Hacia un nuevo rumbo cultural de Venezuela, a partir del Gobierno de LHC, 1979-1984

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Enrique Alí González Ordosgoitti[i]

 

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Resumen.

Este trabajo intenta ser un análisis de la relación entre los campos de la cultura y de la política, desde la óptica del cambio social, es decir, la dimensión cultural de la acción política. Utilizamos el concepto gramsciano de hegemonía por consenso y el papel central que en ella juega lo cultural. Nos centramos en analizar el Bloque Social Popular: los agentes del cambio, sus expresiones sociales organizadas y los sectores populares. A la vez, analizamos la relación entre este posible Bloque Social Popular, el Empresariado y el Estado venezolano, representado por el Gobierno de Luis Herrera Campins (1979-1984). Concluimos con seis proposiciones, que pretenden sintetizar, la caracterización que hacemos de la dimensión cultural de la política de ese momento histórico.

Palabras Clave: Hegemonía por Consenso. Dimensión Cultural de la Política. Cambio social. Bloque social popular. Empresariado. Gobierno de Luis Herrera Campins. Venezuela. América Latina. 1979-1984.

 

Towards a new cultural direction Venezuela
Summary[iii]

 

Vers une nouvelle orientation culturelle Venezuela
Résumé[iv]

 

 

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Índice

1.-El Bloque social popular: los agentes del cambio

2.-La Dimensión Cultural de la Acción Política. Definiciones

3.-La Dimensión Cultural de la acción política: sus expresiones sociales organizadas.

4.-La Dimensión Cultural de la acción política: los Sectores Populares.

5.-La Dimensión Cultural de la acción política: el Estado Venezolano (1979-1984)

6.-La Dimensión Cultural de la acción política: el Sector Privado Empresarial

7.-A manera de proposiciones

 

 

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1.-El Bloque social popular: los agentes del cambio

Al referirnos a la discusión cultural en nuestras sociedades actuales, capitalistas, imperialistas o dependientes, con una estructura social altamente diferenciada, compleja, llena de tensiones y antagonismos, se nos hace difícil abordarla de una manera globalizante única. Ya que tal es la diversidad cultural que brota de la realidad, que no es posible agrupar estas en una sola definición que la caracterice, al modo que señalamos refiriéndonos a nuestro pasado, de la Cultura Arawack, o la Cultura Timoto y Cuica, por ejemplo.

 

De ahí que nos sintamos obligados a utilizar la noción de Campo Cultural, para referirnos a nuestra sociedad, notificando la existencia de tres grandes Campos Culturales: el Académico, el Masivo y el Popular. Cada uno de ellos, de algún modo puede ser adscrito a conjuntos sociales específicos (clases, capas, estamentos, etc.), agrupados en dos grandes realidades: el Bloque Social Dominante y el Bloque Social Dominado, al cual llamaremos Popular.

 

Este Bloque Social Popular reviste para nosotros singular importancia, tanto porque de hecho pertenecemos a él, como también porque a él hemos asignado el principalísimo papel de ser “el sujeto social que liderizará el cambio social que perseguimos”. El cambio de una sociedad capitalista, en una sociedad socialista, democrática y autogestionaria.

 

Ese Bloque Social está compuesto por un conjunto de clases, capas y estamentos sociales, que sufren explotación económica, y/o dominación política, y/o marginalidad cultural. Decimos, y/o, tal cosa, debido a que todos los componentes del Bloque Social Popular no se encuentran en las mismas relaciones, con las dimensiones económicas, políticas y culturales de la sociedad.

 

Por ejemplo, la clase obrera industrial es explotada, dominada y marginada, pero en cambio los pequeños industriales no son explotados (en el sentido clásico del término, aunque por los procesos de transferencia de valor, la plusvalía que ellos obtienen le es arrebatada por los capitales de mayor composición orgánica), pero si dominados (en la medida que el actual Bloque Social Dominante lo integran en primer lugar, aquellos capitalistas vinculados al Capital Transnacional y en general, los capitales de más alto grado de composición orgánica) y marginados culturalmente (toda vez que la Cultura Dominante se expresa en lo fundamental, a través de los Medios de Información Masivos, estrechamente ligados a las Transnacionales de la Información).

