oficial), pero son escasos los destinados a investigar y analizar los modos de hacer cultura de los habitantes de la ciudad en sus propias comunidades residenciales.

 

La lucha por la memoria.

El contorno espacial de la cultura residencial caraqueña abarca toda la distancia física contenida en la denominación de área metropolitana de Caracas. Área que encierra diversidad de conformaciones geo-socio-espaciales, que prefiguran de entrada la variedad de escenarios en donde los hechos culturales son realizados. Barrios marginales (consolidados, estables, de transición, etc.), urbanización construidas por el Estado (del Instituto Nacional de la Vivienda y, anteriormente, del Banco Obrero), zonas tradicionales de la ciudad (siglos XVIII, XIX y principios del XX), urbanizaciones recientes de la clase media alta y de los sectores de la burguesía, etc. Escenarios todos ellos que descansan (o zozobran), sobre una acometida contra la ciudad por parte de todos los poderes (oficiales y privados), que se guían, en lo esencial, por intereses ajenos a los conjuntos humanos residenciales, vulnerando continuamente la calidad de la vida de los vecinos (contaminación, acrecentamiento del costo de la tierra y de la vivienda, eliminación de sitios de esparcimiento, urbanismo a escalas no controlables por el ser humano, congestionamiento y otros), cuestión que incide gravemente en los procesos de creación, difusión y consumo de la cultura residencial.

 

Ese atropello contra la ciudad va generar una de las principales características de la cultura residencial caraqueña: la lucha por la memoria. Ante la embestida física (oficial y privada) que destruye calles, esquinas, todos los espacios tradicionales (la construcción de las avenidas intercomunales de El Valle y de Antímano, significo la destrucción absoluta de sus respectivas “calles reales” construidas antes del siglo XX y que servían de pasos de entrada a la capital desde las poblaciones de San Pedro, San Antonio y San Diego de los Altos, en el caso de El Valle y de Los Teques, en el ejemplo de Antimano), borra nombres antiguos a cambio de sólo números (o por nombres de los dirigentes del partido de gobierno de turno); los habitantes, a título individual o colectivo, reclamarán la permanencia de sus calles y viviendas, refaccionándolas pero no demoliéndolas, reivindicarán (así sea sólo en el uso cotidiano de su lengua), los nombre históricos de los espacios urbanos, tal como les fueron enseñados por tradición. (De este afán de borrar la memoria urbana caraqueña no escapa siquiera el Metro de Caracas, el cual al bautizar sus estaciones ha incurrido en injusticias tan evidentes como haberle dado el nombre de “Estación Colegio de Ingenieros” al enclave situado en la vieja zona tradicional caraqueña denominada Santa Rosa, lugar donde funcionó el Terminal Ferroviario desaparecido en la década de los 40).

 

Al estar los poderes fácticos guiados casi exclusivamente por la maximización de las ganancias, impulsarán y apoyarán modelos urbanísticos que privilegien esta orientación, aun en detrimento de la calidad de la vida. Esto se evidencia sobremanera en las áreas que inciden directamente en la creación de cultura comunitaria, como los espacios dedicados al ocio y al entrenamiento. Es aplicable a Caracas esta frase de Eibl-Eibesfeldt:

“Los urbanistas tienden a la segregación, y efectivamente queremos estar separados del ¨desconocido¨. Mas los urbanistas parecen olvidar que también necesitamos la oportunidad de establecer relaciones con nuestros vecinos[v].”

 

Esta casi imposibilidad de comunicarse con otros, más allá del círculo familiar, para así poder constituir grupos individualizados más amplios, es lo que configura la segunda característica de la cultura residencial caraqueña: la incomunicación comunitaria. No es casual la inexistencia de lugares de comunicación inmediatamente cercanos a nuestras casas (salvo excepciones, ubicadas mayoritariamente en las zonas de raigambre tradicional), la desaparición o negligencia en el mantenimiento de pequeñas plazas públicas en el interior de barrios y urbanizaciones, al igual que de mini-parques. Se han intentado acciones paliativas como el cierre de algunas calles al trafico automotor (El Silencio, Sabana Grande), pero aún así, el flujo continuo de peatones pasando sin descanso impiden, o al menos dificultan, las posibilidades de conversar tranquilamente.

