Imaginarios habitables urbanos: O el mundo construido posible

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Carmen Dyna Guitián Pedrosa[i]

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Resumen

Pensar la ciudad es inevitablemente imaginar sus espacios, pensar la ciudad es acudir a la experiencia vivida en sus espacios habitables, de tal  manera que el juego entre pensar e imaginar se entrama y se diluye cuando de los espacios para vivir se trata. Los sujetos sociales recurren al banco de imágenes posibles en el horizonte mental de su época para construir su paisaje urbano, es decir, recurren a sus imaginarios habitables en la cotidianidad colectiva para construir representaciones y participar de la producción de nuevos imaginarios habitables urbanos.

Palabras clave: Imágenes, imaginarios habitables urbanos, sujetos sociales, cotidianidad colectiva, representaciones sociales.

 

Abstract[iii]

 

 

 

Índice

Introducción

1.-Los imaginarios habitables

2.-El paisaje

3.-Mundo Construido y mundo de vida

Bibliografía

 

 

Introducción

Edificios, plazas, parques, calles, avenidas y autopistas; iglesias, fábricas, centros comerciales, aeropuertos, estaciones de transporte terrestre, expendios de combustible; museos, escuelas, galerías de arte, centros comunales, polideportivos, mercados, puestos de buhoneros, hospitales, ambulatorios, estaciones de bomberos…cárceles y cementerios todos son lugares con los que identificamos de inmediato la vida urbana moderna contemporánea.

 

Más aún, urbanizaciones encerradas con alcabalas, edificios residenciales (“las residencias”) fuertemente cercados, conjuntos multifamiliares de interés social, viviendas unifamiliares, en pendiente o en plano para los pobres de la ciudad y los barrios de pobladores urbanos complementan esa imagen dispersa y fragmentada pero a la vez pensada con cierto sentido de escenario, de paisaje que se  nos presenta como una pintura o una fotografía o, quizás, de una toma de película sonora y móvil cuando intentamos evocar la ciudad como lugar para la vida.

 

Colectiva e individual, pública y privada, lúdica y laboriosa, afanosa y estudiosa, civil y política, soberana y excluida, pobre, rica, feliz y miserable, agradable y áspera, refugio y hostilidad…vida y muerte.

 

Los muros de defensa de la ciudad se han derrumbado para dejar penetrar la ciencia, la tecnología, el progreso, la contaminación, la corrupción, la pobreza crítica, la inseguridad…los caballeros y los dragones ahora libran sus batallas en las calles de la ciudad y en más de una ocasión invaden un hogar… de ello dan cuenta todas las semanas las balas perdidas de los ajustes de cuenta que van a parar en un cuerpo inocente, en un territorio popular inexpugnable.

 

Si tomáramos estos componentes y descriptores de la ciudad y los sometiéramos a observación y análisis desde la perspectiva de los imaginarios urbanos produciríamos una extensa investigación; también podríamos seleccionar uno de ellos y hasta escribir una novela.

He aquí que nos topamos con la cualidad esencial del imaginario, urbano o de otro tipo, es ser fuente de creatividad en todos los órdenes de la producción humana, es insumo básico del saber, de la manera como nos relacionamos con el mundo; es componente indispensable de los comandos de orientación de  las prácticas sociales, de la manera como nos relacionamos con los sujetos sociales, con los que somos nosotros y con los que son los otros; es condición de identidad y de diferencia.

 

Es todas esas cosas porque es representación de la realidad pero no es igual a todas las formas de representación de la realidad porque si así fuera: ¿cuál sería la diferencia entre cultura e imaginario?

 

El imaginario es la forma de representación de la realidad objetiva y subjetiva de la constitución de la sociedad que se caracteriza por combinar la percepción, la memoria, el proyecto y la ilusión en una operación única de construcción de significados asociados a la relación tiempo-espacio, en la dimensión de lo real y de lo ideal; se mueve entre lo abstracto y lo concreto para dar contenido a los proyectos sociales y a las prácticas a ellos asociadas; es esencia dialéctica de lo social fechado y situado; siempre incorporado en lo semejante y lo diferente, es particular y universal, global y local.

