¿Reconstruir la Sociedad con cuál Sujeto Social?

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Carmen Dyna Guitián Pedrosa[i]

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Resumen

En estos tiempos de exigencia histórica de reconstituir la sociedad, nos preguntamos hasta qué punto conocemos las reales condiciones y características del sujeto social venezolano; abordamos el problema desde la perspectiva de la lógica de la reproducción social, haciendo un recorrido por los sistemas de clasificación basados en las diferenciaciones genealógicas, aquellas determinadas por las relaciones básicas del ser social, que ubican a los sujetos en distintas posiciones dentro de la sociedad. Nos referimos a las diferenciaciones de género, a las de edad, a las de parentesco, a las diferenciaciones étnicas contemporáneas y a las diferenciaciones residenciales, aquellas determinadas por  las relaciones basadas en la realización social del espacio habitable, así como en las formas de inserción en dicho espacio, en las que encontramos el sujeto social urbano contemporáneo -el poblador, el residente y el citadino – y el sujeto social no urbano contemporáneo -las etnias aborígenes de nuestro territorio nacional-. Hemos intentado construir una vía para configurar una topología social que dé cuenta de la diversidad, multiplicidad y diferencialidad del sujeto social venezolano, sometido además a las convencionales clasificaciones de orden político, social y cultural. Si entendemos que cada uno de estos tipos tiene una caracterización determinada y cuenta con unas condiciones determinadas para actuar como sujeto social, podremos visualizar su capacidad para actuar como sujeto constituyente.

Palabras Clave: Sujeto social, diferenciaciones genealógicas, sujeto constituyente

 

Abstract[iii]

 

Índice

Introducción

1.-Las nociones claves del análisis

2.-La lógica de la reproducción social: El sistema de clasificaciones en la sociedad fragmentada

2.1.-La sociedad fragmentada

2.2.-El sistema de clasificaciones o una aproximación a la topológica social que sustenta la lógica de la reproducción social en Venezuela

3.-Las diferenciaciones genealógicas, aquellas determinadas por las relaciones sociales básicas del ser social

3.1.-Las diferenciaciones de sexo, un sistema de clasificación oculto bajo el constructo de la igualdad de los sexos

3.2.-Las diferenciaciones generacionales, un sistema de clasificaciones ambigüo, la infancia, la adolescencia, la juventud, la madurez y la vejez

3.3.-Las diferenciaciones de parentesco: alianza y fraternidad. Un sistema de clasificaciones obviado por la sociedad

3.4.-Las diferenciaciones macroétnicas contemporáneas: indígenas, criollos,  los biculturales-binacionales. Un sistema de clasificaciones ignorado por la sociedad

3.5.-Las diferenciaciones residenciales, aquellas determinadas por las relaciones basadas en la realización social del espacio habitable y en las formas de inserción en dicho espacio

4.-El sujeto social urbano contemporáneo

5.-El sujeto social no urbano contemporáneo

Conclusiones

Bibliografía

 

 

Introducción

En estos tiempos de perplejidad histórica, de deconstrucción y disipación de la realidad, de invención de realidades mediadas por la tecnología, de posmodernismo descalificador de la razón -elegía de hedonismo y herejía del trabajo-, y propiciador de muertes culturales -la historia, el proyecto…-, el primer paso para abordar el problema de la construcción del sujeto social consiste en preguntarnos de qué se trata la relación con el pasado, con el presente y con el futuro como posibilidad, para encontrar un camino dentro del laberinto cultural en el que nos hemos sumergido. Pero no se trata sólo de tiempo abstracto, se trata de la relación espacio-tiempo como sustancia para la realización del campo de existencia social; por ello, no sólo se trata del tiempo sino también del lugar; por ello, la nueva manera de ver y hacer historia es indisociable de lo local y de lo regional, desde el hogar, la comunidad, la ciudad, la región histórica y/o geográfica porque son esas las fronteras del hombre común a partir de cuya historia se reconstruye qué ha pasado con la sociedad y se vislumbra qué acontecerá. Historia de actores sociales situados y fechados, constructores de sí mismos y de su realidad social, en el marco de la sociedad de la cual devienen y a la cual contribuyen a edificar.

 

Con esta hipótesis basal del actor como productor de lo social, pretendemos abordar el asunto del sujeto social visto desde la perspectiva de la lógica de la reproducción social, es decir, de las relaciones sociales que diferencian y sustentan el sistema de clasificaciones sociales de la Venezuela contemporánea para analizar la multiplicidad, diversidad y diferencialidad del sujeto social venezolano contemporáneo.

 

1.-Las nociones claves del análisis

Corriendo el riesgo de derivar hacia una discusión filosófica acerca de la definición de las nociones claves del discurso y advirtiendo que sólo en el caso de la noción de sujeto, el diccionario filosófico de Nicola Abbagnano (por citar uno entre muchos diccionarios) reseña veintiséis (26) autores con sus respectivas interpretaciones de la noción, osaremos proponer entender el sujeto social partiendo de la definición de Kant, tal como lo plantea Abbagnano:

“El …significado del término como yo, conciencia o capacidad de iniciativa en general, nace por obra de Kant, que, por cierto, ha tenido presente el significado que la oposición entre subjetivo y objetivo había adquirido en algunos autores alemanes contemporáneos suyos…El sujeto es para Kant el yo pienso, la conciencia o autoconciencia que determina y condiciona toda actividad cognoscitiva: <en todos los juicios siempre soy yo el sujeto determinante de la relación que constituye el juicio>…Pero el yo es sujeto en cuanto determina la unión del sujeto y del predicado en los juicios, o sea, en cuanto es actividad sintética o judicativa, espontaneidad cognoscitiva, por lo tanto conciencia, autoconciencia o apercepción y éste es el nuevo significado de sujeto.” (Abbagnano, 1987: 1104. Cursivas del autor)

 

Sujeto que es sometido a límites y condiciones:

“Dice Husserl: <el ego se constituye para sí mismo en la unidad de su `historia´, por decirlo así,… en la constitución del ego, están encerradas todas las constituciones de todos los objetos existentes para él, inmanentes y trascendentes, ideales y reales; ahora hay que añadir que los sistemas constituyentes en virtud de los cuales existen para el ego estos y aquellos objetos y categorías de objetos, sólo son a su vez posibles dentro del marco de una génesis regida por leyes> Cursivas del autor” (Abbagnano, 1987:1106)

 

De estas definiciones resaltamos la condición de la conciencia del sujeto, su capacidad de iniciativa, capacidad autónoma de relaciones que se constituye durante su historia, mediante sistemas constituyentes posibles dentro del marco de una génesis regida por leyes. Precisamente de las relaciones sociales y de los límites en que estas se desenvuelven surgen los marcos de la sociedad en los que se desempeña el sujeto social, pero se trata de relaciones sociales orientadas hacia un sentido de lo social histórico que los mismos sujetos sociales construyen en su devenir histórico y convierten en su axiológica social, en su sistema de valores.

Ahora, no se trata de relaciones homogéneas y únicas, se trata, por el contrario, de relaciones múltiples, diversas y diferenciadoras que dan lugar a los sistemas de clasificación social imperantes en una sociedad situada y fechada; que si bien todas concurren en la construcción de lo social histórico, lo hacen en constante tensión negociada en los escenarios sociales de la cotidianidad. Relaciones sociales capaces de procurar las condiciones básicas del consenso acerca de un futuro posible, un presente vivido y un pasado rescatado o de propiciar las condiciones básicas de un conflicto irreconciliable entre clases de sujetos. (Caso actual de Yugoslavia).

 

La tensión cultural de la sociedad, aquella que se genera entre las fuerzas que pugnan por producir y procurar significaciones y orientaciones para la sociedad (o para segmentos, sectores o clases) con miras a la producción social de posibilidades, en otras palabras, delinear un proyecto de sociedad, construir una visión de futuro pero ¿Con cuál sujeto social? ¿Para cuál sujeto social? He ahí nuestra interrogante clave. El enunciado del problema consiste en cómo construir el discurso social de una nación que aún no es (González Ordosgoitti, 1991), aún no es porque está fragmentada en su ser histórico, porque está fragmentada en su ser social, porque carece de proyecto social y por ende, de sujeto social constituyente.

 

La ineludible condición de lo social, la siempre presente tensión entre orden y caos, conflicto y consenso, legitimidad e ilegitimidad, violencia o convivencia pacífica. Tensión que en nuestras sociedades occidentales contemporáneas del tipo Estado-nación, se resuelve en términos de la legitimidad del orden imperante y del monopolio de la violencia física por parte del Estado, para recordar al maestro Max Weber.

 

2.-La lógica de la reproducción social: El sistema de clasificaciones en la sociedad fragmentada

2.1.-La sociedad fragmentada

Hablamos de sociedad fragmentada no sólo porque se niega su propia condición fundante (el encuentro de los mundos de vida indígena y europeo) y la traslada a un momento histórico signado por la ruptura y el rechazo del pasado (la separación del imperio español) sino porque a partir de esa misma supuesta fundación se produce una sociedad fragmentada que en lo político se define como una república, contraria a una monarquía, pero que no le concede importancia a la construcción de un sujeto democrático, para lo que se requiere igualdad de derechos frente al Estado -el derecho a la educación, a la salud, a la vivienda y sobre todo, el derecho a la libertad-,  entramos al siglo diecinueve clamando por un Estado Moderno, sin preocuparnos por construir las estructuras jurídico-político administrativas necesarias para sustentarlo y sin proveer las condiciones para que los sujetos sociales pudiesen construir su condición ciudadana, ¿cómo construir la posibilidad de lo social, el proyecto de sociedad, sin sujeto y sin las delimitaciones que lo rigen? Resulta en un sujeto social carente del capital político necesario para emprender un proyecto social moderno, democrático, capaz de construir un Estado-nación.