 

Una de las consecuencias negativas de esta incomunicación comunitaria, es el gran derroche de esfuerzo y energía que hay que utilizar para poder fracturarla, aunque sea espacial y temporalmente limitada. Cualquier acción de difusión cultural en esos espacios, requiere de tal aparataje técnico y propagandístico, que sólo están en capacidad de realizarla los poderes públicos y privados. De tal forma que a los sectores vecinales sólo les queda la alternativa de resignarse pasivamente a su papel de receptores de mensajes o a coparticipar en calidad de socios menores. De no aceptar esa alternativa, deben volverse a la acción cultural en su “terreno”, ubicado en una escala micro-local o a lo sumo local (un barrio, una urbanización), limitando en mucho la difusión del mensaje.

 

Un tercer aspecto, en el que la agresión urbanística deja su impronta sobre la cultura residencial caraqueña, es el  relacionado con la atmósfera visual prevaleciente en la ciudad. El habitante de Caracas, al apenas asomar la vista fuera de su casa, se encuentra observando un cúmulo de imágenes que en su mayoría han sido generadas por el Estado o entes privados poderosos, transmitiendo mensajes ajenos a los intereses de las comunidades residenciales en donde están erigidos. Esta intromisión en el espacio visual de las comunidades adopta fundamentalmente dos modalidades: la publicidad y el cerramiento de cortinas sobre los barrios.

 

En la primera forma, el Estado y los sectores privados llenan vallas, murales y avisos de neón con mensajes sobre las “bondades” de sus ejecutorías o de productos, incurriendo en derroches de recursos (hierro, aluminio, papel, pintura) y de energía (cuánta electricidad consumen avisos iluminados entre ocho y doce horas diarias). La segunda modalidad se refiere a la construcción de edificaciones de gran altura a los pies de los cerros, en donde habitan las clases desposeídas, ocultando a los barrios pobres de la ciudad de las miradas de quienes transitan por las avenidas principales (especialmente para los turistas), limitando la panorámica de los sectores populares a las partes posteriores de los apartamentos que nunca podrán adquirir. A este copamiento  de lo visual comunitario residencial lo denominamos: las gríngolas visuales. Gríngolas visuales entendidas como instrumentos de la aculturación planificada, en el sentido que condicionan y, en ocasiones, determinan los procesos de percepción del medio urbano, los modos de cognición y, por supuesto, las asignaciones de valores, desde el estilo de vida urbano hasta sus expresiones físico-espaciales.

 

Las comunidades étnicas.

Distinguimos cinco macro-etnias en Caracas: criolla, indígena, euro-venezolana, asiático-venezolana,  y nacional-americana.

 

Definiremos a la macro-etnia criolla, como aquella comunidad que se conformó a través de la acción e identificación con elementos provenientes de las esferas de lo económico y lo político articulados en el proceso histórico de conformación de Venezuela como nación. La presencia de rasgos culturales (etnicidad), aunque existen, no son ni fueron decisorios para la constitución de la comunidad. Entran en esta definición las comunidades surgidas en ese profundo mestizaje que genéricamente se le atribuye a la fusión de lo aborigen, lo europeo y lo africano. Está macro-etnia criolla en Caracas pude ser clasificada en dos grupos: los individuos nacidos o no en la metrópoli, con antepasados provenientes del interior del país en las migraciones campo-ciudad habidas este siglo, y los individuos nacidos en la ciudad y que se consideran enteramente caraqueños.

 

Los del primer grupo permiten ser agrupados entre conjuntos: según el área cultural-región histórica a la que pertenezcan: 1) Central, Zuliana, Andina, Llanera, Oriental y Guayanesa; 2) el área cultural-región política (cada uno de los veinte Estados y los dos territorios federales) ; y 3) la comunidad criolla-negra, proveniente de los bolsones poblacionales negros ubicados en la costa norcentral del país, la  cuál se ha instalado en las áreas más pobres de la ciudad (víctimas de la segregación urbana), desde donde desarrollaron y desarrollan importantes acciones de presencia y reafirmación cultural.

