Contra la historia en PASIN: ¿cuáles intereses? La gestión cultural de Jaime Lusinchi

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EAGO-08.09.12-3

Enrique Alí González Ordosgoitti

(Profesor Titular de la UCV, de la Facultad de Teología de la UCAB, del Instituto de Teología para Religiosos-ITER, del CEJ y de la SVAJ, Coordinador del Sistema de Líneas de Investigación (SiLI) sobre Sociología, Cultura, Historia, Etnia, Religión y Territorio en América Latina La Grande y Coordinador General desde 1991 de la ONG Centro de Investigaciones Socioculturales de Venezuela-CISCUVE, ciscuve.org/web; ciscuve@gmail.com; @ciscuve)

(Publicado en: 1.-Fisura (Venezuela) 2 (3): 26-28, marzo 1985    y

2.-Publicado en: Enrique Alí González Ordosgoitti (1998).-Mosaico Cultural Venezolano. Caracas. Fondo Editorial Tropykos, Asociación CISCUVE (ciscuve.org), CONAC-Dirección de Desarrollo Regional, Colección Dimensión Cultural, Nº 3, páginas: 103-106)

 

 

La sóla existencia

es  denuncia inútil

contra lo infinito.

(09.04.97)

 

 

                                      Las polémicas públicas en Venezuela vienen caracterizándose, de hace algunos años, en ser torneos de sandeces, de chismes insulsos o de extremos de idioteces, tal como el caso de dos aspirantes en el pasado torneo presidencial en el cual; uno se despeinó para demostrar que no usaba gomina y el otro se extrajo un aparatico de la oreja para acabar con el rumor de que usaba apuntador en sus presentaciones por T.V. Se pierde así, un elemento importantísimo para ayudar a la gestación de pensamientos y opiniones colectivas acerca de asuntos que son del interés general. La discusión respetuosa de diversas ideas ejercita el maravilloso bien del pensar y constituye gimnasia básica para asentar la democracia en terrenos un poco más allá del voto quinquenal.

 

                                      De ahí que nos motivara en un principio, la discusión que comenzaba a realizarse en torno a la enseñanza de la Historia en la Educación Básica. Pensé que al fin se iban a confrontar, en escala masiva, las distintas concepciones que de la historia y sus enseñanzas existen en el país.

 

                                      Inicialmente asistimos a una especie de campaña nacional para la salvación de nuestra identidad, que supuestamente se encontraba herida de muerte por culpa de unos malévolos seres que habían diseñado la Unidad Currícular de Historia de Venezuela del Area PASIN (Pensamiento, Acción Social e Identidad Nacional), obedeciendo a oscuros intereses.

 

                                      Entre las acusaciones que se les hacían, estaban las de: “no enseñar historia nacional y mucho menos la historia universal”, “enfatizar sólo en lo local de manera tal que ningún nacido en Puerto Ayacucho jamás sabría quién fué Bolívar y ni pensar que existió Francisco de Miranda” y así continuaban las acusaciones, cual de ellas más grave.

 

                                      Asombrados de tal villanía y de como podían estar libres los autores de tamaño engendro, millares de venezolanos emprendimos la búsqueda de tales programas para alimentar los potes de basura de nuestras casas. Pero he aquí, cual venezolano típico, nos interesamos por revisarlos primero y comenzaron las sorpresas.

 

                                      Encontramos que entre los Objetivos Generales de la Unidad Currícular de Historia de Venezuela en Séptimo Año están los siguientes:

“1.-Estudiar la Historia de Venezuela entre los siglos XV y XVIII.

2.-Analizar la población aborígen en nuestro Territorio y en América…en el Período Prehispánico y en la actualidad.

3.-Analizar el movimiento del 19 de Abril como el resultado de los factores de tipo externos e internos”.

 

                                      Resulta que esos objetivos no se correponden con la crítica orquestada contra el Programa. Entonces fue que salieron a relucir otras informaciones, especialmente en las innúmeras asambleas que la base magisterial y profesoral realizó con el efecto de discutir el tema.

 

                                      Nos enteramos que un conocido escritor venezolano (punta de lanza en la campaña contra los programas), había acordado con una editora comercial la impresión de una serie de textos de historia de su autoría, que por tratarse de su visión, particularmente centralista, caraqueña, anecdótica y de “culto” a los próceres, no compaginaba con la nueva orientación de la enseñanza de la historia en la Educación Básica; que hace énfasis en una visión descentralizada, que valoriza el papel jugado por las diferentes regiones y en especial el rol protagónico de las mayorías en la gestación de nuestra nacionalidad.

 

                                      Por supuesto que esta visión coloca en su justo sitio a las oligarquías caraqueñas y centrales en general y a la historia contada por ellas durante los siglos XIX y XX. Ahora sí nos es posible entender el por qué hubo unanimidad de sectores minoritarios pero privilegiados del país por desatar tal campaña. Televisoras comerciales, principales agentes de la deformación de las mentes de nuestros hijos y vehículos portadores de mensajes extranjerizantes, unidas con intelectuales de la oligarquía en el común combate contra una historia que reivindica a los sectores populares de toda la geografía del país.

 

                                      En esa campaña colaboran políticos con afán oposicionista, coleados de última hora para aparecer retratados con los famosos y profesionales que de buena fé cuestionan errores de los programas, por la dificultad de operacionalizarlos debido a las exigencias que contemplan.

 

                                      Es indudable que todo producto social es perfectible, más cuando tiene poco tiempo tratando de ser instrumentado, como es el caso de estos programas. Lo que no debe tolerarse es que el uso de epítetos y acusaciones prevalezca sobre los procesos de razonamiento académico. No ayuda al desarrollo de la democracia el hostigamiento insidioso a los pensamientos contrarios.

 

                                      La actual campaña contra los programas de la Unidad Currícular de Historia de Venezuela demuestra la falta de espíritu académico de parte de la élite cultural del país y la lucha “a sangre y fuego” que están dispuestos a dar contra cualquier idea que difiera de la de ellos. Ya se nombró una Comisión que evaluará dichos programas, lamentamos la no inclusión en la misma de una representación paritaria de los gremios educativos, lo que le resta amplitud. Ojalá que al final prive -como en toda democracia- la opinión de la mayoría nacional y no el de unas élites que hoy no representan siquiera el pensamiento científico moderno.

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