 

En lo económico, mantiene una estructura agroexportadora dependiente de la ciudad en su gestión que carga con el peso del riesgo de la producción y de la inversión, que desea ser moderna pero que no cuenta con el sujeto social que exige la moderna sociedad urbana manufacturera. Carece del sujeto emprendedor inversor dispuesto a arriesgar su capital por la ganancia y carece del sujeto trabajador urbano fabril que lucha incesantemente por su calidad de vida, precisamente porque cuenta con una condición ciudadana que le permite tener acceso a los escenarios de negociación de las tensiones económicas, sujetos no sólo ausentes de la escena histórica del posible ser social sino imposibilitados de construirse a sí mismos y a su sociedad. El mantener la esclavitud hasta avanzado el siglo (1854), demuestra la necesidad del proyecto dominante de contar con una mano de obra rentable para sus estructuras agroexportadoras y el desconocimiento de la importancia del trabajador urbano industrial para un proyecto de economía moderno.

 

Fragmentada porque produce un modo de vida elitesco de alta calidad, con acceso a los bienes y servicios de las sociedades del entonces mundo industrializado mientras mantiene grandes contingentes de población fuera del disfrute de bienes y servicios básicos para su reproducción social. Resulta en un sujeto social carente del capital económico necesario para su reproducción social y hasta biológica, a las muertes de las guerras se le añaden las muertes de mengua (enfermedades producto de la ausencia total de políticas de salud pública, altísima mortalidad infantil, epidemias que se convierten en endemias, carencia de condiciones ambientales habitacionales garantes de una buena salud); población que apenas puede mal alimentarse, no tiene acceso a bienes y servicios domésticos, comunitarios y muchísimo menos culturales, a excepción de los que ellos mismos se procuran con los recursos del medio, los materiales de construcción, los equipos y herramientas para trabajar la tierra, los enseres domésticos y con los recursos provenientes de un sistema de ayuda mutua y reciprocidad que los obliga a repartir los escasos productos y que impide mecanismos como el ahorro y la inversión, claves para la economía moderna.

 

En lo cultural, prevalece un sujeto carente de un capital compuesto por una titulación académica que le permita tener acceso a la comprensión de lo acontecido social más allá de lo transmitido en su escala microlocal y por personas igualmente desinformadas, la imposibilidad del acceso a los medios impresos, de recibir instrucciones y ser capaces de ejecutar labores a partir de medios impresos, de ampliar su horizonte de vida por las absolutas restricciones que impone el analfabetismo. Un sujeto que no tiene acceso a los bienes y servicios culturales necesarios para ampliar su horizonte cultural y que ha producido un capital cultural desde su condición residencial, un capital pleno de significaciones y sentidos para su propia vida pero que se encuentra restringido para intercambiar y resemantizar su producción cultural por lo que le resulta difícil valorarla y hasta defenderla. Mantiene, así, una visión del mundo, de su momento histórico y de su espacio existencial, estrechamente vinculada a su condición local comunitaria, aislada y sin recursos adecuados para configurar los constructos mentales necesarios para incorporarse en un modo de vida moderno lo que, a su vez, se expresa en sus limitaciones para constituirse como ciudadano y como trabajador.

 

En resumen, se funda una república con pretensiones de Estado Moderno, tal como lo pregonaban las corrientes del pensamiento político europeo y norteamericano, sin proveer las condiciones para el surgimiento de los ciudadanos, de los trabajadores, de los empresarios, de los ahorristas, los inversionistas, los técnicos, los profesionales, los maestros, los jueces locales, los comisarios, para enunciar unos pocos de los actores necesarios para implantar una moderna sociedad del tipo Estado-Nación.

 

Si revisamos los discursos encontramos todos estos elementos presentes pero hasta en eso Venezuela es una sociedad fragmentada, hemos sido hasta vanguardia en discursos liberales, positivistas, modernizantes, discursos que no han pasado a la conciencia práctica de los sujetos sociales por lo que no se han materializado en la nación que aún esperamos tener. La articulación entre la conciencia discursiva y la conciencia práctica está fragmentada por lo que se entraba la constitución de la sociedad en instituciones capaces de instrumentar estos discursos y con sujetos capaces de constituir la sociedad.

 

Si bien aludíamos al principio de este punto a la condición fundante de la sociedad y nos restringíamos al análisis de lo acontecido social durante el siglo diecinueve, las condiciones contemporáneas del país no distan sustancialmente de aquellas. Para quienes ven en la Venezuela petrolera un inmenso estacionamiento de escuelas y hospitales –que funcionan muy mal- interconectados por vías terrestres, aéreas, marítimas y ahora hasta cibernéticas, un despliegue de tecnologías de producción industrial, agrícola, pesquera, etc. de punta y todas las otras manifestaciones de una sociedad dotada de una infraestructura moderna, esta aseveración resulta, por lo menos, inconsistente e inapropiada.

 

Sin embargo, cuando escudriñamos en las condiciones del sujeto social en Venezuela nos encontramos que sólo a partir de mediados de la década de los cuarenta se da inicio a acciones que propiciarán en la próxima década una educación masiva y sólo para los años sesenta el aparato productivo contará con mano de obra apenas con titulación primaria. Lo que quiere decir que las cohortes que sobrepasan actualmente la edad de cuarenta y cinco años tienen o tuvieron, muy pocos padres bachilleres.

 

Si a esto añadimos los efectos de la crisis del país sobre la educación y su expresión en la deserción escolar en niveles básicos de la educación y la escasa o nula oferta de formación en oficios para la inserción en el aparato laboral, nos encontramos no sólo con una población disminuida en la acumulación de titulaciones básicas para el trabajo sino en ocasiones analfabeta funcional y, para aumentar la brecha, analfabeta tecnológico, quienes no sepan desempeñarse con un procesador electrónico de palabras en los próximos diez años estarán cada vez más lejos de ciertos puestos de trabajo tradicionalmente ejercidos por mano de obra de poca calificación. Será cada vez más un requisito de empleo en los sectores modernos de la economía el manejo de tecnologías de comunicación, de procesamiento y de ordenamiento de datos, aún para los puestos más bajos en el escalafón de salarios. ¿Cuánto tiempo puede durar un mensajero en una empresa si no sabe cómo manipular un cajero electrónico, un facsímil, o reconocer la diferencia entre un correo electrónico, un memorándum y una circular? cuando aceleradamente los puestos de trabajo tienden a complejizar y acumular tareas para ahorrar costos de mano de obra. En la Empresa Rayban de los Estados Unidos, los gerentes de comercialización para América Latina y para Europa comparten una sola secretaria, quien sabe a qué hora entra a trabajar pero nunca cuando finaliza su día laboral.

 

La brecha entre el aparato productivo y el aparato escolar se hace cada vez mayor, agravada por las condiciones de globalización del mundo actual que no sólo no pueden obviarse sino que deben ser tomadas en cuenta crecientemente para optar a la competencia internacional. Productividad, eficiencia y competitividad son ya indispensables para sobrevivir ¿Con cuál sujeto social lo vamos a lograr? Mientras nos dedicamos a establecer el marco que regirá la acción ¿cómo nos proveemos de sujetos sociales productivos, eficientes y competitivos?

Si indagamos desde el ámbito de la composición del sujeto ciudadano ¿cómo ha sido su construcción en este siglo? no se aleja mucho de las reflexiones acerca del sujeto productivo.

 

También es a partir de la década de los años cuarenta cuando se tiene acceso al voto universal y se configura el aparato político de la sociedad venezolana a partir de los partidos que se encargarán de propiciar la plataforma para la participación ciudadana, sin preocuparse por las formas alternas de organización de la sociedad civil más allá de aquellas que pudieran ser convertidas en sus subsidiarias tales como los sindicatos, los gremios, las asociaciones para las diversas actividades económicas, etc. dejando totalmente de lado el desarrollo de asociaciones   basadas en su condición religiosa, en su condición étnica, en su condición territorial, comunitaria, las que se mantuvieron circunscritas a sus estrechos ámbitos de acción hasta que se produjeron las presiones que finalmente obligaron a aceptar la instrumentación de ciertos mecanismos de descentralización y diversificación del poder tales como las elecciones municipales y las elecciones para gobernadores.

