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El Sujeto Social creador de Folklore: desde la Colonia hasta nuestros días. (Breve revisión histórica)

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Enrique Alí González Ordosgoitti.-El Sujeto Social creador de Folklore: desde la Colonia hasta nuestros días. (Breve revisión histórica).

Enrique Alí González Ordosgoitti

(Sociólogo, Doctor en Ciencias Sociales, Profesor Titular de la UCV, de la Facultad de Teología de la UCAB, del Instituto de Teología para Religiosos-ITER, del CEJ y de la SVAJ, Coordinador del Sistema de Líneas de Investigación (SiLI) sobre Sociología, Cultura, Historia, Etnia, Religión y Territorio en América Latina La Grande y Coordinador General desde 1991 de la ONG Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela-CISCUVE, ciscuve.org/web; ciscuve@gmail.com; @ciscuve, ciscuve-Facebook)

(Publicado en: Tierra Firme (Venezuela) 8(31): 446-449, julio-septiembre, 1990 y en la Revista Familia Cristiana Digital, Año 30, Nro. 34, Enero 2012)

 

                                  En el presente artículo realizaremos un esbozo a grandes líneas, de lo que consideramos han sido las principales significaciones de lo denominado por nosotros Cultura Folklórica, en el trayecto histórico de la Conquista, Colonización, Independencia (Secesión), hasta la Venezuela del siglo XXI.

 

                                Creemos útil dejar sentado qué entendemos por Cultura Folklórica: aquella cultura popular tradicional asentada en una comunidad criolla, definida popular por ser realizada por los sectores mayoritarios de la sociedad; quienes son los productores de la riqueza material y a su vez participan minoritariamente en su repartición; subordinados en lo político y marginados culturalmente de los circuitos de realización de las culturas oficial y dominante, que en cada momento histórico adoptan características específicas.

 

                                En el caso de la época de la Conquista y comienzos de la Colonización, la Cultura Folklórica va a estar representada en la de aquellos indígenas que han sido reducidos a villas y pueblos bajo la custodia de los españoles. Estos grupos indígenas, sometidos a un proceso de aculturación forzada, se verán dificultados, si no impedidos del todo, de realizar sus viejas tradiciones culturales (especialmente las religiosas, debido al carácter “salvacionista” de la empresa conquistadora), obligados por consiguiente a aceptar fórmulas impuestas dirigidas a destruir su cualidad étnica.

 

                                En relación a las manifestaciones llamadas artísticas  -según la tradición occidental-  veríamos que aquellas ligadas a las festividades (música, danza, juegos, etc,) y al culto de divinidades (ritos, sacrificios, etc), deben haber sido las más reprimidas, mientras que aquellas ligadas a actividades susceptibles de ser incorporadas al incipiente mercado de consumo colonial (tales como la artesanía del barro: ollas, budares, ánforas; de tejido vegetal: cestas, chinchorros, etc), deben haber tenido cierta permisibilidad (incluso esta presunción tiene vínculos con la realidad actual, cuando encontramos una gran presencia indígena en las artesanías y no en los rituales, dentro de la Cultura Folklórica).

 

                                En la medida que avanzó el proceso de colonización, el número de indígenas reducidos aumentó, pero a la vez era mayor la cantidad de europeos asentados en el país, por lo cual, la Cultura Folklórica comenzaría a estar representada no sólo por indígenas aculturados, sino también y de manera creciente, por aquellos europeos que no disfrutaban del poder económico ni político.

 

                                Esta tendencia siguió libre curso en la medida en que, debido a la desaparición física de los grupos indígenas y a la importancia que adquirían las colonias como Venezuela, dentro del esquema económico de España, ésta se vio obligada a acrecentar las migraciones hacia América. Por lo tanto, el sector de europeos no poseedores de poder político ni económico aumentó y aunado al mestizaje que se realizaba (zambos, pardos, salto atrás,…), la Cultura Folklórica ampliaba su extensión; tanto en ámbito geográfico de cobertura (existía mayor territorio del país colonizado), como en aportes recibidos (ya no era solamente el de los indígenas aculturados, sino el de amplios sectores populares europeos).

 

                                La Cultura Folklórica recibía así, una influencia indígena y popular europea, que daría seguramente origen a elementos de la religiosidad popular católica que aún persisten, a nuevas versiones de danzas populares europeas, a la construcción de instrumentos musicales europeos con materiales nuevos (maderas, pinturas,etc,), influiría sobre la artesanía (en la actividad tradicional con barro y fibra vegetal, se introduciría el torno y el telar), en la literatura (los romances pasarían a transmitirse en forma oral), en el teatro (los autos sacramentales del siglo XVI español pasarían a ser la base del teatro popular folklórico).

