Tramposos del África: Eshu y Legba y sus representaciones en las religiosidades afroamericanas negras

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Universidad Católica Andrés Bello, UCAB-Logo

Isabel Rodríguez Barradas.

(Profesor Asociado del Departamento de Lengua y Literatura de la Universidad Simón Bolívar. Licenciada en Letras, Magister en Literatura Hispanoamericana y doctoranda en Cultura Latinoamericana y Caribeña del Instituto Pedagógico de Caracas-UPEL. Tiene publicaciones varias en cultura popular, religiosidades, comunicación y lenguaje, isabelro@usb.ve, isabelrodriguezb1975@gmail.com)      

Descargar el Archivo en pdf.

 

(Para quienes están interesados en el tema Étnico, Ciscuve coloca a su disposición las siguientes Categorías con sus respectivos links, en donde encontrarán Entradas que pueden descargar en pdf gratuitamente:

-Etnia (ciscuve.org/?s=Etnia);

-Etnia Afroamericana-Negra (ciscuve.org/?cat=28)

-Etnia Criolla (ciscuve.org/?cat=29)

-Etnia Bicultural-Binacional (ciscuve.org/?cat=30)

-Etnia Indígena (ciscuve.org/?cat=35))

Este Artículo forma parte del Dossier de las Jornadas de Teología ITER-UCAB “Catolicismo y Religiones Afroamericanas-Negras”, realizadas el 25.05 y el 01.06.2011, en la sede del Instituto de Teología para Religiosos en Altamira, Caracas.

(Dossier Jornadas Teología ITER-UCAB “Catolicismo y Religiones Afroamericanas-Negras”, 2011.: http://ciscuve.org/?p=1338). 

El Dossier contiene los siguientes artículos:

1.-Dr. Enrique Alí González Ordosgoitti (Profesor Titular de la UCV, del ITER y de la UCAB).

Línea de Investigación Nro. 4: Procesos Religiosos de América Latina La Grande. Sublínea Nro. 20: Religiones y Religiosidades Populares (versión 2011).

(Revista ITER-Humanitas, Facultad de Teología de la UCAB (Venezuela) 16: 13-24, julio-diciembre 2011)

(1.-Línea de Investigación 4: Procesos Religiosos A.L. La Grande. Sublínea 20: Religión y Religiosidad Popular, 2011.: http://ciscuve.org/?p=1349 ).

 

2.-Dr. Enrique Alí González Ordosgoitti (Profesor Titular de la UCV, del ITER y de la UCAB).

Línea de Docencia sobre Religión y Religiones Populares.

(Revista ITER-Humanitas, Facultad de Teología de la UCAB (Venezuela) 16: 25-35, julio-diciembre 2011)

(2.-Línea Docencia Religión y R. Popular. Eje Transversal Ciencias de Religión en Maestrías del ITER: http://ciscuve.org/?p=1358 ).

 

3.-P. Ponc Capell, Mercedario, Responsable de la Pastoral Penitenciaria de la CEV, Estudiante de la Maestría en Teología Pastoral, ITER.

El sincretismo entre la Virgen de las Mercedes y Obatalá en la Santería Cubano-Venezolana.

(Revista ITER-Humanitas, Facultad de Teología de la UCAB (Venezuela) 16: 37-107, julio-diciembre 2011)

(3.-El sincretismo entre la Virgen de las Mercedes y Obatalá: http://ciscuve.org/?p=1396).

 

4.-P. Silvanus Ngugi Omuono, IMC, Kenya, Estudiante de la Maestría en Teología Pastoral, ITER.

La Santería a la luz del Nuevo Testamento.

(4.-La Santería a la luz del Nuevo Testamento: http://ciscuve.org/?p=1372 ).

 

5.-Abogado José Zamora, Abogado, Estudiante de la Maestría en Teología Bíblica, ITER. Comparación del Rito de Sacrificio en el Cristianismo y en la Santería Cubana.

(5.-Comparación del Rito de Sacrificio en el Cristianismo y en la Santería Cubana: http://ciscuve.org/?p=1389).

 

6.-P. José Sequera, sdb.

Catequesis sobre Catolicismo y Santería. Experiencia Pastoral en Barrios de Caracas.

(6.-Catequesis sobre Catolicismo y Santería. Experiencia Pastoral en Barrios de Caracas.: http://ciscuve.org/?p=1377 )

 

7.-dra. Isabel Rodríguez Barradas (Profesora de la USB, Doctorado de Cultura de América Latina y el Caribe, UPEL-IPC).

Tramposos del África: Eshu y Legba y sus representaciones en las religiosidades afroamericanas negras.

(Revista ITER-Humanitas, Facultad de Teología de la UCAB (Venezuela) 16: 109-126, julio-diciembre 2011)

(7.-Tramposos del África: Eshu y Legba y sus representaciones en las religiosidades afroamericanas negras: http://ciscuve.org/?p=1381).

 

8.-Dra. María Inés Páez (Profesora de la UNSR, Doctora en Ciencias Sociales de la UCV).

¿Es el Catolicismo solamente una Máscara en las Religiones Afroamericanas Negras?

(Revista ITER-Humanitas, Facultad de Teología de la UCAB (Venezuela) 16: 127-157, julio-diciembre 2011)

(8.-¿Es el Catolicismo solamente una Máscara en las Religiones Afroamericanas Negras?: http://ciscuve.org/?p=1385). 

 

 

Tramposos del África: Eshu y Legba

y sus representaciones en las religiosidades afroamericanas negras

Isabel Rodríguez Barradas.

(Profesor Asociado del Departamento de Lengua y Literatura de la Universidad Simón Bolívar. Licenciada en Letras, Magister en Literatura Hispanoamericana y doctoranda en Cultura Latinoamericana y Caribeña del Instituto Pedagógico de Caracas-UPEL. Tiene publicaciones varias en cultura popular, religiosidades, comunicación y lenguaje,

isabelro@usb.ve, isabelrodriguezb1975@gmail.com)

 

Resumen.

En este artículo presentamos a los orishas Eshu y Legba desde su entorno ancestral como deidades tramposas y de la comunicación entre los yorubas y cómo sus características e historias pasaron a las diferentes religiosidades que  los veneran en América conservando por un lado sus características originales y, por otro,  los diferentes cambios que van a tener en el culto afroamericano.

Palabras clave: tramposos, orishas, culto.

 

Summary.