 

Sin embargo, los partidos siguieron intentando controlar la vida política y lo que obtuvieron fue que la población se alejará cada vez más de ellos al comprender que ni siquiera reivindicaciones personales mínimas estaban obteniendo de esa relación ya que desde hacía mucho tiempo los partidos, para garantizar la adherencia de sus militantes y simpatizantes, establecieron relaciones utilitarias y oportunistas que se convirtieron en un arma de doble filo; en la medida en que ya no podían satisfacer las necesidades individuales, el modelo clientelista y populista perdió vigencia y en la medida en que los militantes, sobre todo los dirigentes de base, comprendieron que las élites de los partidos impedían su ascenso por la escasez de puestos en la cúspide y por la necesidad de los altos dirigentes de obtener sus curules con el trabajo de los líderes de base, estos se desprendieron de la actividad política o renegociaron sus reivindicaciones. Los partidos perdieron la capacidad de proponer y desplegar un proyecto de sociedad con una visión de futuro compartida por la mayoría diversa y múltiple de los venezolanos, excluyeron de sus filas a los intelectuales impertinentes que demostraban la ignorancia y la incompetencia de los líderes nacionales y se convirtieron en máquinas de producir senadores y diputados cada vez  más aferrados a modos de acción clientelistas y populistas, sin visión de futuro y, por supuesto, sin proyecto de sociedad. Los gobernadores y los alcaldes, sometidos al juicio de sus electores, se vieron en la necesidad de estructurar planes concretos que incidiesen en la calidad de vida de los ciudadanos pero el exceso de pragmatismo y el clientelismo, igualmente hizo fracasar estrepitosamente a algunos de ellos.

 

El momento crucial de juicio implacable a las instituciones jurídico-político-administrativas de la Venezuela contemporánea, ha orientado las acciones políticas hacia la transformación del marco político más que hacia la conformación de un sujeto político capaz de participar en las negociaciones para resolver las tensiones claves de la sociedad actual, con recursos que le permitan tanto definir sus intereses particulares como los colectivos de su comunidad territorial, económica, política o cultural, como aquellos intereses que definirá como nacionales y hasta internacionales. ¿Con cuál sujeto social lo vamos a lograr? Mientras nos dedicamos a establecer el marco que regirá la acción ¿cómo nos proveemos de sujetos sociales capaces de relacionar los intereses particulares y los intereses colectivos?  ¿Con qué recursos se va a construir el ciudadano necesario para negociar las tensiones y construir el consenso de la convivencia y la legitimidad? ¿Cómo pasar del sujeto anómico al ciudadano proyectivo?

 

Si de la condición cultural del sujeto social se trata, ya hemos visto los efectos de la escasa titulación académica. Si bien se ha tenido un acceso masivo a los medios de comunicación de masa audiovisuales, el cine, la televisión y ahora a los videograbadores, se han transmitido los signos exteriores del modo de vida urbano moderno, la cocina americana, los electrodomésticos, el mobiliario de la casa, el uso del vehículo particular, la moda en el vestir, la comida rápida, la industria musical, etc. Ello no ha venido acompañado de la capacidad para convertir estos signos en recursos para la construcción de capitales culturales, es decir, en valores, saberes y prácticas sociales necesarios para insertarse  e instalarse en ese modo de vida urbano moderno. Mecanismos colectivos para convertir saberes en medios para mejorar la calidad de la vida como sucede, por ejemplo, cuando un pintor popular logra insertarse en el mercado del arte y su obra empieza a cotizarse en precios que le producen un ingreso significativo; lo mismo podría decirse de los artesanos, los músicos, los cantantes, los bailarines, etc.. Situaciones estas que obedecen a un proceso individual casi fortuito, producto de la valoración que los críticos de arte empiezan a darle a este tipo de manifestaciones artísticas. Suficiente lucha ha sido que se admita la posibilidad de la presencia del arte en las obras de los artistas populares.

 

Fragmentados de nuevo, los sujetos sociales no perciben que el modo de vida americano, ese American Way of Life, es producido por sujetos sociales ciudadanos y trabajadores de una estructura política y económica consistente y coherente para el logro de sus fines como sociedad, ganancia y acumulación de capital para los inversionistas con una cierta distribución de la riqueza social producida, sobre todo para mantener y fortalecer las capas medias de la población, con escasas pero existentes posibilidades de ascenso para las capas más pobres de la sociedad, los negros y los migrantes recientes. El sueño americano siempre es posible ¿Hasta cuándo? Ya los sociólogos norteamericanos empiezan a vaticinar que el siglo dos mil va a ser el siglo de la tercermundialización de los Estados Unidos de América.

 

Sin orientaciones colectivas significativas que propicien el diseño de un proyecto de sociedad ¿Hacia dónde vamos? Dejar de lado el resentimiento, el rencor social, el repudio a los partidos y a sus líderes y a todo lo que suene a “político” para dar paso a la construcción colectiva de un futuro posible parece ser un requisito indispensable para que no se repitan las rémoras, los remedos,  los remiendos y  los remedios que han resultado de otros procesos constituyentes de la sociedad venezolana.

 

2.2.-El sistema de clasificaciones o una aproximación a la topológica social que sustenta la lógica de la reproducción social en Venezuela

Si alguna noción ha sido tanto controversial como basal en las ciencias sociales, ésta ha sido la de clase social. Es imposible comprender la constitución de la sociedad si no se aborda el problema de la diversidad y la diferenciación y el papel que cumple en la estructuración de la sociedad y en la vida social imperante. La polémica de las clases ha sido intensa y extensa, ha sido, además, el centro de las divergencias entre las corrientes o escuelas que explican lo social por el orden o por la ruptura. Reproducir tal polémica sería no sólo complejo sino imposible de abordar en pocos párrafos. Lo que sí considero rescatable para fines de esta disertación es el enfoque que propugna que más que un problema de clasificación por estructuras determinantes de la sociedad -la económica, por ejemplo- es un problema que concierne al sistema global de clasificaciones que la sociedad se otorga a sí misma, de acuerdo al peso y al papel que le atribuye a las distintas modalidades que asumen las relaciones sociales en el tiempo y en el espacio histórico que vive esa determinada sociedad.

 

A mi modo de ver, los autores que propugnan este enfoque persisten en reproducir la condición determinante de las clasificaciones cuando le asignan un carácter primario o un carácter secundario a ciertos tipos de clasificaciones. Por ejemplo, se insiste en que las clasificaciones vinculadas a las estructuras de la sociedad (económica, política y cultural) son de orden primario mientras las clasificaciones vinculadas a condiciones antropológicas básicas tales como el género, la edad, el parentesco, la etnia y el espacio habitable resultan secundarias en una estructura social de corte capitalista. Es posible que ello sea cierto en sociedades del modelo central capitalista, no podría asegurarlo por cuanto no he realizado investigaciones en esas realidades sociales. Sin embargo, con base en las investigaciones que hemos venido desarrollando desde hace más de diez años en el país, (lo que nos ha permitido construir diversidad de fuentes de información, mayormente de corte cualitativo, con algunas aproximaciones a las fuentes estadísticas) estamos en capacidad de afirmar que, al menos para los sectores sociales que no se han incorporado plenamente al modo de vida urbano moderno, tanto las clasificaciones de corte estructural como las que ocurren a partir de las relaciones básicas antropológicas cumplen un papel clave para la comprensión de la situación de vida de dichos sectores, de su inserción en la sociedad venezolana y de su constitución como sujeto social, sin que necesariamente las unas prevalezcan sobre las otras.

 

3.-Las diferenciaciones genealógicas, aquellas determinadas por las relaciones sociales básicas del ser social

Entendemos por diferenciaciones genealógicas aquellas que surgen en el seno de las relaciones sociales del habitar. Son relaciones sociales que asumen la forma de redes pues interconectan un determinado grupo, sector o clase de actores sociales entre sí y a éstos con actores de otras formas sociales presentes en sus prácticas sociales; corresponden al habitar pues se les asigna la condición de existencia social en el sentido heideggeriano de “Construir, habitar y pensar” –el famoso artículo de 1954 – constituyéndose en un género de relaciones sociales enmarcadas en la territorialidad y la cotidianidad. Las denominamos genealógicas pues son, por definición, antropológicas, están en el propio origen social del hombre.

 

Entre estas diferenciaciones analizaremos las pertinentes al sexo, la edad, el parentesco, la etnicidad y al espacio habitable.

 

3.1.-Las diferenciaciones de sexo, un sistema de clasificación oculto bajo el constructo de la igualdad de los sexos

El carácter genealógico de las diferenciaciones por sexo y edad fue reconocido por la naciente ciencia de la antropología en el siglo diecinueve como uno de los rasgos antropológicos característicos de la condición de la estructura y organización social. Tan pronto como los antropólogos se adentraron en sus trabajos de campo develaron el prejuicio extendido en la dominante sociedad occidental, de la existencia de hordas descontroladas de hombres y mujeres en los inicios de la humanidad; la imagen difundida de seres humanos congregados en una cueva, copulando indiscriminadamente fue ampliamente refutada por todos los estudios de la nueva ciencia, que descubrieron complejos sistemas de organización y control de las relaciones sociales en los grupos considerados <primitivos>, los que fueron paulatinamente considerados por su condición originaria y así pasaron a denominarse aborígenes.

 

Con el tiempo, los antropólogos descubrieron que los grupos humanos que actualmente tienen estos tipos de organización social no necesariamente provienen desde el origen del homo sapiens, aunque la genética ha hecho aportes claves para comprender y establecer la antigüedad de estos grupos, no hay evidencia alguna que demuestre que estos sean directamente descendientes de los primeros homo sapiens, por lo que se ha pasado a considerar como ab origen, es decir, genealógico, no a los grupos humanos actuales, sino a las condiciones básicas de la existencia social.