 

El imaginario construye significaciones en una situación de espacio tiempo, en el presente, que elabora una interpretación del pasado (el pasado presente de González Ordosgoitti) para anticipar el futuro (el proyecto) y lo impregna de fantasías[iv] e ilusiones, de lo sublime y de lo terrorífico, lo bello y lo siniestro. [v] De esta manera el imaginario contiene lo real posible, lo virtual como lo que no está pero puede estar y lo ideal no posible, en una única manera de representar lo instituido socialmente en las prácticas sociales y en la imaginación de los sujetos sociales. Está presente en la construcción de proyectos individuales o colectivos y en la manera como las prácticas sociales se orientan para dar un contenido determinado a la experiencia de lo vivido en  la cotidianidad. Su presencia está en forma de saberes acerca del mundo, así, la filosofía, la ciencia, el arte y la religión se convierten en formas de expresión del saber, impregnados de la creatividad que posibilita el imaginario social. Imaginarios y saberes constituyen comandos de orientación de las prácticas sociales concretas de los sujetos.

 

Aunque forma parte de la esencia primera de lo social[vi] no por ello está cristalizado, todo  lo contrario, en su definición está su condición dialéctica, el imaginario cambia con la sociedad y propicia su transformación en nuevas formas de construcción de futuros ilusos, a veces hasta alucinados. Incrustado como está en la esencia primera de lo social, participa de la definición de lo propio y de lo ajeno de la sociedad que lo produce, de su condición antropológica de sociedad pero también de su condición única como forma de lo social histórico; participa de lo que es local de la sociedad pero también de su condición global en la medida en que la situación contemporánea de lo social es, en sí misma, global y local simultáneamente.

 

Por último pero no por ello menos importante, el imaginario está atravesado por todas las formas de diferenciación social, por el sistema de clasificaciones sociales de una sociedad determinada, en el tiempo y en el espacio, por lo que se producirán imaginarios colectivos restringidos a grupos, sectores o clases determinadas e imaginarios colectivos amplios alusivos a la identidad global de la sociedad. La construcción de un imaginario religioso varía para un católico, un musulmán o un budista quienes, además, están vinculados a formas civilizatorias distintas, pero también varía el imaginario del mundo construido si se trata de un niño o de un adulto, de un poblador urbano o de un residente urbano[vii] en una ciudad determinada.

 

Para González Ordosgoitti:

“(…) el imaginario constituye todo el universo de imágenes que produce una sociedad situada y fechada; debido a su condición de historicidad se puede hablar de imaginarios colectivos asignados a épocas, civilizaciones[viii] y a diversos sujetos sociales (clanes, sectas, clases sociales, etnias, grupos sociales, etc.). En cada momento histórico el imaginario colectivo está conformado por un banco de imágenes posibles creado a partir de los diversos mecanismos de interacción socio-simbólica presentes en la sociedad, del cual se nutre el horizonte mental de la época y ambos constituyen los límites de la capacidad de imaginar.” [ix]

 

Más no las limitaciones, pues entendemos límites en el sentido de Heidegger “el límite no es aquello donde algo cesa, sino, como los griegos reconocieron, el límite es aquello donde empieza la esencia de algo… Espacio es lo esencialmente espaciado y que deja entrar en su límite.”[x] Por ello resulta ineludible la relación entre espacio e imaginario colectivo.

 

El Espacio Imaginal[xi] es contenedor societal del imaginario colectivo, consiste en un espacio antropológico en el que cuentan más los puntos de llegada y los de partida, en el que la discontinuidad aparece por instantes en diversidad de formas, cuerpos sutiles que constituyen las imágenes posibles de la sociedad y la continuidad se expresa en una no distancia, en una especie de inseparabilidad del magma de imágenes.[xii]

 

Al banco de imágenes acuden los sujetos sociales en su experiencia vital para constituirse a sí mismos y constituir la sociedad, tendrán acceso a dicho banco en función de su habitus[xiii] cultural y, por supuesto, de su ubicación en el sistema de clasificaciones de la sociedad así como tomarán de él aquellas imágenes que puedan y sean capaces de seleccionar según la condición de sujeto social con la que se desempeñen en la sociedad y con la que acudan al banco de imágenes (excluidos, incluidos, dominantes o dominados, pobladores, residentes, citadinos, ciudadanos, etc.)