In this article we picture the orishas Eshu and Legba from their ancestral surroundings as trickster deities of communication among the yorubas and how their characteristics and stories traveled to the different religiosities that venerate them in America keeping, on one hand their original characteristics and, through another one, the different changes that they are going to have in the different Afro-American cults.

Key words: tricksters, orishas, cult.

 

Résumé.

Dans cet article nous présentons aux orishas Eshoo et à Legba depuis leur environnement ancestral comme divinités tricheurs et de la communication entre les yorubas et comment ses caractéristiques et histoires sont passées aux différentes religiosités qui les vénèrent en Amérique en conservant d’une part, ses caractéristiques originales et, par un autre, les différents changements qui vont avoir dans les cultes afro-américaines.

Mots clef: tricheurs, orishas, culte.

 

 

 

Tramposos del África: Eshu y Legba

y sus representaciones en las religiosidades afroamericanas negras

Isabel Rodríguez Barradas – USB

 

                                                                                    Èşù, no me dañes

 Te honro por tu poder.

             Èşù, no me dañes

 Èşù, eres el que construye los caminos.

 Ven hacia mí y hacia mi familia con  

                                                  bondad.                       

Te haremos sacrificio.

Èşù, eres el más espléndido presente,

Hazme rico y padre de muchos hijos.

Ven a mí bajo hermosa apariencia (…)

Èşù, no me dañes.

                                                                                                   Anónimo

Los orishas son deidades del panteón yoruba, pueden ser locales, pues se les rinde culto en ciertos poblados, o comunes a todo un colectivo más o menos extenso[1].  Eshu es un orisha del panteón yoruba –también se le conoce como Eshu-Elegba-, y Legba, aunque pertenece al panteón fon, fue asimilado por esta comunidad, en consecuencia, muchas las características de ambas divinidades son compartidas, aunque también tienen diferencias.  Legba es hijo de Mawu-Lisa el dios creador de los fon, un dios andrógino pero, la parte femenina Mawu, predomina. Eshu es también hijo de Mawu.

 

El término yoruba refiere, según Biobaku citado por Verger (2009:11), a un grupo lingüístico de varios millones de individuos que, además, están unidos por una misma cultura y tradiciones de origen común pero que no constituyeron una única entidad política y no compartieron el mismo apelativo antes del siglo XIX.  Sin embargo, el término se aplicó posteriormente a un pueblo y a un territorio que hoy conocemos como los yorubas.

  

Eshu y Legba son orishas que hacen mofa de otros queestán jerárquicamente por encima de ellos,tienen un comportamiento travieso y les tienden trampas.  Se les considera responsables de incitar pleitos y suscitar problemas, entre orishas y entre humanos, de generar disputas y también de robar y ponerle trampas a la gente para lograr sus objetivos, especialmente los sexuales.  Tienen la habilidad proteica de transformarse en cualquier cosa o ser vivo para conseguir los favores de las mujeres.

 

Eshu es representado en su fiesta por calabazas que se le ofrecen para que él pueda romperlas.  En algunos lugares del África occidental, estos frutos simbolizan la creación contenida y las pequeñas son empleadas para llevar preparaciones medicinales. (Hyde, 1998:292).  Eshu rompe las calabazas representando de ese modo una ruptura de lo contenido, una ruptura del orden. 

 

A Eshu se le brindan constantemente ofrendas para mantenerlo contento y así evitar sus trampas, sin embargo, gracias a él, las demás divinidades también reciben su parte, pues aunque el obsequio sea para otro orisha a él siempre tiene que tocarle algo y debe hacerse para procurar mantenerlo tranquilo y satisfecho ya que tiene un apetito insaciable, de ese modo se le tiene a distancia y se evita el riesgo de caer en sus trapacerías, es como un soborno que se le da para mantenerlo al margen o, al menos, para evitar sus travesuras que pueden y suelen ser terribles.

 

Eshu se las arregla para engañar a la gente, y los manipula para que no consulten al orisha pertinente, para que cometan errores, para robar o cometer adulterio y, para lograrlo, se transforma en mujer para seducir a un marido fiel, o en adivina para procurarse más ofrendas, lo que explica el porqué se le representa con una cuchara que siempre debe ser colmada con alimentos y aceite.  Sus imágenes son fundamentalmente fálicas y sus altares se erigen a la entrada de los poblados, en los cruces de caminos y en los mercados. Las danzas de esta deidad, y en las que le dan los oferentes, se reconocen por imitar en su ritmo los movimientos del coito.

 

Eshu es responsable de las calamidades, de las muertes de animales y hasta de las disputas entre otros orishas, fue por eso, por las constantes burlas de las que les hacía blanco que fue expulsado de su entorno.  A Eshu se le responsabiliza de haber embriagado a los dioses cuando hicieron al hombre, por eso nacieron también junto a los sanos, seres humanos con defectos.  Le gusta irrumpir para crear el caos y demostrar que la armonía es sólo aparente pues de otro modo no podría imponer el desorden porque al hacerlo, debe descubrirse dónde radica la verdadera concordia entre la gente.  Para los yoruba Eshu es la corporeización de la paradoja.

 

Así como Eshu es el responsable de picardías, artimañas y trampas de todo tipo, lo es también del arte del Ifá, el sistema de adivinación yoruba que es el vaso comunicante entre los humanos y las deidades, sin su ayuda la gente no sabría qué desean sus dioses, ni éstos podrían hacérselos saber.  

 

En una oportunidad los orishas se sintieron hambrientos y  perdidos porque ya no recibían ofrendas de los hombres y éstos, a su vez, morían por la ira de sus deidades porque habían perdido el temor a la muerte. Entonces, Eshu se ofreció para buscar una manera infalible de mantener el interés de los hombres por ellos.  Decidió buscar un objeto mágico lo suficientemente atractivo para que la gente quisiera emplearlo por siempre.  Así, se encontró con una palmera, donde unos  monos le dieron diez y seis nueces, con ellas debía ir a diez y seis lugares diferentes y escuchar otras tantas veces lo que allí dijeran, así nace el Ifá y la lectura e interpretación de las nueces que dicen cómo evitar los males según lo indican cada uno de los dioses. No seguir las indicaciones del Ifá es considerado un acto de soberbia que puede ser castigado mediante los engaños de Eshu, es por eso  que junto a la ofrenda que se brinda a los orishas hay que dedicar la parte que le corresponde, pues es gracias a él que la reciben permanentemente de los hombres, a quienes también, en ocasiones, sabe compensar los reveses de fortuna que pueden resultar para su bien, por eso dicen los yoruba que Eshu puede transformar las heces en un tesoro, de allí que su mediación justifique su volubilidad, su conducta cambiante, así como también ser agente de comunicación entre deidades y humanos.