 

Una manifestación muy característica de la macro-etnia criolla de Caracas la constituye el baile del joropo tuyero, o golpe mirandino, propio del área cultural de la región histórico-central de Venezuela. Con la migración mirandina y aragüeña hacia Caracas se implantó con mayor fuerza este baile en lo sectores populares de ciudad. Hoy observamos que existen en la capital lugares consagrados y consagratorios, en donde se ejecuta y baila esta música, tales son la Casa Nacional del partido URD, en la avenida San Martín; el Sindicato de Mersifrica (trabajadores de los mercados libres de víveres y ropas) en la parroquia de San Juan y el Club de Cañicito, en la parroquia de El Valle. Todos los fines de semana, los mejores arpistas y cantantes del género, habitantes de Aragua y Miranda, desfilan por estos escenarios. La paga y el prestigio son recompensas suficientes. El fluir de contactos entre la capital y el interior del país es permanente y mutuamente beneficioso. Se distingue una forma de bailar, cantar y de letras de las canciones distintas en cada polo: Caracas y la provincia, pero no se excluyen, sino hasta se complementan, en las fiestas. Además de estos lugares centrales, existen numerosas casas de familia que celebran un “baile tuyero” cualquier fin de semana, con motivo de un cumpleaños o para, simplemente, recabar finanzas. El circuito de difusión del joropo tuyero también cuenta con programas radiales, que se transmiten los sábados por la mañana, y con sellos disqueros especializados en música tuyera, y que distribuyen sus productos en diversos locales comerciales, especialmente a través de las discotiendas existentes en los mercados libres y periféricos caraqueños.

 

El migrante venido del campo reconstruye así su identidad musical, la dinamiza y la enriquece en la ciudad, creando un circuito alternativo de producción, circulación y consumo, contando con las propias fuerzas y mecanismos populares, pero utilizando, cuando es posible y favorable a sus intereses, los recursos del campo cultural industrial-masivo.

 

La macro-etnia indígena está representada por la presencia de grupos indígenas llegados a la ciudad en la década de los 80, y se caracterizan por vivir en condiciones precarísimas (algunos habitan espacios baldíos cerca del Nuevo Circo, ¡en pleno centro de la ciudad!) como artesanos o vendedores ambulantes, sufriendo la indiferencia oficial.

 

La macro-etnia euro-venezolana constituye comunidades, en las cuales coexisten elementos de etnicidad a lo que pudiéramos llamar americanos, conjuntamente con rasgos somáticos, étnicos y societales de ascendencia europea. Tienen gran implantación en la ciudad, adonde arribaron desde comienzos de este siglo huyendo de las crisis económicas políticas y militares de Europa. Los vínculos con sus antiguos países son muy estrechos y periódicos, pero tienen la noción de no ser ya europeos.

 

La macro-etnia asiático-venezolana conforma comunidades en la cuales conviven elementos de etnicidad americanos, con rasgos somáticos, étnicos y societales de ascendencia asiática. Algunas de ellas tienen gran influencia en el área metropolitana, tales como las de los libaneses, sirios y chinos, llegados a Venezuela en este siglo, atraídos por las mejoras económicas-sociales que no podían tener en su país. Los vínculos con sus naciones de origen son permanentes, pero han internalizado la convicción de no ser sólo asiáticos.

 

La macro-etnia nacional-americana está formada por comunidades en las cuales todos sus elementos de etnicidad son americanos; la particularidad reside en que habitan un país diferente al de su origen, debido a exilios por causas económicas y políticas. Los vínculos con sus países de nacimiento son constantes, pero la noción de quedarse definitivamente en Venezuela aumenta en la medida que transcurre el tiempo. Intentan entronar su cultura con la cultura venezolana, a partir de elementos de etnicidad comunes como son el idioma español, la religión católica y la música de ascendencia afro-americana. Este es el caso de los colombianos (cumbia y vallenatos), ecuatorianos (pasillos; Julio Jaramillo) y dominicanos (merengues) en numerosos barrios de Caracas.