 

Son los sujetos sociales con su carga societal quienes seleccionan, ordenan, combinan y establecen las relaciones pertinentes para la práctica social que realicen por lo que el imaginario colectivo constituye fuente para la orientación de las prácticas sociales, aunque no la única pues a aquel se suman los mitos, los ritos, los arquetipos, el ethos, todos los cuales conforman la estructura socio-simbólica de la sociedad.

 

Lo que subyace a la posibilidad de abordar la estructura socio-simbólica de la sociedad desde el punto de vista del conocimiento es la condición reflexiva en términos de revertirse sobre el sujeto social. Sólo si reconocemos al sujeto como productor de lo social, podemos aproximarnos con intención de interpretar más que de explicar esta dimensión de lo real-ideal social. Toda la discusión que dio lugar al reconocimiento de  la subjetividad, el sujeto, la reflexividad[xiv] en el marco de una modernidad en la que no privaba la racionalidad ni mediaba la razón técnica de manera absoluta para relacionarse con el mundo, subyace en esta forma de proponer la comprensión de lo social, por lo que el debate acerca del imaginario debe necesariamente acompañarse del debate epistemológico que lo sustenta como campo del conocimiento filosófico, científico, estético y religioso lo cual, evidentemente, es materia de una discusión mayor.

 

1.-Los imaginarios habitables

Pensar la ciudad es inevitablemente imaginar sus espacios, pensar la ciudad es acudir a la experiencia vivida en sus espacios habitables, de tal  manera que el juego entre pensar e imaginar se entrama y se diluye cuando de los espacios para vivir se trata. Resulta difícil pedirle a alguien “piensa la ciudad sin imaginar sus espacios”; sin embargo, si es posible pensar la ciudad en términos de la gobernabilidad de la sociedad, de la comunicación, de los circuitos económicos, de las relaciones de poder, pero cuando aludimos al imaginario de la ciudad no podemos abstraernos del espacio urbano y surge, entonces, ese paisaje que construimos cotidianamente para desenvolvernos en la ciudad, ese paso por la calle casi oscura, la entrada al estacionamiento de noche, la buseta en la que recorremos las calles para llegar a la universidad, el pasillo desierto de la universidad a las diez de la noche, todos los peligros acechan para imaginar momentos, situaciones y encuentros siniestros pero también construimos paisajes imaginarios del parque donde llevamos a la novia un domingo para proponerle matrimonio o de la última vez que acompañamos a la procesión de la Divina Pastora en Barquisimeto o antes cuando paseábamos por las playas de Vargas, admirando las chicas, para imaginar momentos, situaciones y encuentros placenteros, hasta sublimes.

 

Los imaginarios habitables constituyen el banco de imagines posibles en el horizonte mental de una época para la construcción de un paisaje determinado, en el caso que nos ocupa, el paisaje que necesitamos para desenvolvernos en la ciudad. El concepto de paisaje comprende los procesos socio-simbólicos involucrados en la producción de una mediación que permite al sujeto relacionarse con el mundo físico natural, lo que posteriormente consideraremos como el mundo construido.

 

 2.-El paisaje

“El paisaje es uno de esos conceptos de múltiples definiciones, en ocasiones complementarias pero en ocasiones contradictorias. Desde el punto de vista de este discurso, el paisaje es un constructo social pues se trata de la percepción, visión y versión de la realidad físico natural que un grupo social, un sector o clase o una sociedad elabora para poder relacionarse con ese  mundo. La realidad físico espacial existe independientemente de la voluntad del hombre –eso es incuestionable- pero en el momento en que el hombre entra en contacto con esa realidad la mediatiza, es decir, la percibe y la interpreta de acuerdo a su particular manera de asignar sentido a los objetos con los que se relaciona, eso sucede con el paisaje. Lo que es un paisaje recreacional para unos, es un paisaje de trabajo para otros; lo que es un paisaje agrícola para unos, es un paisaje de extracción petrolera para otros (el caso de los balancines en medio de la producción de cítricos en Monagas); mientras la selva es para unos un paisaje exótico,  para los indígenas es su paisaje de sobrevivencia.”[xv]

