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El Caballo de Atila y la Cultura en Venezuela. Crítica a la gestión cultural de Jaime Lusinchi

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¨Donde pisa el caballo de Atila, no crece más la Cultura¨. Un Venezolano del Viernes Negro

EAGO-08.09.12-6

Enrique Alí González Ordosgoitti

(Profesor Titular de la UCV, de la Facultad de Teología de la UCAB, del Instituto de Teología para Religiosos-ITER, del CEJ y de la SVAJ, Coordinador del Sistema de Líneas de Investigación (SiLI) sobre Sociología, Cultura, Historia, Etnia, Religión y Territorio en América Latina La Grande y Coordinador General desde 1991 de la ONG Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela-CISCUVE, ciscuve.org/web; ciscuve@gmail.com; @ciscuve)

 

(Referencia del texto: 1.-Presentado como Ponencia en: Congreso del Pensamiento Joven, Caracas. Ministerio de la Juventud 21 al 24 de noviembre 1985;

2.-Publicado en la Memoria: República de Venezuela. Ministerio de la Juventud, Comisión Ejecutiva, Comité Preparatorio.-Congreso del Pensamiento Joven, Caracas, Ministerio de la Juventud, noviembre, páginas: 167-176   y

3.-Publicado en: Enrique Alí González Ordosgoitti (1998).-Mosaico Cultural Venezolano. Caracas. Fondo Editorial Tropykos, Asociación CISCUVE, CONAC-Dirección de Desarrollo Regional, Colección Dimensión Cultural, Nº 3, páginas: 115-122).

 

 

Creo en el blanco:

cuando en las noches incendiadas

me derrumba y desaparece.

(06.01.81)

 

 

7.1.-Lo Cultural: de “variables” a POLITICAS.

     Si bien podemos afirmar, modernamente, que la cultura es algo inherente a la sociedad y al ser humano individualmente considerado, tal afirmación no posee una validez de siglos, sino por el contrario, es relativamente reciente que los procesos culturales han recibido tal distinción.

 

     Por tener el término cultura un carácter polisémico, es que se ha dificultado la comprensión de su especificidad y a veces se ha tendido a escindirla en partes antagónicas e irreconciliables entre sí. De esa manera, aún hoy, la comprensión del término cultura oscila entre dos extremos a la hora de formular políticas; la de aquel que la concibe como la totalidad del producto humano y el de quien la considera sólo el espacio dedicado al arte.

 

     Entre tales definiciones han venido surgiendo prácticas políticas desarrolladas por los Estados nacionales actuales, que sin opinar fervorosamente a favor de una u otra posición, van marcando en la realidad concreta de cada país, pautas, orientaciones y acciones sobre un vasto universo social, al cual se le da contorno con el nombre de sector cultural. Contorno que intuitivamente se refiere a los procesos que han conformado y conforman la memoria y la personalidad colectiva de los pueblos, su perfil espiritual.

 

     Contorno señalante de lo cultural que al ser repensado desde la sociedad política, representada por el Estado, dio origen a la noción de identidad cultural como un problema político estratégico, tan igual como el económico, social, ecológico e internacional.

 

     Esa noción de identidad cultural como problema estratégico de Estado, embestía contra el papel marginal asignado a la variable sociocultural por parte de las visiones economicistas del desarrollo, representadas en América Latina por la concepción cepalina.

 

     Tal conflicto teórico y político generó toda una discusión que como principal saldo, cabe el apuntarle el haber establecido dos grandes verdades: una, el fracaso de los modelos economicistas de desarrollo y dos; la necesidad de cambiar ese paradigma por otro que consintiera en su seno, a la par de lo económico, la importancia de lo político, lo cultural y lo ecológico. Surgirá entonces, en diversas acepciones, la noción de Desarrollo Integral.

 

            En este Desarrollo Integral se replanterá el papel de otros sectores diferentes al económico, entre ellos el que más nos interesa para el objetivo de este trabajo: el cultural. Se hará hincapié en el principalísimo rol que la identidad cultural de los pueblos juega en los procesos de desarrollo de una nación, derivará de ahí la convicción y el deber de afianzarla y desarrollarla a través de la ejecución de un paquete de políticas, que pasarán a ser llamadas: políticas culturales.