 

Esa diversidad de posiciones en la estructura de la sociedad hace que el Bloque Social no sea algo homogéneo y sin contradicciones. Y en relación a lo cultural, afloran aquí las causas de la profunda diversidad de las Culturas Populares y la imposibilidad fáctica de reducirla a una sola de sus expresiones.

 

Hablamos entonces de Campo Cultural, como la expresión social de la dimensión cultural de una sociedad dividida en clases sociales. Y Campo Cultural Popular, como la dimensión cultural del Bloque Social Popular. Dada la heterogeneidad de dicho Bloque, hablaremos de Culturas Populares.

 

Cabe apuntar finalmente que, para el caso de Venezuela, cuando hablamos de Bloque Social Popular, nos estamos refiriendo al Deber Ser y no a lo Que Es, ya que en la actualidad dicho Bloque no funciona como tal, debido a que no existe la necesaria coherencia entre sus intereses esenciales. Recordando y extrapolando  a Lukacs, diríamos que existe un “Bloque en si” y no un “Bloque para sí”.

 

2.-La Dimensión Cultural de la Acción Política. Definiciones

Nos interesa mostrar el conjunto de vasos comunicantes existentes entre la Dimensión Cultural y la Dimensión Política, en los momentos de lucha política entre los bloques sociales antagónicos.

 

Utilizaremos el concepto de Bloque Histórico (Gramsci) entendido como: “(…) un sistema social integrado a partir de la hegemonía dirigida por la clase social fundamental a través de sus intelectuales orgánicos” (Portelli, siglo XXI, 1974). Y vamos a hablar de la Lucha Política, presente en los intentos de cambiar la hegemonía en determinado Bloque Histórico.

 

Esta hegemonía tiene dos modalidades: la coerción (ejercida a través de los diferentes órganos de represión del Estado) y el consenso (logrado en la medida que el conjunto de la sociedad acoge para sí, los sistemas culturales de la clase fundamental que dirige el Bloque Histórico). Es en esta modalidad de hegemonía por consenso, donde vamos a encontrar la dimensión cultural de la lucha política.

 

Es en la sociedad civil donde la sociedad política ejerce su hegemonía y cuando lo logra mediante el consenso, lo hace a través de la puesta en marcha de dispositivos culturales.

 

Por eso, al hablar de la dimensión cultural de la lucha política, nos referimos al conjunto de proposiciones que efectúan los sectores dominantes, con el fin de lograr el consenso de los sectores dominados, para sus planes de perpetuación en el poder.

 

En sociedades más o menos democráticas, como la de Venezuela, esa es la situación planteada. Y ha sido precisamente esta realidad, la menos atacada por aquellos sectores sociales organizados, que preconizan un cambio radical del sistema social.

 

Las impugnaciones al mismo se basaban en críticas orientadas al modelo de desarrollo económico en ejecución (especialmente por la vinculación de la industria petrolera al Imperialismo Norteamericano y luego, a partir de 1958, por la puesta en marcha del proceso de sustitución de importaciones, vinculado a patrones de las multinacionales) o a las insuficiencias políticas del sistema pretendidamente democrático (ley de representatividad de las minorías en el parlamento por ejemplo).

 

Críticas valederas dirigidas a la estructura económica y a la sociedad política, pero dejando casi intacta a la sociedad civil, que es precisamente ele espacio social donde se realiza lo cultural.

 

Y la mayor parte de las veces, lo cultural era reducido a la noción de ideología, la cual tanto en su sentido estricto (conjunto de ideas falseadoras de la realidad que obedecen a los intereses de una clase), como en su sentido amplio (conjunto de ideas explicativas de la realidad) es incapaz de abarcar toda la realidad cultural.

 

Ya que lo cultural no son solamente ideas que explican la realidad, porque el explicar intencionalmente, es decir utilizando la razón, es sólo una de las formas en que los hombres obtienen conocimientos.

 

Ya el psicoanálisis se encargó de despachar esa peregrina tesis, de que el hombre es fundamentalmente un ser racional. El descubrimiento del inconsciente de la psiquis humana, abrió otras perspectivas para el estudio de las formas de conocer de la humanidad.

 

No solamente la razón interviene en los procesos de toma de decisiones de los seres sociales, también las impresiones recibidas directamente a través de los sentidos, la dinámica cotidiana de la acción como sujetos sociales, la internalización de convicciones de manera inconsciente, son algunas de las maneras como los hombres van creando sus propio universo de significados. Y es desde ese universo de significados donde se sientan las bases para la acción social. Y es ese universo de significados el que vamos a llamar: la dimensión cultural de la sociedad.