 

Sin embargo, lo que está oculto en este concepto es que para desarrollar el constructo los sujetos sociales tienen que acudir a su imaginario habitable como fuente, en ocasiones inagotable, de posibles imágenes para convertir una percepción en mediación social entre el mundo de vida y el mundo construido. Aquí interviene el concepto de “banco de imágenes” (González Ordosgoitti) para dar cuenta de las posibilidades con las que cuenta un sujeto para construir su mediación con el mundo físico natural. Para ejemplificar aludiré a la definición de pueblos del agua:

“Pueblos del agua, pueblos de la tierra…es posible hablar de pueblos del agua y pueblos de la tierra, aun cuando exista un cuerpo de agua cercano a sus límites. Los pueblos de agua son aquellos que han  incorporado el cuerpo de agua en el constructo cultural de su paisaje, del paisaje que reconocen como propio por lo que le otorgan un significado importante para la producción y la reproducción de su vida social. El cuerpo de agua es recurso para la vida, es proveedora de alimentos y recursos naturales posibles de ser convertidos en materias primas y si es agua dulce, es fuente de provisión importante para el asentamiento, puede también ser recurso para el intercambio a través de un puerto y de vías de comunicación marítima, fluvial o lacustre.

 

El cuerpo de agua puede ser fuente de distribución del poder político dependiendo de quién o quienes controlen o posean los medios para el uso y explotación de los recursos de dicho cuerpo de agua, bien sea el Estado, la comunidad o un sector económico privado; para cada caso la distribución del poder político tendrá sus propias características, el sujeto dominante y el sujeto dominado, el objeto de dominación y los procesos de negociación, conflicto y consenso que ocurran con respecto a estas distintas situaciones políticas.

 

El cuerpo de agua es también fuente de producción de significados culturales importantes para la comunidad y para la sociedad en general. Es fuente de significados asociados a la identidad de la comunidad, es lugar para la producción y reproducción de significados religiosos, artísticos, lúdicos, hedonistas y es sitio de encuentro para los tiempos extraordinarios previsibles para la sociedad, la fiesta, en ocasiones los duelos y la disposición de los muertos; puede ser también fuente de significados asociados a la tragedia, al desastre cuando se trata de fenómenos naturales (maremotos, marejadas, huracanes, inundaciones, etc. ) o de accidentes tales como naufragios, ahogados, etc.).”[xvi]

 

Pueblos de la tierra son aquellos cuyos constructos culturales y sus imaginarios habitables están directamente asociados a la tierra, incluso en el caso en que tengan un cuerpo de agua importante en su configuración urbana, como es el caso de Carúpano que vive a espaldas del mar o de Caracas que vive a espaldas del Guaire. En los imaginarios habitables de estas ciudades prevalecen hitos geográficos y urbanos distintos al cuerpo de agua, el Ávila  para los caraqueños mientras para los carupaneros ha sido un lento proceso de dar la espalda al mar en la medida en que éste perdió su papel protagónico como puerto y la ciudad se convirtió en el centro político administrativo regional de la península de Paria. Incluso el recorrido de sus fiestas y el lugar de sus tiempos extraordinarios son la Iglesia de Santa Rosa, en El Calvario, Tío Pedro,  Macarapana, todos lugares de la tierra, no del agua.

 

3.-Mundo Construido y mundo de vida

Es la relación entre el mundo de vida y el mundo construido lo que da cuenta de estas formas de construcción de representaciones sociales del habitar. Desde la famosa conferencia de Heidegger “Habitar, construir y pensar” en ocasión del coloquio de Darmstadt, en 1951, la relación entre habitar y construir resulta indisociable no sólo porque exista una condición funcional en términos de las necesidades de albergue sino, sobre todo porque en esa relación también se está construyendo un modo de vivir el lugar y un modo de pensarlo que resulta imposible de deslindar en el momento en que pretendemos interpretar el mundo construido y reconocer en él la presencia del imaginario habitable.