 

El sistema de adivinación Ifá, es una verdadera socioterapia, que renueva a la sociedad y sus relaciones a través de la interpretación de los significados ocultos en el lenguaje secreto de los orígenes del orden social, aunque siempre necesitando ser redescubierto en el presente. (Pelton, 1980:135) (Las traducciones son nuestras)[2].

 

 

Eshu es una deidad ambigua que refleja de la misma manera la ambigüedad del mundo y del hombre, porque es desorden pero también orden, es protector de los caminos –donde se le dejan ofrendas- y de los caminantes –quienes pueden tomarlas-*, es comunicador entre los hombres y las deidades -a través de él se puede decodificar el sistema adivinatorio-, como también entre los vivos y los muertos. 

 

Después de hacer sus terribles travesuras, puede aparecerse para ratificar que se le debe mantener satisfecho o de lo contrario se sufrirán las consecuencias.   Nunca se debe tener la seguridad de lo que se hace o se tiene porque Eshu puede aparecerse para revolverlo todo, como ocurrió en un poblado donde vivían dos amigos entrañables, eran vecinos y no habían tenido nunca diferencias, pero  recibieron su visita.  Eshu quiso poner a prueba su amistad. 

 

La deidad pasó un día por el camino que dividía sus granjas con un sombrero que, de un lado se veía de un color y del otro de otro, se colgó la pipa en la nuca y el bastón por la espalda.  Al referirse los amigos al personaje que había caminado en el límite de sus tierras y cuando cada uno describió algo distinto entonces, comenzaron primero las diferencias, después, la discusión y luego, la pelea abierta, al extremo de que los demás vecinos tuvieron que acudir al rey, fue entonces cuando Eshu se apareció y admitió haber hecho aquello por el puro placer de molestar.  Cuando quisieron atraparlo, se escapó riéndose, inició un fuego que dirigió al pueblo y la gente tuvo que huir para salvarse.  Sin embargo, más allá del engaño para probar la amistad de los granjeros, también podemos apreciar otra parte de la historia, la realidad depende de la perspectiva de quien la está observando porque no es unívoca.  Según Pelton (1980:141)

 

Eshu ocasiona un problema caminando a lo largo del límite de las propiedades entre los dos amigos, que es a su vez, un límite que ellos desconocen.  Se visten de forma parecida y son inseparables, pero no son uno sino dos (…).  Están unidos por hábito.  Es el pasado el que los mantiene no el presente.  Finalmente, su pelea revela toda clase de animosidad suprimida.[3]

 

Legba es el dios tramposo de los fon, pobladores del reino de Dahomey que gracias al monopolio del tráfico de esclavos que tuvieron en la región hasta su derrota en 1894 cuando pasaron a ser colonia de Francia, alcanzó su cima económica y política entre el siglo XVIII y mediados del XIX.

 

Según Herskovits, citado por Pelton, Mawu-Lisa es el dios andrógino de los fon pero predomina Mawu, la parte femenina. Ella tiene siete hijos y a cada uno les dio  un dominio particular, la tierra, el mar, el cielo, los animales, pero con un lenguaje también particular. Legba es el menor de sus hijos y ninguno de sus hermanos dominará sobre él pues será quien vaya a cada uno de sus reinos para poder reportarle a su madre lo que hacen.

 

Legba conoce todas las lenguas conocidas de sus hermanos, también conoce la lengua  que habla Mawu. Legba es el lingüista de Mawu. Si alguno de sus hermanos desea hablar, debe dar el mensaje a Legba porque ninguno sabe cómo dirigirse por sí mismo a Mawu-Lisa. Por eso es por lo que Legba está en todas partes.

A Legba lo encontraremos aun ante las casas de los vodun (dioses) porque todos los seres, humanos y deidades, deben dirigirse a él antes de acercarse a dios. (Herskovits 1958: Pelton, 1980: 73).[4]

 

 

Legba es también una deidad provocadora de entuertos, le gusta hacerle pasar malos ratos a la gente, es comunicadora entre los humanos y sus dioses, es el traductor de los mensajes divinos y es, además,  festivo.  Es el patrono protector de la sexualidad porque guía a quienes van a integrar la vida adulta y lo celebra con la comunidad por eso se le encuentra en la puerta de cada casa y en el centro de los poblados.  Se le representa con un alargado pene.

 

Legba pone el poder del sexo a la disposición de la comunidad humana.  Con tambores y danza fálica, ritualiza el acto sexual.  Esto es, lo saca del reino potencial de lo oculto y de lo terrible y lo fija firmemente en el centro de la vida social usando gestos simbólicos, actuaciones y música.  Al hacer del acto sexual un ritual público, lo hace socialmente creativo (Pelton 1980:92).[5]

 

Legba y Eshu son los intérpretes de los mensajes de los dioses a los hombres, son los traductores de lo que les depara el destino. Comparten ambas deidades las características comunes de crear problemas, de ser las vasos comunicantes de sus respectivos panteones, de interpretar el destino para los humanos, de todos los cruces de caminos, no sólo en el espacio social sino también en los de la vida de cada quien.

 

Legba está relacionado, al igual que Eshu, al sistema de adivinación, que es, en su caso, el Fa, término que se refiere al ente que representa al sistema de adivinación y también al destino de cada quien.

 

La primera parte del destino de una persona  se revela en la adolescencia a través de la adivinación. El destino o sekpoli completo de una persona se le revela una vez que ha alcanzado la adultez. Pero la gente no necesariamente está determinada a encontrarse con el hado que se le ha mostrado. Por el contrario, consulta a los adivinos  a lo largo de su vida para buscar consejo acerca de cómo cambiar su fa para sobreponerse a los obstáculos. Legba representa la libertad de cada quien para cambiar el curso de sus vidas mientras que Fa encarna el camino intocable de la vida de cada quien. No es hasta que se llega a la adultez y se le ha revelado el sekpoli cuando pueden erigir una figura completa de Legba enfrente de sus casas, mostrando así que están en la posición de usar apropiadamente el sistema de adivinación. (Christen, 1998: 131).[6]

 

Como todo tiene su razón de ser, un mito explica el porqué ocurre así. En una ocasión, mientras Legba estaba fuera, Fa se llegó a su mujer. Días después, a su regreso, le preguntó la razón de su mal comportamiento y ella le respondió que su pene no era lo suficientemente grande para su satisfacción y por eso debía buscar en otra parte. Enardecido, convocó a la gente frente a su casa y les anunció que su miembro era fuerte y que él y su mujer mantendrían relaciones frente a todos hasta que ella se manifestara exhausta, y ellos estarían allí como testigos para probarlo.  Avergonzada públicamente, su esposa le pidió que se detuviera, entonces Legba les anunció a todos de sus infidelidades con Fa y como consecuencia de esas acciones, Fa permanecería por siempre dentro de la casa mientras que él presidiría las entradas de todas las casas y podría tomar a cualquier mujer que se antojase.  Por eso, las figuras de Legba se erigen en todos los accesos, en todas  las  entradas: de las casas, de los mercados, de los pueblos.