 

La sociedad capitalista occidental moderna ha creado un constructo acerca de la igualdad de los sexos, pretendiendo ocultar las reales diferenciaciones sociales –pues las biológicas son evidentes- que subyacen en las relaciones entre los sexos. Al igual que la esclavitud dejó de ser rentable para la economía industrial moderna, el mantener a la mujer inactiva  -ese es el término experto que se usa en economía- también dejó de serlo, por lo que se generó un fuerte movimiento social a favor de la incorporación plena de la mujer en la vida económica y política de la sociedad.

 

Las transformaciones ocurridas en el interior de la vida doméstica privada de los grupos familiares, a partir de la implantación del modelo industrial dejan en la mujer el papel conductor del proyecto familiar tanto para los hijos como para el resto de los miembros de la unidad familiar, incluyendo al cónyuge y a cuantos otros tipos de miembros integren dicha unidad. Al desaparecer la unidad productiva doméstica con sede en el hogar, el hombre se desplaza fuera para cumplir las largas horas de la jornada laboral y queda en manos de la mujer el poder del ámbito doméstico, poder que la mujer defenderá tenazmente hasta nuestros días, incluso cuando lucha por la igualdad de los sexos, por esa incorporación plena al ámbito público de la sociedad, somos iguales en la calle pero en la casa somos menos iguales, somos diferentes.

 

Así, el sistema de diferenciaciones sociales por sexo se oculta bajo la diferenciación entre lo público y lo privado. En lo privado, en el ámbito doméstico. Para develar las reales  diferenciaciones hay que levantar otras capas de la realidad social que las ocultan. Para mantenernos en el ámbito doméstico (pues los movimientos por la igualdad pública de los sexos son harto conocidos) las mujeres detentan el poder para garantizar el monopolio del control de la vida cotidiana familiar y del proyecto que se proponen, tanto es así que prefieren sacrificar una relación de pareja y expulsar al hombre del enclave familiar aliándose con las otras mujeres de la unidad doméstica, abuelas, tías, hermanas, sobrinas y hasta cuñadas –por lo que no se trata de un problema de consanguineidad, se trata verdaderamente de un problema de poder- para mantener al hombre fuera del poder doméstico. En este caso me estoy basando en los estudios realizados por Samuel Hurtado en la familia popular urbana, situación que he constatado en mis propias investigaciones e incluso he llegado a constatar en unidades domésticas de clase media, aunque no he estudiado su comportamiento en estos sectores.

 

Esta situación demuestra cómo la ruptura de una relación de pareja conlleva el reacomodo de las relaciones sociales básicas de la unidad familiar, centradas y controladas por la mujer. Lo que acontece, al menos en los sectores populares hasta donde alcanza nuestra investigación, es que las mujeres se reorganizan para sobrevivir sin el cónyuge pero pueden, eventualmente, aceptar la incorporación de un abuelo, un tío o un hermano quien es perfectamente capaz de reacomodar su papel en el grupo y definir los límites de las relaciones que establece en el interior de dicho grupo, hasta dónde llegan sus responsabilidades y qué tipo de deberes y derechos asume, sin pretender asumir el papel de jefe del hogar.

 

Esta resulta ser la otra cara de la moneda de la llamada paternidad irresponsable. El hombre, expulsado o separado por su propia voluntad, reacomoda sus relaciones y redefine sus deberes y derechos con respecto a su familia de procreación y, al menos por un tiempo, se reincorpora a su familia de orientación –vuelve a la casa materna- donde probablemente ejercerá un rol de tío materno y se desprende de sus responsabilidades con sus hijos y su ex cónyuge.

 

Esta situación ampliamente constatada en los hogares populares se ha convertido en una prenoción acerca de la estructura familiar y acerca de los deberes del hombre frente a la familia. Si bien este fenómeno es real, no menos cierto es que en todos los estudios que he revisado que aducen a este problema he encontrado que el porcentaje de mujeres jefes de hogar, en barrios populares urbanos de muy precarias condiciones, llega al 36 % – CENDES- y se reduce en la medida en que encontramos condiciones de calidad de vida mejores, se reduce sólo hasta un treinta por ciento (30%) para equipararse con el promedio nacional.

 

Aun cuando este alto porcentaje está evidenciando un grave problema social, al resaltarlo olvidamos que en el peor de los casos, el 64% de los hombres es jefe de hogar y de acuerdo a los estudios realizados, no sólo asume las responsabilidades que le corresponden sino que tiene una pesada carga de miembros inactivos que mantener (niños, adolescentes, viejos y mujeres adultas no activas) lo que signa su condición de pobreza.

 

La sociedad ha llegado a estigmatizar la paternidad irresponsable de tal manera que oculta la otra cara, la de miles de padres de familia que sí cumplen con su responsabilidad familiar, con el agravante que si un muchacho adolescente se acostumbra a oír que los hombres son unos irresponsables, que lo único que hacen es beber aguardiente y parrandear, el tenderá a reproducir esas conductas en su grupo de pares y cumplirá la sentencia “las mujeres son de la casa, los hombres de la calle”.

 

El conocimiento y la información especializada que la sociedad maneja acerca del comportamiento de los sujetos sociales, organizado por sexo, provienen fundamentalmente de estudios e investigaciones realizadas por Organizaciones No Gubernamentales de mujeres, grupos de investigación claramente definidos por su carácter feminista y los datos estadísticos oficiales. En tal sentido, para lograr información acerca del comportamiento de los hombres en la sociedad hay que recurrir a fuentes originalmente organizadas para conocer el comportamiento de las mujeres, lo que restringe la posibilidad del análisis si necesitáramos información más detallada con respecto a los hombres.

 

Por otro lado, en escasas ocasiones los estudios de mujeres desagregan la información según la ubicación de la mujer en el sistema de clasificaciones de la sociedad, por lo que frecuentemente manejamos cifras en las que se mezclan las mujeres de todos los estratos sociales, independientemente de la variable considerada. Por ejemplo, cuando la variable es educación o empleo, difícilmente se visualiza cómo se comportan según el estrato social correspondiente. Por ejemplo, en el trabajo titulado Mujeres latinoamericanas en cifras: Venezuela (1993), para 1990 el porcentaje de mujeres egresada de educación media era 9,2% mayor que el de los hombres, mientras que para 1988 el porcentaje de mujeres en educación superior era de 47,1% y el de hombres 52,9% con una tendencia creciente del porcentaje femenino desde 1985, lo que hace prever que para 1999 es posible que las mujeres ya sobrepasen a los hombres en la matrícula de educación superior. Estas cifras y tendencias no significan, por supuesto, que las mujeres de los estratos socio-económicos más desfavorecidos hayan seguido este comportamiento, por el contrario, las cifras del estudio de la juventud, realizado en 1995, evidencian que en esos estratos la población joven cada vez más, abandona los estudios para incorporarse a un inestable y escaso mercado laboral.

 

Romper las prenociones acerca del hombre y la mujer y sustituirlas por un sólido constructo de la importancia del papel del hombre en el grupo familiar, rescatando su autoestima y reacomodando las relaciones sociales de sexo, para permitir que ambos miembros de la pareja participen en la construcción de un proyecto común, es esencial para redefinir un sujeto social capaz de involucrarse en un proyecto colectivo. Hurgar en el comportamiento de los sujetos sociales según el sexo al que pertenecen, es una tarea no sólo urgente sino que debe despojarse de los prejuicios y estigmas creados alrededor de la figura del hombre y de la mujer, socialmente considerados.

 

3.2.-Las diferenciaciones generacionales, un sistema de clasificaciones ambigüo, la infancia, la adolescencia, la juventud, la madurez y la vejez

Al igual que el sexo, la edad es un criterio de clasificación social que varía notablemente según el tipo de sociedad que lo utilice y el momento histórico que vive la sociedad particular. Es un lugar común pensar que la desagregación en grupos etarios infancia, adolescencia, juventud, madurez y vejez son nociones universales cuyos límites cronológicos obedecen al proceso biológico humano. No sólo la abundante bibliografía antropológica desmiente esta prenoción –remito a los innumerables estudios que abordan este problema- sino que en el estudio de la Venezuela contemporánea, encontramos marcadas diferencias entre lo que se consideraba cada una de esas etapas de la vida hasta la década de los cuarenta y cómo se transformaron los criterios de clasificación por grupos de edad.

 

Cuando inicié mi trabajo de campo haciendo historias de vida, mi primera informante fue una abuela que para 1991 contaba 79 años, había nacido en 1912; era una excelente informante, narraba fluidamente su vida, sus relaciones con sus hijos, con su esposo, expresaba nítidamente el amor, el rencor, el dolor, el resentimiento, la alegría, la desconfianza…pero, cuando le pregunté por su infancia me contestó “Ahh, yo de eso no me acuerdo naíta, naíta, naíta”. En ese momento sentí que se me desplomaba la entrevista, que la estupenda construcción biográfica que estaba logrando se esfumaba entre mis manos, hasta que recupere la compostura y rehíce la pregunta “cuénteme, entonces, cómo eran las cosas cuando usted estaba chiquita”…“Ahh, eso sí me acuerdo, me acuerdo que yo no fui a la escuela para ayudar a mantener a mis hermanos menores, me acuerdo que trabajaba con mi mamá desde las cuatro de la mañana moliendo el maíz pa’ las arepas…” y a partir de allí hizo una de las mejores narraciones de todas las entrevistas.