 

     Políticas culturales que teóricamente no descansarán en los sentimientos atrasados de un nacionalismo exacerbado y de corta mira, sino en las nociones de libre intercambio cultural entre los pueblos sin imposiciones; equilibrio de los flujos culturales y comunicacionales entre las naciones y sobre todo, reivindicando la diversidad cultural presente en los grupos humanos, destacándolo como el aporte cultural más significativo que el siglo XX ha traido a la humanidad.

 

7.2.-El VII Plan y los Sectores de Información, Comunicación y Cultura.

     La elaboración del VII Plan de la Nación presentó avances teóricos en relación al VI, con la postulación de la estrecha relación existente entre los sectores de Información, Comunicación y Cultura, motivo por el cual, las políticas a realizarse sobre cualquiera de ellos tendrían necesariamente que presentar comunidad de origen y destino con los otros sectores involucrados.

 

     Por tal razón, el diseño de las grandes líneas políticas hacia los tres sectores mencionados, fue elaborado en un sólo taller de trabajo. Se afirmó como problema común a los tres sectores: (…) la pérdida progresiva de contenidos nacionales, en los mensajes producidos, difundidos y consumidos en el país”.

 

     De esta manera, la política planificadora del gobierno, entraba en sintonía con la visión moderna de lo que deben ser las Políticas Culturales, Comunicacionales e Informativas de un Estado, en un país capitalista, dependiente y subdesarrollado. Se percibía el problema de un debilitamiento de la identidad cultural venezolana ante el acoso pugnaz de mecanismos transnacionales culturales, informativos y comunicacionales, que insistían en ampliar el desequilibrio existente en el intercambio de mensajes, provocando cada vez más una desnacionalización del país.

 

     Se proponía no la vuelta nostálgica y ombliguista hacia la calle ciega de lo nuestro, entendida como una vía de tránsito cerrada. Antes bien, se postulaba la necesidad de vincularnos realmente al mundo, al mosaico cultural de la humanidad, rompiendo el aislamiento al que nos tienen sometidos esos mecanismos transnacionales de la dominación simbólica, los cuales nos presentan una falsa “universalización”, que resulta ser la visión de la humanidad que poseen las clases dirigentes de unos pocos países capitalistas centro.

 

     Ese volcarse al conocimiento de la diversidad cultural planetaria debería acompañarse de dos movimientos: uno; el de mostrarle al mundo nuestras propias voces y colores y dos; el de insistir en lo interno acerca de la vigencia y viabilidad de nuestra producción cultural, comunicacional e informativa y la necesidad de confrontar y hacer confluir lo foráneo con lo nuestro, originando permanentemente nuevos productos, visiones, modos de ser modernos a nuestra manera.

 

     Para permitir la aparición de esta última actitud a escala de mayorías, deberían ser instrumentadas un conjunto de políticas que combatieran la INFERIORIDAD INDUCIDA, que hace presa en el venezolano y se presenta cotidianamente en nuestro pensamiento, haciendo sentir inferior nuestro quehacer cultural ante el foráneo, o el quehacer cultural popular ante el de la élite iluminada o frente a la élite transnacionalizada que detenta y ostenta el poder de los medios de difusión masivos.

 

     Por tales condicionantes, una de las respuestas posibles era la de robustecer y desarrollar las Culturas Populares Venezolanas tanto en sus vertientes tradicionales como modernasas, no escatimando la diversidad de posibilidades de la acción cultural, pisando los terrenos de la Animación, Promoción, Difusión y los Sistemas Educativos Formales.

 

7.3.-El CONAC y el Plan de Cultura que no se dijo.

     Esa elaboración del VII Plan en el Sector Cultura, sufrirá una profunda conmoción al llegar a la sede del CONAC. Una de las primeras “orientaciones informales” que se les hará saber a la Comisión designada por el CONAC para la concreción del VII Plan, es que no deberán figurar en las orientaciones propuestas, las nociones de Identidad Cultural, Identidad Nacional y Culturas Populares, ya que estaban acusadas (por funcionarios superiores), de ser parte del arsenal teórico izquierdista y de una persona, especialista en asuntos culturales y miembro del partido de gobierno, pero a quien las autoridades máximas del CONAC estimaban muy poco. Tales decisiones comprobaban la debilidad teórica y la desactualización que sobre los Problemas Culturales contemporáneos posee el actual Ministro, Dr. Ignacio Irribarren Borges.