 

A las efigies de Legba se las presenta con un formidable pene y en las danzas iniciáticas al culto de Mawu-Lisa, una jovencita que lo representa y preside a los iniciados, danza y lleva bajo su falda un largo falo realizando movimientos frenéticos y posturas sexuales mientras se burla de la audiencia.

 

La insatisfacción e hiperactividad sexual de Legba se relata en muchas historias. En una se cuenta cómo, con el uso de unos polvos mágicos, deja impotente a unos hombres y así se queda con las esposas y las complace a todas; su voraz apetito sexual lo lleva a tomar a su antojo a todas las mujeres sin importar si son casadas o núbiles jovencitas.  En una ocasión se acostaba con su hermana Gbadu pero también lo estaba haciendo con su sobrina, cuando, aquella se entera, lo confronta y pelean de tal manera que Mawu hubo de interponerse, entonces le ordenó a Legba que se desvistiera y desnudo pudo ver su pene erecto y supo que era culpable. Mawu le impuso que su pene se mantendría siempre de ese modo y que nunca su apetito sexual se vería satisfecho.  Legba representa así el irrespeto a los límites que impone el canon social a lo sexual.

 

Las historias de esta deidad explican cómo se las arregló para que de todas las ofrendas a los orishas siempre le tocara una parte –y la primera- a él, pues fue una de las razones por las que se transforma en el orisha tramposo, las circunstancias lo condujeron a serlo. De allí el apodo por el que también se le conoce, Aflakete, que significa “te he engañado”.

 

Mawu y Legba estaban siempre juntos en la tierra. Legba era obediente y solícito a los encargos de su madre, sin embargo, la gente sólo agradecía a Mawu por lo que en realidad era la diligencia de su hijo ante sus peticiones, ya que las que no resultaban o no eran satisfactorias a quienes hacían sus solicitudes a la diosa, su propia madre se las achacaba a Legba, por eso era malquerido. Pues bien, un día Legba resolvió poner las cosas a la par y fue a decirle que alguien estaba planeando robar su plantío de batatas, ella convocó al pueblo y amenazó de muerte a quien intentara hacerlo. Esa noche, Legba se puso las sandalias de Mawu y se llevó las batatas.  A la mañana siguiente, enfurecida, cotejó cada pie de los pobladores con las huellas que habían quedado impresas en la tierra por el ladrón, hasta que Legba sugirió que las comparara con sus propios pies y resultaron idénticas.  La gente le reclamó su injusticia y humillada se fue al cielo pero, él debía reportarle cada noche de todos los eventos diarios; cansado de hacer esa tarea diaria, le pidió a la gente que le lanzaran sus desperdicios y el agua sucia para oler mal, entonces Mawu tuvo que irse todavía más lejos y así Legba quedó de su cuenta en la tierra. 

 

Eshu y Legba son deidades que definen en su conducta y sus acciones la paradoja humana que se expresa en el tramposo, el trickster.  Provocan la irrupción del orden pero para mantenerlo, son los vasos comunicantes y la voz entre los hombres y las deidades, son disolutos y desenfrenados para ser los organizadores de la procreación en el sistema social. 

 

En cada nivel de la vida –humana, transhumana, subhumana, hasta posthumana- Eshu, el  agente de la metamorfosis, prepara para, y completa, el proceso adivinatorio, al tiempo que conforma estructuras, reacomoda jerarquías y cambia las relaciones (Pelton: 138).[7]

Eshu y Legba son deidades que definen en su conducta y sus acciones la paradoja humana que se expresa en el tramposo, el trickster.  Provocan la irrupción del orden para mantenerlo, vasos comunicantes entre los hombres y las deidades, voz de los hombres y de las deidades, disolutos y desenfrenados para ser los organizadores de la procreación en el sistema social.  Por eso:

 

En la figura del tramposo (trickster), en quien lo anómalo y lo ordenado, lo sagrado y lo profano, lo absurdo y significativo se aglutinan, tenemos una imagen de la ironía y del trabajo de la imaginación irónica (…) cómo es el poseedor de todas las historias, lingüista de los dioses, corporeización de la adivinación, metáfora de la conversación social que revela el cosmos humano que es el lenguaje y expone a los hombres a sus realidades más cotidianas así como a las más íntimas (Pelton, 1993:132 y 137)[8].

 

El parecido de Eshu y Legba es claro pero debemos subrayar , según Pelton (1980:130), el énfasis de los yoruba en lo vengativo de Eshu en contraste con los fon que insisten en lo  compasivo de Legba.

 

Con el tráfico de los esclavos a América, así como se trasladaron los hombres también con ellos fueron sus deidades y nos encontramos a los orishas instalados en la geografía del Nuevo Mundo pero con matices diferenciadores en muchos de ellos, sin embargo, Eshú y Legba conservarán bastante de sus rasgos fundamentales e incluso sus nombres con algunas variantes, hasta sus historias se cuentan como en su lugar de origen.

 

Ambas deidades pasan a nuestro continente y se les rinde culto en las diferentes religiones afroamericanas negras. Mantienen muchas de sus características originarias y, gracias a la relación sincrética con el catolicismo se les identificará con santos que consintieron su permanencia[9].

 

Se le conoce como Papa Legba, en el vudú haitiano, o como Elegba, Elegua, Eleggua, Eleggùa, Elegguá, Ellegua, Exu, Eshu en los cultos que se han establecido.  Según Bastide (1983:162 y 166), en Haití a  Legba  le corresponde san Antonio y san Pedro pero en Brasil con el diablo en Bahia, con el diablo y san Antonio en Río de Janeiro, en Recife con el diablo y san Bartolomé y con san Antonio y san Pedro en Porto Alegre porque allí cada orisha es múltiple y le corresponde uno joven y uno viejo. Para este autor el espíritu del orisha y el del santo son un único y mismo espíritu, por eso el nombre del santo es la traducción portuguesa del orisha (p. 181). 