 

Con el tiempo descubrí que las generaciones de abuelos no manejaban el criterio de infancia para asignarlo a sus primeros años de vida y empezaron a aparecer frases como “Yo, yo no conocí infancia, no recuerdo haber jugado, no supe lo que fue un juguete, nunca asistí a la escuela…”.

 

Generaciones de abuelos nacidos entre 1900 y 1920 no tenían noción de su infancia, tampoco de la adolescencia, pues ellos comenzaron a trabajar a partir de los siete u ocho años, según lo que recuerdan. Una abuela en Petare contó “Sí, yo debía estar muy chiquita cuando empecé a trabajar en esa casa de familia, recuerdo que me ponían una banquetica para alcanzar el fregadero lleno de platos sucios… sí, yo quizá tenía seis o siete años.” A partir de allí recuerdan un corto lapso de fiestas en la casa y en la comunidad – los carnavales, la Cruz de Mayo y la abuela de la primera historia que contó cómo bailaba con Billo’s en el ‘Rus Garden’- para luego asumir el nacimiento y la crianza de los hijos. Sin edad escolar, ni edad difícil, estas generaciones se sintieron llenas de responsabilidades desde que podían recordar su propia existencia.

 

En ocasión de los 45 años de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, presencié la entrevista a uno de los profesores fundadores de la Escuela, él comparaba la madurez de los jóvenes que ingresaban a la Escuela en esa época con la de los jóvenes actuales “Todos sabíamos trabajar desde muy temprano. Yo venía de una familia muy pudiente de Maracaibo y cuando llegó el momento de largarme los pantalones, me pusieron a trabajar en los negocios de la familia y desde entonces estoy trabajando…” En estas generaciones es reiterativo en los distintos estratos sociales, la temprana incorporación al trabajo.

 

Actualmente se retrasa cada vez más la incorporación al trabajo en los sectores medios altos de la población, mientras para los sectores desposeídos la alternativa es abandonar los estudios y colocarse en un puesto de trabajo, aunque mal remunerado. La segunda generación que estudié, nacida entre 1925 y 1950, apenas logró el primer nivel de educación primaria; pronto abandonaron la escuela para trabajar porque querían “darse sus gustos”; era demasiado oneroso para los padres costear la educación secundaria e imposible complacerlos con los mandatos de la moda, sobre todo para aquellos que salieron de la primaria a fines de los cincuenta y principios de los sesenta, cuando los medios ya habían penetrado las imágenes del consumo en todos los sectores de la población. No encontré caso alguno, en estos sectores, en que se combinara trabajar y estudiar, por lo que quienes desertan del sistema escolar no lo retoman a menos que encuentren un mecanismo para mantener los estudios sin tener que trabajar (excepciones deben haber, por supuesto).

 

Si a esta situación aunamos la escasa oferta de educación artesanal, técnica o de oficios en el país, son casi inexistentes las alternativas de formación para los jóvenes que se ven expulsados del sistema escolar, para quienes resulta imposible costear los largos años de una educación secundaria que no los prepara para el trabajo y mucho menos una educación superior.

 

Las investigaciones en América Latina demuestran que los grupos familiares pobres ya no consideran rentable mantener a sus hijos estudiando hasta llevarlos a una titulación universitaria, a lo sumo y con muchas penalidades, intentan una titulación superior técnica o media, lo que se evidencia en la composición social de la matrícula universitaria en todos nuestros países.

 

La situación se hace cada vez más difícil para la tercera generación que estudié, es la generación de la crisis, generación que en el mejor de los casos, logra una titulación de educación secundaria y la mayoría de las veces no la completa. Jóvenes sin educación, sin empleo, con una clara conciencia de las limitaciones y de los obstáculos que deben enfrentar para proyectar su futuro, se les dificulta cada vez más tener una visión de futuro, ni siquiera una visión de sus reales posibilidades de insertarse en la sociedad. El caso más extremo lo encontramos en el sicariato cuyo proyecto de vida es la muerte para que sus seres queridos puedan intentar forjar un proyecto de vida. La muerte para facilitar la vida (ver los estudios de Sánchez y Pedrazzini).

 

Hablar de jóvenes sin tamizar las diferencias que los ubican en distintos tipos y clases de sujetos sociales es mantener ocultas también formas muy importantes de diferenciación social, no es lo mismo el joven trabajador urbano o el campesino, el joven universitario o la joven que se dedica a los oficios del hogar, sus perspectivas de futuro son muy distintas, así como su reconocimiento de los recursos con los que cuenta y los obstáculos que tiene que enfrentar también son muy distintos, todo lo cual nos habla de su capacidad para enfrentar el futuro propio y el de la sociedad en la que vive. Constituir una sociedad cuyos sujetos sociales carecen de recursos para construir su visión de futuro resulta una empresa muy difícil por no decir imposible.

 

Es impostergable la tarea de facilitar la posibilidad de futuro en las generaciones jóvenes, que vean en la sociedad instituida un camino para su proyecto de vida y el de la sociedad que quieren construir, pero sobre todo tienen que saber qué sociedad les corresponde constituir.

No quiero terminar este punto sin hacer alusión a la vejez como etapa de la vida social. En Venezuela se despilfarra una enorme capacidad de trabajo proveniente de los grupos etarios considerados <viejos>, normalmente personas mayores de sesenta años que se mantienen inactivos en el mercado de trabajo y que realizan tareas domésticas de apoyo al grupo familiar, en el mejor de los casos. Este grupo también se tamiza por distintas formas de diferenciación social pero tienen en común una experiencia de vida acumulada que en gran proporción es totalmente desaprovechada.

 

Es imperativo que así como se garantiza una posibilidad de futuro a los jóvenes, se garantice una calidad de vida a las generaciones que nos precedieron. La sociedad venezolana despilfarra su mayor fuente de riqueza, su recurso humano. La riqueza actual de las naciones no está en sus recursos naturales sino en sus recursos humanos y en su óptima utilización, resulta crecientemente más pesado para el Estado mantener programas sociales para ofrecer unas pobres condiciones de vida a la población de escasos recursos.

 

Hay que pasar del concepto de la distribución al concepto de la inversión, entender que una exigua y mal diseñada distribución de unos pocos panes a la larga sólo incrementa la pobreza. Si sumáramos las inmensas cantidades de dinero que se han usado en los famosos programas sociales, si llegáramos a determinar con precisión exactamente cuánto de esos recursos le han llegado a las familias en condiciones de pobreza extrema, nos daríamos cuenta de cuán irracionales han sido esos programas desde el punto de vista de la producción de riqueza social.

 

El Estado dejó de ser la caja de conversión del capital estatal en capital privado, como lo era en la bonanza petrolera, para convertirse en el transmisor de los aportes de los organismos multilaterales hacia ciertos grupos organizados cuyos supuestos servicios deberían llegar a los sectores más pobres de la sociedad. Sin control sobre la calidad de tales servicios ni del uso de los fondos, a la población le está llegando una mala asistencia, en general, y un servicio que le resulta muy costoso al Estado, al usar como intermediarios unas organizaciones sociales que, en muchos casos, ni siquiera están calificadas para prestar el servicio que ofrecen.

 

Invertir en pensiones de vejez dignas puede convertirse para la sociedad en la incorporación de un voluntariado social capaz de realizar tareas muy importantes para la comunidad tales como atender niños, cuidar enfermos, constituir grupos de vigilancia comunitaria, trabajar con jóvenes en edad adolescentes, participar en programas de ayuda extraescolar, participar en asociaciones de vecinos, etc. trabajo voluntario que algunos realizan actualmente en las Iglesias y en sus comunidades. En el 23 de Enero de Caracas funciona un grupo de la tercera edad llamado El Manantial de la Esperanza, es un grupo de abuelos que recibe atención integral de salud, recreación y deporte, cursos de oficios domésticos, etc. que no sólo contribuye a fortalecer la autoestima de esos abuelos sino que les permite mantenerse activos en los programas que adelanta su comunidad. Si pensamos en lo que significa aprovechar el trabajo de estos grupos sociales en favor de los sectores más pobres de la sociedad, podemos visualizar cuál podría ser su aporte como sujetos sociales repotenciados para la constitución de la sociedad.

 

3.3.-Las diferenciaciones de parentesco: alianza y fraternidad. Un sistema de clasificaciones obviado por la sociedad

Es un lugar común leer en cualquier libro de educación cívica que la familia es la célula fundamental de la sociedad. Si, la familia nuclear constituida por el padre, la madre y los hijos viviendo en una casa y conformando un hogar respetuoso de la ley y el orden. Como cualquier otro constructo de la sociedad, este nos impone un modelo de relaciones familiares en el que prevalecen las relaciones afectivas, la responsabilidad, la solidaridad y un conjunto de deberes y derechos que tanto los padres como los hijos deben cumplir y pueden disfrutar.