 

Tal diversidad étnica tendrá una primera consecuencia sobre la cultura residencial caraqueña: la cuantiosa pluralidad de contenidos, formas y maneras de ser y de hacer. Esa variedad étnica encontrará y desarrollará los mecanismos propicios para afianzar e incrementar su identidad y su cohesión como grupo socio-cultural, separado del resto de los habitantes de la ciudad. Creará sus propios circuitos de producción, difusión y consumo cultural, con recursos precarios o abundantes, según el status socioeconómico al que estén adscritos dichos grupos.  Estos circuitos funcionarán autónomamente, tanto de los poderes oficiales como de los privados, y de los otros grupos étnicos residenciales, generándose una atomización y dispersión de las energías culturales residenciales, acentuándose las debilidades organizativas, técnicas y financieras de la misma. Incluso, constituyéndose esa atomización, en un dique de contención para un libre intercambio cultural. El cual sería enriquecedor por la fuerte acción de mestizaje a que podría dar lugar, tal como lo veremos en el aparte siguiente.

 

Dos Vírgenes, o lo luso-venezolano[vi].

La investigación realizada en el Instituto Pedagógico de Caracas (IPC[vii]) acerca de la procesión de la Virgen de Fátima y de la Virgen del Rosario en Las Minas de Baruta en 1986, constituye un claro ejemplo de mestizaje de rasgos culturales entre una comunidad criolla y una comunidad euro-venezolana, los portugueses.

Las Minas de Baruta es una población de unos 40.000 habitantes, la cual forma parte del Municipio Baruta, Distrito Sucre, en el área metropolitana de Caracas. Su origen es reciente, a partir de la década de los años 50, cuando se intensificó la migración campo-ciudad y, a su vez, llegaron inmigrantes portugueses.

 

La comunidad criolla comenzó a rendirle culto a la Virgen del Rosario, a partir de una donación que realizó una señora de la imagen de esa Virgen a la Iglesia de Baruta, en agradecimiento por favores recibidos. Esta imagen reposó primero en la Iglesia de Baruta y luego fue devuelta a Las Minas de Baruta, cuando se instaló en esta localidad la Sociedad de San Edmundo. Como esta sociedad no poseía un local amplio, ni existía en las Minas de Baruta Iglesia ni Capilla, la imagen de la Virgen del Rosario le fue encomendada para su custodia a una señora de la comunidad, quien vivía en una de las calles del pueblo, que a la sazón fue bautizada como “Calle El Rosario”. Esta señora, además de custodiar la imagen, se encargaba de organizar las procesiones a la Virgen todos los 13 de octubre.

 

Paralelamente a esta devoción, iba surgiendo el culto a la Virgen de Fátima, originado en la circunstancia del crecimiento de la población portuguesa y luso-venezolana en la zona. La procesión de la Virgen de Fátima se realizaba cada 13 de mayo, y se caracterizaba por poseer una feligresía exclusivamente de origen luso y por despliegue de gastos en cohetes, flores, música, bebidas, muy superior al dinero que invertía la comunidad criolla en la celebración de la Virgen del Rosario.

 

Esta situación de desequilibrio en el despliegue económico de las dos procesiones, llevó a crear una situación de tirantez latente (y a veces manifiesta) entre las dos comunidades. En 1986 se dio la posibilidad de eliminarlas. Debido a la pronta inauguración de una capilla en Las Minas de Baruta, se hacía necesario decidir el nombre que se le iría a proponer al obispo para la designación de la nueva parroquia eclesiástica.   No podía ser el de la Virgen del Rosario, ya que era el nombre que llevaba otra parroquia eclesiástica en el Municipio Baruta y la Arquidiócesis no acepta repetición de nombres en un mismo municipio. Vista esta posibilidad, la comunidad luso-venezolana propuso que la nueva parroquia llevara el nombre de la Virgen de Fátima, asunto que se discutió en una asamblea de los feligreses, adoptándose finalmente el nombre de “Nuestra Señora del Rosario de Fátima”, mestizaje de las dos devociones. A partir de este hecho se comienza a crear la “Sociedad de Nuestra Señora del Rosario de Fátima”, con el fin de que se encargue de todo lo relacionado con el culto de las dos advocaciones de la vírgen, unificándose en un solo organismo los devotos criollos y los devotos luso-venezolanos. Una de sus primeras actividades fue la celebración conjunta de las procesiones de las Vírgenes del Rosario y de Fátima el 19 de octubre de 1986, debido a que el 13 de mayo de ese año no había podido llevarse a cabo la procesión de la Virgen de Fátima.