 

En el Shangó de Recife, Orisanla es el padre de los orishas o santos cuya función es la de ser intermediarios entre los hombres y dios, asimilado al Dios católico. Orisanla es el padre de los orishas y Yemoja la madre. Esú es su hijo aunque se le considere menor:

Se le representa como el travieso cargador y sirviente de los otros santos y el intermediario poco confiable y hasta traicionero entre dioses y humanos. (…) Es el santo a quien se “alimenta” más frecuentemente, puesto que a veces se le ofrecen sacrificios por sí mismo, para solicitar favores particulares a clientes, y también se los deben ofrecer cada vez que cualquier santo “coma”. El santo católico sincrético de Esú se sabe que es San Bartolomé. (Carvalho y Segato, 1987: 15-16).

 

Para Deive (1992). La correspondencia de Legba es Eshu en el candomblé, la santería y en el culto shangó y, en la de santos y luases, san Lázaro corresponde a Legba en el vodu dominicano, así como san Pedro y san Antonio Abad los son igualmente en el haitiano.  En la santería, el Ánima Sola corresponde a Eleguá y san Pedro y san Antonio el Ermitaño a Eshu como también a Satanás, igualmente ocurre con el candomble y shangó, son los mismos santos como correspondencia a Eshu deidad africana (155 y 239-240).

 

Cuando los misioneros cristianos llegaron por vez primera a Dahomey, pensaron que Legba era Satán en vestidura nativa por su aparente desorden y su irrefrenable sexualidad. Los fon, sin embargo,  aunque no son monoteístas, tampoco eran un pueblo sin ley ni libertino, y siempre insistieron que, al contrario, Legba era el lingüista divino- maestro de su dialéctica única, de la cópula en cada frase, así como la expresión de cada límite (Herskovits 1958 citado por Pelton, 1980:87-88).[10]

 

Es importante subrayar aquí la observación acerca de cómo la cópula en el lenguaje es equivalente a lo que une, es equivalente a la comunicación sagrada entre lo que se dice y cómo se transmite, así como, también es sagrada, la cópula sexual de la que son deidades Eshu y Legba.

 

Para Deive:

Legbá, que en la religión yoruba equivale a Eshou, tiene en Dahomey un carácter eminentemente fálico, de dios de la fecundidad. Sin embargo, en Haití se le representa como un viejo achacoso y frígido. ¿A qué se debe esta metamorfosis? Sencillamente, a la influencia del catolicismo, para el cual la exposición pública de la sexualidad es considerada obscena y pecaminosa. Por lo tanto, para que este loa pudiera subsistir entre los esclavos, sus adoradores  se vieron precisados a ocultar su principal atributo, reteniendo tan sólo su condición de divinidad mensajera e intermediaria, inadvertida para los sacerdotes encargados de velar por la ortodoxia de sus fieles de color (182-183).

 

La identificación de Exu y Legba con san Pedro se explica porque cada uno abre las puertas del mundo espiritual, de allí la relación, la analogía –los vasos comunicantes entre deidades y hombres, vivos y muertos-, que permitía mantener el culto.  En el vudú haitiano Legba es el: “amo de la barrera que separa a los hombres de los espíritus, intérprete de todos los espíritus y llave del mundo espiritual, corresponde a san Pedro. Durante las posesiones, aparece como un viejo inválido[11], con una pipa en los labios y una mochila a la espalda” (Hurbon, 1978:104). Es Legba Petro, Maitre Carrefour por estar presente en los cruces de los caminos.

 

Aunque a Legba y a Eshu se les quiera asimilar a lo demoníaco, esa imagen no es aceptada porque no son orishas malignos, aunque es recomendable mantenerse en buenos términos con ellos, ya que son invocados tanto para hacer el bien como para causar el mal. Incluso investigadores, como Verger, lo identifican con el demonio, pero son muchos los registros que indican que, si bien contradictorios, estos orishas pueden ser benefactores y producir cambios positivos en la fortuna de algunos, como lo indican los relatos registrados, tanto en Brasil como en Cuba.

 

Prandi (2010) recoge una serie de relatos que refieren las historias de Exu, Legba, Eleguá y Bara, que resultan eco de las originales de las deidades ancestrales, por ejemplo, es el orisha de las encrucijadas porque un día Oxalá le pidió que se apostara en la encrucijada cercana a su casa y no dejara pasar a quienes no le llevaran ofrenda alguna y así se dedicaría mucho mejor a cumplir con su trabajo, fue entonces encargado de recogerlas y lo hizo tan bien que en compensación todo aquel que fuera a casa de Oxalá debía de igual manera entregar algo también para Exu.  Por eso también está a la entrada de los santuarios.

 

Es el intermediario o mensajero porque al ser el más joven de los orishas era el último al que se honraba, pero en una reunión en que todos los orishas debían postrarse ante Olodumare, Exu se presentó sin nada para ofrecer y sólo se puso en la cabeza un ecodidé[12] , entonces el dios dijo:

Todos trajeron ofrendas y él no trajo nada. Él respetó el tabú y no trajo nada en la cabeza, él está en lo cierto. Acató la señal de sumisión. De ahora en adelante será mi mensajero (…) Todo lo que quisieran de mí me será mandado a decir por intermedio de Exu. Y entonces, por eso, por su misión, será homenajeado antes que los más viejos, por ser quien usó el ecodidé y no llevó o cargó nada en su cabeza en señal de respeto y sumisión. Así, el más nuevo de lo orishas, el que era saludado de último, pasó a ser el primero en recibir los saludos (Prandi, 2010: 43).[13]

 

La pelea de los amigos guarda una similitud enorme con la historia referida antes y así se conserva en casi todo el territorio americano pues incluso está referida en términos muy próximos en la revista de Los Orishas que se publica en Venezuela (año 3, n° 28 Exú en el candomble, Ildacio Tavares, p.50).

 

La narrativa en torno a Eshu y Legba revela los cambios súbitos que pueden ocurrir -según el cristal con el que se mire-, en la vida de cada quien, sean deidades o seres humanos, lo que nos dice igualmente que no hay nada garantizado en la historia de cada quien. Así, un mendigo se hace rico gracias a la amistad que le procura el orisha con un hombre rico con el que se pasea del brazo, entonces todos los que los veían llegaron a la conclusión de que aquel debía también ser rico y le ofrecieron crédito para hacer sus negocios y al hacerlo, multiplicar sus ganancias.