 

En el mundo construido están presentes los artefactos producidos por el hombre, los edificios, los puentes, las represas, los tendidos eléctricos, las autopistas, etc., los cuales son instrumentos materiales para la representación del mundo y, por ende para la construcción de imaginarios.[xvii]

 

Los edificios adquieren significaciones más allá de su funcionalidad, su forma o su valor en el mercado; se convierten en representaciones sociales más allá de las pretensiones del arquitecto o del urbanista, incluso del artista y entran a formar parte de la manera cómo los sujetos sociales construyen sus propias formas de significación y elaboran sus imaginarios del mundo construido.

 

La torre La Previsora es para algunos caraqueños una marca urbana de la modernidad de la ciudad[xviii] mientras las nuevas generaciones ya no reconocen en las torres del Centro Simón Bolívar, la imagen de la Venezuela moderna. Mientras los arquitectos no terminan de entender el rotundo éxito del Centro Comercial Sambil a pesar de lo inhóspito de su diseño, los consumidores caraqueños se lanzan a colmar el centro como en un ritual de encuentros, apariencias de capacidad adquisitiva, escape de la ciudad desordenada y tercermundista, búsqueda de la actualidad de la contemporaneidad, qué es lo último que se vende en las vidrieras del mundo o la aparición del mundo de las vidrieras como un nuevo imaginario del mundo construido que constantemente incorpora artificios para vivir ese mundo de vida globalizado.

 

Los cibercafés, el juego de las máquinas, el Divercity, el McDonalds, las tiendas outlet y la comida japonesa se juntan para dar la impresión de la gran metrópolis del mundo globalizado; al menos por unas horas y sin posibilidad de ver el resto de la ciudad se puede tener la ilusión de vivir en Miami, pero en Venezuela. Proyecto largamente acariciado por la clase media duramente presionada para engrosar las capas de los profesionales populares, aquella clase media que se cree rica pero que es pobre.

 

En esta dimensión de lo urbano aparece lo colectivo, se trata no del individuo que se forja imágenes y maneras de vivir y pensar su mundo construido, se trata de colectivos, organizados o amorfos que recorren los espacios de cotidianidad colectiva como una manera de construir representaciones y participar de la producción de imaginarios urbanos. La contundencia de una vivencia, sea sublime o siniestra, en un lugar determinado y compartida por sujetos sociales asociados a una comunidad determinada de intereses, valores e imaginarios colectivos, crea y recrea las representaciones sociales que se generan en los momentos ordinarios y extraordinarios de la vida colectiva social, sean momentos esperados o inesperados, agradables o trágicos.

 

La relación entre los imaginarios del mundo construido y los tiempos extraordinarios de una sociedad situada y fechada constituye toda una dimensión de producción de imaginarios que no podemos más que brevemente señalar en este escrito. El impacto del deslave de Vargas en la producción de imaginarios colectivos de los habitantes que sufrieron la tragedia pero también de aquellos que la seguimos por televisión es ya parte del imaginario de los tiempos trágicos de la sociedad, imposible de descartar de nuestro imaginario de lo siniestro y de la muerte.

 

El tema de los imaginarios urbanos ha sido tratado en América Latina por urbanistas de orientación de ciencias sociales, psicólogos sociales, sociólogos y comunicadores sociales lo cual implica una cierta manera de abordar la investigación, más preocupada por conocer las formas de percepción y valoración de los espacios urbanos que de adentrarse en las implicaciones de la relación entre el mundo de vida y el mundo construido.

 

Proposiciones del corte de la sociología del habitar y conceptos como el de espacio habitable que hemos venido trabajando desde principios de la década de los ochenta, ahora resultan apropiados para descubrir las maneras cómo se construyen los imaginarios habitables en tiempos y momentos distintos de la sociedad y sobre todo para comprender las implicaciones de la reflexividad en la comprensión del sujeto social y de las diferencias que cada vez más caracterizan el mundo de lo urbano, los imaginarios étnicos, los imaginarios de los buhoneros, de los conductores de busetas, de los recogelatas, de los escolares, de los viejos de la plaza Bolívar, de los académicos, de los hombres, de las mujeres de las ciudades contemporáneas del mundo “globalizado”.