 

     Ante tamaña incomprensión, el sector cultural del VII Plan recibió una estocada mortal que servía para mostrar las contradicciones en el interior del equipo de gobierno. Pero lo que causa más pesadumbre, es que no hubiese habido una posición escrita y pública donde el Ministro planteara, desde su punto de vista, cual es, o cuales son los problemas culturales principales del país, que pudiese ir un poco más allá de la redistribución interna del Presupuesto, cuestión que tampoco se cambió radicalmente.

 

     Pero viéndolo bien, era casi imposible que el actual Ministro pudiera tener una visión moderna del problema cultural del país, cuando en declaraciones dadas a la prensa nacional, insistía en que el CONAC debería transformarse en un “Ministerio de las Artes”, aduciendo que por ser cultura; “todo lo hecho por el hombre”, él no podía ser Ministro de una realidad tan inmensa, sino que reducía su campo de acción a las “bellas artes”. ¡Cuán lejos de la Mondialcult!.

 

     Si tal cosa ocurrió con el problema definido como principal para el sector, no podía ser diferente para otra recomendación, tal como la de apoyar y favorecer el desarrollo de las culturas populares, tanto tradicionales como modernas. A este respecto caben señalar dos espacios muy interrelacionados: el teórico y el práctico.

 

     En el plano teórico, el Ministro expresó que estimularía al Arte Popular, elevándolo de categoría y ejemplificó con lo hecho por Manuel de Falla (El Sombrero de Tres Picos), con el folklore español.

 

     Ante esa afirmación es posible señalar dos precisiones: una; nos parece valioso y bello (estéticamente hablando), que Manuel de Falla haya realizado su obra basándose en el folklore español. Tiene mucho de positivo que un músico formado en Academias se acerque al folklore de un pueblo para inspirarse en sus motivos, pero pretender erigir esa experiencia como modelo y aún más, como representante de lo genuinamente popular, no es más que un abuso del lenguaje cultural, que refleja una imposición de valores estéticos del Campo de la Cultura Académica al Campo de la Cultura Popular, algo muy alejado de la Democracia Cultural que debe imperar en Venezuela. Lo hecho por Manuel de Falla constituye una APLICACION del folklore, pero no es el folklore mismo y no debe pretenderse que sea la única vía de subsistencia para el arte popular. Puede ser una de las políticas del CONAC pero no debe ser la única hacia el arte popular.

 

     El espacio de la práctica, coherente con la teoría, ha marcado un camino cuyo signo nos preocupa muchísimo. Como escueta enumeración señalaremos:

1.-Se paralizaron las actividades por casi 15 meses (hasta julio de 1985), aduciendo evaluaciones (signadas por el espíritu de sordidez), al Instituto Interamericano de Etnomusicología y Folklore (INIDEF) y al Museo Nacional de Folklore (MNF).

 

2.-A partir de julio de 1985 comienza un período de fusión del INIDEF, MNF e INAF, cuyos signos iniciales son: descabezamiento del equipo directivo desaprovechando un cúmulo de experiencias; entrada en algunos cargos directivos, de personal desconocedor del área de trabajo. Como estímulo a la futura Institución resultante de la fusión, se le rebajará el 17 por ciento de su Presupuesto 1985 para el año de 1986.

 

3.-Se eliminan los 23 Talleres pertenecientes al Plan de Educación Media, los cuales se venían realizando desde hace varios años con éxito creciente, en varios liceos de Caracas.

 

4.-Se les recorta el presupuesto y se intenta eliminar a los Talleres Culturales Periféricos ubicados en Parroquias como el “23 de Enero”.

 

5.-Se elimina la Revista Tombolín.

 

6.-Se intervino la Escuela de Música Popular “Nolasco Colón”, creando el desasosiego en la Comunidad Estudiantil, Profesoral y de Representantes, e interrumpiendo la marcha de los estudios.