 

                                Al continuar el proceso de colonización y encontrarse con el agotamiento de la explotación fácil de metales preciosos y la insuficiencia de mano de obra, comenzará la importación masiva de esclavos, no tanto para su uso doméstico sino para plantaciones. Esto traerá nuevos elementos al proceso de mestizaje que marcarán notablemente la configuración de la Cultura Folklórica.

 

                                La música recibirá un aporte esencial de los elementos africanos, especialmente en aquellas zonas de plantaciones: región norte-costera, sur del Lago de Maracaibo, Yaracuy, etc, al igual ocurrirá con la danza, con la religiosidad popular (una manera de unir el hecho religioso con el festivo), con el lenguaje, léxico, fonética y otros rasgos culturales.

 

                                Siguiendo el proceso de consolidación del régimen colonial, encontramos la acentuación de las diferencias entre Cultura Elitesca Académica y Cultura Popular Folklórica. A ésta, concurren a conformarla, no sólo elementos indígenas sometidos a la aculturación, sino también elementos europeos populares, elementos africanos (muchos de ellos ya americanizados en las Antillas) y nuevos rasgos productos del mestizaje entre los anteriores.

 

                                En la época de la Independencia (Secesión) y con más fuerza después de ella, motivado por las guerras, se producen migraciones y movilizaciones internas en general, que van a permitir un mestizaje aún más acelerado y complejo. La ruptura del orden social y de asentamiento geográfico rígido de la Colonia (recordemos que los esclavos y peones necesitaban un permiso especial, a la manera de pasaporte, para circular de un pueblo a otro), va a permitir un mayor intercambio de rasgos culturales entre los sectores populares, lo que dará pié para hablar de una Cultura Popular Folklórica ampliamente difundida por toda la geografía nacional, en contraste con una Cultura Elitesca Académica, reducida en la época post independencia a la nueva oligarquía terrateniente y sus servidores, surgida trás el nuevo reparto del poder político y económico.

 

                                De esa Venezuela del siglo XIX a la de hoy, podríamos señalar una continuidad en cuanto a los sectores criollos que producen Cultura Folklórica, sólo que esta vez las expresiones folklóricas pasan a ser mayoría relativa y no absoluta, dentro del conjunto de expresiones creadoras de la Cultura Popular. Pero además de esas continuidades, se agregan dos factores de profunda incidencia sobre el legado tradicional encarnado en el folklore: el cambio de sociedad rural a sociedad urbana y el fortalecimiento de grupos étnicos y la aparición de otros.

 

                                El cambio en la ocupación del espacio y de matriz demográfica a favor de las ciudades y en detrimento del campo conlleva cambios de mentalidad, respuestas nuevas ante los desafíos de vivir bajo los impactos culturales de lo urbano y de las migraciones campo-ciudad y de las migraciones de los europeos, asiáticos y latinoamericanos, lo cual originará, entre otras expresiones, un fortalecimiento del Folklore Urbano y la aparición intensa y profunda de una Cultura Popular Moderna.

                                Los grupos criollos van a convivir (en calidad de mayoría relativa), con los miembros de las diversas macroetnias existentes en el país: los indígenas venezolanos ya revitalizados demográficamente y culturalmente; los euro-venezolanos (españoles, portugueses e italianos); los asiático-venezolanos (sirios, libaneses y chinos) y  los nacional-americanos (colombianos, dominicanos, ecuatorianos, chilenos y argentinos), quienes al igual que los criollos, tendrán elementos culturales tradicionales y también modernos producto del mestizaje latinoamericano.

 

                                Estos elementos modernos venidos al país a partir de las primeras décadas del siglo XX, influirán sobre los núcleos centrales de sentido y sobre la periferia de los hechos culturales folklóricos ocasionando, en algunos casos, su reasimilación por parte de la comunidad dándole solución de continuidad, pero en otros casos, los núcleos centrales de sentido cederán ante el peso del acoso mixtificador del campo cultural industrial-masivo y del campo cultural académico, desapareciendo por completo dichas manifestaciones, o desvirtuándose a tal punto, que se convierten en simples “objetos exóticos” para el consumo del turista.

 

                                Así, la Cultura Popular Folklórica Venezolana en su largo periplo comenzado en el siglo XV hasta el siglo XXI, ha pasado de ser la expresión mayoritaria absoluta del Campo Cultural Residencial Popular y eminentemente rural, a ser la expresión mayoritaria relativa y especialmente urbana, por que hoy en día el folklore tiene su mayor expresión en las ciudades. En el siglo XXI se hablará fundamentalmente de Folklore Urbano.

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