 

Si uno desarrolla un ojo lector sociológico es mucho lo que obtiene de las series de TV, sobre todo las que se reciben por cable. Nada más típico que las series de TV de los Estados Unidos de los años ochenta presentándonos esta familia en la que finalmente se resuelven todos los conflictos por la inmensa capacidad negociadora de la madre, además de su continuo sacrificio personal. Algo debe haber pasado en la familia norteamericana que ahora, en los noventa, prevalecen las series acerca de grupos de amigos que viven juntos en un apartamento en Nueva York o de un grupo de hermanos que perdió a los padres o un viudo que recurre a una niñera y hasta se presentan ya sin ambages parejas de homosexuales.

 

Un observador ligero diría fácilmente que se trata de la muerte de la familia –si se ha matado a la historia, al sujeto, al proyecto y a tantas otras cosas– que ello demuestra la desaparición indiscutible de la familia en la sociedad postindustrial. Sin embargo, si a esta información añadimos que en esta misma década se ha desarrollado un modo de trabajar en los Estados Unidos denominado SOHO –Small Office, Home Office, es decir, pequeña oficina de hogar- que utilizan fundamentalmente las madres norteamericanas, usando los recursos de la sociedad cibernética, para regresar al hogar a cuidar a sus hijos, o que los hijos están retrasando su salida del hogar, o que la alta incidencia de migraciones latinoamericanas trae consigo sus más arraigados valores acerca de la familia, el honor, la solidaridad, la caridad cristiana, los rituales de unión  y alianza familiar, el compadrazgo, la reciprocidad, la fuerza de la autoridad materna y paterna, etc. nos damos cuenta que el análisis no puede ser tan ligero como el que simplemente nos viene de una imagen reconstruida por un medio de comunicación (las imágenes son fuentes importantes de información pero por sí solas no dicen nada, hay que insertarlas en un paradigma explicativo de lo social).

 

Lo que estamos presenciando es un reacomodo de las relaciones de alianza y fraternidad en el conjunto de la sociedad, sin que necesariamente desaparezcan los tipos de relaciones que anteriormente tenía esa sociedad.

 

Eso es lo que sucede con las relaciones de parentesco,  la sociedad las obvió en el marco de las relaciones de la familia nuclear, las aisló, casi las hizo desaparecer del ámbito público, las enterró en el ámbito doméstico, asignándole la tarea de proveerle el sustrato moral sin articularlas al resto de esa sociedad. Se convirtió la familia en una prenoción, en un constructo ideológico para ocultar relaciones sociales fundamentales para la comprensión y la interpretación de la vida social.

 

Si se hiciera un estudio de parentesco en la Universidad Central de Venezuela (UCV)  encontraríamos las más diversas formas de inserción de este tipo de relaciones en los distintos ámbitos de la institución. En Facultades como Medicina, Odontología, Ingeniería  y Arquitectura –por nombrar las que conozco- encontramos distintas generaciones que comparten un apellido, padres, hijos, tíos, sobrinos, tanto profesores como empleados. Han ejercido tan fuerte influencia las relaciones de parentesco que en los contratos colectivos se impuso la cláusula del beneficio del cupo a los hijos de los profesores y empleados de la UCV, lo que a su vez, incide en la formación de redes de parentesco internas. Este es un fenómeno que conocemos más de cerca en esta institución porque aquí laboramos pero que ha estado presente en la empresa privada así como en la pública; a través de un pariente se logra enganchar un empleado quien al estabilizarse y consolidarse logra también enganchar otros parientes en distintos departamentos o gerencias de la empresa.

 

Hemos encontrado casos de fuertes redes de parentesco en empresas multinacionales en Chiapas, México, donde una conocida marca de productos lácteos franceses ubicó una fábrica de Yogurts y decidió organizar las líneas de mando de producción en función de la organización de parentesco de la comunidad indígena local, reconociendo que la productividad y la eficiencia se lograban mucho más fácilmente si se respetaban estas líneas de autoridad de la parentela, nunca un capataz podría ser un miembro inferior de uno de los clanes, ejerciendo un rol de mayor autoridad en la empresa del que tendría en su comunidad étnica, por ejemplo. (Ruffier y Villavicencio: 1994)

 

La importancia de las redes de parentesco en las comunidades urbanas ha sido poco estudiada y sin embargo, son estas relaciones las que prevalecen, en muchos casos, en la conformación de los grupos locales, condominios, asociaciones de vecinos, grupos deportivos, culturales, religiosos, etc. Uno se encuentra con edificios de propiedad horizontal que cuentan con copropietarios vinculados por redes de parentesco, sobre todo si han sido adquiridos a través de una asociación civil. Grupos culturales entre cuyos integrantes encontramos varios miembros de una misma familia extendida, de los más conocidos Un Solo Pueblo de Chapellín, El Grupo Madera de San Agustín, Tambor y Gloria de El Guarataro.

 

El desconocimiento del poder local que ostentan los grupos vinculados por redes de parentesco ha conllevado análisis simplistas que identifican, por ejemplo, una junta de vecinos con un partido político determinado y lo que realmente sucede es que son familias enteras vinculadas a ese partido y son realmente las familias quienes detentan el poder comunitario. En ese error han incurrido hasta los propios partidos políticos al pensar que detentaban el poder en la comunidad y al resquebrajarse las relaciones con la familia, se veía disminuido el poder de ese partido en la comunidad. Los ejemplos afloraron abundantemente en las historias de familia que construí, familias enteras, en todas sus generaciones, militando en un partido político que abandonan esas filas por sentirse defraudados. La decepción política no es un fenómeno individual, es un fenómeno colectivo en la medida en que no se perdían personas militantes, sino grupos de personas vinculados por fuertes redes de relaciones, como es el caso de los parientes, los grupos vecinales y los grupos étnicos.

 

El perder de vista el poder de la alianza entre los grupos primarios y aplicar un análisis <modernista>, individualizante y neutral con arreglo al manejo de las afectividades entre los grupos y las personas es, a mi modo de ver, perder de vista ámbitos esenciales de la socialidad, de esa condición de relación social cotidiana que edifica la sociedad permanentemente, condición atravesada por fuertes lazos de relaciones de alianza, fraternidad, afectividad e intereses comunes que incluyen el consenso y el conflicto. Es, por ende, perder de vista condiciones fundamentales del sujeto social venezolano contemporáneo.

 

3.4.-Las diferenciaciones macroétnicas contemporáneas: indígenas, criollos,  los biculturales-binacionales. Un sistema de clasificaciones ignorado por la sociedad

Si de prenociones se trata, no hay campo más fértil en Venezuela que el que tiene que ver con lo étnico. “En Venezuela no hay racismo”, “En Venezuela aceptamos ampliamente a los extranjeros” “En Venezuela, la Guerra Federal arraigó la igualdad social”. A un ejemplo me remito, en ocasión de la conferencia del Profesor Enrique Alí González Ordosgoitti en el Seminario Filosofar sobre la Constituyente (1999), 18 de las 33 preguntas trataron el tema étnico, es decir el 55 % de las preguntas, de las cuales 14 manejaron actitudes en contra de los extranjeros, es decir, el 78%; la ruptura ideológica más adversada fue la referente al perdón por el Decreto de Guerra a Muerte y la situación más amenazante, el que los extranjeros vienen a quitarnos puestos de trabajo. En un escenario académico, supuestamente capaz de manejar y comprender el concepto de constructo ideológico.

 

En mi experiencia de investigación he trabajado con grupos indígenas, concretamente los Yanomamö del Alto Orinoco, con comunidades urbanas criollas pobres hasta pueblos tradicionales, he participado en experiencias de trabajo de campo de otros investigadores en regiones conocidas por su población mayoritariamente negra, que algunos autores denominan afrovenezolanas y he seguido con mucha atención y en ocasiones asesorado metodológicamente, las investigaciones acerca de los grupos binacionales y biculturales que ha adelantado González Ordosgoitti, de tal manera que hablar de las clasificaciones producto de las diferenciaciones macroétnicas en el país es el resultado del conocimiento propio de la realidad nacional y de la confrontación con los resultados de las escasas investigaciones locales acerca del tema.

 

Es lugar común hablar del mestizaje en términos de la mezcla de tres orígenes étnicos fundantes, los indígenas, los blancos y los negros a los cuales se les ha llamado criollos en el siglo XX. Desde finales del siglo pasado y durante todo este siglo Venezuela ha recibido población de diversas partes del mundo y de distintos orígenes étnicos, los corsos que se asentaron en Paria, en Carúpano; los alemanes de la Colonia Tovar; los escoceses de El Topo, cerca de Tacagua; los caribeños de las islas angloparlantes, pero también las grandes oleadas de canarios; la migración china; los catalanes constructores de principios de siglo; los “turcos” que llevaron en sus maletas de marchantes caminantes, los productos del mundo moderno a todos los confines del país, y entrada la segunda mitad de este siglo las grandes migraciones europeas provenientes de España, Portugal e Italia; los grupos provenientes de Grecia, Albania, Hungría, Polonia, Checoslovaquia, etc. y finalmente la migración americana; la del cono sur, la de los países bolivarianos y la del Caribe.