 

Exu se hace rey en el poblado de Ijebu. Al llegar allí no es recibido como lo exigía la tradición en la casa del rey, sino en la de un personaje muy importante. Esa noche, pretendiendo ir a orinar, prende fuego al techo de la casa donde se hospedaba y gritaba que estaba perdiendo su fortuna que había quedado dentro, el lugar se consumió por las llamas y no quedó nada. La hospitalidad exigía que al haber un perjuicio para el extranjero debía compensársele pero, como no tenían suficiente para hacerlo, al rey no le quedó más remedio que nombrar rey a Exu y todos los pobladores pasaron a ser sus súbditos.

 

Un rey y su familia ofenden a Exu al dejarle de hacer las ofrendas. La deidad se aprovecha de los celos que la primera esposa tenía de la más nueva y le dice que para que su marido retorne a ella debe llevarle unos pelos de las barbas para hacerle un trabajo. Al mismo tiempo, va donde el príncipe heredero y le comunica que su padre quería verlo esa noche y que fuese a palacio acompañado de algunos guerreros, y con cuidado, pues la reina lo pensaba matar esa misma noche. La reina se aproxima al rey con una daga para cortarle los pelos que necesitaba de la barba, al mismo tiempo llega el príncipe, el rey se percata de la presencia de la reina armada y se enfrentan en una lucha y el príncipe, al escuchar el barullo corre a la habitación del rey y cree que va a matar a su madre, todos se matan entre sí. Exu es severo en su venganza.

 

Las historias de Eleguá se parecen en su tono a las de Exu. Había dos adivinas muy prósperas que comían muy bien gracias a las ofrendas pero sólo le daban a Eleguá las sobras, los huesos que quedaban de los muchos animales que recibían. Un día se enojó y se sentó a la puerta de la casa de las santeras a comer muy poco a poco y de manera desagradable, la gente dejó de acudir a ellas porque no le gustaba lo que veían a la entrada. Las adivinas se estaban muriendo de hambre. Entonces, Oxóssi pasó por la casa de las mujeres y les dijo que Eleguá era el dueño de la puerta que era la entrada de todas sus riquezas, del mismo modo le dijo a la deidad que permitiera que la clientela volviera a las consultas que ahora sí comería bien y no los restos de las ofrendas, Así Eleguá pasó a recibir mucho y las adivinas volvieron a ser para siempre prósperas.

 

Las deidades suelen ser crueles cuando no se cumple con las ofrendas o se olvidan los mortales que la suerte y el éxito pueden convertirse en pobreza si se olvidan de honrar a quien se los ha procurado.

 

El orisha burlón se juega por igual con los mortales y con las deidades. Por jugarle una broma a los dioses truncando sus moradas, Exu es el responsable de la viruela entre los hombres. Como a los dioses no les gustó la jugada Oxalá envió a Xapana a castigar a Exu propinándole unos varazos, maltrecho se metió en el río para lavarse y al hacerlo dijo: “Todas las heridas que me hizo Xapana en el cuerpo pasaran a los hombres que se bañen en estas aguas y los quemarán como el fuego”.  Así les dio la viruela.

 

Exu no confía de los escenarios en los que reina la calma, por eso, un día, al darse cuenta que las dos esposas de un hombre llevaban una vida tranquila sembró entre ellas la confusión. Una fue al mercado y le compró un sombrero a su marido quien se mostró muy complacido, la otra mujer se mostró recelosa y fue también a comprarle otro sombrero al hombre que redobló sus elogios a esta otra mujer. La primera fue de nuevo a comprar otro sombrero y así se sucedieron las veces en las que cada una quería superar a la otra con sus obsequios. La vida doméstica se hizo insufrible por la competencia que establecieron ambas hasta que Exu no volvió al mercado con sus sombreros dejando en completa confusión la vida de las mujeres.

 

 De la misma manera se mete con los dioses aproximándoles en sus diferencias con los mortales. Oyá y Oxum, las esposas de Xangó, y Yemanyá la de Ogum, fueron juntas al mercado. Exu entró al mercado con una cabra y las vio pero no podía creer en tanta armonía. Les dijo que tenía que encontrarse con Orunmila, les dejaría la cabra para que la vendiesen en veinte monedas y que podían quedarse con la mitad del precio de lo vendido. Cuando quisieron compartir las diez monedas de ganancia no había manera de dividir en partes iguales y comenzaron a discutir a ver a quién le tocaría la mayor ganancia.

 

Yemanya alegó que a los mayores les queda la mayor porción, Oxum le ripostó que, al contrario, eso le correspondía a los más jóvenes y Oyá, arrimando su sardina a la brasa les dijo que debía corresponderle a la del medio. La discusión había llegado a un punto muerto, llamaron a un hombre en el mercado quien sugirió que se le diese la mayor parte a la mayor de las tres, otro que a la menor, otro que a la del medio, la discusión no tenía resolución hasta que volvió Exu y tomó la parte sobrante y la enterró diciendo que era la parte que correspondía a los antepasados, porque cada vez que se recibe un bien se le debe ofrecer también a los antepasados. Así pone el orden recordando lo que debe ser.  

 

Son muchas y variadas las historias de estos orishas, Exu y Legba, en donde al invertir las situaciones procuran establecer un orden que bien se ha obviado o se ha olvidado. Por eso puede poner a pelear a las esposas, o hacer rico a un pobre, o engañar a las autoridades terrenales y celestiales, o cobrar por los desagradecimientos de los que se olvidan que, tras su buena estrella, está la voluntad de un orisha. Son relatos en los que se aprecia el referente que viene de muy atrás, que viene de los ancestros yorubas.

 

De igual modo, en Cuba, Lydia Cabrera (1983) recoge relatos similares: “Elegguá, que es un pícaro, si provoca la risa de los concurrentes a la fiesta de ocha es con la deliberada intención de armar camorra haciéndose el ofendido, alegando que se burlaron de él (es) el primero en cuyo honor se toca el tambor” (34).