 

Entonces nos interesa realizar algunos señalamientos de cómo opera lo cultural en su relación con lo político, entendido este en su acepción más antropológica, como la esfera del poder, donde se dirime el quién dirige, a quién dirige y hacia dónde se dirige el rumbo de una sociedad.

 

La vinculación más profunda que dirige al hombre en su acción son los valores (la consideración de determinada realidad social como consustancial a su ser social y a partir de la cual se definen las relaciones con el resto de la sociedad); estos han sido conformados de manera consciente y/o inconsciente a través de acciones cotidianas o planificadas (Medios de Información Masivos, Escuela, etc.) y se expresan en su acción diaria (cuando ésta no es llevada a cabo de manera crítica y vigilante) a través del sentido común.

 

En el sentido común hacen presencia, tanto los mecanismos de aceptación de lo establecido, como los mecanismos de resistencia a lo establecido. Siendo éstos últimos, por lo general, de menor presencia que los primeros, sobre todo cuando los procesos de dominación llevan largo tiempo desarrollándose.

 

El sentido común da origen a las actitudes más diarias y cotidianas, aumentando su peso decisorio en la medida que transcurre el tiempo de antigüedad de determinada conducta, debido a que la seguridad que trasmite al hombre una acción repetida, actúa en su reforzamiento.

 

El sentido común es subsidiario de la Cultura Dominante en la sociedad, de ahí que cualquier proceso de impugnación radical deba fabricar sus asideros en el cambio del sentido común de las mayorías, sólo así podrá aspirarse a un cambio en profundidad. Conste que no hacemos referencia al “proceso último de la construcción de la nueva sociedad” (ya que no creemos tampoco en un “proceso último”), sino al proceso necesario de agrupamiento de fuerzas, para hacer efectivo el dislocamiento del actual Bloque Histórico cuestionado.

 

El diseño y la consecusión de un nuevo sentido común del pueblo se logrará, no sólo por el cuestionamiento de los mecanismos de aceptación del sistema, sino también por el desarrollo (con una visión crítica) de los mecanismos de resistencia y sobre todo, por la creación de nuevos valores, que puedan ser contrapuestos a los dominantes. Los susceptibles de ser puestos a tono con el Proyecto Alternativo planteado y crear aquellos valores considerados claves en la utopía presentada.

 

3.-La Dimensión Cultural de la acción política: sus expresiones sociales organizadas.

La dimensión cultural de la lucha política adquiere determinados contornos sociales organizados, los más relevantes de los mismos son, a nuestro modo de ver: el Estado, el sector privado y el sector popular.

 

4.-La Dimensión Cultural de la acción política: los Sectores Populares.

Como introducción, diremos que el censo de organismos culturales, finalizado en 1982 por el Ministerio de la Cultura, excluyendo al área metropolitana; arrojó la cifra de 10.000 (diez mil) grupos culturales en todo el país (utilizo para los efectos números redondos porque facilitan el discurso, pero en realidad la cifra era algo mayor). Tales grupos podríamos señalar que reunen las siguientes características: en lo fundamental, no dependen de los organismos oficiales  de cultura (finanzas, infraestructura, planificación, etc.), aunque mayoritariamente si tienen algún grado de relación. Y en los casos en que esta relación casi no existe, o es conflictiva, debe adjudicarse la culpa al sector oficial, ya que un altísimo porcentaje de los grupos no presentaría inconvenientes, en un principio, de estrechar lazos con el Estado, siempre que se respete cierto margen de autonomía en la escogencia de los contenidos a difundir, a cambio de seguridad de acceso a infraestructura, logística y funcionamiento permanente. Y otra característica es que en su mayoría, están vinculados a comunidades sociales estables, posee un cierto público permanente, un auditorio cautivo. De lo cual deducimos que existen posibilidades de influencia, de transmisión de significados constantes a grupos de personas específicas, de acentuar su actual sentido común o de modificarlo sustancialmente.

 

Si retomamos la cifra de 10.000 grupos culturales populares y calculamos que cada uno de ellos tiene como base de influencia a 200 (doscientas) personas (el cálculo para cada Asociación de Vecinos es que cubre alrededor de mil habitantes; infantes, jóvenes y adultos), nos arroja una gran total (excluyendo la zona metropolitana) de 2.000.000 de personas que reciben mensajes directos de los grupos culturales.