 

Culminó así un proceso de conculturación (intercambio cultural con el mutuo acuerdo y beneficio de las sociedades implicadas), realizado en una zona residencial del área metropolitana de Caracas, muy distinto a los procesos de aculturación que realizan los sectores dominantes de la sociedad sobre la ciudad.

 

Diferentes tiempos.

Los hechos culturales residenciales caraqueños, según el tiempo incorporado en su realización, pueden ser agrupados de dos maneras: tradicionales y contemporáneos.

Llamaremos hecho cultural residencial tradicional, a aquel que posea un tiempo histórico incorporado en su núcleo central de sentido, entendido como el producto de la acción social de una determinada comunidad en un lapso prolongado. En el transcurso de ese lapso, el hecho cultural fue gestado (o asumido como propio después de haberle sido impuesto a la comunidad), digerido por endoculturación en la socialización temprana y/o tardía, mantenido, conservado y adaptado a la función (o funciones), que la sociedad le va asignando. La transmisión y difusión del hecho cultural tradicional en Caracas se hará fundamentalmente a través de canales informales (oralidad, gestualidad y otros) y de manera secundaria por vías formales (escritas, institucionales, etc).

Y definiremos como un hecho cultural contemporáneo a aquel que posea un tiempo reciente incorporado en su núcleo central de sentido (desde mediados de este siglo, por ejemplo). Tiempo reciente incorporado entendido como el producto de la acción social de una determinada comunidad en un lapso relativamente corto. En el decurrir de ese lapso, el hecho cultural fue gestado (o asumido como propio después de haberle sido impuesto a la comunidad), digerido por endoculturación en la socialización temprana y/o tardía, mantenido, conservado y adaptado a la función (o funciones) que la sociedad le va asignando. La transmisión y difusión del hecho cultural contemporáneo en Caracas se realizará fundamentalmente a través de canales formalizados (de los campos culturales Académicos e Industrial-Masivo) y de manera secundaria por vías informales (oralidad, gestualidad, etc.), lo cual creará una relación directa entre contemporaneidad y cambio.

 

Tendremos así una cultura residencial tradicional y una cultura residencial contemporánea, ambas existentes en la actualidad. No como realidades fuertemente antagónicas, en la que la presencia de una imposibilita la otra, sino como realidades que coexisten, en algunos casos armónicamente (permanencia de celebraciones religiosas) y en otros francamente enfrentadas (costumbres sexuales, vestimenta). Lo tradicional arquitectónico, resistiendo y destacando como un lunar en la piel de la ciudad, alisada por los urbanistas. Lo contemporáneo (nacido en los ajetreos de las migraciones campo-ciudad y en los contingentes de inmigrantes), de más fácil implantación, pues recibe el apoyo (al menos en mayor grado que lo tradicional) de lo industrial-masivo y de lo académico, por lo que tiene que realizar ingentes esfuerzos por no ser simple vasallo, resistiéndose a ser fagocitada e intentando recrear los mensajes que recibe para generar sus propias alternativas. Cultura residencial tradicional, vapuleada y execrada de los principales medios de difusión masiva y de los circuitos de realización de los saberes formalizados; decretada su muerte extemporáneamente por la inteligencia progresista; internalizada por los sectores residenciales como signo de atraso, de rémora, es practicada a escondidas, en los espacios privados de sus propios grupos familiares y étnicos, o aventurándose a lugares más abiertos, pero a escala local o micro-local.

 

Lo tradicional y lo contemporáneo en la Cultura Residencial Caraqueña lleva una convivencia tolerada, pero no desarrollada en todas sus posibilidades creativas, salvo por vanguardias culturales que intentan construir los puentes necesarios. Contradicciones derivadas de los distintos tiempos incorporados en los hechos culturales, que afectan significativamente a los miembros de todos los grupos étnicos de la ciudad, pero su mayor impacto recaerá en los ciudadanos auto-aislados de toda vivencia comunitaria, microscópicamente asomados por la ventana de sus apartamentos.

 

A escasa distancia de los “Quinientos años de encuentro”, las culturas residenciales caraqueñas enfrentan un doble desafío: por una parte, torcer la voluntad de los sectores hegemónicos, empeñados en urbanizar de acuerdo a la única lógica de la maximización de las ganancias y, por otra, reflexionar, discutir y coordinar esfuerzos comunes, en pro de situar a las culturas elaboradas en el seno de las comunidades en un continuum creativo, que debe preparar condiciones más humanas para la entrada al siglo XXI.