 

También refiere: “Un Elegguá es muy indecente. Le gustaba enseñar sus partes, pero esas malas mañas no se le permitían aquí. En Cuba ese Elegguá perdió, por lo que nos dicen, su carácter fálico. No lo ignora ninguno de mis viejos informantes, ni que en sus bailes simulaba el acto sexual” (35)

 

Elegguá guarda las encrucijadas, es el portero del monte y de la sabana. Está en la entrada y en la salida (…) se mete en todo, enreda una situación, vuelve las cosas al revés; está en sus manos perder o salvar a quien le da la gana. Elleguá lo mismo contraría los planes de los dioses que de los hombres. Recordemos que es el primer orisha que recibe la ofrenda que come el día de los sacrificios, el primero a quien se saluda (…) El mismo Olofí lo dispuso así. Le dijo: siendo tú el más chiquito y mi mensajero, serás el más grande en la tierra y en el cielo, y sin contar contigo nunca será posible hacer nada (Cabrera: 77).

 

 

Eshu cambia las situaciones. Es el autor imponderable de desacuerdos pasajeros o de rompimientos súbitos y definitivos (…) como refiere el conocido “pataki” de dos amigos inseparables que tenían los caracteres afines y los gustos tan semejantes, que esponteánemente (sic), siempre coincidían en sus juicios y opiniones (Idem: 93).

 

Es el mismo relato de los amigos a los que la divinidad hace pelear para demostrar cuán sólida era realmente esa amistad.

 

Cabrera se hace eco, contando las deliciosas historias de los embrollos de Elegguá que repiten las de las divinidades afines en la lejana África.

 

Wagner Barreto refiere en su artículo Èşù-Elęgba, citando a Nicolás Angrica (1952):

Eleguá vive en la casa mientras que Eshu lo hace en la calle. Es considerado como el Orisha de los caminos. El que guarda las llaves de las puertas de la prosperidad y la pobreza. También, el que guarda el ashé que nos es dado. El primero al que se le llama cuando se necesitan las puertas y los caminos abiertos. El primero que brinda su manifestación en nuestras vidas. El Policía del Cielo, el Desbarata-Compone… la fuerza vital de la vida. El portero del monte y de las sabanas, el primer Orisha cuyo favor debe conquistarse. Se dice que siempre está al acecho, por ser el espía de las deidades. Es al primero que se saluda y se le pide permiso para cualquier ceremonia y el primero que come y bebe en todos los rituales Orisha. (…) una minoría afirma que Eshu y Eleguá son la misma entidad, una misma cosa (70).

 

Resulta interesante apreciar los diferentes rituales y ofrendas que se hacen a estos orishas, aparte de las plantas con las que se le honran, pues forman parte de sus atributos y de los animales que se le sacrifican, así también los collares y las cuentas de colores que deben colocarse en un orden determinado según la intención que se persiga, para Eshu ecuboro que es el Eleguá de la vida y la muerte se confecciona con cuentas negras separadas de siete en siete por tres cuentas rojas. Para Eshu alaroye que es el Eleguá que crea las discusiones y luego se sienta a contemplar para reírse, se alterna una cuenta roja y otra negra. Hay variadas alternancias de las cuentas dependiendo de las intenciones que se persigan con ellas. Sin embargo, los colores negro y rojo representan la vida y la muerte.

 

Se otorgan los collares para proteger al receptor de cualquier daño y darle ayuda al usuario. (…) Cada Orisha tiene un collar particular y cada senda de Orisha puede ser caracterizado por diferentes diseños de color. (…). Están hechos de hilo de algodón con cuentas móviles. El uso del algodón se debe a que a que se pueda absorber el Omiero o líquido sagrado hecho de 101 hierbas y la sangre de los animales sacrificados, con el que son lavados y divinizados. El collar de Elegguá tiene un diseño de tres cuentas negras alternadas con tres cuentas rojas en todo su largo. (…). Un collar que se rompe significa que ha protegido de algún daño al usuario. (Himiob: 1999, 59-60). 

 

Barreto afirma que: “Eshu enfatiza los valores de las trampas y las venganzas, lo que lo transforma en el orisha ideal de los esclavos, que lo imaginaron como el arma perfecta para vengarse de los blancos” (67). 

 

Quizá sea por ello que el nombre y las historias de estos orishas se mantienen más fieles al originario ancestral, al ser lo representativo de los cambios de fortuna así como también de la libertad.

 

Mientras otros orishas cambian nombres en su tránsito a este continente, Eshu y Legba mantienen los suyos –con algunas variantes más o menos sutiles-, pero sus características particulares se conservan así como también sus historias.  Han mantenido sus rasgos fundamentales, ser divinidades del desorden para guardar el orden, de la paradoja y la contradicción, del apetito y la fecundidad.  

 

Elegguá es el amo de los caminos y guardián de la casa de los orishas (…) es el mensajero de los orishas. (…) Elegguá es representado como un niño. Está lleno de conocimiento y no queda nunca atrapado en conflictos.  Esto le da una condición hermética, por tanto, aún cuando es tramposo y algunas veces indigno, pero nunca pierde su majestuosidad. (…).

Elegguá representa la epifanía de Hermes dentro de la psique afro-caribeña.  Es el dueño de los caminos y las puertas.

El desarrollo de toda cultura (igual que el crecimiento individual) necesita enfrentarse al tramposo interno.  Las religiones y las mitologías proporcionan las imágenes para ese desarrollo arquetipal. Elegguá en la santería, Hermes en la mitología griega, el Coyote en el folklore norteamericano, Tío Conejo en los cuentos populares de Venezuela, el Pícaro en la literatura Española, el Diablo en algunas religiones, etc. (Idem, 68).

 

Estas deidades cumplen una tarea en sus comunidades.  Se articulan para que en su aparente caos organicen y estructuren, a lo colectivo y a lo individual, a lo humano y también a lo divino.

 

En su tránsito geográfico e histórico se operaron cambios sutiles que, sin embargo, no lograron transformar a estas deidades de su función social y sagrada, cambios entramados para lograr una permanencia ante la religión de los vencedores que no pudo eliminar la trapacería original de estas deidades.

 

Bibliografía.

BASTIDE, Roger. Estudos Afro-Brasileiros. São Paulo, Editora Perspectiva, Coleção Estudos. 1983.

 

BARRETO, Wagner.“Èşù-Elęgba” Caracas Los Orichas, Año 5, septiembre 2008, n° 64. (61-76).

 

CABRERA, Lydia. El Monte. Miami. Ediciones Universal. Colección del Chichirekú. 1983.

 

CARVALHO de, José Jorge y SEGATO, Rita Laura. El culto Shangó en Recife, Brasil. Caracas. Conac, Centro para las Culturas Populares y Tradicionales C.C.P.Y.T. 1987.