 

Por supuesto que dichos mensajes no tienen ninguna homogeneidad, ni son de carácter esencialmente contestatario, ni dichos grupos poseen grados de coordinación significativos, pero y si fuera lo contrario?; que los grupos emitieran mensajes profundamente radicales y además estuvieran eficientemente coordinados entre sí. Indudablemente que la importancia política de esos grupos, actual y potencial, está fuera de discusión.

 

Uno de los problemas centrales para la definición de políticas hacia ese sector, es el de su diversidad. Expresada en la presencia viva de los elementos tradicionales y contemporáneos, en que estos están presentes, tanto en las comunidades criollas como en las étnicas (indígenas, afrovenezolanas y eurovenezolanas), ubicadas a su vez en las zonas rurales y en las zonas urbanas, aunado a eso, particularidades geográficas-regionales (llano, montañas, costas).

 

Así, es posible hablar de la Cultura Popular Tradicional de una comunidad criolla, que llamamos folklore, existiendo folklore rural y folklore urbano.

 

De comunidades indígenas en las zonas rurales y en las zonas urbanas (Maracaibo, El Tigre, Anaco, Puerto Ayacucho, etc.)

 

Al lado de la celebración tradicional de la Cruz de Mayo; un uso popular, de algo contemporáneo como un cine-club o un grupo de títeres. Y así infinitamente.

 

Tal diversidad crea diferencias importantes entre las Vanguardias Estética y el grueso de los Trabajadores Culturales Populares. Diferencias resueltas en la ampliación de la separación, a veces con tono áspero, entre los dos polos.

 

O también entre las Vanguardias Estéticas y Vanguardias Políticas, creándose incomprensiones mutuas que impiden la unión para la búsqueda de grandes objetivos comunes, tales como la subversión de los valores conservadores y retrógrados establecidos.

 

O entre las Vanguardias políticas y el grueso de los Trabajadores Culturales, cuando se quiere colocar a éstos al servicio y dependencia de aquellos, en una reducción de lo político a lo partidista, desconociendo las dimensiones culturales de la lucha política.

 

Mientras, el grueso de los trabajadores culturales realiza desiguales intentos, según las regiones, por articularse orgánicamente: un intento fallido, la Federación Nacional de la Cultura Popular, por desviaciones mercantiles, y el plantearse un modelo de organización a ser impuesto por arriba, de neto corte autoritario. La Coordinadora Nacional de la Cultura Popular, recién creada, con un desarrollo paulatino y con un alcance medio en diez estados. El Movimiento Popular Bolivariano, directamente ligado a un partido, limitando así su poder aglutinante. De pasada podrían nombrarse movimientos eminentemente regionales, pero con un fuerte grado de implantación social: la Federación Independiente de la Cultura Popular del Estado Anzoátegui; la Federación Guariqueña de la Cultura Popular, el Equipo Promotor de la Federación Zuliana de la Cultura Popular, el Comité Organizador de la Federación Vargas de la Cultura Popular; el Ateneo Popular de Guanare; el Comité Organizador de la Federación de la Cultura Popular del Estado Lara; el Equipo Promotor de la Federación Aragüeña de la Cultura Popular; la Federación Metropolitana de la Cultura Popular; el Núcleo Organizador de los Trabajadores de la Cultura Popular de Barlovento; y así, algunos más que existen prácticamente en todo el territorio nacional.

 

Aparte del Movimiento Cultural, otras organizaciones político-partidistas han iniciado reflexiones y/o acciones hacia ese campo, en especial (no únicamente), el MAS y COPEI, de maneras paradigmáticas ambos.

 

El MAS, aunque indirectamente, en su documento mas famoso de 1974, “El Nuevo Modo de Ser Socialista”, aludía a que uno de los problemas fundamentales para el avance de la revolución socialista en Venezuela, es que esta se encuentra bloqueada en la conciencia de los venezolanos y por lo tanto, se hace necesario un nuevo modo de ser socialista para desbloquearla. Para hacer la revolución había que ganar las conciencias, eso significaba romper con las viejas prácticas políticas de la izquierda (abstencionismo, esencialismo, etc.) y llegar así al ciudadano común.