 

7.-Se intervino la Escuela de teatro ubicada en Caja de Agua, desestabilizando la Comunidad Educativa, impidiendo la marcha normal de los estudios.

 

8.-Se suspende un Taller sobre Aplicaciones del Folklore a ser dictado para los docentes en el Estado Lara en 1984.

 

     Como podemos observar, la actual directiva del CONAC muestra un evidente desprecio por toda acción cultural que tenga como sujetos a los sectores mayoritarios de la población.

 

7.4.-Un Vice-Ministro a Caballo.

     Como protagonista fundamental de los desaguisados anteriormente señalados, se encuentra la figura de un Vice-Ministro, mejor conocido como: “El Atila Cultural”. Este estudioso economista, nada docto en materia de Política Cultural, pretende trasladar su teoría del liberalismo económico, al campo cultural, rodeando tal operación de una vocinglería modernizante.

 

     Con tales actitudes sólo demuestra dos cosas: una; la ignorancia de las modernas políticas culturales que (al igual que el liberalismo económico), critican el excesivo dominio que el Estado pueda ejercer sobre el quehacer cultural (Estado, empresa privada, grupos culturales, etc.). Por tal razón es que la UNESCO permite en su seno a representantes de organizaciones no gubernamentales. Y dos, el que esas nociones ya se venían desarrollando, desde hace algunos años en el país. Ver la misma Ley de creación del CONAC, que posibilita la participación de gremios y del Congreso (1975). O la de  FUNDARTE en tónica parecida (1975). O el Convenio CONAC-CTV (1975). Y para ejemplos de Empresas Privadas, tendríamos a las Fundaciones: La Salle, Bigott, Pampero y Polar. Así que no hubo tal posición novedosa, lo novedoso es que alguien planteara tal posición creyendo ser original.

 

     Por lo tanto lo único novedoso que ha hecho el Vice-Ministro, es haber convocado el espíritu de la década de los ’50 en los EEUU, conocida como la década de la “cacería de brujas”, del Senador Joseph McCarthy. Sobre su desafiante caballo, nuestro moderno Atila se dedicó a pisar la hierba cultural de Venezuela.

 

7.5.-Reflexiones Finales.

     El lapso transcurrido entre febrero de 1984 hasta hoy, nos demuestra entre otras cosas, lo siguiente:

1.-Un Programa Cultural ofertado en la campaña electoral por Jaime Lusinchi, de signo alentador y de gran aliento, ha dado paso a una ejecutoría diametralmente opuesta por la actual directiva del CONAC, por lo que podría preguntarse: ¿De qué valen los Programas de Gobierno?.

 

2.-La endeblez institucional del sector cultural y la debilidad de los sectores sociales protagonistas de la acción cultural.

 

3.-Se reafirma aún más, la convicción de que el Estado no puede ser el único financiador de la actividad cultural.

 

4.-El no haber observado que uno de los componentes de la crisis y de su solución futura, radica en la dimensión cultural como creadora de valores y actitudes, confirma el hecho de que para la élite política (tanto de gobierno como de oposición), la cultura no ha pasado de ser una variable accesoria.

 

     En la perspectiva de los problemas mencionados, pensamos que:

1.-Los programas electorales deben ser de obligatorio cumplimiento, por lo que el CONAC debe rectificar su rumbo.

 

2.-Es impostergable que los diversos agentes culturales no gubernamentales formulen un Proyecto Político, que apunte hacia el logro de la Democracia Cultural, cuya base orgánica esté asentada en la Sociedad Civil y que pueda convertirse en interlocutor válido ante los Gobiernos para discutir los lineamientos de Políticas Culturales que se quieran desarrollar en el país.

 

3.-Debe estimularse la participación en la acción cultural: de los sindicatos (caso CTV); gremios; organizaciones estudiantiles (ej. FCU); Concejos Municipales; Congreso; Asambleas Legislativas, las cuales conjuntamente con las empresas privadas balancearían el poder del Estado.

 

4.-Abrir un gran debate nacional, acerca de los componentes culturales de la crisis.

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