 

Quisiera ahora propiciar pensar la Ciudad Universitaria de Caracas desde el sentimiento de lo sublime, desde la identificación con el Alma Mater, desde la ciudad para la ciudad, no sólo de la ciudad para nosotros los universitarios sino para la Gran Caracas, para ofrecer el orgullo de nuestro patrimonio mundial. Invito a recorrer los pasillos y a imaginar a Carlos Raúl Villanueva construyendo esta fuente inagotable de imaginarios urbanos, esta, la síntesis de las artes y de la arquitectura.

 

 Bibliografía

-Almandoz, Arturo (2000) “Caracas en el modernismo literario venezolano del 1900” en Ciudades 46, abril-junio, Puebla, México, RNIU, 43-49

 

-Astorga, Omar (1999) “La idea de imaginación en algunos textos de la literatura crítica hobbesiana”. Nota bibliográfica. En Apuntes Filosóficos. No. 14. Caracas (Venezuela) 223-235

 

-Bourdieu, Pierre (1979) La Distinción. Criterios y bases sociales del gusto. Madrid. Taurus

 

-Bourdieu, Pierre y Lacquant, Loic J.D. (1992) An Invitation to Reflexive Sociology. USA. University of Chicago Press.

 

-González Ordosgoitti Enrique Alí (1999) ¿Refundar la república, sobre cuál ser histórico? En González Ordosgoitti (Compilador) Filosofar sobre la constituyente. Caracas. Tropykos-CDCH-UCV-Fondo editorial de Humanidades-UCV. 21-46. http://ciscuve.org/?p=393

 

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-González  Téllez, Silverio (2000) “Significados de Caracas para sus habitantes” en Ciudades 46, abril-junio, Puebla, México. RNIU, 18-24.

 

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-Guitián Pedrosa, Carmen Dyna (2000) “La arquitectura, patrimonio del mundo construido”. En Tierra Firme. Caracas. Año 18. Vol. XVIII. Abril-junio. 205-215. http://ciscuve.org/?p=1258

 

-Guitián Pedrosa, Carmen Dyna  (2001) Antropología del ocio en Zonas costeras. Conferencia dictada en el curso de Ampliación de conocimientos Arquitectura Paisajista a escala Urbana. FAU-UCV. Caracas.

 

-Guitián Pedrosa, Carmen Dyna (2001) Modos de vida y espacios de cotidianidad colectiva en la Caracas contemporánea. Capítulo en prensa. Instituto de Urbanismo Universidad de Valladolid. España. http://ciscuve.org/?p=5822

 

-Lash, Scott (1999) Another Modernity, a Different Rationality. UK & USA. Blackwell Publishers

 

-Lozada, Mireya (2000) “Representaciones sociales: la construcción simbólica de la sociedad” en Apuntes Filosóficos 17 (2000): 119-131

 

-Mauss, Marcel (1972) Sociedad y Ciencias Sociales. Obras III. Barcelona. España Barral editores

 

-Morales, José Ricardo (1999) Arquitectónica. Sobre la idea y el sentido de la arquitectura. Madrid Ed. Biblioteca Nueva.

 

-Paván, Carlos (2000) “Apuntes para una defensa del concepto de imaginación” en Apuntes Filosóficos 17(2000): 11-31.

 

-Solá-Morales Rubió, Ignasi de: (1996) “From Contrast to Analogy: Developments in the Concept of Architectural Intervention”. In Kale Nesbitt (Edit).-Theorizing a New Agenda for Architecture. An Anthology of Architectural Theory 1965-1995. Princeton Architectural Press, N.Y.

 

-Wagner, Roy (2001) An Anthropology of the Subject. Berkeley and Los Angeles, California, USA. University of California Press

 

[i] .-Socióloga (UCAB), Doctora en Ciencias Sociales (UCV), Profesora Titular de la Facultad de Arquitectura de la UCV.

-Co-Creadora y Coordinadora de Investigación -1991-2013- de la ONG Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela-CISCUVE.