 

Pensamos que de haberse profundizado esa orientación, se hubiera concluido en que también era necesario alterar las prácticas culturales que le imprimen al país los diversos vehículos por donde se expresa la Cultura Dominante.

 

COPEI por su parte, inicia reflexiones acerca de lo cultural, a partir de la presencia de la “participación” como promesa fundamental hecha por Luis Herrera Campins. Se transforma tal inquietud en planes gubernamentales, mientras la estructura partidista mastica el bocado. Y no es sino a finales de 1981 cuando emiten sus conclusiones principales a través de Julio César Pineda y Agustín Berríos: la democracia peligra por la penetración cultural marxista.

 

5.-La Dimensión Cultural de la acción política: el Estado Venezolano (1979-1984)

Para nosotros es indudable que el equipo gubernamental que se instala en 1979, disponía de una visión bastante certera en cuanto a la importancia política del sector cultural popular. Tan es así, que la definición que en un momento hace de su gobierno el Presidente Herrera, es el de “un gobierno de animación cultural”. Por supuesto, aquí describimos unas políticas dirigidas a fortalecer el actual sistema de dominación vigente.

 

La misma escogencia del nombre genérico del plan cultural, llamándolo “Animación”, muestra ya un deseo evidente de hacia donde hay que dirigir los esfuerzos: animar, activar las comunidades para que se incorporen a la acción cultural, la cultura presente en las mayorías sociales, no sólo en las élites del pensamiento.

 

Como principio abstracto, todos pudiéramos estar de acuerdo en llevar a cabo un Plan de Animación Cultural en las colectividades populares, todo dependerá de los fines políticos que se persigan. En el caso que nos ocupa, es evidente la intención de “dirigir” toda la actividad desde el Estado, controlando el movimiento cultural surgido espontáneamente en las comunidades.

 

Vamos a observar tal intención, en los profundos cambios que a nivel del aparato administrativo del Estado se realizan, con el fin de destacar la función contralora y planificadora de lo cultural del mismo.

 

A manera ilustrativa, señalaremos algunos ejemplos a nivel directo del Ejecutivo: los Ministerios e Institutos Autónomos (aparte del CONAC y el Ministerio de la Cultura) crean secretarías o departamentos de cultura.

 

Las Gobernaciones crean la Secretaría de Cultura con entidad propia (antes era Secretaría de Educación y Cultura o Educación, Deporte y Cultura, etc.) y comienzan a realizar intentos de trabajo conjunto permanente, por ejemplo, existe un Plan Coordinado de las Secretarías Culturales de los Estados Orientales (Anzoátegui, Monagas, Sucre, Nueva Esparta y Bolívar), se plantea convertir a Fundacultura (Estado Lara) en el organismo planificador cultural de la Región Centro Occidental (Lara, Falcón, Yaracuy y Portuguesa).

 

Igualmente sucede con los Concejos Municipales, traemos a colación lo sucedido en el Estado Lara. Para 1980, sólo el Concejo Municipal del Distrito Iribarren (Barquisimeto) disponía de una Secretaría de Cultura con entidad propia, y para 1981, los 7 Concejos Municipales restantes la crearon, con el plan explícito, además, de construir en cada Distrito, una Casa de la Cultura dependiente del Concejo Municipal y no autónoma a manos de la comunidad.

 

Es el caso también de seis Jefaturas Civiles en el DF que inician un Plan Piloto, que consiste en dividir las Jefaturas en dos espacios geográficamente separados: uno; se destinará a cumplir las labores rutinarias de represión policial (el momento de la coerción), es el caso del Retén de El Valle ubicado en la calle 2 de Los Jardines, o el de la Jefatura de San Agustín, en el casco viejo de la Parroquia, y el otro; se destinará a la búsqueda del consenso, en el caso de El Valle, este local está situado en las “Residencias Venezuela” y en el de San Agustín en el “Parque Central”.

 

Muy bien diferenciadas las dos modalidades de la hegemonía: la coerción y el consenso. Y para mejor cumplir este último, son creados tres cargos administrativos en las Jefaturas: un promotor deportivo, un promotor de asociaciones de vecinos y un promotor cultural. ¡Perfectamente definidos los tres sectores fundamentales del Movimiento Popular: el deportivo, el vecinal y el cultural! Y tal como la experiencia lo indica, las relaciones planteadas hasta ahora han sido la de controlar al Movimiento Popular.