 

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[i] .-En tres ocasiones un trabajo nuestro fue declarado ganador del Certamen Latinoamericano de Ensayo Político de Nueva Sociedad: 1)En el IV Certamen: “Lo Propio y lo Ajeno 500 Años después”, 1988, Jurados: Dr. Francisco Herrera Luque, Dr. Carlos Matus, Dr. Gonzalo Abad, Camilo Taufic y Alberto Koschuetzke, con el trabajo: “Caracas: un caso de aculturación urbana”, Revista Nueva Sociedad (Venezuela) 99: 128-136, enero-febrero 1989, (http://ciscuve.org/?p=2970); 2)En el VI Certamen: “Minorías en América Latina”, 1990, Jurados: Esteban Emilio Mosonyi, Horacio Riquelme, Marta Zamora, Sergio Chejfec y Alberto Koschuetzke, con el trabajo: “En Venezuela Todos somos Minoría”, Revista Nueva Sociedad (Venezuela) 111: 128-140, enero-febrero 1991, (http://ciscuve.org/?p=534 )  y 3)En el VII Certamen: “Juventud en América Latina. Hábitos y fluctuaciones”, 1990, Jurados: Manuel Esmoris, Marisela Padrón Quero, Edelberto Torres-Rivas, Sergio Chejfec y Alberto Koschuetzke, con el trabajo: “La Cultura Residencial vino por la Revancha”, Revista Nueva Sociedad (Venezuela) 117: 159-167, enero-febrero 1992, (http://ciscuve.org/?p=983 ).

[ii] .-Ver Enrique Alí González Ordosgoitti (1991).-“La Cultura Arábigo-Islámica-Ibérica o la Mentalidad Colectiva de los ¨Españoles¨ que vinieron” (páginas: 15-25) en: Diez Ensayos de Cultura Venezolana. Caracas, Fondo Editorial Tropykos, Asociación de Profesores de la Universidad Central de Venezuela (UCV), pp. 173, (http://ciscuve.org/?p=147 )

[iii] .-“El espacio habitable se caracteriza así, por las condiciones mismas de la ecobase (factores bióticos, factores abióticos, procesos naturales) y las dimensiones de la realización social expresadas en términos de los patrones de distribución espacial de población y actividades humanas sobre la ecobase; la distribución, localización e incidencia da las actividades económicas (dimensión económica); los mecanismos de regulación social de la ocupación, explotación y ordenamiento de la ecobase (dimensión política) y las diversas maneras como los hombres se representan a sí mismos y a su comunidad, su ecobase y su espacio habitable (dimensión cultural)”. (Guitián Pedrosa, Carmen Dina: “Docencia e investigación en estudios ambientales y arquitecturas; aproximación a un modelo”, Caracas, Trabajo de Ascenso, Universidad Central de Venezuela (UCV), Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU), 1983, p. 52).

[iv] .-Waisman, Marina: La estructura histórica del entorno. Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, 1977, p. 288.

[v] .-Ireñaus Eibl-Eibesfeldt: “Los lugares públicos en la sociedad: perspectiva etológica”, UNESCO, París, 1978.

[vi] .-González Jeannette, López M., Sandoval G., Toro Y., Ugueto D.-“La Procesión de la Virgen de Fátima–Virgen del Rosario en Las Minas de Baruta”, Caracas, Mimeo, Inédito, Instituto Pedagógico de Caracas (IPC), Cátedra “Proceso de la Cultura en Venezuela”, Profesor: Enrique Alí González Ordosgoitti, 1987.

[vii] .-En el Instituto Pedagógico de Caracas (IPC), a través de la Cátedra “Proceso de La Cultura en Venezuela”, se han realizado cerca de 300 trabajos de campo (recogidos en monografías), sobre el estado actual de las manifestaciones culturales populares urbanas y rurales, durante el lapso 1984-1988. Es de lamentar que, a partir de 1989, esta Cátedra vaya a ser eliminada, debido a que las autoridades del IPC, consideraron que la misma no era importante para la formación de los futuros docentes.

 

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