-Co-Creadora y Coordinadora Adjunta –1998-2013- del Sistema de Líneas de Investigación (SiLI) sobre Sociología, Cultura, Historia, Etnia, Religión y Territorio en América Latina La Grande.

-Co-Creadora -2011-2013- de la Página Web del CISCUVE: www.ciscuve.org

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[ii] .-Publicado en Apuntes Filosóficos (Venezuela, UCV)19: 91-102, 2001. Originalmente fue una ponencia presentada y discutida en el seminario Fuentes del Imaginario dirigido por el Profesor Dr. Omar Astorga, en la Escuela de Filosofía-UCV en el período lectivo 2001-1.

 

 

[iii] .- Abstract

Livable urban imaginary: Or the built world possible

Thinking the city is undoubtedly imagining urban spaces, thinking the city is taking life experience in inhabitable spaces in such a way that the game between thinking and imagining weaves and dilutes when spaces to live are concerned. Social subjects apply to the possible images bank in their times mental horizon, in order to construct an urban landscape in their daily life collectivity; all of which enables them to form social representations and to participate in the production of new urban imaginaries.

Keywords: Images, Urban Inhabitable Imaginaries, Social Subject, Daily Life Collectivity, Social Representations

 

[iv] .-Para una discusión acerca de la pertinencia del juicio y la fantasía en la imaginación, en la obra de Hobbes Cfr. Astorga 1999:228

 

[v] .-Lo bello y lo siniestro es el título del libro de Eugenio Trias donde “discute el significado y el espectro de la producción estética contemporánea. Si toda la estética europea se experimenta desde las barreras que el mismo Kant le colocó al objeto estético, en el sentido de que sólo lo siniestro debía ser extrañado del campo de la creación, en esta presente era post freudiana, la creación aparece como una clara confrontación entre lo terrorífico y su expresión artística.” Trias citado por Solá-Morales, 1996:236  –Traducción nuestra-

 

[vi] .-“En lo social, el conjunto de condiciones que hace posible su acontecimiento está constituido por las relaciones y fuerzas sociales que producen una determinada manera de estructuración de la realidad social, en un tiempo y en un espacio. Así, las relaciones y fuerzas sociales resultan sustancias primeras de la definición de sociedad, es decir, en su esencia necesariaSon Los hombres quienes tienen la condición de conocer, de saber, de convertir la sapiencia en representación de la realidad, construir códigos para expresar, acumular y transmitir dicha realidad representada y producir artefactos en y sólo en situación de relación social; para decirlo en términos de Marcel Mauss: representaciones, prácticas y obras” Guitián:168-169, 1998

 

[vii] .-Cfr. Guitián 1999

[viii] .-En el sentido de Marcel Mauss

[ix] .-González Ordosgoitti, 2.000: 5

 

[x] .- Rev. Morar, 1995:11

[xi] .-El concepto de Espacio Imaginal parafrasea aunque no cita textualmente a González Ordosgoitti  op.cit

[xii] .-“Escuchen cuidadosamente. No hay espacio entre las palabras a medida que se hablan, no hay pausas ni lapsos entre una palabra y otra en una afirmación completa. Es sólo un flujo de sonido que debe ser imaginado como habla. No existiría “lenguaje” sin imaginar los intervalos que le dan su forma estructural o segmentaria. Ciertamente el artificio de escribir tiene algo que ver con la manera como esto debe ser presentado, para aquellos de nosotros que tenemos el hábito frecuente de leer y escribir, a menudo hablamos en prosa  como si compusiéramos algo. Pero escuchen de nuevo; no hay espacio entre las palabras cuando hablamos, tampoco.” Wagner, Roy, 2001:144  Traducción nuestra.

 

[xiii] .-Cfr. Bourdieu, Pierre 1979

[xiv] .-Cfr. Bourdieu y Lacquant 1992  y Lash 1999

[xv] .-Guitián, 2001: 3

[xvi] .-Guitián op.cit.:4

[xvii] .-Para una discusión acerca del artificio como marca para generar imágenes y eventualmente imaginarios, cfr. Astorga, op.cit:230

[xviii] .-González Téllez 2000:20

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