 

6.-La Dimensión Cultural de la acción política: el Sector Privado Empresarial

Siguiendo con el objetivo de este escrito, señalaremos a continuación algunos aspectos sustanciales de la acción cultural del sector privado capitalista venezolano, en lo referido a lo cultural como expresión de la lucha política.

 

Cabe advertir de entrada, que existen objetivos económicos y políticos en la acción cultural empresarial. Económicos, porque se calcula que en actividades culturales (no comunicacionales) el país destina la cantidad de 800 a 1.000 millones de bolívares al año. Aparte que el rubro de actividades culturales promovidas por las empresas, influye en una disminución de los impuestos que estas tienen que pagar al fisco nacional.

 

Es necesario señalar los siguientes antecedentes que demuestran la preocupación de algunos sectores empresariales, por impulsar la acción cultural y como ésta, es una preocupación esencialmente política.

 

En 1981, convocado por Fundei (Fundación Educación–Industria vinculada al Consejo Venezolano de la Industria), se realizó en Caracas el “Primer Seminario Nacional de Animación y Recreación Cultural en la Industria”, del cual surgió una “Comisión Permanente para la Implementación de un Programa de Animación y Recreación Cultural en la Industria”, la cual escogió, para el desarrollo del Plan Piloto, al Estado Carabobo.

 

El Capítulo Regional de Fundei en Carabobo desarrolló una Encuesta Piloto, tomando una muestra de 45 empresas, de un total  de 348 que conformaban el universo.

 

Por su riqueza taxativa, para mostrar el interés político de los industriales para el desarrollo de una acción cultural, me permito remitirme al texto de los resultados de la encuesta:

“i.-Con respecto a la existencia de un Programa de Animación Cultural en la Industria, el 75,56% de la muestra considera que el mismo contribuiría a mejorar las relaciones entre la empresa y los núcleos familiares.

 

ii.-Un 80% manifestó estar de acuerdo con la implementación del Programa, aduciendo como principal razón, la contribución del Programa a elevar el grado de participación de los trabajadores en ese tipo de actividad, lo cual redundará en la mejora de las relaciones laborales…

 

iii.-El 91,11% de las empresas es de la opinión que todo el personal (y sus familiares directos) participe en el Programa, pues la participación de esta manera, sin distinción de niveles, permitirá unificar las relaciones obrero-patronales”. (Servio Ferrer. Fundei Carabobo: Resultados de la posibilidad de implantar un programa experimental de animación y recreación cultural en la industria, en las concentraciones industriales de los Edos. Carabobo y Cojedes por la Fundación Educación Industria, Capítulo, mimeo. “IV Seminario de la Fundei del Consejo Venezolano de la Industria. Valencia, 30 de junio al 02 de julio de 1983, pags 3 y 4).

 

7.-A manera de proposiciones

1.-Es imprescindible que los agentes sociales del cambio diseñen políticas que atiendan la dimensión cultural de la lucha política, abarcando los espacios organizados de la misma: el sector popular, el sector privado capitalista y el Estado.

 

2.-En relación al sector popular, es preciso ayudar a construir los espacios necesarios para la coincidencia programática entre las Vanguardias Estéticas, las Vanguardias Político-Culturales, el grueso de los Trabajadores Culturales Populares y los Partidos Políticos que propugnan cambios radicales, cualitativamente hablando, de la actual sociedad. Esos espacios deberán estar insertos en un Movimiento Mayor, que es el de la articulación global del Bloque Social Popular.

 

3.-En relación al Estado, impugnar que la necesaria unificación de sus centros directrices de la administración cultural, se efectúe con la intención de controlar el movimiento cultural popular, reduciendo su autonomía de planificación y acción.

 

4.-A su vez plantearle una reorientación de sus políticas, en el sentido de rediscutir las prioridades de la acción cultural estatal, en la dirección de virar a un apoyo más abierto y favorable al desarrollo de las culturas de las comunidades, como elementos que son de producción de identidad local, colocando así sólidos obstáculos, a los cada vez mayores procesos de penetración cultural imperialista.