 

Es imposible pensar que nada han dejado estos grupos al país, que se mantienen aislados y no se mezclan con los “locales”. Desde la gastronomía hasta la recreación y la valoración de las alianzas matrimoniales se han permeado con los aportes de estos grupos. Uno puede reconocer diversos grados de integración y aceptación de los grupos biculturales binacionales mediante al menos tres aspectos fundamentales, primero, cuando aun manteniendo lugares de encuentro propios que reproducen su imaginario territorial originario (la Casa Italia, por ejemplo) y aun existiendo zonas de la ciudad donde se configuran como comunidad residencial (los judíos en San Bernardino), se esparcen por toda la ciudad y ya no requieren del refuerzo de su grupo originario para desenvolverse en su comunidad residencial, en este caso hablamos de la transformación geo-étnica del espacio habitable.

 

En segundo lugar, cuando establecen alianzas matrimoniales aceptadas tanto por los criollos como por ellos mismos, en este último caso, difícilmente se puede mantener un rechazo o un prejuicio ante un grupo étnico determinado si los nietos o sobrinos son hijos de miembros de estos grupos, sobre todo de sus mujeres, es decir, el mayor grado de integración/aceptación se produce cuando el grupo étnico foráneo aporta sus mujeres a las alianzas matrimoniales. Aquí se refuerzan los dos tipos de relaciones, las de parentesco y las étnicas. En este caso hablamos de la transformación étnica, se ha producido un intercambio cultural y posiblemente una resemantización de las formas de vida de ambos grupos, en el marco de la cultura del grupo receptor mayoritario.

 

El tercer aspecto tiene que ver con la valoración que hace la población criolla de la alianza con el grupo foráneo, que se expresa muy claramente en la expresión popular “mejorar la raza” o “el salto atrás”. Se valora de manera muy distinta la alianza con un alemán a la alianza con un colombiano, sobre todo si este último es de color negro y pobre. Aquí se mezclan, entonces, la raza, el estrato social y la procedencia nacional y funciona el sistema de clasificaciones sociales para valorar una alianza u otra.

 

El problema estriba en que la condición étnica del sujeto social es ignorada por la sociedad, no es reconocida, por lo que se carece de un discurso social que le otorgue un espacio propio a estos grupos que les permita constituirse en sujetos sociales edificantes de la Venezuela contemporánea.

 

3.5.-Las diferenciaciones residenciales, aquellas determinadas por las relaciones basadas en la realización social del espacio habitable y en las formas de inserción en dicho espacio

Si bien la condición del habitar es genérica para las relaciones sociales genealógicas, hay relaciones sociales propias de la condición residencial, en otras palabras, relaciones que se producen por la propia condición de vivir un espacio habitable. Se trata fundamentalmente de las relaciones de vecindad y de las relaciones y redes que de estas se pueden derivar, en este caso, relaciones de parentesco por alianza, es decir, matrimonio, compadrazgo y adopción, relaciones de amistad y relaciones de pares así como de relaciones de orden político, económico y cultural.

 

Diríamos entonces que las relaciones residenciales constituyen el micro cosmos básico para el desenvolvimiento de la cotidianidad del sujeto social. Que pueden y, de hecho, cambian de escala cuando se sale de la microlocal para relacionarse con la zona de la ciudad, con la ciudad, con la región, con el país e incluso con ámbitos extranacionales y hasta extraterrestre, en esta era cibernética. En la medida en que el sujeto social sea capaz o no de articular las distintas escalas y desenvolver su experiencia vital de acuerdo a las características de cada escala, estará en mayor o menor capacidad para constituir la sociedad.

 

La transformación del paisaje en el siglo XX ha dado al traste con la vieja concepción de la contraposición entre campo y ciudad, producto de  los movimientos poblacionales, la relocalización de actividades, las innovaciones tecnológicas de producción y servicio, de la redefinición de la relación entre el capital y el trabajo, la construcción del ciudadano como sujeto social, la resemantización de la relación entre la sociedad y la naturaleza y el consecuente desarrollo de las nuevas mentalidades y la axiológica social que han otorgado significado a estos procesos sociales y orientado definitivamente la sociedad occidental europea hacia un nuevo modo de vida urbano, industrial, enmarcado en un Estado-Nación, lo que hoy conocemos como el modo de vida moderno. Aunque el tema del discurso filosófico de la modernidad es fundamental para comprender todas estas transformaciones, nos limitaremos a señalarlo en este momento.

 

Esa transformación del paisaje como una nueva manera de establecer la relación entre la naturaleza y la sociedad tiene múltiples expresiones según las condiciones naturales y las condiciones sociales presentes en el horizonte histórico de la sociedad que nos corresponda interpretar, comprender. Es este paradigma el que nos ha permitido construir el discurso acerca de la sociología del habitar. La residencia como condición de existencia social adquiere presencia real  cuando se transforma en un espacio habitable en el que se expresa un determinado modo de vivir en sociedad. Es así como en una sociedad fragmentada encontramos la coexistencia de diversos modos de vida correspondientes a la realización social del espacio habitable. Por la naturaleza de una sociedad moderna fragmentada, el modo de vida moderno aludido anteriormente coexiste con otros modos de vida no estrictamente insertos en el paradigma moderno.

 

En beneficio de la brevedad nos limitaremos a enunciar los tipos de sujetos sociales que se encuentran en estos diversos modos de vida y en beneficio de la síntesis afirmaremos que es posible construir una matriz de relaciones entre los tipos de sujetos sociales según el espacio habitable y los sistemas de clasificación a los que éstos están sometidos para obtener una primera tipología de sujetos sociales contemporáneos en Venezuela, asunto que, por supuesto, no abordaremos en este  momento.

 

En Venezuela, cuya concentración de población en áreas urbanas ya sobrepasa el 90%, es posible hablar fundamentalmente de dos tipos de sujetos sociales, el sujeto social urbano contemporáneo y el sujeto social no urbano contemporáneo. Eludimos la contraposición entre urbano y rural porque consideramos que las condiciones actuales de los modos de vida contemporáneos en el país han redefinido estos ámbitos, al generarse modos de vida en la ciudad que, aunque necesariamente tienen que transformar hábitos y prácticas sociales para garantizar el desempeño social en la ciudad, mantienen rasgos genealógicos claves que aún los vinculan con modos de vida no modernos; lo que permite, por ejemplo, que los campesinos y los indígenas establezcan un circuito de relaciones entre su vida en la ciudad y su vida en el conuco, en la aldea o en el grupo étnico de origen.

 

Por otro lado, el desarrollo de modalidades de producción agrícola vinculadas a tecnologías de comunicación de punta urbaniza cada vez más el agro. El paisaje de los llanos de Anzoátegui de la producción agroindustrial computarizada, lleno de balancines petroleros, nos habla de unos sujetos sociales que se encuentran en el borde de las relaciones tecnológicas modernas de punta, en dos tipos de actividad económica que definitivamente han dejado de ser primarias, pues su complejidad es tal que va mucho más allá de la mera acción de extraer el recurso. Empresarios, obreros, trabajadores del agro, profesionales expertos, personal de servicios de producción y de servicios urbanos, de servicios domésticos concurren, entre muchos otros, para convivir en los encuentros cotidianos, ordinarios y extraordinarios, de su comunidad residencial mediante los cuales resemantizan constantemente sus modos de vivir en sociedad.

 

4.-El sujeto social urbano contemporáneo

Hecha esta precisión conceptual,  abordaremos al sujeto social urbano contemporáneo. En la ciudad podemos hablar de al menos tres tipos de sujetos sociales según su relación con el espacio habitable, el poblador urbano, el residente urbano y el citadino.

 

El poblador urbano es aquel que se procura por sus propios medios su espacio habitable, lo produce, lo construye, negocia su legitimidad y su legalidad con la ciudad y tiene que luchar por la obtención de su condición ciudadana. Es una larga tradición histórica de apropiación de territorios, no sólo por parte de los pobladores urbanos sino de lo que significó la apropiación de  las tierras indígenas hasta lo que aún sigue siendo esa apropiación cuando independientemente de la voluntad de estas etnias, se construyen instalaciones eléctricas, se explotan concesiones mineras, se penetra cada vez más su territorio para la explotación pecuaria, legitimados por un supuesto bien común ¿el bien de quién?

 

La invasión se ha convertido en una regla de juego permitida en la medida en que no lesione intereses de grupos poderosos. Lo peligroso de la situación actual de la invasión es que está atentando contra la propiedad de grupos más vulnerables de la sociedad, menos poderosos y menos organizados para la defensa de sus intereses cual es esa ambigua clase media que se ha procurado cierto tipo de bienes inmuebles, bien con propósito rentista o recreacional.

 

El fenómeno no es nuevo lo que es nuevo es que la regla de oro de la invasión ha sido quebrantada, hay que garantizar la imagen de la defensa de la propiedad privada para mantener la situación bajo el control del Estado.

 

Múltiples podrían ser los ejemplos de estas situaciones que he revisado, he recopilado, he analizado e incluso he tenido que vivir, en mi experiencia profesional. Esta breve alusión al poblador urbano pretende simplemente indicarnos su existencia, estudiarlo ha sido el objeto de mi Tesis Doctoral (1998).