 

CHRISTEN, Kimberly A. Clowns & Tricksters. An Encyclopedia of Tradition and Culture. Santa Barbara. ABC-CLIO. 1998.

 

DEIVE, Carlos Esteban. Vodú y magia en Santo Domingo. Santo Domingo. Fundación Cultural Dominicana. 1992.

 

HIMIOB, Gonzalo. Dioses obscuros. Sincretismo, imagen y arquetipos en Latinoamérica. Caracas, Fondo Editorial El Pez Soluble. 1999.

 

HURBON, Laënec. Dios en vudú haitiano. Buenos Aires. Castañeda, Colección Estudios Antropológicos y Religiosos. 1978.

 

HYDE, Lewis. Trickster makes this world. Nueva York. North Point Press. 1998.

 

MENA, Elvis. “Breves notas sobre algunos caminos de Eleguá y sus respectivos collares”. Caracas. Los Orichas, Año 4, febrero 2007, n° 45 (50).

 

PELTON, Robert D. The Trickster in West Africa. A study of Mythic Irony and Sacred Delight. Berkeley. University of California Press. 1980.

 

_______.“West African Tricksters”, en Hynes y Doty.  Mythical Trickster Figures. Contours, contexts and criticisms. Tuscaloosa, University of Alabama Press. 1993.

 

PRANDI, Reginaldo. Mitología dos Orixás. São Pablo. Editora Schwarcz Ltda. 2010

 

SORIA, Alberto. “Eleggua”, Caracas. Los Orichas, Año 3, n° 25 (2-6).

 

TAVARES, Ildalcio. “Exú en el Candomblé”. Caracas. Los Orichas, Año 3, n° 28 (48-51).

 

VERGER, Fatumba Pierre. Orixás, deuses iorubás na Africa e no novo mundo. Bahia. Fundação Pierre Verger e Corrupio Edições. 2009.


[1] En la Santería, los orishas son emisarios de Olodumare, su dios creador y oteosus, son los encargados de gobernar las fuerzas de la naturaleza y los asuntos de los seres humanos por eso, deben honrarlos y hacerles ofrendas de su gusto.

 

[2] Ifa divination is a true sociotherapy, renewing society and social relationships by spelling out the meanings hidden in the sacred language of social order from the beginning, yet always needing to be rediscovered in the present.

* A Hermes, el dios griego tramposo, protector de los viajantes y de los cruceros, también se le ofrendaba del mismo modo para que así los transeúntes, al pasar por allí, pudiesen tomar para sí, con el visto bueno del dios, las ofrendas.

[3][3] Eshu causes trouble by walking along the boundary between the two friends, a boundary that they do not, in fact, acknowledge. They dress alike and are inseparable, yet they are not one, but two)…). They are bound by habit. It is the past that holds them, not the present. Finally, their quarrel reveals all sorts of suppressed animosity.

[4] So Legba knows all the languages known to his brothers, and he knows the language Mawu speaks, too. Legba is Mawu’s linguist. If one of the brothers wishes to speak, he must give the message to Legba, for none knows any longer how to address himself to Mawu-Lisa. That is why Legba is everywhere. You will find Legba even before the houses of the vodun (gods), because all beings, humans and gods, must address themselves to him before they can approach God.

[5] Legba puts the power of sex at the disposal of the human community. With drums and phallic dance, he ritualizes sex. That is, he takes it out of the arcane and dreadful realm of the potential and fixes it firmly in the center of social life by the use of symbolic gestures, actions, and music.

[6] The first part of a person’s fate is revealed at adolescence through divination. A person’s complete destiny, or sekpoli, is revealed once he or she has reached adulthood.  People are not necessarily destined to meet the fate shown to them. To the contrary, people consult diviners throughout their life to seek advice on how to change their fa to overcome obstacles. Legba represents the freedom people have to change  the course of their lives, while Fa represents the untouched path of one’s life. It is not until people have reached adulthood and have had their sekpoli revealed to them that they may erect a full Legba statue in front of their home, thus showing that they are in a position to properly use the divination system.

[7] Thus at every level of  life –human, transhumant, subhuman, even posthuman- Eshu, the agent of metamorphosis, prepares for and completes the divinatory process as he shapes structures, rearranges hierarchies, and changes relationships.

[8] In the figure of the trickster, in whom the anomalous and the ordered, the sacred and the profane, the absurd and the meaningful are joined, we have an image of irony and of the working of the ironic imagination itself. (…) is as possessor of all stories, linguist of the gods, embodiment of divination, and metaphor of social conversation that the trickster reveals the human cosmos to be language (…)(and) exposes humans in their inmost and most daily realities.

[9] La Santería, así como otros ritos y cultos étnicos, ofrece a los inmigrantes y refugiados la sensación de arraigo, apoyo y pertenencia que le son tan necesarias. Esto ya había comenzado cuando los esclavos llegaron a América y parece estar actualmente dándose en la población latina que llega a EEUU. Los recién llegados encuentran refugio en los cultos indígenas y en las agrupaciones con gente de su misma cultura y lengua.

[10] When Christian missionaries first arrived in Dahomey, they thought that Legba was Satan in native guise because of his seeming lawlwssness and unbridled sexuality. The Fon, however, while not monotheists, were neither lawless nor sexually profligate, and they have insisted, rather, that Legba is the divine linguist –the master of their unique dialectic, the copula in each sentence, and thus the embodiment of every limen.

[11] A Legba se le representa bajo la forma de un anciano achacoso y harapiento que camina penosamente apoyado en una muleta. Marcelin señala que el nombre de Legba pied-cassé, apodo con el que a menudo se le conoce, traduce bien el aspecto miserable –ancho sombrero de paja, macuto al hombro y una pipa de barro que fuma sin cesar- bajo el cual se le imagina (Deive, 136).

[12]Ecodidé, pluma roja, rara y misteriosa del papagallo.  (http://grou.ps/index.php?group_name=santuariodeorixa&function=blogs&obj1=person&obj2=yyhcsgqxrflghxtjw&obj3=4).

 

[13] Todos trouxeram oferendas e ele não trouxe nada. Ele respeitou o tabu e não trouxe nada na cabeça. Ele estácerto. Ele acatou o sinal de submissão. Doravante será meu mensageiro (…).  Tudo o que quiserem de mim, que me seja mandado dizer por intermédio de Exu. E então por isso, por sua missão, que ele seja homenageado antes dos mais velhos, porque ele é aquele que usou o ecodidé e não levou o carrego na cabeça em sinal de respeito e submissão.

 

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