 

5.-En relación con el sector privado capitalista, diseñar políticas que permitan realizar procesos de acción cultural no manipulados, con grados reales de participación de los trabajadores y con una división de los costos sociales que ello conlleva, nos referimos especialmente a que el tiempo dedicado a las actividades culturales por parte de los trabajadores, sea descontado a partes iguales, de la jornada de trabajo diario y del tiempo libre del trabajador, y no como se plantea actualmente por parte de los empresarios, que el tiempo a deducir sea sólo el tiempo libre del obrero y/o empleado.

 

6.-Por último, en relación a la conformación actual de la Identidad Cultural de nuestra Nación-Estado, fuertemente expresiva de los significados y valores del Bloque Social Dominante, proponemos la creación y consolidación de una Identidad Cultural que exprese los significados y valores del Bloque Social Popular, como requisito indispensable para la conformación de un nuevo Bloque Histórico.

 

 

 

 

[i] .-Enrique Alí González Ordosgoitti

Doctor en Ciencias Sociales, Sociólogo, Folklorólogo, Filósofo, Teólogo, Locutor, Profesor Titular de la UCV, de la Facultad de Teología de la UCAB y del Instituto de Teología para Religiosos-ITER.

-Co-Creador y Coordinador General -desde 1991- de la ONG Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela-CISCUVE.

-Co-Creador y Coordinador -desde 1998- del Sistema de Líneas de Investigación Universitaria (SiLIU) sobre Sociología, Cultura, Historia, Etnia, Religión y Territorio en América Latina La Grande.

-Co-Creador y Coordinador -desde 2011- de la Página Web de CISCUVE: www.ciscuve.org

-Para contactarnos: ciscuve@gmail.com@ciscuveciscuve-Facebook; @enagor;  enagor2@gmail.com; Skype: enrique.gonzalez35

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[ii] .-Itinerario de este Artículo:

1.-Ponencia presentada en: Programa para el Cambio, Jornada “Comunicación y Cultura para la Nueva Sociedad”, MAS, Caracas, julio 1983.

2.-Publicado como Artículo en: Punto Socialista. Fundación Gual y España (Venezuela) 2 (16): 40-43, septiembre, 1984.

3.-Publicada como Capítulo en: Enrique Alí González Ordosgoitti (1990).-Diez Ensayos de Cultura Venezolana. Caracas, Editorial Tropykos, Asociación de Profesores de la Universidad Central de Venezuela (APUCV), http://ciscuve.org/?p=4688

4.-Para esta edición en la Revista Familia Cristiana Digital, mayo 2016, hemos realizado algunas correcciones formales y de estilo.

 

[iii] .-Towards a new cultural direction Venezuela
Summary

This paper attempts to analyze the relationship between the fields of culture and politics from the perspective of social change, that is, the cultural dimension of political action. We use the Gramscian concept of hegemony by consensus and the central role it plays in the cultural. We focus on analyzing the Popular Social Bloc: change agents, their expressions organized social and popular sectors. At the same time, we analyze the possible relationship between this Popular Social Bloc, Entrepreneurship and the Venezuelan State, represented by the government of Luis Herrera Campins (1979-1984). We conclude with six proposals, which aim to synthesize, we characterize the cultural dimension of politics in this historic moment.
Keywords: Hegemony by Consensus. Cultural Dimension of Politics. Social change. Popular social bloc. Entrepreneurship. Government of Luis Herrera Campins. Venezuela. Latin America. From 1979 to 1984.

 

[iv] .-Vers une nouvelle orientation culturelle Venezuela
Résumé

Cet article tente d’analyser la relation entre les domaines de la culture et de la politique dans la perspective de changement social, à savoir la dimension culturelle de l’action politique. Nous utilisons le concept gramscienne de l’hégémonie par consensus et le rôle central qu’elle joue dans le domaine culturel. Nous nous concentrons sur l’analyse du Bloc Populaire social: agents du changement, leurs expressions organisées secteurs sociaux et populaires. Dans le même temps, nous analysons le lien entre cette Bloc Populaire, social entrepreneur et l’Etat vénézuélien, représenté par le gouvernement de Luis Herrera Campins (1979-1984). Nous concluons avec six propositions, qui visent à synthétiser, nous caractérisons la dimension culturelle de la politique dans ce moment historique.
Mots-clés: Hégémonie par consensus. Dimension culturelle de la politique. Le changement social. Populaire bloc social. L’esprit d’entreprise. Gouvernement de Luis Herrera Campins. Venezuela. L’Amérique latine. De 1979 à 1984.

 

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