 

El residente urbano es aquel que obtiene los beneficios de la producción urbana del espacio habitable, bien sea pública o privada, pero cuyas condiciones en el mercado de vivienda y servicios así como en el mercado de trabajo aún son deficientes, lo que lesiona su condición ciudadana. Es el típico caso de los moradores de conjuntos de vivienda construidos por el estado bajo la modalidad de viviendas de interés social y bajo costo –Caricuao, El Valle, San José, Catia, 23 de Enero, etc. en Caracas–, los moradores de las zonas en contracción y deterioro urbano, cascos históricos desvalorizados, zonas urbanas pobres tradicionales (El Guarataro abajo, por ej.) o residuos tradicionales urbanos de la ciudad contemporánea (el viejo casco de Catia, por ej.) y el morador del campo urbanizado como es el caso de algunas intervenciones en Tazón o el caso de zonas tradicionalmente agrícolas que han establecido un circuito de cotidianidad con la ciudad, como es el caso de Turgüa en Miranda o Carayaca en Vargas, por ejemplo, donde se encuentran pobladores y residentes. A estos sujetos sociales los he denominado residentes urbanos precarizados. Esta tipología de sujeto social viene a resolver el problema conceptual de identificar sectores populares urbanos con pobladores de barrios, pues los residentes también son parte de los sectores populares pero tienen otras condiciones de espacio habitable.

 

Finalmente aludiré a los citadinos, ciudadanos de un modo de vida moderno urbano que disfrutan las mejores condiciones del mercado de vivienda y servicios urbanos y del mercado de trabajo en la ciudad, lo cual tiene su expresión en su espacio habitable. A este tipo pertenecen los habitantes de las zonas urbanas modernas de alto costo y los de las zonas tradicionales, incluidos los cascos históricos, revalorizados. Son citadinos porque ejercen plenamente su condición ciudadana en el ámbito público de la sociedad y son los sujetos sociales del modo de vida urbano moderno de la sociedad occidental, en la fragmentada sociedad venezolana.

 

Es necesario aclarar que un análisis más profundo de cada uno de los grandes tipos nos conduciría a establecer subtipos pero evidentes razones de tiempo y espacio nos lo impiden. En todo caso, lo importante es hacer el ejercicio de ejemplificación de la diversidad de sujetos posibles según su relación con el espacio habitable urbano contemporáneo.

 

5.-El sujeto social no urbano contemporáneo

En esta situación se encuentran las etnias que mantienen su condición de sociedad estructurada distinta a la sociedad occidental contemporánea que ocupa el territorio de Venezuela. Es decir, actualmente en nuestro territorio conviven dos tipos de sociedades, venezolanas por derecho constitucional, diferenciables en su estructura y composición socio-étnicas. El estudio de uno de estos sujetos sociales, los Yanomamö, fue el objeto de mi trabajo final de grado hace treinta años.

 

Conclusiones

Hemos hecho un rápido recorrido por los sistemas de clasificación que van ubicando a los sujetos sociales en distintas posiciones dentro de la sociedad, en otras palabras, hemos intentado construir un instrumento para configurar un mapa topológico social que dé cuenta de la diversidad, multiplicidad y diferencialidad del sujeto social venezolano que además está sometido a las convencionales clasificaciones de orden político, social y cultural, tal como lo analizamos en el punto correspondiente a la sociedad fragmentada.

 

Si entendemos que cada uno de estos tipos tiene una caracterización determinada y cuenta con unas condiciones determinadas para actuar como sujeto social, podremos visualizar su capacidad para actuar como sujeto constituyente y si, adicionalmente, entendemos que estos sujetos tienen una determinada plataforma axiológica que orienta su acción, que esta plataforma no necesariamente es coincidente y única para todos, porque no sólo está sometida al sistema de clasificaciones sociales sino que se ha visto permeada por un fuerte impacto de las consecuencias no deseadas o perversas de muchas de las prácticas sociales que se han desarrollado en nuestra sociedad:

-es el caso de las apropiaciones: la gente de los barrios se roba la luz, el ejecutivo cuello blanco soborna al gerente público;

-es el caso del honor de la familia: el embarazo precoz es una deshonra, dirigir un remate de caballos es sólo una manera de sobrevivir;

-es el caso de los deberes y derechos: exijo la gratuidad de la enseñanza pero burlo al máximo el régimen de permanencia porque conozco todos los trucos para evadirlo y permanezco en la Universidad diez años en vez de cinco, como corresponde, robándole al Estado venezolano y robándole a otro ciudadano la posibilidad de tener ese cupo.

 

La corrupción permea la sociedad venezolana, quien piense que la corrupción es sólo de los políticos o es ignorante o está manipulando para sus propios intereses la destrucción del sujeto político partidista; si comprendemos esta realidad social, entonces y sólo entonces, estaremos frente a la posibilidad de comprender el sujeto social contemporáneo.

 

El tema de la axiológica social es clave para acometer el reconocimiento y la construcción de un sujeto social constituyente en la Venezuela del próximo milenio. Podemos cambiar todos los marcos de acción posibles de un sujeto social, pero si no cambiamos la propia constitución del sujeto social transformador, jamás podremos construir una nueva sociedad.

 

Conciencia histórica, visión de futuro, sujeto social constituyente, ethos constituyente son algunas de las condiciones fundantes de una nueva versión de la sociedad venezolana.

 

Bibliografía

-Abbagnano, Nicola (1987).-Diccionario de Filosofía. México. FCE.

 

-Cariola, Cecilia (Coord.) (1992).-Sobrevivir en la pobreza: fin de una ilusión. Caracas. UCV-CENDES-Nueva Sociedad

 

-González  Ordosgoitti, Enrique Alí (1991).-“La Agresión Existencial. Venezuela: una nación que aún no es” en: Diez ensayos de cultura venezolana. Caracas. Tropykos. 99-121, http://ciscuve.org/?p=4688

 

-González  Ordosgoitti, Enrique Alí (1999).-“¿Refundar la república: sobre cuál ser histórico?” Ponencia presentada en el Seminario Filosofar sobre la Constituyente. Caracas. Escuela de Filosofía, FAHE-UCV, http://ciscuve.org/?p=393

 

-Guitián Pedrosa, Carmen Dyna (1968).-La familia Yanomamö, su ciclo de vida. Trabajo Final de Grado para optar al título de Sociólogo. UCAB. Caracas.

 

-Guitián Pedrosa, Carmen Dyna (1998).-Biografía y Sociedad: Una lectura desde la sociología del habitar Tesis Doctoral. Caracas. Doctorado en Ciencias Sociales. FACES-UCV, Tutor Víctor Córdoba Cañas

 

-Heidegger, Martin (1954).-“Construir, habitar y pensar”  en: Lotus International Nº 24

 

-Instituto de la Mujer, Ministerio de Asuntos Sociales de España. FLACSO (1993).-Mujeres latinoamericanas en cifras: Venezuela. Madrid-Santiago de Chile

 

-Ministerio de la Familia (1995).-La juventud venezolana. Informe general. Caracas. Ediciones del Ministerio de la Familia.

 

-Pedrazzini, Ives y  Sánchez, Magaly (1998).-MALANDROS. Bandes, gangs et enfants de la rue: culture d’urgence à Caracas. Paris. Éditions Charles Leopold Mayer & La Libraire FPH.

 

-Ruffier, Jean y Villavicencio, Daniel (1994).-“Entre cuates y compadres”,  Revista Correo de la UNESCO (Francia) Abril: 23-26.

 

 

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[i] .-Carmen Dyna Guitián Pedrosa

Socióloga (UCAB), Doctora en Ciencias Sociales (UCV), Profesora Titular de la Facultad de Arquitectura de la UCV.

-Co-Creadora y Coordinadora de Investigación -1991-2013- de la ONG Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela-CISCUVE.

-Co-Creadora y Coordinadora Adjunta –1998-2013- del Sistema de Líneas de Investigación (SiLI) sobre Sociología, Cultura, Historia, Etnia, Religión y Territorio en América Latina La Grande.

-Co-Creadora -2011-2013- de la Página Web del CISCUVE: www.ciscuve.org

-Si desea conocer otros Artículos, Audios, Álbumes de Fotos Etnográficas y Videos de Carmen Dyna Guitián Pedrosa, entre en la siguiente URL: http://ciscuve.org/?cat=4204

 

[ii] .-Publicado como: Guitián Pedrosa Carmen Dina (1999).-“¿Reconstruir la Sociedad con cuál Sujeto Social?” en: Enrique Alí González Ordosgoitti (Coordinador/Compilador).-Filosofar sobre la Constituyente. Memorias del Seminario, Caracas, marzo-julio 1999. Caracas. Fondo Editorial Tropykos, Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico CDCH.UCV, Fondo Editorial Humanidades UCV. Páginas: 59-89. Nota del Editor: Este libro fue el resultado de un seminario de muy amplia convocatoria organizado por la Cátedra de Pensamiento Latinoamericano, adscrita al Departamento de Filosofía de la Praxis, en la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela (UCV) con ocasión de la convocatoria a la Asamblea Constituyente en 1999. Producto igualmente del Proyecto de investigación: Movilidad social en barrios populares de Venezuela. Financiado por el CDCH-UCV.

 

[iii] .-Abstract

According to present time demands in Venezuela, the main issue of this article is the analysis of social subject as a product of the different ways of social classifications, in a society where genealogical relations maintain an important place in the construction of the whole societal topological system; that is to say, in the position of subjects in social class; providing different, multiple and diverse characteristics and conditions for its constituent social subject and the respective feasibility to design a new society.

Keywords: Social Subject, Genealogical Differentiations, Subject Constituent

 

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